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HOMENAJE DE LOS PUEBLOS DE ESPAÑA A MIGUEL HERNÁNDEZ 1976


José Luis Brea, profesor de Estética y Teoría del Arte, teórico y crítico de la Cultura, dice en un texto escrito con motivo de la Expo´92 de Sevilla, que el arte no debe estar en un lugar separado de la vida, tampoco los artistas y los críticos, y él mismo se pregunta: ¿Dónde mejor

que en medio mismo de mis iguales, de los seres humanos corrientes, reales. Dónde mejor que allí donde la pedantería pretenciosa del arte y sus vanidosos protagonistas no consigue sostener más la mentira de su altanera separación, de su lejanía… Dónde mejor que allí donde la mirada que recorre al arte posee todavía la fría indiferencia que sobre ella ha depositado el objeto extraño? El texto parece encajar perfectamente con lo ocurrido en el Homenaje de los Pueblos de España a Miguel Hernández del año 1976, durante aquella importante participación de artistas plásticos, tanto en los murales como en la edición de obra gráfica.

En el barrio de San Isidro, la mirada que recorría las obras que se pintaron en las paredes de las casas, poseía esa frialdad de la indiferencia por lo extraño; y todos al observarlas sentíamos, como dice Brea en otra parte del texto, la fascinación del escaparate, esa mirada ante algo extraordinario e incomprensible, situado tras un cristal y fuera de nuestro alcance. En aquellos días, en Orihuela, el arte no estuvo separado de la vida. Las obras, los artistas, y “sus iguales”, estaban juntos; algo especial ocurría dentro y fuera del escaparate, algo pasaba con las miradas desde uno y otro lado del cristal. El arte se mostraba a través de sus creadores en contacto con la vida cotidiana; era mirado sin ceremonias ni adornos retóricos, solo la curiosidad: ¿Qué más pueden pedir el arte y los artistas? Un solo instante de aquel espectáculo, un solo resplandor de aquellas miradas fascinadas ante el gesto mágico de cualquiera de los pintores, tenía el poder de unir la vida cotidiana con el arte y la poesía, con la misma intensidad que lo hizo Miguel Hernández en el tiempo y circunstancia que le tocó vivir. Intensidad: he aquí una palabra ante la que todavía podría inclinarme (Lyotard), frase citada por Brea en el mismo texto.


¿Y quiénes eran esos artistas que firmaban la obra gráfica y depositaban el objeto extraño en las paredes del barrio de San Isidro? Esto nos preguntábamos todos los que estábamos en Orihuela en aquel mes de mayo sin saber que éramos testigos, gracias a la intermediación de Miguel Hernández, de una “acción” excepcional producida por una generación de artistas que, además de recuperar la vanguardia española de principios de siglo “exilada” durante la guerra civil e ignorada en la posguerra, estaban comprometidos con la situación socio-política del momento, tomando partido y luchando por cambiar aquella sociedad adormecida que empezaba tímidamente a despertar de una larga pesadilla. El espíritu del “Grupo de Vallecas” (que conoció Miguel), del “Dau al Set”, del grupo “Parpalló”, del grupo “El Paso”, del “Equipo 57”, del “Equipo Crónica”; la ruptura del Informalismo, la denuncia y el testimonio del “Realismo Social, la “Generación Realista”, la “Nueva Figuración”, etc; el espíritu de la vanguardia revivido de nuevo con su proyecto de transformación social diverso y no exento de contradicciones; es decir: la modernidad, la nueva cultura artística alternativa a lo establecido, estaba presente allí, concentrada en aquel homenaje al poeta de Orihuela, compartiendo aquello que decía A. Sastre: lo social es una categoría superior a lo artístico. Los artistas que participaron y se solidarizaron con el homenaje no solo veían el mundo como espectáculo, veían algo más; y ante nosotros, expresado en los murales y en la obra gráfica, se nos ofrecía un arte comprometido con la historia social, políticamente inteligible para todos, toda una renovación del lenguaje plástico con significación crítica; un arte con “valor de uso” para el “pueblo”, asumiendo este la función del mecenas, y en algunas ocasiones participando en la obra con el artista.


Entre otros participantes, pintaron murales en el barrio de San Isidro de Orihuela: Díaz Azorín, Mario Candela, Castejón, Sixto Marco, Alfonso Albacete, Díaz Padilla, Trenado, Arcadio Blasco, Alcorlo, Antonio Ballester, Cacho, Elisa Blanquer, Párraga, Garza, Manzanaro, Gutiérrez, Segundo García, Carmen Perujo, Toni Miró, Párraga, etc. Genovés, Caballero y Amadeo Gabino, enviaron diseños. Casi todos ellos participaron también en una extensa obra gráfica editada en aquellos días; una variada muestra artística en la que figuran además: Armengol, Equipo Crónica, Alfaro, Canogar, Juana Francés, Abad Miró, Lucio Muñoz, Pablo Serrano, Vento, Agulló, etc. etc. Es decir: la flor y nata del arte contemporáneo español. Una de las serigrafías, la realizada por Alfonso Albacete, ilustra perfectamente la colaboración de artista y público en la composición de una obra; el artista le pidió a Mercedes Sánchez Abad, una de las organizadoras del homenaje, que le enviara un telegrama desde Orihuela con un verso de Miguel Hernández. Alfonso Albacete compuso su obra con un montaje en el que figuraba el telegrama recibido con el verso de la Elegía “a las aladas almas…”. Esta anécdota es un ejemplo de simbiosis perfecta entre el poeta, el artista y el público, algo extraordinario ocurrido en aquel singular homenaje en el que la poesía y los pintores estuvieron en contacto con la vida cotidiana, tanto en los murales como en la obra gráfica.


En este espacio expositivo del Santo Sepulcro, tan especial y tan cercano al barrio de San Isidro, se expone esta importante colección de serigrafías que fue editada en cuatro carpetas, tres en Alicante y una en Madrid, más una carpeta editada por la galería Zero de Murcia. Pero esta exposición no quiere ser solo una visión nostálgica de una época que integraba de alguna manera ese espíritu emancipador y subversivo del dadaísmo la abstracción y el surrealismo, además de la racionalidad constructivista y neoplasticista, con la intención de mitificarla y dotarla de un perfil heroico. No es de eso de lo que se trata, sino de dar un nuevo impulso y recuperar ese espíritu subversivo, hoy tan necesario como ayer, para evitar en lo posible el aislamiento del arte y del artista, su separación de la vida cotidiana, su pérdida de significación, y recuperar de nuevo su compromiso, oculto por los medios de comunicación, por la sociedad de consumo y por los negocios, poderes que trivializan el arte y desacreditan al artista convirtiéndolo en una pose. Creo que aún no está superada la modernidad, aún no se ha rebasado aquel “instante”, aquella “intensidad”, y por mucho que se hable de posmodernidad y superación de aquella estética del compromiso, pienso que en el fondo aún estamos anclados en aquel espíritu que de alguna manera representa el poeta Miguel Hernández; un poeta “subversivo” que concentró en su vida y en su obra con igual intensidad, lo social y lo poético, “en medio de sus iguales”, “de los seres humanos corrientes”, “sin pedantería” y “sin mentiras”, y “en medio de las batallas”. Ni el arte ni la cultura deben estar en un lugar separado de la vida. Creo que así lo entendía Miguel Hernández. Por iniciativa de la Concejalía de Cultura, en la primavera de 2012, muchos de los aquí presentes participamos en la rememoración de aquel homenaje, cuando se restauraron algunos murales y se pintaron otros nuevos. Fue emocionante ver la magnífica restauración


de algunos murales y la intervención de algunos protagonistas de entonces, y también de algunos pintores de Albacete, Madrid y Alicante que fueron invitados a participar; pero sobre todo hay que destacar la masiva y variada participación de artistas y colectivos oriolanos que plasmaron su obra en las paredes de San Isidro. Que no se pierda esta simiente para que cada primavera y en Orihuela, como en el homenaje del año 1976, se viva con “intensidad” aquel “instante”, aquel “subversivo” encuentro entre arte y sociedad; una cercanía “peligrosa” que da otro sentido al arte y otra función al artista. Quizá un hecho revolucionario ayer, hoy es una necesidad urgente para evitar una involución hacia esas prácticas artísticas e intelectuales conservadoras y tradicionalistas que encierran la cultura, la controlan, y la detienen en el tiempo, inmovilizada y alejada de los problemas reales que afectan al ser humano y a la sociedad.

No hay que llevar más veces el arte a lo eterno o al altar. Sino a la calleja, al lugar de paso. Dice Brea.

Pepe Rayos Comisario de la exposición Octubre de 2012, Orihuela


MURALES DE SAN ISIDRO 2012


COLABORADORES Foro social: fotografías homenaje del año 1976 (realizadas por Saturnino Cebrián Checa) Pedro Díaz: fotografías murales de 1976 Lourdes Cayuelas: serigrafías editadas en Alicante, carteles, fotografías y vídeo del año 1976 Pepe Azorín: serigrafías editadas en Madrid Mercedes Sánchez Abad: carteles y documentación gráfica del año 1976 Ada Soriano: carpeta editada en el 1976 por galería “Zero” de Murcia Antonio Galiano: documentación gráfica del año 1976 Pepe Rayos: carteles y documentación gráfica del año 1976 Fotógrafos: Carmen Verdú, Miguel Rabasco, Roberto Almansa, Isabel García, Javier Marín. Colectivo Vegafoto: Emilio Pastor, José Luis Gea, José Cárceles, José Gálvez, Miguel Bailén, Javier García y Sergi Soriano por las fotografías de 2012 Eduardo López por el guión y locución del vídeo de 2012 Pascual Abeza por la toma de imágenes y montaje Comisario de la exposición: Pepe Rayos Organiza la Concejalía de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Orihuela


Del 23 de octubre al 23 de noviembre CENTRO CULTURAL SANTO SEPULCRO C/ Armengola, 48. Orihuela (Alicante) Horario: de martes a viernes: 10 - 14 h | 16 - 19 h Sรกbado: 10 - 14 h +info en: www.culturaorihuela.es

/oricultura

Excmo. Ayuntamiento de Orihuela


Exposición "Murales de San Isidro. Homenaje a Miguel Hernández 1976-2012"