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Golondrinas de Alfonsina Storni Las dulces mensajeras de la tristeza son... son avecillas negras, negras como la noche. ¡Negras como el dolor! ¡Las dulces golondrinas que en invierno se van y que dejan el nido abandonado y solo para cruzar el mar! Cada vez que las veo siento un frío sutil... ¡Oh! ¡Negras avecillas, inquietas avecillas amantes de abril! ¡Oh! ¡Pobres golondrinas que se van a buscar como los emigrantes, a las tierras extrañas, la migaja de pan! ¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid! ¡Venid primaverales, con las alas de luto llegaos hasta mí! Sostenedme en las alas... Sostenedme y cruzad de un volido tan sólo, eterno y más eterno la inmensidad del mar... ¿Sabéis cómo se viaja hasta el país del sol?... ¿Sabéis dónde se encuentra la eterna primavera, la fuente del amor?... ¡Llevadme, golondrinas! ¡Llevadme! ¡No temáis! Yo soy una bohemia, una pobre bohemia ¡Llevadme donde vais! ¿No sabéis, golondrinas errantes, no sabéis, que tengo el alma enferma porque no puedo irme volando yo también? ¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid! ¡Venid primaverales! ¡Con las alas de luto llegaos hasta mí! ¡Venid! ¡Llevadme pronto a correr el albur!... ¡Qué lástima, pequeñas, que no tengáis las alas tejidas en azul!


Tu Dulzura de Alfonsina Storni

Camino lentamente por la senda de acacias, me perfuman las manos sus pétalos de nieve, mis cabellos se inquietan bajo céfiro leve y el alma es como espuma de las aristocracias. Genio bueno: este día conmigo te congracias, apenas un suspiro me torna eterna y breve... ¿Voy a volar acaso ya que el alma se mueve? En mis pies cobran alas y danzan las tres Gracias. Es que anoche tus manos, en mis manos de fuego, dieron tantas dulzuras a mi sangre, que luego, llenóseme la boca de mieles perfumadas. Tan frescas que en la limpia madrugada de Estío mucho temo volverme corriendo al caserío prendidas en mis labios mariposas doradas.


Hijas del Viento de Alejandra Pizarnik

Han venido. Invaden la sangre. Huelen a plumas, a carencia, a llanto. Pero tú alimentas al miedo y a la soledad como a dos animales pequeños perdidos en el desierto. Han venido a incendiar la edad del sueño. Un adiós es tu vida. Pero tú te abrazas como la serpiente loca de movimiento que sólo se halla a sí misma porque no hay nadie. Tú lloras debajo de tu llanto, tú abres el cofre de tus deseos y eres más rica que la noche. Pero hace tanta soledad que las palabras se suicidan.


LIII De GUSTAVO ADOLFO BECQUER.

Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres... ésas... ¡no volverán! Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar, y otra vez a la tarde aún más hermosas sus flores se abrirán. Pero aquellas cuajadas de rocío cuyas gotas mirábamos temblar y caer como lágrimas del día... ésas... ¡no volverán! Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar; tu corazón de su profundo sueño tal vez despertará. Pero mudo y absorto y de rodillas, como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido..., desengáñate, nadie así te amará.


XXX De GUSTAVO ADOLFO BECQUER.

Asomaba a sus ojos una lágrima, y a mi labio una frase de perdón; habló el orgullo y se enjugó su llanto, y la frase en mis labios expiró. Yo voy por un camino, ella por otro; pero al pensar en nuestro mutuo amor, yo digo aún: ¿por qué callé aquel día? Y ella dirá: ¿por qué no lloré yo?


XVI De GUSTAVO ADOLFO BECQUER.

Si al mecer las azules campanillas de tu balc贸n, crees que suspirando pasa el viento murmurador, sabe que oculto entre las verdes hojas suspiro yo. Si al resonar confuso a tus espaldas vago rumor, crees que por tu nombre te ha llamado lejana voz, sabe que entre las sombras que te cercan te llamo yo. Si se turba medroso en la alta noche tu coraz贸n, al sentir en tus labios un aliento abrasador, sabe que aunque invisible al lado tuyo respiro yo.


REDONDILLAS SOR JUANA INES DE LA CRUZ .

Hombres necios que acusáis a la mujer, sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis; si con ansia sin igual solicitáis su desdén, por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal? Combatís su resistencia y luego, con gravedad, decís que fue liviandad lo que hizo la diligencia.


Confianza en el anteojo, nó en el ojo CESAR VALLEJO.

Confianza en el anteojo, nó en el ojo; en la escalera, nunca en el peldaño; en el ala, nó en el ave y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo. Confianza en la maldad, nó en el malvado; en el vaso, mas nunca en el licor; en el cadáver, no en el hombre y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo. Confianza en muchos, pero ya no en uno; en el cauce, jamás en la corriente; en los calzones, no en las piernas y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo. Confianza en la ventana, no en la puerta; en la madre, mas no en los nueve meses; en el destino, no en el dado de oro, y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.


Táctica y estrategia De MARIO BENEDETTI.

Mi táctica es mirarte Aprender cómo sos Quererte como sos Mi táctica es hablarte Y escucharte, Construir con palabras Un puente indestructible. Mi táctica es Quedarme en tu recuerdo No sé cómo, ni sé Con qué pretexto Pero quedarme en vos, Mi táctica es ser franco Y saber que sos franca Y que no nos vendamos Simulacros, Para que entre los dos No haya telón ni abismos. Mi estrategia es En cambio Más profunda y más simple, Mi estrategia es Que un día cualquiera, No sé cómo ni sé Con qué pretexto Por fin me necesites.


EL ENAMORADO De JORGE LUIS BORGES.

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas, Lámparas y la línea de Durero, Las nueve cifras y el cambiante cero, Debo fingir que existen esas cosas. Debo fingir que en el pasado fueron Persépolis y Roma y que una arena Sutil midió la suerte de la almena Que los siglos de hierro deshicieron. Debo fingir las armas y la pira De la epopeya y los pesados mares Que roen de la tierra los pilares. Debo fingir que hay otros. Es mentira. Sólo tú eres. Tú, mi desventura Y mi ventura, inagotable y pura.


LA LUNA VINO A LA FRAGUA De FEDERICO GARCIA LORCA. La luna vino a la fragua Con su polisón de nardos. El niño la mira, mira. El niño la está mirando. En el aire conmovido Mueve la luna sus brazos Y enseña, lúbrica y pura, Sus senos de duro estaño. -Huye luna, luna, luna. Si vinieran los gitanos, Harían con tu corazón Collares y anillos blancos. -Niño, déjame que baile. Cuando vengan los gitanos, Te encontrarán sobre el yunque Con los ojillos cerrados. -Huye luna, luna, luna, Que ya siento sus caballos. -Niño, déjame, no pises Mi blancor almidonado. El jinete se acercaba Tocando el tambor del llano. Dentro de la fragua el niño Tiene los ojos cerrados. Por el olivar venían, Bronce y sueño, los gitanos. Las cabezas levantadas Y los ojos entornados. Cómo canta la zumaya, ¡Ay, cómo canta en el árbol! Por el cielo va la luna Con un niño de la mano. Dentro de la fragua lloran Dando gritos, los gitanos. El aire la vela, vela. El aire la está velando.


¡TODO ERA AMOR, AMOR! De OLIVERIO GIRONDO.

¡Todo era amor, amor! No había nada más que amor. En todas partes se encontraba amor. No se podía hablar más que de amor. Amor pasado por agua, a la vainilla, Amor al portador, amor a plazos. Amor analizable, analizado. Amor ultramarino. Amor ecuestre. Amor de cartón piedra, amor con leche Lleno de prevenciones, de preventivos; Lleno de cortocircuitos, de cortapisas. Amor con una gran M, con una M mayúscula, Chorreado de merengue, Cubierto de flores blancas Amor espermatozóico, esperantista. Amor desinfectado, amor untuoso Amor con sus accesorios, con sus repuestos; Con sus faltas de puntualidad, de ortografía; Con sus interrupciones cardíacas y telefónicas. Amor que incendia el corazón de los orangutanes, De los bomberos. Amor que exalta el canto de las ranas bajo las ramas, Que arranca los botones de los botines, Que se alimenta de encelo y de ensalada. Amor impostergable y amor impuesto. Amor incandescente y amor incauto. Amor indeformable. Amor desnudo. Amor, amor que es, simplemente, amor. Amor y amor, ¡y nada más que amor!


CUANDO YO VINE A ESTE MUNDO De NICOLAS GUILLEN Cuando yo vine a este mundo, Nadie me estaba esperando; Así mi dolor profundo Se me alivia caminando, Pues cuando vine a este mundo, Te digo, Nadie me estaba esperando. Miro a los hombres nacer, Miro a los hombres pasar; Hay que andar, Hay que mirar para ver, Hay que andar. Otros lloran, yo me río, Porque la risa es salud: Lanza de mi poderío, Coraza de mi virtud. Otros lloran, yo me río, Porque la risa es salud. Camino sobre mis pies, Sin muletas ni bastón, Y mi voz entera es La voz entera del sol. Camino sobre mis pies, Sin muletas ni bastón. Con el alma en carne viva, Abajo, sueño y trabajo; Ya estará el de abajo arriba, Cuando el de arriba esté abajo. Con el alma en carne viva, Abajo, sueño y trabajo. Hay gentes que no me quieren, Porque muy humilde soy; Ya verán cómo se mueren, Y que hasta a su entierro voy, Con eso y que no me quieren Porque muy humilde soy.


Miro a los hombres nacer, Miro a los hombres pasar; Hay que andar, Hay que vivir para ver, Hay que andar. Cuando yo vine a este mundo, Te digo, Nadie me estaba esperando; AsĂ­ mi dolor profundo, Te digo, Se me alivia caminando, Te digo, Pues cuando vine a este mundo, Te digo, ÂĄNadie me estaba esperando!


COMO EL TORO, HE NACIDO PARA EL LUTO De NICOLAS GUILLEN

Como el toro, he nacido para el luto Y el dolor, como el toro estoy marcado Por un hierro infernal en el costado Y por var贸n en la ingle con un fruto. Como el toro lo encuentra diminuto Todo mi coraz贸n desmesurado, Y del rostro del beso enamorado, Como el toro a tu amor se lo disputo. Como el toro me crezco en el castigo, La lengua en coraz贸n tengo ba帽ada Y llevo al cuello un vendaval sonoro. Como el toro te sigo y te persigo, Y dejas mi deseo en una espada, Como el toro burlado, como el toro.


INDIO De NICOLAS GUILLEN

Quien ordenó la carga del arado Ordenaba tu muerte el mismo día. Ella tuvo lugar junto al Salado Con paloma y calandria, a mano fría. No te valió tu entrega de venado Frente al duro invasor que te temía. No te valió tu miel de despojado. Sólo la dulce espiga te quería. Descendiente de gringo y su pecado, Por cementerio de tu alfarería, A lo largo del río voy callado. La culpa de tu muerte es culpa mía. Indio, dime que soy tu perdonado Por el trigo inocente que nacía.


poesias