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ACEITE Y VINO PARA NUESTRO CAMINO DE CUARESMA. Para la cuaresma de este año hemos elegido los símbolos del ACEITE y del VINO. Estos símbolos nos tienen que ayudar a vivir mejor este tiempo, a centrarnos en lo verdaderamente importante, que es nuestra CONVERSIÓN Y PREPARACIÓN PARA VIVIR EN LA SEMANA SANTA LOS MISTERIOS DE CRISTO. Son dos elementos muy propios y necesarios en nuestro entorno. En el mundo judío, y hasta hace poco entre nosotros, el aceite y el vino eran los remedios utilizados para calmar el dolor y desinfectar las heridas. El Buen samaritano de la parábola que narra el evangelio de Lucas, cura las heridas de quien se encontró tirado en el camino, con vino y aceite ( Lc 10,34 ). El aceite y el vino colocados en nuestra iglesia durante toda la cuaresma, nos van a recordar que todos estamos necesitados de ser curados y sanados. En estos cuarenta días Jesús se nos presenta como nuestro médico, como el único capaz de curarnos y sanarnos, como hizo con los apóstoles en el monte de la transfiguración, o con la mujer adúltera, o con la samaritana ( hermosas catequesis cuaresmales ). Con razón rezamos en el Prefacio común VIII: “ También hoy, como el buen samaritano, se acerca a todo hombre que sufre en el cuerpo o en el espíritu, y cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza”. Ya tenemos consuelo, ya tenemos esperanza, si nos acercamos a Jesús. Para ser curados, necesitamos primero, reconocernos enfermos y descubrir nuestras enfermedades. Una estrofa de un canto de ofertorio nos recuerda: “ te ofrecemos nuestro barro que oscurece nuestras vidas, y el vino que no empleamos para curar nuestras vidas “. Y Jesús puede curar tus heridas y enfermedades, solamente tienes que pedírselo y acercarte, como la adúltera que escucharemos uno de estos domingos, que ante su pecado, Jesús escribe sobre arena, para que se lo lleve el viento. “ Yo tampoco te condeno, anda vete, y en adelante no peques más”. Vive esta nueva cuaresma con este propósito, de cualquier situación te puede sacar el Señor. Nos consuela saber que santo no es el que nunca cayo, sino el que siempre se levantó. Ojalá nuestra parroquia sea como Betania, lugar de familia y amistad donde Jesús se acercaba a descansar, antes de subir a Jerusalén; que todos encontremos aquí alivio y esperanza, perdón y acogida. Dios te ama, no lo dudes, te quiere como eres, está locamente enamorado de ti, como el padre Bueno de la parábola de los dos hijos pendones. Todos los días salía a los caminos al encuentro, hasta que un día apareció el pequeño con una copa de más y una alegría de menos. No importa que esté lejos, sabe que un día volverás; no le importa si le pediste toda la herencia, aún estando El vivo, y si te la gastaste malamente; no le importa si has estado cuidado cerdos o comiendo algarrobas. Te seguirá esperando y te llamará “ hijito “, aunque te hayas quedado en casa como el hijo mayor fariseo. Porque es tu Padre que te ama con corazón de madre y te abraza con manos de Padre y madre.


Por eso también vamos a colocar sobre nuestro confesionario un icono del encuentro del hijo pequeño, para recordarte que siempre se te espera en esta familia que es la Iglesia. Socorre en esta cuaresma a los hermanos necesitados, a los que viven cerca de ti y a los de lejos, y todo con amor y desde Jesús, porque “ quien no se ha encontrado con el Transfigurado no podrá estar con el desfigurado”, que diría nuestro Obispo. Y recuerda que esta cuaresma cae en el año santo sacerdotal, por eso en las homilías dominicales haremos mucha referencia a los sacerdotes, los primeros necesitados de conversión, pero que nos dan el perdón de Dios, el vino de la Eucaristía y el Aceite de los sacramentos. Todos, y muy especialmente los sacerdotes, deberíamos saber que la Cruz es el camino, no el destino. No hay otro camino para ser feliz, ni hay otro camino de cuaresma. El aceite y el vino desde siempre han servido para curarnos, embellecernos, fortalecernos, alimentarnos. Que esta cuaresma te sirva para eso. Hay consuelo, hay esperanza. Ya me entiendes.


ACEITE Y VINO PARA NUESTRO CAMINO DE CUARESMA