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SOMOS GENTE SERIA Aumentando los Ja, Ja, Ja cada día tendremos salud, salud, salud. (Anónimo) Aunque ya escribí alguna que otra vez sobre este tema estaremos todos de acuerdo con que las anécdotas que ocurren en nuestro medio son divertidísimas; como decía un viejo conocido, ya en la presencia del Señor: “los chistes se hacen solos”. Es cierto que quien no sonríe nunca es muy poco serio. Aparte de poder ir a entierros, reuniones varias, la cola del Paro y hacer de la Declaración de la Renta, tenemos la capacidad de llorar por dolor pero también de llorar porque reímos. ¡Benditas sean esas lágrimas! Llega a mis manos una cosa de estas que circulan por Internet (¡qué invento!) donde hay una serie de anuncios de iglesia. Algunos son realmente geniales. Entresaco varios y los comparto con los lectores de esta sencilla pero buena publicación, ¡qué menos! “El grupo de recuperación de la confianza en sí mismos se reúne los jueves por la tarde a las ocho. Por favor, para entrar usen la puerta trasera”. Se ve que había que ir poco a poco con esa recuperación. “Estimadas señoras, ¡no se olviden de la venta de Beneficencia! Es buena ocasión para librarse de aquellas cosas inútiles que estorban en su casa. Traigan a sus maridos.”. Menos mal que la buena de Orfa Moabita, mi santa esposa, no pertenece a esa comunidad; de lo contrario debería dudar cuando me invitase a pasear. “El próximo martes habrá cena a base de alubias en el salón de la iglesia. A continuación tendrá lugar el concierto”. Palabra que no sé qué iglesia fue la que organizó esta actividad. Y una última que me llamó la atención. “El precio para participar en el cursillo sobre Oración y Ayuno también incluye las comidas”. No me dirá el lector que no son ingeniosos estos anuncios de iglesia. Ahora bien, hay cosas que pasan más allá de unos meros anuncios como estos que acabo de referir. Son esas historias que ocurren y que, con el tiempo, recordamos con cariño y nos sirven para reafirmar que si bien tiempos pasados no fueron mejores (Eclesiastés 7:10) es cierto que fueron de especial alegría algunos de ellos. Me cuentan de una iglesia donde el pastor al comenzar dijo: “Por favor, apaguen sus móviles”. Todos lo hicieron. En el momento de presentar al predicador sonó un teléfono; ¿imagina el lector de quién era el móvil? Si, del pastor. Según me dicen el sonrojo y el sofoco le duran todavía y desde entonces solamente anima a que intenten apagarlo. Nunca podré olvidar al bueno del hermano Faraón de Decápolis cuando en medio de una oración en altavoz dijo lo siguiente: “Señor, gracias porque nos has apartado para que andemos en caminos de maldad y pecado”. Esto lo presencié. El problema es que más de uno dijo “amén” y yo pensé: ¿dónde me he metido? Recuerdo en otra ocasión al hermano Mehujael de Nod, un hombre entrado en años, que oraba vehementemente lo que a continuación cuento, y palabra que no añado nada porque lo viví directamente hace tiempo: “Señor, gracias porque nos has cambiado; porque muchos cambian de costumbres, cambian de religión pero no cambian su corazón; como bien dice el refrán: aunque la mona se vista de seda, mona era y mona se queda”. Aún recuerdo como más de uno nos reímos con ganas y se oyó más nuestra risa que el amén de turno. Corría Mayo de 1.987 cuando, estando de visita en determinado lugar del sur de la península, asistí a un culto en una iglesia. A la hora de dar los anuncios el hermano dijo lo siguiente: “El viernes tenemos Estudio Bíblico a las 8 de la tarde; hermanos, hay que venir, es importante que vengamos todos; el Estudio Bíblico es muy importante; hay que venir pero yo nunca vengo”. Creo que sobran los comentarios.


Si, estoy seguro que a los lectores les ocurrirá como a mí: recordamos las anécdotas pero no recordamos el sermón o la enseñanza que recibimos cuando acontecieron. Dios nos dio la capacidad de la risa para algo, así que no es pecado reír. Seguro que lo que aprendimos fue de bendición, aunque lo hayamos olvidado; no recuerdo qué comí hace tres días, confieso, pero si sé que me alimentó; quizá recuerdo algo de la comida. No se trata de estar todo el rato a carcajadas sino de reírnos de lo que nos pasa. Por cierto, que en el cielo hay muy buen humor. Hasta la próxima si Dios quiere. Onesíforo Tisbita


08 Somos gente seria