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AÑO XXX Nº148 FEBRERO - MARZO 2021 EDITA Obras Misionales Pontificias Director Nacional de OMP José María Calderón Dirección Rosa Lanoix Diseño y maquetación Antonio Aunés Colaboradores Justo Amado, Fuencisla del Amo, Alfonso Blas, M. Mar Cugat Viñes, Concha Fernández, Ana María Fernández, M. Teresa Fernández del Vado, Juan María González-Anleo, Fernando González Laparra, Alicia Muñoz, Quique, Dora Rivas, Paula Rivas, José Ignacio Rivarés, Rafael Santos, Francisco Solé, Juan Zabala.

Hace un año que la Organización Mundial de la Salud declaró como pandemia la enfermedad del coronavirus. Nuestras vidas han cambiado. Ahora tenemos, más claro que nunca, que debemos permanecer unidos para superar las dificultades, y que es inhumano dar la espalda a quienes viven problemas como la pobreza, el hambre, la falta de un hogar... El papa Francisco lo repite constantemente: "Acoger al pobre, escucharle para ayudarle". Un llamamiento muy sabio. Así el mundo se transformaría en un lugar más justo y amable para todos.

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EDITORIAL Un año en la tempestad

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REPORTAJE Bye bye, televisión convencional

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PAÍS A PAÍS Polonia

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TÚ,¿QUÉ PIENSAS? Jóvenes que comparten su fe y su tiempo con pobres y adictos

CARTA A UN JOVEN Aprende a estar solo... y ¡abúrrete!

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PONGAMOS QUE HABLO DE TI El Kanka y Rozalén Para quedarte

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NOMBRES PROPIOS

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Fotografía: José Ramón Moreno, EFE, 123RF.com, JMJ Panamá, Cathopic, Archivo de OMP y Pixabay Depósito Legal:

M. 7103-1991 Imprime: : ARIAS MONTANO, S.A.

Para ponerte en contacto con nosotros: SUPERGESTO C/ Fray Juan Gil, 5 28002 - Madrid Si lo prefieres, llámanos al Tef: 91 590 27 80 También puedes hacernos llegar un e-mail: supergesto@omp.es y nuestra página web: www.revistasupergesto.es www.omp.es y www.domund.org Suscripciones Roberto Murga

suscripciones@omp.es

ESCAPARATE José Jiménez Puerta, voluntario en Costa de Marfil

JÓVENES MISIONEROS Voluntariado misionero de los jóvenes de Arcores

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ANÉCDOTA Joan Roig i Diggle

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HAGIOGRAFÍA María Puncel, pluma y corazón misioneros

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CON NUESTROS MISIONEROS Carlos Sola Cruz, informático voluntario en Panamá

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FIRMAS INVITADAS Ousman Umar, presidente de Nasco Feeding Minds

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ESTE MUNDO

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DESDE LA MISIÓN Cecilia Andereggen, misionera en Timor Oriental PÓSTER ASÍ VA EL MUNDO

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ESTÁ EN LOS LIBROS RELATO Vaqueros rotos PARTICIPARON PIENSA Y JUEGA LA LLAMADA


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e cumple por estas fechas el año desde el inicio de un confinamiento obligado al que nos llevó la presencia en nuestras vidas de un minúsculo "bichito", de tamaño microscópico, que vino a desencadenar una terrible tempestad en nuestra existencia y que, al mismo tiempo, puso de manifiesto todas nuestras miserias. Desenmascaró, como ha dicho el papa Francisco, "nuestra vulnerabilidad" y dejó al descubierto "esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades". Nos mostró, con toda su crudeza, que el individualismo egoísta que orientaba nuestros éxitos era un lastre que hundía aún más un barco donde todos éramos "frágiles" y estábamos "desorientados", donde ya no tenía sentido hacer la guerra cada uno por su cuenta, cuidando solo de los propios intereses y satisfaciendo únicamente el propio placer, porque todos, igual de "importantes y necesarios", estábamos "llamados

a remar juntos" para afrontar la situación. El Covid-19 nos desveló cómo habíamos estado adorando a ídolos de barro, relucientes de riqueza y poder, y vacíos de corazón y generosidad, al tiempo que dejábamos "dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad"... Así resurgieron del olvido héroes sencillos y humildes, dispuestos a cuidar de nuestra salud, a proporcionarnos alimentos, a dar consuelo y esperanza, ánimo y amor... Entre ellos, cómo no, estaban también nuestros misioneros y misioneras, y muchos jóvenes. Y es que, de las crisis –que, al fin y al cabo, siempre han estado presentes en todas partes y en todos los períodos de la historia–, se puede salir mejor de lo que se entró: más fortalecidos y humanos, más sabios y ricos en experiencias. Porque los retos ayudan a crecer; los desafíos, a superarse; los males, a mejorar... No sabemos lo que nos deparará este tiempo en que la pandemia ha acentua-

do la crisis económica y las desigualdades sociales, el hambre y las migraciones masivas; pero, como dice Francisco, "sabemos que las cosas mejorarán en la medida en que, con la ayuda de Dios, trabajemos juntos por el bien común, poniendo en el centro a los más débiles y desfavorecidos. Hagamos, pues, "renacer entre todos un deseo mundial de hermandad", comprometámonos "en el cuidado de los demás y de la Creación, nuestra casa común". Nos lo pide el Papa, y, además, es un hermoso propósito en el que volcarse, que llenará de ilusión y aventura nuestras vidas, nos hará mejores ante la tempestad y nos acercará a hacer realidad el mundo que Dios soñó para toda la humanidad. Sg

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Supergesto viaja hoy a Polonia, una nación cuya historia se ha hecho a base de lágrimas, resistencia y sufrimiento. Nos dirigimos al que, con Ir landa, pasa por ser el país más católico de Europa, cuna de grandes mís ticos y santos, pero también el escenario en el que los nazis perpetraron una de las páginas más negras de la historia de la humanidad: la shoah. Poneos las mascarillas y abrochaos los cinturones, que despegamos.

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zesc, witamy w Warszawie (Hola, bienvenidos a Varsovia). La megafonía del aeropuerto de Varsovia nos recibe calurosamente, haciendo buena la fama de hospitalarios que tienen los polacos. Tres horas y media ha durado nuestro vuelo desde Madrid. No hemos salido de la Unión Europea, así que no tenemos que hacer largos trámites en la aduana. Desde el 1 de mayo de 2004, Polonia es, en efecto, uno de los Veintisiete. Sus 312.696 kilómetros cuadrados la convierten en el sexto mayor Estado miembro, solo superado por Francia, España, Suecia, Alemania y Finlandia. Por población, y tras el Brexit,

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sus 37,8 millones de habitantes lo sitúan en quinta posición. En el apartado demográfico los que están por delante son Alemania (83 millones), Francia (67), Italia (60,3) y España (46,9). Polonia se ubica en el corazón de Eu-ropa, a caballo entre el este y el oeste. De hecho, es un país del este con vocación occidental. Al norte limita con el mar Báltico, con Rusia (por el "óblast" de Kaliningrado) y con Lituania; al sur, con la República Checa y con Eslovaquia; al este, con Bielorrusia y Ucrania; y al oeste, con Alemania. La mayor frontera (467 km) la tiene con este último país. La costa en el Báltico se ex-

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tiende a lo largo de 528 kilómetros, siendo su principal puerto Gdansk, una ciudad en cuyos astilleros fue fundado el sindicato Solidaridad, que tan importante papel desempeñó luego en la caída del comunismo. El país es llano, muy llano. Tan llano que el 75% de su territorio está por debajo de los 200 metros de altitud. Las montañas se localizan únicamente al sur y al oeste. En el primer caso, frente a Eslovaquia y Ucrania, encontramos las alturas de los Cárpatos, y en el segundo, en la frontera con la República Checa, las de los montes Sudetes. Polonia no es país de grandes montañas. Su techo es el pico Rysy, de 2.499 metros, situado en los montes Tatras, en la cordillera de los Cárpatos. El río más importante es el Vístula (Wisla, en polaco), que tiene una longitud de 1.047 kilómetros (como nuestro Tajo, más o menos) y pasa por Cracovia y Varsovia antes de desembocar en el Báltico. Otros cursos fluviales a destacar son el


Juan Pablo II, el Papa polaco, pasó casi 27 años al frente de la Iglesia. Fue proclamado santo en 2014.

Oder (854 km), el Warta (808) y el Notec (388). Una característica de los ríos polacos –que se alimentan sobre todo de nieve– es que todos ellos se congelan durante el invierno: un mes, los que fluyen por el oeste, y hasta tres meses los que lo hacen por el centro y por el este. Y es que la estación del frío es allí muy cruda, con temperaturas de entre 5 y 15 grados bajo cero. Las dos principales ciudades de Polonia son Varsovia, la capital, con 1,8 millones de habitantes, y Cracovia, con unos 800.000. La primera es casi una ciudad de nuevo cuño, pues quedó muy dañada en la Segunda Guerra Mundial, aunque su casco antiguo ha sido tan bien restaurado que en 1980 fue declarado Patrimonio de la Humanidad. Este mismo reconocimiento internacional lo tiene también el centro histórico de Cracovia, la más bella urbe del país, en cuya catedral reposan los restos de San Es-

tanislao. Este obispo del siglo XI fue asesinado en su iglesia, mientras celebraba la Eucaristía, por el mismísimo rey Boleslav, molesto por las admoniciones que el prelado le hacía de la vida pecaminosa y disoluta que llevaba. Otras urbes polacas a destacar son Lódz (680.000 habitantes), Wroclaw (643.000), Poznan (535.000), Gdansk (470.000), y Szczecin (402.000). A ellas hay que añadir Zapokane, la "capital" de invierno, a los pies de las montañas.

Además de polacos (97% de la población), en el país hay nueve minorías nacionales, siendo las más importantes las de ucranianos (unos 233.000), bielorrusos, alemanes y armenios. Aunque la nación naciera como monarquía, Polonia es hoy una República parlamentaria estructurada en 16 regiones (voivodatos o voivodías), 380 comarcas o powiat (66 de ellas son ciudades que tienen ese estatus) y 2.478 municipios o gminas. Estas unidades territoriales, no obstante, gozan de independencia y no están supeditadas las unas a las otras. Desde el punto de vista económico, la nación ha prosperado enormemente en las últimas décadas después de dejar de ser un país satélite de la Unión Soviética tras la caída del muro de Berlín en 1989. En los tres últimos años el Producto Interior Bruto ha crecido siempre por encima del 4%, y la previsión para 2020 era también que superara el 3%, aunque la llegada de la Covid-19 ha trastocado algo los planes. Aun así, la recesión está siendo menor que en otros países. En octubre de 2019 el paro alcanzó niveles mínimos (5%), y

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El santuario mariano de Czestochowa es el tercero que más peregrinos recibe en Europa.

Maximiliano Kolbe, canonizado en 1982 por Juan Pablo II, fue asesinado en Auschwitz.

aunque la tasa de desempleo va en alza (6,1% en julio de 2020, ya con el virus), se esperaba cerrar el año con un todavía aceptable 8%-10%. Los principales socios comerciales de Polonia son Alemania, China y Rusia, aunque las exportaciones e importaciones con este último país se han visto afectadas por las sanciones de la UE por la anexión de Crimea, y el posterior veto de Moscú a la llegada de productos cárnicos, frutas y hortalizas europeas. Sin defensas naturales Su geografía llana y la ausencia de defensas naturales ha condicionado enormemente la historia de Polonia. Desde su creación como nación, allá por el siglo X, tras la conversión al cristianismo de su rey Miecislao I, el país ha sido invadido varias veces por sus vecinos. En una de esas invasiones, en 1795, prusianos, rusos y austriacos se repartieron lo que son hoy Polonia y Lituania, unidas entonces en mancomunidad. Polonia desapareció como país soberano e independiente. Dejó de figurar en los mapas durante 123 años, hasta el final de la I Guerra Mundial. Y, cuando reapareció, a partir de 1918, fue por poco tiempo: en 1939 las tropas de Hitler la invadieron de nuevo y se la volvieron a repartir con sus entonces aliados soviéticos. Esa agresión supuso el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, el mayor conflicto bélico que ha conocido nunca la humanidad, con más de cincuenta millones de muertos. Seis de esos millones fueron polacos. En Polonia los nazis construyeron hasta seis campos de exterminio. El mayor de ellos fue el de Auschwitz-Biker6 SUPERGESTO

nau, un complejo situado a unos 70 km de Cracovia en el que fueron gaseadas hasta un millón de personas, judíos la mayoría, pero también gitanos, polacos, prisioneros rusos, homosexuales... Auschwitz fue una maquina industrial de matar, una locura sin sentido, un monumento a la brutalidad. Hoy es un museo, sobrecogedora y necesaria memoria de la barbarie y de la inhumanidad a la que pueden llegar las personas. Una de las víctimas nazis de Auschwitz fue un fraile polaco llamado Maximiliano Kolbe. Franciscano conventual, el Padre Kolbe fue apresado en su convento el 17 de febrero de 1941 y enviado al campo de exterminio. Dos meses llevaba en él cuando, un día, al hacer el recuento, los soldados vieron que faltaba un preso. El comandante del campo había establecido que por cada preso que se fugara, mataría a diez como castigo. Así que, al día siguiente, ordenó formar a todos en el campo y seleccionó a los diez desgraciados que debían pagar con su vida la hui-

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da del compañero. Uno de los elegidos era un sargento polaco que había perdido a su mujer y que tenía hijos pequeños que iban a quedar huérfanos. Al enterarse, Kolbe se apiadó de él y se ofreció a ocupar su puesto. "No tengo a nadie, soy un sacerdote católico", dijo. El comandante aceptó el canje. Fue encerrado en un búnker con sus compañeros sin agua ni alimentos para que murieran de hambre y sed. Cuando quince días después abrieron el búnker descubrieron que, a diferencia de sus compañeros, él aún seguía con vida, así que lo remataron con un veneno. El preso del canje sobrevivió a las penalidades de Auschwitz y con los años aún pudo ser testigo de la beatificación de su ángel salvador (en 1971), y de su posterior canonización, en 1982. País de místicos y santos La persona que elevó a los altares a Kolbe fue otro polaco universal: Juan Pablo II, el primer Papa no italiano


desde el siglo XVI. Karol Wojtyla (19202005) pasó casi 27 años al frente de la Iglesia, siendo el suyo hasta ahora el tercer mayor pontificado de la historia, solo superado por los de san Pedro y Pío IX. El papa Juan Pablo fue proclamado santo en 2014, apenas nueve años después de su muerte. Es uno de los 34 santos y 225 beatos que ha dado hasta ahora la Iglesia polaca. Y es que Polonia es uno de los países más cristianos de Europa. Hasta el 92,3% de la población se dice católica, mientras que los ortodoxos representan el 1,3% y los protestantes el 0,4%. La presencia de otras religiones, musulmanes, judíos, budistas, etc. es prácticamente testimonial. La Iglesia católica cuenta allí con 45 circunscripciones, 15 de ellas archidiócesis y 28 diócesis. El país tiene cinco cardenales, de los que solo tres –Krajewski, limosnero pontificio, Nycz y Rylko– tendrían la condición de electores de un nuevo Papa en un hipotético cónclave, al tener menos de 80 años. En Polonia hay 72 catedrales y 154 basílicas, pero el lugar más emblemático para los católicos es, probablemente, el santuario mariano de Czestochowa. Localizado a hora y media de viaje de Cracovia, es el tercero que más peregrinos recibe en Europa, después de los de Fátima (Portugal) y Lourdes (Francia). Allí está su famosa Virgen Negra, un icono considerado milagroso que se venera en el monasterio de Jasna Góra (Monte Claro) desde finales del siglo XIV. Polonia es un país creyente, pero también hospitalario, romántico y amante de la libertad. Y sobre todo una tierra de grandes creadores. Es sorprendente la gran cantidad de hijos ilustres que ha da-

do este país a lo largo de su historia: desde Nicolás Copérnico (1473-1543), el astrónomo que descubrió que la tierra giraba alrededor del sol y no al revés, como se pensaba entonces, a María Sklodowska (1867-1934), más conocida –por el apellido de su marido francés– como Marie Curie, la única mujer en la historia que ha sido galardonada dos veces con el Premio Nobel y en dos disciplinas distintas: Física y Química. Curie, nacida en Varsovia, descubrió dos nuevos elementos químicos, el radio y el polonio, bautizando a este último con el nombre de su patria, a la que tanto extrañaba. Tampoco han faltado nunca en Polonia grandes músicos, escritores y cineastas... La lista es larga. Compositores como Krzysztof Penderecki (1933-2020); pianistas como Fryderyk Chopin (1810-1849) o Artur Rubinstein (1887-1982); cineastas como Roman Polanski (1933-...), Krzysztof Kieslowski (1941-1996) o Andrzej Wajda (1926-2016); literatos como Josef Konrad (el autor de El corazón de las tinieblas), Henrik Sienkiewicz, Wladyslaw Reimont, Czeslaw Milosz, Wislawa Szymborska, Olga Tokarczuk... El nivel de las letras polacas es tal que los cinco últimos mencionados han sido galardonados con el Nobel de Literatura; la última, la poeta Tokarczuk, en 2019. El país, con 14 galardonados, entre ellos el ex presidente Lech Walesa, ocupa el duodécimo lugar en la lista de países más reconocidos con este premio. España tiene ocho Nobeles (el último, Mario Vargas Llosa, en 2010) y ocupa el vigésimo primero. Sg JOSÉ IGNACIO RIVARÉS

Las ciudades polacas son como pequeños museos. De los 16 lugares polacos reconocidos por la Unesco como Patrimonios de la Humanidad, cinco son centros históricos de ciudades: Varsovia, Cracovia, Zamosc, Torun y Wroclaw. Otros tres, sin embargo, son minas increíbles. En la región montañosa de Swietokrzyskie, por ejemplo, está el conjunto de Krzemionki, cuatro minas que datan del Neolítico y de la Edad de Bronce (3900-1600 a.C.) y que constituyen el mejor testimonio para entender cómo nuestros antepasados extraían y transformaban el sílex para fabricar

herramientas. A unos doce kilómetros de Cracovia están también las espectaculares "Minas reales de sal de Wieliczka y Bochnia", una red de túneles y galerías de hasta 300 kilómetros de extensión y 300 de profundidad increíbles. Estas minas, en las que se ha extraído sal de manera ininterrumpida desde el siglo XIII, son, junto a Auchwitz, uno de los lugares más visitados de Polonia. En su interior pueden admirarse las capillas de San Antonio y de Santa Kinga, completamente decoradas con sal.

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N Salió de Ghana con 13 años. Cruzó andando el Sáhara, y vio morir deshidratados a la inmensa mayoría de sus compañeros de travesía. Con 16 años, vio cómo se ahogaba su mejor amigo al hundirse la patera con la que trataba de llegar a Europa. Con 17, llegó a Barcelona sin hablar ni entender el castellano ni el catalán; sin saber leer ni escribir. Sin dinero, sin amigos, sin nada... Durmió durante varios meses en la calle. Hasta que una familia de Barcelona lo acogió. Ahora Ousman tiene una madre y un padre adoptivos en Barcelona, una carrera universitaria, un máster, una ONG, un premio de la ONU, fotos con el papa Francisco y un libro titulado Viaje al país de los blancos (Plaza & Janés), en el que narra las desventuras por las que ha pasado a lo largo de su vida. Despegar no fue fácil, pero la perseverancia y la ilusión de Ousman le han llevado a conseguir que Nasco Feeding Minds, su ONG, esté presente en más de 23 escuelas de Ghana, con 20.000 jóvenes que han completado su formación. Nasco ofrece también un programa de becas universitarias, acciones de sensibilización medioambiental, talleres de higiene para evitar enfermedades que reduzcan el absentismo escolar y dirige una cooperativa de miel para dar empleo a las madres de los alumnos. 16 SUPERGESTO

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ací en África, en un pueblo llamado Fiaso, Ghana, un martes de 1988. Un día, mientras jugaba al fútbol con mis amigos, vi un avión que volaba. Y pensé: "¿Cómo puede haber un avión allá arriba?". A partir de ese día me di cuenta de que el mundo no podía acabarse en la frontera de mi lugar de nacimiento. Un par de años más tarde, conseguí un trabajo en un pueblo cercano. Después de esto, me trasladé a la segunda capital del país y, finalmente, llegué al puerto de la capital, Accra. A menudo veía ferries, coches y máquinas, que no hacían otra cosa que suscitar en mí más y más interés en los blancos. Un día oí hablar de Libia. Me dijeron que, si me trasladaba allí, recibiría un buen salario, cosa que me parecía imposible porque, hasta aquel momento, en Accra, trabajaba solo por comer un bol de arroz al día. Por descontado, acepté. El viaje que emprendí todavía me parece una película, algo surrealista que nunca podría pasar. Un ejemplo de la crudeza del viaje fue el trayecto a través del Sáhara. Éramos 56 personas en tres Land Rover (18 en cada coche), cruzando el desierto entre las dunas. De repente, tuvimos que bajar de los coches porque los conductores "tenían que ir a buscar gasolina" y no iban a tardar mucho. Nunca volvieron. Fuimos abandonados en medio del desierto. A


pesar de esto, un chico aseguró que conocía el camino correcto, y que nos guiaría a cambio de dinero. Pasaron los días y cada vez nos enfrentábamos a más contratiempos. No teníamos comida ni agua. Después de 21 días, únicamente seis de nosotros llegamos a la otra parte del Sáhara. Una vez en Libia, las cosas fueron peor de lo que esperábamos. En aquel momento, el país estaba controlado por Gadaffi. Los inmigrantes negros eran maltratados. Un perro tenía más valor que un inmigrante negro. Estuve en Libia durante cuatro años. Pude ahorrar suficiente dinero para huir del país. La mafia me convenció para que pagara 1.600 dólares para cruzar el Mediterráneo y llegar finalmente a España. Nos facilitaron material y equipamiento para que pudiésemos construir nuestros propios barcos. Una vez terminados, tuve el valor de subir en uno de ellos. Yo no sabía nadar. Nuestro barco colapsó contra las olas y murieron diez personas. Uno de ellos era Muusa, mi mejor amigo. Después de este intento fallido, volvimos al desierto. Recuerdo que

perdí los zapatos por lo que tuve que caminar descalzo durante un mes. Treinta y tres días después, la mafia consiguió nuevos materiales y construimos dos barcos nuevos. Éramos 60 de nosotros para cada barco. Esta vez, fue el otro barco el que se hundió. El nuestro, en cambio, nos llevó a Fuerteventura, la tierra prometida. La Cruz Roja me recogió, me cubrió con mantas y me llevó a la ambulancia. Tuvimos que firmar varios documentos y más tarde nos trasladaron al hospital, donde los médicos me hicieron lo que llaman "Test de la muñeca" para conocer mi edad. Estuve en prisión aproximadamente un mes. Cada dos o tres días, me enviaban a una habitación pequeña y oscura donde me interrogaban. Querían que confesara, aunque yo no tenía nada que decir. Por mi minoría de edad, se me dio la posibilidad de residir en España. Me preguntaron a qué ciudad me gustaría trasladarme, y entonces recordé que, cuando estaba en Accra, había visto un partido en la televisión en el que jugaba el Barça. Así pues, dije "Barça".

Llegué a Barcelona por primera vez en el invierno del año 2005. Los coches, las casas... todo era nuevo y maravilloso. Recuerdo que saludaba a todo el mundo en la calle, como se hace típicamente en África. La gente me miraba de una manera extraña. El segundo día, después de dormir en la calle, me encontré con una mujer que paseaba. Me levanté y me acerqué a ella educadamente. Le mostré todos los documentos que traía, le expliqué quién era y le pregunté dónde podía encontrar la Oficina de la Cruz Roja. Ella casi no hablaba inglés y no me entendía. No obstante, parecía interesarse por mis explicaciones. Me cogió la mano y llamó a su marido, que sí hablaba inglés. Hablé con él con facilidad. A continuación, la mujer me invitó a almorzar y me dio su número de teléfono. Me pidió que la llamara si tenía que volver a dormir en la calle alguna otra vez. Fui enviado a un complejo deportivo donde pasé tres noches. Pero la cuarta noche fui expulsado y volví a la calle. Dormí en bancos durante otro mes. Fue realmente agotador. Por eso, decidí llamar a Montse-

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rrat y le expliqué la situación. Después de una larga conversación, decidió que ella y su marido hablarían con la Cruz Roja. Fueron muy generosos y me acogieron como tutores. Una nueva vida comenzó para mí. El primer día, después de la cena, mi nueva madre vino a darme las buenas noches y me besó la frente. En ese momento, me pregunté por qué había tenido que vivir un viaje tan horrible. Finalmente, llegué a una conclusión: la pregunta no tenía que ser "¿por qué?" sino "¿para qué?". La respuesta estaba clara: tenía que comunicar e informar de mis vivencias para concienciar sobre la realidad de la inmigración y, lo más importante, tenía que evitar que otras personas sufrieran la misma experiencia que yo. Empecé a estudiar catalán y español y pude aprobar mis exámenes de bachillerato. Después empecé mi grado de Química durante dos años en la Universidad de Barcelona, que tuve que dejar porque no podía compaginar las prácticas y estudios con 18 SUPERGESTO

el trabajo como mecánico de bicicletas (que necesitaba para pagarme los estudios), así que me cambié a la carrera de Relaciones Públicas y Marketing. La terminé y un año más tarde estudié un máster en ESADE en Dirección, gestión y organización de ONGs. En 2012 fundé la ONG Nasco Feeding Minds con el fin de proporcionar acceso a la información y la educación, reduciendo la brecha digital. Con esto, intento evitar que los jóvenes de Ghana se embarquen en viajes mortales como el que yo mismo realicé. Si hubiera sido consciente de las distancias, los riesgos y la ubicación de Europa, nunca habría dejado Ghana como lo hice. La educación es la herramienta para cambiar cualquier sociedad. Los primeros 45 ordenadores los compré en 2012 con mi sueldo de mecánico de bicicletas, y fueron envia-

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dos a la escuela secundaria de San Agustín, en la región norte de Ghana. Empezamos con 850 alumnos y 2 profesores de informática, y hoy, en 2020, ya han pasado más de 20.000 alumnos por las once aulas que tenemos en marcha. Durante todo este trayecto, he tenido la suerte de conocer a personas excepcionales que me han apoyado y me apoyan en mi misión. Tanto voluntarios que dedican su tiempo libre para hacer que Nasco Feeding Minds funcione, como personalidades como el papa Francisco, que me invitó al Vaticano a una audiencia privada en la que pude compartir con él mi experiencia. Él lloró frente a las cámaras cuando llegaron 382 cadáveres a Lampedusa y quiso conocer a un inmigrante para saber qué pasa por nuestra cabeza cuando tomamos la decisión de emprender un viaje tan terrible. Se mostró en todo momento muy interesado en escuchar mi historia y me dio un consejo que me acompañará siempre: "La mejor manera de ayudar a alguien es escucharle". Sg OUSMAN UMAR


Cuando vio la película de La miisión , Cecilia Andereggen sintió que Dios le llamaba a hacer algo grande. Desde Timor Oriental nos llega la historia de esta joven argentina, Esclava del Sagrado Corazón de Jesús, que comenzó a sentir el gusanillo de la misión después de realizar una experiencia misionera en verano cuando tenía 15 años... Actualmente recorre los montes a pie y en moto para hacer llegar la Eucaristía a los lugares más remotos del país.

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aría Cecilia nació en Buenos Aires hace 33 años y, desde pequeña, fue al colegio Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. Allí descubrió la fe y comenzó a sentir una conexión enorme con Jesús. Cuando tenía 15 años escuchó por la megafonía del colegio que ofrecían la posibilidad de hacer una experiencia misionera de verano. "Tenía unas ganas locas de ir, pero yo no era tímida, era recontra tímida; y a ninguna de mis amigas les interesaba el asunto. Así que im-

plicaba ir sola, con gente desconocida, a un lugar desconocido... pero me animé, y fui". Así que ese verano se fue, con un grupo de 10 personas –ella la más pequeña–, a Vinal Esquina, en el noroeste de Argentina. "Yo creo que la misión abrió mi mundo, le dio un giro de 180º, en todas las dimensiones". ¿En qué sentido? Lo primero, para darse cuenta de la realidad. "Antes de eso yo vivía dentro de una burbuja, es decir, consideraba como normal

solo mi propia realidad. No había luz, el agua la sacábamos de un pozo, los baños eran letrinas, el calor llegaba a 50º de sensación térmica... y yo era una ignorante de todo eso. Ese fue un primer golpe de realidad". En segundo lugar, esta experiencia le ayudó a conocerse más a sí misma. Y, por último, le enseñó a conocer más a Dios. "Dios se me reveló como nuevo, como el Dios presente en los más pobres y sufrientes, que esperan en Él. Yo, que tenía la experiencia de un Jesús amigo, pero que en última instancia estaba en mi corazón, tenía ahora la experiencia de un Dios presente en la vida y fe de los más pobres. Y eso me cambió. Después de ese verano, lo supe: había llegado a casa, ese era mi lugar". Y ahora, ¿qué? Tras esta experiencia misionera, la vida de Cecilia dio un vuelco. "Por un tiempo estuve confundi-

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da, no sabía qué es lo que tenía que hacer. ¿Qué pasos dar? El momento crítico fue ese último año de Secundaria, porque era el momento de decidir, y yo no sabía por dónde enfilar". En unos ejercicios espirituales, le pusieron la película de La misión. "La escena final, en la que el cura Gabriel camina con Jesús en la Eucaristía, en medio del pueblo que es masacrado, se me clavó en la retina y en el corazón, y se me agolparon en la mente todas las personas que en la misión había conocido, las situaciones de injusticia y dolor y... colapsé. Y, después de calmarme un poco (para no asustar a los que estaban ahí, que por suerte eran pocos), fui a la capilla, lloré un poco más, pero sabía que Dios me pedía que hiciera algo. Ese tiempo, también un seminarista amigo me había prestado un libro, Oriente en llamas, sobre la vida de Francisco Javier, y me había volado la cabeza. Todo eso me hacía encender el corazón". Con mucha indecisión, empezó a estudiar Teología, y su vida siguió con normalidad, incluso con un noviazgo. "Después de mucha búsqueda, de mucho rezar, de mucho resistirme, al final me di cuenta de que Dios no quería partecitas de mi vida: que fuera de misión, que estudiara sobre Él, que rezara... Él lo quería todo, quería todo mi corazón". Así que decidió entrar en la congregación de su colegio, con mucho miedo, pero segura de que Dios estaba con ella. Tras formarse en Argentina, Bolivia, Uruguay e Italia, lleva tres años en Timor Oriental. "La verdad es que durante toda mi formación he soñado con ir a la misión. No tenía en mente ningún país o región en particular, lo único que deseaba era poder vivir entre los más pobres. Durante varios años lo deseé, y pedí a mis superioras, pe20 SUPERGESTO

ro nuestra formación es larga, y tenía que terminarla". Finalmente, su deseo fue escuchado. Un país recién salido de la guerra Timor Oriental recuperó la independencia en 2002, tras 500 años de colonialismo portugués y 24 años de dominación indonesia. Fueron años de mucho sufrimiento a causa de la guerra, de la violencia y de los enfrentamientos. Al terminar la guerra inició un tiempo de esperanza por el desafío de reconstruir la nación. Allí, las Esclavas de Sagrado Corazón de Jesús están presentes en dos comunidades: en Dili capital y en Bazartete, la zona de montaña,

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donde actualmente está Cecilia. En el país sostienen residencias para jóvenes estudiantes, guarderías, un centro de atención para niños con desnutrición... Y, además, participan en la pastoral. "En la aldea no hay ningún sacerdote viviendo, por lo que solo tenemos misa los domingos, el resto de los días nosotras hacemos Celebraciones de la Palabra, y muchos domingos vamos a las aldeas más alejadas, que no tienen misa, para celebrar allí también. Ade-

enfermos, por más que implique horas de caminata, de cansancio y sol, sí que merece la pena. Voy de peregrinación con Jesús dentro de mi bolso, que viene con nosotros. Es llevar a Jesús presente en la Eucaristía al encuentro de Jesús presente en los más pobres. Y el ser testigo de esto es para mí un gran regalo". "Una de las veces que volvía en moto, subiendo por la montaña, algo cansada, se me vino el texto de la multiplicación de los panes y el pedido de

más llevamos la comunión a los enfermos y personas mayores".

Jesús: «Denles ustedes de comer». En las constituciones de mi Congregación se nos invita a «Ser pan que se parte y vino que se ofrece para la redención del mundo». Y un poco esta es mi experiencia en esos momentos". Sg

Llevar a Jesús en el bolso "Jesús es el tesoro más grande que tenemos, y es un tesoro para compartir. Llevarlo a los más pobres y

PAULA RIVAS

Cristo merece la pena y la vida

Cecilia tiene un mensaje para ti en este vídeo: NÚM. 148, FEBRERO-MARZO DE 2021

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Arcores es la ONG de los Agustinos Recoletos para la Solidari dad Internacional. Una red con presencia en España y también en varios países de Latinoamérica y Filipinas, donde la Congrega ción tiene a sus misioneros. Hay muchas formas de colaborar con los proyectos de Arcores, pero, sin duda, el voluntariado misionero es el que más entrega personal exige por parte de los jóvenes. Los jóvenes son acogidos en la propia comunidad donde viven los misioneros, que les acompañan en su experiencia.

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al vez porque en su familia eran poco de hablar y más de hacer, y porque desde pequeño Víctor veía cómo sus padres ayudaban a los que más lo necesitaban, para él, la idea de salir a la misión se fue fraguando en su interior 34 SUPERGESTO

desde muy pronto. Cuando veía cómo sus padres se comportaban con los necesitados, este joven profesor de Educación Física pensaba en la anciana del Evangelio, que ofrece la única moneda que tiene, que era poco, pero era todo.

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En el verano de 2019, Víctor hizo su experiencia de voluntariado misionero en Casián, una comunidad pesquera remota, donde los Agustinos Recoletos iniciaron una misión en 2018. Para Víctor, Casián es un lugar donde "la presencia de Dios se hace visible". Allí, en esa isla ubicada en Palawan (Filipinas), vivió "una de esas experiencias que no dejan indiferente a nadie, desde el minuto uno, cuando abandonas el barco y pisas la arena, hasta el final, cuando te alejas navegan-

do y miras hacia atrás para ver cómo todas esas manos se despiden de ti acompañadas de gritos que saben a despedida, que saben a amor, que saben a Dios". Aunque la misión de los chicos de Arcores en Casián consistía en llevar a cabo un programa de alimentación para niños, se extendió más allá de eso, para jugar con ellos o compartir el tiempo con la gente de la isla. El contraste entre nuestro modo de vida y el suyo sorprendió a los jóvenes. Víctor hace notar que


mientras "nosotros estamos acostumbrados a tener mil cosas y siempre necesitamos más; ellos -que tienen lo justo- viven agradecidos y con creatividad, aprovechando todo lo que tienen". Que no hay pelota, se juega pateando "unas chanclas"; que solo hay arroz y pescado para comer, pues es un motivo para dar gracias a Dios que les permite poder alimentarse. No tener móvil ni Internet durante toda la estancia, dio a los chicos una oportunidad para mirar el mundo que les rodeaba y aprovechar el tiempo que tenían. Un tiempo que en nuestra sociedad parece faltarnos siempre para los demás y para Dios. Sin embargo, como dice Víctor, "siempre tenemos tiempo para mirar nuestras redes sociales y perder horas en ellas. Nos sentamos a tomar un café con nuestros amigos y no los miramos a la cara porque nuestros ojos están fijos en una pantalla. Nos tumbamos en la cama y nos vemos los 10 capítulos de esa temporada que tanto nos gusta, pero nunca tenemos tiempo para rezar".

En la mirada de las personas de Casián, los chicos de Arcores se encontraron "cara a cara con Dios". Por eso Víctor concluye el relato de su experiencia en una acción de gracias y alabanza a Dios: "Solo Tú, Padre, eres capaz de crear un mundo lleno de tanta luz. Un mundo con esos mares que surcar, niños con los que jugar, reír y sudar. Gracias por abrirnos los ojos, gracias por tocar nuestros corazones una vez más. La venda que antes nos cegaba, el ruido que antes nos impedía escucharte, ya no están ahí. Ahora te vemos, más cerca y más real que nunca. Podemos tocarte, mirarte, escucharte, sentirte y creerte". Misión a pesar de la pandemia José Manuel González, responsable del voluntariado de Arcores, explica que en 2020 la experiencia de voluntariado misionero de Arcores tuvo que ser suspendida por la pandemia. Pero los chicos de Arcores saben que incluso sin viajar, "la misión puede

traspasar fronteras y el amor de Jesús se puede llevar más allá de nuestro país". Celia Marañón es socia de Arcores y para ella colaborar en sus proyectos es hacer "como esa pequeña mariposa que mueve las alas en un lado del mundo y provoca un huracán en el otro". Y añade, "así es como me siento yo, intento hacer un pequeño

movimiento para poder cambiar el mundo". Los testimonios de Celia y de otros socios de Arcores se pueden ver en: https://www.youtube.com /watch?v=fr-xF2hWzvc Sg ANA FERNÁNDEZ DORA RIVAS Más información https://www.arcores.org/

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Carlos Sola Cruz,

un informático voluntario en Panamá

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ola a tod@s! Mi nombre es Carlos Sola, soy ingeniero informático y trabajo como profesor de Formación Profesional Básica (FPB) en Sant Josep Obrer, un colegio de la diócesis de Palma de Mallorca. Me gustaría contaros cómo llega un informático a realizar un voluntariado en Panamá con una congregación religiosa, qué le ha aportado, qué ha sentido y qué se ha traído. Digo lo de informático y nombro la FPB porque a priori parece que no ha de casar mucho lo de alguien de ciencias puras conviviendo con personas religiosas. El karma conviviendo con los sacramentos. La tecnología frente a lo de toda la vida. Ya me entendéis, ¿verdad? Sinceramente creo que todas estas cosas son compatibles cuando el nexo de unión entre ellas es la FE. La FE en hacer las cosas como se deben hacer; en que si haces el bien, te preocupas por quien tienes al lado, si empatizas, si eres agradecido, si te humanizas y en definitiva cambias el individualismo por el sentimiento de comunidad, de algún modo u otro se te recompensa. Y cuando hablo de recompensa no me refiero a un concepto económico, de reconocimiento o de ego, sino de satisfacción personal, tranquilidad y orgullo. Desde siempre me ha llamado la atención la labor social. Quizás por los valores inculcados por mi familia desde muy pequeño y por los que siempre estaré agradecido. Con 18 años, trabajé en un centro de discapacitados y 36 SUPERGESTO

desde entonces lo he combinado con algún que otro voluntariado local y alguna que otra campaña solidaria para niñ@s en situación de riesgo de exclusión social. Todo esto unido a que soy de los que piensa que la vida es como una lotería en donde, dependiendo de la suerte que tengas, el azar te coloca en un sitio o en otro, con una familia u otra, con unas comodidades u otras, unas posibilidades u otras y, en definitiva, con una esperanza de vida mejor o no tan mejor, creí necesario vivir una experiencia como esta. En principio creí que mi voluntariado consistiría solo en tareas educativas. Mi sorpresa llegó cuando me di cuenta de que hacía de todo y muy poco de profesor. Más tarde entendí que

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existen otras prioridades más allá de saber ciertas cosas académicas. Por delante de todo esto está la supervivencia. Cuando vives al día, cuando solo puedes comer una vez al día, cuando no dispones de dinero para pagar un medicamento o tratamiento, te das cuenta de eso que dicen de unos tanto y otros tan poco. Desde visitas y charlas con comunidades indígenas, hasta visitas a enfermos, pasando por hogares sin recursos, talleres en la prisión de adultos y en el centro de custodia de menores, escuelas infantiles, colegios de secundaria y hasta conferencias en la universidad. Todo esto es un breve resumen de las cosas que hice. Te podría estar contando anécdotas con párrafos y párrafos pe-


ro es mucho mejor que lo vivas. Y además sin tener una idea clara y cerrada de lo que vas a hacer, así lo disfrutarás mucho más. Eso sí, ves preparado/a y con la mente abierta. Lo que sí que te voy a contar es que cada una de las personas que conocimos nos recibió con una sonrisa y nos dio lo poco -o nada- que tenía. Que sus palabras de agradecimiento y cariño por cualquier cosa no se me olvidarán jamás. Que descubrimos que se puede ser feliz con mucho menos de lo que tenemos. Que empecé a plantearme muchas cosas al ver una niña ngöbe leer un libro con el título Te cambio todos tus problemas por un día de mi vida. Que me destrozó escuchar el testimonio de una adolescente -aunque más propio de un adulto- respecto a su futuro porque le había tocado nacer ahí, sin recursos, sin opciones y solo de la esperanza. Que me alegró ver cómo todavía hay gente que da su vida por los demás. Que tienen mucho que aprender de nosotros, pero muchísimo más nosotros de ellos.

De lo que dejé ahí no te puedo hablar mucho porque sinceramente no lo sé. Es curioso ver cómo un mes da para tanto y tan poco a la vez. Lo que también te contaré es que, al despedirnos, dar las gracias por todo, regalar un par de botellas de vino y esperar que nuestro voluntariado, por poco que fuese, hubiese servido para algo, recibí esta contestación: Vosotros no sois conscientes de la huella que habéis dejado aquí porque para vosotros es como un sueño en el que mañana o cuando vaya pasando el tiempo iréis despertando; pero nosotros nos quedamos aquí. El mayor regalo que nos habéis podido

hacer es venir desde tan lejos, en vacaciones, sin recibir nada a cambio y sobre todo cuidar, escuchar y atender a nuestro pueblo. Con eso nos basta. Por último decirte que quizás, si estás dudando en hacer un voluntariado o no, no lo hagas. No es tu momento. Que si no dudas y lo haces, no te arrepentirás. Que es una experiencia que te cambia la vida. Que es algo que no se puede contar ni explicar, que se ha de vivir. Pero que si aun así necesitas más detalles de mi experiencia, un café es la solución. Sg CARLOS SOLA CRUZ

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