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AÑO XXVI Nº130 MAYO - AGOSTO 2017

EDITA

Obras Misionales Pontificias

Director Nacional de OMP Anastasio Gil García

Dirección Rosa Lanoix

Diseño y maquetación Antonio Aunés

Colaboradores

Justo Amado, Fuencisla del Amo, Alfonso Blas, Ana María Fernández, María Teresa Fernández del Vado, Coro Marín, Alicia Muñoz, María Puncel Reparaz, Quique, Dora Rivas, Joan Sanmartí, José Ignacio Rivarés, Francisco Solé, Montserrat Vilaseca, Juan Zabala.

Fotografía:

José Ramón Moreno Guillo, EFE y Archivo de O.M.P.

Depósito Legal: M. 7103-1991

Imprime: :

ARIAS MONTANO, S.A. Para ponerte en contacto con nosotros: SUPERGESTO C/ Fray Juan Gil, 5 28002 - Madrid Si lo prefieres, llámanos al Tef: 91 590 27 80 También puedes hacernos llegar un e-mail: supergesto@omp.es y nuestra página web: www.revistasupergesto.es www.omp.es y www.domund.org

Suscripciones Roberto Murga

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Bajo el lema Empujados por el espíritu: "Aquí estoy, envíame", el próximo domingo 7 de mayo se celebra en España la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada de Vocaciones Nativas. Una invitación que nos compromete a todos los cristianos. Se nos pide oración, cercanía e incluso cooperación económica para ayudar en la formación de aquellos que son llamados al sacerdocio o a la vida consagrada. Y no podemos fallar. Ninguna vocación puede perderse por falta de medios económicos.

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EDITORIAL

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ESCAPARATE

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Somos protagonistas

PAÍS A PAÍS

República Dominicana

TÚ,¿QUÉ PIENSAS?

Mis abuelos son mis padres: la generación perdida de Myanmar Teresa García López "Painting for Others"

HAGIOGRAFÍA

Juan José Alarcia López, misionero en Zimbabue

FIRMAS INVITADAS

James Alexander Areiza, de Ciudad Don Bosco Medellín (Colombia)

ANÉCDOTA

Mons. Carlos Osoro

ASÍ VA EL MUNDO PÓSTER DESDE LA MISIÓN

Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y Jornada de Vocaciones Nativas

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COSAS QUE SE OYEN REPORTAJE

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PUERTAS ABIERTAS

Inglés, la asignatura pendiente

La limosna: mucho más que echar una moneda

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NOMBRES PROPIOS JÓVENES MISIONEROS

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CON NUESTROS MISIONEROS

Voluntariado Misionero de los Salesianos

Paula Sánchez Llorca, Campos Misioneros de Trabajo

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ESTÁ EN LOS LIBROS ESTE MUNDO RELATO Un par de zapatos

PARTICIPARON PIENSA Y JUEGA LA LLAMADA


L

os jóvenes tenemos que asumir el protagonismo que se nos brinda. Porque, a juzgar por lo que nos ha dicho el Papa en su Mensaje para la 32 Jornada Mundial de la Juventud, el papel que nos toca desempeñar no es ni mucho menos secundario. Francisco nos ha susurrado al oído que, aunque nos cueste creerlo –porque el ruido medioambiental del que nos rodeamos para huir del silencio interior nos dificulta muchas veces escucharlo–, el Señor se fija en nosotros y nos llama, y, "cuando lo hace, está mirando todo el amor" que somos capaces de ofrecer. El Santo Padre está convencido de que podemos "mejorar el mundo, para dejar una huella que marque la historia, la de ustedes y la de muchos". Por eso, el Papa nos tira de la mano para pedirnos ayuda, convencido plenamente de que la Iglesia y la sociedad nos necesitan. Y nos repite, para que salgamos

de nuestro pasmo e incredulidad, que, con nuestros planteamientos, con el coraje que tenemos, con nuestros sueños e ideales, "se caen los muros del inmovilismo y se abren caminos que nos conducen a un mundo mejor, más justo, menos cruel y más humano". Eso sí, Francisco nos advierte de que, si queremos ser protagonistas de nuestra historia, decidir nuestro futuro, no podemos ser "jóvenes-sofá", que se instalan cómodamente en una realidad segura, para quedar paralizados "por el miedo o el orgullo", sin asumir ningún riesgo. Tenemos que estar dispuestos a descubrir "las grandes cosas" que Dios ha puesto a nuestra disposición, "mirando todo lo que podríamos dar, todo el amor que somos capaces de ofrecer", para hacer que nuestra "vida se convierta en instrumento para mejorar el mundo", y no conformarnos con ver reducida nuestra existencia a "un reality show sin objetivo y sin rumbo".

Debemos también cultivar la memoria; que nadie piense que ser joven significa estar desconectado del pasado, que somos "olvidadizos y superficiales". Pero no una memoria paralizante, "que impone realizar siempre las mismas cosas del mismo modo", sino que "tenemos que aprender a hacer que los sucesos del pasado se conviertan en una realidad dinámica, para reflexionar sobre ella y sacar una enseñanza y un sentido para nuestro presente y nuestro futuro". "Dios ha venido –dice Francisco– para ensanchar los horizontes de nuestra vida, en todas direcciones". Descubramos, pues, nuestras raíces y abramos nuestras alas al viento, asumiendo nuestro protagonismo, para hacer de nuestra vida "un don para toda la humanidad". Tenemos un buen ejemplo: el de tantos jóvenes que, aquí o en las tierras de misión, responden generosamente a la llamada de Dios con un "aquí estoy, envíame". Sg

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Hoy visitamos la República Dominicana, el país de las playas paradisíacas, del merengue y la bachata, del béisbol y las peleas de gallos... La patria de músicos como Juan Luis Guerra y Michel Camilo, de actrices como Zoe Saldaña (Colombiana, la nueva saga de Star Trek) o Michelle Rodríguez (Fast & Furious), y del diseñador de moda Óscar de la Renta. Una tierra donde sus gentes, de naturaleza alegre y habituadas a lidiar con la injusticia, han aprendido de la historia a esperar siempre lo mejor preparándose al mismo tiempo para lo peor.

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upergesto vuelve al Caribe. Si hace unos meses visitábamos Haití, hoy aterrizamos en la otra parte de la isla de La Española, la primera con que se topó Colón al llegar al Nuevo Mundo. Hablamos de la República Dominicana: 48.670 kilómetros cuadrados (la extensión de Aragón, más o menos) y 10,3 millones de habitantes, un paraíso para los millones de turistas que cada año acuden a disfrutar de sus maravillosas playas de arenas blancas, cocoteros y aguas turquesas. Al contemplarlas se entiende por qué el almirante genovés creyó haber llegado al Paraíso. La República Dominicana ocupa las dos terceras partes de la isla. Bañada al

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norte por el océano Atlántico y al sur por el mar Caribe, el canal de la Mona la separa en el este de Puerto Rico. La única frontera terrestre que tiene (270 km) es, al oeste, con Haití, un país con el que comparte no solo isla, sino también historia, odios mutuos y pobreza... si bien la renta media en República Dominicana es seis veces mayor que la de su vecino. Desde un punto de vista geográfico, y para ser una isla, estamos en tierras bastante montañosas. La mayor altura la encontramos en la llamada Cordillera Central. Se trata del Pico Duarte (3.089 metros), solo un poco menor que nuestros Teide (3.718) y Mulhacén (3.478), nuestros techos patrios. Otras cadenas son la cor-

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dillera Septentrional y las sierras de Neiba y de Bahoruco, separadas unas de otras por grandes valles como los de Cibao, San Juan y Enriquillo. La vegetación, en general, es frondosa y exuberante. A diferencia de Haití, aquí se conservan aún casi el 30% de los bosques naturales. El país tiene, en total, diez parques nacionales, donde crecen más de 5.600 especies de plantas, algunas endémicas. Tres de cada cuatro dominicanos viven en ciudades. La capital, Santo Domingo, tiene unos tres millones de habitantes, siendo otras urbes importantes Santiago de los Caballeros (1,8 millones), San Francisco de Macorís (384.000 almas) y Barahona (133.000). La economía nacional la sustenta hoy –y cada vez en mayor medida– el turismo. La agricultura y la ganadería, sectores preponderantes antaño, apenas representan actualmente el 6% del PIB, mientras que las actividades relacionadas con el turismo y la hostelería suponen ya el 15% y el 7,5% respectivamente. Solo entre 2014 y 2015 se construyeron 1.013 nuevas plazas hoteleras, se renovaron otras 2.700 y se autorizaron 3.000 más. Si en 2007 el país fue visitado por más de tres millones de turistas, en 2014 alcanzó la cifra récord de 5,14 millones, la inmensa mayoría extranjeros.


El Obelisco de Santo Domingo es uno de los monumentos más emblemáticos de la capital dominicana.

Al hallarse en el Caribe, República Dominicana es azotada con frecuencia por huracanes. En 1979 el bautizado como David mató a más de 1.000 personas, y en 1998 George destrozó miles de hogares. En 2007 fue Noel el que dejó sin electricidad a una tercera parte de la población. Por cierto, la falta de energía aquí no es algo nuevo. En 2006 uno de cada ocho dominicanos no disponían de electricidad y el resto sufrían apagones habituales. En 1992, con ocasión del V Centenario del Descubrimiento de América, el entonces presidente, Joaquín Balaguer, inauguró en la capital un faraónico monumento dedicado a Colón, un costosísimo faro que cada vez que era iluminado dejaba sin suministro a los barrios cercanos. El país de Trujillo La República Dominicana ha tenido poca suerte con sus gobernantes. Durante gran parte del siglo XX, estuvo en manos de solo dos personas: Rafael Leónidas Trujillo y el citado Joaquín Balaguer. Tru-

jillo fue un dictador sanguinario que gobernó desde 1938 hasta su asesinato en 1961. De la naturaleza de su régimen dan buena cuenta estos tres hechos: hizo coronel a su hijo Ramfis cuando este contaba solo cinco años, y lo ascendió a general a los ocho; rebautizó la capital, Santo Domingo, con su propio nombre: Ciudad Trujillo; y ordenó "limpiar" el país de haitianos –a los que acusaba de cruzar la frontera y robar ganado– en lo que hoy día no dudaríamos en calificar de acto genocida. Para identificar a los inmigrantes, la soldadesca les mostraba una ramita de perejil y les preguntaba qué era eso. Aquellos que no sabían pronunciar bien la "erre" de "perejil", por hablar francés o creole, eran ultimados a machetazos y sus cadáveres arrojados al mar. Así acabó con la vida de al menos 15.000 personas, aunque otras fuentes elevan la cifra a 35.000. El tiranicidio y su régimen de torturas y asesinatos fue

magistralmente recreado por Mario Vargas Llosa en su novela La fiesta del Chivo (2000), llevada también al cine. Balaguer, por su parte, fue el "hombre fuerte" de la República durante cuatro décadas. Ejerció la presidencia a lo largo de 24 años en tres periodos distintos (19601962, 1966-1978 y 1986-1996), postulándose, en total, nueve veces para el cargo, la última en el año 2000, ya completamente ciego y con 94 años. Su caudillaje fue tal que durante años hubo un partido político que se llamaba simplemente "Lo que diga Balaguer". Sobran comentarios. La República Dominicana ha sido durante décadas –y en parte lo sigue siendo hoy– el coto privado de unos pocos adinerados y terratenientes. Actual-

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que desencadenó una gran crisis con su vecino y muchas críticas internacionales, pues negaba la nacionalidad dominicana incluso a los hijos de haitianos nacidos allí. Grandes evangelizadores

mente, tiene al 7,9% de su población sumido en la pobreza extrema; a otro 38%, al borde de la misma; y cuenta, además, con una de las tasas de desigualdad salarial más altas de América Latina. Su puesto en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU es el 101. La pobreza y la falta de oportunidades han hecho que desde hace décadas varios millones de dominicanos hayan emigrado al extranjero. Su destino favorito ha sido los Estados Unidos, donde hay ya más de un millón de ellos. Las remesas que estos exiliados envían a sus familiares superan los mil millones de dólares anuales y suponen un verdadero balón de oxígeno para la maltrecha economía nacional. El flujo de salidas, en cualquier caso, no se ha detenido. En 2006, por ejemplo, los guardacostas estadounidenses interceptaron a más de 1.300 personas cruzando el estrecho de la Mona hacia Puerto Ri6 SUPERGESTO

co. Hubo también, por desgracia, decenas que perecieron ahogados. Pero mientras unos se van, otros llegan. Y los que llegan son, sobre todo, los vecinos haitianos, más pobres y desesperados aún que los dominicanos, y dispuestos a trabajar en lo que sea: plantaciones de caña de azúcar, servicio doméstico... Hoy se calcula que son ya cerca de un millón los haitianos que residen en República Dominicana, muchas veces en situaciones muy difíciles. El P. Christopher Hartley, misionero en San Pedro de Macorís entre 1997 y 2006, denunció durante años, desde el púlpito y en los medios de comunicación, las durísimas condiciones de vida de los trabajadores haitianos de las plantaciones de caña de azúcar de los Vicini, una adinerada familia local. Finalmente, el sacerdote hubo de salir del país. En 2013, el Gobierno puso en marcha un polémico plan para regularizar la inmigración haitiana

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Aunque los grupos evangelistas van ganando terreno, la República Dominicana sigue siendo un país mayoritariamente católico. La fe cristiana, como es sabido, llegó de la mano de los frailes que acompañaban a los conquistadores. Algunos de ellos, como los dominicos fray Pedro de Córdoba o fray Antonio de Montesinos, han pasado a la historia. Y no sin motivo, pues se les considera auténticos precursores de los derechos humanos. Y es que en la República Dominicana fue donde se produjo el famoso "grito de Montesinos", una célebre homilía en la que el fraile –como portavoz de toda la comunidad– leyó la cartilla a las autoridades de la conquista, que trataban a los indígenas como a animales. "¿Estos no son hombres? ¿No tienen almas racionales? ¿No estáis obligados a amarlos como a vosotros mismos?", les dijo Montesinos, antes de que los que mandaban (encomenderos, gobernador, y sus propios superiores religiosos) pusieran el grito en el cielo e instaran a los frailes a no escandalizar y a rectificar. Otro gran defensor de los indios, fray Bartolomé de las Casas, fue testigo presencial de esa histórica homilía.


Después de esos santos evangelizadores, llegaron muchos otros. En la época de Trujillo hubo dos obispos que sufrieron persecución en los últimos tiempos del régimen: monseñor Thomas F. Reilly, redentorista, estadounidense de Massachusetts, y monseñor Francisco Panal, capuchino, español de Ubrique, en Cádiz. El primero, obispo de San Juan de la Maguana; el segundo, de La Vega. Como eran extranjeros y no tenían familia en la isla a la que pudieran represaliar, ambos llevaron la voz cantante en las denuncias de la Iglesia contra las arbitrariedades del régimen, formuladas a través de una carta pastoral colectiva muy crítica. Y pagaron por ello. El obispo Reilly pronto fue acusado en los medios de comunicación de borracho y conspirador. "Monstruo con sotana", le decían. Su criminalización fue tal que las turbas acabaron asaltando su casa. Durante un tiempo vivió refugiado en un convento de monjas, y finalmente acabó encarcelado. Monseñor Panal, por su parte, estuvo a punto de ser asesinado: se libró porque recibió un chivatazo para que no acudiera a la iglesia una mañana temprano, pues un soldado tenía la orden de matarle ese día. Fueron tiempos muy duros, en los que, para desacreditar a la Iglesia, se acusaba a los sacerdotes de traficar con droga y se mandaba a prostitutas a bailar en misa. Antes de morir en los Estados Unidos en junio de 1992, monseñor Reilly pidió ser enterrado en la República

Dominicana. El día de su muerte, el ayuntamiento de San Juan colocó la bandera a media hasta y declaró luto. Hoy reposa en la catedral y es recordado como un héroe. Monseñor Panal fue nombrado también hijo adoptivo de La Vega en 1961. Actualmente, por fortuna, corren otros tiempos. El país está estructurado en doce diócesis y 674 parroquias, que son atendidas por 20 obispos, 665 sacerdotes diocesanos, 469 sacerdotes religiosos, 273 religiosos no sacerdotes, 3.120 religiosas, 665 diáconos y 64.488 catequistas, según datos de comienzos de 2015. La Iglesia gestiona veinte hospitales, 147 ambulatorios, dos leproserías, 39 residencias para inválidos y enfermos crónicos, 30 orfanatos, 14 guarderías, 27 centros de educación especial y 187 consultorios matrimoniales. Cuenta asimismo con 126 escuelas infantiles (con 16.828 niños), 347 centros de primaria (138.000 alumnos) y 109 de secundaria (65.920). Cerca de 100.000 más se forman, por último, en sus centros de estudios superiores y universitarios. República Dominicana no es hoy un "territorio de misión". No obstante, 236 misioneros españoles, de hasta 47 congregaciones e institutos distintos, siguen hoy allí los pasos de aquellos primeros evangelizadores que llevaron la fe al Nuevo Mundo. Sg

La República Dominicana puede presumir de haberse independizado dos veces. Fue parte del imperio español desde 1492 hasta 1821, fecha de la proclamación de la independencia. Pero luego fue invadida por Haití, donde los esclavos se habían sublevado y tomado el poder, y la ocupación haitiana se prolongó 22 años. En concreto, hasta el 27 de febrero de 1844. El artífice de esta segunda independencia fue Juan Pablo Duarte, hoy héroe nacional. Dos décadas después, aún volvería durante unos pocos años a manos españolas por miedo a una nueva invasión haitiana. Desde entonces los distintos gobiernos han sido siempre ejercidos o tutelados por Estados Unidos. Uno de los muchos presidentes dominicanos de esos años, Buenaventura Báez, quiso en 1869 vender el país a los Estados Unidos por 150.000 dólares, pero el Senado norteamericano rechazó el acuerdo alcanzado con el presidente Grant. Como tenía una deuda enorme con su poderoso vecino del norte que no podía pagar, los marines desembarcaron en Santo Domingo en 1905, tomaron el control de las aduanas para garantizar el pago y establecieron un protectorado. El país recobró la soberanía con Trujillo.

JOSÉ IGNACIO RIVARÉS NÚM. 130, MAYO-AGOSTO DE 2017

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Más de 50 años de conflicto armado en Colombia entre las FARC, el ELN, los Paramilitares y el Estado han dejado ocho millones de víctimas. En este tiempo, miles de menores han formado parte de los grupos armados y se han convertido también en víctimas porque su infancia quedó unida a un arma, la selva fue su casa y el batallón su única familia. La utilización de menores como soldados es una práctica muy extendida en los países que sufren la guerra: son mano de obra barata, muy manipulables, poco exigentes, leales, fácilmente reemplazables, que cuesta poco alimentar, que levantan menos sospechas en las filas enemigas y que son perfectos acompañantes y esclavos sexuales... Se cree que en Colombia aún quedan entre 8.000 y 14.000 niños soldado. Alejados de la educación durante años, los menores que se desvinculan del conflicto son acogidos por los Salesianos en Ciudad Don Bosco Medellín, institución que, en los últimos 14 años, ha acompañado a más de 2.300 chicos y chicas desmovilizados del conflicto, labor que ha quedado reflejada en el documental Alto el fuego, dirigido por Raúl de la Fuente, premio Goya en 2014 al Mejor Corto Documental. Una de las personas que mejor conoce la labor de reinserción de estos menores soldado es James Alexander Areiza Bolivar, coordinador general de los Programas de Protección y Prevención de Ciudad Don Bosco Medellín. Pedagogo, posgrado en Gerencia de Proyectos, diplomado en Culturas Juveniles y Herramientas de Intervención Sociocultural, diplomado en Liderazgo Transformador, James Alexander habla en este artículo de Ciudad Don Bosco y de su apuesta por la paz y por la dignidad del ser humano. 16 SUPERGESTO

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ola, apreciados jóvenes y amigos. Quiero expresar mi alegría y gratitud por ser parte de la gran familia Salesiana y por ello quiero compartir nuestra experiencia en el trabajo con adolescentes y jóvenes de Ciudad Don Bosco. En primer lugar, hacer un poco de historia. Ciudad Don Bosco es una obra de la congregación Salesiana, de la Iglesia católica. Nace en 1965 en Medellín, Colombia, bajo una propuesta de atención a niños y adolescentes que vivían en las calles, sin protección y sin familia; se configura así un modelo de atención para dar vida y devolver la dignidad a esta población, bajo la propuesta educativa salesiana; y, poco a poco, a través del tiempo, los salesianos y todo un equipo de profesionales en Educación, Psicología, Trabajo Social, Salud, Administración y Pastoral han tratado de dar respuesta a las diferentes necesidades de la niñez, adolescencia y juventud de la ciudad de Medellín y del país. En este camino, Ciudad Don Bosco tiene abiertos siete frentes o proyectos, donde se atiende (1) Patio Formando para la Vida: a niños y adolescentes (de 8 a 12 años) en situación de calle; (2) Proyecto Forjadores de Esperanza: a chicos de 11 a 15 años, con vulneración de sus derechos por amenazas,


maltrato, abuso, trabajo infantil, abandono familiar; (3) Proyecto Proyección para la Vida: a chicos de 16 a 18 años, con vulneración de sus derechos por amenazas, maltrato, abuso, abandono familiar; (4) Proyecto Derecho a Soñar: dirigido a niños y jóvenes de 8 a 18 años, en las zonas más pobres de la ciudad de Medellín donde se trata de prevenir el reclutamiento a bandas criminales, a la explotación sexual comercial, la vida en la calle..., se trabaja junto a las familias; (5) Proyecto Caminos de Amistad: para chicos de 6 a 18 años, a quienes se da formación académica y profesional en Medellín; (6) Proyecto Dejando Huellas, con formación académica y profesional para chicos de 7 a 18 años en el municipio de Amagá, zona minera; y (7) Proyecto CAPRE Construyendo Sueños: con una casa de protección especializada para adolescentes y jóvenes, de 14 a 18 años, desvinculados de los grupos armados. Todo este trabajo es una apuesta por la paz y la dignidad del ser humano, una manera de fortalecer la familia y sus redes de apoyo para que brinden posibilidades de resiliencia y empoderamiento social. En todo ello, nuestro modelo es la pastoral psicosocial, que tiene distintas fases que son valores del Sistema Preventivo Salesiano, que favorecen el proceso de atención y, en el caso de los chicos desvinculados del conflicto armado, una reintegración social eficaz. Son: La Pedagogía de la confianza: es importante que, cuando se llega a este programa, o a cualquier otro de Ciudad Don Bosco, se posibilite la confianza, la empatía, el cariño, como

manifestación de apertura y de inclusión; es la manera de abrazar un buen proceso y generar el vínculo inicial para la transformación. La Pedagogía de la esperanza: es la columna vertebral del proceso con los chicos desvinculados del conflicto armado, ya que favorece la inclusión en el mundo académico (escuela); la formación profesional de acuerdo a sus perfiles y motivaciones; el tema cultural y deportivo también es importante, ya que desarrollan habilidades sociales, afectivas y asociativas; la pastoral juvenil salesiana, que favorece el encuentro de sí mismo bajo modelos asociativos e individuales en la fe y en la identidad del carisma salesiano; los encuentros con las familias, un proceso de reconstrucción del vínculo con ellas, que ayuda al perdón, la reconciliación y a enfrentar sus miedos de manera humana y digna, y que les ayuda a crecer como seres hu-

manos libres; el camino a la inserción laborar, como apuesta a su proyecto de vida y acercamiento a la visa social. La Pedagogía de la alianza: es la última fase del proceso, la preparación para el regreso, donde se fortalecen las herramientas adquiridas en las fases anteriores y son capaces de vincularse a las redes de apoyo socioculturales, económicas y familiares. Es la etapa que brinda la posibilidad de sentirse útiles e incluidos en la sociedad. Todo lo anterior, amigos y amigas, no es fácil. Es un camino de dificultades. En primer lugar, culturales, ya que nuestros chicos vienen de diferentes partes de nuestro país y llegan a una gran ciudad donde abundan las personas y la selva es cemento y autos. Es un cambio fuerte en la manera de vivir. También está el miedo, miedo a relacionarse con otros chicos y con las personas adultas, ya que pueden sentir rechazo, pero

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nuestra propuesta humanizadora de inclusión y de dignidad hace que este panorama se desvanezca lentamente y lleguen a participar de la confianza de los demás y a creer más en ellos. A estos chicos desvinculados del conflicto les esperan muchas oportunidades ya que nuestra propuesta pedagógica tiene un elemento de inserción laboral que ayuda a fortalecer el tránsito institucional a la vida laboral, como agentes de paz y de no violencia. Les aguardan muchos retos que deben construir en su proyecto de vida, como la familia, la independencia, su participación en la sociedad como otro ciudadano libre y feliz, una vida afectiva que les ayude a configurar su deseo de crecer como familia y desde luego una inclusión integral en una sociedad que puede que no sea perfecta pero que les necesita para seguir siendo ejemplo de paz. Esta experiencia de Ciudad Don Bosco en estos 15 años ha posibilitado un enorme reto de humanizarnos cada día con las diferentes prácticas de nuestros chicos y chicas, y esto lleva un sello espiritual que ayuda a caminar en el perdón y la reconciliación. Esto se vive gracias al carisma salesiano, donde lo cotidiano es una manera educativa de evangelizar y llevar a estos chicos a sentirse acogidos y queridos por todos aquellos que vibramos y vivimos con su presencia. Sg JAMES ALEXANDER AREIZA BOLIVAR 18 SUPERGESTO

Catalina y Manuel, dos menores soldado El documental Alto el Fuego, dirigido por Raúl de la Fuente, recorre en 25 minutos los miedos, los sueños y las esperanzas de Catalina y Manuel, dos niños soldado colombianos. Narra su llegada a la guerrilla, su desmovilización, su proceso de reconstrucción personal en la obra salesiana y sus sueños para un futuro en paz y como constructores de esa paz. Catalina y Manuel tenían menos de quince años cuando dispararon por primera vez. Se unieron a las FARC para huir de la pobreza, una decisión de la que más tarde se arrepentirían, pues allí perdieron a seres queridos. Y también se perdieron a ellos mismos. "Hubo momentos --explica Catalina-- en que sentía que ya no estaba en el mundo. Los bombardeos han marcado mi cuerpo, aún tengo problemas por eso. Participé en muchos combates, y de muchos me salvé gracias a Dios. Ha sido duro ver cómo personas a las que cogías cariño perdían la vida". Manuel tenía 8 años cuando huyó de casa con su hermano mayor y, tras deambular durante seis por las calles de Medellín, ambos se integraron en las FARC. Tenían 14 y 15 años. La promesa de un futuro mejor pronto se convirtió en amenazas y castigos por el incumplimiento de unas normas muy estrictas: "A mi hermano le gustaba hacer lo que quería. «Chino, cuídese, ciao» fue lo último que me dijo antes de que lo fusilaran". Entonces Manuel decidió huir. Catalina y Manuel han tenido suerte. Dicen que los Salesianos les han ayudado a darse cuenta de que la vida también puede vivirse de otra manera: con amor y confianza. Ahora tienen objetivos claros: Manuel ha terminado sus estudios en Metalmecánica y ya ha realizado sus primeras prácticas. Catalina sueña con ser enfermera: "Me gradué y empiezo ahora la universidad. Es lo que más deseo: tener mi casa y ser una enfermera profesional".

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El trabajo de los Salesianos por la educación de niños y jóvenes no tiene fronteras. A través de su ONGD Jóvenes y Desarrollo, la congregación fundada por san Juan Bosco facilita cada año que los jóvenes puedan realizar experiencias misioneras de corta duración (durante el verano) o de larga estancia (un año completo), centradas sobre todo en el ámbito educativo.

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ara, Celia, Martín y Gema son jóvenes que han vivido un #Veranomisión junto a los salesianos en Bolivia, Cuba, Etiopía y Guatemala. De la mano de Jóvenes y Desarrollo han descubierto la impor34 SUPERGESTO

tancia de la educación, también fuera de nuestras fronteras. Sus historias son distintas, pero tienen el mismo deseo de dejarse la piel para hacer de este mundo un lugar un poco mejor del que encontraron.

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Para Sara "la gente implicada es la que marca la diferencia", y tiene un lema: "Hagas lo que hagas... implícate (Hazlo con el corazón)". Esta joven sentía la inquietud misionera, pero confiesa que "las piezas del puzle" solo comenzaron a encajar cuando empezó a trabajar en la Fundación Juan Soñador. Allí entró en contacto con el mundo salesiano e inició también su voluntariado con los jóvenes, primero en España, y el verano pasado, en Bolivia. Durante su estancia en ese país, trabajó en la casa de acogida "Mano Amiga", abierta las 24 horas del día para recibir a niños y niñas de la calle que encuentran allí "un hogar" y una "escuela".

Cuando Celia asistía al colegio como alumna (hoy es una joven profesora), las hermanas les hablaban de las Misiones, de cómo "ayudaban a los más desfavorecidos y les acercaban a Dios". A medida que fue creciendo iba dándose cuenta de "la importancia de la labor que los misioneros y misioneras realizan en numerosos países". Hace un par de años coincidió con un sacerdote salesiano que es misionero en Angola y, al hablarle de sus inquietudes, le dijo que contactara con Jóvenes y Desarrollo. En el verano de 2016 pudo ir a Cuba para colaborar con los misioneros. Ayudó y participó en un campamento al que asistieron 250 niños que


eran atendidos por jóvenes animadores de la propia parroquia. Un campamento en el que los chicos dedicaban también algún tiempo a la reflexión y a la oración. Celia lo recuerda como "una experiencia maravillosa" que le acercó más a Dios, y reforzó su fe y confianza en la Iglesia al ver la "encomiable labor social que realiza con los más desfavorecidos". Martín es un ingeniero de 25 años que llevaba más de 10 ligado a un centro de los salesianos realizando un voluntariado con jóvenes, hasta que vio que la realidad local se le "empezaba a quedar pequeña" y que el gusanillo del voluntariado internacional misionero comenzaba a adquirir fuerza. De ahí a irse a Shire, en el norte de Etiopía, solo medió la preparación que le ofreció Jó-

venes y Desarrollo. Allí le explicaron en qué consiste "ser voluntario", y le ayudaron a afianzar los valores humanos y cristianos que le prepararían "de manera práctica para convivir con la comunidad religiosa salesiana en destino". Su misión fue principalmente educativa, pero al salir fuera de "su zona de confort" descubrió que además de ayudar a los jóvenes etíopes, percibía también "una visión más nítida y justa" del mundo. Como dice Martín, "aprendes a valorar muchas de las

cosas que consideras como normales en tu vida del mal llamado "primer mundo", y te das cuenta de que la realidad es muy diferente a como te la cuentan desde cualquier medio de comunicación social". Gema vive en Aranjuez y trabaja en el colegio Salesianos Loyola. Al empezar a trabajar en este colegio, y a través de algunos compañeros que habían estado en Guatemala, conoció el voluntariado internacional

tacto con los misioneros, "posiblemente las personas más generosas que hay", como dice Sara, les ha fortalecido en la fe. Celia no se ve todavía preparada para dar un paso definitivo a la Misión, pero reconoce que "aquellos que lo dan son muy valientes y afortunados por haber recibido la llamada de Dios para realizar una labor tan bonita y gratificante". De lo que los jóvenes voluntarios no tienen ya ninguna duda es de

misionero. Por fin, este verano estuvo en Petén (Guatemala). Allí, se dio cuenta de "que la vida es un camino difícil pero que aportando un poquito cada uno de nosotros podemos hacer más bonito ese camino; que el amor y una sonrisa valen mucho más que el dinero, y que quiero compartir con las personas más necesitadas parte del tiempo de mi vida". Para Sara, Celia, Martín y Gema, estas experiencias de verano han significado un punto de inflexión en sus vidas. Además, el con-

que, gracias al compromiso de los misioneros, se están desarrollando cientos de proyectos en todos los lugares del planeta, "que permiten que voluntarios de diversas ONGs podamos colaborar con ellos tratando de aportar un poquito de nosotros". Sg ANA FERNÁNDEZ DORA RIVAS Jóvenes y Desarrollo ONGD salesiana

www.jovenesydesarrollo.org

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