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AÑO XXVI Nº128 ENERO - FEBRERO 2017

EDITA

Obras Misionales Pontificias

Director Nacional de OMP Anastasio Gil García

Dirección Rosa Lanoix

Diseño y maquetación Antonio Aunés

Colaboradores

Justo Amado, Fuencisla del Amo, Alfonso Blas, Ana María Fernández, María Teresa Fernández del Vado, Coro Marín, Alicia Muñoz, María Puncel Reparaz, Quique, Dora Rivas, Joan Sanmartí, José Ignacio Rivarés, Francisco Solé, Montserrat Vilaseca, Juan Zabala.

Fotografía:

José Ramón Moreno Guillo, EFE y Archivo de O.M.P.

Depósito Legal: M. 7103-1991

Imprime: :

ARIAS MONTANO, S.A. Para ponerte en contacto con nosotros: SUPERGESTO C/ Fray Juan Gil, 5 28002 - Madrid Si lo prefieres, llámanos al Tef: 91 590 27 80 También puedes hacernos llegar un e-mail: supergesto@omp.es y nuestra página web: www.revistasupergesto.es www.omp.es y www.domund.org

Suscripciones Roberto Murga

suscripciones@omp.es

"Sígueme". Esta es la petición que Jesús hace a los niños, y también a los jóvenes. Lo recuerda la Jornada de Infancia Misionera, que se celebra el 22 de enero. Seguir a Jesús, con valentía, con generosidad, con afán de servicio... Jesús está allí donde hay niños que sufren, donde hay hambre, enfermedad, guerra, donde están los inmigrantes y desplazados... Los misioneros le siguen con una fe inquebrantable. Y nosotros tampoco podemos fallarle; entre todos, debemos construir un mundo mejor, con más amor, igualdad y justicia.

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EDITORIAL

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DESDE LA MISIÓN

PAÍS A PAÍS

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REPORTAJE

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PUERTAS ABIERTAS

Tras los pasos de Jesús Haití

TÚ,¿QUÉ PIENSAS? La industria china del mueble destroza las sabanas de África

ESCAPARATE

Gabriel Dasilva Alonso y Ledicia Santos Fernández, luna de miel en misión

HAGIOGRAFÍA

María Paz Álvarez Gastón, religiosa navarra misionera en Angola

FIRMAS INVITADAS José Carlos Bermejo Higuera, director del Centro San Camilo

ANÉCDOTA Bob Dylan

ASÍ VA EL MUNDO PÓSTER DESDE LA MISIÓN Patxi Velasco "Fano" Misionero con un lápiz y un papel

"Sígueme". Jornada de Infancia Misionera

"Booktubers": el gran fenómeno de libros en la Red Enfadarse con Dios, un sentimiento muy humano cargado de esperanza

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NOMBRES PROPIOS JÓVENES MISIONEROS

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CON NUESTROS MISIONEROS

Equipo misionero de las Oblatas de María Inmaculada

Aina Sanz y Javier González

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RELATO

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ESTE MUNDO

Tres escenas para un sofá

ESTÁ EN LOS LIBROS PIENSA Y JUEGA LA LLAMADA


“S

ígueme". Esta es la invitación que nos lanza la Infancia Misionera en el día que celebra su Jornada, el próximo 22 de enero. Y necesita saber nuestra respuesta. Que, por cierto, debemos pensar bien. Porque no es un ofrecimiento a irnos de compras, a realizar una evasión de música y alcohol, o a una desconexión cibernética. Estamos hablando de otro tipo de convocatoria, que quizás, en principio, nos parezca menos divertida. Pero que, sin duda, al final, nos resultará más gratificante. Porque no hay nada que pueda producir más satisfacción que sentir el agradecimiento y el cariño de ese "otro" desconocido al que, quizás por un instante, le has hecho sentir tu hermano. Infancia Misionera nos anima a seguir los pasos de Jesús; esos que nos llevan por la humilde senda del Evangelio hacia la fiesta de la misericordia, a la que solo pueden acudir los que son capaces de mirar a los ojos de los descartados y marginados para mostrarles la cercanía que les ayudará a recobrar la dignidad robada. Son huellas que nos conducen hacia el convite de la solidaridad, exclusivo de quienes tienen el coraje de renunciar a su propio bienestar, a sus propias necesidades, por el bien de otros que se encuentran en peores circunstancias. Son pisadas que se dirigen al concierto de la justicia, en el que únicamente se pueden escuchar las voces de los que no la tienen, porque han sido condenados al silencio, porque su grito de tortura ha sido ahogado en el jolgorio de la desigualdad, encarcelado entre los gruesos muros de la represión, en las herméticas celdas de las causas perdidas. Son señales de pies que han hollado la ruta de la libertad, que invita a estar siempre en camino entre derechos y deberes que todos deben disfrutar en igualdad. Como los millones de niños que, desde la fundación de esta Obra Pontificia en 1843, se han dejado conquistar por su llamada a ser esperanza de otros niños, la Infancia Misionera nos pide que sigamos a Jesús, que abandonemos nuestras fortalezas y nos pongamos en camino para ser portadores de ayuda, de dignidad, de amor, de paz..., en definitiva, de vida, entre los más de 600 millones de niños que sufren la extrema pobreza, entre los 150 millones que malviven en la calle, entre los 20 millones que son víctimas de la guerra, entre los 300.000 niños soldado a los que se ha arrebatado su infancia con el fin de adiestrarlos para matar... Solo tras los pasos de Jesús disfrutaremos de la alegría del Evangelio: esa que brota especialmente en la sonrisa de los desheredados de este mundo, de los que, en justicia, más la merecen. Sg NÚM. 128, ENERO-FEBRERO DE 2017

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Haití nació como país independiente el 1 de enero de 1804. Tiene, por tanto, poco más de doscientos años de vida. Alcanzó la independencia de Francia tras una revolución de esclavos. Es, en este sentido, la patria con la que siempre soñó Espartaco, el célebre esclavo tracio que se alzó en armas contra Roma y que durante unos años puso en jaque a las todopoderosas legiones. Pero, como Espartaco, Haití es también la historia de un fracaso: hablamos del país más pobre de América, devastado por continuos desastres naturales y dependiente en grado sumo de la ayuda internacional. 4 SUPERGESTO

H

aití tiene una superficie de 27.750 km2. Es, para entendernos, un poco mayor que la Comunidad Valenciana, aunque cuenta con bastante más población: más de diez millones de habitantes. Su capital es Puerto Príncipe, que supera el millón de almas. Otras ciudades importantes son Cabo Haitiano (190.000), Gonaïves (210.000), Saint Marc (160.000), Les Cayes (130.000) y Jacmel (140.000). Geográficamente hablando, solo tiene un vecino: la República Dominicana. Ambos comparten 360 km de frontera, y también isla: la que Colón bautizó en 1492 con el nombre de La Española. Haití ocupa el tercio más occidental de la misma, que incluye, además de la tierra firme, los territorios insulares de Gonâve (el de mayor tamaño), la Tortuga (isla célebre por haber sido cobijo durante siglos de piratas y filibusteros), Cayemites e Isla de Vaches. Su orografía es montañosa. De hecho, la palabra Haití significa precisamente eso, "tierra de montañas", en lengua ara-

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huaca. Los arawuak o arahuacos eran, junto a los taínos y a los caribes, los tres grupos étnicos que habitaban la isla a la llegada de los españoles. La nao Santa María, una de las tres que componían la primera expedición de Colón, encalló cerca de la actual Cabo Haitiano. Los indígenas, con el tiempo, desaparecerían víctimas de los conquistadores y, sobre todo, de las nuevas enfermedades traídas por estos, para las cuales sus organismos no tenían defensas. Estamos es un país montañoso, sí, pero sin cumbres excesivamente altas. Su mayor cima se halla en la sierra Chaîne de la Selle y tiene 2.680 metros. Tampoco encontramos ríos de relumbrón. El más importante es el Artibonito, que nace en la frontera con la República Dominicana y desemboca al norte de la ciudad de Saint Marc, en el golfo de Gonâve. Este curso fluvial, el único que permite parcialmente la navegación, tiene gran importancia pues fertiliza la región central, que es donde se cultivan la mayor parte de los ali-


mentos que consume el país. También hay grandes lagos salinos como el Azuey (Laguna del Fondo), el Trou Caïman o el Saumâtre. Pese a compartir isla, Haití tiene hoy muy poco que ver con la República Dominicana. Un simple vistazo desde el satélite permite distinguir perfectamente los dos países. En la parte oriental –la República Dominicana- predomina el color verde, mientras en la occidental –Haití– abundan los tonos ocres y marrones. Ello se debe a la tremenda deforestación del último siglo. Los haitianos, necesitados de combustible, han talado indiscriminadamente y durante años los árboles para hacer carbón vegetal con el que cocinar, y ahora la erosión es enorme. Se calcula que en el último siglo el país ha perdido el 98% de sus bosques originales. Ello no hace sino agravar las consecuencias de las frecuentes inundaciones. Y es que Haití no tiene precisamente una ubicación "envidiable". Por un lado, se alza sobre dos fallas tectónicas, por lo que es una zona muy propicia a los terremotos. El último, y de mayor gravedad hasta la fecha, tuvo lugar en enero de 2010, y causó 316.000 muertos, 350.000 heridos y más de un millón y

medio de personas sin hogar, según datos oficiales. Por otro lado, el país es también punto de paso habitual de las tormentas tropicales y huracanes que se forman en el Caribe entre los meses de junio y noviembre. El huracán Mathew, el más destructivo de los últimos cincuenta años, con vientos superiores a los 230 kilómetros por hora, la azotó el pasado 4 de octubre y dejó 805 muertos, 29.000 viviendas completamente destruidas, 60.808 desplazados, 350.000 personas necesitadas de comida y bebida, y hasta un millón de afectados, según datos de Cáritas Haití. Cuando llegó Mathew –y antes que él lo hicieron otros

huracanes: Thomas (2011) e Isaac y Sandy (ambos en 2012)– unas 60.000 personas que habían perdido sus casas en el terremoto de 2010 aún seguían viviendo en tiendas de campaña. Un país muy pobre Y es que Haití es muy pobre. De los 188 países que monitoriza la ONU, ocupa el puesto 163; es decir, en cuanto a nivel de desarrollo, solo tiene por detrás a veinticinco naciones, casi todas

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ellas africanas. Estamos hablando de un país en el que el 80% de su población vive en condiciones de pobreza y de pobreza extrema, y que depende casi por completo de la ayuda humanitaria internacional. Si la situación de los adultos es mala, la de los niños –ahora que celebramos la jornada de Infancia Misionera– es aún peor. La esperanza de vida al nacer (es decir, lo que las estadísticas dicen que vivirá un niño al venir al mundo) es allí de solo 63 años, mientras que en España, por ejemplo, es de 80. Eso, si el bebé logra superar los siempre críticos primeros años, porque la tasa de mortalidad infantil es también alta: 49,4 por mil. En otras palabras: de cada mil niños que nacen vivos, casi 50 mueren antes de cumplir los cinco años, cuando en España lo hacen solo tres. Haití, ya se ha indicado, es un país muy poblado para la extensión que tiene. Su densidad es de casi 270 habitantes por km2, concentrándose la mayoría de la gente en las ciudades, las zonas costeras y los valles. Los haitianos son, en su inmensa mayoría, gente de color. Ello tiene una explicación: se trata de descendientes de los esclavos africanos que a partir del siglo XVI fueron llevados a la fuerza al Nuevo Mundo para sustituir a los nativos indígenas en plantaciones y encomiendas. La población de color superará hoy día el 80%. Una parte importante de los haitianos, sin 6 SUPERGESTO

embargo, viven en el exilio. La inmigración se concentra sobre todo en la vecina República Dominicana –donde se calcula que puede haber hasta tres millones, la inmensa mayoría en situación irregular–, EE UU (unos 600.000, sobre todo en Florida, Louisiana, y Nueva York), Canadá (100.000, sobre todo en Québec) e Islas Bahamas (80.000). La presencia haitiana en Québec y Louisiana tiene también su explicación: ambas fueron colonias francesas. Haití es hoy, con Canadá y la isla de Dominica, el único país americano donde el francés es lengua oficial. Además del francés y del creol (criollo), lenguas oficiales, en el país caribeño se habla también algo de inglés (a nivel comercial) y de español, sobre todo en la zona fronteriza con la República Dominicana. La revolución de los esclavos Haití tiene una historia muy triste. A mediados del siglo XVIII, cuando esa parte de la isla estaba ya bajo dominio de Francia, había allí ya 300.000 esclavos negros, por apenas unas 12.000 personas libres, blancas y mulatas en su gran mayoría. Esos esclavos, lógicamente, vivían en pésimas condiciones. De modo que cuando en 1789 en la metrópoli estalló la Revolución Francesa, en la lejana colonia caribeña comenzó otra

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lucha: la de la independencia. Las tropas francesas fueron derrotadas en 1803, y Haití ganó la libertad. No obstante, París no reconocería oficialmente al nuevo país hasta 1838, tras el pago por este de una fuerte indemnización. El héroe –y mártir– de la independencia haitiana fue François Toussaint de Louverture, pero el primer gobernador del Haití independiente fue Jean Jacques Dessalines, un general que se proclamó emperador, gobernó como un tirano y ejecutó o mandó al exilio a la mayor parte de los blancos que habían quedado con vida. Desde entonces, y han pasado más de doscientos años, Haití no ha conocido un gobernante mínimamente válido y decente. Los últimos grandes sátrapas fueron los temibles Duvalier: François Duvalier (alias Papa Doc) y su hijo Jean Claude (Baby Doc). El primero estuvo en el poder desde 1959 hasta su muerte en 1971, e implantó un sistema de terror –mediante temibles escuadrones paramilitares llamados tontons macoutes– que acabó con las vidas de unos 40.000 civiles. A su muerte le sucedió su hijo Jean Claude, que siguió por la misma senda que su padre, con hasta 20.000 nuevos muertos. Su dictadura se prolongó hasta 1986, año en que una insurrección popular le obligó a poner pies en polvorosa. Padre e hijo saquearon, además, las arcas del Estado hasta extremos vergonzantes, y lógicamente con


Un país pobre y empobrecido

el apoyo y complicidad de las potencias, especialmente de Estados Unidos. Pese a haber sido uno de los primeros países en abolir la esclavitud (lo hizo en 1794), los haitianos, en verdad, nunca han conocido la libertad. Vudú y cristianismo El dictador Duvalier pudo someter a su pueblo gracias a los tontons macoutes, pero tuvo otro gran aliado en el vudú, y en la superstición y el miedo a él ligados. De hecho, llegó a propagar el rumor de que Satanás le había otorgado poder para conocer lo que cada haitiano pensaba, y así controlar a su pueblo. Haití, ciertamente, es conocido por el vudú, al igual que España lo es por los toros o la siesta. El cine se ha encargado de difundir esa imagen tópica. En efecto, no son pocas las películas o series de Hollywood que contienen macabras escenas rituales, con sacrificios de animales, personas que entran en éxtasis, muertos vivientes, gente que clava agujas muñecos que representan a otras personas a la que se quiere hacer daño… Una imagen, ciertamente, muy peliculera. Pero es verdad que el vudú está muy arraigado en el país. Son creencias y supersticiones que tienen su origen en África, que mezclan elementos del cristianismo y del animismo, y que se practican no solo en Haití sino también en

Haití es un país pobre, pero también empobrecido, saqueado por conquistadores, colonizadores y dictadores durante siglos. En la década de los noventa, un sacerdote salesiano llamado Jean Bertrand Aristide colgó los hábitos y se metió en política para tratar de sacar de la miseria a su pueblo. Ganó las elecciones y fue proclamado Presidente, pero fracasó en el empeño y tuvo que exiliarse tras ser depuesto en un golpe de Estado. A la hora de escribir estas líneas, la última noticia relacionada con Haití también tiene que ver con el expolio. Según el diario El Mundo, la Federación Española de Fútbol que preside Ángel María Villar se quedó con 220.000 euros donados por el Consejo Superior de Deportes que debían haberse dedicado a la creación de una escuela de fútbol en el país caribeño. El dinero nunca llegó a su destino. Como tampoco llegaron a Nicaragua y a otros países subdesarrollados los seis millones de euros "detraídos" por el ex conseller del Gobierno valenciano Rafael Blasco, quien hoy día cumple seis años y medio de condena por ello. ¡Qué bonito, robar a los pobres!

otras islas del Caribe y hasta en el sur de Estados Unidos. No obstante, hay que decir que la principal religión allí es el cristianismo (catolicismo y protestantismo), que es profesado por al menos el 70% de la población. La Iglesia católica tiene gran peso en la sociedad haitiana. Solo en el campo de la educación, gestiona 393 guarderías (donde se atiende a 60.734 niños), 1.377 escuelas primaras (357.908 alumnos) y 238 colegios de secundaria (51.063 estudiantes). Seis mil estudiantes más se forman también en sus centros de estudios superiores. 7,7 millones haitianos están bautizados, según datos oficiales. El país cuenta con diez diócesis y 466 parroquias. A principios de 2015 tenía 16 obispos, 1.041 sacerdotes, 377 religiosos, 1.975 religiosas, cuatro diáconos y 5.326 catequistas. Desde hace un par de años, y por primera vez en la historia, en el colegio cardenalicio hay también un cardenal haitiano. Se trata del obispo de Les Cayes y presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Chibly Langlois, de 57 años. Haití no es un territorio de misión. No obstante, evangelizan allí también 21 misioneros españoles de las siguientes ins-

tituciones y congregaciones: Camino Neocatecumenal, Hermanas Carmelitas de la Caridad, Compañía Misionera del Sagrado Corazón, Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, Misioneras Combonianas, Misioneras de la Caridad, Misioneras Siervas del Espíritu Santo, Jesuitas, Sociedad de Sagrado Corazón y Religiosas de Jesús-María. Por cierto, una religiosa de esta última congregación, la barcelonesa Isabel Solà Matas, se dejó allí la vida el pasado 2 de septiembre. Sor Isabel, de 51 años, llevaba ocho trabajando sin descanso por los más pobres, por las víctimas del terremoto, por los niños sin escolarizar… Repartía ayuda humanitaria, atendía a los enfermos –era enfermera–, daba clases, y hasta había creado una fábrica de prótesis para ayudar a los muchos mutilados que había causado el seísmo. La mataron a tiros, para robarle. Fue una incansable servidora de Dios (ver Supergesto 127). Sg JOSÉ IGNACIO RIVARÉS

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SUPERGESTO

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"Quien no vive para servir, no sirve para vivir". Esta frase, repetida por el papa Francisco, es el lema de la pastoral juvenil del Centro San Camilo, de los Religiosos Camilos de Tres Cantos (Madrid), para este curso 2016-17. Su deseo es ofrecer a los jóvenes un espacio para que puedan profundizar sobre el sentido de sus vidas y descubrir la invitación de Jesús a dar la vida sirviendo a las personas mayores y que se encuentran al final de la vida. Con este objetivo han organizado diferentes actividades (ver recuadro). Lo cuenta José Carlos Bermejo Higuera, director del Centro San Camilo (Centro Asistencial y de Humanización de la Salud). José Carlos Bermejo es natural de Tordesillas (1963), Valladolid. Es religioso camilo y experto en humanización de la salud, en duelo y bioética, director máster en counselling, posgrado en duelo, en humanización, en gestión y en pastoral de la salud. Actualmente, enseña en varias universidades: Ramón Lull, de Madrid y Barcelona; Católica, de Oporto y Lisboa; y Camillianum, de Roma. También imparte clases en la Universidad Católica de Valencia. Es autor de numerosos libros y artículos en español, portugués e italiano, con los que intenta contribuir a la formación en el campo de la humanización de la salud y de la intervención social. Su palabra preferida es: la pasión. "Vivo con pasión, gozo de lo hago y hago lo que me gusta", dice. 16 SUPERGESTO

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s uno de los lemas que nos apasionan: vivir para servir. Pero no de cualquier manera, sino con arte. Cuentan biógrafos de uno de los grandes humanizadores del mundo de la salud (San Camilo de Lelis), del siglo XVI, en tantas cosas de rabiosa actualidad, que era un artista del cuidado. Su presencia en el hospital del Espíritu Santo en Roma mostraba una creatividad al servicio de los enfermos como solo se puede encontrar en otras personas de semejante hondura humana. Inventaba aparatos, personalizaba los cuidados, realizaba cambios inauditos. Concebía el servicio como una obra de arte. Y esta es una de las claves para humanizar las relaciones: el cuidado como arte. No es de extrañar por ello que cambiara radicalmente los olores hediondos por aire puro, que hablara del hospital como jardín, que concibiera las llamadas de los enfermos como sinfonía, que fuera visto saltando y bailando por el hospital. Un biógrafo sostiene que una de las intuiciones más brillantes de este "genio de la caridad" es la de haber introducido, en la asistencia a los enfermos, la idea de la belleza. En el Centro San Camilo (Tres Cantos, Madrid), los jóvenes pueden descubrir de diferentes maneras un modo muy especial de hacerse artesanos. Artesanos del cuidado. Los artesanos se caracterizan por usar materiales típicos de su zona de origen para fabricar sus productos. Son profesionales, pero muy particulares. Tanto que la "profesionalización" de su trabajo podría hacer perder su especificidad, su diferencia, su toque particular. En campos de trabajo, en pascuas, en fines de semana organizados especialmente para jóvenes, en el Centro San Camilo se puede aprender a conjugar el verbo cuidar. Porque ante la enfermedad, la dependencia, la proximidad de la


muerte, no solo queremos curar o intentar evitar la muerte; sino también cuidar. Cuidar en la cronicidad, en la dependencia, en los procesos diagnósticos, en los terapéuticos. Cuidar siempre. La artesanía del cuidado lleva a pensar no solo en los profesionales del mundo de la salud y de la intervención social, para humanizar la asistencia. Comporta también pensar en la vocación al cuidado, el deber ético del cuidado y el posible voluntariado al cuidado de las personas que sufren. Cuando las relaciones de cuidado se mercantilizan, se deshumanizan. Cuando nos pensamos a nosotros mismos como técnicos del conocimiento o de los procesos y al enfermo como único destinatario de la

intervención, nos perdemos lo más hermoso del potencial humanizador que tiene la red de redes que se crea en torno al enfermar, al sanar o al morir. Yo quiero soñar, quiero seguir soñando con un día en que la inventiva y creatividad de los profesionales cristalice de tal manera su potencial que cambie incluso nuestro modo de expresarnos, en nuestro modo de acompañar a los jóvenes en su proceso vital. Sueño no solo con dejar de escuchar críticas sobre pacientes y familiares, sino que espero aún llegar a escuchar frases como estas: "El paciente está emotivamente inestable" (y no solo hemodinámicamente). "El paciente –o el familiar– está espiritualmente angustiado" (y


Cuidar y enseñar a cuidar El Centro San Camilo de Tres Cantos invita a los jóvenes a:

Pascua Juvenil Hospitalaria.

Del 12 al 16 de abril de 2017. Plazo de inscripción: Hasta el 31 de marzo (Plazas limitadas). A partir de 18 años. Ofrece la oportunidad de celebrar la "alegría de la Pascua" desde la clave del servicio a las personas que se encuentran al final de la vida.

Campo de Trabajo Samaria.

no solo psicológicamente). "La madre, el hijo o cualquier miembro de la familia necesita un extra de comunicación, de soporte emocional", y no solo de un fármaco para síntomas físicos. "Mi radar emocional me dice que suenan pitidos de alarma que me reclaman". "Mi compañero o compañera necesita un «chupito» de escucha", y no solo de un analgésico. "Suena la bomba del corazón del paciente porque se siente solo y tiene miedo". Los jóvenes que acuden al Centro San Camilo, donde intentamos cuidar con arte a las personas mayores, dependientes, al final de su vi-

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da, en procesos de duelo, pueden sentirse interpelados por estos sueños que compartimos. Los religiosos camilos queremos contribuir a construir un mundo más humano, más digno, más sensible y solidario ante la vulnerabilidad del prójimo. Pero queremos también que los cuidados estén impregnados de ternura y que, sirviendo, podamos encontrar la belleza del cuidado y un modo particular para cada uno de ser artesano, porque quien no vive para servir, no sirve para vivir. Sg

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JOSÉ CARLOS

BERMEJO

Del 5 al 12 de julio. Plazo de inscripción: Hasta el 25 de junio (Plazas limitadas). Jóvenes de 18 a 25 años. Una semana samaritana en el Centro San Camilo sirviendo a personas mayores, en situación de dependencia y que se encuentran al final de la vida.

Conoce San Camilo: Fines de Semana: sábado y/o domingo. El Centro San Camilo ofrece la posibilidad de que tu grupo de pastoral juvenil pueda realizar un retiro--convivencia en sus instalaciones del Centro de Humanización de la Salud y que conozcas el Centro San Camilo (Residencia de Mayores y Unidad de Cuidados Paliativos) Para poder participar puedes escribir a pastoraljuvenil@camilos.es o llamar por teléfono al 91 225 99 25


A principios de 2016, las Misioneras Oblatas de María Inmaculada crearon un equipo misionero cuyo objetivo era crecer en el conocimiento mutuo y la formación, antes de emprender una experiencia misionera en Perú, que tuvo lugar en el verano de ese año. Cuatro hermanas, un sacerdote diocesano y seis jóvenes se embarcaron en un viaje geográfico de muchos kilómetros, que les condujo al centro de su corazón.

“H

e viajado hasta Perú para encontrar al Señor muy dentro de mí". Esta frase que Silvia Saiz usó para resumir su experiencia misionera en el verano de 2016, recuerda el modo en que el escritor inglés G.K. Chesterton describía su conversión al cristianismo, diciendo que a veces la manera más rápida de volver a casa es dar la vuelta al mundo. El escritor se re34 SUPERGESTO

fería al largo periplo intelectual y vital que hizo buscando la verdad, hasta descubrir que esa verdad era la que le habían contado de niño en el hogar familiar. También esta joven de 20 años descubrió que a veces hace falta salir de uno mismo para llegar al centro del corazón. Silvia estudia Bellas Artes y Psicología en Madrid; para ella, "conocer un mundo tan diferente al que esta-

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mos acostumbrados en nuestro día a día ha sido una experiencia increíble". Esta chica confiesa que "cada una de las personas de Morán Lirio, desde su sencillez y su humildad", le han enseñado "el verdadero sentido de la vida". En contraste con el mundo cada vez más superficial en el que vivimos, esa gente le ha confirmado "la importancia de viajar siempre al interior y a la parte

más profunda de las personas y las cosas". Morán Lirio es un pueblecito en la sierra norte de Perú, "aislado" entre montañas, a 3.400 metros de altura, donde el sacerdote llega una vez al año. En verano, las Misioneras Oblatas acercan el Evangelio a esa gente, "compartiendo con ellos su fe en el día a día: mediante la Eucaristía, jugando con los niños, ayudando en las


"La misión no es un simple voluntariado. Cuando pones al Señor en el centro de tu vida, aprendes a amar más intensamente a todo el que te rodea".

clases del colegio, impartiendo formación en salud e higiene a padres y niños y preparándolos para los sacramentos". Durante un mes aproximadamente, Silvia tuvo la oportunidad de compartir una parte de su vida con este pueblo peruano que, junto a sus compañeros de misión, le han ayudado "a ver a Dios" y a fortalecer su fe. Sergio y Sara han sido algunos de esos compañeros que recuerda Silvia. Sara tiene 30 años y es trabajadora social y maga. Ella ha comprobado que en la misión todas las capacidades pueden ponerse al servicio de los demás. En su caso, sus juegos de magia le ayudaban a explicar el Evangelio a los niños y adultos. Sergio, que tiene 29 años y es seminarista, sintió que podía aportar mucho "llevando a Cristo" a un pueblo que ve al sacerdote apenas una vez al año. Hoy, Sergio afirma que "ya que uno siempre es cristiano, siempre tiene que ser misionero, llevar a Cristo a todo el mundo que te rodea, pobres, ricos, altos, bajos, listos y tontos... a todos por igual sirviéndote de los dones que Dios te ha dado para ello y agradeciendo siempre el poder sentirte hijo de Dios". Silvia, Sergio y Sara han vuelto de Perú añadiendo nuevos miembros a su familia. Como dice Sara, "toda la gente de allí, automáticamente, ya son como

mi familia". Esta joven estuvo tan a gusto que confiesa: "Me quedé con ganas de quedarme, me faltó muy poco, pero hay que regresar…". Pero ninguno de estos chicos es el mismo después de haber estado en Moran Lirio; tal vez porque, según afirmó Raquel, la responsable del grupo, "participar en la misión no es un simple voluntariado". Silvia descubrió “con alegría que cuando pones al Señor en el centro de tu vida, aprendes a amar mucho más intensamente a todo el que te rodea, y a entender la vida desde una perspectiva mucho más completa, más humana y más real". Ahora, siente ganas de encontrarse con el Señor todos los días y por ello acude a misa, "y cada vez que estoy en una iglesia o una capilla siento que estoy donde verdaderamente quiero estar". El recuerdo de los misioneros se ha grabado en las almas de estos jóvenes como un modelo a seguir. Sara cree que "los misioneros son personas valientes que están para todos, dando igual el lugar del mundo que sea; su vida está entregada a los demás, ayudando a ser felices a otras personas". Sergio sabe ahora que "un buen misionero es el que se deja hacer". Y Silvia se asombra

todavía de que "una persona decida dejar su vida de siempre a un lado para seguir por completo a Jesús y darse a los demás, viajando a un lugar sin saber la fecha de regreso". A Sara le ha conmovido tanto la vida de los misioneros que pide a Dios que la guíe en su camino y en su "verdadera vocación"; solo Dios sabe

si también ella está llamada a ser misionera. Sg ANA FERNÁNDEZ DORA RIVAS EQUIPO MISIONERO DE LAS MISIONERAS OBLATAS DE MARÍA INMACULADA

http://www.oblatas.org oblatasmisión@gmail.com

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