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EDITADA POR LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS

Nº 214 ABRIL AÑO 2021

TERCER MILENIO


Nº 214. ABRIL, 2021

TERCER MILENIO EDITA OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS C/ Fray Juan Gil, 5 28002 - Madrid Tfno: 91 590 27 80 Fax: 91 563 98 33 E-Mail: dir.nal@omp.es http://www.omp.es

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en este número... IGLESIA A FONDO Durante cuatro días de una intensa actividad, el papa Francisco visitó Irak. Un viaje con el que el Pontífice quiso llevar esperanza a la minoría cristiana, al tiempo que impulsaba las relaciones con el islam.

16 PRIMER PLANO

Los obispos de Nigeria han hecho pública su profunda preocupación por la grave inestabilidad que sufre la nación, acosada por la violencia de múltiples facciones armadas.

26

INFORME El cuarto domingo de Pascua la Iglesia española, de la mano de la Obra de San Pedro Apóstol, celebra la Jornada de Vocaciones Nativas, en apoyo a las vocaciones de los territorios de misión.

30 y además... 7 TRIBUNA

Dos grandes mujeres

12 EL OBSERVADOR PAKISTÁN - EGIPTO MÉXICO - GUATEMALA

20 ASÍ VA EL MUNDO SIRIA - AFGANISTÁN ETIOPÍA - EL SALVADOR

36 ENTREVISTA Constantine Mukunda, rumbo a Perú

42 ANIMACIÓN MISIONERA 45 AYUDAMOS A... Colombia

48 CULTURA

Vallas y pateras: 41 odiseas en imágenes

54 EN EL OBJETIVO 56 MISIÓN VIVA Saju George Aruvelil, más de 20 años en Argentina


EDITORIAL

SEAMOS PARA LAS VOCACIONES

“¿P

ara quién soy yo?” es la interpelante cuestión con la que este año se presenta la Jornada de Vocaciones Nativas, que se celebra el 25 de abril. Una gran ocasión para tener muy en cuenta que son miles y miles, hasta 85.000, los muchachos y muchachas que en los territorios de misión se están formando para el sacerdocio y la vida consagrada. Toda una floreciente primavera vocacional que, como se esforzaba en recordarnos san Juan Pablo II, no podemos permitir que se pierda por falta de recursos económicos. En este objetivo pone todo su empeño, desde hace más de 130 años, la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, que, gracias a las oraciones y la generosidad de los católicos de todo el mundo, se preocupa por ofrecer la formación académica y espiritual adecuada a todas estas vocaciones que, por las situaciones de necesidad que se dan en los lugares donde han nacido, no disponen, en la mayoría de los casos, de los medios para salir adelante. De hecho, esta Obra sostiene a uno de cada tres seminaristas que hay en el mundo. Estamos hablando de jóvenes que, ante esa pregunta de “¿Para quién soy yo?”, responden, como propone el papa Francisco en el Mensaje que ha hecho público para la Jornada Mundial de Oración

por las Vocaciones –que se celebra el mismo día–, siguiendo el ejemplo del Patrono de la Iglesia universal: san José, con sencillez y humildad, dijo “sí” a Dios y al “sueño” que Él le inspiró, desde la “fidelidad” y la vocación de “servicio”. He aquí las tres palabras clave que, según el Santo Padre, sugiere san José a toda vocación:

padecen y sienten sus mismos problemas, que saben de sus necesidades, que respiran su misma cultura, para atenderlas y hacerles llegar la alegría del Evangelio y su mensaje de esperanza y misericordia. Nadie, tampoco, como estas comunidades necesita tanto de esos “corazones abiertos, capaces de grandes impulsos, gene-

La Obra Pontificia de San Pedro Apóstol sufraga la formación de uno de cada tres seminaristas que hay en el mundo. “sueño”, “servicio” y “fidelidad”. Términos que nos llevan a la alegría de quienes “generosamente han hecho de Dios el sueño de sus vidas, para servirlo en los hermanos y en las hermanas que les han sido confiados, mediante una fidelidad que es ya en sí misma un testimonio”. Las vocaciones tienden a “generar y regenerar la vida cada día”. Bien la necesitan –y, ante todo, la vida en abundancia que vino a traernos Cristo– aquellas comunidades en las que surgen las vocaciones nativas de los territorios de misión, sacudidas desgraciadamente en muchas ocasiones por la guerra, la pobreza, el hambre, la enfermedad... Nadie como estos jóvenes aspirantes al sacerdocio y a la vida consagrada, que hablan su misma lengua, que

rosos en la entrega, compasivos en el consuelo de la angustia y firmes en el fortalecimiento de la esperanza”, de los que habla Francisco en su Mensaje. No podemos permitir en ningún caso que “el sueño de la vocación” de estos jóvenes se esfume y no se haga realidad. Por eso, ante la pregunta “¿Para quién soy yo?”, respondamos al menos que somos para las vocaciones nativas, y estemos atentos a la llamada divina, esa que “siempre impulsa a salir, a entregarse, a ir más allá”. Que san José “ayude a todos, especialmente a los jóvenes en discernimiento, a realizar los sueños que Dios tiene para ellos; que inspire la iniciativa valiente para decir «sí» al Señor, que siempre sorprende y nunca decepciona”.

EDITA Obras Misionales Pontificias DIRECTOR NACIONAL OMP José María Calderón DIRECTOR Alfonso Blas DISEÑO Antonio Aunés COLABORADORES Rosa Lanoix, Rafael Santos, Francisco José Pérez Valero, Dora Rivas, José Beltrán, TERCER MILENIO José Carlos Rodríguez, José Ignacio Rivarés, Israel Íñiguez, Modeste Munimi, José Ramón Carvallada, María Jesús Sahagún, Carmina Sofía Fernández, Juana Gómez, Juan Lázaro Sánchez, Vicente Marqués Ruiz ARCHIVO FOTOGRÁFICO Antonio Aunés, Rafael Santos, Ana Fernández FOTOGRAFÍAS Efe, 123RF SUSCRIPCIONES Roberto Murga DEPÓSITO LEGAL M-48558-1999 ISSN 1695-1034 IMPRESIÓN Gráficas Dehon. PP. Reparadores. C/ La Morera, 23-25. Torrejón de Ardoz, Madrid. Tfno: 91 675 15 36


Lucía Fonts

frasesy yflashes

Misionera comboniana en República Centroafricana Ha sido una experiencia muy fuerte para mí la amistad con los pigmeos, este pueblo marginado y excluido completamente de la sociedad centroafricana..., ¡pero, a la vez, tan rico en valores y cualidades! Me gustaría mucho poder aprender algo de su humildad, sencillez y ternura. Este pueblo ya forma parte de mi corazón.

Mons. César Franco Obispo de Segovia

Félix Zaragoza Misionero de la OCSHA en Chile Creemos que la Iglesia tiene que hacer presencia de Jesús Samaritano. La solidaridad está en el servicio, sobre todo, de los más vulnerables.

Rafael Sabé Misionero salesiano en Guinea, recordando dificultades pasadas en Costa de Marfil ¿Hemos de dar testimonio de un Cristo solo crucificado? ¿O bien dar testimonio de un Cristo crucificado y resucitado? Si Jesús ha resucitado, quiere decir que está vivo. Pase lo que pase, Él está con nosotros. Solamente, que tenemos que dar un testimonio vivo de que Jesús está vivo. Y cuando te preguntas qué es lo peor que te puede pasar y aceptas lo peor, es fácil ser misionero.

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Los misioneros no son héroes –aunque a veces hacen actos muy heroicos–: son cristianos convencidos de que, según dice san Pablo, Cristo es la fuerza y la sabiduría de Dios, que escoge lo débil de este mundo para manifestar la fuerza de Dios.

Papa Francisco Si Dios ama tanto que se entrega a nosotros, también la Iglesia tiene esta misión: no es enviada a juzgar, sino a acoger; no a imponer, sino a sembrar; la Iglesia está llamada no a condenar, sino a llevar a Cristo que es la salvación


TRIBUNA

Dos grandes mujeres

P

Por D. José María Calderón.

uede que muchos no lo sepan, pero fueron dos mujeres, laicas, madre e hija, de la Francia del siglo XIX, Estefanía y Juana Bigard, las que comenzaron en la Iglesia una obra de enorme envergadura. Conscientes de algo que luego diría san Juan Pablo II, que la eucaristía construye la Iglesia, se preocuparon por promover la oración, el sacrificio y, también, la limosna por las vocaciones en los territorios donde estaban los misioneros. Comenzaron por Japón, y luego abrieron el abanico a otros países de Asia, Canadá, Estados Unidos..., ¡América entera y África! Efectivamente, si la Iglesia local no tiene vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada, nunca dejará de ser tierra de misión. Siempre dependerá de los misioneros que lleguen a aquel territorio para evangelizarlo, para la creación de nuevas comunidades, para la atención pastoral de los cristianos. Por eso es muy importante que, en aquellos lugares donde –además, y gracias a Dios– hay tantas vocaciones para la vida religiosa y para el sacerdocio, estas puedan tener los instrumentos necesarios para formarse, y así puedan crecer esas semillas que el Señor ha elegido para el servicio de la Iglesia. Estas dos mujeres, con una gran visión de futuro y, por supuesto, con una gran visión sobrenatural, comenzaron lo que hoy es una preciosa realidad: la Obra Mi-

Director Nacional de OMP

sional Pontificia de San Pedro Apóstol; esa Obra que la Santa Sede pone al servicio de los obispos y de los superiores generales de los territorios de misión, para ayudarles a que sus jóvenes puedan formarse bien y profundamente en un ambiente sano. El domingo del Buen Pastor es la Jornada de Vocaciones Nativas... ¿Pueden contar esos jóvenes con el regalo y el pri-

ro con los misioneros que allí trabajan, y fortalezco la fe de quienes, luego, van a rezar por mí. Esta Jornada se celebra en unión, en comunión, con la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Porque lo que se nos quiere recordar es que la primera limosna es la oración, y que esta, con el sacrificio, es un gran don para que los jóvenes se abran a

Si la Iglesia local no tiene vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada, siempre dependerá de los misioneros. vilegio de tu, de nuestra, ayuda? Como dicen los jóvenes de hoy, ayudar a que una vocación llegue a su fin... ¡renta! No es un mero ayudar, no es una mera colaboración. Es saberme parte de la Iglesia católica, que está presente en todos y cada uno de los lugares donde hay un bautizado, y, siendo parte de esa Iglesia, saberme partícipe de sus alegrías y proyectos, de sus ilusiones y aspiraciones, de sus dolores y sufrimientos, de sus necesidades y preocupaciones...; ellos, los que están lejos, de las nuestras, y nosotros, los de la vieja cristiandad, de las suyas, formando una unidad preciosa, la primera globalización universal que ha existido, que es la familia de los hijos de Dios. Yo, con mi ayuda a una vocación en tierra de misión, me hago misione-

la gracia de la vocación. Y esa oración va dirigida a las vocaciones de aquí y de allá. Aquí hace falta coraje, valentía y generosidad en los jóvenes a los que el Señor quiere llamar. Allí hay que discernir, formar y fortalecer la vocación de quienes se acercan a los seminarios y casas de formación religiosas. El lema de esta doble Jornada, que este año es el 25 de abril, dice “¿Para quién soy yo?”. Francisco ha utilizado varias veces esta pregunta con los jóvenes, provocándoles para que vean dónde han puesto su corazón –porque todos sabemos que allí donde está tu tesoro, está tu corazón (cf. Mt 6,21)–, y no se dejen arrastrar por cosas y proyectos, bonitos, pero sin ambición; que no sea “¿para qué?”, sino “¿para Quién?”. NÚM. 214, ABRIL DE 2021

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IGLESIA A FONDO

Fueron cuatro días enormemente intensos para el papa Francisco. Un viaje arriesgado, que él ya sabía que iba a ser incómodo por múltiples razones. Unas tenían que ver con la situación de la pandemia y otras con la realidad histórica y de inseguridad que vive Irak. Y acusó el esfuerzo: "Debo confesarles que durante este viaje me sentí mucho más cansado que en otros", dijo Francisco a los periodistas en el avión de regreso a Roma después de completar la primera visita de un Papa a este país de Oriente Medio. Pero lo expresó con una sonrisa en los labios. Sabía que la misión había sido todo un éxito.

E

l papa Francisco permaneció en Irak entre el 5 y el 8 de marzo, con un objetivo prioritario: llevar esperanza a la minoría cristiana marginada del país, al tiempo que impulsaba las relaciones con el mundo musulmán chií. Con él también lle-

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vaba esa pesada mochila en que se ha convertido el convivir con los riesgos de viajar durante la pandemia de coronavirus. El Pontífice confesó que decidió seguir adelante después de mucha oración y confiando en la protección de Dios sobre quienes pudieran quedar

más expuestos. “La idea de cada viaje se cuece con el tiempo en mi conciencia. Oré mucho por esto. Y al final tomé la decisión libremente. Vino desde dentro. Y yo dije: «Aquel que me hace decidir, que cuide de la gente»”, afirmó. El momento elegido –tratándose de Irak, es difícil encontrar uno ideal– planteaba tantos interrogantes como riesgos. De hecho, el Santo Padre aterrizó allí justo cuando el país se veía afectado por un nuevo aumento en la escalada de infecciones –una segunda ola ha elevado la cifra a 5.000 nuevos casos diarios– y a dos días de producirse un ataque con cohetes a una base con presencia de soldados estadounidenses.

El martirizado Jardín del Edén

En medio de estas preocupaciones sobre la seguridad y la propagación del coronavirus, el papa


Francisco llegó a Bagdad para iniciar una visita histórica. Y lo primero que dijo a los periodistas fue: “Este es un viaje emblemático, y es un deber hacia una tierra que ha sido martirizada durante tantos años”. Era el primer viaje del Santo Padre fuera de Italia desde noviembre de 2019. Y lo realizaba a esa área de terreno entre los ríos Éufrates y Tigris en que se sitúa el paraíso donde vivían Adán y Eva, hasta que Dios los desterró del Jardín del Edén por morder el fruto prohibido del árbol del conocimiento del bien y el mal. Todavía hoy se pueden admirar en este lugar exuberantes oasis, aunque la realidad es que la vida de sus habitantes es, en nuestros días, de todo menos paradisíaca... Francisco, junto a la delegación vaticana y los medios de comunicación acompañantes, se había vacunado y había prometido seguir escrupulosamente las medidas contra el coronavirus. Nada más aterrizar, saludó a los dignatarios iraquíes que lo esperaban en la pista del aeropuerto internacional de Bagdad –ahí estaba el primer ministro iraquí Mustafa al Kadhi-

mi–, así como a unos niños que le dieron la bienvenida. Poco después, el papa Francisco recibió una miniatura artística que representaba el camino hacia la crucifixión de Cristo; era una placa de bronce diseñada por el artista musulmán Mohammed Ghani Hikmat, uno de los escultores más famosos de Irak, fallecido en 2011. Durante la visita del Papa, las autoridades impusieron un bloqueo total, que dejó las calles vacías de las multitudes que normalmente saludarían a Francisco. La seguridad fue una constante fuente de preocupación durante el viaje por un país ligeramente anestesiado desde la derrota del Estado Islámico en 2017. Una tierra, sin embargo, en la que la violencia sigue siendo un problema nacional, con frecuentes ataques con cohetes de milicias alineadas con Irán a bases estadounidenses y la consiguiente acción militar norteamericana de respuesta. Por ejemplo, y como queda dicho, poco antes de que Francisco llegara a Irak una base aérea que alberga a estadounidenses e iraquíes fue alcanzada por una decena de cohetes. Y a comienzos de este mismo año, el Es-

tado Islámico se atribuyó la responsabilidad de un ataque suicida que mató a 32 personas.

Fraternidad interreligiosa

A pesar de estos antecedentes, y hablando estrictamente en términos de seguridad, la visita del Papa se saldó con un éxito abrumador. Ningún incidente. Solo una misión de paz, concordia y aliento. La visita de Francisco incluyó servicios religiosos en la capital, Bagdad, y en el estadio Hariri de Erbil, en el norte del país. También, una reunión con altos clérigos musulmanes en la ciudad sureña de Najaf y un viaje en helicóptero a Mosul. La idea de la fraternidad interreligiosa quedó expresada en el propio lema de la gira papal: “Todos somos hermanos”. Falta hacía este mensaje. Los cristianos de Irak se sienten amenazados de “extinción” en un país de mayoría musulmana, y no pocos predicen que las comunidades cristianas locales seguirán el mismo camino que la otrora próspera población judía de Irak. El número de cristianos que viven en el país ha disminuido en dos tercios en menos de dos décaNÚM. 214, ABRIL DE 2021

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IGLESIA A FONDO

profundizar en la historia para descubrir: ¿quiénes son estos cristianos?; ¿son «infieles», como siempre hemos escuchado?; ¿cuál es su contribución? Ese es el beneficio a largo plazo de la visita”.

El condicionante del poder político

das; todo un hecho paradójico, si se tiene en cuenta que los cristianos han estado presentes en lo que ahora se conoce como Irak desde aproximadamente el siglo I d. C. Y, yendo más atrás en el tiempo, la Biblia indica que la antigua ciudad de Ur, donde el papa Francisco rezó en la segunda jornada de su viaje, fue el lugar de nacimiento de Abrahán, padre de las religiones abrahámicas, que incluyen el judaísmo, el cristianismo y el islam. 18 misioneros

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Muchos iraquíes creen que la visita del Papa dará sus frutos. Así, el arzobispo católico caldeo de Erbil, Bashar Warda, estima que la presencia del Santo Padre en Irak hará que la mayoría musulmana se detenga a reflexionar: “Generará muchas preguntas y pensamientos. Algunos serán negativos, cierto. Probablemente a algunos musulmanes de línea dura no les gustará. Pero yo diría que a otros, a la mayoría, les gustará, escucharán, comenzarán a

A lo largo de los siglos, el desarrollo de la comunidad cristiana de Irak ha sido determinado en gran medida por quién ostentaba el poder, ya fuera otomano, mongol, persa o árabe. Durante el último siglo, la minoría cristiana, como muchas otras minorías en Irak, ha tenido que lidiar con la discriminación y persecución por parte de la mayoría musulmana del país y sus diversos líderes. Bajo el régimen de Saddam Hussein, los cristianos locales fueron tolerados por una dictadura principalmente laica. Pero, después de la invasión es-


Encuentro del papa Francisco con el líder chiita Ali al-Sistani

tadounidense de Irak en 2003, cuando el país se entregó a la violencia sectaria, los cristianos iraquíes se enfrentaron a un trato mucho más restrictivo y conflictivo. En comunidades cada vez más divididas, a menudo se sospechaba que ayudaban a los “invasores estadounidenses”, a los “cruzados”, como les llamaban en referencia a aquellas guerras religiosas que comenzaron a fines del siglo XI. Más recientemente, los cristianos huyeron de los distritos del norte, que habían ocupado durante siglos, después de que los extremistas del Estado Islámico se apoderaran de la capital de la provincia de Ninaua, Mosul y sus alrededores. En torno a 1,4 millones de cristianos se contabilizaron en el país en un censo del Gobierno iraquí de 1987. Pero, en las últimas tres décadas, tras años de guerra, persecución religiosa y declive económico,

su número se ha desplomado a medida que los cristianos emigraban. Hoy en día, se cree que quedan entre 200.000 y 300.000 cristianos en Irak, en una población de 38 millones. Todo un drama al que Francisco no era ajeno en su viaje. El domingo 7, en el tercer día de su periplo, el papa Francisco oró por las “víctimas de la guerra” en Mosul, donde el Estado Islámico aterrorizó a una de las comunidades cristianas más antiguas del mundo, hasta la derrota de los yihadistas hace tres años. Mosul permaneció ocupado por el Estado Islámico entre 2014 y 2017. Una época en la que la ciudad vio arrasadas muchas de sus antiguas iglesias y mezquitas, tras una sangrienta batalla de las fuerzas iraquíes y la coalición militar internacional para expulsar al grupo armado. “Qué cruel es que este país, la cuna de la civilización, haya sido

golpeado por una tempestad tan bárbara, con antiguos lugares de culto destruidos y muchos miles de personas –musulmanes, cristianos, yazidíes y otros– desplazados por la fuerza o asesinados”, lamentó Francisco. Y añadió: “Hoy, sin embargo, reafirmamos nuestra convicción de que la fraternidad es más duradera que el fratricidio, que la esperanza es más poderosa que el odio, que la paz es más poderosa que la guerra”. “El camino hacia una recuperación total puede ser todavía largo, pero les pido, por favor, que no se desanimen. Lo que se necesita es la capacidad de perdonar, pero también el coraje para no darse por vencido”, dijo luego el Papa a los cristianos en Qaraqosh. Pasó junto a las ruinas de casas e iglesias, hasta llegar a una plaza que una vez fue el centro de la ciudad vieja. Allí se sentó en una siNÚM. 214, ABRIL DE 2021

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lla blanca rodeada de edificios vacíos, casi fantasmales, para visualizar el presente críptico y el futuro incierto de lo que una vez fue pasado glorioso.

Ni guerra ni éxodo

El Papa encontró muchos adeptos a su discurso fraternal. “Juntos decimos no al fundamentalismo, no al sectarismo y no a la corrupción”, dijo, sumándose, el arzobispo caldeo de Mosul, Najeeb Michaeel. Francisco señaló que la esperanza nunca podrá ser “acallada en la sangre derramada por quienes profanan el nombre 20 misioneros

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de Dios recorriendo caminos de destrucción”. A continuación leyó una oración en la que repitió uno de los argumentos principales de su viaje: “Siempre está mal odiar, matar o hacer la guerra en nombre de Dios”. Frente a los muros de la centenaria iglesia Al-Tahera (Inmaculada Concepción), Francisco también pidió a los cristianos de Irak y Oriente Medio que permanezcan en sus países de origen, tras reconocer que el “trágico éxodo de cristianos en Irak hace un daño incalculable no solo a las personas y comunidades involucradas, sino también

a la sociedad que dejan atrás”. Porque la realidad es que los ataques del Estado Islámico obligaron a huir a cientos de miles de cristianos de la provincia de Nínive, en el norte de Irak. El padre Adel Kallo, de la destruida Iglesia de la Anunciación, expresó al Papa que, en 2014, tuvo que irse con 500 familias cristianas y que ahora hay menos de 70 familias presentes. “La mayoría ha emigrado y tiene miedo de regresar. Pero yo vivo aquí, con dos millones de musulmanes que me llaman «padre», y estoy viviendo mi misión junto a ellos”, dijo.


Gestos de paz

Clemens Graf von MirbachHarff, secretario general de la organización benéfica Malteser International, que acompañó al Pontífice durante su viaje por Irak, dijo que “todo gesto de paz es bienvenido” dentro de una región en la que los cristianos han sido perseguidos durante tantos y tantos años. “Su visita a esta región es una señal increíblemente fuerte”, advirtió. También calificó la reunión con el líder chiita Ali al-Sistani como “un gran acto de amor y paz”, al destacar que, “si un gran líder religioso como el Papa puede dar este paso, caminando humildemente por las calles para encontrarse con el líder chií, entonces eso es un potente símbolo del hecho de que vive lo que predica”. En honor al viaje histórico, aclamado por líderes iraquíes e internacionales, el primer ministro Mustafa al Kadhimi anunció que el 6 de marzo, día en que Francisco visitó al gran ayatolá al-Sistani en la ciudad santa de Nayaf, se marcaría como un día nacional de

El cristianismo en Irak La población de lo que hoy es Irak abrazó el cristianismo en el siglo I d. C. Se estima que quedan en torno a 250.000 cristianos en Irak. La comunidad cristiana más grande, de unos 200.000, vive en la llanura de Nínive y la región del Kurdistán, en el norte del país. Aproximadamente el 67% de los cristianos iraquíes son católicos caldeos, cuya Iglesia de rito oriental conserva su propia liturgia y tradiciones, y reconoce la autoridad del Papa. Otro 20% son miembros de la Iglesia asiria de Oriente, que se cree que es la más antigua de Irak. El resto de cristianos son siríacos ortodoxos, siríacos católicos, armenios católicos, armenios apostólicos, así como anglicanos y evangélicos.

convivencia. Quizá sea el comienzo de una nueva esperanza. Ha sido un viaje que comenzó lleno de controversia y de dudas, empezando por la seguridad, pero que finalmente se ha saldado con un enorme éxito. Y se ha comprobado que Francisco desea recuperar pronto la normalidad, en tiempos anormales por mor de la pandemia. Tras su viaje a Irak, el Santo Padre manifestó que quería ir “lo an-

tes posible” al Líbano, un país sumido en una crisis económica, sanitaria y política. “El Líbano está sufriendo”, advirtió. Pero no es su único objetivo a corto plazo. Mirando más cerca de su casa en el Vaticano, Francisco también señaló que iría a Budapest en septiembre e insinuó un posible viaje a Eslovaquia. Son nuevos proyectos, todos ellos cargados de esperanza. ALBERTO BRAVO NÚM. 214, ABRIL DE 2021

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PRIMER PLANO

NIGERIA

AL BORDE DEL ABISMO "Nigeria está en peligro de desmoronarse". Con esta contundencia se expresaron sus obispos a finales de febrero al analizar la situación del país: "Son muchas las etnias que hacen sonar los tambores de guerra, exigiendo la renuncia definitiva a una nación en la que han perdido toda confianza y sentido de pertenencia". La declaración conjunta, firmada por el presidente de la Conferencia Episcopal y arzobispo de Benin City, Augustine Obiora Akubeze, atribuyó estos y otros males al "fracaso del Gobierno". 26 misioneros

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azones tienen los obispos de Nigeria para pintar un panorama tan desolador. Entre diciembre y febrero, más de 600 niños y adolescentes han sido secuestrados en tres escuelas del noroeste del país. El primer ataque tuvo lugar en Kankara (estado de Katsina), en diciembre, cuando varios hombres armados se llevaron a 344 chicos. El 17 de febrero, otros 38 estudiantes y profesores fueron raptados en Kagara (estado de Níger). Y el 26 de febrero, 279 niñas fueron llevadas a la fuerza durante otro asalto de madrugada en el internado de su escuela en la ciudad de Jangebe (estado de Zamfara). Los tres incidentes concluyeron con la liberación de los secuestrados, pero con la fuerte sospecha de que las autoridades locales habían pagado elevados resca-

tes a los secuestradores, algo que los gobernadores de estos tres estados han negado con excusas poco creíbles. No han sido estos los únicos incidentes de seguridad graves ocurridos en el país recientemente. El 24 de febrero, varios grupos de “bandidos” causaron 36 muertos en atentados perpetrados en los estados de Katsina y Kaduna. El mismo día, algunos hombres armados lanzaron un ataque sorpresa a la ciudad de Maiduguri, capital del estado de Borno, que se saldó con la muerte de diez personas. El 1 de marzo, en la localidad de Dikwa, también en Borno, el grupo yihadista Estado Islámico de África Occidental lanzó disparos contra una base de la ONU en la que se encontraban 25 trabajadores humanitarios. Y, el 5 marzo, otro grupo asaltó el aeropuerto de Kaduna.


Todos estos incidentes ocurrieron en el norte. Pero la espiral de violencia ha alcanzado a otras partes del país, sobre todo al estado de Oyo, en el suroeste. Allí, en la zona de Ibadán, jóvenes armados pertenecientes a milicias rivales de las etnias yoruba y fulani se enfrentaron durante el fin de semana del 13 y 14 de febrero, causando 20 muertos y el incendio de numerosas casas, lo que provocó el desplazamiento de miles de personas. Para responder a la pregunta de quiénes son los autores de estos ataques, hay que tener en cuenta que, como ocurre en la mayor parte de los países afectados por la violencia, en Nigeria hay varios conflictos paralelos. Desde hace varios años, hay enfrentamientos periódicos en los estados del centro entre agricultores y ganaderos –estos últimos, sobre todo, de etnia fulani– que a menudo adquieren tintes confesionales, puesto que los cultivadores suelen ser cristianos y los fulanis son musulmanes. Los últimos incidentes muestran que estas rivalidades se están extendiendo peligrosamente más hacia el sur. En el sureste del país, desde 2006, los militantes del Movimiento para la Emancipación del Delta del Níger y otros grupos criminales presentes en la misma zona se lucran con ataques a instalaciones de compañías petroleras, acciones de piratería en el golfo de Guinea y más secuestros. A

principios de marzo, el Ejército nigeriano consiguió liberar a 14 secuestrados de las manos de uno de esos grupos, pero muchos otros episodios similares terminan con el pago de jugosos rescates.

La sombra alargada de Boko Haram

Pero ningún grupo terrorista ha provocado tantas muertes en Nigeria como Boko Haram. Desde sus comienzos en 2009, sus militantes han causado alrededor de 36.000 muertos en el noreste del país. Sus ataques alcanzaron su punto álgido en 2014 y 2015, cuando se extendieron a zonas vecinas del norte de Camerún y el oeste de Chad. A pesar de que durante los últimos años el Gobierno nigeriano ha anunciado en numerosas ocasiones la derrota de este grupo islamista, el último ataque a la ciudad de Maiduguri –epicentro del conflicto durante años– muestra que, aunque debilitado, Boko Haram conserva aún bastante capacidad de impedir la normalidad en el norte del país. Los tres secuestros masivos de estudiantes de los últimos meses han recordado al realizado por Boko Haram en 2014 en la escuela secundaria de Chibok, cuando se llevaron a 276 chicas. Aquel incidente tuvo una gran publicidad y despertó una campaña mundial de gran alcance por la liberación de las muchachas. La zona se en-

cuentra a unos 700 km del estado de Borno, donde el grupo islamista ha tenido siempre sus bases. A diferencia de otros ataques pasados, en estas ocasiones el líder yihadista Abubakar Shekau no ha reivindicado los secuestros ni ha publicado vídeos mostrando a las víctimas en su poder, pero muchos especulan sobre la posibilidad de que Boko Haram esté interesado en expandir su zona de influencia más allá del noroeste, algo que podría hacer formando alianzas con otros grupos criminales que operan en esta parte del país. Según un informe publicado en febrero por el Instituto de Estudios de Seguridad, la multiplicación de incidentes simultáneos en varias zonas de la nación sería una táctica de los yihadistas para obligar a las fuerzas de seguridad a dispersar sus efectivos y conseguir así que sean menos eficaces. Y es que, mientras parecía que durante los últimos años Boko Haram perdía una gran parte de su capacidad en el noreste, en el otro extremo norte del país ha surgido con fuerza una inseguridad que ha convertido los estados de Zamfara, Katsina y Níger en zonas de NÚM. 214, ABRIL DE 2021

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PRIMER PLANO

alto riesgo. Desde hace por lo menos dos años, las emboscadas en sus carreteras se han convertido en rutina. Los secuestradores paran a autobuses y vehículos privados, se llevan a los viajeros sin importarles su origen ni condición social, y piden rescates que, según el estatus de las víctimas, pueden ir de los 20 dólares a los 200.000. A pesar de las poco convincentes explicaciones de los gobernadores, los rescates casi siempre se pagan, convirtiendo los secuestros en una actividad muy lucrativa. En muchos casos no hace falta ni siquiera pedir rescates: basta con infor-

tra y tener consecuencias desastrosas. Aunque las autoridades locales siempre han negado el pago de rescates, el año pasado el gobernador de Zamfara, Bello Matawalle, prometió públicamente a los “bandidos arrepentidos” que les premiaría con viviendas, coches, cabezas de ganado y dinero. Matawalle, que califica estas promesas de “iniciativa de paz”, ha acusado a quienes rechazan sus medidas de estar “frustrando sus esfuerzos para poner fin a la crisis”. Estos desacuerdos revelan la falta de una estrategia común para acabar con los ataques violen-

marse sobre la situación económica de los secuestrados de mayor estatus en su poder, sustraerles las tarjetas bancarias con sus claves y vaciarles las cuentas antes de ponerlos en libertad. Hasta el presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, ha expresado su malestar hacia los gobernadores, a los que ha acusado de estar manteniendo la crisis con su actitud ambigua. El pasado 26 de febrero les instó a “revisar sus políticas de recompensar a los bandidos con dinero y vehículos”, y les advirtió en términos muy duros de que esto podría volverse en su con-

tos en el norte de Nigeria. Y no es solo una cuestión de mala coordinación. No son pocas las ocasiones en las que los gobernadores se oponen abiertamente a decisiones tomadas por el Gobierno central. Tras la orden del presidente Buhari, a principios de marzo, del envío masivo de tropas al noroeste, así como la prohibición de la actividad minera y el sobrevuelo de aviones en Zamfara, el gobernador Matawalle rechazó esta medida, alegando que el Consejo Nacional de Seguridad “no entiende los problemas de su zona”. A los dos días, se vio obligado a rectificar y

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declarar a regañadientes que apoyaba las decisiones del presidente. El polémico Matawalle no es el único que suele ir por su cuenta a la hora de afrontar los graves problemas de seguridad de su estado. También el gobernador de Borno fue llamado al orden a finales de año pasado, tras exigir al Gobierno central que contratara a mercenarios extranjeros para hacer frente a los nuevos ataques de Boko Haram. Esta petición refleja el agotamiento de la población y la poca confianza en sus propias fuerzas de seguridad. La posición del Gobierno de Nigeria sobre esta


cuestión es bastante difusa. El país ratificó en 1986 la Convención de la Unión Africana para la Eliminación de los Mercenarios, por lo que, teóricamente, estaría prohibido por ley. Sin embargo, en noviembre de 2014 el Gobierno contrató a compañías militares sudafricanas, las cuales se marcharon a los cinco meses al no recibir los pagos acordados. El presidente Buhari, elegido en 2015, ha expresado públicamente en varias ocasiones su negativa a volver a contratar a mercenarios. Otras iniciativas locales han pretendido solucionar el problema con una mediación. La más conocida es la auspiciada por el líder islámico Ahmad Gumi. Antiguo militar residente en Kaduna, Gumi empezó el año pasado a visitar las bases de los grupos armados, formados por una mayoría de hombres de etnia fulani, y a publicar vídeos en los que presenta sus quejas de “abandono” y “falta de

oportunidades”. El influyente Foro de Ancianos del Norte criticó fuertemente esta supuesta mediación y ha acusado a Ahmad Gumi de convertirse en portavoz de bandas terroristas y darles fuelle, además de poner en peligro a las poblaciones no musulmanas.

Falta de confianza en las autoridades

Pero el gran problema detrás de esta inseguridad, que se extiende como una gran mancha de aceite, no se reduce a las salidas de tono de algunos gobernadores o a la falta de una estrategia común, sino a lo que los obispos del país calificaron de “una pérdida de confianza en un sentido de pertenencia a la misma nación”. Muchos nigerianos no sienten la presencia de las autoridades y, mucho menos, la protección que se esperaría de ellas. En el país crecen las reivindicaciones de grupos separatistas, aumenta la división entre cristianos y musulma-

nes en los estados del norte, donde rige la sharia, y, ante el vacío de seguridad, muchas comunidades recurren a los grupos de “autodefensa” o llegan a acuerdos más o menos solapados con grupos criminales y extremistas, que adquieren los rasgos de una mafia que “protege” a una u otra etnia a cambio de generosas retribuciones. Según el Instituto de Estudios de Seguridad, Nigeria tiene un policía por cada 1.540 habitantes –la población es algo superior a los 200 millones–, muy por debajo de la recomendación de Naciones Unidas de un policía por cada 450 ciudadanos. A pesar de esta desastrosa situación, algo más de la mitad de sus efectivos redondean sus ingresos siendo contratados como guardias privados de seguridad por personas u organizaciones que tienen medios para pagarlos. Nigeria, con su enorme producción petrolera y su pujante sector bancario, hace cinco años figuraba como la primera economía del continente africano, aunque las enormes desigualdades siempre han impedido que una gran parte de su población se beneficie del crecimiento de la riqueza. El país sufre ahora una gran recesión económica, al haber disminuido sus inversiones extranjeras debido a la inseguridad. Según los obispos nigerianos, para salir de esta crisis resulta imprescindible “hacer los sacrificios necesarios para manejar mejor nuestras diferencias y convertirlas en una fuerza positiva, en lugar de algo negativo”. Este esfuerzo tendría que empezar por los líderes, tanto nacionales como locales. Si lo primero que se esperaría de ellos es unir a su gente y garantizar su seguridad, en Nigeria esto sigue siendo una tarea que parecen estar muy lejos de realizar. JOSÉ CARLOS RODRÍGUEZ NÚM. 214, ABRIL DE 2021

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INFORME Cada año, el cuarto domingo de Pascua la Iglesia en España pone el foco de su atención sobre las vocaciones locales surgidas en las comunidades cristianas nacientes, donde los misioneros realizan su labor. Para que ninguna de esas vocaciones de los territorios de misión se pierda por falta de medios económicos, la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol lucha y se entrega sin cesar, y solicita nuestra ayuda.

U

na chica más cerca de los treinta que de los veinte, de familia tradicionalmente cristiana. Con estudios universitarios de informática y alemán, profesora de este idioma en una escuela. Durante unos años se desentendió de su fe, pero terminó por volver a pisar una iglesia y se volvió a encontrar con Jesús. Un día se sienta con su novio y le dice que se mete a monja, ante la incomprensión inicial del chico, que sale enfadado y confundido de la cafetería. Meses más tarde entra por primera vez al convento y hoy, 30 misioneros

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varios años después, está en su segundo año de noviciado en las Franciscanas de la Purísima Concepción, congregación en la que espera realizar sus votos. Bien podríamos pensar en una de las vocaciones tardías que en España se encuentran en aumento, tal y como han resaltado los obispos en alguna ocasión, como en 2019 con motivo del día de San José. Pero Florence Mulanti

esta historia nace en suelo africano. Su protagonista es Florence Mulanti, uno de los miles de nombres que podemos encontrar detrás de la Jornada de Vocaciones Nativas, que celebramos el 25 de abril conjuntamente con la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, y cuyo lema es: “¿Para quién soy yo?”. A Florence, la respuesta le sale espontánea: “Para Dios”, que


es quien está, en el fondo, sosteniendo cada historia personal, aunque sea con sus idas y venidas, como la de esta novicia. No importa, Dios es paciente y siembra, que ya dará fruto. En su caso, ella lo recuerda con nitidez. Cuando era niña –tendría unos diez años– presenció una ordenación sacerdotal y vio unas monjas con hábito franciscano. Le llamó la atención el cinturón, con sus característicos tres nudos. “Yo quiero ser eso”, se dijo aquel día. Tal sueño fue desvaneciéndose en la adolescencia; primero, por el desdén de sus amigas cuando ella expresaba que le gustaría ser monja, y, más tarde, por el paso de los años y la presión de formar una familia, que era lo que se esperaba de ella. Hasta que regresó a su pueblo, volvió a la iglesia y recuperó el contacto con su fe, que fraguó su decisión a fuego lento, con varias “casualidades” de esas que, para quien cree, son señales que se disciernen “de rodillas y ante Dios”. Por eso, no le quedó más re-

medio que citar a su novio en una cafetería y contarle cuál iba a ser su camino. Después, a su familia, y, aunque encontró apoyos, Esperanza Alí también se dio de bruces con la oposición de su hermano mayor; con todo lo que implica que lleguen trabas desde el entorno próximo. Y así, hasta hoy, porque los sueños de Dios para nosotros son mucho mejores que cualesquiera que podamos imaginar por nuestra cuenta. El deseo de Florence está haciéndose realidad, hoy en día, en Madrid, junto con el de otras dos novicias: Caroline, keniata como ella, y Esperanza, mozambiqueña. En su proceso las acompaña la maestra de novicias, sor Marlene. Según los últimos datos disponibles a nivel mundial, del curso 2018-19, hablar de vocaciones es hablar, muy especialmente, de Asia y África. Son dos territorios

enormes, con población joven y con una Iglesia en crecimiento. De hecho, si en otros tiempos era de Europa de donde salían masivamente misioneros para ofrecer el Evangelio en esos países, ahora el movimiento es, a menudo, el contrario. Un movimiento, por cierto, que no es sencillo ni barato. Pero uno de los retos a los que se enfrenta la Iglesia universal es el de ofrecer una formación de calidad a quienes han decidido responder a Dios que sí, que se lanzan a soñar a lo grande. Muchos de los que hoy visten un hábito o una casulla lo hacen porque, cuando fueron niños, alguien apostó por su educación. Otro ejemplo de esto es una de las compañeras de Florence: Esperanza Alí. Ella se formó en Mozambique gracias a que las NÚM. 214, ABRIL DE 2021

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hermanas franciscanas de la Purísima Concepción la ayudaron a estudiar la secundaria, algo que no habría podido hacer de otra manera. En una familia con dos hijas y tres hijos, Esperanza era la segunda hija y, en medio de sus dudas, se sentía obligada a estudiar Medicina. “Mi sueño era ser religiosa y también ser médica. Tenía personas que habían decidido ayudarme para entrar en la facultad y una tía que me apoyaría. En ese momento contacté con las hermanas, quienes me ofrecieron la posibilidad de hacer una experiencia con ellas... el mismo día en que tenía que presentarme en la universidad”, recuerda. Así que pidió consejo a su madre, pero quien tomó la palabra inesperadamente fue su hermano de nueve años, Faizal. Las había estado escuchando y sintió la necesidad

Espérant Makashi

32 misioneros

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de intervenir: “Bueno, tú tampoco tenías dinero para estudiar, pero conseguiste ayuda. De la misma manera, alguien habrá que nos ayude a nosotros”. En ese momento, la balanza se inclinó definitivamente hacia un camino que hoy recorre con ilusión.

“Sal de tu tierra”...

Los primeros años de vida religiosa o el tiempo en el seminario son vitales. Florence lo define como “una herramienta muy importante” para formarse. “Ahora no es como cuando empecé, sino que he crecido mucho, porque no vale el deseo; una tiene que confrontarse consigo misma. En este tiempo he aprendido a aprender”, explica. Una labor que realiza en el noviciado, pero también en sus clases en el Instituto Teológico de Vida Religiosa, junto con hermanas de otras congregaciones.


VOCACIONES NATIVAS I N F O R M E

Matthieu Bakenda

Un cambio que, si bien puede ser positivo, no es fácil. Lo saben, por ejemplo, quienes estudian en la Universidad Eclesiástica San Dámaso, de la archidiócesis de Madrid. Este centro acogió con beca, en el curso 2019-20, a más de 100 sacerdotes provenientes de distintos países de América, Asia, y África, según los datos de su anuario académico. A esos números habría que añadir también seminaristas de algunos de esos países, que todavía no se habían ordenado. Es el caso de Espérant Makashi y Matthieu Bakenda, que el pasado mes de enero recibieron su ordenación sacerdotal en su diócesis, Mweka, pero que llevan en España varios años. Ellos dos abrieron camino, convirtiéndose en los primeros seminaristas a los que su obispo envió a Madrid. Antes, sin embargo, sí había llegado algún otro estudiante procedente de su misma

diócesis, pero tras haber recibido la ordenación sacerdotal. “Los sueños condujeron a José a aventuras que nunca había imaginado”, expresa el papa Francisco en su Mensaje para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Algo que Espérant y Matthieu han experimentado en primera persona, teniendo que formarse a miles de kilómetros de su casa. “Ha sido difícil, pero me he sentido acogido, como en casa. Tanto seminaristas como formadores nos recibieron con cariño”, recuerda Matthieu. Esto es posible porque, como él mismo remarca, “lo que buscamos todos, allí y aquí, es ser sacerdotes”. Ese objetivo común y esa acogida que se encontraron les han permitido aprender nuevas perspectivas. Una de las que destaca Matthieu es la mayor libertad que él ha experimentado en el seminario en Madrid. “En Europa, creo, se deja a la

persona ser responsable de lo que está buscando. Hay directivas de los formadores, pero no los tienes siempre detrás, diciendo ‘haz esto’o ‘haz lo otro’. Me parece una buena manera, porque el día de mañana no voy a encontrar a nadie encima de mí en cada momento, sino que voy a tener que hacerme responsable de mis actos”. Como ahora, que desarrollo su ministerio como sacerdote en la parroquia de San León Magno, en la capital española. Adaptarse a la nueva manera de formar seminaristas fue laborioso. También lo ha sido, y lo sigue siendo, comprender cómo se vive la fe en nuestro país. Espérant recuerda, por ejemplo, una de sus primeras misas en España, cuando los asistentes cantaron “Qué alegría cuando me dijeron”. “Yo no sabía la letra, pero, cuando la entendí, me preguntaba: ¿qué relación hay, si esta gente no tiene alegría? Al principio me ponía un poco nervioso al entrar a una misa y ver que unos cantaban, otros no... ¿En qué mundo me había metido?”, explica. Este fue, quizá, el mayor contraste con la manera de celebrar en su República Democrática del Congo natal, donde “la fe se vive de forma más activa, todos participan en misa, la gente es alegre aunque sea pobre”. Con el tiempo, sus impresiones se han suavizado. Del choque inicial pasó a entender cómo se vive la fe y a vivirla junto a la gente. Ahora, recientemente ordenado sacerdote, participa en la parroquia de San Fulgencio y San Bernardo, junto al Manzanares y el cementerio de San Isidro, que también atiende pastoralmente. Parecido choque se encontró su compañero Matthieu quien, con el tiempo, ve mejor los aspectos positivos de la realidad que le ha tocado vivir. “En el NÚM. 214, ABRIL DE 2021

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I N F O R M E VOCACIONES NATIVAS

Congo no hay ateos como tal; todo el mundo cree: cristianos, musulmanes o animistas. Pero aquí, quien te dice que es creyente, es creyente”, subraya.

... para volver

Una cosa está clara. Madrid no será el destino definitivo de ninguno de los protagonistas de estas cuatro historias. Cuando concluyan sus estudios, en el caso de Matthieu y Espérant, volverán a la diócesis de Mweka. Y en el de Florence y Esperanza, será el destino al que sus superioras las envíen en cada momento de su vida religiosa. Su vocación exige un tipo de

disponibilidad, de abrazarse a la provisionalidad temporal, que, en el fondo, es un instrumento para no pensar tanto en uno mismo. Quizá, si a una persona cualquiera le preguntamos cómo se ve dentro de cinco o diez años, tenga un trabajo, una ciudad, incluso un número de hijos en la mente. No es así entre quienes optan por el sacerdocio o la vida consagrada. “No sabemos, pero caminamos con esperanza y fe. No puedo adivinar 34 misioneros

NÚM. 214, ABRIL DE 2021

cuál es el plan de Dios, cuál es el plan de mi vida. Lo que puedo decir es que todos los días doy una respuesta libre. Creo que llegaré a dar servicio y ayudar a los demás viviendo en misión, si Dios quiere”. Así de serena se muestra Florence, por ejemplo. Esperanza, su compañera en el noviciado, insiste en lo mismo: “Yo no puedo adivinar el futuro, pero confío en su divina providencia y su gracia, que siempre me han acompañado”.

Quizá en el caso de los sacerdotes está un poco más claro, al menos, el dónde: de vuelta a su diócesis, a la que ya regresaron el pasado 3 de enero para recibir la ordenación presbiteral; en su país, en medio de una pandemia, pero con toda la alegría posible. No era para menos. Después de un año complicado, “de gracia para confiarnos siempre en el Señor, reconocernos pequeños y volver a Él” (palabras de Matthieu), se reencontraron con sus seres queridos, quienes les acompañaron en la celebración. Así lo recuerda Espérant: “Llegaba a mi casa después de cinco años sin ver a mis padres y hermanos. Era una alegría y ese día me dije que ‘todo lo que he estado estudiando tengo que ponerlo hoy en práctica y en lo que me espera en este mundo de ser sacerdote’. Y le decía al Señor: ‘Si es tu voluntad, me meto, pero sabes todo, mi debilidad, mi interior’. Allí, en el rito de ordenación,


IGLESIAS CON VITALIDAD

H

los padres llevan a sus hijos al altar como ofrenda. Recuerdo que sus voces temblaban de la emoción”. Ahora, tanto Espérant como Matthieu han vuelto a España para continuar sus estudios, ya como sacerdotes, mientras compatibilizan sus encargos pastorales. En un tiempo volverán al Congo, un país de realidad compleja y con conflictos armados desde hace más de 20 años, en gran medida debido a la “maldición” de tener grandes riquezas bajo el suelo. Pensar en la tierra que le vio nacer ayuda a Matthieu a responder al “¿Para quién soy yo?” del lema de este año: “Me ha venido muy bien ordenarme en mi diócesis. Repaso las caras y veo a la gente de mi pueblo muy contenta. He visto y me han manifestado que necesitan un sacerdote para acompañarlos. El sacerdocio no es para mí, sino para quien necesita encontrarse con Dios”. ASIER SOLANA

ablar de vocaciones nativas es apostar por el futuro de unas Iglesias particulares que se encarnan en la realidad de cada lugar, con sus peculiaridades. Kenia, el país de Florence, tiene mayoría cristiana, aunque principalmente protestante. Por un lado, la novicia destaca cómo "la Iglesia católica sirve evangelizando a los marginados y a aquellos que no tienen fe, llevándoles la verdad de un Evangelio vivo". La realidad social de Mozambique, país de Esperanza, es muy diferente. Allí, siendo mayoritario el cristianismo, el islam está extendido; su propio padre es musulmán. "Por lo que se ve en los últimos años, la Iglesia en mi país tiene un papel importante, haciéndose presente allá donde hay necesidad. En la educación, por ejemplo", opina. La República Democrática del Congo, de donde vienen Matthieu y Espérant, es uno de los países con mayor porcentaje de católicos de África. También es un lugar complejo, con cinco idiomas nacionales (francés, chiluba, lingala, kikolo y suajili) y 300 dialectos. Es, además, un Estado que, en las últimas décadas, no ha dejado de vivir conflictos armados, "por culpa, puedo decirlo así, de los políticos", subraya Matthieu. Ante estas situaciones, la respuesta es la de estar "con los que sufren, con los pequeños, y recordar a los gobernantes su misión y que, si tienen poder, es para el bien del pueblo". Apoyar a la Iglesia en los países con menos posibilidades es una inversión de futuro. Con 2.000 euros se puede contribuir a pagar los 6 años de formación de un sacerdote. La manutención de un mes de una novicia se puede financiar con 25 euros. También es posible ayudar con estipendios de misas. Y, por supuesto, aportando a la colecta destinada a las vocaciones nativas del domingo 25 de abril. Sumando muchos pocos, se puede hacer mucho. En 2020, por ejemplo, las diócesis españolas recaudaron casi 1.900.000 euros para financiar la formación de vocaciones surgidas en los territorios de misión; un dinero que se destina principalmente a África, donde hay mayores necesidades. NÚM. 214, ABRIL DE 2021

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conectad@s

POR SAN JOSÉ El día de san José también se hizo viral, en su Año, además. Y qué mejor que "pidiendo al Señor que cuide de los seminaristas de todo el mundo y ponga en su corazón deseos de misión, de salir a buscar a aquellas personas que más les necesitan". OMP - Twitter @OMP_ES

TELE A LA CARTA Nunca es tarde para ver el programa emitido este 21 de marzo sobre #MISEVI, Seglares Vicencianos en Misión, esos laicos comprometidos con el Evangelio ad gentes. Toda una aventura. PUEBLO DE DIOS TVE - Twitter @PueblodeDiostve

NO A LA GUERRA Un post para recordar que Siria lleva ya diez años en guerra, que la situación en el país es dramática y, de paso, el "increíble trabajo de los Maristas Azules". MANOS UNIDAS Instagram @manosunidas

DÍA MUNDIAL DEL AGUA El Papa ha vuelto a dar en la diana con un tuit: "Para los creyentes, la «hermana agua» no es una mercancía, es un símbolo universal y una fuente de vida y salud". ¿Su pancarta? Agua potable para todos. PAPA FRANCISCO - Twitter @Pontifex_es

HISTORIAS DE MISIONES Paz en tiempos de guerra, esta librada en Mozambique, a través de las historias misioneras del padre Eduardo Roca, que comparte fotos de un encuentro de refugiados en Metula. ZARAGOZA MISIONERA Twitter @Zmisionera


AY U D A M O S A . . .

Colombia Más de 86.000 euros para comunidades necesitadas

C

olombia es un inmenso paraíso natural, tan grande como dos Españas. Por su tamaño, ocupa el puesto 25.º en la lista de las naciones más extensas. Por su riqueza vital, es el reino de la biodiversidad: acoge a 55.000 especies distintas de seres vivos, que están repartidos por los 324 ecosistemas diferentes que hay en todo su territorio –1,14 millones de kilómetros cuadrados–. En él viven cerca de 49 millones y medio de habitantes. La inmensa mayoría de ellos, más de 46 millones, son católicos. Su Iglesia suma, en total, 78 circunscripciones eclesiásticas, en las que se encuentran casi 4.500 parroquias. Además, el país tiene 70 misiones con sacerdote residente y otros 257 puestos misioneros sin sacerdote estable. Colombia cuenta con un numeroso

colectivo episcopal: 128 obispos. Trece de ellos residen en archidiócesis metropolitanas. El resto, en las 52 diócesis y 11 vicariatos apostólicos que hay en todo el país. Además, la nación dispone de un total de 7.555 sacerdotes diocesanos, 2.295 sacerdotes religiosos, 666 diáconos, 880 religiosos, 13.251 religiosas, y un “ejército” de unos 42.000 misioneros laicos y unos 54.000 catequistas.

Violencia y desigualdad

En Colombia, el 24 de agosto de 2016, tras cuatro años de duras negociaciones, el ya ex presidente del Gobierno Juan Manuel Santos y el último jefe de la guerrilla, Rodrigo Londoño, representante de las FARC, firmaron el histórico acuerdo que puso fin a más de medio siglo de violencia. El pacto apostó por la construc-

ción de “una paz estable y duradera”. Atrás quedaban más de 200.000 muertos, 25.000 desaparecidos y casi 6 millones de desplazados... Sin embargo, los primeros días de 2021 han sido los más violentos en enfrentamientos armados y amenazas de muerte a líderes sociales desde la firma del pacto que desarmó a la guerrilla más poderosa de América. En efecto, según la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), entre el 1 y el 24 de enero, hubo 14 choques entre grupos armados y la fuerza pública. En el mismo periodo de 2020, solo había habido 9. Las amenazas de muerte a defensores de derechos humanos saltaron de cuarto a trece. Y las masacres –asesinato de tres o más personas en un mismo ataque– pasaron de cinco a seis. Además, la JEP recoge el homicidio de 14 líderes sociales, el asesinato de cinco ex combatientes de las FARC y siete enfrentamientos entre grupos armados durante el mismo plazo. Desgarrada por casi seis décadas de lucha, Colombia creía haber pasado la peor página de su historia violenta, tras el desarme de los paramilitares y los rebeldes marxistas. Pero no. A lo que parece, la violencia vuelve a brotar en los campos del país. Nuevos grupos armados han aparecido en las zonas abandonadas por las FARC, tras el desarme de sus 7.000 combatientes. NÚM. 214, ABRIL DE 2021

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AY U D A M O S A . . .

Parte de culpa en este violento rebrote la tienen las organizaciones dedicadas al narcotráfico, que disputan entre sí el control de territorios clave para esa actividad. Uno de esos escenarios donde los narcos trafican pertenece a la diócesis de Buenaventura, que se asoma al Pacífico y cuenta con el puerto marítimo más importante del país. Por él pasan el 60% de las importaciones mercantiles y la mayor parte de las exportaciones colombianas. Al frente de la diócesis de Buenaventura, monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, de 56 años, que bien sabe lo que se cuece en su tierra. Por denunciar los tejemanejes que se traen los grupos armados vinculados al narco, ya ha sido amenazado de muerte. Ahora, se mueve acompañado de policías que guardan sus espaldas. Pero sigue alzando la voz en defensa de los pobres. En Buenaventura –dice, evocando al papa Francisco, que lo designó obispo en junio de 2017– “no se puede ser «obispo perfumado»”. Y añade: “Aquí, es fundamental tener «olor a oveja», olor a las muchas víctimas de la violencia, a los jóvenes explotados”. Los obispos de la región del Pacífico y la propia Conferencia Episcopal también han salido en su defensa y han denunciado el alarmante incremento del narcotráfico, la corrupción y la violencia que sufre el país. Según cifras del Banco Mundial, en 2017 Colombia fue el segundo país más desigual de América Latina y el séptimo del mundo. Pese al crecimiento económico sostenido del producto interior bruto, que se situó hacia el 6,6% entre 2006 y 2014, el índice de desigualdad cayó durante la época de mayor bonanza petrolera. Un informe del Índice de Desa46 misioneros

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rrollo Regional para Latinoamérica dice que Colombia es la nación con mayores desigualdades entre sus territorios. El año pasado, la pobreza alcanzó al 38% de la población colombiana. Y de cara al futuro inmediato, las cosas no pintan mejor. Alrededor de nueve millones de hogares podrían ser catalogados entre pobres y vulnerables en medio de la pandemia.

Ayudas bien recibidas

Ni que decir tiene lo bien que han sido recibidas las ayudas enviadas desde España por las OMP para la pujante Iglesia colombiana. El monto de esas ayudas remi-

Monseñor José de Jesús Quintero Díaz

tidas el pasado año 2020 alcanzó los 86.514,04 . De ese total, 21.272,69 fueron destinados por la Obra de San Pedro Apóstol –en favor de las vocaciones locales– al sostenimiento del seminario mayor San Luis Beltrán, en Bogotá, donde seis formadores se ocupan de los estudios de más de medio centenar de futuros sacerdotes. Otra cantidad parecida (21.951,39 ) ha sido enviada al vicariato apostólico de Inírida. El objetivo: el arreglo y mejora del techo parroquial de la iglesia de Nuestra

Señora del Carmen, que es la catedral de dicho vicariato. Este ha recibido también otros 32.488,06 en subsidios ordinarios y para catequesis. Y la última partida de este puñado de ayudas enviadas a Colombia, 10.801,90 , ha tenido por destino costear el subsidio ordinario de otro vicariato apostólico, el de Leticia. Aunque llegar hasta allí podría ser complicado, si no es en avión o surcando las aguas del Amazonas desde la brasileña Manaos, sí han llegado las ayudas enviadas


por los católicos españoles. De ello da buena cuenta el propio vicario apostólico de aquel lugar, monseñor José de Jesús Quintero Díaz. “A través de la Nunciatura Apostólica de Colombia –dice su testimonio–, he recibido el subsidio proveniente de España y destinado a la acción misionera en el vicariato apostólico de Leticia, en el centro de la Amazonia colombiana”. Y monseñor Quintero añade: “Que el director de las OMP y todo el pueblo español que colabora para que llegue el mensaje de salvación a lugares tan apartados sientan los sinceros agradecimientos de esta Iglesia que recibe su colaboración”. “Este Vicariato –indica– está en el sur de Colombia y hace frontera con Brasil y Perú. Son muchas las etnias indígenas que conservan costumbres e idiomas propios. Este año el sacerdote –Sergio Esteban Arango– ha hecho algunas visitas a unas comunidades ubicadas en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen. Por cuanto conozco casi toda la región, estas son las comunidades más necesitadas. Por eso, son

las que mejor queremos atender en todo sentido: vida, salud y evangelización, que conlleva el bienestar espiritual y físico. Un saludo cariñoso para todo el pueblo español de parte del vi-

cario apostólico que ya cumplió los 20 años de trabajo misionero en esta región, rica en agua, selva, flora y fauna. Que Dios los bendiga con amor y abundancia”. TOMÁS TAMARREDO

Si estás interesado en realizar un donativo, puedes hacerlo en el número de cuenta ES25 0075 0204 9506 0006 0866. También, accediendo a la página web www.omp.es y pinchando en la opción "Haz un donativo".

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Revista Misioneros - Nº 214 - Abril 2021

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