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Nツコ 386 OCTUBRE 2012 SERVICIO PASTORAL MISIONERA Aテ前 XC


Servicio de Pastoral Misionera

S UMARIO 3 PRESENTACIÓN DE LA CAMPAÑA Misioneros de la fe Anastasio Gil, Director Nacional de OMP 6 MENSAJE DE BENEDICTO XVI PARA LA JORNADA DEL DOMUND 10 S E R V I C I O T E O L Ó G I C O - P A S T O R A L La bella y liberadora aventura de la misión ad gentes Eduardo Martín Clemens Delegado Diocesano de Misiones y Director Diocesano de OMP de Sevilla 14 L I T U R G I A Guión litúrgico para la Eucaristía Juan Martínez Sáez , fmvd

LEMA: “Misioneros de la fe”

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“Misioneros... Son las personas (obispos, sacerdotes, religiosos o religiosas, laicos) que dedican su vida, o un período largo de ella, a la primera evangelización. “Aunque la tarea de propagar la fe incumbe a todo discípulo de Cristo según su condición, Cristo Señor llama siempre de entre sus discípulos a los que quiere para que estén con él y para enviarlos a predicar a las gentes” (AG 23).

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17 C O O P E R A C I Ó N E C O N Ó M I C A Aportación económica de las diócesis españolas a la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe

... de la fe” La fe, don de Dios, es propuesta por los misioneros a aquellos que aún no conocen a Jesucristo. Este acto de comunicar la fe no es solo para que se tenga noticia de una persona o un mensaje, sino especialmente para llamar al asentimiento. La vocación misionera brota de la certeza de que la “la fe se fortalece dándola” (RM 2).

20 S E R V I C I O I N F O R M A T I V O Los misioneros Anastasio Gil, Director Nacional de OMP

CARTEL

22 S E R V I C I O I N F O R M A T I V O El Año de la Fe Anastasio Gil, Director Nacional de OMP 24 S E R V I C I O I N F O R M A T I V O 50 aniversario del Concilio Vaticano II Juan Martínez Sáez , fmvd 26 S E R V I C I O I N F O R M A T I V O La misión ad gentes y la Nueva Evangelización Juan Martínez Sáez , fmvd 28 V I G I L I A D E O R A C I Ó N 32 T E S T I M O N I O S

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El lema “Misioneros de la fe” se sitúa en el centro de la Cruz. En ella Jesucristo entregó su vida. De ella nace el don de la fe que como gracia reciben los bautizados. Mirar la cruz suscita la súplica de los apóstoles: “Auméntanos la fe” (Lc 17,5). Al pie de la Cruz están unas manos abiertas mostrando el mundo. Es la humanidad, diseminada por los cinco continentes, que está llamada a acercarse a la Cruz. Se pretende hacer más visible gráficamente la intrínseca unidad de la humanidad con el Redentor. Son las manos de los misioneros, que presentan, con sus vidas, a la humanidad, para que sea bendecida con el don de la fe que brota de la Cruz salvadora.

OBJETIVOS Iniciar a los fieles en la apertura al mundo, donde cada persona está llamada a conocer y acoger el Evangelio. Presentar a los fieles el Año de la Fe desde la perspectiva y dimensión misionera.

Reconocer que la razón de ser del misionero es la propuesta de la fe para que quienes aún no conocen a Jesucristo se dispongan a seguirle. DIRECTOR Anastasio Gil García COORDINACIÓN Anastasio Gil DISEÑO Antonio Aunés - EDICIÓN Rafael Santos IMPRIME Rivadeneyra, S.A. Depósito Legal: M. 3790-1958 Dirección y Administración: C/ Fray Juan Gil, 5 . 28002 Madrid Tfno: 91 590 27 80 E-mail: dir.nal@omp.es . http://www.omp.es http://www.domund.org

Invitar a las comunidades cristianas a participar en las actividades organizadas con motivo de la celebración del DOMUND. Colaborar con una generosa aportación económica para atender las necesidades materiales de los misioneros y de las misiones. Participar en la Campaña Mundial de Oración por la Evangelización propuesta por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, a través del rezo del Rosario Misionero.


Presentación de la Campaña

Por Anastasio Gil Director de OMP en España a iniciativa de Benedicto XVI de convocar el Año de la Fe y su Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND 2012) ha inspirado al Consejo Nacional de OMP el lema “Misioneros de la fe”, que tiene sabor evangélico y evoca el trabajo evangelizador de los misioneros y misioneras. Las situaciones dramáticas de pobreza, enfermedad, confrontaciones bélicas, etc., con las que los misioneros se tienen que enfrentar en cada momento hacen que estas atenciones humanitarias y evangélicas puedan empañar la verdadera y genuina razón de su presencia en los territorios de misión: comunicar la fe, en la certeza de que esta “se fortalece dándola” (RM 2). Por eso, el mejor título que puede otorgarse a un misionero es el de ser “misionero de la fe”. Muchos sacerdotes, religiosos y religiosas, matrimonios e incluso familias enteras y laicos dejan sus países para trasladarse a otras Iglesias con vistas a testimoniar y anunciar la fe. A la vez, y sin separación posible, “el anuncio del Evangelio se convierte en una intervención de ayuda al prójimo, de justicia para los más pobres, de posibilidad de instrucción en los pueblos más recónditos, de asistencia médica en lugares remotos, de superación de la miseria, de rehabilitación de los marginados, de apoyo al desarrollo de los pueblos, de superación de las divisiones étnicas, de respeto por la vida en cada una de sus etapas” (Benedicto XVI, Mensaje para el DOMUND, 11).

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El don de la fe El Evangelio hace continuas referencias a la fe como don que hay que pedir. A nadie se le puede imponer. Jesús mismo llama a esta fe respetando la decisión de cada uno. Se llega a la fe cuando la persona se adentra en el conocimiento y en la aceptación de la Persona de Jesús y de su mensaje. Entonces el creyente “se abre” a los nuevos planes de Dios mediante la primera conversión y la incorporación a la familia de los fieles por medio del Bautismo. Este proceso e itinerario es largo y laborioso. Tanto, que el Evangelio relata en algún momento las dificultades inherentes al acto de fe y la necesidad de

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Presentación de la Campaña fortalecer la fe propia, a pesar de las posibles resistencias. Un padre suplica al Señor la curación de su hijo, ante la ineficacia de otras “terapias”, con estas palabras: “Si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos. Jesús replicó: «¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe». Entonces el padre del muchacho se puso a gritar: «Creo, pero ayuda mi falta de fe»” (Mc 9,22-24). Los mismos discípulos, ante sus incertidumbres para aceptar lo que veían y oían, le suplican: “«Auméntanos la fe». El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería” (Lc 17,5-6). Esta es la tarea de los misioneros, que, con sus palabras y, sobre todo, con su testimonio de su vida, comunican la fe a aquellos que libremente han mostrado el deseo de conocer y seguir al Maestro. Comunicar la fe no es solo dar a conocer una persona o un mensaje, sino también y, a la vez, llamar al asentimiento. Esta llamada del misionero, que respeta la libertad de cada persona y las etapas de la conversión, tiene siempre en cuenta que “la fe nace del mensaje que se escucha” (Rom 10,17), porque “es la Palabra oída la que invita a creer” (EN 42).

Tres proppuestas concretas Así inicia Benedicto XVI su Mensaje para este DOMUND: “La celebración de la Jornada Mundial de las Misiones de este año adquiere un significado especial. La celebración del 50 aniversario del comienzo del Concilio Vaticano II, la apertura del Año de la Fe y el Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización contribuyen a reafirmar la voluntad de la Iglesia de comprometerse con más valor y celo en la misión ad gentes, para que el Evangelio llegue hasta los confines de la tierra” (n. 1). No son simples referencias históricas, sino el marco donde puede articularse una pastoral misionera, al menos durante el Octubre Misionero. 1. Año de la Fe: Campaña Mundial de Oración por la Evangelización “El Año de la Fe nos interpela directamente y exige de nosotros, de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y de las Obras Pontificias el máximo compromiso y una participación activa. Es una gracia y una oportunidad que se nos ofrece para confirmar nuestro servicio, y atreverse decididamente a la proclamación del Evangelio, y ampliar en cantidad y calidad la cooperación misionera”. Así se expresaba el prefecto de la Congregación, el cardenal Filoni. Después de profundizar en las implicaciones misioneras de este “año de gracia”, pedía a los directores nacionales de las OMP su máxi-

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Presentación de la Campaña ma colaboración para llevar a cabo en la Iglesia universal una Campaña Mundial de Oración por la Evangelización. La oración es una de las dimensiones de la cooperación misionera y, por tanto, “un elemento que hay que tomarse en serio, si queremos que nuestro servicio a la evangelización sea eficaz”. La iniciativa fue ratificada por el Papa en la audiencia que concedió al Consejo Superior de las OMP. 2. Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización El Sínodo será una nueva oportunidad para clarificar y enriquecer la complementariedad entre la misión ad gentes y la Nueva Evangelización, a tenor de las palabras de Redemptoris missio: “La misión ad intra es signo creíble y estímulo para la misión ad extra, y viceversa” (RM 34). Prueba de ello son las palabras que Benedicto XVI dijo a los directores nacionales de las OMP el 11 de mayo: “La missio ad gentes constituye el paradigma de toda la acción apostólica de la Iglesia”. Ello será posible desde la convicción de que, entre las prioridades pastorales de las comunidades cristianas, la cooperación a la misión universal no puede quedar al margen de la acción eclesial, y desde la certeza de que es absolutamente necesario mantener viva la solicitud por el anuncio y por la fundación de nuevas Iglesias en los pueblos y grupos humanos donde no existen, tarea primordial de la Iglesia, a la que esta no debe renunciar. 3. 50 aniversario de la apertura del Concilio Al inicio de la segunda sesión del Concilio Vaticano II, Pablo VI se preguntaba: “Tú, Iglesia, ¿qué dices de ti misma?”. Evocando este interrogante, nos preguntamos: ¿cuál es hoy la tarea del misionero?; ¿dónde es más urgente desplegar la actividad misionera? La respuesta se puede encontrar en el decreto Ad gentes, en el que “la Iglesia, reconociéndose como esencialmente misionera, individualiza los contenidos esenciales del kerigma, la naturaleza de la actividad evangelizadora, la metodología, los destinatarios, las relaciones con las culturas y las demás religiones, y los sujetos de la misión” (Card. Filoni). La doctrina conciliar sigue siendo actual y novedosa. Para su aplicación, pueden ser buen instrumento las carpetas Formación de animadores misioneros, que Obras Misionales Pontificias pone a disposición de los grupos misioneros que van surgiendo en las comunidades cristianas. Este nuevo número de la revista Illuminare, que tiene como objetivo ayudar a los agentes de pastoral a programar y vivir el mes de octubre con espíritu misionero, ofrece muchas sugerencias e iniciativas para celebrar la Jornada Mundial de las Misiones.

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Mensaje del Papa

“Llamados a hacer resplandecer la Palabra de verdad” (Carta apostólica Porta fidei, n. 6)

Queridos hermanos y hermanas: a celebración de la Jornada Mundial de las Misiones de este año adquiere un significado especial. La celebración del 50 aniversario del comienzo del Concilio Vaticano II, la apertura del Año de la Fe y el Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización contribuyen a reafirmar la voluntad de la Iglesia de comprometerse con más valor y celo en la misión ad gentes, para que el Evangelio llegue hasta los confines de la tierra.

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l Concilio Ecuménico Vaticano II, con la participación de tantos obispos de todos los rincones de la tierra, fue un signo brillante de la universalidad de la Iglesia, reuniendo por primera vez a tantos Padres Conciliares procedentes de Asia, África, Latinoamérica y Oceanía. Obispos misioneros y obispos autóctonos, pastores de comunidades dispersas entre poblaciones no cristianas, que llevaron a las sesiones del Concilio la imagen de una Iglesia presente en todos los continentes, y que eran intérpretes de las complejas realidades del entonces llamado “Tercer Mundo”. Ricos de una experiencia que tenían por ser pastores de Iglesias jóvenes y en vías de formación, animados por la pasión de la difusión del Reino de Dios, ellos contribuyeron significativamente a reafirmar la necesidad y la urgencia de la evangelización ad gentes, y de esta manera llevar al centro de la eclesiología la naturaleza misionera de la Iglesia.

Eclesiología misionera oy esta visión no ha disminuido, sino que, por el contrario, ha experimentado una fructífera reflexión teológica y pastoral, a la vez que vuelve con renovada urgencia, ya que ha aumentado enormemente el número de aquellos que aún no conocen a Cristo: “Los hombres que esperan a Cristo son todavía un número inmenso”, comentó el beato Juan Pablo II en su encíclica Redemptoris missio sobre la validez del mandato misionero, y agregaba: “No podemos permanecer tranquilos, pensando en los millones de hermanos y hermanas, redimidos también por la Sangre de Cristo, que viven sin conocer el amor de Dios” (n. 86). En la proclamación del Año de la Fe, también yo he dicho que Cristo, “hoy como ayer, nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra” (carta apostólica Porta fidei, 7); una proclamación que, como afirmó también el siervo de Dios Pablo VI en su exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, “no constituye para la Iglesia algo de orden facultativo: está de por medio el deber que le incumbe, por mandato del

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Mensaje del Papa Señor, con vistas a que los hombres crean y se salven. Sí, este mensaje es necesario. Es único. De ningún modo podría ser reemplazado” (n. 5). Necesitamos, por tanto, retomar el mismo fervor apostólico de las primeras comunidades cristianas, que, pequeñas e indefensas, fueron capaces de difundir el Evangelio en todo el mundo entonces conocido mediante su anuncio y testimonio. sí, no sorprende que el Concilio Vaticano II y el Magisterio posterior de la Iglesia insistan de modo especial en el mandamiento misionero que Cristo ha confiado a sus discípulos y que debe ser un compromiso de todo el Pueblo de Dios, obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y laicos. El encargo de anunciar el Evangelio en todas las partes de la tierra pertenece principalmente a los obispos, primeros responsables de la evangelización del mundo, ya sea como miembros del colegio episcopal, o como pastores de las iglesias particulares. Ellos, efectivamente, “han sido consagrados no solo para una diócesis, sino para la salvación de todo el mundo” (Juan Pablo II, carta encíclica Redemptoris missio, 63), “mensajeros de la fe, que llevan nuevos discípulos a Cristo” (Ad gentes, 20) y hacen “visible el espíritu y el celo misionero del Pueblo de Dios, para que toda la diócesis se haga misionera” (ibíd., 38).

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La prioridad de evangelizar ara un Pastor, pues, el mandato de predicar el Evangelio no se agota en la atención por la parte del Pueblo de Dios que se le ha confiado a su cuidado pastoral, o en el envío de algún sacerdote, laico o laica Fidei donum. Debe implicar todas las actividades de la Iglesia local, todos sus sectores y, en resumidas cuentas, todo su ser y su trabajo. El Concilio Vaticano II lo ha indicado con claridad y el Magisterio posterior lo ha reiterado con vigor. Esto implica adecuar constantemente estilos de vida, planes pastorales y

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organizaciones diocesanas a esta dimensión fundamental de ser Iglesia, especialmente en nuestro mundo, que cambia de continuo. Y esto vale también tanto para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, como para los movimientos eclesiales: todos los componentes del gran mosaico de la Iglesia deben sentirse fuertemente interpelados por el mandamiento del Señor de predicar el Evangelio, de modo que Cristo sea anunciado por todas partes. Nosotros los pastores, los religiosos, las religiosas y todos los fieles en Cristo debemos seguir las huellas del apóstol Pablo, quien, “prisionero de Cristo para los gentiles” (Ef 3,1), ha trabajado, sufrido y luchado para llevar el Evangelio entre los paganos (Col 1,24-29), sin ahorrar energías, tiempo y medios para dar a conocer el mensaje de Cristo. ambién hoy, la misión ad gentes debe ser el horizonte constante y el paradigma en todas las actividades eclesiales, porque la misma identidad de la Iglesia está constituida por la fe en el misterio de Dios, que se ha revelado en Cris-

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Mensaje del Papa to para traernos la salvación, y por la misión de testimoniarlo y anunciarlo al mundo, hasta que Él vuelva. Como Pablo, debemos dirigirnos hacia los que están lejos, aquellos que no conocen todavía a Cristo y no han experimentado aún la paternidad de Dios, con la conciencia de que “la cooperación misionera se debe ampliar hoy con nuevas formas para incluir no solo la ayuda económica, sino también la participación directa en la evangelización” (Juan Pablo II, carta encíclica Redemptoris missio, 82). La celebración del Año de la Fe y el Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización serán ocasiones propicias para un nuevo impulso de la cooperación misionera, sobre todo en esta segunda dimensión.

La fe y el anuncio l afán de predicar a Cristo nos lleva a leer la historia para escudriñar los problemas, las aspiraciones y las esperanzas de la humanidad, que Cristo debe curar, purificar y llenar de su presencia. En efecto, su mensaje es siempre actual, se introduce en el corazón de la historia y es capaz de dar una respuesta a las inquietudes más profundas de cada ser humano. Por eso la Iglesia debe ser consciente, en todas sus partes, de que “el inmenso horizonte de la misión de la Iglesia, la complejidad de la situación actual, requieren hoy nuevas formas para poder comunicar eficazmente la Palabra de Dios” (Benedicto XVI, exhort. apostólica postsinodal Verbum Domini, 97). Esto exige, ante todo, una renovada adhesión de fe personal y comunitaria en el Evangelio de Jesucristo, “en un momento de cambio profundo como el que la humanidad está viviendo” (carta apostólica Porta fidei, 8).

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n efecto, uno de los obstáculos para el impulso de la evangelización es la crisis de fe, no solo en el mundo occidental, sino en la mayor parte de la humanidad, que, no obstante, tiene ham-

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bre y sed de Dios y debe ser invitada y conducida al pan de vida y al agua viva, como la samaritana que llega al pozo de Jacob y conversa con Cristo. Como relata el evangelista Juan, la historia de esta mujer es particularmente significativa (cf. Jn 4,1-30): encuentra a Jesús, que le pide de beber; luego le habla de un agua nueva, capaz de saciar la sed para siempre. La mujer al principio no entiende, se queda en el nivel material, pero el Señor la guía lentamente a emprender un camino de fe que la lleva a reconocerlo como el Mesías. A este respecto, dice san Agustín: “Después de haber acogido en el corazón a Cristo Señor, ¿qué otra cosa hubiera podido hacer [esta mujer] sino dejar el cántaro y correr a anunciar la buena noticia?” (In Ioannis Ev., 15,30). El encuentro con Cristo como Persona viva, que colma la sed del corazón, no puede dejar de llevar al deseo de compartir con otros el gozo de esta presencia y de hacerla conocer, para que todos la puedan experimentar. Es necesario renovar el entusiasmo de comunicar la fe para promover una nueva evangelización de las


Mensaje del Papa comunidades y de los países de antigua tradición cristiana, que están perdiendo la referencia de Dios, de forma que se pueda redescubrir la alegría de creer. La preocupación de evangelizar nunca debe quedar al margen de la actividad eclesial y de la vida personal del cristiano, sino que ha de caracterizarla de manera destacada, consciente de ser destinatario y, al mismo tiempo, misionero del Evangelio. El punto central del anuncio sigue siendo el mismo: el kerigma de Cristo muerto y resucitado para la salvación del mundo, el kerigma del amor de Dios, absoluto y total para cada hombre y para cada mujer, que culmina en el envío del Hijo eterno y unigénito, el Señor Jesús, quien no rehusó compartir la pobreza de nuestra naturaleza humana, amándola y rescatándola del pecado y de la muerte mediante el ofrecimiento de sí mismo en la cruz. n este designio de amor realizado en Cristo, la fe en Dios es ante todo un don y un misterio que hemos de acoger en el corazón y en la vida, y del cual debemos estar siempre agradecidos al Señor. Pero la fe es un don que se nos da para ser compartido; es un talento recibido para que dé fruto; es una luz que no debe quedar escondida, sino iluminar toda la casa. Es el don más importante que se nos ha dado en nuestra existencia y que no podemos guardarnos para nosotros mismos.

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El anuncio se transforma en caridad y de mí si no evangelizase!, di10 ¡Ace el apóstol Pablo (1 Cor 9,

16). Estas palabras resuenan con fuerza para cada cristiano y para cada comunidad cristiana en todos los continentes. También en las Iglesias en los territorios de misión, Iglesias en su mayoría jóvenes, frecuentemente de reciente creación, el carácter misionero se ha hecho una dimensión connatural, incluso cuando ellas mismas aún necesitan misioneros. Muchos sacerdo-

tes, religiosos y religiosas de todas partes del mundo, numerosos laicos y hasta familias enteras dejan sus países, sus comunidades locales, y se van a otras Iglesias para testimoniar y anunciar el Nombre de Cristo, en el cual la humanidad encuentra la salvación. Se trata de una expresión de profunda comunión, de un compartir y de una caridad entre las Iglesias, para que cada hombre pueda escuchar o volver a escuchar el anuncio que cura y, así, acercarse a los sacramentos, fuente de la verdadera vida. unto a este gran signo de fe que se transforma en caridad, recuerdo y doy las gracias a las Obras Misionales Pontificias, instrumento de cooperación en la misión universal de la Iglesia en el mundo. Por medio de sus actividades, el anuncio del Evangelio se convierte en una intervención de ayuda al prójimo, de justicia para los más pobres, de posibilidad de instrucción en los pueblos más recónditos, de asistencia médica en lugares remotos, de superación de la miseria, de rehabilitación de los marginados, de apoyo al desarrollo de los pueblos, de superación de las divisiones étnicas, de respeto por la vida en cada una de sus etapas.

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ueridos hermanos y hermanas, invoco la efusión del Espíritu Santo sobre la obra de la evangelización ad gentes, y en particular sobre quienes trabajan en ella, para que la gracia de Dios la haga caminar más decididamente en la historia del mundo. Con el beato John Henry Newman, quisiera implorar: “Acompaña, oh Señor, a tus misioneros en las tierras por evangelizar; pon las palabras justas en sus labios, haz fructífero su trabajo”. Que la Virgen María, Madre de la Iglesia y Estrella de la Evangelización, acompañe a todos los misioneros del Evangelio.

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Benedicto XVI Vaticano, 6 de enero de 2012, Solemnidad de la Epifanía del Señor

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a misión ad gentes es una maravillosa aventura, que es bella porque se hace desde la belleza del Amor con mayúsculas de Dios, y con y para el amor fraternal de los hombres. Y es liberadora porque está puesta enteramente al servicio del bienestar integral de todos los hombres y mujeres de la Tierra. El carácter de la Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND) de este año queda sintetizado en el lema “Misioneros de la fe”; un lema directo y provocativo, porque los sacerdotes, religiosos y laicos que llevan a todo el mundo el Evangelio son realmente misioneros de la fe en Dios, en nuestro Señor Jesucristo, pero también misioneros de la fe en los hombres y mujeres de buena voluntad, de la fe en un mundo mejor y más justo para todos. En definitiva, misioneros de la fe que ama, libera y lleva a la plenitud por obra de Jesucristo.

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“Llamados a hacer resplandecer la Palabra de verdad” Llamados... En nuestra vida creyente, la llamada es igual de importante que en nuestra vida personal o social. A esa llamada la denominamos “vocación”. La Iglesia nace de la llamada de su Señor. La tarea misionera de la Iglesia no es un capricho autoimpuesto en la Iglesia. Surge de una vocación, de una llamada de su Señor, Jesucristo. Sus palabras recogidas al final del Evangelio de Mateo resuenan como un mandato imperativo suyo: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos” (Mt 28,19-21). La missio ad gentes es la tarea a la que llama firme pero amorosamente el Señor a su Iglesia. Porque Jesucristo ama a su Iglesia y ama a las gentes del mundo entero, llama a estas a integrarse en su comunidad de amor, a formar parte de la Iglesia, a compartir los valores del reino de Dios, del Dios Trinitario, que, por eso mismo, es comunidad en sí mismo, familia desbordante de amor. Jesús quiere que su comunidad, su Iglesia, sea tan desbordante de amor, de comunidad, de familia, como lo es la propia naturaleza divina. Si Dios, el Dios que llama a la Iglesia, es Amor Comunitario, también lo debe ser su Iglesia. Si el amor de Dios es de una entrega total hasta la muerte, el de la Iglesia debe seguir su ejemplo de entrega total. Todos los seres humanos de la Tierra son igualmente, sépanlo o no, hijos de Dios y hermanos, y la Iglesia debe ser para todos ellos una Madre amorosa y entregada. La misión ad gentes no es más, ni menos, que la expresión de esta entrega amorosa de la Iglesia a todos los seres humanos por orden de Jesucristo, quien primeramente se entregó a todos.

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... a hacer resplandecer... “Resplandecer”... Según el Diccionario de la Real Academia Española, el verbo “resplandecer” tiene tres acepciones. La primera es: “Dicho de una cosa: despedir rayos de luz”. La segunda: “Sobresalir, aventajarse a algo”. La tercera: “Dicho del rostro de una persona: reflejar gran alegría o satisfacción”. De una manera o de otra, todas estas acepciones del verbo “resplandecer” pueden aplicarse a la misión ad gentes. En palabras de Benedicto XVI en su Mensaje para esta Jornada misionera: “El afán de predicar a Cristo nos lleva a leer la historia para escudriñar los problemas, las aspiraciones y las esperanzas de la humanidad, que Cristo debe curar, purificar y llenar de su presencia” (n. 7). La segunda acepción, “sobresalir”, evoca a los misioneros, los “misioneros de la fe”, que transmiten el Evangelio porque están convencidos de que su mensaje, el mensaje de Jesucristo, es precisamente Buena Nueva que sobresale, destaca y aventaja a otros mensajes. Finalmente, “reflejar gran alegría o satisfacción”. ¿No es esto precisamente lo que hacen los misioneros? ¡Encontrar la alegría en los rostros de las personas que, por vez primera, escuchan el Evangelio, y en el de aquellas que, habiéndolo recibido y después olvidado, renuevan su ilusión ante la Nueva Evangelización!

... la Palabra de verdad La Palabra es Jesucristo. Dirá el evangelista Juan: “En el principio existía el Verbo y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios” (Jn 1,1). Se trata, por tanto, de una Palabra divina, que no es pura letra, sino la persona misma de Jesús de Nazaret. Y es esa misma Palabra la que previamente ha llamado al misionero a ser su portavoz, a llevarla al lugar más recóndito del mundo para que suene a Palabra salvadora y liberadora para todos los hombres y mujeres de la Tierra. “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros...” (Jn 1,14). La Palabra, Dios hecho hombre, Jesucristo, puso su morada entre los hombres. Esto significa que el mismo Dios fue el primero en inculturarse. Se hizo hombre en Jesús, inculturándose en el mundo judío del siglo I de nuestra era. Él es la Palabra. Él fue y es, podríamos decir, el “Primer Misionero”. “Así pues, todo lo bueno que se halla sembrado en el corazón y en la mente de los hombres,

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Servicio Teológico-P Pastoral en los propios ritos y en las culturas de los pueblos, no solamente no perece, sino que es purificado, elevado y consumado para gloria de Dios, confusión del demonio y felicidad del hombre” (AG 9). La palabra que transmite y lleva el misionero es anuncio. Y ¿cuál es el punto central de ese anuncio? En palabras del propio Papa Benedicto XVI: “El punto central del anuncio sigue siendo el mismo: el kerigma de Cristo muerto y resucitado para la salvación del mundo, el kerigma del amor de Dios, absoluto y total para cada hombre y para cada mujer, que culmina en el envío del Hijo eterno y unigénito, el Señor Jesús, quien no rehusó compartir la pobreza de nuestra naturaleza humana, amándola y rescatándola del pecado y de la muerte mediante el ofrecimiento de sí mismo en la cruz” (Mensaje, 8).

La Nueva Evangelización y la misión ad gentes, tarea de todos los cristianos Los Lineamenta para el próximo Sínodo dicen: “Nueva Evangelización quiere decir: una respuesta adecuada a los signos de los tiempos, a las necesidades de los hombres y de los pueblos de hoy, a los nuevos escenarios que diseñan la cultura a través de la cual contamos nuestras identidades y buscamos el sentido de nuestras existencias. Nueva Evangelización significa, por lo tanto, promover una cultura más profundamente enraizada en el Evangelio; quiere decir descubrir al hombre nuevo que existe en nosotros gracias al Espíritu que nos han dado Jesucristo y el Padre” (n. 23). En muchas de las tradicionalmente llamadas “tierras de misión” se hace necesario hablar también de Nueva Evangelización, dado que estamos ante comunidades cristianas que ya fueron evangelizadas hace mucho tiempo. Pensemos, por ejemplo, en nuestra querida Latinoamérica, donde se concentra el mayor número de católicos. La búsqueda de la profundización de la fe de aquellas personas que ya creen y el intento de atraer nuevamente a quienes han perdido su fe o cuya fe se ha estancado es una tarea compleja y difícil. El cardenal Avery R. Dulles, refiriéndose al concepto de Nueva Evangelización en el pensamiento de Juan Pablo II, ofreció hace unos años una síntesis, en diez puntos, de aquello en lo que debería consistir la Nueva Evangelización:

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Está centrada en Cristo; el tema central es la persona y mensaje de Jesucristo.

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Es ecuménica, de modo que busque lo que una a los cristianos entre sí.

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Tiene que ver con nuestra relación con otras religiones, respetándolas y dialogando con ellas, pero sin renunciar a la proclamación.

4.

Respeta la libertad religiosa, evitando todo tipo de coerción.

5.

Es un proceso continuo, lo que implica una profundización en la fe por medio de la oración y los sacramentos.

6.

Incluye la enseñanza social de la Iglesia, implicando el compromiso por la justicia y la búsqueda del bien común.

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Incluye las culturas, transformando el entorno en el que viven las personas y las sociedades.


Servicio Teológico-P Pastoral 8.

Utiliza los medios de comunicación social contemporáneos.

9.

Es tarea de todos los cristianos, y no algo reservado al clero y órdenes religiosas.

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Es la obra del Espíritu Santo, el agente principal de la evangelización.

La misión ad gentes no puede ser ajena, por tanto, a los retos de la Nueva Evangelización. Millones de hombres y mujeres de todos los pueblos y culturas viven en un mundo, el del siglo XXI, cada vez más globalizado. Globalizado para lo bueno y para lo malo. En algunos aspectos, el secularismo europeo está llegando a muchas zonas tradicionalmente religiosas y católicas, por lo que los cristianos en general, y los misioneros en particular, deben enfrentar nuevos retos y problemas. Pero podría decirse que la “globalización de la sociedad”, tan en boga en nuestros días, ya estaba presente en la obra de una gran mujer como Paulina Jaricot (1799-1862), fundadora de lo que hoy conocemos como Obra Pontificia de la Propagación de la Fe. Una mujer nacida en una familia de ricos negociantes de seda, que decide dejar su vida cómoda y dedicarse a los más necesitados de su tiempo, desapegándose de todos sus bienes materiales, apoyando inicialmente a las misiones de Asia oriental y luego a las de todo el mundo. Colectividad frente a individualismo, opción por los pobres y oración componen toda una serie de acciones que puso en marcha Paulina para sacar adelante su gran proyecto misionero. Ella fue ejemplo vivo de que la evangelización y la misión ad gentes no son tarea exclusiva de los misioneros. Vivimos tiempos nuevos, en ocasiones difíciles, pero también es cierto que, globalmente, hay entre los seres humanos de buena voluntad una cada vez mayor conciencia de la dignidad humana y de los derechos humanos; conciencia que puede ayudar a la labor misionera, porque los valores del Evangelio no solo no se oponen a dicha conciencia, sino que la reafirman y la llevan a su plenitud de sentido. Concluyo con estas palabras del gran misionero de los gentiles, Pablo: “El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio” (1 Cor 9,16-18). Palabras que no deben sonar a reproche ni a queja, sino a exigencia amorosa y a la alegría de cumplir el deber encomendado por Jesucristo de servir a la humanidad entera anunciando el Evangelio del amor y de la libertad plena. El misionero es feliz de entregar su vida a un proyecto de humanización liberadora cuyo máximo garante es el Dios Amor de Jesucristo. La recompensa del misionero, de todos los “misioneros de la fe”, es la sonrisa agradecida de los hombres y mujeres a quienes sirven desde el Evangelio, y que se sienten salvados y amados por Dios en Jesucristo. Eduardo Martín Clemens Delegado Diocesano de Misiones y Director Diocesano de OMP de Sevilla

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Liturgia 21 de Octubre - XXIX Domingo del Tiempo Ordinario

MONICIÓN DE ENTRADA La misa de cada domingo nos convoca a la comunidad cristiana para celebrar la entrega de Jesús por cada uno de los hijos de Dios, ya que –como escuchamos en el Evangelio de la liturgia de hoy– “el hijo del hombre ha venido para dar su vida en rescate por todos”. Por eso mismo, cada celebración es una llamada que Jesús nos hace para que su salvación llegue a todos los hombres. Ser cristiano es ser testigo y ser misionero, para que la fe en Jesucristo se difunda y llegue a todos los hombres y pueblos. En este domingo en que celebramos la Jornada Mundial de las Misiones, la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe nos invita a fijarnos en los misioneros que, en el mundo entero, son testigos privilegiados y mensajeros de la fuerza del Evangelio; ellos son “Misioneros de la fe”, como reza el lema de este día del DOMUND. En este Año de la Fe convocado por el papa Benedicto XVI y que acaba de comenzar, estamos invitados a ser nosotros mismos “misioneros de la fe”. Así se lo pedimos al Señor, para nosotros y para toda la Iglesia.

ACTO PENITENCIAL Dios ha enviado a su Hijo Jesucristo a dar su vida en rescate de todos sus hijos de adopción; por eso invocamos su misericordia con confianza:

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Tú, que no has venido a ser servido sino a servir. Señor, ten piedad. Tú, que das la vida por todos. Cristo, ten piedad. Tú, que nos envías a ser “misioneros de la fe”. Señor, ten piedad.

MONICIÓN A LAS LECTURAS La lectura del profeta Isaías de hoy nos presenta la figura misteriosa del “Siervo de Dios” que ha sido llamado para dar su vida por los demás. Solamente en Jesucristo podemos comprender la profundidad de este misterio: Él es el que da su vida voluntariamente para que, con su propio sacrificio, todos los hijos de Dios alcancen la salvación y la vida. De esta manera, se convierte en el único Sumo Sacerdote que nos da entrada en la casa de Dios. Él ha realizado su misión en pobreza y servicio; por eso, invita a sus discípulos a servir también y a no aspirar a inútiles grandezas humanas. La escucha de su palabra en este día del DOMUND nos debe hacer abandonar nuestras aspiraciones de superioridad y dominio según los valores de este mundo, para ser servidores y misioneros de la fe en Cristo.

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Liturgia SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA

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La lectura del profeta Isaías describe una figura llena de enigmas: la del “siervo” que voluntariamente se ofrece a Dios para cumplir su plan de salvación y, por medio de su propio sufrimiento, manifestar a todos la gracia divina. El “siervo” se asocia a la culpa en que todos han caído, pero, por su inocencia y su justicia ante Dios, la expía y la borra. El alcance de este misterio sólo puede ser plenamente comprendido a la luz del Nuevo Testamento. En el salmo pedimos: “Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de Ti”; es el grito que sale de la boca del hombre que gime bajo el peso de sus culpas y que sabe que únicamente Dios puede librarle de la situación de angustia en que vive por culpa de su pecado. Sin embargo, muchas veces nuestras mismas culpas nos impiden descubrir la profundidad de la misericordia de Dios, e incluso algunos dejan de esperar en su gracia y perdón. Cristo se entrega “por todos” (Evangelio) y la universalidad de su salvación es fuente de vida y esperanza en cualquier situación, por desesperada que parezca a los ojos de los hombres.

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Es más, Cristo es el gran sumo sacerdote “que ha atravesado el cielo” (2.ª lectura). Jesús va a la pasión “voluntariamente aceptada” (Plegaria Eucarística II) para que el hombre conciba en su corazón la esperanza de que Él siempre se compadece de nosotros, porque “ha sido probado en todo, como nosotros”; así nos introduce ante “el trono de gracia” para alcanzar siempre misericordia de parte de Dios.

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El pasaje del Evangelio muestra claramente cuánto nos cuesta entrar en este misterio de la gracia misericordiosa y salvadora de Dios. Los discípulos no comprenden la misión de Jesús y están demasiado preocupados por alcanzar grandeza y poder según los criterios del mundo. Jesús no se escandaliza ni se lo recrimina en modo alguno: les ofrece la cordial invitación a “beber su cáliz” y a participar de “su bautismo”. Es la misma invitación que nos dirige a nosotros, sus discípulos de hoy en día, a que comprendamos que la grandeza está en el servicio y que el poder es el del amor compasivo y misericordioso, porque ambos abaten las barreras que el mal uso del dinero o de cualquier clase de autoridad levanta entre los hombres, creando diferencias injustas.

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Solo la fe puede captar este misterio, y la fuerza que nos da “mantenernos firmes” en ella transforma nuestras vidas y nuestro mundo. Manteniéndose firme en la fe el cristiano participa del sacerdocio de Cristo, porque hace de su vida una entrega total, que es “sacerdotal”, al ofrecerse a sí mismo a Dios y dar testimonio de Cristo con su vida, lo que también implica dar razón de su esperanza (cf. LG 10). Como dice el Papa en su Mensaje para esta Jornada: “La fe es un don que se nos da para ser compartido [...]. Es el don más importante que se nos ha dado en nuestra existencia y que no podemos guardarnos para nosotros mismos” (n. 9).

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La cambiante situación del mundo nos exige creatividad para proponer el Evangelio, como el Papa expresa en su Mensaje: “La cooperación misionera se debe ampliar hoy con nuevas formas para incluir no solo la ayuda económica, sino también la participación directa en la evangelización [...]. La celebración del Año de la Fe y el Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización serán ocasiones propicias para un nuevo impulso de la cooperación misionera, sobre todo en esta segunda dimensión” (n. 6).

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Liturgia ORACIÓN DE LOS FIELES Cristo nos abre el acceso confiado a la presencia de Dios; por eso presentamos a nuestro Padre nuestra oración confiada:

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Por el Papa y la Iglesia universal, para que manifiesten con su misión el valor de la vida de Cristo, entregada “por todos”, y fomenten la misión ad gentes. Roguemos al Señor. Por los obispos, sacerdotes y todos los agentes de pastoral, para que cuiden de la fe del pueblo de Dios y siembren en él la preocupación por la evangelización. Roguemos al Señor. Por la Asamblea del Sínodo de los Obispos, para que la Nueva Evangelización dé frutos de renovación eclesial y fomente el impulso misionero. Roguemos al Señor. Por los misioneros y misioneras en todo el mundo, que con su vida y palabra manifiestan la caridad de Cristo por todos los hombres y pueblos, para que se mantengan firmes en la fe. Roguemos al Señor. Por los que sufren en su cuerpo o en su espíritu, para que la fe en Cristo les lleve a ofrecer sus sufrimientos por la salvación del mundo. Roguemos al Señor. Por todos nosotros, para que la escucha de la palabra de Dios y la celebración de la eucaristía nos hagan verdaderos “misioneros de la fe”. Roguemos al Señor.

Acoge, Padre de bondad, las peticiones que te presentamos por medio de tu Hijo Jesucristo, que vive para siempre e intercede por nosotros. Por el mismo Cristo, nuestro Señor.

MONICIÓN AL OFERTORIO La Jornada Mundial de las Misiones nos ofrece la oportunidad de hacer la ofrenda de los dones que van a servir para la celebración eucarística –el pan y el vino–, con la conciencia de que, al igual que Cristo se ofrece por nosotros, nosotros en estos dones nos ofrecemos a Cristo y a los demás. Cristo sacerdote nos hace partícipes de su sacerdocio y su misión. Al mismo tiempo, llevamos ante el altar la colecta que se acaba de realizar con motivo del DOMUND, como plasmación de nuestro compromiso, en esta Jornada y siempre, para que la fe en Jesucristo se difunda, arraigue e irradie en todo el mundo por medio de los misioneros.

ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO Y BENDICIÓN Dios de gracia y de misericordia, que en tu Hijo nos concedes la plena confianza en Ti: haz que todo tu pueblo, con la luz y la fuerza de tu Espíritu, haga resplandecer la fe en tu Hijo Jesucristo. Te lo pedimos por el mismo Cristo, nuestro Señor.

Juan Martínez Sáez, fmvd. Colaborador de las OMP

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Cooperación económica Aportación económica de las diócesis españolas para la OBRA PONTIFICIA DE LA PROPAGACIÓN DE LA FE La Dirección Nacional de las Obras Misionales Pontificias en España ha recibido de los fieles, a través de las diócesis, la cantidad de 15.115.210,81 para atender las necesidades misioneras de la Obra Pontificia de la

Propagación de la Fe. Estas aportaciones proceden de donativos y de las colectas con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND) celebrada el día 23 de octubre de 2011. A ellas se suman las ayudas procedentes de

herencias, legados y testamentos, así como de las suscripciones periódicas domiciliadas que a lo largo del año 2011 los fieles han enviado para las misiones. El resultado de las aportaciones queda reflejado en esta tabla:

Recaudaciones ejercicio

2011

DIÓCESIS ANDALUCÍA Almería ............................. Cádiz-Ceuta ...................... Córdoba ............................ Granada ............................ Guadix-Baza ..................... Huelva ............................... Jaén .................................. Jerez ................................. Málaga-Melilla ................... Sevilla ............................... ARAGÓN Barbastro-Monzón ............. Huesca ..................... ........ Jaca ................................... Tarazona ............................ Teruel-Albarracín ............... Zaragoza ...........................

Euros 134.031,64 150.184,37 535.821,44 385.775,16 20.996,07 98.433,55 156.458,46 94.057,72 306.139,50 639.445,31 41.554,18 54.918,48 23.765,16 41.756,70 71.321,59 429.965,30

ASTURIAS Oviedo ............................... 375.949,55

BALEARES Ibiza ..................................... 16.546,04 Mallorca .............................. 115.348,20 Menorca ............................... 27.123.79

EUSKADI Bilbao ............................... 292.926,87 San Sebastián ................. 251.315,81 Vitoria ............................... 155.434,86

CANARIAS Canarias ............................ 147.635,01 Tenerife .............................. 177.391,65

EXTREMADURA Mérida-Badajoz ................ 212.925,84 Coria-Cáceres .................. 125.992,86 Plasencia ......................... 117.232,96

CANTABRIA Santander .......................... 240.801,09 CASTILLA-LA MANCHA Albacete .............................. Ciudad Real ........................ Cuenca ............................... Sigüenza-Guadalajara......... Toledo .................................

216.683,65 202.173,26 172.221,51 105.496,58 298.108,86

CASTILLA-LEÓN Astorga .............................. Ávila .................................. Burgos ............................... Ciudad Rodrigo ................. León .................................. Osma-Soria ....................... Palencia ............................ Salamanca ........................ Segovia ............................. Valladolid ........................... Zamora .............................

125.041,95 145.962,45 224.781,94 22.554,85 173.603,62 45.507,25 165.716,00 165.761,45 86.461,70 224.324,68 191.180,13

CATALUÑA Barcelona .......................... 410.145,95 Girona .............................. 157.644,78 Lleida ................................ 30.528,35 Sant Feliu de Llobregat .... 96.316,32 Solsona ............................. 50.317,64 Tarragona .......................... 115.773,61 Terrassa ............................ 110.215,99 Tortosa ............................... 68.557,45 Urgell .................................. 49.694,36 Vic ...................................... 72.495,30

GALICIA Lugo ................................... Mondoñedo-Ferrol ............. Ourense .............................. Santiago de Compostela ... Tui-Vigo ..............................

106.578,40 89.554,03 256.237,08 494.625,63 133.296,00

MADRID Alcalá de Henares ........... 122.731,80 Getafe .............................. 162.929,80 Madrid ............................ 2.016.640,90 Arzobispado Castrense ..... 37.881,32 MURCIA Cartagena-Murcia .............. 348.553,18 NAVARRA Pamplona-Tudela ............... 778.376,78 RIOJA Calahorra-Logroño ............. 159.856,87 VALENCIA Orihuela-Alicante ............... 289.914,24 Segorbe-Castellón ............. 99.140,97 Valencia .............................. 729.115,08 DIRECCIÓN NACIONAL....... 121.259,94

T O TA L G E N E R A L

1 5 . 11 5 . 2 1 0 , 8 1


Servicio Informativo

LOS MISIONEROS

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n los últimos años han suscitado gran interés los programas televisivos que muestran la vida de aquellos españoles que, por razones variadas, un día salieron de su patria chica y hoy se encuentran en rincones muy diversos del mundo. En esta misma línea, la cadena televisiva 13TV viene ofreciendo el testimonio de misioneros que –estos por razones evangelizadoras y humanitarias– han salido de nuestra tierra y están sirviendo a la humanidad, especialmente a los más pobres. Tal vez sea esta la mayor diferencia: mientras aquellos programas mostraban generalmente a españoles que “han hecho fortuna” por el mundo, el rostro saludable del misionero manifiesta su alegría por estar con los predilectos del Señor. La certeza de que estos coetáneos nuestros están haciendo el bien a los más pobres, sin otra intención o finalidad que sembrar alegría y esperanza, suscita en muchas personas el interés por conocerles y saber algo más de su vida y trabajo.

1. ¿Quiénes son estos misioneros y misioneras? Con la palabra “misionero” nos referimos a las personas que se han consagrado a la misión ad vitam en el seno de una institución misionera o han sido enviados a la misión, para un período largo de tiempo (no menos de tres años), por la diócesis o institución religiosa de pertenencia. Son unos 14.000 los misioneros españoles que, repartidos por toda la Tierra, están entregando su vida al servicio de los demás.

2. ¿Dónde están ejerciendo su trabajo? Los misioneros españoles han sido enviados a los cinco continentes, como signo claro de la universalidad de la vocación a la que han sido llamados. Por tanto, están repartidos por el mundo entero: en 43 países de África, en 25 países del continente americano, en 23 países de Asia, en 6 países de Oceanía y en la práctica totalidad de los países europeos. Cerca del 70% de nuestros compatriotas misioneros se encuentran en América Latina. Esta desproporción en la distribución, a favor del continente americano, se debe a razones eclesiales (el compromiso de España de seguir ayudando a aquellas Iglesias que nacieron gracias a la evangelización promovida por nuestro país) y culturales (la lengua y la afinidad cultural). Los misioneros localizados en Europa son aquellos que han sido enviados a países del Este, donde es necesaria la primera evangelización. No obstante, es de justicia seguir conside-

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Servicio Informativo

rando como misioneros en sentido estricto a aquellos que están prestando, por un tiempo limitado, algún servicio eclesial, fundamentalmente en España o en Italia, o que han tenido que regresar provisionalmente por razones familiares o de salud.

3. ¿Qué hacen en la misión? El trabajo que habitualmente realizan los misioneros es muy difícil de detallar, porque su presencia se traduce en la donación total a las personas y a las comunidades en las cuales están sirviendo, sin distinción de tareas específicas. La pastoral evangelizadora es su principal actividad, dentro de la cual cabe destacar la formación de los agentes de pastoral, especialmente las vocaciones nativas (seminaristas y novicios y novicias) y los catequistas laicos, que son los principales animadores y formadores de las comunidades cristianas. Este es el mayor empeño de cada misionero tan pronto se inicia la implantación de la Iglesia local en un territorio de misión. El compromiso social es la otra cara de la misma moneda, porque no es posible separar evangelización y promoción y desarrollo. De hecho, la mayoría de los proyectos de desarrollo impulsados por ONG católicas, de inspiración cristiana o de identidad secular están gestionados por misioneros que gozan de una altísima credibilidad para la puesta en marcha de estas iniciativas y su mantenimiento posterior.

3. ¿Cómo podemos coloborar con ellos? La cooperación espiritual es, sin duda, la mejor ayuda que se puede entregar a los misioneros. Tiene dos dimensiones: la información y animación de los fieles para que tomen parte en esta tarea común, y la oración perseverante para que Dios siga bendiciendo y fecundando la labor misionera. Ambas se concretan a través de las iniciativas que se promueven en la pastoral de las diócesis de España. En cuanto a la cooperación económica, la Iglesia en España siempre ha sido muy solícita para ayudar de este modo a los misioneros. Sin duda, la colecta que más arraigo tiene entre el pueblo cristiano es la del día del DOMUND. A ella se suman las aportaciones de quienes han decidido domiciliar sus donativos con una cierta periodicidad, o colaboran en las demás Jornadas misioneras promovidas por las Obras Misionales Pontificias, o lo hacen a través de becas para seminarios, legados o herencias.

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Servicio Informativo

EL AÑO DE LA FE

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l Año de la Fe es una gracia que Dios ofrece a los cristianos para revitalizar el compromiso misionero de los creyentes. Quien tiene el coraje de redescubrir la alegría de creer vuelve a encontrar el “entusiasmo de comunicar la fe”. Benedicto XVI asegura que en el ejercicio de este compromiso hay que sacar “fuerza y vigor del descubrimiento cotidiano del amor de Dios, que nunca puede faltar” (Porta fidei, 7). A juicio del prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, cardenal Fernando Filoni, el Año de la Fe es una nueva ocasión para confirmar nuestro servicio, para atreverse decididamente a la proclamación del Evangelio, y para ampliar en cantidad y calidad nuestra cooperación con los que están llamados a la tarea misionera.

a. Confirmar nuestro servicio a quienes han sido llamados por vocación a la misión. Por el bautismo todos somos misioneros, pero Dios ha llamado a algunos a “pasar a la otra orilla” y anunciar el Evangelio a quienes aún no lo conocen. Son nuestros misioneros, que con su donación hacen explícita la universalidad de la fe.

b. Renovar el coraje y el atrevimiento de proclamar el Evangelio. Palabras fuertes, pero reales. La historia de la misión está enjoyada de testimonios de heroísmo, incluso martirial. El Año de la Fe nos ha de llevar a comprender que la fe solo se fortalece dándola. “Así, la fe solo crece y se fortalece creyendo” (PF 7). Los misioneros son testigos de que vale la pena dar la vida para que otros puedan creer.

c. Provocar el incremento cualitativo y cuantitativo de la cooperación. Si la actividad misionera compete de manera explícita a quienes han sido llamados y enviados por Dios y la Iglesia, la cooperación misionera es inherente a nuestra condición de bautizados y, por tanto, a todo el Pueblo de Dios. “Por eso –dice Benedicto XVI–, también hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido en favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe” (PF 7). El Año de la Fe es una oportunidad, en palabras del cardenal Filoni, para “ser instrumentos privilegiados [...] en la inauguración de una nueva época de la actividad evangelizadora” y en el compromiso para “asumir de nuevo nuestra fe, a través de una profundización del misterio cristiano y un auténtico testimonio de vida. Esto se nos exige sobre todo a nosotros que trabajamos para la propagación de la fe”.

Propuestas de acción 1. ORACIÓN Así lo ha propuesto el cardenal Filoni: “Para que el Año de la Fe asuma de verdad una dimensión misionera, tras una atenta consideración y reflexión junto a mis más estrechos colaboradores, he creído oportuno lanzar una Campaña Mundial de Oración por la Evangelización”. Iniciativa respaldada por el Papa: “Estoy, por lo tanto, muy contento de poder alentar

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Servicio Informativo el proyecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y de las OMP en apoyo al Año de la Fe. Tal proyecto prevé una campaña mundial que, a través de la oración del santo rosario, acompañe la obra de evangelización en el mundo y sea, para tantos bautizados, redescubrir y profundizar la fe”.

PROPUESTA Rezo del Rosario Misionero, que facilita la contemplación de los misterios de la fe y la oración de intercesión por los misioneros y su actividad misionera en cada uno de los cinco continentes. Se recupera la intuición de Paulina Jaricot, fundadora de la Obra de la Propagación de Fe, quien confió al rezo del santo rosario la eficacia de la primera Obra Misional Pontificia.

2. REFLEXIÓN El comienzo del Año de la Fe coincide con dos grandes eventos: Se cumplen 50 años de la apertura del Concilio Vaticano II y 20 de la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica. Es una nueva oportunidad para redescubrir, cultivar y testimoniar el misterio de la fe. “Cada hombre y cada pueblo tienen derecho a recibir el Evangelio de la verdad. En esta perspectiva asume un particular significado vuestro compromiso de celebrar el Año de la Fe [...] para reforzar el empeño de difusión del reino de Dios y del conocimiento de la fe cristiana” (Benedicto XVI, Discurso a los directores nacionales de las OMP, 11-5-2012).

PROPUESTA Celebración de encuentros que faciliten la reflexión sobre la misión ad gentes como “paradigma de toda la acción apostólica de la Iglesia”. Para ello se propone el estudio del decreto Ad gentes y del Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 39.257.689-690.702.727738.830-863.2044-2046.2104-2109).

3. ACCIÓN “«Caritas Christi urget nos» (2 Cor 5,14): es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar. Hoy como ayer, él nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra (cf. Mt 28,19)” (PF 7).

PROPUESTA Financiar un proyecto pastoral (construcción o rehabilitación de un templo) para que las comunidades cristianas nacientes puedan celebrar la fe.

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Servicio Informativo

50 ANIVERSARIO DEL

CONCILIO VATICANO II

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l Mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de las Misiones se inicia con un recordatorio histórico del Concilio Vaticano II, de cuya inauguración celebramos el 50 aniversario. De él afirma el Papa que, “con la participación de tantos obispos de todos los rincones de la tierra, fue un signo brillante de la universalidad de la Iglesia [...]. Ricos de una experiencia que tenían por ser pastores de Iglesias jóvenes y en vías de formación, animados por la pasión de la difusión del Reino de Dios, ellos contribuyeron significativamente a reafirmar la necesidad y la urgencia de la evangelización ad gentes, y de esta manera llevar al centro de la eclesiología la naturaleza misionera de la Iglesia”. Desde la atalaya de estos 50 años, se puede contemplar la universalidad de la Iglesia por primera vez reflejada en un Concilio Ecuménico. Si la presencia de obispos de todos los continentes mostraba la catolicidad, la reflexión teológica también era puesta en evidencia en sus principales documentos. La constitución Lumen gentium expresa la reflexión de los Padres Conciliares sobre la Iglesia como misterio y misión; misterio de amor y misión universal. No hay fronteras para el anuncio del Reino. A ello se añaden las grandes aportaciones de la constitución Gaudium et spes, en la cual la Iglesia anticipa proféticamente las transformaciones de la humanidad y, en la fuerza del Espíritu, discierne el tipo de presencia y de misión exigidas por los nuevos tiempos. Por fin, toda esta dimensión misionera se sistematiza en el decreto Ad gentes, “en el que la Iglesia, reconociéndose como esencialmente misionera, individualiza los contenidos esenciales del kerigma, la naturaleza de la actividad evangelizadora, la metodología, los destinatarios, las relaciones con las culturas y las demás religiones, y los sujetos de la misión” (Card. Filoni). Obras Misionales Pontificias desea contribuir al reencuentro con las enseñanzas conciliares para descubrir su actualidad y la influencia que han tenido en los posteriores documentos sobre la misión ad gentes. Entre otros puntos cabe destacar: 1. El origen trinitario de la misión, su valor eclesial, una clara noción de “misión” y su perenne necesidad, que reclama la cooperación de todos. De hecho, el primer capítulo se inicia con el famoso texto: “La Iglesia peregrinante es, por su propia naturaleza, misionera, en cuanto ella tiene origen en la misión del Hijo y en la misión del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre” (AG 2). 2. Se reconducen las “misiones” a la “misión” (“repatriación de las misiones en la misión de la Iglesia”) y se reconoce la prioridad de la misión respecto a la Iglesia: no es la Iglesia la que hace la misión, sino que es esta última la que constituye la esencia misma de la Iglesia. 3. Las “misiones” no se determinan en base a un criterio jurídico o territorial, sino socio-antropológico, y se da a la misión un alcance mucho mayor que el geográfico, para abarcar toda situación humana y social que debe ser iluminada por la luz del Evangelio y transformada por la gracia de Dios.

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Servicio Informativo Orientaciones prácticas Con el fin de ayudar a los grupos de reflexión a acercarse al decreto Ad gentes y al resto de documentos del Vaticano II, Obras Misionales Pontificias coordinó un trabajo conjunto de todas las instituciones misioneras en la edición de las carpetas Formación de animadores misioneros.

Carpeta 1: La misión de la Iglesia La Trinidad es la fuente y la meta de la misión. Las circunstancias históricas van modulando la misión única y universal de la Iglesia. Como referencia, el primer capítulo del decreto Ad gentes, dedicado a los principios doctrinales.

Carpeta 2: Historia de la misión de la Iglesia La misión es un mandato que se realiza en la historia humana en todo momento. La misión no es algo pasado, es una tarea de la Iglesia de perenne actualidad.

Carpeta 3: La misión ad gentes en la vida de la Iglesia Los principales temas desarrollados por el decreto en el capítulo 5: desde la responsabilidad de la Iglesia local, hasta la de cada organismo de coordinación misionera.

Carpeta 4: La misión vivida por las Iglesias de los distintos continentes Aunque estos temas no fueron explícitamente desarrollados en Ad gentes, los posteriores sínodos episcopales explicitaron las enseñanzas del Concilio.

Carpeta 5: Los caminos de la misión Una de las novedades del decreto Ad gentes son las enseñanzas sobre la predicación del Evangelio y la formación de las comunidades cristianas. Su aportación sobre el proceso de la iniciación cristiana es de gran actualidad.

Carpeta 6: Retos de la misión de hoy Los seis temas desarrollados en esta carpeta se inspiran en los grandes desafíos misioneros que formula la constitución Gaudium et spes: son los nuevos ámbitos y escenarios de la misión apuntados en otros documentos conciliares.

Carpeta 7: Animación y cooperación misioneras Ad gentes concluye con el capítulo dedicado a la cooperación. Esta carpeta logra descubrir que la cooperación es fruto de la animación. Estas carpetas pueden encontrarse en las Delegaciones Diocesanas de Misiones o en www.domund.org o en www.omp.es

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Servicio Informativo

LA MISIÓN ‘AD GENTES’ Y LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

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el 7 al 28 de octubre se celebra en Roma la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, sobre el tema “La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana”. Precisamente en el mes de octubre tiene lugar la Jornada Mundial de las Misiones, el DOMUND. Esta coincidencia debe ser considerada como providencial para poner de manifiesto el vínculo estrecho que existe entre la necesidad de la misión ad gentes y la llamada a la Nueva Evangelización. En efecto, los Lineamenta de la Asamblea del Sínodo hacen una clara alusión a que el concepto de Nueva Evangelización remite al “esfuerzo de renovación que la Iglesia está llamada a hacer”, a la “revitalización”, la “renovación espiritual”, el “discernimiento”... (n. 5). Pues, siempre según el mismo documento (n. 24), “nueva evangelización significa «reavivar en nosotros el impulso de los orígenes, dejándonos impregnar por el ardor de la predicación apostólica después de Pentecostés. [...] Es necesario un nuevo impulso apostólico que sea vivido, como compromiso cotidiano de las comunidades y de los grupos cristianos» (NMI 93)”. Es evidente, por tanto, que la llamada a la Nueva Evangelización implica retomar la vitalidad que da a la Iglesia la vivencia profunda de la fe, que la lleva a exclamar como san Pablo: “Ay de mí si no anuncio el Evangelio!” (1 Cor 9,16), y a lanzarse a la actividad misionera en todas sus modalidades. Por eso, existe una estrecha relación entre el impulso misionero y la renovación que se propone con la llamada a la Nueva Evangelización. Este es el objetivo principal que mueve al papa Benedicto XVI a crear el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización. En Ubicumque et semper pide que la Iglesia “se presente al mundo contemporáneo con un impulso misionero capaz de promover una nueva evangelización”; y lo repite con toda su fuerza: “No es difícil percatarse de que lo que necesitan todas las Iglesias que viven en territorios tradicionalmente cristianos es un renovado impulso misionero”. Por estas razones, su Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones comienza tomando también en consideración esta coincidencia de fechas y más adelante afirma que “es necesario renovar el entusiasmo de comunicar la fe para promover una nueva evangelización de las comunidades y de los países de antigua tradición cristiana”; y es que “la preocupación de evangelizar nunca debe quedar al margen de la actividad eclesial y de la vida personal del cristiano, sino que ha de caracterizarla de manera destacada, consciente de ser destinatario y, al mismo tiempo, misionero del Evangelio”. En su Mensaje pide, a la vez, “un nuevo impulso de la cooperación misionera”, sobre todo, como “participación directa en la evangelización”.

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Servicio Informativo Propuestas para la animación misionera El cardenal Filoni, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, expresaba a los directores nacionales de las OMP la necesidad de que la misión ad gentes esté presente en el compromiso de la Nueva Evangelización: “Si no queremos que nuestra cooperación a la misión universal se quede al margen de la acción eclesial, debemos insertarla en la amplia misión de la Iglesia local [...]. «Es necesario mantener viva la solicitud por el anuncio y por la fundación de nuevas Iglesias en los pueblos y grupos humanos donde no existen, porque esta es la tarea primordial de la Iglesia, que ha sido enviada a todos los pueblos, hasta los confines de la tierra» (RM 34). Al mismo tiempo es necesario preocuparse también de los no cristianos de nuestra propia casa: «La misión ad intra es signo creíble y estímulo para la misión ad extra, y viceversa» (RM 34)”. La Jornada Mundial de las Misiones se celebra dentro del llamado “Octubre Misionero” y ofrece la oportunidad para hacer realidad el deseo del Papa: que la Nueva Evangelización se nutra de la savia de la misión universal de la Iglesia. Las cuatro semanas del mes de octubre dan cobijo a las principales dimensiones de la cooperación misionera:

Primera semana: O R A C I Ó N Promover la oración, especialmente el rezo del Rosario Misionero, para que la fe en Cristo se difunda por todo el mundo, el más lejano y el más cercano. Celebrar la Misa por la Evangelización de los Pueblos, la Vigilia de la Luz (ver en este mismo número de Illuminare) y, sobre todo, la oración de intercesión por los misioneros, que realizan su trabajo con tantas dificultades.

Segunda semana: S A C R I F I C I O Unirse a la entrega de los misioneros, porque “el sacrificio del misionero debe ser compartido y sostenido por el de todos los fieles” (RM 78). Los enfermos y ancianos son los que más y mejor viven esta dimensión; para ayudarles, les ofrecemos nuestra compañía y la entrega del tríptico Enfermos Misioneros.

Tercera semana: C O O P E R A C I Ó N E C O N Ó M I C A Ayudar económicamente a los misioneros: “La generosidad en el dar debe estar siempre iluminada e inspirada por la fe” (RM 81). Ofrecer la limosna evangélica que tanto necesitan las comunidades eclesiales que nacen de la actividad misionera.

Cuarta semana: F O M E N T O D E L A V O C A C I Ó N M I S I O N E R A Dios sigue llamando a la misión. Hay que tener el coraje de escuchar y la valentía de responder, en el caso de los llamados. Colaborar para que estas vocaciones nacientes se fortalezcan y maduren en el seno de la comunidad cristiana.

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Vigilia de la Luz

LLAMADOS A HACER RESPLANDECER LA PALABRA DE VERDAD

1 INICIO Saludo Sed todos bienvenidos a este encuentro de oración. En el comienzo del Año de la Fe, la Iglesia nos recuerda la exigencia de redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo. Con estas ansias de extender el Reino por todos los pueblos, nos unimos en este tiempo de oración a un gran maestro y evangelizador, san Juan de Ávila, que predicó el amor de Dios, manifestado en Jesucristo, y vivió desde esta Palabra de verdad. Nos ayudará la frase con la que el Papa titula su carta para el DOMUND 2012: “Llamados a hacer resplandecer la Palabra de verdad”, que nos guiará como hilo conductor a lo largo de esta vigilia.

Canto:

«Hasta los confines de la tierra»

(u otro canto)

2 “LLAMADOS” Monición Jesús envía a sus discípulos a ir por todo el mundo y a hacer discípulos por toda la tierra (cf. Mt 28,19). Esa es la misión de la Iglesia y la razón de ser de la comunidad cristiana. Es una llamada continua a evangelizar, pues la Iglesia está en “estado permanente de misión”. Ya el beato Juan Pablo II decía: “No podemos permanecer tranquilos si pensamos en los millones de hermanos y hermanas nuestros, redimidos también por la sangre de Cristo, que viven sin conocer el amor de Dios” (RM 86). Y Benedicto XVI, en el Mensaje del DOMUND: “En la proclamación del Año de la Fe, también yo he dicho que Cristo, «hoy como ayer, nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra» (carta apostólica Porta fidei, 7) [...]. Necesitamos, por tanto, retomar el mismo fervor apostólico de las primeras comunidades cristianas, que, pequeñas e indefensas, fueron capaces de difundir el Evangelio en todo el mundo entonces conocido mediante su anuncio y testimonio” (n. 3).

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Vigilia de la Luz Palabra de Dios Jesús y la samaritana (Jn 4,1-30). Silencio e interiorización.

Canto:

«Dame a beber de tu amor»

(u otro canto)

3 “A HACER RESPLANDECER” Mensaje del Papa para el DOMUND 2012 “El afán de predicar a Cristo nos lleva a leer la historia para escudriñar los problemas, las aspiraciones y las esperanzas de la humanidad, que Cristo debe curar, purificar y llenar de su presencia. En efecto, su mensaje es siempre actual, se introduce en el corazón de la historia y es capaz de dar una respuesta a las inquietudes más profundas de cada ser humano. Por eso la Iglesia debe ser consciente, en todas sus partes, de que «el inmenso horizonte de la misión de la Iglesia, la complejidad de la situación actual, requieren hoy nuevas formas para poder comunicar, eficazmente, la Palabra de Dios” (exhortación apostólica postsinodal Verbum Domini, 97). Esto exige, ante todo, una renovada adhesión de fe personal y comunitaria en el Evangelio de Jesucristo, «en un momento de cambio profundo como el que la humanidad está viviendo» (carta apostólica Porta fidei, 8)” (n. 7). Silencio e interiorización.

San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia San Juan de Ávila, proclamado Doctor de la Iglesia el 7 de octubre de este año 2012, nació en 1499 en Almodóvar del Campo (Ciudad Real). Fue ordenado sacerdote en 1526. Vendió todos los bienes que le habían dejado sus padres, los repartió a los pobres y se dedicó enteramente a la evangelización, empezando por su propio pueblo. Un año después, se ofreció como misionero para ir a América, a las Indias, como se decía en aquella época. El arzobispo de Sevilla le ordenó que se quedara en las Indias del mediodía español. Así se convirtió en “Apóstol de Andalucía”. La predicación y los escritos del Maestro Ávila dejan entrever una gran capacidad de adaptación a las situaciones sociológicas y culturales. Esta capacidad, que hoy llamamos inculturación, proviene de saber observar la realidad, a la luz de los grandes contenidos de la fe y de toda la herencia cultural del pasado. Su modelo de predicación era san Pablo; el centro de su mensaje, Cristo. Predicó tanto en las iglesias, como en las calles. Nos recuerda el Maestro Ávila que la misión no puede limitarse al propio grupo o al propio país: “Quién pudiere tener mil millones de lenguas para pregonar por todas partes quién es Jesucristo” (carta 207, 15ss) “Jesucristo es el deseado de todas las gentes (carta 42, 106s; sermón 2, 545; cf. AG 2, 8) porque Él quiere que todos se salven, vengan al conocimiento de esta verdad” (AF c.43, 4358ss; cf. 1 Tim 2,4).

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Vigilia de la Luz Gesto y canto:

«Cristo, maravilloso eres Tú»

(u otro canto)

Mientras se repite varias veces el canto, van saliendo algunas personas (puede ser con una danza) que porten carteles con distintas situaciones (tristeza, soledad, abandono, desconfianza, miedo, odio, venganza...), con algunas noticias (del mundo, del pueblo o ciudad, familiares...). Todas esas situaciones se ponen ante el altar y se expone el Santísimo Sacramento, pues Cristo da luz a toda la vida y sana todas las heridas.

Exposición del Santísimo y adoración Si es posible con música de fondo, intercalar algunos textos de la carta Porta fidei. Sugerimos algunos: “La puerta de la fe” [...] está siempre abierta para nosotros [...] cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma (n. 1). No podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta (n. 3). Los cristianos están llamados efectivamente a hacer resplandecer la Palabra de verdad que el Señor Jesús nos dejó (n. 6). El Año de la Fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo (n. 6). Es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar (n. 7). La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo. [...] Los creyentes “se fortalecen creyendo” (S. Agustín) (n. 7). La Eucaristía es la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y también la fuente de donde mana toda su fuerza (n. 9). Profesar con la boca indica, a su vez, que la fe implica un testimonio y un compromiso público. [...] La fe es decidirse a estar con el Señor para vivir con Él. Y este “estar con Él” nos lleva a comprender las razones por las que se cree (n. 10). Que este Año de la Fe haga cada vez más fuerte la relación con Cristo, el Señor, pues solo en Él tenemos la certeza para mirar al futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero (n. 15).

4 LA PALABRA DE VERDAD Monición La Palabra de verdad es Cristo. Él es la verdad, la verdad que ilumina nuestras vidas y que debemos hacer resplandecer con nuestras obras, pues la fe se hace concreta en el amor. No puede haber fe sin amor. Hay un mundo entero a la espera de buenas noticias, de palabras de esperanza, de gestos de paz, de alegría en el corazón. Solo en Cristo encontraremos todo esto.

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Vigilia de la Luz De la carta apostólica Porta fidei “La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino. En efecto, muchos cristianos dedican sus vidas con amor a quien está solo, marginado o excluido, como el primero a quien hay que atender y el más importante que socorrer, porque precisamente en él se refleja el rostro del Señor resucitado. «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40): estas palabras suyas son una advertencia que no se ha de olvidar, y una invitación perenne a devolver ese amor con el que Él cuida de nosotros. Es la fe la que nos permite reconocer a Cristo, y es su mismo amor el que impulsa a socorrerlo cada vez que se hace nuestro prójimo en al camino de la vida. Sostenidos por la fe, miramos con esperanza a nuestro compromiso en el mundo, aguardando «unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia» (2 Pe 3,13; cf. Ap 21,1)” (n. 14). Silencio e interiorización.

Gesto y canto:

«Enciende una luz»

(u otro canto)

Quienes portaban los carteles con realidades negativas reciben una vela apagada. El que preside la celebración enciende, de las velas del altar –o del cirio pascual, si lo hubiese–, la vela del primero. Al recibir la vela encendida, este rompe o quema el cartel negativo y se queda con la vela encendida. El encuentro con Cristo cambia la realidad. El que ya ha recibido la luz enciende de su vela la vela del compañero que aún porta el cartel con la situación negativa, el cual repite el gesto de romper o quemar el cartel, y así sucesivamente, hasta que todos retiren sus carteles y los cambien por la luz de Cristo.

5 ENVÍO MISIONERO Reserva del Santísimo Sacramento

Canto:

«Majestad, adora a su Majestad»

(u otro canto)

Envío Se muestra el cartel del DOMUND 2012. Nosotros somos “Misioneros de la fe”. Se puede rezar la oración del DOMUND 2012 que aparece en la estampa. Que la Virgen María, Madre de la Iglesia y Estrella de la Evangelización, acompañe a todos los misioneros del Evangelio, misioneros de la fe.

Canto final:

«Hasta los confines de la tierra»

(u otro canto)

Delegación Diocesana de Misiones de Jaén

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Testimonios

Testimonios de gratitud Los misioneros han sido enviados por nuestras comunidades para compartir nuestro mayor tesoro, la fe, y el signo que nos define, el amor; una fe y un amor que, gracias a ellos, llegan hasta nuestros hermanos más necesitados en todo el mundo. Nuestra ayuda en la distancia, a través de las distintas formas de cooperación misionera, es vital para que esta labor pueda seguir realizándose. Construir un templo, traducir la Biblia a la lengua de un determinado pueblo, ayudar a llevar adelante proyectos pastorales y de evangelización, dar una respuesta de solidaridad cristiana a tantas situaciones de necesidad... son algunos de los logros posibles con nuestra contribución y con la labor impagable de los "misioneros de la fe".

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Con

gran alegría hemos recibido su ayuda generosa, que nos anima a continuar nuestra presencia misionera junto a este pueblo angoleño, que, gracias a Dios, desde hace unos años disfruta de la paz, lo que hace que vaya recuperándose poco a poco. En la misión de N’tongui somos cuatro hermanas de diferentes países: Colombia, Perú, Congo y España. Nos dedicamos al trabajo en distintas pastorales: formación de catequistas y animadores de las comunidades, promoción integral de jóvenes y madres, grupos de jóvenes y niños, visitas a las aldeas para apoyar a los animadores y estar con las familias, reunirles y ver sus mayores necesidades. En todas las aldeas encontramos, sobre todo, niños y jóvenes. Nos preocupa que no tengan una buena educación, pues el nivel es muy bajo. En cuanto a la salud, los centros son muy distantes, y son numerosas las muertes tanto por falta de medios de comunicación para llegar hasta ellos, como por motivos económicos. Con todo y con eso, es un pueblo muy alegre, y, aunque les falte lo necesario para vivir, es-


Testimonios tán contentos. En verdad, esto nos motiva para seguir compartiendo nuestra vida con ellos. Gracias a todas las personas que se sacrificaron dándonos su ayuda; que el Señor se lo recompense. HNAS. MISIONERAS DE N’TONGUI (Angola)

ción de la Fe. Quiero agradecerles su generosidad y, a través de sus personas, dar las gracias también a todos los que de una forma anónima han hecho esto posible. Lo que ustedes nos envían es sumamente importante para seguir la tarea evangelizadora, ya que prácticamente no tenemos otros ingresos. MONS. FELIPE GONZÁLEZ,

Nuestro vicariato apostólico de Tucupita es-

vicario apostólico de Tucupita (Venezuela)

tá ubicado en la parte oriental de Venezuela y abarca todo el delta del Orinoco, una extensión de 40.200 km2, donde prácticamente la gran y única vía de comunicación es el río, en sus diversos “caños”, que forman la desembocadura. Hay una población criolla centrada principalmente en la capital del Estado, Tucupita, donde hay carreteras; pero al resto de las poblaciones solo se llega con embarcaciones. De aproximadamente 160.000 habitantes, unos 40.000 son indígenas guaraúnos, ubicados en las márgenes de los ríos. Para atender espiritualmente a toda la población, hay nueve sacerdotes religiosos y uno secular, incardinado en el vicariato; nueve religiosos no sacerdotes; y catorce religiosas. Estamos trabajando con los seglares para formar buenos catequistas y prepararlos con vistas a que asuman algunos ministerios laicales. Ya tenemos algunos ministros extraordinarios de la comunión y de la Palabra, para que atiendan algunas comunidades, cuando no pueden ir los sacerdotes. Los presbíteros, religiosos y religiosas están trabajando con mucho entusiasmo para fortalecer la fe en las comunidades, a base de una formación más intensa, ante la avalancha de las sectas evangélicas, que crean gran confusión. Hemos recibido su ayuda, que nos ha hecho llegar la Obra Pontificia de la Propaga-

He

recibido con gran alegría la noticia de Propagación de la Fe, en Roma, de que nuestra nueva parroquia del Sagrado Corazón, en Narioa, ha recibido de ustedes una cantidad para la construcción de su nueva iglesia.

La nuestra es una diócesis pobre y rural. Somos abundantemente bendecidos con vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa, pero seguimos necesitando ayuda para construir el Cuerpo de Cristo; precisamente por ser bendecidos con vocaciones, podemos crear nuevas parroquias, y de ahí la necesidad de construir nuevos templos. Nuestro más sincero agradecimiento por su desinteresada ayuda y su solicitud por la misión del Pacífico sur en las Islas Salomón. Hay que decir que fue el explorador español Álvaro de Mendaña, en 1568, el primero en

«La conciencia misionera tiene que unirnos en la fe y el amor a nuestros hermanos de toda la Tierra, especialmente los pobres y marginados». Mons. George Cosmas Lungu, obispo de Chipata (Zambia) 33


Testimonios pretender nuestras islas para Cristo. ¡Qué bonito que España continúe plantando la semilla de la fe por medio de la ayuda prestada! Sepan que su buen pueblo es fervientemente recordado en nuestras oraciones. MONS. CHRIS CARDONE, obispo de Auki (Islas Salomón)

Quiero darles las gracias y acusar recibo de la cantidad que nos han asignado como apoyo financiero para los gastos de la diócesis; concretamente, para la publicación de la Biblia en lengua txitxopi, al cuidado del Rev. P. Antonio Fonseca Maheme. Cuando el ci-

Nuestro sincero agradecimiento por el subsidio que nos han concedido para la Iglesia local de Sylhet. La nuestra es una nueva diócesis, creada por el Santo Padre en 2011. Se trata de una diócesis de población indígena, y la mayoría de los católicos trabajan en la plantación de té como jornaleros. La Iglesia es una gran esperanza para ellos. Son católicos muy fieles, practicantes y activos en la vida eclesial. Este dinero es una gran ayuda para llevar adelante nuestra misión y acciones en favor de los pobres. Nosotros nos encargamos de sus necesidades pastorales, de la educación de muchos niños en nuestra escuela, y de albergues y de la atención médica de muchas personas. Apreciamos enormemente su amabilidad y generosidad. Recordamos a nuestros benefactores en nuestras oraciones diarias. MONS. BEJOY N. D’CRUZE, obispo de Sylhet (Bangladesh)

Tengo el placer de informarle de que el sub-

tado proyecto se haya llevado a cabo, enviaremos el informe de cuentas, así como un artículo sobre el lanzamiento de esta Biblia en nuestras comunidades. Una vez más, agradezco su generosidad y la de todos los que contribuyen a que las Obras Misionales Pontificias de España puedan ayudarnos a realizar nuestros proyectos pastorales. Aprovecho esta ocasión para expresarles mis mejores deseos en el Señor y asegurarles nuestras oraciones, para que el Señor resucitado les alcance las más abundantes gracias del Cielo. MONS. LUCIO ANDRICE MUANDULA,

sidio aprobado en la Asamblea General de OMP en el mes de mayo de 2011, con fondos provenientes de España y con destino a obras de la Iglesia en Haití, ha sido recibido e inmediatamente enviado a las instituciones beneficiadas. Gracias a toda la Iglesia en España por su generosidad y solidaridad con la Iglesia necesitada en Haití, a pesar de las dificultades económicas en su país. En otro orden de cosas, la Iglesia en Haití agradece también a la Iglesia en España la profunda experiencia pastoral de los más de 300 jóvenes haitianos que participaron en la última Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. Mis agradecimientos y mi saludo fraternal en el Señor. MONS. BERNARDITO AUZA,

obispo de Xai-Xai (Mozambique)

nuncio apostólico en Haití

«Vuestra ayuda generosa es un signo de amor recíproco, hace viva nuestra fe y propaga el reino de Dios en esta parte del mundo». P. Piyal Janaka Fernando, director catequético nacional (Sri Lanka) 34



Illuminare Nº 386