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EDITADA POR LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS

Nº 218 OCTUBRE AÑO 2021

TERCER MILENIO


Nº 218. OCTUBRE, 2021

TERCER MILENIO EDITA OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS C/ Fray Juan Gil, 5 28002 - Madrid Tfno: 91 590 27 80 Fax: 91 563 98 33 E-Mail: dir.nal@omp.es http://www.omp.es

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en este número... IGLESIA A FONDO El cuidado del medio ambiente es para la Iglesia un asunto de primer orden. Con el fin de concienciar a los fieles, el 1 de septiembre se celebra la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación.

16 PRIMER PLANO

Tras la salida de las últimas tropas internacionales de Afganistán, los talibanes se hicieron rápidamente con el poder, desatando el terror y el caos. ¿Qué futuro le espera al país?

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INFORME La Iglesia se dispone, un octubre más, a celebrar la jornada del Domund, que este año se presenta con el lema “Cuenta lo que has visto y oído”. El Papa nos invita a contemplar a nuestros misioneros.

30 y además... 7 TRIBUNA

Comodidad versus comunidad

12 EL OBSERVADOR LÍBANO - EL SALVADOR CHINA - NIGERIA

22 ASÍ VA EL MUNDO R. D. DEL CONGO - IRAK HAITÍ - MYANMAR

36 ENTREVISTA Pier Luigi Maccalli, misionero SMA, más de dos años rehén de los yihadistas

41 ANIMACIÓN MISIONERA 45 AYUDAMOS A... Uganda

48 CULTURA

SOS Moria: el "muro" fotográfico de los refugiados

53 EL CUARTO MUNDO 54 EN EL OBJETIVO 56 MISIÓN VIVA Julián Díez, misionero pasionista en Haití


EDITORIAL

UNA INVITACIÓN A LA MISIÓN

“C

uenta lo que has visto y oído” es lo que nos pide el Domund 2021, que se celebra el 24 de octubre, con su lema incitador. La Jornada Mundial de las Misiones nos anima, como indica el papa Francisco en el Mensaje que ha escrito para la ocasión, a que no nos guardemos para nosotros la fuerza del amor de Dios, a que reconozcamos su presencia en nuestra vida personal y comunitaria, y lo anunciemos y compartamos como hacen esa galería de hombres y mujeres extraordinarios que son nuestros misioneros. Porque, como advierte el Santo Padre, “la misión no es algo del pasado o un recuerdo romántico de otros tiempos”. “Hoy –añade–, Jesús necesita corazones que sean capaces de vivir su vocación como una verdadera historia de amor, que les haga salir a las periferias del mundo y convertirse en mensajeros e instrumentos de compasión”. La sequía de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada que viven Europa y sus Iglesias de larga tradición no se puede amparar en la primavera vocacional que se registra en otros continentes, si eso significa justificar de paso un aislamiento egoísta, que nos lleve a estar constantemente relamiéndonos nuestras propias heridas, atrapados en un inmovilismo esterilizador, baldío y paralizante. Como nos indica Francisco,

los inconvenientes, contradicciones y dificultades, lejos de llevarnos a replegarnos o a ensimismarnos, deben suponer un impulso, “una oportunidad para la misión”. De lo contrario, hace hincapié el Pontífice, “nuestra vida de fe se debilita, pierde profecía y capacidad de asombro y gratitud”.

miento incontenible por todo lo que se recibe, que siempre es más de lo que se da; por la impagable experiencia de haber vivido las admirables muestras de generosidad, servicio y misericordia que brotan en tierras de pobreza; por el enriquecimiento mutuo que supone una experiencia de fe com-

Es hora de que este “amor de compasión despierte nuestro corazón y nos vuelva a todos discípulos misioneros”. Para corroborar que esto es así, basta con ver la alegría de unos misioneros y misioneras que, aun en las condiciones de vida más duras, donde la dignidad de las personas siempre corre el riesgo de ser pisoteada por el hambre, el abandono o la injusticia, se muestran felices. Felices, porque “fueron capaces de ponerse en camino, dejar su tierra y sus hogares”, para que el Evangelio pudiese alcanzar sin más demoras esos lugares tan necesitados de su anuncio de justicia, libertad y amor; felices, porque, como explicaba una misionera en el anterior número de esta misma revista, dejaron su propia agenda para sacar adelante la de Dios. En medio de tantas dificultades –y, en ocasiones, de tantos riesgos–, los misioneros no pueden dejar de manifestar su agradeci-

partida desde “la generosidad, la gratitud y la nobleza”. Por algo, “vivir la misión”, como nos dice el Papa, “es aventurarse a desarrollar los mismos sentimientos de Cristo Jesús y creer con Él que quien está a mi lado es también mi hermano y mi hermana”. Es hora, por tanto, de que este “amor de compasión despierte también nuestro corazón y nos vuelva a todos discípulos misioneros”. Es la invitación que nos lanza el Domund a “hacernos cargo y dar a conocer aquello que tenemos en el corazón”, para –como hicieron los primeros cristianos, “atraídos por el Señor y por la vida nueva que ofrecía”– ir testimoniando lo que hemos visto y oído. Seamos, pues, “sal y luz” para el mundo, para que nadie quede ajeno al anuncio liberador del Evangelio.

EDITA Obras Misionales Pontificias DIRECTOR NACIONAL OMP José María Calderón DIRECTOR Alfonso Blas DISEÑO Antonio Aunés COLABORADORES Rafael Santos, Francisco José Pérez Valero, Dora Rivas, José Beltrán, José TERCER MILENIO Carlos Rodríguez, José Ignacio Rivarés, María Ángeles Castillo, Asier Solana, Israel Íñiguez, Leticia Lanoix, Alberto Bravo, Modeste Munimi, María Jesús Sahagún, Juan Lázaro Sánchez ARCHIVO FOTOGRÁFICO Antonio Aunés, Rafael Santos, Ana Fernández FOTOGRAFÍAS Efe, 123RF SUSCRIPCIONES Roberto Murga DEPÓSITO LEGAL M-48558-1999 ISSN 1695-1034 IMPRESIÓN Gráficas Dehon. PP. Reparadores. C/ La Morera, 23-25. Torrejón de Ardoz, Madrid. Tfno: 91 675 15 36


frasesy yflashes

P. Pier Luigi Maccalli Misionero de la Sociedad de Misiones Africanas, más de dos años secuestrado en Níger Cuando María y el Espíritu Santo se encuentran, hacen grandes cosas: la Encarnación y la Iglesia misionera que nace en Pentecostés. María y el Espíritu Santo han sido mis compañeros en la prisión.

Papa Francisco Quien ha sido bautizado tiene la tarea de evangelizar.

Elkin Uriel Zuluaga Rector del Seminario Intermisional "San Luis Beltrán", Colombia

Mons. Rafael Cob Vicario Apostólico de Puyo, Ecuador El cristiano debe romper esquemas mundanos y ofrecer el mensaje de la propuesta de la fe en Jesucristo vencedor de la muerte y la injusticia; propuesta para todas las culturas, mensaje de verdad y de paz para todos los hombres, que da frutos de amor y esperanza para el mundo entero.

Marie Reine Ametepe Misionera comboniana togolesa en Perú Mi experiencia misionera es una experiencia de encuentro y de reencuentro con Dios a través de los demás, una experiencia en la que me siento parte de la vida de la gente y ellos forman parte de la mía.

Nuestros seminaristas proceden de territorios y familias de escasos recursos; por tanto, normalmente ni ellos ni sus jurisdicciones eclesiásticas están en la capacidad de asumir la totalidad de los costes que implica su formación a la vida sacerdotal. Sin la ayuda de ustedes, nos veríamos en grandes dificultades para apoyar las vocaciones de los territorios misioneros de nuestro país.


TRIBUNA

Comodidad versus comunidad Por D. José María Calderón.

U

n obispo uruguayo, que vino a visitar las oficinas de OMP hace un par de meses, me comentaba que él ha puesto en uso esa “contraposición”: comodidad frente a comunidad. La pandemia ha traído mucho dolor a multitud de personas y hogares, y ha empobrecido a muchos, no solo económicamente, que es absolutamente cierto, sino también en las relaciones humanas. Y, por desgracia, una de las consecuencias que podemos estar viviendo es la de que la comunidad, la vida de comunidad, la hemos suplantado por la comodidad. Muchos han dejado de practicar su fe en las iglesias, han dejado de participar en actividades de formación o de caridad, con la excusa de la pandemia; y, a pesar de todos los medios que se están poniendo para asegurar la salubridad de nuestros templos y actividades, prefieren quedarse en casa y, en todo caso, vivirlo a través de la televisión o de las redes sociales... Se está supliendo la vida en comunidad por la comodidad, y... ¡eso tiene mucho peligro! La Jornada Mundial de las Misiones, el Domund, nos recuerda que la fe no se puede vivir individualmente. Que la fe no es un talismán o amuleto ante las dificultades. La fe se vive en comunidad: “No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la

Director Nacional de OMP

tentación de ir «por su cuenta» o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él” (Benedicto XVI, Misa de la JMJ de 2011 en Cuatro Vientos). A los cristianos, el Domund nos abre la visión, el corazón, el deseo, a la universalidad de la

través de la televisión o de las redes sociales! Se hace viviendo en comunidad la alegría de ser familia. Los misioneros, ante las dificultades, no se encierran en sí mismos; salen –con cuidado, con las debidas precauciones y con todo el amor del mundo– para dar lo que tienen, para hacer a los demás partícipes de la vida que el Señor ha puesto en su corazón por el bautismo.

El Domund nos recuerda que la fe no se puede vivir individualmente: la fe se vive en comunidad. Iglesia, en la que todos estamos llamados, no solo a proclamar una misma fe, sino a vivirla juntos, a crecer en ella juntos, a sentirnos responsables unos de otros, y, juntos, celebrar la vida, la muerte y la resurrección del Señor. La celebración del Domund de este año 2021 puede ser una grandísima oportunidad para volver a sentir, todos, el peso de la Iglesia y aceptar con alegría que el Señor quiera reunirnos en torno al altar donde se renueva su sacrificio y entrega por la salvación de los hombres. El lema elegido por el Santo Padre, “Cuenta lo que has visto y oído”, es una invitación a compartir con los demás lo que eres, lo que tienes, lo que guardas en el corazón, y eso... ¡no se hace a

Participar en la vida de la comunidad nos hará conscientes, asimismo, de que podemos y debemos ayudar para que las comunidades cristianas donde están trabajando nuestros misioneros sigan abiertas, ¡sigan activas! Y de que cuentan con nuestra oración, cuentan con nuestro sacrificio y, también, cómo no, ¡cuentan con nuestra ayuda material! Tu ofrenda, la de los cristianos, es un precioso testimonio de vivir la fe en comunidad y no en comodidad. Nuestra colaboración económica es también una forma concreta de vencer esta pandemia y sus tristes consecuencias. Cuenta lo que has visto y oído: haz que el mensaje del Señor Jesús siga extendiéndose por el mundo. NÚM. 218, OCTUBRE DE 2021

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IGLESIA A FONDO LA IGLESIA CELEBRA

EL TIEMPO DE LA CREACIÓN El cuidado por el medio ambiente –y la denuncia de todo lo que lo degrada– se ha convertido en un tema de primer orden en la Iglesia. Para involucrar a todos los fieles en esta tarea, desde hace algunos años, el 1 de septiembre se celebra la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación.

Monseñor Eugenio Arellano, obispo de Esmeraldas (Ecuador)

“E

n la Iglesia no defendemos el medio ambiente porque nos gusten mucho las mariposas y los pájaros, sino porque nos importa la vida de las personas, y nuestro Dios es el Dios de la vida”. Me lo dijo el obispo de Esmeraldas (Ecuador), el comboniano español Eugenio Arellano, durante una entrevista en 2011, en la que me habló con gran

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preocupación sobre los “refugiados medioambientales” de su diócesis, que tenía entonces alrededor de 600.000 habitantes. Indignado ante el envenenamiento de los ríos de su zona por el uso indebido de sustancias como cianuro y mercurio, comentó: “Miles de mis diocesanos (negros e indígenas en su mayoría) han perdido sus tierras y sus bosques por la codicia de las multina-

cionales y se han visto obligados a emigrar a la ciudad. Los hijos de estas personas acabarán siendo pandilleros, y sus hijas, prostitutas”. La Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación abre “el Tiempo de la Creación”, un mes de carácter ecuménico que concluye el 4 de octubre, día de san Francisco de Asís, Patrón de la Ecología. Cada año se elige un símbolo


bíblico, y el de este año fue la tienda de Abrahán, que representa el compromiso de salvaguardar un lugar para todos los que comparten nuestra casa común. Al abrir este mes, el pasado 1 de septiembre, durante el rezo del ángelus, el papa Francisco hizo un llamamiento a que los cristianos lleven modos de vida “más sencillos y respetuosos con el medio ambiente”.

Este año, la celebración del Tiempo de la Creación ha precedido a dos importantes acontecimientos mundiales sobre la protección del medio ambiente: la Convención de la ONU sobre la Biodiversidad (octubre de 2021) y la 25 Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (noviembre de 2021), que tendrá lugar en Glasgow, en la que Francisco espera estar presente. Su

Magisterio sobre la ecología se ha convertido en un punto de referencia mundial, cuya influencia va más allá del ámbito de la Iglesia. En la entrevista emitida por la COPE el pasado 1 de septiembre, el Papa recordó que, durante su visita a Estrasburgo en 2015, cuando aún estaba escribiendo la encíclica Laudato si’, la entonces ministra francesa de Medio Ambiente, Ségolène RoNÚM. 218, OCTUBRE DE 2021

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yal, le pidió encarecidamente: “Por favor, haga lo posible por publicarla antes de la cumbre mundial de París”. Para poner las cosas en su contexto, hay que recordar que la citada encíclica del papa Francisco, publicada en 2015, trajo una verdadera revolución en el tema del cuidado de la Tierra y todo lo que tiene que ver con la ecología. Pero no se trata de un aspecto totalmente nuevo del Magisterio. Ya san Juan Pablo II habló en numerosas ocasiones del “pecado ecológico”, un tema en el que Benedicto XVI profundizó e hizo incluir en el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica. De hecho, al comienzo de Laudato si’, el Santo Padre pone su visión en continuidad con sus predecesores (y también en armonía con pensadores no católicos o seculares). Una problemática que parecía patrimonio de grupos llamados “verdes”, tanto en la política como 18 misioneros

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en la sociedad, se ha convertido en las últimas décadas en un punto principal de la reflexión y la acción cristianas. Francisco lo ha hecho uno de los ejes fundamentales de su pontificado.

Los más pobres, los más amenazados

Mientras escribo estas líneas en una casa de un barrio popular de Bangui, fuera llueve a cántaros, como si no fuera a parar nunca. Veo cómo el agua sube en el patio y sé que, cuando acabe la tormenta, si quiero salir a la calle, tendré que hacerlo dispuesto a caminar mojándome hasta las rodillas. En la República Centroafricana, país que abunda en bosques y ríos, siempre ha caído agua del cielo en abundancia durante la temporada de lluvias, de abril a noviembre, pero, durante los últimos años, las precipitaciones se han vuelto cada vez más violen-

tas. Cada vez que el cielo descarga lluvias torrenciales, cientos de familias, sobre todo en los barrios periféricos, pierden sus casas, intentan salvar unos pocos enseres y se convierten en desplazados en escuelas o en centros sociales hasta que el nivel del agua desciende y pueden ir a reparar sus maltrechas viviendas. El agua estancada provoca, además, una abundancia de mosquitos que hará que el paludismo se transmita con mayor virulencia en esta época del año, especialmente entre los niños. Aquí, por lo menos, no suele haber muertos por inundaciones. En otros países africanos pobres, sobre todo en el Sahel, la intensidad de las lluvias provocadas por el calentamiento global ha sido mortal este año. A finales de agosto, en Dakar, la capital de Senegal, hubo más de un centenar de muertos por el derrumbe de sus viviendas durante un violento


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Pero no son solo las zonas urbanas las que sufren los estragos causados por el cambio climático. En extensas zonas del Sahel y de África del Este, los agricultores están perplejos ante los cambios de ciclos de lluvias, que, hasta hace pocas décadas, solían ser bastante predecibles. Un agricultor del norte de Uganda crecía de niño viendo a sus padres sembrar mijo, maíz y cacahuetes en marzo, para contemplar cómo las semillas germinaban con las primeras lluvias, las

vias y llueve fuerte cuando antes calentaba el sol. Debido a estos cambios, en los países del Sahel el rendimiento de los cultivos de mijo y de sorgo ha caído alrededor del 10%, según datos del proyecto AMMA-2050. Esto tiene que ver con el aumento de la superficie del desierto del Sáhara durante el último siglo y con la caída más violenta de las lluvias, que provoca la erosión de los suelos de cultivo. Estas catástrofes naturales provocan desplazamientos masivos de la población por crisis alimentarias. Y también conflictos. En numerosas zonas de África, comunidades de ganaderos, a menudo seminómadas, viven en áreas que li-

plantas maduraban durante las dos o tres semanas de pequeña estación seca de junio y estaban listas para ser cosechadas entre julio y agosto. Inmediatamente después, se sembraba sorgo y sésamo, y ambos eran recolectados en diciembre, al inicio de la gran estación seca. Hoy los ciclos son cada vez más impredecibles, y lo sembrado con mucho esfuerzo se marchita por falta de lluvia o se pudre por aguaceros que caen por sorpresa. Hay sequía durante los meses en que antes caían las llu-

mitan con pueblos habitados por agricultores. Desde tiempo inmemorial, cuando llega la estación seca, los pastores se dirigen con sus ganados a tierras más fértiles donde encontrar pastos y agua. Antes, estas estaciones de trashumancia duraban unos pocos meses y los conflictos que podían surgir se dirimían localmente según la costumbre. Pero ahora, con el aumento de las temperaturas, los periodos de migración se han alargado y no raramente ambas comunidades se enfrentan con armas de

continuará y las inundaciones en las ciudades serán más graves.

Inseguridad alimentaria y conflictos en el campo

temporal. En Níger, las inundaciones provocaron una epidemia de cólera, y en Sudán, 6.000 casas quedaron destruidas por una crecida del Nilo. En un artículo publicado por esas fechas, el periodista español José Naranjo citaba al meteorólogo Christopher Taylor, experto en proyecciones climáticas en África occidental, quien aseguraba que la frecuencia de precipitaciones intensas y tormentas se ha triplicado en el Sahel desde la década de 1980. Los expertos están convencidos de que esa tendencia

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fuego en batallas campales que causan decenas de muertos. En países como Malí, Nigeria, Burkina Faso, Chad, República Centroafricana, Uganda, Kenia, Sudán, Sudán del Sur..., estos conflictos se han convertido en crónicos y cada vez tienen más intensidad. Como se ha señalado en numerosas ocasiones, África apenas es responsable de un 4% de las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo y, sin embargo, es el continente más afectado por las alteraciones meteorológicas. Así lo asegura el último informe del grupo de expertos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, publicado el pasado 9 de agosto Y, entre las poblaciones vulnerables, los que más sufren las consecuencias de estos daños medioambientales son los niños. Un informe publicado por Unicef a finales de agosto de este año seña-

riesgo climático: rachas de calor extremo, inundaciones, ciclones, enfermedades y contaminación atmosférica. Uno de cada tres niños del mundo vive en una zona expuesta a al menos cuatro de estos factores de “estrés climático”, y uno de cada siete vive en una región donde se acumulan los cinco factores mencionados.

la que son ellos los que pagan más los platos rotos de la crisis climática. Según el documento, 1.000 millones de niños viven repartidos en 33 países clasificados como “de alto riesgo”. La exposición a los efectos del cambio climático “amenaza su salud, su educación y su seguridad, además de 20 misioneros

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hacerlos correr el riesgo de contagiarse de enfermedades mortales”, afirmaba el comunicado de prensa de UNICEF durante la publicación del informe, que cita casos de niños que viven en República Centroafricana, Chad, Nigeria, GuineaConakry y Guinea-Bissau. El estudio menciona cinco factores de

El riesgo de defender el medio ambiente

Defender el medio ambiente puede convertirse en una empresa de alto riesgo, sobre todo cuando las que contaminan son empresas con mucho dinero, apoyadas por personas en posiciones de poder. Eso lo sabe muy bien el padre Aurelio Gazzera, un carmelita italiano que trabaja desde 1995 en la


P. Aurelio Gazzera, misionero carmelita

diócesis de Bouar, en República Centroafricana. A principios de 2019, el religioso empezó a escuchar testimonios de agricultores y pescadores de su parroquia de Bouzoum, que se quejaban de que las aguas del río Ouham bajaban contaminadas con altísimas dosis de mercurio, lo que ocasionaba una degradación irreparable en sus tierras de cultivo, además de la muerte de miles de peces. Esta nociva sustancia la utilizaba una compañía china que explotaba una mina de oro a las afueras de la ciudad. El padre Aurelio, un experto en comunicación en redes sociales, empezó a denunciar esta práctica en su blog y en sus cuentas de Twitter e Instagram, ambas con miles de seguidores. Un día de abril de 2019, se acercó a la parte

del río próxima a la mina para sacar fotos. Fue detenido y llevado a la ciudad, donde cientos de personas se rebelaron al verle llegar esposado, y los soldados no tuvieron más remedio que dejarle en libertad. El primer ministro le acusó en público de inmiscuirse en asuntos políticos y de ser un “traficante”. Tras varias semanas de tensión, el cardenal arzobispo de Bangui, Dieudonné Nzapalainga, y su propio obispo (de la diócesis de Bouar) salieron en su defensa, y el padre Aurelio se libró de la amenaza de expulsión que pesaba sobre él. El asunto llegó hasta la Asamblea Nacional, que formó una comisión de investigación que al final dio la razón al religioso y exigió la retirada de la compañía china, que estaba actuando de manera ilegal.

En la cuenta de Instagram del padre Gazzera hay bellas imágenes de mariposas y pájaros fotografiados por él en su misión de Centroáfrica. Pero seguramente coincida con el obispo Arellano en que su interés por la ecología, más allá de lo estético, está motivado por las amenazas contra la vida de las personas, sobre todo las más vulnerables: las que sufren los efectos de cambios meteorológicos que dejan a muchos sin casa o a agricultores sin cosechas, y provocan el desplazamiento forzoso de muchos miles, que se verán abocados a la miseria. En su misión de cuidar por la casa común, la Iglesia sigue adelante con su compromiso por detener todo lo que la pone en peligro. JOSÉ CARLOS RODRÍGUEZ NÚM. 218, OCTUBRE DE 2021

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PRIMER PLANO Si alguien pregunta qué es el caos, la mejor respuesta que se puede dar en estos momentos es "Afganistán". Cuesta comprender qué ha sucedido durante el final del verano sin conocer el desarrollo de unos acontecimientos gestados desde meses atrás y que se precipitaron tras el anuncio de Estados Unidos y otras fuerzas internacionales de su inminente, y finalmente consumada, salida del país. De repente, el caos y decenas de ciudadanos abrazados a las ruedas de un avión en vuelo. ¿Y en qué lugar queda la comunidad cristiana en Afganistán, uno de los peores países para ser creyente en todo el mundo? Difícil, muy difícil.

Afganistán

Y ahora ¿qué? 26 misioneros

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P

ara entender qué ha sucedido, cómo los talibanes ascendieron tan rápidamente al poder, hay que remontarse al 14 de abril de este año, cuando Joe Biden confirmó la retirada de las tropas estadounidenses que quedaban en Afganistán antes del 11 de septiembre, en el vigésimo aniversario de los ataques terroristas de Al Qaeda a las Torres Gemelas. Era el momento que estaban esperando los talibanes, quienes, entre mayo y julio, se desplegaron por todo el país para comenzar a controlar varios distritos y territorios claves de la nación. Kabul, la capital, sería el objetivo final. Fue el 2 de julio de 2021 cuando las fuerzas estadounidenses abandonaron su base aérea más grande del país, el campo aéreo de Bagram,

Un avance vertiginoso

El presidente de Afganistán, Ashraf Ghani, salió a escena el 2 de agosto para culpar a la rápida retirada de Estados Unidos del frenético avance de los militantes talibanes por todo el país. Sabía que la caída de Kabul era solo cuestión de tiempo. Para el 10 de agosto, en efecto, los talibanes ya tenían el control del 65% del territorio. Alrededor de 400.000 afganos habían

conquista. Pronto llegó a la mente lo que fue el brutal reinado del grupo islamista en el país entre 1996 y 2001, que incluyó la lapidación de presuntos adúlteros y la prohibición de que las mujeres trabajaran fuera de sus casas o asistieran a la escuela. Los temores sobre posibles represalias contra los afganos que ayudaron a las fuerzas de la coalición –las que los derribaron– provocaron un éxodo masivo en agosto. Otros civiles afganos, incluidos funcionarios, periodistas, activistas, religiosos y grupos minoritarios, también se vieron obligados a marcharse. Bueno, los que pudieron... La exitosa captura de la capital por parte del grupo militante islamista marcó el final de la toma total del país por parte de los talibanes. Cuando se acercaba la fe-

sido desplazados de sus hogares. Serían muchos más en cuestión de días, porque el 12 agosto los talibanes capturarían Kandahar y Herat, la segunda y tercera ciudad más grandes del país, respectivamente, y tres días después caería Kabul. El poder era suyo. Los talibanes se movían con sorprendente velocidad a golpe de

cha límite para el abandono militar, el 31 de agosto, comenzaron la vertiginosa toma de localizaciones clave, pueblos y ciudades que conducían hasta Kabul. Fue especialmente reveladora la salida del presidente Ashraf Ghani. La confirmó Abdullah Abdullah, el principal funcionario negociador de Afganistán, al comuni-

bía prisa. Las siguientes horas serían frenéticas para los que se iban y angustiosas para los que se quedaban. La comunidad internacional no tardaría en darse cuenta de la gravedad de la situación y de la necesidad de sacar a los suyos del país; y, ya al final, a todos los ciudadanos afganos no afines a los talibanes que se pudiera.

Zabiullah Mujahid, portavoz talibán

después de casi 20 años. La base se entregó a las fuerzas de seguridad afganas, casi como gesto protocolario. La inteligencia estadounidense ya sospechaba que su control caería en manos de los talibanes en no mucho tiempo. Ese mismo día, el Pentágono aseguraba que la retirada final de Estados Unidos podría completarse a finales de agosto. Ha-

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PRIMER PLANO

car: “El ex presidente afgano ha abandonado la nación. Ha dejado el país en este estado. Dios le pedirá cuentas”. Según el Washington Post, el avance relámpago de los talibanes durante el último mes tuvo más de entrega que de batalla. Kunduz fue la primera ciudad clave en caer en manos de los insurgentes, después de días de negociaciones, dirigidas por los ancianos de las tribus, que derivaron en su rendición. Llegarían más rendiciones negociadas. Estos acuerdos generalmente implicaban ceder el control de las ciudades a cambio de un regreso seguro a casa o sobornos, según aseguró el Post.

Si bien los analistas no esperaban que la insurgencia de los talibanes tuviera éxito tan pronto, la estrategia del grupo de tomar el control de la capital a través de negociaciones pacíficas, en lugar de una ofensiva violenta, demostró ser un plan extraordinariamente práctico. Se iniciaría a partir de entonces un éxodo de residentes y diplomáticos extranjeros tan penoso como insuficiente. Los funcionarios de la Embajada de Estados Unidos se apresuraron a 28 misioneros

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marcharse antes incluso de que la capital afgana fuera tomada. E inmediatamente, los demás. Quienes pudieran.

¿Y la comunidad cristiana?

Antes de comenzar la evacuación, diversos medios informaron de que los cristianos afganos estaban siendo asesinados al ser identificados como tales. Hubo decenas de testimonios de civiles, cerca de las puertas del aeropuerto, que señalaban cómo los talibanes

estaban registrando a la multitud para encontrar cristianos. Aunque el número de cristianos en el país se cifra oficialmente en menos de 10.000 fieles, varias organizaciones internacionales argumentan que hay muchos más que permanecen fuera de las estadísticas y en la clandestinidad. De alguna forma, muchos comparan la situación con las reuniones en catacumbas durante la época del Imperio romano. “¿Cuál será nuestro destino?”, preguntaba un cristiano afgano con el emoticono de una cara con lágrimas en los ojos, cuando se enteró de que las opciones de huir de Afganistán en avión simplemente no existían para ellos. Y es que los cristianos no habían sido considerados como un grupo prioritario al que evacuar. Sor Shannaz, religiosa de la congregación de Santa Juana Antida, que trabajaba en la asociación italiana Pro Bambini di Kabul (“Por


do a la injerencia exterior”. Aunque agregaba: “La esperanza es que pueda haber una colaboración interna entre los distintos componentes de la sociedad afgana, que puedan llegar a un acuerdo, colaborar entre sí y reconstruir un país atormentado por 40 años de guerra”. Más pesimista se mostraba, sin embargo, Thomas Heine, presidente ejecutivo internacional

los Niños de Kabul”), logró escapar de Afganistán junto a cuatro misioneras de la Madre Teresa y 14 pequeños discapacitados en uno de los últimos vuelos, casi de forma milagrosa. Su relato, recogido en Asia News, era estremecedor: “Estoy aquí sana y salva y, aun así, cada vez que siento que tocan la puerta u oigo el ruido de una persiana que se mueve con el viento, me sobresalto y siento terror pensando que vienen a por mí”. También resuenan las palabras del superior de la missio sui iuris en Afganistan, el padre barbanita Giovanni Scalese. El que era el único sacerdote en Kabul –llevaba siete años en el país–, ya desde Italia, como repatriado, declaraba en una entrevista a Vatican News: “Se teme que se produzca una violenta degeneración, también debi-

de Ayuda a la Iglesia Necesitada, quien declaraba: “La pequeña comunidad cristiana de Afganistán y todas las demás minorías religiosas sufrirán una opresión mayor”. Después bajó la cabeza y hubo un silencio interminable antes de marcharse. Y es que, como con pesar reconocía sor Shahnaz, “tengo el alma herida, mi corazón está en Kabul, entre los niños de la escuela y sus familias, que corren el riesgo de sufrir represalias. Y también pienso en las muchachas que me envían mensajes llorando, pidiendo ayuda, y en tantos padres aterrorizados porque los talibanes tomen a sus hijos para convertirlos en guerrilleros, cuando ellos desearían ir a la escuela para tener un futuro diferente”. ALBERTO BRAVO

La persecución ya comenzó

L

os cristianos en Afganistán están en el segundo peor país para poder vivir su fe en libertad, según la Open Doors World Watch List, la clasificación de los 50 países donde los cristianos sufren la persecución más extrema. Quedaría solo por detrás del régimen autoritario de Corea del Norte. Debido a la práctica de los asesinatos por honor y las leyes de apostasía, la situación en el país siempre fue extremadamente peligrosa para los cristianos, la mayoría de los cuales arriesgaban sus vidas si se convertían desde el islam. En efecto, la conversión "se considera a los ojos de los talibanes una apostasía que debe ser castigada con la muerte", señala la actual directora del Centro para la Libertad Religiosa del Instituto Hudson, Nina Shea, en una entrevista para Christian Today. Por otra parte, según Open Doors, "los cristianos también están decepcionados y se sienten abandonados por aquellos que esperaban que los protegieran: las tropas extranjeras se fueron y el Gobierno huyó". A la vez, sabían que este día llegaría. "Estaban preparados. Pero no lo hace menos doloroso", concluye el informe. En este contexto dramático, ha resonado la voz del papa Francisco: "Como cristianos, la situación en Afganistán nos obliga. En momentos históricos como este, no podemos permanecer indiferentes. Por eso, dirijo un llamamiento a todos para que intensifiquen su oración y practiquen el ayuno pidiendo al Señor misericordia y perdón". NÚM. 218, OCTUBRE DE 2021

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INFORME

"Cuenta lo que has visto y oído" es el lema de la Jornada Mundial de las Misiones (Domund) de este año, que se celebra el 24 de octubre. En su Mensaje, que parte de Hch 4,20, Francisco nos invita a escuchar qué nos tienen que decir los misioneros: "Contemplar su testimonio nos anima a ser valientes y a pedir con insistencia «al dueño que envíe trabajadores para su cosecha», porque somos conscientes de que la vocación a la misión no es algo del pasado". Vamos a escuchar qué tienen que decir sobre su experiencia –y sobre la misión– los que algún día oyeron y vieron algo que les hizo partir a otras tierras, con otra cultura y con otra gente.

E

scuchar la experiencia del que se admira es lo que, en muchas ocasiones, pone el rumbo correcto a la vida. Así le pasó al segoviano José Luis Asenjo, que decidió concretar su sueño de hacerse misionero claretiano a la segunda oportunidad que se le presentó. La primera, cuenta, tuvo lugar durante el bachiller, en unos ejercicios espirituales; pero tal fue el disgusto de sus padres al enterarse por un tercero de sus intenciones, que desistió. Tres años después, coincidió con el mismo sacerdote de los ejercicios espirituales y, al saberlo, su madre le preguntó: “¿Ahora sí te vas a ir de misionero?”. Aquellas 30 misioneros

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ocho palabras fueron el desencadenante. “Así que aquella misma tarde cogí la bicicleta, visité al que había sido mi consejero espiritual y le pedí ingresar en la congregación”, cuenta. El resto es historia: en 1963 realizó su primera profesión como misionero claretiano. Como bien dice el papa Francisco, escuchar aquello que cuentan los misioneros es importante, no “un recuerdo romántico de otros tiempos”. Asenjo está de nuevo en España. A sus 85 años, este religioso y médico de profesión ha pasado la última década de su vida en el país del que estuvo ausente casi 40 años, mientras misionaba en Panamá, Honduras,

Costa Rica y Guatemala. El regreso lo hizo sin pena, porque afirmar lo contrario sería “como decir que vivo con pena mi ancianidad”, algo contra lo que se rebela. Si tiene que usar una palabra para decir cómo vive este tiempo, es “agradecimiento”. “Volví, ya anciano, porque quería devolver algo de todo lo que me habían dado. Bien es cierto que la fe se vive en España de forma diferente a como se vive allá. Aquí descubrí que el mundo desarrollado de Europa te va vaciando poco a poco y de forma silenciosa. En América Latina la fe es mucho más viva”, opina. Precisamente, lo primero que cuenta de su experiencia al otro la-


do del charco es la manera de vivir allí la fe. “La parroquia, por así decirlo, hace visibles a las personas, en un mundo donde, en realidad, son invisibles”. Destaca, sin dudarlo, el compromiso del laicado, que, “por humilde que sea, tiene ganas de formarse”. La parroquia es más suya que del sacerdote, “y, en parte, tienen razón; la Iglesia es de los laicos, y los sacerdotes estamos para servirles”. A veces, contar lo sucedido no solo brinda este testimonio, que es un tesoro y un regalo para quienes pueden escuchar a los misioneros, sino que también es útil para reinterpretar el pasado propio; como quien no se da cuenta del bosque al apoyarse en el árbol, pero más tarde, desde el aire, descubre la inmensidad del paisaje. Algo parecido le sucedió a este claretiano cuando volvió a “visitar” su experiencia en Honduras: “Cuando empecé a ordenar los recortes de prensa relacionados con la Iglesia, me di cuenta de que ha-

bía una verdadera persecución religiosa, que estaba pasando desapercibida por la estrategia que empleaba Tomás Arbizu el Gobierno de la nación, que encendía, apagaba y trasladaba de lugar los ataques. Fueron muchos misioneros y campesinos los que perdieron la vida en esos años”.

Apertura a los demás

Cuando Tomás Arbizu “cuenta la misión”, cuenta, sobre todo, que ha visto y oído al prójimo, y eso transforma. Tanto que, “al final, ya se los ve como parte de uno mismo”. Arbizu nació en Cirauqui (Navarra) y, siendo agustino recoleto, se presentó voluntario, tras nueve años en casas de formación, para ser destinado a las misiones. Era una época en la que el billete era

tan de ida que podían pasar años hasta volver a ver la tierra propia. Salió por primera vez de España en un avión que aterrizó en Panamá, y se dirigió a la frontera con Costa Rica, hasta uno de los lugares más recónditos: era 1975 y aún faltaban muchos años para inaugurar la carretera que luego pasaría por Kankintú, algo de lo que él sería testigo. Mientras tanto, tuvo que llegar a esta zona atravesando mar y río. En Kankintú, que pertenece a la región Bocas del Toro, Arbizu se encontró al pueblo ngobe. Cuatro décadas de trabajo dieron sus frutos. El más reseñable, quizá, NÚM. 218, OCTUBRE DE 2021

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incluir en la historia de lo escrito la lengua de este pueblo. “Cuando llegué, no había nada escrito. Y nos tocó hacer los textos litúrgicos: era apuntar, apuntar, apuntar...”, recuerda. Una labor que realizó en comunidad, como todos sus años de misión. Uno de los puntos clave fue el ganarse la confianza de los mayores del lugar, para conocer los relatos y mitos ngobe. “Normalmente, nunca se los contaban a los no indios”, explica. Recoger estas narraciones fue, a juicio de Arbizu, un gran acierto. Cuanta más educación formal recibían los jóvenes, menos escuchaban las enseñanzas de los mayores; y, al poder enseñar esos relatos en la escuela, posible-

mente salvaron a muchos de ellos de caer en el olvido. Muchas son las aventuras que puede contar Tomás Arbizu. En gran medida, gracias a que otros le prendieron la inquietud. Mientras se formaba como fraile, cayeron entre sus manos libros sobre las misiones de su orden en Filipinas y Colombia, y más tarde participó durante cuatro años en una academia misional. “Poco a poco, eso a uno le va creciendo”. 32 misioneros

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Pero hay algo que no deja de recordar este misionero: a todos aquellos que iniciaron el camino misionero y, por el motivo que fuera, lo interrumpieron. Nada más llegar a Panamá, le pidió consejo a su obispo, quien le respondió una palabra: “Aguantar”. Más adelante, llegaron los momentos de crisis vitales. Como le ocurrió a uno de sus compañeros misioneros. “Quisimos hacer un proyecto para comercializar arroz, y uno de los lí-

deres indígenas acusó a mi compañero de querer proseguir la conquista y hacerse rico a costa de su trabajo. Al volver a casa, me dijo: «No aguanto más». Y se fue”. A veces no se trata de aguantar al prójimo, sino la propia vulnerabilidad, como el año completo que Arbizu tuvo que pasar en España para recuperarse de sus problemas de úlcera e hígado a causa de la alimentación. Tras todo lo vivido, no es extraño que este agustino recoleto mire al joven que viajó hace más de 40 años a Panamá y diga que “el misionero tiene que estar abierto a los demás” y, en definitiva, “ser otra persona”.

Generosos con Dios

La misión también ha mostrado el proceso de cambio y apertura al otro a Elisa Ávila, religiosa de la Congregación de Santo Domin-


Elisa Ávila

go, conocidas como dominicas de Granada. Tiene 50 años y los últimos 22 los ha pasado en África: primero, en la República Democrática del Congo, y después, en Camerún, donde vive en la capital, Yaundé. En sus palabras, una ciudad de “muchos contrastes”, en la que se vive “una lucha continua por salir adelante en el día a día”. Su primer contacto con las misiones fue en su época de estudiante, de la mano de Cristina Antolín, médica de profesión y en la actualidad superiora general de las dominicas de Granada. Sus palabras al volver de África inquietaron el corazón de Elisa, hasta que se planteó realizar una experiencia misionera de dos meses en África, para probar. Cuando lo verbalizó ante otra misionera de la misma congregación, María Teresa Gómez, recibió una respuesta contundente: “Sé generosa con

Dios: no le des dos meses, dale dos años”. Y hasta ahora. Para Elisa, el mensaje de este año para el Domund es un perfecto resumen de la vida misionera. “Si somos agradecidos, no podemos por menos que contarlo y animar a que otros hagan la misma experiencia”, reflexiona. Experiencia que da frutos que no son fáciles de ver: “A nivel de congregaciones, sentimos a veces la falta de personal, notamos que somos menos. Pero, al mismo tiempo, tenemos mucha esperanza, porque vemos cómo las vocaciones nativas avanzan, asumen responsabilidades..., y en todo eso vemos la mano de Dios”. Posiblemente, la clave de que allí por donde pasan las misioneras haya jóvenes que sienten la llamada de Dios tenga que ver con aquello que ven y oyen. Para Elisa, uno de los motivos es el poder compartir más el trabajo

que hacen y que es muy valorado. “Les gusta sentir que participamos del mismo espíritu y de la misma vida de Dios”, apunta. Algo que, a su manera, también viven los laicos, “muy presentes y muy activos en la vida de la Iglesia”.

Ver y oír el Evangelio

La familia Portal Garrido pertenece al laicado misionero que se ha ido incorporando progresivamente a esta labor. Teresa Garrido, que lleva 23 años en Zambia, vio y oyó todo lo que le contaban las trinitarias de su colegio y los misioneros que pasaban por su parroquia La Purísima de Salamanca. “África siempre ha estado en mi corazón”, señala. Era cuestión de tiempo que pisara el continente. En su caso, la misión empieza en casa. Teresa y su marido, Gonzalo Portal, son padres de cuatro hijos: Yvonne (20 años), MaNÚM. 218, OCTUBRE DE 2021

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Conchi Villanueva

nuel (18), Samuel (12) y Alejandro (8). Para Teresa, eso les permite “vivir en primera persona los problemas, las alegrías y la fe dentro de la familia y dar un testimonio práctico, concreto y con conocimiento experimentado y compartido de cómo vivir la vida, desde la fe, ante ellos”. En cierto modo, una cercanía diferente a la de una religiosa, religioso o sacerdote. Allí, lo que Teresa ha visto y oído y no puede dejar de contar es su misión, cómo ha cambiado su

vida. Además de la familia, ella y su marido se dedican a la enseñanza. Él, en la escuela diocesana; ella, en la escuela de artes que fundaron y que se llama Insasa Symphony School. Insasa significa “alegría” en lengua bemba, y allí reciben a sus estudiantes sin tener en cuenta la situación económica. Por si todo ello fuera poco, tienen tiempo para dinamizar la catequesis en la parroquia de San Mateo Apóstol. Pero, como para cualquier misionero, para Teresa lo más importante es ver y oír el Evangelio, y después tratar de transmitirlo. Desde su experiencia, ella destaca 34 misioneros

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tres cosas necesarias: “Alegría, acogida, y oración”.

Acariciando el sufrimiento

Conchi Villanueva, originaria de Málaga, vive en Kerala, en India. Para ella, la pregunta sobre cómo evangelizar “interpela mucho” en un entorno como España, donde la religión cristiana es mayoritaria. Tras pensarlo, expresa su opinión con una frase: “Deberíamos ser más coherentes”. Esa es su receta, si se le puede llamar así, para encender la llama misionera en otros. Conchi es la misionera más joven de este reportaje: tiene 38

años y comenzó su camino con las hermanas trinitarias en 2008, año en el que entró como postulante. En 2018 dijo que “sí” profesando sus votos perpetuos, cuando ya llevaba dos años en India. Hoy en día se dedica, entre otras cosas, a formar futuras religiosas trinitarias. “Es toda una bendición” vivir con ellas, afirma. También fue una misionera, en este caso carmelita, quien sembró en ella la semilla de la vocación de una manera impactante: fue “la hermana Charo, que ayudaba a menudo a mi madre en casa con las hermanas pequeñas. Me llamaba la atención cómo era capaz de


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dejarlo todo por estar con los más pobres”, recuerda. Y tanto que estuvo con ellos, porque de un día para otro hizo la maleta, rumbo a Sierra Leona. Desde aquel día, Conchi, con “ocho o nueve años”, tuvo clarísimo que quería ser misionera “como ella”. Años después, aquello dio sus frutos, cuando Conchi entró en contacto con las hermanas trinitarias en 2006. Cuando habla de coherencia, lo hace, en parte, desde la perspectiva de haber acariciado el sufrimiento propio y, sobre todo, ajeno. Poco podía ella haber previsto la sequía de 2017, en la que experimentó qué significa abrir la llave del grifo y que no salga nada de agua. Pero aún quedaba algo peor, las inundaciones del año siguiente. Fue muy duro “cuando muchas personas perdieron sus vidas, y otras tantas, sus casas”, explica. Pero “el milagro se produjo: ya no había hindúes o cristianos o musulmanes, todos éramos hijos e hi-

jas de Dios, necesitados de su ayuda y misericordia”. Y poco iba a pensar que los momentos duros continuarían. A veces, con experiencias concretas de personas en vulnerabilidad extrema, como la mujer que les dijo que no era necesario que rezaran por ella, postrada en la cama y con dos hijas de 6 y 8 años, porque “Dios se había olvidado de ella”. Con tanta dureza, “ya no había lugar para la queja”. Eso pensaron Conchi y sus hermanas de comunidad después de aquella ocasión. José Luis, Tomás, Elisa, Teresa y Conchi son cinco misioneros que tienen mucho que contar, porque han visto y oído mucho. Sobre todo, porque las experiencias han quedado atesoradas en su interior y están dispuestos a compartirlas. Más aún, porque saben que, como otros les transmitieron a ellos la llama misionera, ahora son ellos quienes pueden encenderla en otros. ASIER SOLANA

ambian los tiempos. Antes, ir de misión significaba no saber muy bien cuándo se volvería. Conchi Villanueva, desde Kerala, lo subraya: "Ser misionero significaba marcharte de tu país y no saber cuándo ibas a regresar, no poder hablar con tu familia por periodos largos de tiempo, aprender a amar sin condiciones un país y cultura que no eran tuyos, abrir tu alma a todo lo nuevo". Hoy, la situación es diferente: "Contamos con la 'ventaja' del uso de las nuevas tecnologías, en que las distancias se acortan". Por ello, esta misionera trinitaria, de la generación de las "jóvenes", se queda con el modelo que le han marcado quienes la precedieron y ese "aprender a amar sin condiciones". Tampoco son ajenos a la realidad los misioneros veteranos. El claretiano José Luis Asenjo reconoce que "somos distintos en cada tiempo y persona", y observa cómo ahora, en la misión de Kankintú, han tomado el relevo tres jóvenes. "Tienen sus 'celulares', son expertos en redes, porque les ha tocado. Pero tendrán que ir siempre a la base, llegar a la persona. Les vendrán los momentos de vivir los mismos cuestionamientos que he tenido. Y hay que confiar en su generación", señala. NÚM. 218, OCTUBRE DE 2021

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conectad@s

CRUZ DE LA MISIÓN "Que nos lleve a anunciar con la vida el Evangelio liberador de la ternura sin límites de Dios por cada uno", tuitea el Papa a propósito del símbolo del #CongresoEucarístico. Ante la carestía de amor de hoy, el alimento que el hombre espera. PAPA FRANCISCO Twitter @Pontifex_es

OLLAS COMUNES El misionero diocesano Juan Febrero ha vuelto y nos cuenta cómo dan de comer a la gente más pobre de Lima (Perú). Estas visitas son crónica, inspiración y aprendizaje. MISIONES DE ZAMORA Twitter @ZamoraMisiones

UN "MANITAS" Es el hermano Duilio, tallando un Cristo en un trozo de madera en el taller de Isiro (R. D. del Congo). Los misioneros son así de polivalentes. MISIONERAS COMBONIANAS ESPAÑA Instagram @combonianas

HAUTE MATSIATRA Hay que romper el círculo de la pobreza ya. Por ejemplo, en esta región de Madagascar, donde el índice de analfabetismo es muy elevado. Manos Unidas está en ello; siempre urge ayudar. MANOS UNIDAS Instagram @manosunidas

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MISIONERA DE LOS POBRES Un tuit para recordar a la madre Teresa de Calcuta el día de su fallecimiento (5 de septiembre) y hacerlo con estas bellas palabras suyas: "Si hubiera pobres en la luna, iría allí". OMP ESPAÑA Twitter @OMP_ES


AY U D A M O S A . . .

Uganda OMP España envió más de 128.000 e el año pasado

M

uy lejos. En el corazón del África negra. Allí está Uganda. Unos 6.000 km hay que recorrer, en línea recta, para ir volando de Madrid a Kampala, su capital. Aunque los avances de la modernidad han hecho que el mundo de nuestros días quepa casi en un pañuelo. Y es que, a pesar de todos los pesares y distancias, parece que Uganda no nos cae tan lejos. Tampoco, a las Obras Misionales Pontificias en España. El año pasado la red de caridad misionera del Papa hizo llegar a la Iglesia en ese país la fraterna generosidad de los católicos españoles, cifrada en 128.238,21 e. Recaudo reunido y aportado por dos de sus Obras Misionales: la de San

Pedro Apóstol (con una suma de 106.680,33 e) y la Infancia Misionera (con 21.557,88 e).

Contrastes preocupantes

Uganda es una explosión de juventud: más de la mitad de su población tiene menos de 15 años. Sin embargo, bueno será dejar anotado aquí que su presidente acaba de cumplir los 77. El hoy general y antiguo guerrillero Yoweri Kaguta Museveni, que pertenece a la Iglesia anglicana, se puso al frente de su nación en el siglo pasado. Y allí sigue, como presidente del Gobierno y, también, como jefe de Estado, desde enero de 1986. Muchos se preguntan: ¿cómo es posible que, al cabo de 35 años, Museveni siga en el poder? Los más solo encuentran esta explicación: que sus predecesores –Idi Amin Dadá, rebautizado con motivo

como “el carnicero de Uganda”, y Milton Obote– gobernaron apoyándose en el más puro y duro terror. Ahora, con Museveni, la corrupción campa a sus anchas por todo el país, cierto. Pero también es verdad que la nación ha duplicado su renta per cápita en los últimos diez años, hasta los 1.370 dólares. El desarrollo económico ha sido uno de los elementos fundamentales de la estabilidad en Uganda. Con Museveni, la economía ha crecido a un ritmo superior al 5% anual. La cifra, con todo, no deja de ser engañosa, porque, como sucede en casi todo el continente negro, la riqueza sigue estando mal repartida: las élites engordan, mientras el grueso de la población –el 80% que vive de la agricultura– adelgaza. Así las cosas, en Uganda, más de un tercio de los habiNÚM. 218, OCTUBRE DE 2021

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tantes viven por debajo del umbral de la pobreza. Pobreza que, a su vez, acarrea otros problemas que menoscaban no poco los derechos humanos. Por ejemplo, para los niños, el acceso a la educación es un privilegio al que solo acceden los hijos de familias con alto poder adquisitivo. Para colmo de males, por el norte de Uganda también soplan los malos vientos de la violencia: la ocasionada por la organización terrorista y extremista cristiana, fundada por el fanático Joseph Kony, Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por sus siglas en inglés).

Tierra de mártires

Pese a todo, la Uganda de nuestros días es uno de los países más seguros y prósperos de su entorno. En números absolutos, son 37.674.000 millones de habitantes, de los que 18.351.000, casi la mitad, son católicos. La Iglesia en Uganda, organizada en 20 circunscripciones eclesiásticas y 588 parroquias, cuenta con un total de 31 obispos. Tiene 1.995 sacerdotes diocesanos y 345 sacerdotes religiosos. En todo el país también 46 misioneros

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hay 697 religiosos (no sacerdotes), 3.627 religiosas, 32 misioneros laicos y 16.823 catequistas. En buena parte, esto es así porque sigue siendo muy cierta la afirmación de Tertuliano: “La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos”. Desde 1965, a un corto trecho de Kampala, en Namugongo, se levanta la basílica erigida en honor y loor de los santos mártires de Uganda, ejecutados en 1886 por orden del rey Mwanga II. El santuario está construido donde san Carlos Lwanga y san Kizito fueron quemados vivos. Entre el 31 de enero de 1885 y el 27 de enero de 1887, fueron sacrificados un total de 22 católicos por negarse a renunciar a su fe. Por eso, el templo está apoyado en 22 columnas. Asimismo, 23 anglicanos corrieron la misma suerte. Seis años atrás, en 2015, el papa Francisco visitó Uganda y pasó por los dos santuarios de Namugongo –también por el anglicano– para recordar a los 45 cristianos martirizados. Los Misioneros de África fueron los primeros evangelizadores de la actual Uganda. Los también

conocidos como padres blancos –fundados por el cardenal Carlos Lavigerie– llegaron al antiguo reino de Buganda en 1879. Entonces –hace 142 años– la Iglesia católica comenzó a echar raíces con fuerza sobre la fértil tierra que bañan el lago Victoria y el naciente río Nilo.

Fraterna generosidad

Y sigue haciéndolo en nuestros días. Gracias, también, a la fraterna generosidad de los católicos españoles. El seminario mayor Mártires de Uganda-Alokolum, donde un equipo de 18 profesores se encarga de la formación de 221 futuros sacerdotes, ha recibido 76.914,55 e para su sostenimiento. Por su parte, como muestra de sincero agradecimiento, el rector del seminario menor de Santa María, en Nadiket, Moroto, cercano a la frontera con Kenia, padre Simón Peter Lokiru, dice así en una carta: “Muchas gracias por el trabajo que están haciendo por el bien de la Iglesia universal. Ordenado sacerdote en 2001, he servido en este seminario durante


AY U D A M O S A . . .

más de diez años como rector. Desde mi experiencia personal, las becas recibidas han sido de gran ayuda, especialmente para nuestro seminario menor, ubicado al noreste de Uganda. Es una de las regiones más remotas y atrasadas de nuestro país”. El rector también explica que “nuestros seminaristas provienen de familias pobres. No podemos cobrarles cuotas de la escuela secundaria. El seminario está en una zona semiárida; la principal actividad económica es el pastoreo. Aumentar las tarifas para los niños continúa siendo difícil. La mayoría siguen en la escuela gracias a las becas de la Iglesia o de las ONG”. Y añade: “Como nuestra región es árida, no podemos dedicarnos a un trabajo agrícola serio, ni a la cría de animales, porque las redadas de ganado están a la orden del día. Solo para conseguir alimentos tenemos que comprarlos en las regiones agrícolas vecinas de la zona a precios más altos. También dependemos de los suministros de comida del Programa Mundial de Alimentos (PMA), que se ofrecen solo para el

almuerzo. Por ser un internado, tenemos que proporcionar desayuno y cena también. Por eso, necesitamos todo su apoyo”. El padre Simón concluye: “Además, la infraestructura del seminario está en mal estado. Necesita mantenimiento. Pero, con los pa-

gos que recibimos de los estudiantes, difícilmente podemos hacer frente a eso. Estamos tratando de conseguir, por otras formas que Dios quiera, que el seminario sea sostenible en caso de que no se obtenga ayuda externa”. TOMÁS TAMARREDO

Si estás interesado en realizar un donativo, puedes hacerlo en el número de cuenta ES25 0075 0204 9506 0006 0866. También, accediendo a la página web www.omp.es y pinchando en la opción "Haz un donativo".

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Revista Misioneros - Nº 218 - Octubre 2021

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