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EDITADA POR LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS

Nยบ 176 JUNIO Aร‘O 2017

TERCER MILENIO


Nº 176. JUNIO, 2017

TERCER MILENIO EDITA OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS C/ Fray Juan Gil, 5 28002 - Madrid Tfno: 91 590 27 80 Fax: 91 563 98 33 E-Mail: dir.nal@omp.es http://www.omp.es http://www.domund.org

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en este número... IGLESIA A FONDO La Orden de los Agustinos Recoletos (OAR), que actualmente reúne a más de un millar de religiosos y religiosas repartidos por un total de 19 países, celebran en este 2017 el "Año de la Santidad".

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PRIMER PLANO La proliferación en África de grupos terroristas, bajo el amparo del fundamentalismo islámico, amenaza con hacer estallar la convivencia entre cristianos y musulmanes.

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INFORME El domingo 21 de mayo, el papa Francisco anunciaba la creación de cinco nuevos cardenales, tres de ellos estrechamente vinculados a las jóvenes Iglesias. En Misioneros repasamos sus trayectorias.

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y además... 7 TRIBUNA

42 ANIMACIÓN MISIONERA

Puesta al día

10 EL OBSERVADOR FILIPINAS ESPAÑA - EGIPTO

20 ASÍ VA EL MUNDO AFGANISTÁN - CHINA REP. CENTROAFRICANA

45 CARISMAS Misioneras de los Sgdos. Corazones de Jesús y María

48 CULTURA Libros que invitan a pensar y emocionarse

54 EN EL OBJETIVO

36 ENTREVISTA

Victoria Braquehais,

religiosa de la Pureza de María y misionera en la Rep. D. del Congo

56 MISIÓN VIVA La diócesis de Lae (Papúa Nueva Guinea) cumple 50 años


EDITORIAL

Medidas contra el yihadismo

E

l yihadismo trata de conformar conciencias a su antojo, valiéndose del arma que mejor sabe utilizar: el terror. Los recientes atentados con los que se ha hecho presente en Europa, los no tan conocidos ataques –al menos, en el mundo occidental– con que desangra a las comunidades musulmanes de Oriente Medio, su auge en un África donde se practicaba y se practica un islam más convivencial con las otras religiones, su despertar en países incluso del Lejano Oriente... son hechos preocupantes, que ponen de manifiesto una terrible realidad: el fundamentalismo islámico quizás esté perdiendo la guerra sobre el campo de batalla, pero puede ganar en lo propagandístico e ideológico si no se acometen medidas de inmediato. En Occidente, en los países de tradición cristiana, cada vez hay una mayor asociación del islam con una religión de masacres y conversiones forzadas, de violencia y de no respeto de los derechos fundamentales. El Estado Islámico está consiguiendo que se les identifique con el “verdadero rostro del islam”, y esto es una gran victoria para ellos, por cuanto despierta sentimientos islamófobos, un miedo a ser invadidos, un clima de desconfianza –del que los grandes perjudicados son los refugiados y emigrantes– que beneficia a los intereses de los yihadistas. Se genera

un clima de tensión y de violencia que es el caldo de cultivo ideal en el que el fundamentalismo puede captar adeptos para su causa. Afrontar esta situación requiere importantes esfuerzos por parte de todos, pero en especial del mundo musulmán. El contacto entre el islam y la modernidad no puede ser aplazado. Como ha manifestado la organización juvenil musulmana

instituciones como Al Zahar, la universidad más influyente y representativa del islam suní –y que, no sin motivo, el papa Francisco visitó en su reciente viaje a Egipto, para alentar su trabajo de reforma–, tienen mucho que decir. Pero no todo el empeño ha de ser de la comunidad musulmana. A los demás toca acompañar. Como acertadamente ha señalado

Se necesita un nuevo examen del Corán para evitar los estallidos de violencia y clarificar la relación entre musulmanes y no musulmanes. más grande del mundo, Gerakan Pemuda Ansor, con sede en Indonesia, se necesita un nuevo examen del Corán para adaptarlo a los tiempos actuales. En su opinión, se trata de un ejercicio imprescindible para establecer una nueva hoja de ruta estratégica que evite los estallidos de violencia y clarifique la relación entre musulmanes y no musulmanes. Porque, de lo contrario, “se verá un continuo derramamiento de sangre en los países musulmanes que podría amenazar a la humanidad”, debido a “la gran discrepancia que hay entre la estructura de la ortodoxia islámica, que se aferra a las enseñanzas de la era medieval, y el contexto de la realidad actual de los musulmanes”. En este sentido,

Francisco, es necesario “hacer frente a las divergencias con la paciencia valiente del diálogo y de la diplomacia, con iniciativas de encuentro y de paz, y no con la exhibición de la fuerza y su uso precipitado y desconsiderado”, con que el terror tienta a las sociedades y, menos comprensiblemente, a algunos dirigentes de países. “Es indispensable además –ha añadido el Papa– aislar a quien trate de transformar una pertenencia y una identidad religiosa en motivo de odio hacia los otros”. Sin olvidar tampoco la cuestión económica, una justicia social distributiva que ponga el bien común y al ser humano en el centro de su interés. Una titánica tarea que no podemos rehuir.

EDITA Obras Misionales Pontificias DIRECTOR NACIONAL OMP Anastasio Gil DIRECTOR Alfonso Blas DISEÑO Antonio Aunés COLABORADORES Rosa Lanoix, Rafael Santos, Francisco José Pérez Valero, Montserrat Vilaseca, José TERCER MILENIO Beltrán, José Carlos Rodríguez, José Ignacio Rivarés, Israel Íñiguez, Modeste Munimi, José Ramón Carvallada, María Jesús Sahagún, Carmina Sofía Fernández, Juana Gómez, Juan Lázaro Sánchez, Vicente Marqués Ruiz ARCHIVO FOTOGRÁFICO Antonio Aunés, Rafael Santos FOTOGRAFÍAS Efe, 123RF SUSCRIPCIONES Roberto Murga DEPÓSITO LEGAL M-48558-1999 ISSN 1695-1034 IMPRESIÓN Gráficas Dehon. PP. Reparadores. C/ La Morera, 23-25. Torrejón de Ardoz, Madrid. Tfno: 91 675 15 36


IGLESIA A FONDO

Los agustinos recoletos celebran, en este 2017, el "Año de la Santidad"

Llamados a ser santos para revitalizar la orden Ahora que el calor aprieta, puede sonar a descabellado desatino mencionar la conocida cerveza San Miguel. Pero no hay desacierto tal. Ni siquiera se trata –aunque pueda parecerlo– de publicidad. Aquí solo pretendemos recordar que esa bebida existe por obra y gracia de los padres agustinos recoletos. Nada más. Y... ¡nada menos! 14 misioneros

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í. La sobredicha cerveza nació, en efecto, en las postrimerías del siglo XIX. En 1885, para ser precisos. Y fue creada por una pequeña comunidad de frailes agustinos que trabajaban en la isla filipina de Cebú. Allí se encuentra plantada la primera cruz del archipiélago. Y allí también es venerada la milagrosa imagen del Santo Niño de Cebú, que Fernando de Magallanes regaló a los lugareños. Casi cuatro siglos después, los agustinos del XIX, continuadores de la labor misionera que comenzó con la llegada de Magallanes, trataron de combatir la debilidad

que sufrían por el excesivo calor que sopla en las Bisayas. Y así hizo su aparición la cerveza de marras, cuya fabricación hoy fue traspasada a otras manos. Ni que decir tiene que el leitmotiv de estas páginas tiene bien poco de cervecero. Y sí mucho que ver con los agustinos y los santos. En efecto: la Orden de los Agustinos Recoletos (OAR) –institución surgida de la numerosa familia agustiniana– actualmente reúne a más de un millar de religiosos. Están agrupados en las 195 comunidades que viven distribuidas por un total de 19 países. Atienden 200 parroquias, 50 centros educa-


tivos y universitarios y, además, tienen encomendados ocho territorios de misión en África, Asia y América. Cuentan, en fin, con un total de 19 obispos en activo. En nuestros días la familia agustino recoleta es un gran árbol que hunde sus raíces hace ya más de cuatro siglos: en diciembre de 1588 y en la ciudad de Toledo nacieron. Se trataba de materializar el deseo de una mayor perfección y austeridad: intensificar la vida contemplativa y comunitaria y acentuar los rasgos ascéticos de la vida religiosa. El propio fray Luis de León se ocupó de redactar la nueva forma de vivir de los frailes agustinos descalzos. Actualmente, ese recio árbol del espíritu agustiniano luce ocho ramas bien frondosas: los Agustinos Recoletos, las Agustinas Recoletas, las Agustinas Descalzas de San Juan de Ribera, las Augustinian Recollect Sisters, las Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús, las Misioneras Agustinas Recoletas, las Agustinas Recoletas de los Enfermos y la Fraternidad Seglar Agustino Recoleta. Fruto del último consejo general, celebrado a primeros de este año, el prior general de la orden –el tarraconense Miguel Miró, reelegido para un nuevo mandato de seis años en el último capítulo general, que también reagrupó en cuatro provincias las ocho existen-

La orden reúne actualmente a más de un millar de religiosos, agrupados en 195 comunidades. tes–, con fecha de 2 de febrero, enderezó una carta en la que se proclama este 2017 como Año de la Santidad para toda la congregación y en todo el mundo. Tal celebración comenzó el primer domingo de Cuaresma. Y terminará el 13 de noviembre de 2017, fiesta de todos los santos de la orden. Este, el lema: “Llamados a ser santos”. Y este, el motivo: que coinciden muchas efemérides que recuerdan la santidad de los hermanos y hermanas agustino recoletos. Y el objetivo: dedicar un año a la santidad para impulsar la revitalización de la Orden y “ayudar a descubrir el carisma agustino recoleto como un camino cierto y seguro para ser santos”, dijo Miguel Miró. El general añade, además, que esta invitación es, sobre todo, “una llamada a perseverar en el camino de santidad a través de las dificultades materiales y espirituales que marcan la vida cotidiana”, y resalta que la vida fraterna de cada comunidad es “una escuela para el que desea ser de verdad santo, ya que es allí donde debe entregarse y caminar con los hermanos que el Señor pone a su lado”.

Estos son los más sobresalientes aniversarios que celebran los agustinos en su Año de la Santidad: los 150 años de la beatificación de Francisco de Jesús y Vicente de San Antonio, junto a tres hermanos, catequistas japoneses, todos mártires en Japón; los 75 años de la muerte de Ignacio Martínez, administrador apostólico de la prelatura de Lábrea, al sur de la selva amazónica, en Brasil; los 50 años de la muerte de la beata María de San José, fundadora de las Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús; los 30 años de la canonización de Magdalena de Nagasaki, terciaria agustina recoleta; los 25 años de la canonización de Ezequiel Moreno, obispo de Pasto (Colombia); y, además, en este año 2017, se presentará a la Congregación para las Causas de los Santos la positio de fray Jenaro Fernández Echeverría... Sería harto fatigoso abrumar a nuestros lectores con una tan abultada relación de los muchos hombres y mujeres que, con su callado sacrificio, han dado ejemplar testimonio de su compromiso humanitario y misionero a lo largo de los siglos. Como para muestra vale NÚM. 176, JUNIO DE 2017

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Miguel Miró, prior general de la orden

un botón, parece más certero y actual el vivo y valioso testimonio que nos brindan, desde el corazón del continente negro, un puñado de agustinas contemplativas. Ellas son la muestra evidente de que el camino que lleva a la santidad –como recuerda, en su carta, el prior general– pasa por hacer frente a las dificultades materiales de cada día. Ellas, allí y ahora, están dando buena cuenta de los afanes y desvelos cotidianos que llenan sus días en el corazón de África. También en los comienzos del siglo XXI mana y surte el agua clara del testimonio ejemplar.

Camino de santidad Todo empezó el 26 de julio, fiesta de san Joaquín y santa Ana, del año 2006. En esa fecha, cinco mujeres –tres españolas, una mexicana y otra filipina–, Esperanza Martín, Cristina González, María José Vila, Alicia Cuautli y Judith de Quiroz, abordaron en Madrid un avión y pusieron rumbo a Nairobi, en Kenia. Al cabo de 6.200 kilómetros de vuelo, tomaron tierra 16 misioneros

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dispuestas a plantar, en aquel continente, el primer monasterio contemplativo de agustinas recoletas, que tal era su propósito. Las religiosas agustinas no hicieron oídos sordos a la invitación que, meses atrás, les había lanzado, desde Kenia, monseñor Martín Kivuva, obispo de la diócesis de Machakos. Aceptaron el desafío. Y, empujadas por el Espíritu, se lanzaron a la aventura misionera. Los dos primeros años vivieron en Ma-

sii. Y, al cabo, pudieron trasladarse a un convento de nueva planta que estaban edificando en Wote, Makueni. El 4 de septiembre de 2008, día de Nuestra Señora de la Consolación, quedó solemnemente inaugurado el monasterio. Pero no todo fueron gozos y alborozos en esos días. Las hermanas también tuvieron que pasar no pocos malos tragos. Y es que la zona elegida para edificar el monasterio era un verdadero seca-


rral. El obispo eligió ese lugar, cercano a la segunda ciudad más importante de la diócesis, para repartir la presencia contemplativa. Y es que en Machakos ya había un monasterio de carmelitas. Durante la edificación, los constructores acumularon en una balsa el agua que necesitaban, traída de fuera. Los problemas comenzaron después. Las monjas cayeron en la cuenta de que la tierra era semidesértica. Y que el agua, tan fundamental para la vida, brillaba por su ausencia. Las hermanas pensaron en construir un pozo. Les dijeron que sí, pero que lo construirían más adelante. A medida que avanzaba la construcción el problema se iba haciendo más y más evidente. Ya estaba levantada la segunda altura del edificio, y no era cuestión de dar marcha atrás. Según explican, “nos aconsejaron abandonar y marchar a otro lugar”. Ellas decidieron quedarse “para dar testimonio y seguir luchando, porque no podemos huir de la penuria”. Había que per-

forar el terreno para dar con la solución. Además, las agustinas habían recibido donativos para ese fin. No se podía dilatar más la espera. Pero sí se dilató. Y mucho. ¡Diez años! Toda una década han sufrido las religiosas el problema de la escasez de agua. Escasez que les ha acarreado múltiples gastos y no pocos trabajos añadidos.

La aventura del agua Lo cuenta sor María José Vila, una de las protagonistas. La hermana María José, de 66 años, valenciana de Guadassuar, ha trabajado 15 años en Filipinas. Ahora, ya lleva 11 en Kenia: “Bien apenadas y trabajadas hemos estado diez años por las dificultades y gastos originados por el agua”. Y siempre que viaja a España, responde con la misma convicción: “Quiero volver a Kenia. Es mucho lo que queda por hacer. Allí quiero estar hasta que muera”. Y cuenta la aventura del agua: “Contratamos una empresa perita en pozos. Los expertos eligieron

los lugares, pero después de haber perforado ocho pozos en cuatro años, ¡nada! El disgusto era soberano”. Al cabo, las monjas pusieron sus ojos en el río Kitui, que pasa a tres kilómetros del monasterio y que está casi seco. Volvieron a perforar. Y sí: “Salió agua, pero en muy poca cantidad y muy dura, llena de cal y de sales”. La situación era desesperante. Pero no. A pesar de todos los pesares, las agustinas, erre que erre, construyeron un aljibe en el seno del mismo río, junto al pozo. Y mezclaron ambas aguas: la del río, con la que salía del pozo, para suavizarla. Además, “tuvimos que instalar 2,5 kilómetros de tubería para llegar hasta el monasterio. Y llegó; pero un agua muy contaminada y salada”. Inasequibles al desaliento, al cabo, pudieron hacerse con una purificadora, para filtrar y limpiar el líquido elemento. La cosa no termina así: “Pronto, la purificadora, con todo lo buena que era, se escacharró. La cal, la arena, el salitre y otros NÚM. 176, JUNIO DE 2017

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componentes eran tantos que atascaron el filtro y lo dejaron inservible. Y llegó un nuevo fracaso y otro disgusto. Pero nunca perdimos la esperanza”. Así que “hubo que pensar en otro purificador. Tras mucho luchar para reunir el dinero, se consiguió. Este era bastante más caro que el primero, pero era tan necesario que no hubo más remedio que lanzarse, después de asegurarnos que era el purificador que convenía, dada la mala calidad del agua. Y estábamos ya en 2009, a los tres años de nuestra llegada”. Y la racha de contrariedades no termina: “Un buen día, de repente, el agua deja de llegar. ¡No tenemos agua! ¿Qué pasa?”. Pasaba que les habían robado parte de la tubería. ¡Más gastos inesperados! Aprovecharon la ocasión para hacer una traída de agua más profunda y capaz. El agua era mala de verdad. Tanto, que un día se reventó una tubería. Otro, se hundió uno de los depósitos... Agua: he ahí el gran caballo de batalla de las agustinas 18 misioneros

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en Kenia. Hasta se les ocurrió canalizar el agua de lluvia que caía sobre los tejados para almacenarla en diferentes depósitos. “No fue esa una mala idea, porque el agua de lluvia era la mejor”. También hicieron una balsa en el campo: “Era para acumular el agua del cielo y poder regar así la huerta en tiempos de sequía. Pero resultó que no era totalmente impermeable, y también hubo que arreglarla. Y gastar más dinero en ello”. Y, aunque parezca increíble, las cuitas de la comunidad de monjas agustinas no terminan aquí. Al poco, el Gobierno local decide hacer una carretera. La vía iba a pasar entre el cauce del río y el monasterio. ¡Y pasó! Sor María José Vila cuenta: “Otra vez quedó interrumpido nuestro abastecimiento de agua. Entonces, tuvimos que valernos del tractor. ¡Bendito tractor! ¡Qué buenos servicios nos hizo! Llenaban una cisterna junto al río y cada dos o tres días nos la traían”. Esa solución también tuvo sus consecuencias... “Sí. La gente del pueblo, al ver pasar la cisterna y

ver a dónde se dirigía, empezó a venir al convento a pedir agua. Con gusto la dábamos. Los dones de Dios hay que repartirlos. Y más, si es favoreciendo al necesitado”. Desde luego, “la batalla del agua” ha sido un interminable rosario de odiseas, a cual más “tumbativa”. Pero a la vista está que la paciente resistencia de las monjas era mayor. Nunca dejaron de tener esperanza. Y, al cabo, ocurrió lo que tenía que ocurrir.

San Ezequiel, ¡bendito agustino riojano! Un tórrido día de agosto, en que reinaba un sol de justicia, como es de ley por aquellos pagos, poco antes de la novena de san Ezequiel Moreno Díaz (1848-1906) –santo riojano, de Alfaro, y agustino recoleto, canonizado por el santo papa Juan Pablo II–, las monjas volvían bien fatigadas de trabajar en la huerta. Y se asomaron con nostalgia a uno de los hoyos que habían hecho en busca de la bendita agua. Y dice la hermana María José: “Levanté la piedra con que lo


Y añade: “Era el momento de rezar y confiar. Una noche de la novena, soñé que un gran río cruzaba la huerta, haciendo verdad el dicho: «el que hambre tiene, con pan sueña». Cuando se lo conté al ingeniero, dijo: «Bueno... Y los sueños, ¡sueños son!»”. La verdad es que este sueño las animó: “Pedimos a una empresa de la mayor confianza que hiciera el examen del terreno. Al final de la novena a san Ezequiel Moreno, en su festividad del 19 de agosto, recibimos la buena noticia de que, en efecto,

habíamos tapado para evitar accidentes. Miré y vi que algo brillaba en el fondo. Miramos todas mejor y... ¡vimos que era agua! La esperanza volvió a apoderarse de nosotras. Durante su novena, encomendamos esta necesidad a san Ezequiel Moreno con toda el alma. Se lo comenté al párroco, quien se brindó a buscar una persona de confianza, entendida en la materia. Así fue. Vino un ingeniero, pero nos dijo que no. Que más que agua era barro, formado en el fondo por la lluvia; pero que, a él, le parecía que, en tan hermoso terreno, tenía que haber agua subterránea”.

habían detectado una corriente de agua de 1.500 litros por hora a 200 metros de profundidad”. Para colmo de venturas, desde Pamplona, un zahorí superexperto examinó en el mapa de Google, a instancias de las hermanas, el punto geográfico donde viven. “Sin saber que ya habían detectado agua los de aquí, señaló en el mapa que habría agua subterránea en el mismo lugar que indicaron quienes habían hecho el análisis sobre el terreno”. Con todos esos datos sobre la mesa, la comunidad no se lo pensó dos veces: contrataron a una

empresa especializada de Nairobi y comenzó la perforación. Metro tras metro, pasó un día y salía tierra, arena, más tierra, más arena... Pero ya les habían dicho que había que ahondar 200 metros. Al llegar a cierta profundidad, empezó a salir arena húmeda. “Nuestra esperanza creció. Seguían, seguían ahondando, y siempre, arena húmeda. Obreros, ingenieros y monjas, todos alrededor de la máquina perforadora, llenos de ansiedad hasta ver si, al fin, saldría agua”. Y, al introducir el tubo 199, y habiendo excavado esos mismos metros de profundidad, “de repente, se oyó un ruido especial, como un estampido, y... ¡agua! ¡agua! Un gran chorro de agua salía a borbotones. Y, además, era un agua bella, limpia, cristalina”. Luego, las monjas se dieron cuenta de que, ese mismo 11 de octubre, es el aniversario de la canonización de san Ezequiel Moreno por san Juan Pablo II en Santo Domingo: “... y, más o menos, el agua brotó a la misma hora. Lo tenemos como milagro de nuestro hermano san Ezequiel Moreno, porque en una región tan seca, que haya surgido un agua tan excelente y copiosa, ¿no es un verdadero milagro?”. Las circunstancias lo confirman. Hoy, las hermanas agustinas no paran de dar gracias a Dios, viendo correr el agua por todas partes. “Un agua que no mancha como la del río, sino que limpia; un agua estupenda, que suple todas nuestras necesidades. Y no solo las nuestras. Un don del cielo de esa importancia también lo hacemos llegar al pueblo. La gente viene a por agua. No cesamos de agradecer a Dios tan inmenso beneficio, tan largamente deseado, tan trabajosamente conseguido, después de mil peripecias”. JUAN DE VILLACOBOS NÚM. 176, JUNIO DE 2017

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PRIMER PLANO

El yihadismo, a la conquista de África Estado Islámico, Boko Haram, Al Qaeda, Al-Shabab… Los nombres de los grupos terroristas que se amparan en el fundamentalismo islámico para justificar sus matanzas lamentablemente ya no son exclusivos de Oriente Medio. África sufre el zarpazo de estos radicalismos cada vez con más voracidad. Pero ¿qué intereses hay detrás? ¿Simplemente imponer la sharia? Sea cual fuere el objetivo, lo cierto es que esta amenaza creciente parece llevarse por delante la convivencia entretejida entre cristianos y musulmanes.

E

l fenómeno del fundamentalismo religioso se circunscribía hasta hace poco a Oriente Medio. África parecía mantenerse ajena, en cuanto el sufismo, la rama del islam más arraigada en esta parte del mundo, se ha mostrado al margen de todo radicalismo. Algo ha cambiado, sin embargo, y el continente negro se ha convertido en la región del planeta donde más rápido han proliferado los grupos extremistas. Estado Islámico, Al-Shabab, Al Qaeda... Diferentes marcas, aliados o rivales entre sí,

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que buscan imponer la sharia sembrando el terror, especialmente en el África subsahariana. Libia, Malí, Nigeria y Somalia se han convertido en las bases donde el yihadismo con tintes africanos campa a sus anchas. Cinco años le bastaron a Boko Haram –que significa “la educación occidental es pecado”– para transformarse, desde su eclosión en 2009, en la milicia más numerosa –hasta 10.000 efectivos– y sangrienta de África. “Hay cierta alarma sobre el auge del yihadismo en esta región, que tiene que ver con la fusión de tres movimientos radicales en el Sahel del oeste de África, bajo el nombre de Nasr al Islam wa al Mouslimin. Este frente común, fiel a Al Qaeda, de alguna manera enquista en parte el problema, aunque siguen funcionando como realidades fragmentadas”, matiza Elsa Aimé, profesora de Relaciones

África se ha convertido en la región del planeta donde más rápido han proliferado los grupos extremistas. Internacionales de la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE. “La tendencia lleva a hablar de esta realidad del yihadismo en términos esencialistas, esto es, limitándolo al fundamentalismo religioso y al terrorismo. Sin embargo, hay que tener en cuenta también la realidad local de cada país, el escenario regional y el panorama internacional”, detalla la experta, quien subraya precisamente cómo la naturaleza de estos Estados africanos alimenta su presencia: “Son poco garantistas y actúan con criterios arbitrarios en la defensa de derechos de los ciudadanos; un escenario que es un caldo de cultivo para los extremismos: corrupción, distri-

bución de los recursos, falta de perspectivas para la juventud...”. Si a ello se le une la eclosión de estos movimientos radicales tras la caída de Gadafi en Libia, y los intereses internacionales que evolucionan hacia un respaldo económico externo –por ejemplo, en el control del petróleo en Nigeria o del uranio de Malí–, “tenemos elementos más que suficientes para pensar en algo más que en un fundamentalismo religioso”, argumenta Aimé. Consciente de que nos encontramos “ante un fenómeno creciente”, la profesora de ICAI-ICADE no cree en soluciones a corto plazo para atajar la expansión de estas milicias islamistas. “Medidas miNÚM. 176, JUNIO DE 2017

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Manolo Gallego, Misionero de África

litaristas, como la Operación Serval que Francia aplicó en Malí en 2013, no tienen sentido si no se acompañan de una política que ahonde en una realidad «micro» y a largo plazo. Sin compromiso local, es complicado llegar a esa población objeto de la radicalización y a esa juventud que pueda tomar las riendas de su pueblo o sumarse a estos movimientos”. Aimé pone énfasis en otro factor determinante para redimensionar la presión de estos grupos: “Entre las medidas «macro» y «micro», se hace indispensable lograr una verdadera redistribución de la riqueza. No es ninguna tontería 26 misioneros

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hablar de la pobreza como sustrato del yihadismo. No hay más que ver el polvorín de Nigeria, un país rico en materias primas, pero cuyos beneficios no revierten en sus ciudadanos”.

Malí en el epicentro Aunque el informe Global Terrorism Index 2016, sitúa precisamente a Nigeria como el país africano donde el impacto del terrorismo es mayor, de la mano de Boko Haram, lo cierto es que esta alianza del terror sitúa a Malí en el epicentro del yihadismo africano, desde donde lanzar operaciones hacia Níger, Burkina Faso y Costa de Marfil.

Manolo Gallego da fe de ello. Es un Misionero de África –padre blanco– destinado actualmente en Burkina Faso, en Bobo-Dioulasso, la segunda ciudad en importancia del país. Él está al frente de una nueva casa de acogida para los padres blancos de la región del oeste y centro de África, en la que además promueven la formación de los jóvenes. Su apostolado, sin embargo, lo ha desarrollado durante 35 años en Malí, lo que le hace esbozar con sencillez cómo la amenaza terrorista ha marcado a un país frágil de por sí: “El norte del país es muy inestable, porque está en manos de yihadistas y tribus que se dedican al comercio de armas, al mercadeo de drogas... Esto hace que cualquier acuerdo de paz no dure ni dos semanas. En la capital se centra toda la vida política, económica y social, y esto ha provocado que sea objetivo de atentados para lograr mayor notoriedad. Y queda el sur, una zona relativamente tranquila donde el pueblo vive de la agricultura del algodón, el maíz...”. Este escenario ha hecho que en el norte prácticamente hayan de-


PRIMER PLANO

saparecido los cristianos, fruto de la invasión yihadista que tuvo lugar entre 2012 y 2014. Huyeron hacia el sur, a Burkina y a Togo. “La situación y las relaciones no han vuelto a ser las de antes, en cuanto en una misma familia puede haber cristianos, animistas y musulmanes. Es cierto que el odio que se pudo generar en un principio se ha calmado, pero la desconfianza se ha apoderado de los católicos, al sentirse amenazados. El intento de imponer la ley islámica sobrevuela permanentemente”, advierte este misionero natural de Guadalajara.

El miedo se contagia Eugenio Jover también es Misionero de África. Llegó a Burkina Faso en 1970, cuando nadie de su familia sabía localizar en el mapa este país, que en aquel entonces se llamaba Alto Volta. Tampoco se imaginaban por aquellas fechas que en 2017 sería uno de los nuevos campos de batalla del extremismo islámico. Eugenio vive en la parroquia de Arbinda, una población norteña en plena región del Sahel. El 15 de enero de 2016, Uagadugú, capital de Burkina, sufrió una oleada de ataques terroristas a manos de milicias afines a Al Qaeda en el Magreb Islámico, que se saldó con una treintena de muertos de 18 nacionalidades diferentes. “En esos días secuestraron en nuestra zona a un médico austriaco y a su mujer. Ella fue liberada y a él le tienen retenido en Malí, cuidando enfermos de la milicia. En ese momento, las autoridades nos instaron a marcharnos, porque nuestras vidas también corrían peligro”, recuerda Eugenio; a raíz de aquellos sucesos, se han visto obligados a contratar dos guardias para que vigilen la misión día y noche en permanente contacto con la policía. “Ante el

clima que se generó, convocamos a los ancianos del pueblo. Ellos nos reiteraron que era costumbre ancestral del pueblo proteger al forastero, que podíamos estar tranquilos”, explica. Pero, hace dos meses, de nuevo las alarmas saltaron. Grupos islamistas radicales amenazaron a los profesores con “cortarles la garganta” si se negaban a enseñar el Corán en las aulas. La respuesta fue inmediata: muchos de ellos abandonaron sus puestos de trabajo. Hasta 400 escuelas se cerraron en la región de Djibo, a unos cien kilómetros de la parroquia de Jover. “Al principio la presión solo amedrentó a unos pocos, pero cuando asesinaron a un maestro que dejó su aula abierta y se mantuvo firme a las presiones, el pánico se apoderó de ellos. La población musulmana está en contra de los terroristas, pero tiene miedo”. Tanto es así que el obispo tuvo que evacuar a una comunidad de religiosas, que ya

Al preguntarle que si con este escenario de inestabilidad ve posible asestarle un golpe de gracia al yihadismo, Eugenio contesta que “claro que es posible acabar con este extremismo religioso. La clave está en la educación, educar en la paz. Formar a los jóvenes y ofrecerles una oportunidad de futuro es la herramienta que puede tumbar cualquier radicalismo. El problema es que las nuevas generaciones se vean atrapadas en un bucle, lo que las aboca a ser carne de cañón para el adoctrinamiento”. Trabajar por la paz desde el diálogo interreligioso es algo que fomentan los padres blancos desde los programas de promoción de la mujer. “A través de Cáritas hemos sacado adelante un proyecto para criar animales. A las cristianas les entregamos cerdos, y a las musulmanas, ovejas, una manera de que ellas puedan promover el autoabastecimiento y generar pequeños negocios. Lo hacemos con un com-

Eugenio Jover, Misionero de África

han regresado a su casa. “La firme actuación del Gobierno y el apoyo de las fuerzas de la coalición, que entraron hasta Malí, llevó a la muerte del cabecilla y, poco a poco, todo ha vuelto a la normalidad”, recapitula este padre blanco.

promiso: que, de las crías que les nazcan, den una a otra mujer que no tiene. Este gesto ha promovido la generosidad y el sentido de comunidad, al margen de la religión que profesen”, comenta orgulloso el sacerdote vallisoletano. NÚM. 176, JUNIO DE 2017

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PRIMER PLANO

“En nuestra parroquia apenas tenemos una comunidad cristiana significativa. Está formada por funcionarios y estudiantes, de tal manera que, cuando llega el período vacacional, nos quedamos muy pocos”, explica este padre blanco, que, sin embargo, reconoce que “los musulmanes nos quieren y aprecian, aunque no muestran mucho interés por profundizar en el cristianismo. En parte creemos que no se atreven a dar el paso por la presión familiar y social que supone plantearse cambiar de religión”. Esta realidad contrasta con la presencia en el sur de la región, donde los padres blancos cuentas con quince comunidades cristianas “muy vivas y que están creciendo”. Prueba de ello es que este año se han bautizado 52 adultos y confirmado otros 65.

Convivencia resquebrajada Esta cultura de la sospecha y el resquebrajamiento de la convivencia se está apoderando también de la República Centroafricana, que ha sufrido en las últimas semanas los intentos por presentar como guerra entre religiones un conflicto que esconde otros intereses. Lo está viviendo en primera persona el misionero español Juan

Mons. Juan José Aguirre, obispo de Bangassou

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José Aguirre, obispo de Bangassou, desde que el pasado 14 de mayo saliera ileso al ponerse como escudo humano para evitar que 600 guerrilleros anti-balaka –en teoría, católicos y animistas– acabaran con la vida de cientos de musulmanes. Aunque pudo frenarles, no logró evitar el asesinato del imán de la mezquita de la ciudad. El miedo entre la población musulmana ha sido tal que, entre su

casa y la catedral, Aguirre ha dado refugio a 1.500 personas. “Mi experiencia me dice que en Centroáfrica no existían problemas de convivencia interreligiosa hasta la llegada de los seleka, que atacaron selectivamente a los católicos. La crispación que se generó fue lo que llevó a Juan José a crear los comités de intermediación, con presencia de católicos, protestantes y musulmanes”, explica Miguel Aguirre, hermano del obispo y presidente de la Fundación Bangassou. “Esto ha permitido que durante más de dos años el diálogo interreligioso estuviera por encima de cualquier diferencia. El problema es que, cuando salta una chispa como esta, todo el trabajo realizado se viene al traste y se retoma el ojo por ojo”. Los hermanos Aguirre están convencidos de que la República Centroafricana es un objetivo estratégico de los yihadistas: “Todo esto está financiado por los países del Golfo Pérsico. Saben que la


vido en perfecta armonía. Fui al cole con muchos musulmanes y, en mis primeros años como sacerdote, tuve asimismo muchos amigos islámicos, con quienes compartía experiencias sin ningún problema”, comenta Olivier, que insta a “no tener miedo o desconfianza hacia los musulmanes. Son buena gente, no hay que generalizar y decir que son malos. En toda religión encontramos fundamentalistas, y eso es lo que es pernicioso”. Conocedor de la situación vivida en otros países como Nigeria,

Gloria Cecilia Narváez, franciscana de María Inmaculada Rep. Centroafricana es un país débil, que sería fácil de colonizar con un islamismo extremo para, desde ahí, contagiar al Congo, Sudán o Costa de Marfil”. Olivier Zoure es, precisamente, un sacerdote marfileño, que estudia Derecho Canónico en España desde 2012 y que da fe de que la convivencia entre religiones es real. “Mis padres son cristianos, tengo dos hermanos y dos hermanas y hemos recibido una educación cristiana. Pero tengo tíos y tías, y también primos y primas, musulmanes. Nunca ha habido problema entre nosotros. Siempre hemos vi-

está convencido de que la solución pasa por el diálogo: “La Iglesia tiene que ayudar el Estado en la búsqueda de soluciones. Los católicos y las comunidades eclesiales locales (anglicanos, protestantes...) tienen que unirse. Todo el país ha de sentirse responsable de lo que está pasando en el norte, ya que el conflicto se extendió a los países vecinos, como Camerún, Chad y Níger. Tiene que haber más compromisos por parte de los países desarrollados para ayudar a Nigeria a solucionar este problema, que es una amenaza global”. JOSÉ BELTRÁN

Más que un secuestro a son más de cuatro meses sin noticias de Gloria Cecilia Narváez. Tras doce años trabajando por y para el pueblo de Malí, la misionera franciscana de María Inmaculada fue raptada por un grupo de yihadistas en Koutiala. Todo sucedió en la noche del 7 de febrero. Un grupo de milicianos irrumpieron en la casa, robaron la ambulancia del dispensario que regentaban las misioneras y se llevaron a Gloria Cecilia. Desde entonces ni una pista, ni una llamada o un mensaje para pedir rescate. "Es pronto para que sus captores se manifiesten. No se sabrá mucho más hasta dentro de seis meses o un año, cuando la lleven a un sitio seguro", explica Manuel Gallego, que conoce de cerca el calvario que están viviendo las religiosas. Pero ¿qué hay detrás de este secuestro? "Cuando a mí me destinaron a esa zona de Malí, en Karangasso apenas había musulmanes, pero en los 80 comenzaron a hacerse presentes. De algún modo, podríamos decir que Karangasso es la cabeza de la Iglesia católica en Malí. Los yihadistas saben que, si generan miedo y los consagrados nos marchamos de allí, puede convertirse en una plaza para implantar el islam". Y lamentablemente, parecen haberlo logrado: "Las franciscanas se han marchado y no quieren volver, mientras que los sacerdotes nativos están convencidos de que ellos van a ser los próximos en caer. Los fieles también tienen miedo".

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INFORME El domingo 21 de mayo, el papa Francisco sorprendió a todos al anunciar la creación de cinco nuevos cardenales en un consistorio a celebrar el 28 de junio. Los nuevos purpurados son el aragonés Juan José Omella (arzobispo de Barcelona), el sueco Anders Arborelius (obispo de Estocolmo), el salvadoreño José Gregorio Rosa Chávez (obispo auxiliar de San Salvador), el laosiano Louis-Marie Ling Mangkhanekhoun (obispo vicario apostólico de Paksé), y el maliense Jean Zerbo (arzobispo de Bamako). Los tres últimos están estrechamente vinculados a las Iglesias jóvenes. Misioneros Tercer Milenio repasa sus trayectorias. 30 misioneros

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an transcurrido poco más de seis meses desde el anterior consistorio (tuvo lugar el 19 de noviembre de 2016), y Francisco ha vuelto a sorprender a todos con el anuncio de una nueva hornada de cardenales. Esta vez son solo cinco (por 17 del anterior anuncio), pero, a excepción de Juan José Omella, ninguno de los elegidos habría figurado en las quinielas..., en caso de que hubiera llegado a haberlas, pues nadie sospechaba nada. El Papa argentino ha vuelto a poner sus ojos en pastores de pequeñas

y lejanas Iglesias, en evangelizadores bregados con “olor a oveja”. El más llamativo de los nombramientos es, probablemente, el de José Gregorio Rosa, el primer salvadoreño en obtener la púrpura cardenalicia. Nunca este pequeño país centroamericano, apodado “el Pulgarcito de América”, había tenido un cardenal. Y el Papa ha corregido esta “anomalía” eligiendo no ya al actual arzobispo metropolitano, monseñor Escobar Alas, como habría sido lo “normal”, sino a su obispo auxiliar. Tampoco antes –se ha subrayado– un obispo auxiliar


mero, a quien dedicó el nombramiento. Celebró una eucaristía de acción de gracias en la misma capilla en que se cometió el asesinato y fue a rezarle a la cripta de la catedral donde reposan sus restos. En su designación hay también algo de rehabilitación y de reconocimiento. Monseñor Rosa fue el eterno candidato a la archidiócesis de San Salvador. Sin em-

había sido elevado al colegio de cardenales. ¿Cómo hay que leer la designación? ¿Por qué se fija ahora Francisco en este benemérito pastor, que estaba preparando ya la carta de renuncia, porque en septiembre cumple 75 años? La respuesta es fácil. A través de él, Francisco reafirma nuevamente el legado y la “Iglesia al lado de los pobres” que encarnó monseñor Óscar Romero. Porque el obispo Rosa (Sociedad, 1942) es, ante todo, un discípulo del martirizado y beato (desde 2015) arzobispo salvadoreño, de quien no pierde nunca la oportunidad de hablar. Segundo de nueve hermanos de una familia de campesinos, Rosa es un obispo auxiliar que ha pasado 35 años reivindicando al hermano, amigo y pastor asesina-

do. Y que lo ha hecho siempre: en tiempos más favorables, como estos últimos años, en los que la Iglesia lo ha propuesto como modelo de hombre cabal y seguidor de Jesús hasta el fin, como en otros que lo fueron menos, cuando algunos de sus hermanos de episcopado lo consideraban “responsable” de los miles de muertos que causó la guerra, y en Roma estaba parada la causa para elevarlo a los altares. Tras recobrarse de la sorpresa inicial –“me enteré por una llamada desde España; pensé que era una broma, después me di cuenta de que era verdad”–, don Gregorio volvió a acordarse del beato Ro-

De arriba abajo: Mons. José Gregorio Rosa, Mons. Louis-Marie Ling Mangkhanekhoun y Mons. Jean Zerbo

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bargo, su línea pastoral, próxima a Romero y a su sucesor, Rivera y Damas, jugó en su contra, y el nuevo arzobispo, el español Sáenz Lacalle, de tendencia con-

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servadora, no supo ni quiso exprimir su valía, relegándolo a una parroquia. Desde allí, orillado y minimizado, se volcó en la difusión de la figura de Romero y en el ser-

vicio a los pobres al frente de la Cáritas salvadoreña y de las Cáritas latinoamericanas. Un aspecto menos conocido del nuevo cardenal es el decisivo papel que desempeñó como mediador en la llegada de la paz a El Salvador. Realizó ese servicio entre 1984 y 1989 y, como dijo con humor en una extensa entrevista concedida al diario El Faro en 2010, ahora recuperada, él fue el único salvadoreño que estuvo presente en todo el proceso, pues tanto el Gobierno como la guerrilla cambiaban frecuentemente a sus delegados. “Yo nunca he buscado en la Iglesia puestos. [...] Nunca he buscado poder ni hacer carrera, y eso me hace feliz”, confesaba también entonces. Esa larga conversación resulta también relevante en otro aspecto: no hay apenas preguntas, por personales que sean, en las que no salga a


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relucir Romero. “Yo nací en el 42. Y él se ordenó sacerdote en el 42. [...] Y en el año 70, él fue ordenado obispo y yo fui ordenado sacerdote. La fecha de mi nacimiento está ligada a su ordenación como sacerdote, y la de su ordenación como obispo a la mía como sacerdote”, relata. Hoy, algunos han querido ver en la llegada del obispo Rosa al cardenalato “un desaire” a su arzobispo, monseñor Escobar. Nada más lejos de la realidad. El comunicado de la diócesis, firmado por el propio arzobispo, habla de la “inmensa alegría” que supone el “histórico nombramiento”. “Todos nos sentimos honrados por este inmenso honor que el Papa concede a uno de los hijos de nuestra Iglesia local. Agradecemos y apreciamos todo su servicio humilde, constante y valeroso”, dice esa nota.

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estrictamente con la acción de gobierno, sino con las violaciones de los derechos humanos! Mons. Mangkhanekhoun es la cara visible de la Iglesia católica allí. Cursó sus estudios entre Laos y Canadá, y fue ordenado sacerdote en 1972, a los 28 años. Al mi-

lo reconocían en la visita ad limina que realizaron el pasado mes de enero. “En los cuatro vicariatos apostólicos que tenemos –Luang Prabang, Vientián, Savannakhet y Paksé– adolecemos de falta de curas, de catequistas y de personal especializado para atender a nuestras comunidades”, dijo monseñor John Kamse Vithavong, en declaraciones a AsiaNews.

nisterio episcopal llegó en abril de 2001. Está al frente de una Iglesia pequeña (unos 50.000 fieles, el 1% de la población, y eso “siendo optimistas”), dispersa (la mayoría vive en zonas rurales y pertenece a grupos étnicos diversos, con lenguas y culturas diferentes) y muy pobre, tanto en lo que atañe a medios económicos como a personal. La fe cristiana llegó a Laos hace ya unos 150 años, pero la evangelización está, como aquel que dice, en sus inicios. Los propios obispos

“Nuestros católicos, sobre todo los más jóvenes, fueron bautizados siendo pequeños y no han podido recibir una formación completa, correcta y sólida”, se lamentaba. A diferencia de otros países vecinos, como Camboya, la Iglesia laosiana carece de misioneros. Los aproximadamente 200 sacerdotes y religiosos extranjeros que tenía fueron expulsados en 1975, cuando los comunistas se hicieron con el poder. Tampoco cuenta con fondos para construir una infraes-

La cara visible del cristianismo en Laos El nuevo cardenal asiático es el laosiano Louis-Marie Ling Mangkhanekhoun. Un desconocido, hasta ahora. Tiene 73 años y es vicario apostólico de Paksé, administrador apostólico de Vientián (la capital del país) y presidente de la Conferencia Episcopal de Laos y Camboya. Laos es un país de 6,8 millones de habitantes y la mitad de tamaño que España, situado entre Vietnam y Tailandia. Se trata de un país comunista (desde 1975) y de partido único (el Partido Popular Revolucionario de Laos) y, por tanto, de escasa (por no decir ninguna) libertad. Prueba de ello son las condenas a 12, 18 y 20 años de prisión impuestas a tres jóvenes, el pasado mes de mayo, por haber criticado al Gobierno a través de Facebook. ¡Y eso que lo hicieron desde Tailandia, y que las críticas no estaban relacionadas

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tructura ni dispone de medios de comunicación ni ejerce labores asistenciales, más allá de alguna escuela primaria y algún jardín de infancia... Su única y gran riqueza, como ha recordado el nuevo cardenal, es la fe de sus sufridoras comunidades: un puñado de varios miles de fieles, según ya se ha dicho, perdidos en un mar de budismo (religión que profesa el 60% de la población) y animismo (39%)... y en un régimen comunista. La relación con el Gobierno, sin embargo, no es mala del todo, tal vez debido a que la pequeñez e insignificancia de la Iglesia la hacen aparecer como inofensiva ante el poder. De hecho, el régimen no puso ninguna pega a la mayor fiesta de la fe cristiana que ha conocido el país en los últimos tiempos: la beatificación, el pasado 11 de diciembre, en la catedral del Sagrado Corazón de Vientián, de 17 mártires. Fue una ceremonia que presidió el cardenal filipino Orlando Quevedo, y a la que acudieron 15 obispos de Laos, Camboya, Tailandia y Vietnam, además de unos 6.000 fieles. Lo sorprendente es que los mártires en cuestión eran seis laosianos y diez misioneros –religiosos oblatos y de las Misiones Extranjeras de París– que fueron asesinados entre 1954 y 1970... por los milicianos comunistas.

nea, Costa de Marfil, Burkina Faso y Níger. Es un país de mayoría musulmana, en el que la comunidad católica cuenta únicamente con unos 300.000 fieles, repartidos en seis diócesis. Monseñor Zerbo nació en diciembre de 1943 en Ségou, una localidad del centro de la nación. Tiene, por tanto, 73 años. Fue ordenado sacerdote en 1971. Se graduó en el Instituto Bíblico de Roma, donde obtuvo la licenciatura en Sagrada Escritura en 1981. Antes pasó también por Lyon. A partir de 1982 ejerció como párroco durante varios años en su ciudad de nacimiento, y como profesor en el seminario mayor de Bamako. Fue nombrado obispo auxiliar de la capital en 1988 y, seis años después, trasladado como residencial

Zerbo, la voz de Malí El tercero de los cardenales llegados del Tercer Mundo es el arzobispo de Bamako, Jean Zerbo. Se trata, igualmente, del primer cardenal que da Malí, un inmenso y semidesértico país de más de un millón de kilómetros cuadrados (dos veces España) y 17,5 millones de habitantes. Situado en el oeste de África, Malí tiene fronteras con Mauritania, Argelia, Gui34 misioneros

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a Mopti. Esta fue la diócesis que pastoreó hasta que en junio de 1998 san Juan Pablo II lo nombró arzobispo de Bamako. Con él, son ya 25 los cardenales africanos, de los que 15 tienen en estos mo-

mentos la condición de electores y, por consiguiente, podrían participar en un hipotético cónclave. El arzobispo Zerbo viene ejerciendo una labor impagable en la causa de la paz y en la promoción


del diálogo islamo-cristiano. No hay que olvidar que Malí vive desde hace años una guerra de baja intensidad, con importante presencia de grupos yihadistas, incluido Al Qaeda en el Magreb Islámico. De hecho, la situación de inestabilidad impidió celebrar las elecciones presidenciales de 2013, las legislativas de 2015 y las locales de 2016. Francia tuvo que enviar tropas para combatir a los islamistas, y hoy, además de 1.500 soldados galos, en el país hay 10.000 cascos azules que tratan de garantizar la paz y la convivencia. Por cierto, también la

base de las tropas de la ONU fue atacada hace un par de años, al igual que el hotel Radisson Blu de Bamako, donde murieron 21 personas, incluidos los dos terroristas. El último suceso llegado de este país ha sido el secuestro, el pasado 7 de febrero, en Karangasso, Koutiala, de la religiosa colombiana Gloria Cecilia Narváez, que atendía a niños huérfanos en una misión que fue asaltada por varios hombres armados, y de la que sigue sin saberse nada.

La noticia del nombramiento de monseñor Zerbo fue recibida con gran alegría en todos los rincones del país. El presidente de la nación, Ibrahim Keita, felicitó al nuevo cardenal. “Los malienses han visto el nombramiento como un mensaje que el Papa dirige a la Iglesia local para que persevere en sus esfuerzos para reconciliar el país”, ha dicho el secretario general de la Conferencia Episcopal, P. Edmond Dembele. JOSÉ IGNACIO RIVARÉS NÚM. 176, JUNIO DE 2017

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