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EDITADA POR LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS

Nยบ 174 ABRIL Aร‘O 2017

TERCER MILENIO


Nº 174. ABRIL, 2017

TERCER MILENIO EDITA OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS C/ Fray Juan Gil, 5 28002 - Madrid Tfno: 91 590 27 80 Fax: 91 563 98 33 E-Mail: dir.nal@omp.es http://www.omp.es http://www.domund.org

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en este número... IGLESIA A FONDO "Empujados por el Espíritu: «Aquí estoy, envíame»". Con este lema, la Iglesia se dispone a celebrar el 7 de mayo la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada de Vocaciones Nativas.

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PRIMER PLANO A finales de abril el papa Francisco viajará a Egipto, un país que en la actualidad se encuentra seriamente castigado por la crisis económica, la violencia integrista y la represión.

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INFORME La mayor parte de la población se concentra en grandes ciudades, un entorno que acentúa las desigualdades, pero que también brinda una buena oportunidad para hacer presente el mensaje de Jesús.

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y además... 7 TRIBUNA La misión ad gentes es como...

10 EL OBSERVADOR MÉXICO / EE UU VENEZUELA - INDIA

20 ASÍ VA EL MUNDO SIRIA R. D. DEL CONGO

36 ENTREVISTA

Fernando Domingues,

secretario general de la Obra de San Pedro Apóstol

40 ANIMACIÓN MISIONERA 43 CARISMAS Hermanas Misioneras de San Pedro Claver

46 CULTURA El cine baja de las nubes

51 EL CUARTO MUNDO 54 MISIÓN VIVA Asamblea Continental del IEME en Japón

56 MISIÓN VIVA Discípulas de Jesús en Petare (Venezuela)


EDITORIAL

El "sí" de las vocaciones nativas

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l próximo 7 de mayo la Iglesia española celebra la Jornada de Vocaciones Nativas. Toda una ocasión para mostrar un apoyo incondicional, espiritual y económico, a aquellos jóvenes de los territorios de misión que, “Empujados por el Espíritu”, como reza el lema de esta campaña, han dicho: “Aquí estoy, envíame”, porque quieren ser sacerdotes, religiosos y religiosas al servicio de los pueblos que los han visto nacer y crecer. Pero no solo eso. También se muestran dispuestos a dar a conocer la alegría del Evangelio a aquellos que todavía no han oído hablar de Jesús y su mensaje, estén donde estén, sin limitaciones de fronteras o de barreras mentales o emocionales. La misión está en el corazón de su vocación; la han vivido y sentido cerca, en el testimonio ejemplar de muchos misioneros y misioneras que ayudaron a nacer y a hacerse mayores a las jóvenes Iglesias a las que pertenecen. Y es que, como ha dicho el papa Francisco en su Mensaje para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, “el compromiso misionero no es algo que se añade a la vida cristiana, como si fuese un adorno, sino que, por el contrario, está en el corazón mismo de la fe”. Por ello, añade, “la relación con el Señor implica ser enviado al mundo como profeta de su palabra y testigo de su amor”.

La Iglesia no se puede permitir el lujo de que ninguna de las abundantes vocaciones que se están formando en los llamados territorios de misión –en torno a 200.000 seminaristas, mayores y menores, repartidos por los cuatro continentes– se pierda por falta de recursos económicos para cubrir las necesidades básicas de los

consagrada requieren, de un modo muy especial, de pastores “enamorados del Evangelio”, que ofrezcan la vida al servicio de su causa, para “hacerse prójimos de los hermanos y ser, así, signo vivo del amor misericordioso de Dios”. Porque pocos territorios y gentes como estos, con frecuencia sacudidos por la violencia de la guerra, la injusti-

La Iglesia no puede permitir que ninguna de las vocaciones que se forman en los territorios de misión se pierda por falta de recursos económicos. propios seminaristas, así como para el mantenimiento de los centros formativos o el pago a los profesores. La comunidad de fieles católicos necesita de sacerdotes, religiosos y religiosas. Pero no a cualquier precio y de cualquier manera. Es fundamental un buen discernimiento de su vocación, que se dejen interrogar y provocar por las palabras y los gestos de Jesús, Hijo de Dios, hasta, como ha dicho el Papa, mostrarse “confiados y serenos por haber descubierto el verdadero tesoro” de su amistad, de su Buena Noticia, hasta el punto de mostrarse “ansiosos de ir a darlo a conocer con alegría a todos”. Los pueblos de los territorios de misión en los que nacen estas vocaciones al sacerdocio y a la vida

cia de la opresión, la falta de libertades, el hambre, la enfermedad o la miseria, necesitan tanto de aquellos y aquellas que, siguiendo el ejemplo de Jesús, ponen su existencia al servicio de los demás para proclamar y hacer realidad, con su testimonio, las bienaventuranzas de los desheredados y descartados de este mundo, sabiendo que la felicidad está en la entrega, esa que auspicia el Evangelio. El ardor y el coraje con el que las vocaciones nativas proclaman su “sí” al sacerdocio y a la vida consagrada debe ser acompañado y cuidado para, una vez germinado, lanzarlo a los cuatro vientos, porque, como ha dicho recientemente el papa Francisco a los jóvenes, “la Iglesia necesita más primavera todavía”.

EDITA Obras Misionales Pontificias DIRECTOR NACIONAL OMP Anastasio Gil DIRECTOR Alfonso Blas DISEÑO Antonio Aunés COLABORADORES Rosa Lanoix, Rafael Santos, Francisco José Pérez Valero, Dora Rivas, José Beltrán, TERCER MILENIO José Carlos Rodríguez, José Ignacio Rivarés, Israel Íñiguez, Modeste Munimi, José Ramón Carvallada, María Jesús Sahagún, Carmina Sofía Fernández, Juana Gómez, Juan Lázaro Sánchez, Vicente Marqués Ruiz ARCHIVO FOTOGRÁFICO Antonio Aunés, Rafael Santos FOTOGRAFÍAS Efe, 123RF SUSCRIPCIONES Roberto Murga DEPÓSITO LEGAL M-48558-1999 ISSN 1695-1034 IMPRESIÓN Gráficas Dehon. PP. Reparadores. C/ La Morera, 23-25. Torrejón de Ardoz, Madrid. Tfno: 91 675 15 36


IGLESIA A FONDO 7 DE MAYO: JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES Y JORNADA DE VOCACIONES NATIVAS

Empujados por el Espíritu:

«Aquí estoy, envíame» El próximo 7 de mayo, esas siete palabras –"Empujados por el Espíritu: «Aquí estoy, envíame»"– van a ser el lema y tema de la Jornada Mundial que, un año más –¡y ya van 54!–, la Iglesia va a celebrar para pedir por las vocaciones: las locales y las que surgen y brotan en los países de misión. Como se sabe, antes, esta convocatoria se hacía por partida doble: había un día destinado a orar por las vocaciones de nuestra tierra; y otro, dedicado especialmente a rezar y trabajar por el crecimiento y la formación de las llamadas vocaciones nativas. Ahora, ambas jornadas han quedado reunidas en un mismo día.

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sa tal celebración va a tener lugar el primer domingo de mayo, IV de Pascua, que la Iglesia conoce como el domingo del Buen Pastor; una buena fecha para recordar a todos los creyentes la necesidad de las vocaciones. Una necesidad que el propio papa Francisco saca a relucir en el Mensaje que ha publicado para la 54.ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones: “Todo cristiano, en virtud de su bautismo, es un «cristóforo», es decir, «portador de Cristo» para los hermanos. Esto vale especialmente para los que han sido llamados a una vida de especial consagración y también para los sacerdotes que, con generosidad, han respondido: «Aquí estoy, mándame». Con renovado entusiasmo misionero, están llamados a salir de los recintos sacros del templo, para dejar que la ternura de Dios se desborde en favor de los hombres. La Iglesia tiene necesidad de sacerdotes así: confiados y sere-

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nos por haber descubierto el verdadero tesoro, ansiosos de ir a darlo a conocer, con alegría, a todos”.

Panorama vocacional Al presente, en cuestión de vocaciones, no pintan muy bien las cosas para la Iglesia. Cuando menos, para la Iglesia española. A la vista está que, en las más de las misas dominicales, la juventud brilla por su ausencia. Los estudios más recientes dicen que, por primera vez en cinco años, en nuestro país el número de aspirantes al sacerdocio ha disminuido. Y que la mitad de nuestros seminaristas abandonan antes de ordenarse. El año pasado, en España, fueron ordenados 138 sacerdotes. Doce menos que los 150 del año anterior. De parecido tenor es el panorama que presenta la Iglesia en el resto de las naciones del Viejo Continente. Para colmo, los sociólogos auguran que avanzamos hacia una Europa sin Dios...


Pero el horizonte no se presenta tan oscuro en el resto del mundo. La bajada de vocaciones dentro de la Iglesia occidental se ha visto compensada, en buena parte, gracias al aumento en los territorios de misión. Ese crecimiento permite que, en números absolutos, en la Iglesia universal se mantenga todavía un crecimiento sostenido. Más de 7.000 millones de personas viven sobre la Tierra. De ese total, solo 1.300 millones son católicos. Es decir: el 18% de la humanidad son seguidores de Jesús de Nazaret. Pero la mies sigue siendo mucha. Veinte siglos después de su llegada, el 82% de los hombres sigue sin conocer y/o aceptar el mensaje de Jesús. En todo el mundo, redondeando las cifras, hay 415.000 sacerdotes –sumados diocesanos y religiosos–; 740.000 religiosos (mujeres, en su

mayoría: 680.000); 100.000 seminaristas mayores y otros tantos menores. Y 5.200 obispos. Hay, por tanto, un sacerdote por cada 17.000 seres humanos. Pero los obreros de la mies están desigualmente repartidos. Que hay 43.000 sacerdotes en todo el continente negro, donde viven 1.100 millones de personas. Unos 123.000 en América, para cerca de 1.000 millones. Solo 64.000 en Asia, para más de 4.000 millones. El triple, en Europa: 182.000, para 700 millones. Y 4.600 en Oceanía, para 39 millones. Así las cosas, resulta que, por continentes, en Asia hay un sacerdote para cada 70.000 ha-

bitantes. Mientras que, en Europa, nos toca un sacerdote por cada 3.800 personas... En su Mensaje para esta Jornada Mundial en favor de las vocaciones, el papa Francisco también sale al paso del derrotismo y la pereza. Por eso, dice que “el Pueblo de Dios necesita ser guiado por pastores que gasten su vida al servicio del Evangelio”. Y ruega “a las comunidades parroquiales, a las asociaciones y a los numerosos grupos de oración presentes en la Iglesia que, frente a la tentación del desánimo, sigan pidiendo al Señor que mande obreros a su mies y nos dé sacerdotes

En el mundo hay 415.000 sacerdotes, 740.000 religiosos, 200.000 seminaristas y 5.200 obispos.

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En el centro de la imagen, Leydi Cuéllar Arboleda.

enamorados del Evangelio, que sepan hacerse prójimos de los hermanos y ser, así, signo vivo del amor misericordioso de Dios”. “También hoy –concluye– podemos volver a encontrar el ardor del anuncio y proponer, sobre todo a los jóvenes, el seguimiento de Cristo. Ante la sensación generalizada de una fe cansada o reducida a meros «deberes que cumplir», nuestros jóvenes tienen el deseo de descubrir el atractivo, siempre actual, de la figura de Jesús, de dejarse interrogar y provocar por sus palabras y por sus gestos y, finalmente, de soñar, gracias a Él, con una vida plenamente humana, dichosa de ser gastada amando”.

Cuatro continentes, cuatro nombres y apellidos Podría insistirse en el número de seminaristas, mayores y menores, que, repartidos por cuatro 16 misioneros

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continentes, se están educando en los llamados territorios de misión. también, en el religiosos y religiosas. Trás la frialdad de las cifras, se esconde un cálido y ferviente ejército de paz. Todos, empujados por el Espíritu, se están forjando y formando como “pregoneros del Evangelio”. Todos tienen nombre y apellidos. Todos, un gran corazón que rebosa fraternidad. Y como muestra, estos cuatro botones. Leydi está en América. Leydi Cuéllar Arboleda, que tal es su nombre completo, ahora trabaja en Medellín. Ella es colombiana. Ha estado formándose en España. Y también ha trabajado en Chad. Ahora, comparte sus afanes y desvelos con la española Marta, que es enfermera levantina, y otras dos jóvenes congoleñas. Están terminando allí su juniorado para la Compañía Misionera del Sagrado Corazón. Y quiere –nos dice–

“que este tiempo sea para mí un camino de seguimiento a Jesucristo, guiada por su Espíritu”. Por eso, pide a Dios que le enseñe “a percibir y a reconocer su presencia en mi vida y sumergida en la realidad. Que sienta que no voy sola, que realmente Tú caminas conmigo y me acompañas siempre. Yo sé que la iniciativa es tuya. Pero de mí depende la motivación y la realización de mi vocación. Yo sé que mi ‘sí’ es un ‘sí’ que me abre muchas puertas: la de hacer camino con Cristo, la de una comunidad que me acoge... Yo ofrezco al Señor mi pequeño esfuerzo para ir construyendo, poco a poco, una familia, una comunidad, un ambiente más humano, un mundo mejor, más unido, y el deseo de poner en práctica, todos juntos, el mensaje de Jesús”. En África, Ben-Abeyna Ebenezer es chadiano. Hijo de una fami-


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La Piragua, que hablaba de los misioneros combonianos. Y así tropecé con Daniel Comboni. La vida misionera es vida exigente. Para mí, ha sido objeto de mucha meditación y oración. Al fin, he entendido las condiciones para seguir a Cristo: «Si alguien quiere venir conmigo, que se niegue a sí mismo, tome su cruz, y me siga»”. Evaristo Baptista Magno es de Timor y quiere ser dominico. Ini-

ció su postulantado el 4 de enero del 2017. Nació en la aldea de Beluci Craic el 2 de julio de 1996. Su país luchaba, hasta 1975, por independizarse de Portugal. Y luego, de Indonesia, hasta el año 2000. Se quería convertir toda la isla en una provincia indonesia más y, en ese intento, hubo multitud de atrocidades y muertes. A caballo entre Australia e Indonesia, Timor logró la indepen-

Ben-Abeyna Ebenezer

lia numerosa de verdad. “Somos –dice– trece hermanos. Bueno, ahora doce. El cuarto murió en marzo, hace dos años”. Sus padres, Clemente y Jimena, son un matrimonio comprometido con la parroquia. “Mi papá es catequista”, nos aclara Ben. Y confiesa: “Mi vocación comenzó cuando tropecé con el párroco de San Juan Bautista, en Bologo, diócesis de Laï, al sur de Chad. Yo tenía once años cuando él celebraba la eucaristía en mi pueblo. Me llamó mucho la atención. Su forma de predicar... Me dieron ganas de hablar con él”. Dos años más tarde, Ben supera el examen para entrar en el seminario. El 27 de septiembre fue admitido en el seminario menor San Denis (por el mártir ugandés), de Laï, donde obtuvo su título en 2012. En ese seminario creció su deseo de ser sacerdote. “Durante mis muchas lecturas –comenta–, ojeé una revista, NÚM. 174, ABRIL DE 2017

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Chameli Tiru (d), junto a su madre y una hermana, cuando hizo los votos perpetuos en 2016.

dencia y, en 2002, se convirtió en el país más joven del planeta: 1,3 millones de habitantes, la mayoría, jóvenes. Y el 95%, católicos, bien que su fe arrastra múltiples rasgos animistas. Las familias timorenses tienen entre 5 y 10 hijos. Y las más, pocos fondos para poder educar a estos. Casi todas ellas desean tener algún sacerdote, religioso o religiosa. Evaristo es

daron huérfanos de madre y “casi” de padre. Las Misioneras Dominicas del Rosario les invitaron a vivir en su orfanato de Dili. Gracias a la generosidad de otros cristianos, han podido graduarse en la secundaria. Y, con ayuda de donantes australianos, su hermano ya se ha matriculado en la universidad. Evaristo, tras asistir a los encuentros vocacioEvaristo Baptista Magno nales de los dominicos, que celebran a diario la uno de ellos. Nació en una zona reeucaristía en el orfanato, optó por mota. Su padre, carpintero, pasó la vida consagrada. “Un día no lelargo tiempo escondido en la monjano seré dominico. Y misionero. taña, por la guerra que costó más Siempre dispuesto a predicar el de 100.000 muertos, aldeas y ciuEvangelio por todo el mundo”. dades arrasadas, y miseria por doChameli Tiru es india y la maquier. Para colmo, perdió a su mayor de seis hermanos. Adoptada dre a los dos años. El único propor sus abuelos, su familia no era tector y educador, su abuelo. católica. Practicaba una religión Tras la independencia, regresó tribal, impregnada de hinduismo. su padre. Pero se casó de nuevo. De Jesús, nada de nada. Un día Evaristo y su hermano mayor quequedó impactada por la imagen 18 misioneros

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del hombre que vio en unos folletos: aparecía dando vida a un joven y consolando a su madre, viuda... Ella misma nos cuenta la experiencia: “Yo, ni idea de quién era. Era Jesús. Y, poco a poco, se coló en mi mente y en mi corazón. Estando en 3.º, en una escuela religiosa –era tiempo de Cuaresma–, me volvió a impactar Jesús, crucificado por nosotros. Y, en 6.º, quise ser cristiana... Mis abuelos no lo permitieron. Triste, seguí rezando. Mi deseo se cumplió en 7.º. Estudiaba con las ursulinas. Pedí ayuda. Y mi gran deseo se vio cumplido. Al final, mis padres y abuelos lo aceptaron. Mis hermanos, al saberlo, también se hicieron cristianos. Y mis padres, más tarde”. “Tras los estudios –prosigue–, llamé a dos congregaciones. Una me dijo que no. Que era la mayor y tenía que cuidar a mis padres. La otra me aceptó. Pero mis abuelos se negaron. Apelé a mis padres. Pasé dos años como postulante. Mis abuelos querían casarme. Una no-


El coraje de dos mujeres H

Chameli cuando entró como postulante che, soñé la muerte de mi abuelo. Lloré sin saber lo que me pasaba. Me enviaron a casa. Llegué y mi abuelo ya estaba muerto. Mi abuela me pidió que no volviera. Que me quedara con ella. Escribí. Y lo aceptaron. Mi abuela, feliz. Yo añoraba dedicarme a Jesús. Seguí con ella hasta que murió. Entonces, pude elegir. El P. Alfonso Ekka me fichó para trabajar en una escuela de los marianistas. Así les conocí. Me dijeron que las hermanas iban a venir a la India. Esperé tres años. No llegaban. Dios fue misericordioso: el 3 de diciembre de 2006, las hermanas arribaron a Ranchi, capital de Jharkhand. Me uní a ellas en 2007. Al fin, lo que tanto anhelaba. Cuatro años después, profesamos Reena Kerketa y yo, las dos primeras marianistas indias”. Y concluye: “Este año voy a Malaui. El Señor me quiere activa. Y así seré: una misionera empujada por el Espíritu y siempre abierta a lo que Él nos diga”. ALBERTO TRUEBA

ace ya 128 años –a finales del siglo XIX–, la intuición y el coraje de dos mujeres, Estefanía Cottin y Juana Bigard –madre e hija– fueron capaces de poner en pie la Obra Misional Pontificia de San Pedro Apóstol (SPA). Y por la Francia de aquellos años de la Belle Époque no todo era crecimiento económico y expansión colonial sin reparos. También soplaban los malos vientos del anticlericalismo. Pero no pudieron doblegar la firme voluntad misionera de Juana y su madre. Todo lo propició una sincera carta de Mons. Cousin, obispo de Nagasaki. En ella les cuenta que viven allí 50.000 cristianos, restos de la primitiva comunidad fundada por el navarro Francisco Javier, y que, por temor a las persecuciones, no quieren acercarse a los misioneros extranjeros. Gracias al empeño de ese par de mujeres normandas y a la dichosa carta del obispo franco-japonés que propició

Juana Bigard tal empresa, surge la solidaridad organizada en favor del clero nativo: la Obra Misional Pontificia de San Pedro Apóstol. En el año 2016, España distribuyó 1.736.277 € con los que se pudo atender a 4.234 seminaristas de 16 países de África, Asia y América. El monto total (datos mundiales) de subsidios concedidos el año pasado por la Obra de San Pedro Apóstol ascendió a 20.413.323 €.

Todavía hoy, si no gozaran de la ayuda que reciben de SPA, no pocas diócesis correrían el peligro de ver reducida su esperanza de contar con un clero autóctono. Así lo testimonian numerosos obispos de los países de misión. Por eso, con ocasión del centenario de la Obra, el santo papa Juan Pablo II decía: "No cerremos nuestro corazón: ¡lo que hemos recibido de su bondad, démoslo también nosotros con alegría!".

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PRIMER PLANO

egipto pasa página... hacia atrás E Peor que hace seis años: así está Egipto hoy. En 2011, el ejemplo tunecino, la mala situación económica, las violaciones de derechos humanos y el hastío y el descontento social generalizados desencadenaron una revuelta que acabó con 30 años de régimen de hierro de Hosni Mubarak. Hoy, con Abdelfattah al Sisi –otro ex militar– en el poder, el país vuelve a las andadas, pero con la economía peor que nunca y con una represión que no tolera la más mínima voz crítica. De la democracia soñada, ni rastro. Lo único positivo, la nueva actitud del poder hacia la comunidad cristiana. El papa Francisco visita la tierra de los faraones el 28 y 29 de abril. 24 misioneros

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gipto ha pasado página a su historia... pero hacia atrás. El país está viviendo algo así como un déjà vu. El pasado 25 de enero se cumplieron seis años del estallido de la esperanzadora revuelta de la plaza Tahrir, que puso fin al régimen de Hosni Mubakak. El todopoderoso rais acabó entonces en la cárcel, acusado del saqueo de las arcas públicas, por un lado, y de la muerte de cientos de personas en la represión de las protestas, por otro. Pues bien: el pasado mes de marzo, Mubarak, de 88 años, recobró la libertad. Abandonó el hospital militar en el que ha estado ingresado los últimos años debido a su supuesto “delicado estado de salud” y regresó a su exclusiva mansión de Heliópolis, en el extrarradio cairota. La Justicia le había exonerado definitivamente de cualquier responsabilidad en las 239 muertes por las que había sido procesado. Algo difícil de comprender solo con criterios jurídicos, dado que en 2012 esa misma Justicia le había condenado a cadena perpetua. La liberación del

ex presidente es como el obituario que certifica la defunción definitiva de la revolución de Tahrir. Han pasado solo seis años desde entonces, pero seis años repletos de Historia. Los millones de personas que, siguiendo el ejemplo tunecino, se echaron a las calles en 2011, hastiados de las penurias económicas, la corrupción y la falta de libertades, tenían cuatro reivindicaciones innegociables: la salida de Mubarak, el final del estado de emergencia (vigente desde 1981), la disolución del Parlamento salido de las elecciones anteriores (por considerarlas fraudulentas) y una nueva Constitución. Y después de semanas de sangre, sudor y lágrimas, consiguieron su objetivo: derribaron el


régimen. La revolución triunfó, pero esa “primavera” pronto se tornó “invierno”, como consecuencia del triunfo poco después, en los nuevos comicios, de los Hermanos Musulmanes. Llegaron al poder los islamistas de Mohamed Mursi y en seguida se vio que el remedio era peor que la enfermedad. El país se hundía irremisiblemente; así que, tras un año de mandato, el nuevo presidente acabó también con sus huesos en la cárcel, después de que el 3 de julio de 2013 el jefe del Ejército, Abdelfattah al Sisi, encabezase un golpe de Estado que contó con el respaldo de casi todos. Baste decir que el hoy presidente compareció en televisión para justificar el uso de la fuerza flanqueado por el ex director de la

Agencia Internacional de la Energía Atómica, Mohamed El Baradei –al que hizo vicepresidente–, por el patriarca copto Tawadros II, por el gran imán de la universidad AlAzhar, Ahmed El-Tayyeb, y por un representante del partido salafista, entre otros. En las calles, más de 30 millones de personas habían

exigido antes la salida de los islamistas. Pocas veces una asonada habrá tenido tanto respaldo.

Desapariciones forzosas Ahora corren otros tiempos. Después de lo vivido, a los egipcios no parece importarles que esta nueva dictadura militar esNÚM. 174, ABRIL DE 2017

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té resultando aún peor que la anterior. No protestan por la excarcelación de Mubarak, ni de sus hijos, ni por las multimillonarias cuentas bancarias que la familia tiene en Suiza y otros paraísos fiscales, fruto de años de expolio. Por no protestar, no protestan siquiera por la feroz represión policial que hay, con tres y cuatro desapariciones por día de media, al decir de las organizaciones locales de derechos humanos. El pasado verano, Amnistía Internacional presentó un informe titulado Oficialmente no existes. Desaparición y tortura en nombre de la lucha antiterrorista, en el que denunciaba el “aumento sin precedentes” de estas prácticas desde la llegada al Ministerio del Interior, a comienzos de 2015, de Magdi Abdelgafar, el responsable de la represión durante la última etapa de la era Mubarak. El director de Amnistía en el Norte de África y Oriente Medio dijo entonces: “Las desapa26 misioneros

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riciones forzadas se han convertido en un instrumento clave de la política estatal en Egipto. Cualquier persona que se atreva a hablar corre peligro”. Parece dar igual. Los egipcios tienen ahora otros problemas de los que preocuparse: el primero de ellos, llegar a fin de mes. La democracia con la que un día soñaron se atisba como un lujo, y la suerte que pueda correr el anciano Mubarak –condenado junto a sus hijos a tres años de cárcel por corrupción, ya cumplidos, y con otra causa por apropiación indebida de fondos públicos aún pendiente– no figura entre sus prioridades. Excepto a los familiares de las víctimas, al egipcio de a pie le importa más bien poco si el proceso contra su ex presidente fue una farsa o si en él se destruyeron pruebas, como se ha llegado a decir... La democracia y las libertades no son ahora sus prioridades, como lo prueba el hecho de que el Parlamento actual

surgiera de unas elecciones con una abstención récord del 71,7%. Lo que quieren los egipcios es pasar página cuanto antes y de una vez por todas. Ya lo dice el refrán: “Gato escaldado...”.

Desplome de la economía Y eso que, en los poco más de tres años transcurridos desde la llegada de Al Sisi al poder, el país no levanta cabeza. En este tiempo, Arabia y los ricos emiratos petroleros del Golfo han tenido que apuntalar con unos 30.000 millones de dólares una economía que se viene abajo, hasta el punto de que, a finales del año pasado, el Gobierno tuvo que pedir al Fondo Monetario Internacional un crédito de 11.000 millones de euros para evitar la bancarrota. Un préstamo, claro está, condicionado a nuevos y duros ajustes económicos. Los egipcios tienen que apretarse más aún el cinturón. ¡Y eso que el 40% de ellos, y el país supera los 90 millo-


nes de habitantes, viven con menos de dos dólares diarios! En noviembre de 2016 también, Al Sisi se vio obligado igualmente a dejar fluctuar la libra egipcia a su valor real. La consecuencia fue que esta perdió en una semana la mitad de su valor y se produjo un vertiginoso aumento de los precios. Si antes un euro equivalía a entre ocho y diez libras egipcias, en nada, la paridad pasó a ser de más de 20. El precio del pan y de los cereales se disparó un 65%; el del café, el té y el cacao, un 82%; y el del arroz, un 86%. El saco de harina –producto vital en el medio rural, donde se sigue haciendo el pan en las casas– se duplicó también de un día para otro (de 100 a 200 libras egipcias), y lo mismo ocurrió con el del azúcar (de cinco a diez). Y hubo productos, como los huevos, la carne, la leche o el pescado, que triplicaron su valor. Para colmo de males, buena parte de los alimentos que consume Egipto son

importados. Si a ello se añade que el Gobierno ha puesto fin a los subsidios estatales a los medicamentos; que el recibo de la luz se ha incrementado entre un 25% y un 40%; que se ha aprobado un nuevo impuesto del IVA; y que el salario medio se sitúa únicamente en las 1.500 libras, se comprenderá por qué la mayor parte de los egipcios están con el agua al cuello.

El turismo y el canal Egipto es hoy una gran economía informal. Cerca de la mitad del empleo lo crean empresas que operan de manera irregular. Oficialmente, el índice de paro no es muy alto (13%), pero el empleo, en general, es precario. El desempleo afecta sobre todo a los jóvenes. La mayoría de ellos solo piensan en encontrar un trabajo que les permita subsistir. El Gobierno actual trata por todos los medios de reflotar los grandes pilares de la economía na-

cional. A saber: el turismo, los derechos de paso por el canal de Suez y las remesas que envían los ciudadanos egipcios que trabajan en el exterior, sobre todo en los países del Golfo Pérsico. El turismo, ciertamente, no pasa por su mejor momento. En 2010 –antes, por tanto, de la primavera árabe– visitaban Egipto 14 millones de turistas, y el sector representaba el 10% del PIB nacional. Pues bien: el objetivo del Gobierno para este año es alcanzar los 10 millones de visitantes. Y se trata de una meta ambiciosa, porque en 2015 hubo solo 9,3 millones. El desplome tiene que ver con la inestabilidad política del último lustro, pero, sobre todo, con la inseguridad. Dos siniestros aéreos han arruinado el sector, y por ende, la economía nacional. El primero fue el atentado cometido por el Daesh en octubre de 2015 contra un avión ruso en el Sinaí. El vuelo se dirigía de Sharm el Sheikh a San Petersburgo y llevaba a 224 turistas a bordo. La bomba terrorista que hizo explosión al poco de despegar los mató a todos. Hasta entonces, tres millones de rusos viajaban al país de los faraones en busca de sol cada año. El segundo desastre fue la caída al Mediterráneo, en mayo de 2016, de un avión de Egypt Air que hacía la ruta ParísEl Cairo. Tras estos sucesos, países como Reino Unido, Alemania y Rusia vetaron los vuelos de bajo coste hasta que no se modernizara la seguridad de los aeropuertos egipcios. En septiembre de 2015 se produjo un tercer golpe al sector: un helicóptero militar que sobrevolaba el desierto bombardeó por error a un grupo de turistas mexicanos que hacían un pícnic en un oasis, matando a ocho de ellos. Al parecer, los confundió con terroristas islamistas. NÚM. 174, ABRIL DE 2017

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PRIMER PLANO

Para reflotar la economía, el Gobierno ha puesto también sus ojos en el canal de Suez, por donde pasan cada día más de 2,5 millones de barriles de petróleo. Al Sisi impulsó su ampliación con una ramificación, ya inaugurada, que ha costado unos 8.000 millones de euros (3.000 más de los presupuestados inicialmente) y que, al decir de los expertos, no está dando los resultados esperados. El Ejecutivo trabaja también en un segundo megaproyecto, que se antoja estrambótico a la vista de la situación que vive el país: la construcción de una nueva capital administrativa en pleno desierto, a caballo entre El Cairo y el mar Rojo; una ciudad que incluiría un parque mayor que el neoyorquino Central Park y que

costaría más de 40.000 millones de euros. Se supone que El Cairo, con sus 20 millones de habitantes, no da ya más de sí, y que la nueva urbe, a la que se trasladaría toda la Administración, permitiría crear empleo y dinamizar la economía.

Nueva actitud hacia los cristianos El presidente Al Sisi ha prometido al patriarca copto Tawadros II que la nueva capital tendrá “la ma28 misioneros

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yor iglesia de Egipto”. Se lo dijo el 6 de enero, en la misa de medianoche, a la que el jefe del Estado asistió por tercer año consecutivo, para mostrar a la comunidad cristiana su apoyo ante los continuos ataques islamistas de que esta es objeto. (Al posicionamiento del Patriarca a favor del golpe de Estado de 2013 le sucedió el incendio de más de 80 iglesias y varias escuelas cristianas y centros sociales). El más grave de esos atentados tuvo

lugar el pasado 11 de diciembre, cuando un suicida del Daesh se hizo estallar durante una eucaristía en la iglesia de Boutrossiya, situada en el complejo adyacente a la catedral copto-ortodoxa de El Cairo. Mató a 29 personas e hirió a 50 más. Desde entonces ha habido todo un rosario de asesinatos selectivos de cristianos en el Sinaí, cometidos por un grupo llamado Wilaya Sina, la filial del Estado Islámico en Egipto. El clima de terror instaurado ha hecho que cientos de familias coptas hayan tenido que huir de la región. Violencia aparte, la situación de los cristianos (entre el 10% y el 15% de la población de Egipto) está mejorando, o lo hará en el futuro de seguir así las cosas. Al Sisi defiende que no solo Egipto, sino todo Oriente Medio, tiene que “re-


novar el discurso religioso”, y postula que no se hable de “mayorías” o “minorías” religiosas, sino de ciudadanos iguales en derechos y libertades, independientemente de la religión que profesen, algo que de momento está muy lejos de ser así. El presidente presenta una especial sensibilidad en la defensa de los cristianos, y ello se nota. Las víctimas del atentado de diciembre tuvieron un funeral de Estado al que asistió el propio mandatario y parte de su Gobierno, y se decretaron –otra novedad– tres días de luto oficial. Ya se han iniciado también las obras para reconstruir la iglesia de Boutrossiya, en las que participan ingenieros del Ejército; Al Sisi ha prometido que estará lista para la próxima Navidad. Pero, además de estos gestos, en Egipto se están produciendo

cambios. El verano pasado, por ejemplo, se aprobó una ley para regularizar los lugares de culto y propiedades cristianas construidas en su día sin el correspondiente permiso. Otra prueba de los nuevos tiempos: los cinco hospitales públicos vinculados a la facultad de Medicina de la universidad de Al-Azhar, el mayor centro teológico y académico del islam sunita, van a abrir sus puertas a los médicos y profesores cristianos, vetados hasta ahora. (Los coptos tampoco pueden acceder a diversos cargos en la policía, el Ejército y la justicia). Y un diputado ha planteado incluso un proyecto de ley para que los cristianos puedan también matricularse en ella. Las relaciones de la Iglesia romana con las autoridades musulmanas locales también pasan por

un buen momento, después de la crisis desatada durante el pontificado de Benedicto XVI, embrión de la ruptura de relaciones posterior. Ello ha hecho posible la celebración en El Cairo, en febrero, de sendos congresos: el primero, sobre “El papel de Al-Azhar y el Vaticano en la lucha contra el fanatismo, el extremismo y la violencia”; y el segundo, sobre “Libertad y ciudadanía”. A este último asistieron más de 600 personas, entre ellas el arzobispo de Babilonia de los Caldeos, Louis Raphael Sako; el patriarca maronita, cardenal Beshara Raï; y el patriarca copto Tawadros II, además de los enviados vaticanos de rigor. El evento concluyó con la firma de una importante declaración, que condena tajantemente la violencia perpetrada en nombre de la religión y aboga por “el principio de igualdad” para todos los habitantes de un mismo Estado. Así están las cosas poco antes de la llegada del papa Francisco, el 28 y 29 de abril. “El Santo Padre –ha dicho el P. Rafic Greiche, portavoz de la Iglesia católica local– viene a confortar a la comunidad más numerosa de cristianos de Oriente [...] y a apoyarnos en nuestra convivencia con los musulmanes”. La visita, añade, “será también un modo de honrar a los mártires cristianos asesinados a causa de su fe”. Que se trata de una visita querida por todos resulta evidente. La Santa Sede ha subrayado que Francisco ha sido invitado tanto por el presidente Al Sisi (el 24 de noviembre de 2014), como por los obispos católicos (en su visita ad limina del pasado 6 de febrero), por el patriarca copto ortodoxo Tawadros y por el gran imán de Al-Azhar, quien fue recibido en audiencia por el Pontífice en mayo de 2016. JOSÉ IGNACIO RIVARÉS NÚM. 174, ABRIL DE 2017

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INFORME

Dentro de tres décadas, el 75% de la población del planeta vivirá en ciudades. Esta civilización urbana reproducirá y acentuará las desigualdades y el aislamiento de las metrópolis actuales, pero también se puede convertir en oportunidad para sembrar la fraternidad y la justicia social. La Iglesia está llamada a hacer presente a Jesús de Nazaret en plazas y avenidas, a través de una pastoral urbana que adquiere un acento propio en los países en desarrollo, en las megalópolis de las tierras de misión.

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ios pasea por las callejuelas del centro, se deja ver en el metro, se le encuentra entre las chabolas del extrarradio. No busca ser este un recurso literario. Tan solo, una evidencia. Francisco recoge esta convicción en el documento programático de su pontificado. “Necesitamos reconocer la ciudad desde

gentino, antes arzobispo de una de las grandes urbes del mundo, expone que “se impone una evangelización que ilumine los nuevos modos de relación con Dios, con los otros y con el espacio, y que suscite valores fundamentales”. La ciudad se presenta, pues, como oportunidad para fomentar la cultura del encuentro y apertura a

una mirada contemplativa, esto es, una mirada de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas”, detalla la exhortación apostólica Evangelii gaudium, en la que el Papa ar-

lo trascedente, pero también se revela como un ámbito inhóspito, donde se enquistan la corrupción, el tráfico de drogas, la trata de personas, la explotación de menores, el abandono de los enfermos y an-

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cianos... “Lo que podría ser un precioso espacio de encuentro y solidaridad, frecuentemente se convierte en el lugar de la huida y de la desconfianza mutua”, asegura Jorge Bergoglio sobre los espacios de convivencia que aglutinan ya a la mitad de la población mundial, esto es, a 3.900 millones de personas. Si en 1950 solo el 16% de la población habitaba en las ciudades, para 2050 se espera que se concentre en ellas el 75%, lo que hará que se multiplique el número de las llamadas megaciudades, o lo que es lo mismo, urbes que superan los diez millones de habitantes. Hoy existen hasta 34 megaciudades en el planeta, encabezadas por Tokio (34 millones), a la que siguen otras de regiones asiáticas en plena expansión, como Yakarta, Delhi o Manila. El director del Worldwatch Institute, Gary Gardner, explica que


“las ciudades de hoy son motores de economía y, a la vez, centros de pobreza”. A la luz del estudio Ciudades sostenibles. Del sueño a la acción. La situación del mundo 2016, coordinado por Gardner, se constata que uno de cada siete habitantes de las zonas urbanas vive en la pobreza. En el caso de los países en desarrollo, el 10% de quienes viven en una ciudad carecen de acceso a la electricidad. El trepidante ritmo de crecimiento de las metrópolis hace que los problemas también se multipliquen: desempleo, tráfico, contaminación, gobernabilidad... Así se generan enormes disfunciones en distribución espacial, que se traducen, ora en un crecimiento vertical con rascacielos, ora en explosión incontrolada de lo que se conoce como “planeta de slums”. El término fue acuñado por el urbanista Mark Davis para referirse a

la multiplicación de los suburbios chabolistas africanos ante los movimientos migratorios, que se concreta en cinturones de pobreza con ausencia de servicios mínimos e infraestructuras como el agua potable o el asfaltado de las calles. En total, 1.000 millones de personas viven en estos suburbios, un fenómeno que se acentúa en los países en desarrollo. En el caso del Asia centro-meridional, un 43% de la población urbana reside en tales zonas, mientras que en el África subsahariana el 62% de los habitantes se concentran en estos barrios marginales. De ahí que entre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (7.11) se incluyera mejorar la vida de 100 millones de personas que conviven en estos suburbios; un reto ciertamente poco ambicioso, teniendo en cuenta que no alcanza ni a una décima parte de los afectados y que será una cifra es-

casa, en cuanto que en 2050 se espera que vivan en estos slums hasta 3.000 millones de personas. Basta pasear por cualquiera de las tres megalópolis africanas para apreciar este desequilibrio entre recursos y habitantes. En Lagos (Nigeria), El Cairo (Egipto) y Brazzaville (Congo), estos suburbios recogen a gran parte de los 40 millones de africanos que se desplazan por el continente huyendo del campo y de la guerra.

Diferencias Norte-Sur Las habituales diferencias Norte-Sur en materia de desarrollo e igualdad se reproducen en las metrópolis. Es más caro sobrevivir en una ciudad de un país en desarrollo. Así, un almuerzo en Dar-esSalaam (Tanzania) puede costar el doble que en Bangkok, teniendo en cuenta, además, que en la capital tailandesa el salario meNÚM. 174, ABRIL DE 2017

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dio es hasta 23 veces mayor que en la africana. Estos desniveles también se proyectan en el interior de la propia ciudad, aunque no necesariamente el binomio centro-periferia corresponde a riqueza-pobreza, ya que las bolsas de exclusión tienden también a propagarse por los cascos históricos, degradados por el abandono de las autoridades y por el envejecimiento de la población. “Ciertamente existen diferencias notables entre las ciudades del primer mundo y las pertenecientes a los países en desarrollo”, aprecia el cardenal emérito de Barcelona Lluís Martínez Sistach, quien prepara ya el II Congreso Internacional sobre Pastoral de Grandes Ciudades, que se celebrará en Río de Janeiro del 13 al 15 de julio. “El Papa ha pedido que la Iglesia sea acogedora, abra puertas y sea hospital de campaña en medio de la ciudad”, subraya el arzobispo, quien alerta de la urgencia de construir ciudad, no solo desde parámetros económicos y urbanísticos, sino también sociales y culturales: “En la medida en que las ciudades sean

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espacios donde se fomente el diálogo, también serán generadoras de espacios de justicia y solidaridad. Y es precisamente en estos lugares, en los que se hace hueco para las reivindicaciones de los derechos de los ciudadanos, donde Dios se hace presente”. El cardenal recuerda, además, que “este no es un desafío nuevo para la Iglesia. En la evangelización de los primeros discípulos, las ciudades de la antigua Roma se convirtieron en cauce propicio para el anuncio de la Buena Noticia. Por eso, hoy no debemos contemplar estas grandes metrópolis como espacios donde Dios no tiene lugar, sino todo lo contrario, como una oportunidad para inculturar al Señor en la realidad que viven los hombres y mujeres de nuestro tiempo”. Pero ¿se puede abordar una misma pastoral en Quito que en Bangladesh? “Está claro que hay que tener en cuenta el contexto territorial de cada uno de estos lugares; sin embargo, los desafíos para el misionero continúan siendo los mismos: hacer realidad las obras corporales y

espirituales de la misericordia. En cada uno de los barrios donde los misioneros se hacen presentes, están llamados a responder a la dimensión social de nuestra fe, tocando la realidad de cada una de las personas, sin olvidarse de que no solo de pan vive el hombre, de que esa promoción y defensa de la dignidad de los ciudadanos viene de Dios”, reflexiona Martínez Sistach. La adaptación a cada realidad, matiza el cardenal, ha de hacerse todavía más concreta, sabiendo que, “cuando se camina por una gran urbe, se ven distintas ciudades dentro de la misma ciudad, lo que influye en la forma de presentar a Jesucristo”.

Los rostros de la ciudad José Luis Latorre ha experimentado los diferentes rostros de la ciudad en su día a día en Paraguay. Durante 17 años, este misionero claretiano ha vivido en Lambaré, un suburbio de Asunción, la capital del país, que ha disparado su población por el éxodo rural. “Nuestra parroquia de San Juan Bautista cuenta con unos 25.000


habitantes, con un gran desnivel social, ya que teníamos un núcleo de clase media –con profesores, maestros...–, una zona habitada por personas de clase baja, dedicadas a los oficios, y un último espacio donde se concentran los pobres de la ciudad, los asentados, procedentes de la migración interior, con escasos recursos y carentes de estabilidad laboral”, repasa Latorre, quien comenta cómo estas diferencias sociales se traducen en niveles culturales diversos, lo cual exige una respuesta pastoral atenta a las necesidades de cada colectivo. “Sí, tenemos un tronco común en el que hemos hecho mucho hincapié: promover la pastoral sacramental desde la catequesis familiar. En todos los estratos hemos buscado que los padres y abuelos se implicaran en la preparación de la confesión y la comunión de los niños, lo que ha exigido una formación específica de todos ellos, para hacerles partícipes de la relevancia de acompañarles y guiarles en el crecimiento de su fe”, comenta el claretiano. Y apostilla

que es a la hora de aterrizar esa formación cuando se adapta a cada una de las realidades: “En el caso de la formación bíblica, con los fieles del centro, sí hemos establecido cursos más sistemáticos de profundización, mientras que en los barrios más humildes apostamos por talleres, donde una comunidad de religiosas nos ayudaba con la lectura popular”. En estas barriadas de gente sencilla, los claretianos también desarrollan diversos proyectos sociales, precisamente para romper con las barreras de desigualdad entre sus parroquianos y promover la igualdad de oportunidades: “A través del programa de apadrinamiento de Proclade, la ONG de nuestra congregación, hemos logrado becar a más de 2.000 niños

de entre 6 y 14 años para poderles ofrecer una educación. También hemos impulsado unas ayudas para estudios superiores y universitarios, así como para artes y oficios”. Pero no solo desde fuera se fomenta la promoción de los últimos: el deseo de crear una única parroquia, a pesar de las barreras culturales y económicas, les llevó precisamente a iniciar un proyecto que fomentara las relaciones de colaboración mutua. “Hace trece años pusimos en marcha un comedor escolar al que, durante el curso académico, acuden hasta 150 niños. Este servicio está subvencionado por la parroquia entera, y no solo ha generado un vínculo de ayuda económica entre la gente, sino que ha supuesto una implicación perNÚM. 174, ABRIL DE 2017

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Villas miseria en Buenos Aires (Argentina)

Comedor escolar en Asunción (Paraguay) sonal que ha llevado a fomentar la integración. Resultaba complicado romper las diferencias entre unos y otros. A los más humildes les costaba subir a los actos que realizábamos en el centro, porque no sentían que fuera su sitio, pero precisamente el comedor rompió esos muros imaginarios y fueron quienes más tenían los que han hecho por acercarse a los más sencillos. Ha sido una experiencia muy enriquecedora”. En esta misma línea, Latorre asegura que la misión continental que se impulsó desde la Conferencia de Aparecida, promovida por el CELAM, también ha contribuido a que la parroquia se reintegrara en el barrio y a hacer visible a la comunidad creyente, un proceso de “revecinalización” que ha tenido resultados: “Recuerdo cómo mucha gente decía que agradecían que por primera vez los católicos llamáramos a su puerta, después de abrirla durante años a testigos de Jehová, evangélicos... Esto ha hecho madurar mucho a los laicos y sentir34 misioneros

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se responsables de contagiar a Jesús a quienes tienen cerca”. Ahora que espera nuevo destino, a este claretiano le han sabido a poco estas casi dos décadas de pastoral urbana en Paraguay. Admite que le han quedado asignaturas pendientes: “Tenemos que hacer un esfuerzo mayor en las ciudades de América Latina por unir la fe y la vida, sobre todo en el ámbito del compromiso político. Sé que requiere hilar muy fino, pero no por ello debemos dejarlo de lado. Tenemos que dar el salto de la limosna a promocionar al pobre y, de ahí, a transformar la realidad”.

La difícil integración Y es que estas periferias reales en muchos casos generan tales bolsas de exclusión que quienes viven fuera del epicentro corren el riesgo de permanecer literalmente fuera del sistema de generación en generación; por ello, dar un salto hacia la integración les resulta prácticamente imposible. Así sucede en las villas bonaerenses, que se sitúan en

el cinturón periférico de la capital argentina. “En la villa no se paga luz, agua o impuestos. Dar el salto a la legalidad, esto es, convertirse en un ciudadano más, les resulta prácticamente imposible, dados los salarios bajos que tienen, por lo que, una generación tras otra, se ven abocados a vivir en la villa miseria, a permanecer fuera del sistema”, explica Marta López. Esta misionera calasancia es la directora de una escuela-hogar donde acogen a niñas y adolescentes de la villa 1 11 14, el barrio más peligroso de la ciudad. Ninguna de sus alumnas procede de familias argentinas, sino de los países del entorno, especialmente de Bolivia y Perú, lo que dificulta aún más su integración. Es lo que el papa Bergoglio llama los “no ciudadanos”, los “ciudadanos a medias” o los “sobrantes urbanos”. “Nuestro trabajo con las chicas no se centra en grandes objetivos académicos, sino simplemente en mostrarles la posibilidad de descubrir un futuro fuera del núcleo central de la villa, donde cualquier


Carlos María Galli opción para salir adelante siempre está ligada a la delincuencia o al mercado de la droga. Que se puedan ganar la vida dignamente es nuestra meta”, comenta la religiosa sobre las barreras que se les presentan en su tarea pastoral y social. Una labor que busca, desde las raíces carismáticas de su congregación, la promoción de la mujer.

Una pastoral urbana más misionera Para el teólogo de cabecera del Papa, Carlos María Galli, las megalópolis se caracterizan por este mestizaje cultural que han vivido en primera persona Marta López y José Luis Latorre. “La mayoría de la gente vive y seguirá viviendo en los suburbios, donde se cruzan los imaginarios de las culturas tradicionales, modernas, postmoderna y emergente”, señala el recién nombrado decano de la facultad de Teología de la Universidad Católica de Argentina, convencido de que “este mestizaje no se apoya en la retórica de los proyectos homogeneiza-

dores. Casi todos somos café con leche, aunque algunos con más café y otros con más leche”. En este sentido, Galli apunta también a Aparecida como punto de inflexión de una “nueva pastoral urbana más misionera”, que pasa por fomentar “la descentralización evangelizadora, comprende la parroquia como comunidad de comunidades, apuntala a las comunidades ambientales en el nivel diocesano e interdiocesano, y promueve la presencia cristiana en los centros de decisión de la ciudad, tanto en las estructuras administrativas, como en las organizaciones comunitarias”. Galli plantea que “una propuesta pastoral megaurbana podría ser expresada con la fórmula incluyente «desde los pobres, a todos»”. Junto a los problemas de vivienda, infraestructuras e integración, el teólogo también aprecia “insuficiencia de las estructuras eclesiales para acompañar a los vulnerables y la tendencia social a naturalizar la desigualdad como situación normal”. Frente a esto, se muestra con-

vencido de que la Iglesia está llamada a “aprender nuevos modos de ser prójimos y hermanos, respetando y reconciliando identidades y diferencias. Las ciudades y los barrios crean situaciones propicias o dificultosas para la fraternidad”. Desde esta multiculturalidad, el papa Francisco redescubre en la civilización urbana una oportunidad para la Iglesia, especialmente en los territorios de misión, sabedor de que “ya no estamos en la cultura de la cristiandad, ya no”. Por eso, el pasado año, ante los ponentes del primer congreso de Pastoral de las Grandes Ciudades, expuso la necesidad de una evangelización “audaz y sin temores”: “En la ciudad necesitamos nuevos mapas, otros paradigmas que nos ayuden a ubicar nuestros pensamientos y actitudes. El hombre, la mujer, las familias y los diversos grupos que viven en la ciudad esperan de nosotros, y lo necesitan para su vida, la Buena Noticia que es Jesús y su Evangelio”. JOSÉ BELTRÁN NÚM. 174, ABRIL DE 2017

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