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EDITADA POR LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS

Nยบ 172 F EBRERO Aร‘O 2017

TERCER MILENIO


Nº 172. FEBRERO, 2017

TERCER MILENIO EDITA OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS C/ Fray Juan Gil, 5 28002 - Madrid Tfno: 91 590 27 80 Fax: 91 563 98 33 E-Mail: dir.nal@omp.es http://www.omp.es http://www.domund.org

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en este número... IGLESIA A FONDO El primer domingo de marzo la Iglesia celebra el Día de Hispanoamérica. En esta edición, bajo el lema “Vayan, sin miedo, para servir”; una nueva invitación a ponerse en camino para evangelizar.

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PRIMER PLANO Mientras 800 millones de personas pasan hambre, un tercio de nuestros alimentos acaba en la basura. Una realidad que Manos Unidas trata de revertir con su campaña.

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INFORME Se calcula que en el continente africano existen unas mil culturas distintas que, pese a sus diferencias, presentan algunos rasgos comunes; valores que ayudan a enriquecer las relaciones humanas.

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y además... 7 TRIBUNA Misioneros en diálogo

10 EL OBSERVADOR VATICANO - VENEZUELA FILIPINAS - EGIPTO

20 ASÍ VA EL MUNDO EL SALVADOR - MYANMAR TURQUÍA - GAMBIA

34 ENTREVISTA

Simeón Czeslaw,

misionero en Marruecos

40 ANIMACIÓN MISIONERA

43 CARISMAS Madres de Desamparados

46 CULTURA Vidas de misioneros, los otros libros de aventuras

51 EL CUARTO MUNDO 54 MISIÓN VIVA

Alfonso Voorn, misionero en Papúa Nueva Guinea

56 MISIÓN VIVA "Delwende, al servicio de la vida", en Filipinas


EDITORIAL

La peor de las enfermedades

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e ha necesitado realizar un macroestudio sobre 1,7 millones de personas para confirmar que la pobreza y la desigualdad social perjudican seriamente la salud, hasta el punto de que acortan la vida casi tanto como el sedentarismo y mucho más que la obesidad, la hipertensión y el consumo excesivo de alcohol. Y, aunque parezca un tanto sorprendente, estamos ante el primer análisis que se ha preocupado de examinar cómo influye el nivel socioeconómico de las personas en su salud y su mortalidad, en comparación con otros factores de riesgo más convencionales, como podrían ser el tabaquismo, el sobrepeso, la diabetes... Se podría pensar que la ausencia de investigaciones al respecto es debida a un impulso economicista que pretende no dedicar recursos a ensayos cuyo resultado es evidente. Pero el hecho es que, entre tanto, la Organización Mundial de la Salud –que sí considera que la educación, la renta y el trabajo afectan a la salud– no incluye la pobreza como factor que acorta la vida. En consecuencia, no se adoptan políticas estructurales que combatan las desigualdades económicas, que busquen sacar de la miseria a quien anda ahogado en ella, que proporcionen apoyo psicosocial y económico a los más

necesitados y un mejor acceso a los sistemas sanitarios. Estamos ante una prueba más de que la salud del pobre nos preocupa poco. Y en este caso, no conviene ser hipócritamente comedidos: nos importa poco su salud y todo lo demás; el pobre es un cero a la izquierda en las prioridades de los países y sociedades enriqueci-

Y, más que datos, el Papa ha querido poner sobre las frías cifras personas concretas, rostros en los que se ve reflejado a Dios. Porque el Santo Padre es muy consciente de que, desgraciadamente con demasiada frecuencia, “el capitalismo hace de la búsqueda del beneficio su único objetivo”, hasta convertir esto en una

Frente al desprecio que hacia ellos demuestran las sociedades enriquecidas, el papa Francisco ha colocado a los pobres en el centro de su pontificado. das. Por eso, y ante eso, el papa Francisco ha colocado a los descartados, a los míseros y empobrecidos en el centro de su pontificado. “Quiero una Iglesia pobre y para los pobres”, dijo en los comienzos del mismo. Y, desde entonces, no ha parado de hacer declaraciones, gestos, visitas... para llamar la atención sobre los cientos de millones de personas que han de vivir con menos de 1,25 dólares al día, sobre los también cientos de millones que pasan hambre o están a merced de cualquier enfermedad de fácil curación, sobre los que arriesgan sus vidas huyendo de la guerra o de la falta de posibilidades de supervivencia, sobre ese 80% de la humanidad que tiene que conformarse con el 20% de los recursos del planeta...

“forma de culto”, el cual da lugar a “descartes” que después trata “de ocultar o manejar para que no se vean más”. Francisco quiere que la pobreza se visualice, que se le dé la importancia que merece, porque sabe –sin necesidad de echar mano de estudio alguno– que la miseria mata; sabe que es un factor contra la salud; sabe que “el dinero es importante, sobre todo, cuando no se tiene y de él dependen la comida, la escuela, el futuro de los hijos”. Por este motivo, no se cansa de recordarnos que es necesario “cambiar las reglas del juego del sistema socioeconómico”, para volcarse en una economía diferente, que haga vivir, “porque comparte, incluye a los pobres, usa las ganancias para crear comunión”.

EDITA Obras Misionales Pontificias DIRECTOR NACIONAL OMP Anastasio Gil DIRECTOR Alfonso Blas DISEÑO Antonio Aunés COLABORADORES Rosa Lanoix, Rafael Santos, Francisco José Pérez Valero, Dora Rivas, José Beltrán, TERCER MILENIO José Carlos Rodríguez, José Ignacio Rivarés, Israel Íñiguez, Modeste Munimi, José Ramón Carvallada, María Jesús Sahagún, Carmina Sofía Fernández, Juana Gómez, Juan Lázaro Sánchez, Vicente Marqués Ruiz ARCHIVO FOTOGRÁFICO Antonio Aunés, Rafael Santos FOTOGRAFÍAS Efe, 123RF SUSCRIPCIONES Roberto Murga DEPÓSITO LEGAL M-48558-1999 ISSN 1695-1034 IMPRESIÓN Gráficas Dehon. PP. Reparadores. C/ La Morera, 23-25. Torrejón de Ardoz, Madrid. Tfno: 91 675 15 36


IGLESIA A FONDO 1 de marzo, Da de HispanoamØrica

Como cada año, el primer domingo de marzo se celebra el Día de Hispanoamérica, la jornada con la que la Iglesia española renueva desde 1959 sus vínculos de solidaridad, comunión y colaboración con las Iglesias hermanas de América Latina. El lema de esta edición invita de nuevo a partir, a ponerse en camino para evangelizar; pero, sobre todo, a hacerlo "sin miedo" y "para servir", a la manera que Jesús nos enseñó.

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osario, Santa Fe, San Isidro, San Miguel de Tucumán, San Salvador de Jujuy y Santiago del Estero, en Argentina; Santa Cruz de la Sierra y Trinidad, en Bolivia; Santiago, Concepción y Los Ángeles, en Chile; São Paulo, Salvador de Bahía, Belém y Natal, en Brasil; San José, en

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Costa Rica; Santa Marta y San Gil, en Colombia; Santiago, Santa Clara y San Cristóbal, en Cuba; San Salvador, Santa Ana, San Miguel, Santa Tecla y San Martín, en El Salvador; San Marcos y Santa Rosa, en Guatemala; Veracruz y Santa Rosa de Copán, en Honduras; Santiago de Querétaro, San Miguel de Allende, San Francisco de Campeche y San Luis Potosí, en México; San Cristóbal, San Carlos y Valle de la Pascua, en Venezuela; Asunción, Encarnación y San Lorenzo, en Paraguay; y San Francisco, Sacramento, Los Ángeles, San Diego, San Antonio y San José, en los Estados Unidos... Estos son los nombres de algunas de las más importantes ciudades que pueblan la geo-


grafía americana. Todos ellos aluden a un santo o a algún episodio de la historia de la salvación. Un país –El Salvador– lleva incluso el nombre del Señor. En Honduras, encontramos también departamentos (provincias) bautizados como “El Paraíso” y “Gracias a Dios”. Y en las islas de Dominica, Granada y Jamaica, para la división administrativa, se ha recurrido asimismo a medio santoral: Saint Andrew, Saint John, Saint Mark, Saint Peter, Saint Joseph, Saint Patrick, Saint Paul, Saint Luke, Saint George, St. James, St. Thomas, etc. Toda esta toponimia no engaña. Cinco siglos después del descubrimiento y de la conquista, con sus luces y sombras, América es un continente donde definitivamente el cristianismo ha echado raíces. Tanto es así que la mayor parte de sus más de 1.000 millones de habitantes se dicen seguidores de Jesús. No obstante, el arraigo de la fe en el Resucitado no ha llegado por arte de magia: es obra, y mérito, de los miles de religiosos, religiosas y sacerdotes que en estos cinco siglos se han vaciado para dar a conocer la Buena Nueva evangélica. Nueve mil de ellos siguen hoy allí, al pie del cañón, y son españoles. Continúan evangelizando en un continente que san Juan Pablo II bautizó en su día como el “de la esperanza”, por albergar a más de la mitad de todos los católicos del mundo y representar el presente y el futuro de la Iglesia.

Una jornada consolidada Pensando en esos cristianos del Nuevo Mundo se creó hace ya unas cuantas décadas el Día de Hispanoamérica. La Conferencia Episcopal Española (CEE) instituyó esta jornada, que se celebra el primer domingo de marzo, hace ya cerca de 60 años. Fue, exactamen-

Desde su nacimiento en 1949, la OCSHA ha enviado a América más de 2.200 sacerdotes españoles. te, en 1959, y con ella se perseguían –y se siguen persiguiendo– dos objetivos: por un lado, concienciar al pueblo de Dios de que la misión, el mandato misionero, es cosa de todos los bautizados sin excepción, y no únicamente de religiosos y de sacerdotes; y por otro, agradecer, recordar y colaborar –económicamente y con la oración– con los misioneros españoles llamados a evangelizar en ese continente hermano.

El cartel del Día de Hispanoamérica 2017 repite, una vez más, ese llamamiento. Y lo hace evocando las palabras que Francisco dirigió a los jóvenes reunidos en la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en 2013 en Río de Janeiro. “Vayan, sin miedo, para servir”, les dijo el papa Bergoglio en aquel inolvidable viaje, el primero al extranjero tras resultar elegido unos meses antes para la Cátedra de Pedro. El mensaje vale NÚM. 172, FEBRERO DE 2017

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IGLESIA A FONDO

para todos los cristianos. La evangelización no es asunto solo de unos pocos consagrados. Durante siglos, en efecto, la misión había sido básicamente cometido de órdenes y congregaciones religiosas. Y así continuó ocurriendo con otras muchas nuevas que surgieron a lo largo del siglo XIX. No fue hasta bien entrado el siglo XX cuando comenzaron a incorporarse a la misión, de manera coordinada, el clero secular y los laicos. El primero lo hizo, sobre todo, a través de organismos como el Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME), las Misiones Diocesanas Vascas y la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana (OCSHA). Los laicos, por su parte, lo hicieron a través de la Coordinadora de Asociaciones de Laicos Misioneras (CALM) y de los nuevos movimientos.

Mensaje de la PCAL La vida misionera es, como la de Jesús, una vida de servicio entregada a los demás. Como cada año, la Pontificia Comisión para América Latina (PCAL) ha elaborado un mensaje para preparar y celebrar convenientemente la jornada. En

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él se nos invita a todos a vencer los dos grandes enemigos que tiene hoy la acción evangelizadora: por un lado, “el miedo que nos suscita la incertidumbre y la cons-

ciencia de nuestras limitaciones humanas”; y por otro, “el egoísmo, que lleva a encerrarse en un horizonte diminuto y a excluir el bien del prójimo, sustituyéndolo con los propios intereses individuales”. “Nuestro mundo necesita, hoy especialmente –escribe el cardenal Marc Ouellet, presidente de este organismo vaticano–, de discípulos misioneros que se atrevan a ‘salir’ para llegar a todas aquellas periferias existenciales que esperan la luz del Evangelio; de discípulos de Cristo que sepan ‘adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos’ (Evangelium gaudium 24). Y esta Iglesia en salida es una que sabe acoger, que no levanta la voz para ahuyentar al pecador, sino


para invitarlo, y que no tiene miedo de mostrar el rostro tierno del Padre, y de abrir sus brazos a todo aquel que esté herido y necesitado de su amor y de su misericordia”. El purpurado canadiense afirma igualmente que, en los más de 2.000 años de existencia de la Iglesia, la misión de esta no ha cambiado, pero sí lo han hecho, “especialmente en las últimas décadas”, los tiempos en que hay que anun-

ciar a Jesucristo. De ahí, señala, la necesidad de evangelizar hoy “desde una visión renovada y creativa, adecuada a nuestra época y a los nuevos contextos sociales y culturales”. El mensaje es claro: no hay que “retroceder ante los cambios”, sino encarnar “el mensaje de Cristo en las nuevas circunstancias y en los nuevos contextos, con gran sencillez, pero también con astucia y con inteligencia”. Somos in-

vitados, por tanto, “a tomar el pulso a la realidad que nos rodea, para responder a ella desde la Buena Nueva de Cristo”. Pero ¿cuál es esta realidad? El propio cardenal Ouellet responde sin ambages: “Un mundo lacerado por el sufrimiento y por la indiferencia ante Dios, y cada vez más también por una activa y explícita hostilidad hacia el mensaje de Cristo y hacia el estilo de vida cristiana y hacia toda la riqueza que este trae consigo”. Ciertamente, la fe cristiana –al menos, la católica– no pasa en aquel continente tampoco por sus mejores momentos. Si en 1970 los católicos americanos representaban el 92% de la población, hoy suponen el 69%, según datos de 2014 del Pew Research Center, un laboratorio de ideas con sede en Washington. A excepción de Paraguay (con un 90% de católicos) y México (81%), el retroceso ha sido manifiesto y generalizado. Por otra parte, los medios de comunicación dan buena cuenta, cada vez más, de esa creciente hostilidad hacia lo cristiano a la que alude el cardenal Ouellet en su documento. Así, en los últimos meses, por ejemplo, se han producido desde profanaciones de templos (en Chile), a vejaciones a seminaristas (en Venezuela), pasando por secuestros, torturas y asesinatos de sacerdotes en México, Cuba, Colombia... Según la agencia Fides, de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, en 2016 fueron asesinados en el mundo un total de 14 sacerdotes, nueve religiosas, un seminarista y cuatro laicos. Pues bien: la gran mayoría de ellos –nueve curas y tres monjas– se dejaron la vida en América. Y 2017 no ha empezado mucho mejor: el 12 de enero fue hallado en México el cuerpo sin vida del P. JoaNÚM. 172, FEBRERO DE 2017

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quín Hernández Sifuentes, de la diócesis de Saltillo, que llevaba desaparecido desde el día 3. Algunos de esos agentes de pastoral, según Fides, fueron asesinados, paradójicamente, por las mismas personas a las que ayudaban. Otros cayeron en robos –¡cómo no recordar, en este punto, a la religiosa barcelonesa Isabel Solà, acribillada en Haití!– y asaltos a dependencias parroquiales. Y los más fueron víctimas a causa de su defensa de los débiles y de las denuncias de la corrupción, el crimen organizado, el narcotráfico, la trata de personas, etc.

El servicio de la OCSHA Los misioneros españoles que trabajan en América conocen bien el riesgo que entraña muchas veces el predicar el Evangelio. Muchos de ellos, sobre todo los que trabajan en “pastorales especialmente difíciles”, han de sentirse más de una y de dos veces como

En América evangeliza hoy el grueso de los misioneros salidos de España: 9.000 de un total de 13.000. 18 misioneros

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corderos en medio de lobos y son conscientes de que, a menudo, se juegan la vida. En América evangeliza hoy el grueso de los misioneros salidos de nuestro país: 9.000 de un total de 13.000. La gran mayoría de ellos son religiosos y religiosas de distintas órdenes y congregaciones, pero entre ellos hay también un puñado de sacerdotes diocesanos. Exactamente, 267. Se trata de presbíteros que, pese a estar incardinados en alguna de nuestras diócesis, un buen día decidieron responder a la llamada misionera y marcharon a servir a alguna de aquellas diócesis, para lo cual se acogieron al servicio de la OCSHA.


Desde que la CEE la pusiera en marcha en 1949, más de 2.200 sacerdotes diocesanos han cruzado el charco con este organismo de la Comisión Episcopal de Misiones. Ahora son, como ya se ha indicado, 267, y proceden, en su mayor parte, de las diócesis de Toledo (31), Burgos (21), Valencia (14), Palencia (12), Madrid (11) y Mérida-Badajoz y Sigüenza-Guadalajara (10 cada una). El pasado año fueron tres los sacerdotes diocesanos que partieron para América Latina con la OCSHA. Se trata de Jordi Gutiérrez Bassa, de la diócesis de Barcelona; Rodrigo Hernández Moreno, de la de Madrid; y Juan Alonso Bonals, de Tortosa. Y fue-

ron acogidos, respectivamente, en las diócesis de San Juan Bautista de Calama (Chile), Santo Domingo (República Dominicana) y Trujillo (Honduras). Asimismo, seis presbíteros de la OCSHA cambiaron su diócesis de destino en 2016. Por países, los misioneros de la OCSHA trabajan sobre todo en Perú (78), Chile (30), Venezuela (25), Ecuador (20), Brasil (18), Estados Unidos (18) y Argentina (13). Cada dos años, en los pares, estos sacerdotes celebran un encuentro continental. En los impares, como este, tienen lugar varios encuentros regionales. “Son citas que duran en torno a una semana y en las que se pretende fomentar la convivencia y la fraternidad entre ellos”, explica el P. Anastasio Gil, director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Misiones, quien tiene previsto asistir a varios de estos foros. Los primeros han tenido lugar ya en Chile y Brasil, a lo largo de enero, y en Argentina, del 20 al 25 de febrero. “Así como los religiosos tienen sus reuniones y están acompañados, arropados, los sacerdotes diocesanos están un poco a la intemperie, algo que estos encuentros pretenden ayudar a corregir. Muchas veces experimentan la soledad, y en ocasiones se sienten olvidados desde aquí y extraños allá”, añade. El P. Anastasio tiene clara la importancia de esta jornada eclesial. “Es una gracia divina para comprobar que, por la puerta abierta de la Iglesia local, están llegando fieles y presbíteros de otras Iglesias para ayudar y colaborar con las comunidades eclesiales en España, igualmente necesitadas de ayuda. No es un simple intercambio de operarios: es la expresión de la riqueza de la cooperación entre las Iglesias”. JOSÉ IGNACIO RIVARÉS

MISIÓN AMÉRICA, UNA ONG PARA AYUDAR A LOS MISIONEROS

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isión América es una ONG promovida por la OCSHA (vinculada, por tanto, a la Comisión Episcopal de Misiones de la CEE), que fue creada en 1994 para gestionar los proyectos sociales que promueven los misioneros españoles en América Latina. "Se inspira en la Doctrina Social de la Iglesia, fundamentalmente en la encíclica Populorum progressio, y promueve el espíritu de subsidiariedad, de modo que cada beneficiario pueda convertirse en el protagonista de su propio desarrollo", se afirma en su carta de presentación. El objetivo del organismo es ayudar a los misioneros a buscar subvenciones para los proyectos que ponen en marcha, tratar de implicar a los españoles en el seguimiento de tales proyectos y colaborar con cuantas instituciones públicas o privadas persigan fines semejantes. Un centro de enseñanza en Lima, otro de acogida en Belém (Brasil), la perforación de pozos de agua en Bolivia, el apoyo a la escolarización de niñas en Colombia, la remodelación de un colegio en Guatemala, o la prevención y atención a las víctimas del sida en Zimbabue son solo algunas de las iniciativas acometidas hasta ahora gracias a Misión América. Más información en http://misionamerica.org, en el teléfono 91 445 10 79 o a través del correo electrónico misionamerica@misionamerica.org.

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PRIMER PLANO

Febrero, pórtico de la Cuaresma y barrunto de la primavera que se avecina, es también un mes muy propicio para el ejercicio de la fraternidad. A mediados de mes se celebra la Campaña contra el Hambre, que organiza y abandera Manos Unidas. Hora es de llevarle la contraria a febrerillo el breve: que sea larga nuestra generosidad con esta noble causa misionera.

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lberto sacó la navaja de su mochila y se dispuso a pelar un mango, la mar de dulce y sabroso. Lo acababa de comprar por cuatro perras en el multicolor mercado donde, además, vendían lichis, plátanos, carambolos, piña y maracuyá... Contra lo que pueda parecer, no salía mi amigo de ningún sofisticado y moderno negocio de delicatessen; tampoco de una tienda para exóticos gourmets de esas que, ahora, crecen como las setas por cualquier esquina de la vieja Europa... Todas eran frutas del lugar. Y los aromas, sobre todo en los puestos de carne, no eran muy agradables que digamos. 24 misioneros

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Al momento, un grupo de chavales que, con gran curiosidad y a una respetuosa distancia, venían observando al blanco ese, se olieron el percal. No hizo falta voz ni señal alguna para que otros pequeños también olfatearan lo que iba a ocurrir y se unieran al grupo. Y, al punto, Alberto se vio rodeado por una patulea de curiosos rapaces, descalzos y mal vestidos, que miraban con sus grandes y brillantes ojos negros cómo asomaba y crecía, entre sus mágicas manos blancas, lo que parecía una verdiamarilla culebra. En realidad, lo que serpenteaba no era otra cosa que la peladura del mango que acababa de comprar. A todos, se les hacía la boca agua. Y la tensión crecía al tiempo que la mondadura se hacía más y más larga. Y la dichosa piel, que no terminaba de caer. Al fin y al cabo, ocurrió lo que todos esperaban: que la monda lironda se descolgó de la fruta ya desnuda. Entonces, de súbito, la silenciosa nube de muchachos se tornó tormentoso nubarrón. Y, como un avispero alborotado, todos a una, se lanzaron por ella ipso


facto. Solo los más avispados fueron capaces de cobrarla antes, incluso, de que llegara a tocar el suelo. Y, sin pensárselo dos veces, se la engulleron en un santiamén. Solo dos o tres alcanzaron el sabroso botín. Los demás se quedaron con las ganas. Y un tanto magullados. Y sus estómagos les seguían pellizcando. Y Alberto, boquiabierto, pasmado y turulato, tardó un buen rato en salir de su asombro. Resultaba que aquellos muchachos... ¡tenían hambre! Y era un hambre de las que duelen. Un hambre verdadera: ansiosa y voraz. De sobra sabía él que, en nuestro mundo, tan avanzado y moderno, todavía son muchos los seres humanos que sufren esa terrible calamidad. Es verdad: la plaga alcanza a uno de cada nueve seres humanos. La epidemia, sin embargo, no es contagiosa. Por eso, tal vez, sigue existiendo. Ella sola mata a más gente que el sida, la malaria y la tuberculosis juntos. Ahí está. Es el hambre. Hoy, en pleno siglo XXI, esa lacra está castigando a 800 millones de seres humanos inocentes. Es el mayor drama. Y, también, la mayor vergüenza de la humanidad. Bien sabía todo esto mi amigo Alberto, que es castellano viejo de las montañas de Burgos. Pero ese día, para él, el hambre dejó de ser un montón de puras y duras cifras y fríos porcentajes. El hambre, ahora, más que estadísticas, cómputos, censos y recuentos, tenía los brazos flacos, la mirada triste y

un rostro chupado, pero tremendamente humano y conmovedor. Durante el resto de toda aquella africana correría estival, Alberto anduvo arrastrando la acerba desazón y el vergonzoso bochorno que le produjo haber elegido aquel dulce y delicioso mango para aplacar su sed. Mango exquisito y dulzón que, sin embargo, le pareció el más amargo y acre de todos los mangos.

Las mujeres declaran la guerra Esta historia viene a cuento porque todos los años, por estas fechas, una bien conocida y reconocida organización –Manos Unidas– sale a la palestra de la actualidad para zarandear las conciencias de todos los ciu-

dadanos españoles. Así viene siendo desde hace más de medio siglo. En este caso, la cosa no empezó en Galilea, como dice Pedro a Cornelio en los Hechos de los Apóstoles. Pero sí en Madrid. Y en 1960. Por aquel entonces, un puñado de valientes mujeres, adelantadas a su tiempo –las mujeres de Acción Católica–, asumieron el compromiso que, cinco años antes, había proclamado la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC). En 1955, en efecto, estas mujeres habían declarado: “Sabe-

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PRIMER PLANO

mos, y queremos que se sepa: existen soluciones de vida. Si la conciencia mundial reacciona, dentro de algunas generaciones, las fronteras del hambre habrán desaparecido”. Y el mensaje –alumbrado, entre otras, por la española Mary Salas Larrazábal– concluía con una tajante y radical decisión: “¡Declaramos la guerra al hambre!”. Y en ese combate continúan todavía. Andando el tiempo, la audaz iniciativa de las mujeres recibió el espaldarazo de la Conferencia Episcopal Española. Así, los obispos establecen la celebración de una colecta extraordinaria anual contra el hambre en el mundo, en todas las parroquias de España, el segundo domingo de febrero. Y,

también, una Jornada de Ayuno Voluntario el viernes anterior a dicho domingo. En 1978, aprueban los estatutos de Manos Unidas-Comité Católico de la Campaña contra el Hambre en el Mundo. Un año después, en 1979, queda registrada en el Ministerio de Justicia y, posteriormente, en el Registro de Entidades Religiosas. Y es que este mundo nuestro, que tanto presume de “civilizado”, en realidad, está loco, loco, loco. 26 misioneros

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Más loco que una cabra. Y que las artiodáctilas hermanas de Amaltea me perdonen... Pero ¡no hay derecho!: el planeta Tierra, ¡nuestro mundo!, en nuestros días, produce alimentos para dar de comer al doble de la población que lo habita. ¿Cómo es posible, entonces, que este año vayan a morir –¡están muriendo ya!– más de 3 millones de niños menores de 5 años, casi la mitad de ellos (el 45%) a causa de una alimentación deficiente?

Cada habitante de la Unión Europea (UE) tira a la basura 179 kilos de alimentos, lo que, en total, genera unos 170 millones de toneladas de CO2 al año. La clasificación, en la UE, la encabeza el Reino Unido (14,4 millones de toneladas), seguido por Alemania (10,3 millones), los Países Bajos (9,4 millones), Francia (9 millones), Polonia (8,9) e Italia (8,8 millones). Y España ocupa el séptimo puesto en esa “negra lista” de los grandes tiradores de comida europeos: 7,7 millones de toneladas cada año.

Más comida, ¡no! Más gente comprometida, ¡sí! Por todo eso, en este año, Manos Unidas ha decidido señalar, con su dedo avisador, tres cuestiones esenciales para borrar la pobreza y el hambre del mundo: el desperdicio de alimentos, la lucha contra la


especulación alimentaria y el compromiso con una agricultura respetuosa con el medio ambiente. Esta nueva edición de la Campaña contra el Hambre, que hace la número 58 y que, como todos los años, se celebra el segundo domingo de febrero, llega con este santo y seña por bandera: “El mundo no necesita más comida. Necesita más gente comprometida”. Y ¡ojo al dato!, porque es muy cierto. Ya lo hemos dicho. Pero no está de más repetirlo: 7.700 millones de kilos. O, de otro modo: 7,7 millones de toneladas. Eso, lo que, cada año, los españoles TI-RA-MOS –¡ay!– A-LA-BA-SU-RA. Son ocho sílabas, tan solo. Cuatro palabras nada más: “tiramos a la basura”. ¡Sí! A la basura arrojamos el 30% de todo lo que compramos en el súper. Y la mitad de ese 30%, el 15%, lo tiramos sin abrir, porque... “ha caducado”.

Estados Unidos, con 760 kilos por habitante y año, capitanea la lista negra de las naciones que más comida desperdician. Le siguen Australia (690), Dinamarca (660), Canadá (640), Noruega (630), Países Bajos (610), Alemania (575), Reino Unido (565), Malasia (560) y Finlandia (550). Ya ha llovido lo suyo. Que fue en el siglo pasado cuando a mi buen amigo Alberto –de quien hablábamos al comienzo– le dio por lanzarse a la aventura de conocer, sobre el terreno, un puñado de países del África francófona más occidental: Malí, Burkina Faso, Costa de Marfil... De eso, hace ya la friolera de 25 años. Ocurrió en medio del verano, bajo un sol implacable y al cabo de una interminable marcha por los escarpados farallones de Bandiagara, en el país de los dogón, en el corazón del África occidental.

Antes de terminar, un pequeño secreto. Sabemos de muy buena tinta que, para mitigar la amarga sensación producida por el dulce mango que malcomió a orillas del Níger, mi amigo Alberto se hizo socio de Manos Unidas. Y ahí sigue. Pero... ¡ni por esas! Todavía le sale a relucir aquella amargura africana cada vez que ve a sus hijos despreciar este o aquel alimento, o dejar en el plato la mitad de lo servido. Lo dijo la también burgalesa Mary Salas Larrazábal, fallecida hace 9 años, a los 86, única mujer española auditora en el Vaticano II, y primera presidenta de Manos Unidas: “El día en que los hombres decidan que no haya más hambre sobre la faz de la tierra, no la habrá”. ¡Lástima que sigamos estando tan sordos! XIMENA DE ANGULO NÚM. 172, FEBRERO DE 2017

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INFORME

Se calcula que en el continente africano hay unas mil culturas distintas. A pesar de sus diferencias, hay patrones de comportamiento y de comprensiĂłn del mundo que se parecen mucho, con valores que enriquecen las relaciones humanas.

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I N F O R M E ÁFRICA, UN CONTINENTE RICO EN VALORES

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ick es uno de los varios cientos de funcionarios de Naciones Unidas en el este de la República Democrática del Congo. Se ocupa de asuntos de derechos humanos en la ciudad de Bunia y sus alrededores, y su trabajo le obliga a desplazarse a menudo por los pueblos de la región del Ituri para investigar casos de presuntos abusos y recomendar a sus superiores medidas que protejan mejor a la población. De nacionalidad estadounidense, es su primera misión en un país africano. Llegó a mediados del año pasado y, desde entonces, se ha sumergido en su trabajo con entusiasmo, convencido de que puede mejorar las condiciones de vida de los congoleños. Sin embargo, después de algo más de seis meses en el terreno, hay algo que no marcha en su labor diaria. Intenta hacer las cosas lo mejor posible, pero, por alguna razón que no entiende, se da cuenta de que la gente le rehúye y sus relaciones con ellos están bloqueadas. Nadie discute que Nick es un gran profesional. El problema –así se lo ha dicho un compañero suyo camerunés llamado Samuel– es que se sigue comportando co30 misioneros

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mo si estuviera en Estados Unidos. Siempre está con prisa, apenas saluda a la gente y es... demasiado directo, o por lo menos eso es lo que Samuel le ha dicho. Agotado y frustrado, un día Nick le pidió a su colega camerunés que le ayudara. Samuel no se lo pensó dos veces y le llevó a la parroquia de Nuestra Señora de África, dirigida por los Padres Blancos. Allí, un misionero europeo con cuatro décadas de trabajo a sus espaldas le escuchó con mucha paciencia y empezó a aconsejarle: “Yo también me comportaba como tú cuando llegue aquí, y entender a los congoleños me ha costado mucho tiempo y cometer muchos errores. Pero podrás superar esta situación si tienes en cuenta algunas pautas básicas”. El veterano misionero, antes de trabajar en el Congo, estuvo en Burkina Faso y en Tanzania. Los tres países están ubicados en zonas geográficas y culturales muy distintas: África occidental, África central y África del este. “Hay muchas Áfricas, Nick, e incluso dentro de un único país podemos encontrarnos con grandes diferencias de mentalidad entre una etnia y otra. Pero déjame que te presente algunos rasgos bastante ge-

nerales que casi siempre encontrarás en cualquier lugar de África donde trabajes”. Después de aquel primer encuentro, Nick pasó casi todos los días por la parroquia al terminar su jornada laboral, y permanecía allí entre una y dos horas. El sacerdote era, para él, un libro abierto que le preparó para entender otra mentalidad que él apenas se habría imaginado. Al cabo de un mes, organizó sus notas y, tras consultar algunos datos con su colega Samuel y otros amigos de varios países africanos, consiguió ordenar su mente y empezar a hacerse una idea cabal de algunos aspectos de la visión del mundo africano que cada día le entusias-


maba más. Este es un resumen de su cuaderno de cultura africana.

IMPORTANCIA

DE LO RITUAL Y LO SIMB LICO

En los pueblos africanos existen rituales para todos los momentos importantes de la existencia: el nacimiento, el paso a la edad adulta, el matrimonio, la muerte, la reparación de una ofensa, la vuelta a casa, la reconciliación entre dos clanes enemistados... Los funerales, sobre todo de personas que han muerto en la ancianidad, suelen durar varios días y ser bastante complejos. Muchos africanos que viven en las grandes ciudades siguen teniendo su aldea natal como el lugar de re-

ferencia y acuden a participar en estos ritos cuando se celebran, incluso representando a menudo grandes sacrificios económicos.

IMPORTANCIA

DE LO RELIGIOSO Y EL MUNDO ESPIRITUAL

Las culturas africanas suelen estar impregnadas de religiosidad. El mundo espiritual tiene una gran importancia y afecta a todos los compartimentos de la vida privada y pública, al contrario de lo que sucede en la cultura occidental, donde solemos pensar que la religión es un asunto privado. En muchos lugares, cualquier reunión o actividad se comienza con una oración, y los actos religiosos duran mucho más

tiempo de lo que sería normal en Europa. También se consulta más a los líderes religiosos, ya sean éstos cristianos o musulmanes. Este mundo espiritual aflora con fuerza en momentos de crisis, en especial cuando uno padece una enfermedad, y esto hace que la gente suela buscar causas que van más allá de lo inmediato.

IMPORTANCIA

DE LA COMUNIDAD Y LA FAMILIA EXTENDIDA

La familia, en prácticamente todos los rincones de África, sigue unos parámetros culturales bastante distintos a los occidentales. Mientras en Europa o en Estados Unidos existe la familia nuclear compuesta por pocas personas, NÚM. 172, FEBRERO DE 2017

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en África la familia de uno –a veces conocida como “el clan”– puede estar compuesta por cientos de miembros. Esto es una garantía de protección en situaciones de crisis, como cuando un niño se queda huérfano. Pero puede ser también una grave limitación frente a la autonomía del individuo y, para muchos africanos, termina por ser una carga que les impide ahorrar y prosperar, ya que, cuando uno de sus miembros consigue un buen puesto de trabajo o tiene éxito en los negocios, es habitual que sus familiares acudan a él con peticiones de ayuda que raramente tienen fin. Esta importancia de lo comunitario explica también que en África la gente suela tener otro concepto de la privacidad y que los individuos estén siempre mucho más bajo el escrutinio público de sus vecinos.

mujeres están excluidas de estos procesos de toma de decisión. Muchas sociedades han entrado en crisis porque los ancianos y otros líderes tradicionales ya no tienen la autoridad de la que gozaban antaño; sobre todo, en países en conflicto en los que los señores de la guerra hacen y deshacen las cosas a su antojo. También hay que tener en cuenta que en el continente hay distintos modelos de organización social: en algunos pueblos –notablemente, en comunidades de los Grandes Lagos– suele haber un tipo de autoridad más centralizada, mientras que en otros –como los de origen nilótico o en los del Sahel– se da más valor al consenso y, antes de adoptar una resolución, hay que escuchar a todos, lo cual significa que la toma de decisiones puede llevar mucho más tiempo que en el mundo occidental.

IMPORTANCIA

DE LA AUTORIDAD Y LOS ANCIANOS

EL

En el África rural, tradicionalmente, la autoridad ha sido siempre ejercida por los ancianos. En sí, esto es un valor, ya que la toma de decisiones se deja en manos de las personas que tienen más experiencia. Sin embargo, esta forma de hacer las cosas tiene también sus limitaciones, como, por ejemplo, el hecho de que muy a menudo las

Este es uno de los valores estrella de las culturas africanas. Al huésped se le ve como una bendición y se le da lo mejor. La gente tiene menos miedo de compartir de lo que suele ser habitual en nuestros patrones culturales europeos, y, en ocasiones, esta puede ser incluso una causa que impide el progreso económico, ya que, de

VALOR DE LA HOSPITALIDAD


tanto compartir, uno no puede permitirse ahorrar y, por consiguiente, disponer de recursos para invertir. Sin embargo, en las grandes ciudades, donde la gente tiene menos posibilidades, las cosas están cambiando y las limitaciones de vivienda hacen que muchas personas ya no puedan acoger huéspedes como en las zonas rurales.

tamente los sentimientos. Este es un patrón cultural que puede llegar a desconcertar a muchos occidentales. La alegría y la cordialidad con que la gente en África suele recibir a los visitantes de fuera no implican necesariamente que la gente sea abierta y directa a la hora de comunicar.

RELACIONARNOS IMPORTANCIA

DE LAS RELACIONES PERSONALES

En el mundo occidental suelen primar la eficiencia y el hacer muchas cosas, y, a ser posible, con rapidez. En África es más importante el cómo nos relacionemos con los demás, y, por eso, es importante crear relaciones, saber escuchar con paciencia, charlando con los demás sin prisa, aunque a veces nos pueda dar la impresión de que es una pérdida de tiempo. Construir una buena relación de confianza con nuestros interlocutores es esencial antes de ponernos a realizar cualquier tarea.

EL

OCULTAMIENTO DE LOS SENTIMIENTOS

Salvo excepciones, en África se habla de forma menos directa que en Europa. En parte, esto se debe a que en muchas culturas se considera poco correcto mostrar abier-

DE OTRA MANERA

Después de poner en orden sus nuevos conocimientos, Nick tomó varias resoluciones para mejorar sus relaciones con los beneficiarios de su labor y, cuando empezó a seguirlas, se dio cuenta de que las cosas cambiaban: le dio la impresión de que la gente hablaba con él con mucha más confianza, se abría más. Poco a poco llegó a establecer con algunos de sus colaboradores una buena relación de amistad. Estos fueron los cuatro consejos prácticos que empezó a aplicar en su vida diaria: 1. En África, para que las cosas marchen bien, hay que tener relaciones en todas partes. Esto vale para todos los aspectos de la vida, empezando por los posibles riesgos en materia de seguridad. Si hay problemas en una determinada zona, la gente que vive en sus proximidades nos informará y

nos ofrecerá consejos que merecerá la pena seguir. 2. Nunca hay que desafiar a una persona que tiene autoridad, por muy pequeña que esta sea. Si hay alguna complicación con un gobernador, un funcionario de aduanas o un policía que nos para, no perdamos nunca la paciencia. Con humildad, flexibilidad y buen humor se resuelven muchas situaciones que podrían complicarnos nuestra vida cotidiana. 3. En África, la vida suele ir a un ritmo muy diferente de las prisas occidentales. Hay que intentar tomarse las cosas con más calma, yendo más despacio, y evitando trazar planes demasiado cargados. Además, pueden suceder mil imprevistos y hay que adaptarse a como surjan las cosas sin perder la serenidad. En África, la prisa suele interpretarse como arrogancia, y ninguna conversación puede empezar sin saludar de forma educada. 4. “A donde fueres haz lo que vieres” es un consejo sabio en cualquier lugar del mundo. Es importante que en África tengamos en cuenta la sensibilidad de la gente por todo lo que se refiere a detalles pequeños o grandes: desde la manera de vestir, hasta cómo ocupamos nuestro tiempo libre. JOSÉ CARLOS RODRÍGUEZ NÚM. 172, FEBRERO DE 2017

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