Issuu on Google+

PRIMER PLANO

El Papa se funde en un abrazo con el P. Simoni.

Mons. Carlos Aguiar rras, un prelado que se las ha tenido tiesas con el chavismo y que estaba de viaje por su país el día del anuncio, supo de su nombramiento por un amigo, que lo despertó a las cinco y media de la mañana para comunicárselo, según él mismo ha relatado en la revista Vida Nueva. “Yo no sé nada”, le replicó, estupefacto, a su interlocutor. El interesado no se lo acabó de creer del todo hasta que recibió otra llamada, la del cardenal panameño de origen navarro José Luis Lacunza, quien le dijo que no se preocupara, que a él le había pasado lo mismo cuando Francisco lo hizo cardenal el año pasado... Otro nuevo purpurado que se enteró por la prensa fue el cura al16 misioneros

NÚM. 170, DICIEMBRE DE 2016

banés Ernest Simoni Troshani. Mejor dicho, el P. Simoni, de 86 años, se enteró por la radio. Se hallaba en Florencia, visitando a un sobrino, cuando en una emisora oyó su nombre cerrando la lista. Pensó que se trataba de un error, hasta que una llamada del Vaticano lo devolvió a la realidad. El P. Simoni es uno de esos pastores a los que Francisco siempre pondrá de ejemplo. El Papa le conoció cuando visitó Albania el 21 de septiembre de 2014, y quedó impresionado cuando aquel venerable cura le contó –poco menos que en tercera persona– la historia de su vida: cómo durante la dictadura comunista de Enver Hoxha fue condenado a muerte, y cómo finalmente le fue conmutada la pena capital por la de trabajos forzados. En total, pasó la friolera de ¡28 años! trabajando en una cante-

ra, primero, y en una mina, después. ¡Y todo por ser considerado, en calidad de sacerdote, un enemigo del pueblo! El Papa, cuando oyó su testimonio y lo vio arrodillado a sus pies para besarle el anillo, lo levantó, lo abrazó, le besó las manos y se echó a llorar. No se olvidó de él, como ha podido verse.

Una Iglesia eurocéntrica e italiana Entre los purpurados de Francisco hay, como él mismo dijo, un poco de todo. Más adelante comentaremos algunos de esos nombres, pero antes, y para entender el cambio silencioso que Francisco está operando en la Iglesia, hay que echar un poco la vista atrás. A la muerte de san Juan Pablo II, el 2 de abril de 2005, el colegio de cardenales estaba conformado por


Misioneros 170