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EDITADA POR LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS

Nツコ 165 M AY O Aテ前 2016

TERCER MILENIO


Nº 165. MAYO, 2016

TERCER MILENIO EDITA OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS C/ Fray Juan Gil, 5 28002 - Madrid Tfno: 91 590 27 80 Fax: 91 563 98 33 E-Mail: dir.nal@omp.es http://www.omp.es http://www.domund.org

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en este número... IGLESIA A FONDO Pese a los muchos desafíos políticos, sociales y culturales a los que se enfrenta, la Iglesia católica en Uganda ha sido, y sigue siendo, a los ojos de los ciudadanos, un signo de esperanza y de autoridad moral.

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PRIMER PLANO En nuestros días, más de 20 millones de personas en todo el mundo, en especial mujeres y niños, son víctimas de trabajos forzados, entre ellos la explotación sexual.

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INFORME En el último año, en muchos rincones del mundo, los cristianos han sido objeto de una creciente persecución por causa de su fe, hasta el punto de que unos 7.000 fieles de esta religión han sido asesinados.

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y además... 7 TRIBUNA La misión..., ¿aquí o allá?

10 EL OBSERVADOR ARGENTINA - CHILE CHINA - ARGELIA

18 ASÍ VA EL MUNDO BURUNDI - BANGLADESH NIGERIA - R.DOMINICANA

34 ENTREVISTA

Card. Luis A. Tagle, arzobispo de Manila

37 ANIMACIÓN MISIONERA

41 CARISMAS Misioneras Esclavas del Inmaculado Cor. de María

44 CULTURA El papa Francisco, un filón editorial y mucho más

50 EN EL OBJETIVO 52 MISIÓN VIVA

Vincenzo Bordo,OMI,

misionero en Corea del Sur

54 MISIÓN VIVA Crónica desde el Egeo


EDITORIAL

"No estáis solos"

E

stá claro que al papa Francisco le gusta poner el dedo en la llaga, mostrar las vergüenzas de esas sociedades “opulentas y desarrolladas” que se muestran miserables cuando se trata de sacar a flote la dignidad de las personas, especialmente de las más necesitadas y, por eso, más débiles: los descartados. El Santo Padre ha querido ir, con urgencia, a la isla griega de Lesbos, escenario de uno de los mayores dramas migratorios –no el único– que tiene lugar en nuestros días, para que pongamos caras, nombres e historias a las cifras que hablan ya de cientos de migrantes y refugiados muertos en aguas del mar Egeo en lo que va de año. Toda una inmensa y grave pérdida de vidas humanas que es necesario parar. Lo primero que el Pontífice ha querido transmitir a los refugiados es cercanía, acompañamiento misionero. “Quiero deciros que no estáis solos. He venido aquí [...] para estar con vosotros y escuchar vuestras historias”. Pero el fin último era “infundir ánimo y dar esperanza a quien busca refugio”. Y, para lograrlo, es necesario algo más que gestos. Se requieren palabras, ser voz de los que no la tienen, de aquellos a los que no se escucha, y alzarla en un clamor de denuncia, como ha hecho el Papa, para instar

“a la comunidad internacional para que la protección de vidas humanas sea una prioridad y que, a todos los niveles, se apoyen políticas de inclusión”. Estamos, ha dicho Francisco con razón, ante la “mayor catástrofe humana desde la II Guerra Mundial”. Y mientras, la vieja Europa, la patria de los derechos humanos, reniega de los valores

peregrinos en esta Tierra, acogidos por alguien con generosidad y sin ningún mérito”. Aquel que se dice cristiano, aquel que se proclama defensor de los derechos humanos, debe ver a un hermano –con el que compartir pan, casa y vida– en el huido “de su propia tierra a causa de la opresión, de la guerra, de una naturaleza desfigurada

Se requieren palabras, ser voz de los que no la tienen y alzarla en un clamor de denuncia, como ha hecho en Lesbos el papa Francisco. y principios sobre los que se ha levantado, para firmar un acuerdo con Turquía que organizaciones de Iglesia como Cáritas, CONFER, el Sector Social de la Compañía de Jesús, Justicia y Paz y la Comisión Episcopal de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española han calificado como “inhumano, deshumanizante, discriminatorio y limitativo”. Tal es el trato que reciben los refugiados y emigrantes que el Papa se ha visto en la necesidad de pedirles perdón “por la cerrazón y la indiferencia de nuestras sociedades”. “Sois tratados –no se mordió la lengua– como un peso, como un problema y un gasto”. Y la realidad debería ser otra, porque “todos somos extranjeros y

por la contaminación y la desertificación, o de la injusta distribución de los recursos del planeta”. No es que sea necesario un cambio de mentalidad; es que, si somos fieles a nuestras raíces, a los valores del Evangelio, deberíamos descubrir en esta situación “el testimonio de cómo Dios clemente y misericordioso sabe transformar el mal y la injusticia que sufrís en un bien para todos”. Solo con esta actitud el enemigo puede llegar a ser amigo; el forastero, convertirse en conocido; y el obstáculo, reconstruirse en “puente que une a pueblos lejanos, que hace posible el encuentro entre culturas y religiones diversas”. Todo un camino para proponer y por redescubrir.

EDITA: Obras Misionales Pontificias DIRECTOR NACIONAL DE OMP: Anastasio Gil DIRECTOR Alfonso Blas DISEÑO Antonio Aunés COLABORADORES Rosa Lanoix, Rafael Santos, Francisco José Pérez Valero, Dora Rivas, José Beltrán, TERCER MILENIO José Carlos Rodríguez, José Ignacio Rivarés, Israel Íñiguez, Modeste Munimi, José Ramón Carvallada, María Jesús Sahagún, Carmina Sofía Fernández, Juana Gómez, Joaquín Martínez, Juan Lázaro Sánchez, Vicente Marqués Ruiz ARCHIVO FOTOGRÁFICO Antonio Aunés, Rafael Santos FOTOGRAFÍAS Efe, Missio SUSCRIPCIONES Roberto Murga DEPÓSITO LEGAL M-48558-1999 ISSN 1695-1034 IMPRESIÓN Gráficas Dehon. PP. Reparadores. C/ La Morera, 23-25. Torrejón de Ardoz, Madrid. Tfno: 91 675 15 36


IGLESIA A FONDO

UGANDA

Perla y tesoro de la Iglesia Cuando se pregunta a la gente que diga alguna palabra relacionada con Uganda, es muy posible que el nombre elegido sea el de Idi Amín Dadá, sangriento dictador que marcó una de las épocas más difíciles y convulsas del pequeño país centroafricano. Aparte de hacer mención de este truculento presidente, poco más se sabe de esta nación en la cultura general de la ciudadanía. 14 misioneros

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o que cada turista que llega a este país seguramente conoce es que a Uganda se la llama también “la perla de África”, expresión utilizada por vez primera en 1895 por el explorador galés Henry M. Stanley (aunque muchos la atribuyen erróneamente a Winston Churchill) y, en verdad, la nación es una verdadera perla de paisajes, de recursos naturales y agrícolas, y también de calidez humana, manifestada especialmente en la hospitalidad y buen carácter de sus gentes. Además, Uganda se cuenta entre los países más jóvenes del mundo, ya que más de la mitad de su población es menor de 15 años.

Durante las últimas décadas, Uganda no ha cesado de crecer en diferentes facetas. Por un lado, se enfrentó ejemplarmente a la terrible pandemia del sida, cuando otros países negaban la evidencia y se retrasaban a la hora de tomar medidas. Por otro, el país goza de una prolongada estabilidad, que se traduce en unas impresionantes cifras de crecimiento económico. Todo esto, no obstante, ha tenido un importante precio político, puesto que el presidente Yoweri Museveni, que lleva más de 30 años en el cargo, se perpetúa como jefe de Estado, después de haber ganar de nuevo las últimas elecciones del pasado mes de fe-


La corrupción está presente en Uganda en todos los ámbitos, tanto privados como públicos. brero, manteniendo siempre a raya a la oposición y sin despejar la duda sobre una sucesión que él espera muy lejana.

El escándalo de la corrupción El crecimiento económico, sin embargo, no puede ocultar el lamentable escándalo de la corrupción en todos los ámbitos públicos y privados del país. Una práctica que, por desgracia, se ha convertido en un estilo de vida aceptado tácita y resignadamente por la ciudadanía. El talante del presidente, con su política de patronazgo y de apoyo “a grupos favorables”, repartiendo dádivas, regalos e incluso sacos de dinero a ciertos sectores que le apoyan, no ayuda en absoluto a la hora de combatir eficazmente la corrupción ni hace que sus llamadas a una renovación ética del Estado sean creíbles. Esta actitud de querer ganarse a los grupos de influencia es perceptible incluso en su relación con los dirigentes eclesiales (sean tanto de la Iglesia católica, como de la anglicana), cuando el presidente o su representante se hacen físicamen-

te presentes en la consagración de nuevos obispos y entregan públicamente al nuevo consagrado las llaves de un flamante todoterreno. De esta manera, Museveni intenta asegurarse el apoyo de diferentes sectores de creyentes y de los líderes religiosos, para que le sean propicios y eviten ser demasiado críticos con el poder. Posiblemente, esta y otras situaciones similares, que se detectan con frecuencia en la región, hayan sido la razón por la que, durante su último viaje a África del Este (del 25 al 30 de noviembre de 2015), el papa Francisco haya hecho un claro e incisivo hincapié en el problema de la corrupción como uno de los lastres más pesados que sufre este continente. El Pontífice lo hizo en términos fácilmente comprensibles. “La corrupción es algo que se nos mete adentro; es como el azúcar, es dulce, nos gusta, es fácil, y después terminamos mal. De tanto azúcar, fácil terminamos diabéticos, o nuestro país termina diabético. Cada vez que aceptamos una coima [soborno] y la metemos en el bolsillo, destruimos nuestro corazón, destruimos

Yoweri Museveni

nuestra personalidad y destruimos nuestra patria. Por favor, no le tomen el gusto a ese azúcar que se llama corrupción”, pedía y advertía el Papa a los jóvenes congregados en el estadio de Kasarani de Nairobi (Kenia) el 27 de noviembre del pasado año. Sus palabras fueron acogidas con entusiasmo, pero el cambio de actitud y de mentalidad es un desafío que todavía parece inalcanzable.

La autoridad moral de la Iglesia En una situación así, y a pesar de las presiones a las que se ve sometida, es de justicia decir que para los ugandeses la Iglesia católica es una de las instituciones más creíbles, porque ha sido incluso un verdadero signo de esperanza y de autoridad moral ante tantas actitudes de muerte y destrucción. Durante el sangriento y largo conflicto que asoló el norte de Uganda (1987-2015), la Iglesia fue con diferencia uno de los agentes sociales más activos en la iniciativas de paz y reconciliación. Líderes religiosos como monseñor John Baptist Odama, obispo católico de Gulu, NÚM. 165, MAYO DE 2016

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IGLESIA A FONDO

y Baker Ochola, obispo emérito anglicano de Kitgum, fueron los principales artífices de un movimiento interreligioso por la paz, que ofrecía apoyo a las víctimas del conflicto armado, mientras promovía la reintegración en la sociedad de los antiguos niños soldado secuestrados por la guerrilla y buscaba soluciones no violentas al conflicto. En situaciones extremadamente difíciles y tensas de inseguridad y violencia, en las que pusieron en peligro su propia vida entrevistándose con grupos rebeldes, estos prelados se convirtieron en verdaderos adalides de la paz, sin los cuales no se comprende la historia reciente del país. El 80% de la población ugandesa se considera cristiana, siendo la gran mayoría de fieles pertenecientes a las Iglesias católica y anglicana. Como en muchos otros países del continente, el factor religioso es extraordinariamente importante y no necesariamente se ve relegado al ámbito privado. Al ser la gente tan profundamente religiosa, no es en absoluto raro que la gran mayoría de reuniones y actos sociales, incluyendo la inauguración del Parlamento, incluyan una oración o una invocación ecuménica o multirreligiosa.

Un importante martirio Aunque Uganda no sea económica o culturalmente un país puntero dentro del continente, sí que lo es desde el punto de vista religioso, puesto que en su suelo tuvo lugar uno de los martirios masivos más importantes de la era moderna: el de 45 jóvenes pajes de la Corte Real que, entre los años 1885 y 1887, fueron ejecutados por orden del kabaka (rey) Mwanga, al negarse por su fe a complacer las tendencias homosexuales del monarca. La peculiari16 misioneros

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dad de este martirio consiste no solo en su número y en la circunstancia de que esté bien documentado, sino también en el hecho, casi único, de que la mitad de estos jóvenes inmolados por su fe fueran anglicanos, mientras que la otra mitad eran católicos. El santuario de Namugongo, a pocos kilómetros de la capital, Kampala, y escenario de trece de estos martirios, es hoy día un verdadero imán para fieles tanto de Uganda, como de otros países. Cada tres de junio, cientos de miles de personas –muchas de ellas son peregrinos que desde sus diócesis

de origen han hecho cientos de kilómetros a pie– se reúnen, en torno al precioso altar construido en la laguna que hay en medio del recinto sagrado, para honrar el ejemplo de Carlos Lwanga y sus compañeros. La impronta histórica de los mártires ha convertido a Uganda en una importante nación de destino para muchos peregrinos del continente, y posiblemente sea esta la razón que haya hecho de “la perla de África” el único país africano visitado por tres pontífices: Pablo VI, en 1969; Juan Pablo II, en 1993; y Francisco, en 2015. Precisamente, la reciente visita de este

último ha tenido lugar con motivo de la conmemoración del 50.º aniversario de la canonización de los mártires por Pablo VI. Durante su estancia, el Santo Padre advirtió a la Iglesia ugandesa acerca de la tentación de olvidarse o “acostumbrarse” a ser patria de tan relevante legado martirial. “No pierdan la memoria de esta semilla, para que, así, sigan creciendo. El principal enemigo de la memoria es el olvido, pero no es el más peligroso. El enemigo más peligroso de la memoria es acostumbrarse a heredar los bienes de los mayores. La Iglesia en Uganda no puede acostumbrarse


diciones de la evangelización son el gran elenco de catequistas, misioneros, religiosos, religiosas y sacerdotes que han dado su vida en las más variadas circunstancias. A este legado del pasado reciente se añade el silencioso testimonio de miles de personas que se siguen involucrando en la transformación positiva de la realidad ugandesa. Un ejemplo señero lo tenemos en la hermana Rosemary Nyirumbe, una religiosa que, desde su sencillo orfanato de Santa Mónica, en la ciudad de Gulu, ha sido nominada por la revista Time como una de las cien personas más influyentes del mundo, gracias a su significativa labor social con muje-

nunca al recuerdo lejano de estos mártires”, señaló a los sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas reunidos en la catedral de Kampala el pasado 28 noviembre.

Vitalidad de la comunidad cristiana La visita de Francisco a Uganda ha sido también una ocasión privilegiada para demostrar la vitalidad de una comunidad cristiana que, a pesar de los muchos desafíos políticos, sociales y culturales a los que se enfrenta, continúa creciendo y sigue sirviendo a la sociedad en general. La Uganda contemporánea no se puede comprender sin el impacto y el legado de cientos de iniciativas pastorales, sanitarias, educativas y sociales promovidas por la Iglesia católica en sus poco más de cien años de actividad, y que, con frecuencia, se han llevado a cabo en situaciones llenas de desafíos y en contextos incluso de violencia y de inseguridad.

Desde que el anuncio de la fe llegó a este país (de la mano de los Misioneros Combonianos en el norte, llegados del Sudán, y de los Misioneros de África –Padres Blancos– en el sur del país, procedentes del lago Victoria), la Iglesia local ha estado acompañando a la gente en sus alegrías y en sus penas, siendo faro de luz y de esperanza, muy especialmente, en los varios periodos de crisis por los que ha pasado este país. Testigos de esta llamada y de las duras con-

res y niños rescatados de la guerra, supervivientes y víctimas del largo conflicto causado por el LRA (Ejército de Resistencia del Señor, en sus siglas inglesas) en el norte de Uganda. Mujeres como ella encarnan mejor que nadie las “glorias del futuro” que el Papa demandó de la Iglesia ugandesa, como contraposición y fiel continuación de las muy dignas “glorias de pasado”, representadas por Carlos Lwanga y sus compañeros mártires. ALBERTO EISMAN NÚM. 165, MAYO DE 2016

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PRIMER PLANO

En nuestros días, más de 20 millones de personas –sobre todo, mujeres y niños– se ven obligadas a sufrir trabajos forzados, entre ellos, la explotación sexual, en todo el mundo.

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reíamos que esa vieja práctica, tan inhumana y salvaje, que es la esclavitud ya había sido borrada del mapa, ¿verdad? ¡Pues no! Es verdad que Dinamarca, en 1792, fue el primer país europeo que abolió el comercio de esclavos. Es verdad que le siguió el Reino Unido, en 1807. Y los Estados Unidos, en 1810. Es verdad que, en el Congreso de Viena de 1814, casi todos los países europeos prohibieron el tráfico de esclavos. Y es verdad que la abolición legal de la esclavitud llegó a la España peninsular en 1837. Tardó más en llegar a los territorios de ultramar, porque los más poderosos, en Cuba y Puerto Rico, amenazaron con su anexión a los Estados Unidos. Finalmente, en 1926, la Convención Internacional de Ginebra, promovida por la Sociedad de Naciones y avalada por 38 países, aprobó la prohibición del comercio de esclavos y la desaparición de toda forma de esclavitud. 22 misioneros

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Sin embargo, la esclavitud, unas veces agazapada y escondida, otras tan visible y notoria como olímpicamente ignorada, sigue existiendo en nuestros días. Y no hace falta viajar miles y miles de kilómetros, hasta el corazón de África, para conocerla. Aquí mismo, en nuestras calles, sigue existiendo, más o menos camuflada y consentida, la esclavitud. Es un crimen silencioso –tan silencioso como la guerra del Congo– y tiene otro nombre. Ahora, lo llamamos trata. Pero, aunque nadie

le haga caso y casi todo el mundo lo ignore, ahora y aquí, ahí y allá, hay trata de seres humanos, que es una forma de esclavitud. Esclavitud encubierta. Pero esclavitud, al fin y al cabo. La trata es, también, un negocio que se codea, casi en pie de igualdad, con el narcotráfico y con el tráfico de armas. En nuestros días, según la OIT, más de 20 millones de personas, sobre todo, mujeres y niños, están obligadas a sufrir trabajos forzados –entre ellos, el de la explotación sexual–.


De ese colectivo, muy difícil de precisar por su carácter oculto y clandestino, los expertos estiman que el 70% se ve obligado a trabajar en labores que van de la agricultura a la construcción, pasando por la manufactura y los empleos domésticos. Actualmente, en nuestro mundo alrededor de 4,5 millones de mujeres son explotadas sexualmente. Son 11,4 millones las mujeres y niñas (el 55% del total) que sufren explotación laboral. Los hombres y niños víctimas de la explotación laboral son 9,5 millones (el 45%). De los 5,5 millones de víctimas infantiles, los niños representan el 26%. Por su parte, Europol calcula que 10.000 menores refugiados “han desaparecido” después de su llegada a Europa. “Las cifras son aterradoras –ha dicho el uruguayo Luis Almagro Lemes, de 52 años, nuevo Secretario General de la OEA–. Y la inacción ante esta barbarie del siglo XXI implica una complicidad moral. Desde que asumí mi cargo, he proclamado que mi lema de acción, durante los próximos años, será «más derechos para más personas en las américas»”.

Un esclavo, a un módico precio Hace pocas fechas, la noticia saltó a las primeras páginas de la actualidad: en la mismísima Ingla-

terra, otrora pionera del abolicionismo esclavista, ahora podemos comprar, por un módico precio –por mucho menos de lo que cuesta un coche– un niño sano, fuerte, trabajador, hecho y derecho, capaz de prepararnos el té y hacer toda suerte de tareas domésticas en nuestro hogar. Los más de estos muchachos, que no cuentan más de 10 años de vida, proceden de Nepal. Son los supervivientes del último terremoto que, el 25 de abril del año pasado, mató a 9.000 personas y dejó millones de heridos sin vivienda. Y, ahora, en el mercado negro, son vendidos por una cantidad de 500.000 rupias nepalíes, unos 6.650 euros. La existencia de este pingüe “negocio encubierto”, alumbrada por The Sun el pasado 4 de abril, tiene su base en la provincia india del Punjab. Allí, las bandas se nutren de huérfanos nepalíes y de los pequeños indios de familias sin recursos: “Llévese un nepalí a Inglaterra. Son buenas personas. Son buenos para hacer todo tipo de tra-

bajo doméstico y muy buenos cocineros”, decía el vendedor esclavista al camuflado periodista inglés. En Nepal, hay más de 250 orfanatos. Y las adopciones son una fuente de ingresos. Solo el turismo, las ayudas internacionales y los temibles gurkas (mercenarios contratados por ejércitos extranjeros) aportan más divisas. Ser director de un orfanato o intermediario en el proceso de adopción entraña un nivel de vida –coches de importación, viviendas...– muy por encima de la media del país. España es, después de Italia, el país que más niños nepalíes adopta: 176 en los últimos 4 años. Se estima que alrededor de 1.000 niños fueron objeto de trata en el Reino Unido el año pasado. Cifra que se habría disparado respecto a 2014, cuando rondaron los 600. La ministra británica del Interior, Theresa May, ha instado a la policía a investigar las informaciones del periódico y ha afirmado que el tráfico de niños es “un crimen verdaderamente abominaNÚM. 165, MAYO DE 2016

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ble”. “Ningún niño en ninguna parte del mundo debería ser llevado a lugares alejados de su hogar y forzado a trabajar como esclavo”, dijo. Albania, Vietnam y Nigeria son, también, países “suministradores” de niños a las bandas de la trata.

La trata, en España Los expertos dicen que esta es una plaga mundial difícil de combatir. España tampoco está libre de trata. Y como en el resto del mundo, los responsables –que somos todos– tienen –tenemos– el vicio de mirar para otro lado y no plantarle cara a esa nueva esclavitud del siglo XXI. Pero, en nuestro país, las víctimas de ese sucio negocio no están solas. La Iglesia católica, a través de múltiples organismos –congregaciones, institutos, fundaciones, ONGs...–, lejos de escurrir el bulto, está dedicada a combatir esas formas de explotación. Algunas de dichas instituciones llevan siglos empeñadas en ese desigual combate. Tal, el caso de los mercedarios, que, en 2018, cumplirán sus 800 años de trabajo contra la esclavitud en cualquiera de sus formas. Recientemente, Cáritas acaba de salir a la palestra con un profundo informe sobre el negocio de la prostitución en España. En él, esta organización de la Iglesia apela “a los gobernantes y a las autoridades públicas a que no hagan oídos sordos ni miren para otro lado ante la vergüenza de esta moderna esclavitud que es la prostitución y que está a la vista de todos”; una lacra que reclama de nosotros que “abramos los ojos a su realidad y escuchemos su clamor”. El informe, publicado el pasado 10 de marzo, dice que ese negocio es una triste realidad que se viste de mujer: más del 90% de las per24 misioneros

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Actualmente en nuestro mundo, unos cuatro millones y medio de mujeres son explotadas sexualmente. sonas acompañadas por estos proyectos de Cáritas son mujeres. Y, la mayoría –el 80%–, de origen extranjero. También reconoce que, durante los años de la crisis, creció el número de españolas. Pero la proporción de foráneas –advierte el estudio– sigue siendo notable, en cuanto solo el 12% de los habitantes de nuestro país son residentes extranjeros. Nigeria, Rumanía y Brasil están entre las naciones de origen más frecuentes. Suelen ser mujeres menores de 35 años, sin estudios secundarios y con algún menor a su cargo.

Mercedarios Más recientemente, otra institución, veterana en estas lides, los religiosos de la Orden de la

Merced, acaba de organizar un congreso internacional sobre la migración, la trata y el tráfico de personas. Fue, en Madrid, a primeros de abril. “Los organizadores de este congreso –explica el padre Damase Masabo, nacido en Burundi hace 55 años– han querido despertar nuestra conciencia, abrirnos los ojos de la fe, suscitarnos la pasión y la compasión por las víctimas de este drama humanitario, para no caer en la «globalización de la indiferencia», denunciada por el papa Francisco, ante este horrible delito de la trata de personas, especialmente mujeres y niños”. La trata y el tráfico es una “actividad criminal que atenta contra la dignidad humana y tiene efectos


Alicia Peressutti, fundadora de Vínculos de Red cio. Según las estimaciones de Naciones Unidas, más de 2.700.000 personas son víctimas de este fenómeno. Y de esa cifra, el 80% son mujeres y niños. Este cruel mercado mueve unos 32.000 millones de dólares al año. Es una plaga mundial, difícil de combatir. Para la tradición y la espiritualidad mercedarias, la trata de seres humanos es un gran reto: “Es –dice el padre Damase– una de las muchas y tantas «nuevas formas de cautividad/esclavitud». Interpela a nuestra conciencia y reclama la puesta en práctica de nuestro cuarto voto, el de la re-

Congreso de los Mercedarios sobre la situación de la migración y trata de personas.

negativos en el desarrollo, la paz y la seguridad y los derechos humanos”. Hay que combatir estos fenómenos denigrantes y deshumanizantes, porque en definitiva son un atentado contra el mismo Creador de la vida. A juicio del padre Masabo, que es consejero general de los mercedarios, el tráfico o trata de personas es un “horribilis business”. Un negocio, como ya se ha dicho, tan rentable como el mismo comercio de armas o el narcotráfico. Ya se habla de una industria del tráfico sexual, que mueve sumas extremadamente elevadas de dinero su-

dención: prometemos dar la vida como Cristo, si fuere necesario, para salvar a los cristianos que se encuentran en extremo peligro de perder su fe, en las nuevas formas de cautividad”. Desde Roma, el bueno del papa Francisco, sin pelos en la lengua, también ha dicho: “Siempre me angustió la situación de los que son objeto de las diversas formas de trata de personas. Quisiera que se escuchara el grito de Dios preguntándonos a todos: «¿Dónde está tu hermano?» (Gén 4,9). ¿Dónde está tu hermano esclavo? ¿Dónde está ese que estás ma-

“Hay escl a vi t ud porque lEstado a sociedad y el lo permiten” A

licia Peressutti, paisana y amiga del papa Bergoglio, también combate, en Argentina, la trata de mujeres. Fundó en 1997 la ONG Vínculos de Red. Ahora, acaba de estar en España para amadrinar otra organización, que han puesto en pie cinco españolas: M.ª José, Corina, Teresa, Isabel y Mónica están al frente de Liberata. Con tal motivo, Alicia ha declarado que "molesta mucho cuando digo que la trata no está en la agenda política de cualquier país del mundo. Solo suecos y noruegos han avanzado un poco. Países como España no tienen una ley anti-trata, una ley integral. Y la tienen que tener. Si no hay ley anti-trata, que al menos se establezca que van a tener programas de asistencia a largo plazo. Porque hay víctimas que deben ser asistidas de por vida. Médica y psicológicamente". Y dice más todavía: "La trata es violencia de género, pero no podemos dejarlo ahí, porque es la máxima violación de todos los derechos humanos". "También –añade– es tortura: una persona que es violada diez veces al día y que es esclavizada... También hay que pensar en esto, la esclavitud. Cuando alguien habla de esclavitud, la gente se imagina a Kunta Kinte. Actualmente, las cadenas son las cadenas de la cabeza y del corazón. Sí. Te ayudan a entrar en el país. Como no pagas un dinero que supuestamente deberías haber pagado, secuestran a tu hijo. Y para pagar esa deuda tienes que prostituirte".

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tando cada día en el taller clandestino, en la red de prostitución, en los niños que utilizas para mendicidad, en aquel que tiene que trabajar a escondidas porque no ha sido formalizado? No nos hagamos los distraídos. Hay mucho de complicidad. ¡La pregunta es para todos! En nuestras ciudades está instalado este crimen mafioso y aberrante, y muchos tienen las manos preñadas de sangre debido a la complicidad cómoda y muda”. Fue en su exhortación apostólica Evangelii gaudium.

La Iglesia, contra la trata En el desigual combate contra la trata, los religiosos mercedarios no están solos. Trabajan, sobre todo, en Argentina y Guatemala. En España, además de los seguidores de Pedro Nolasco, el Grupo Intereclesial de Trata está formado por la Conferencia Episcopal, Cáritas, Fundación Cruz Blanca, Fundación 26 misioneros

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Amaranta (Adoratrices), Justicia y Paz y CONFER. También trabajan en este campo las Oblatas, Villa Teresita (Auxiliadoras del Buen Pastor), las Hijas de la Caridad, etc. La hermana Rosario Echarri, oblata de navarra, nos explica que, en el 2009 se constituyó la red Talitha Kum. Este nombre es una expresión que se encuentra en el Evangelio de Marcos, capítulo 5, versículo 41. Traducido del arameo, significa: “Niña, yo te digo, levántate”. Jesús dirige estas palabras a la hija de Jairo, una niña de doce años que yace sin vida y a la que resucita. Ahora, Talitha Kum es una “red de redes” internacional de la vida consagrada, en contra de la trata de personas. Favorece la colaboración y el intercambio de información entre mujeres y hombres consagrados en 80 países. Es un proyecto de la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG), en co-

laboración con la Unión de Superiores Generales (USG). RENATE (Red Europea de Religiosas contra la Trata) tiene su sede en Holanda, y agrupa a unas 100 religiosas y organismos propios, tanto de Europa del Este como de Europa occidental. La finalidad es intentar frenar la dolorosa situación del tráfico de personas, y para ello, “crear un puente de esperanza” entre los países de origen y los países de tránsito o de destino: los del oeste de Europa. De reciente creación es el Grupo Santa Marta, de carácter internacional e interinstitucional. En España contamos con el Grupo Intereclesial, formado por la Conferencia Episcopal, Cáritas, CONFER, Justicia y Paz y otras instituciones de la Iglesia. Y también, con la “Red Española contra la Trata de Personas”, formada por más de 20 asociaciones implicadas en los ámbitos de la incidencia política y de


Las víctimas de la trata tienen rostro.. as víctimas del tráfico y de la trata tienen nombres y apellidos, tienen rostro y voz: "No podemos taparnos los oídos ante sus gemidos, ante sus gritos y llantos", se dijo en el encuentro internacional organizado en Madrid por los mercedarios. "Necesitan buenos samaritanos, porque han caído en manos de traficantes inhumanos. Los cuerpos ultrajados de las víctimas están al borde de la calle o yacen en los burdeles de las grandes capitales de Occidente y Asia. Las víctimas gritan socorro, esperan de nosotros un gesto de humanidad". Una de esas víctimas se llama Ruth. Su historia aparece en un informe publicado por el Defensor del Pueblo. La vida de Ruth cambió cuando, al fallecer su padre, su madre concertó su matrimonio con un hombre mayor a cambio de dinero, para intentar paliar la dramática situación económica de la familia. Su marido quiso que le practicaran la mutilación genital y Ruth huyó, tras ne-

L

la identificación y derivación de víctimas. La red trabaja con ONGs no confesionales, implicadas en la defensa de los derechos humanos. Juntos es posible unir recursos para ofrecer alternativas humanizadoras adecuadas, que incidan en las diferentes causas del fenómeno de la prostitución y de la trata. Se trata de abrir posibilidades para que las mujeres víctimas puedan realizar sus sueños de formarse, vivir con su familia, conseguir un trabajo digno y, sobre todo, se unan a grupos alternativos para romper estructuras sociales injustas que violan sus derechos humanos. Las mujeres hacen gala de una enorme capacidad para ser luchadoras y, pese a las situaciones vividas, se implican para conseguir vivir de otra manera. A pesar de la penumbra, pueden ver y verse de forma distinta. RODRIGO TESLA

garse y ser rechazada también por su madre. Conoció a otro hombre, con el que comenzó una nueva relación. Sin embargo, tras quedar embarazada, su nueva pareja la abandonó. Sola, con su hijo, comenzó a mendigar para poder comer. Así, hasta que tropezó con unas personas que le ofrecieron ayuda y la posibilidad de viajar a Europa para trabajar en un restaurante. No le pidieron dinero, ni nada. Ella pensó que su vida estaba cambiando, que las desgracias habían terminado y que esa ayuda era desinteresada. Se ofrecieron a cuidar de su bebé mientras ella trabajaba en Europa. Por eso, dejó a su hijo a cargo de estas personas. Ella partió hacia un futuro mejor. Pero... Pronto supo que no. Tras un largo viaje de dos años, durante el que sufrió todo tipo de violencias, le dieron un pasaporte falso y consiguió entrar en España. Al llegar, descubrió que el viaje sí tenía un precio: debía 30.000 euros. La trasladaron a Ma-

drid, donde comenzó a ejercer la prostitución para pagar la deuda. Cada vez que iba a pagar una cantidad a cuenta, preguntaba por su hijo. A veces se lo ponían al teléfono para que viera que todavía estaba en su poder. Después, fue detenida por la policía. Ingresó en un centro de internamiento de extranjeros para ejecutar su expulsión por estancia irregular. Solo entonces fue capaz de pedir ayuda a una organización especializada. Solicitó protección internacional y paralizó durante año y medio su expulsión. Proyecto Esperanza –la respuesta de las religiosas adoratrices al problema de la trata de mujeres en España, que, desde 1999, lleva a cabo un programa de apoyo integral para víctimas de la trata– elaboró un completo informe en el que se daba cuenta de su situación personal. Tras la sugerencia formulada por el Defensor del Pueblo, la Delegación del Gobierno en la Comunidad de Madrid revocó la resolución de expulsión.

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INFORME

Veinte años tenía el terrorista que el pasado 27 de marzo, Domingo de Resurrección, se inmoló en un concurrido parque del centro de Lahore, la segunda ciudad de Pakistán. Ese joven, un talibán local, tenía un único objetivo: matar cristianos. Cuantos más, mejor. Y es que desde hace unos años, creer en Jesucristo se ha convertido en una empresa de alto riesgo. Hasta el punto de que, en 2015, unas 7.000 personas, 3.000 más que el año anterior, fueron asesinadas en el mundo solo por su condición cristiana, según la organización estadounidense Open Doors.

E

l desalmado que atentó en el parque de Lahore asesinó finalmente a 73 personas e hirió a 359 más. Detonó su cinturón de explosivos al lado de una zona de juegos infantiles, por lo que 30 de los muertos eran niños. Había escogido un parque para su criminal acción por dos motivos: primero, porque debido al especial despliegue policial de la jornada –recuérdese que era el día de la Pascua del Señor– no pudo hacerlo contra alguna de las iglesias de la ciudad, especialmente protegidas para la ocasión después de que el año anterior dos suicidas atentaran contra sendos templos de esa misma ciudad, asesinando a 21 fieles e hiriendo a otros 80; y segundo, porque, como explicaría más tarde el arzobispo local, monseñor Sebastian Francis Shaw, en Pakistán es habitual que en fiestas señaladas como Navidad o Pascua, los cristianos, después de asistir a 28 misioneros

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misa y comer en familia, acaben la jornada en un parque. El objetivo, por tanto, era matar cristianos. Hombres, mujeres, niños... Y cuantos más, mejor. Lo reconoció de algún modo la propia facción talibán en su reivindicación, obviando, de paso, que aproximadamente 50 de los muertos que causó eran musulmanes. Como en toda “guerra”, estos fueron considerados daños colaterales. Hace un año, como ya se ha apuntado, los terroristas habían sido más certeros. El 15 de marzo de 2015 atentaron, en efecto, contra dos iglesias –una católica y otra anglicana– del distrito de Youhanabad, también en Lahore. La Conferencia Episcopal Pakistaní acababa de exigir al Gobierno una “investigación imparcial” de aquellos hechos cuando se produjo la salvajada del parque. Y es que hasta el día de hoy, y aunque parezca increíble, las pesquisas policiales por

esos atentados se han centrado únicamente en los sucesos posteriores a los mismos –el linchamiento de dos presuntos cómplices de los terroristas por una multitud enfurecida– y no en determinar quién los cometió u ordenó. El clima social y la presión de los grupos radicales en Pakistán son tales que allí a casi nadie extraña este tipo de actuaciones de las fuerzas del orden. Como tampoco, el que mueran en dependencias policiales detenidos acusados de blasfemia, o que alguien difunda el rumor de que “fulanito de tal” ha quemado un Corán y ese “fulanito” acabe también linchado... Al fin y al cabo, se trata de cristianos.

Odio y resentimiento ¿Qué puede llevar a un joven de 20 años, con toda la vida por delante, a volarse en mil pedazos en


un parque y a asesinar a 30 niños? ¿Qué fe, qué creencia religiosa, puede justificar eso? La respuesta es sencilla: ninguna. El papa Francisco lo dijo muy claro tras otra masacre sin sentido: la de los atentados de noviembre pasado en París. Ese tipo de actos “no tienen justificación ni religiosa ni humana”. Con anterioridad, el Pontífice había afirmado también en muchas ocasiones que “nadie puede usar el nombre de Dios para cometer violencia”, y que “matar en nombre de Dios es un gran sacrilegio”. El gran imán Ahmed al Tayeb, rector de la Universidad cairota Al-Azhar, principal referente del islam sunita, también ha condenado últimamente las violencias cometidas en nombre de Dios, así como el fanatismo de sus autores. “Hoy en día, muchos jóvenes en Pakistán sufren un lavado de

cerebro y luego matan o se convierten en terroristas suicidas en nombre de Dios”, ha dicho en la agencia Fides el sacerdote paquistaní Inayat Bernard, rector del seminario menor de Santa María, en Lahore. “Estos atroces ataques –vaticina con pesar– continuarán mientras en Pakistán no trabajemos todos juntos por un cambio

de mentalidad y cultura: padre, maestros, líderes religiosos de todas las creencias, líderes sociales y políticos, todos aquellos que tienen influencia en la opinión pública”. La Conferencia Episcopal es de la misma opinión. De hecho, su Comisión “Justicia y Paz” acaba de pedir en un informe que se eliminen los contenidos de odio y NÚM. 165, MAYO DE 2016

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I N F O R M E CRISTIANOS PERSEGUIDOS

Según la organización Open Doors, en 2015 unas 2.300 iglesias fueron atacadas, número que dobla el del año anterior. los prejuicios contra las minorías religiosas que contienen los libros de texto utilizados en las escuelas públicas del país. En esta nación de unos 175 millones de habitantes, los cristianos apenas representan el 1,5% de la población. Unos 2,5 millones de personas a lo sumo, entre católicos y protestantes. ¿A qué se debe la hostilidad hacia ellos? “En el islam es injustificable atacar a otro ser humano solo porque tiene una fe diferente”, recuerda en su mensaje de condena del atentado de Lahore el muftí Mohamed Fatris Bakaram, el líder musulmán más importante de Singapur. ¿Entonces? En realidad, ese resentimiento y hostilidad, al menos en Pakistán (aunque el problema 30 misioneros

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no se limita a este país) tienen que ver más bien poco con la fe. La animadversión social hacia los cristianos, y hacia el resto de minorías religiosas, tiene su origen primero en la propia esencia de esta República Islámica, creada en 1947 para albergar a los musulmanes de la India tras la independencia de esta del Imperio Británico. El islam es lo único que unía a pastunes, sindhis, pendhabis, balushis y otros pueblos de la zona. Sin esa fe en Alá, nada justificaba el nuevo país y, mucho menos, sus nuevas fronteras. Y quienes no creen en Alá ni en Mahoma, su profeta, molestan y suponen un problema. Además, allí se identifica a los cristianos con Occidente. Y decir Occidente es decir Estados Unidos, el “gran Satán”que

bombardea y asesina impunemente a otros hermanos musulmanes en Irak, Afganistán, Siria... En segundo lugar, pero no menos importante, está también la cuestión social. La mayor parte de los cristianos paquistaníes pertenecen a los estratos más bajos de la sociedad, y son despreciados probablemente no tanto por cristianos, cuanto por su origen y condición. De hecho, muchos descienden de dalits o “intocables”, la casta más baja. En Pakistán, oficialmente, no existen castas, pero, en la práctica, la cosa no está tan clara y los prejuicios raciales continúan ahí. Así, por ejemplo, sigue habiendo sitios públicos en los que a los considerados impuros se les obliga a pagar hasta la taza en la que beben el té, con el argumento de que después hay que romperla, pues no la pueden volver a utilizar para otros clientes musulmanes, porque les “contaminaría” y les contagiaría su impureza. Un hecho


Qaeda en Yemen o Libia, Seleka en la República Centroafricana... En 2014, según una investigación del Instituto de Economía y Paz, un centro de investigación de la Universidad de Maryland (Estados Unidos), hubo en el mundo 32.658 muertos por actos de terrorismo, un 80% más que en el año anterior. Pues bien, el 78% de esas muertes tuvieron lugar en solo cinco países: Irak, Afganistán, Nigeria, Pakistán y Siria. Ello no quiere decir que las víctimas fueran todas cristianas, ni mucho menos –al contrario, la mayor parte de los muertos son musulmanes–, pero sí que los asesinos forman parte de grupos armados que tienen como

de este tenor, sin ir más lejos, está en el origen de la condena a muerte de la tristemente célebre Asia Bibi, la madre de familia cristiana encarcelada desde hace ya casi siete años por blasfemia y cuya vida sigue hoy pendiendo de un hilo.

Discriminados y asesinados Pero, como ya se ha dicho, el problema de la hostilidad contra los cristianos no se limita únicamente a Pakistán. Se extiende a todo el mundo musulmán. Y lo trasciende. Por muy diversas razones, los cristianos son señalados, discriminados, vejados, agredidos y asesinados en numerosos países de todo el mundo. En Egipto, por ejemplo, la animadversión social se debe a que los coptos –entre el 10 y el 12% de la población– son vistos como una élite empresarial privilegiada, que disfruta de una fortuna de origen sospechoso. “No hay ninguna religión en el mundo que esté exenta de discri-

minación, pero la cristiana es la fe más perseguida”, decía hace unos años el entonces observador permanente de la Santa Sede ante la ONU, el arzobispo Celestino Migliore. Nada ha cambiado desde aquellos días, al contrario: la persecución ha aumentado. Los grupos yihadistas proliferan como setas: los talibanes en Afganistán y Pakistán, Boko Haram en Nigeria, Al Shabaab en Somalia, el Daesh o Estado Islámico en Siria e Irak, Al

objetivo la desaparición, la conversión o el vasallaje de los cristianos de esas áreas. Es el caso, por ejemplo, de Boko Haram en el norte de Nigeria, el grupo islamista que más crímenes cometió ese año (6.644 muertos, por delante incluso del Daesh), o de Al Shabaab en Somalia, en cuyas matanzas en la vecina Kenia sus terroristas hacen recitar el Corán a los rehenes, liberándolos o asesinándolos después en función de que lo conozcan o no. NÚM. 165, MAYO DE 2016

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I N F O R M E CRISTIANOS PERSEGUIDOS

La persecución de los yihadistas a los creyentes en el Resucitado es tal que los últimos tiempos han sido testigos de varios hechos excepcionales. Como por ejemplo, que la Santa Sede contemplara en marzo del año pasado el uso de la fuerza para detener “esa especie de genocidio” que sufren los cristianos en las zonas controladas por el Daesh en Irak y Siria. O que en febrero último, el pleno del Parlamento Europeo aprobase una resolución que, por primera vez, califica las atrocidades cometidas allí

quien a la hora de escribir estas líneas se sigue sin noticias. El 10 de abril, el papa Francisco hizo un llamamiento por su liberación y el de “todas las personas secuestradas en zonas de conflicto armado”.

7.000 cristianos muertos en 2015

contra los cristianos y otras minorías de actos de “genocidio”, “crímenes contra la humanidad” y “crímenes de guerra”. Uno de los golpes más infames cometidos últimamente por los yihadistas tuvo lugar en Adén el pasado 4 de marzo. En esta ciudad del Yemen de aproximadamente medio millón de habitantes, la segunda del país, cuatro hombres armados entraron ese día a primera hora de la mañana en un asilo de las Misioneras de la Caridad, la congregación de la Madre Teresa de Calcuta, dedicada a atender a los más pobres de entre los pobres. Y sin contemplaciones ni mediar palabra, ataron y descerrajaron un tiro 32 misioneros

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en la cabeza a las cuatro hermanas que encontraron: Anselm, Reginette, Marguerite y Judith, cuatro mujeres excepcionales de la India, Ruanda y Kenia que, aun sabiendo que su vida podría estar en peligro, habían decidido, pese a la guerra, quedarse en esa tierra para atender amorosamente a los 60 ancianos y discapacitados que cuidaban en el centro. Solo se salvó una de ellas, la hermana Sally, también de la India, que se ocultó tras una puerta y a la que los terroristas no lograron encontrar. Estos mataron también a otras 11 personas (la cocinera, el chófer, los voluntarios...) y secuestraron a un sacerdote salesiano de la India, el P. Tom Uzhunnalil, de

No hace mucho, la organización estadounidense Open Doors (“Puertas Abiertas”) ha presentado su último informe sobre la situación de los cristianos en el mundo. En él se concluye que en 2015 más de 7.000 creyentes en Jesucristo perdieron la vida por causas relacionadas con su fe. Según la institución, ello supone un incremento de más de 3.000 muertos con respecto al año anterior. ¡Y eso pese a que no ha contabilizado los casos de Irak ni Siria (tampoco los de Corea del Norte), por considerar que la información procedente de esas zonas no es fiable! Open Doors es una organización sin ánimo de lucro que vio la luz en 1955 y que hoy está presente en más de 60 países. Se dedica a apoyar a las comunidades cristianas


perseguidas: ayuda a reconstruir sus casas e iglesias, sostiene económicamente a quienes han tenido que huir, distribuye Biblias y otros materiales cristianos, sensibiliza a la opinión pública... “Persecución es cualquier hostilidad sufrida como resultado de su identificación como cristianos”, se lee en su página web. Ello incluye “torturas físicas, confinamientos, aislamientos, violaciones, castigos severos, prisión, esclavitud, discriminación en materia de educación y de empleo, e incluso muerte”. Según sus datos, al menos en una cincuentena de países –el Departamento de Estado de los Estados Unidos habla de unos 60– los cristianos sufren persecución, ya sea en forma de discriminación legal por parte de sus propios Gobiernos, ya por hostilidad de la propia población. El último informe de Open Doors sitúa a Corea del Norte a la cabeza de esa hostilidad, con un índice de 92 puntos sobre 100. Le siguen en la lista Irak (90 sobre 100), Eritrea (89), Afganistán (88), Siria, Pakistán y Somalia (las tres con 87), Sudán (84), Irán (83), Libia (79), y Ye-

men y Nigeria (78). En total, de los 50 países catalogados, 34 son de mayoría musulmana. El estudio denuncia también que en 2015 fueron atacadas o dañadas unas 2.300 iglesias, el doble que el año anterior. Algunos de esos templos eran sirios e iraquíes. En el Iraq de Sadam Husein vivían alrededor de un millón de cristianos. Y sin graves problemas de convivencia. El entonces vicepresidente del país, Tarek Aziz, era cristiano. Ahora, en cambio, el Daesh cuelga en internet vídeos que muestran la quema de libros cristianos en Mosul, y el Patriarcado de Bagdad tiene que hacer declaraciones para desmarcarse de milicias armadas que se presentan como cristianas. Otro tanto cabe decir de Siria, donde los creyentes en Cristo disfrutaban de un buen nivel de vida y tenían derecho a vivir su fe como querían. Hoy, muchos de ellos son gaseados por la policía cuando intentan entrar a la fuerza en Europa. La única noticia positiva, el único rayo de esperanza con respecto a una posible mejora de la situación de los cristianos en Oriente Medio, ha sido la firma, el pasado 27 de enero, de la llamada “Declaración de Marraquech”, un texto en el que 250 eruditos islámicos afirman, entre otras cosas, que resulta “inconcebible el uso de la religión para golpear los derechos de las minorías religiosas en los países musulmanes”. Los firmantes piden también una “revisión valiente” de los programas educativos en esos países, de manera que se elimine de ellos “cualquier tema que incite a la agresión y al extremismo”. Mucho tiene que cambiar la cosa en los próximos años para que vuelva a haber un clima de tolerancia y respeto hacia los cristianos en Oriente Medio. JOSÉ IGNACIO RIVARÉS

Impuesto, exilio o muerte O

riente Medio es una de las regiones donde más se percibe la atmósfera anticristiana. Hace unos años, en los países de esta zona vivían entre 14 y 20 millones de cristianos, según el Sínodo de Oriente Medio, celebrado en Roma en octubre de 2010. Hoy, ese número se ha reducido considerablemente, debido a las guerras en Irak, Siria y Yemen, y al eterno conflicto entre Israel y Palestina. Uno de los 185 asistentes a ese magno encuentro fue Gregorios Yohanna Ibrahim, el obispo sirio-ortodoxo de Alepo (Siria). Tres años después, monseñor Ibrahim fue secuestrado, junto al obispo greco-ortodoxo Boulos Yazigi, supuestamente por islamistas. Ocurrió el 22 de abril de 2013. Han pasado, por tanto, tres años, y se sigue sin noticias de ellos. El pasado 27 de marzo, unas 500 personas recorrieron las calles de Alepo para pedir su liberación. Otro prelado, el arzobispo sirio-ortodoxo de Antioquía, Nicolaos Matti Abd Alahad, ha denunciado la situación de los cristianos en Siria y en otros países de la región en estos términos: los grupos islamistas –ha relatado– entran en las poblaciones, localizan a los cristianos (algo que no es difícil, dado que sus mismos nombres los delatan), los reducen a esclavitud y piden por su liberación rescates astronómicos que, una vez satisfechos, usan para comprar armas. A los cristianos se les ofrecen tres posibilidades: el pago de un impuesto a cambio de poder permanecer en sus casas, abandonar la ciudad sin poder llevarse más que lo puesto, o la muerte.

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