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EDITADA POR LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS

Nツコ 143 MARZO Aテ前 2014

TERCER MILENIO


Nº 143. MARZO, 2014

TERCER MILENIO EDITA OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS C/ Fray Juan Gil, 5 28002 - Madrid Tfno: 91 590 27 80 Fax: 91 563 98 33 E-Mail: dir.nal@omp.es http://www.omp.es http://www.domund.org

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en este número... IGLESIA A FONDO En su lucha contra la pobreza y bajo el lema "Un mundo nuevo, proyecto común", la ONG católica Manos Unidas quiere centrar su atención, en este 2014, en el último de los Objetivos del Milenio.

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PRIMER PLANO El reloj de la esperanza se ha parado en Tailandia, una nación sumida hoy en un clima de incertidumbre social y política que aviva las llamas de la violencia.

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INFORME La acción agresiva del hombre y la pasividad de los gobiernos ante los problemas medioambientales están conduciendo al planeta, la casa de todos, a una situación cada vez más preocupante.

30 y además... 7 TRIBUNA

Tiempo versus espacio

10 EL OBSERVADOR COLOMBIA- GUATEMALA VATICANO - INDIA

20 ASÍ VA EL MUNDO ARGELIA EGIPTO - CUBA

38 ENTREVISTA

Angélique Namaika, religiosa agustina

40 ANIMACIÓN MISIONERA

43 CARISMAS Hermanitas de los Ancianos Desamparados

46 CULTURA Cuando los negros son blancos

54 MISIÓN VIVA Compañía Misionera del Sagrado Corazón, desde Camboya

56 MISIÓN VIVA

Agustín Moreno Muguruza,

misionero del IEME


EDITORIAL

CUARESMA MISIONERA

“D

ios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza”. Lo ha manifestado el papa Francisco en su Mensaje para la Cuaresma 2014. Esta afirmación, esta constatación de un hecho, constituye la base de lo que debe ser todo compromiso misionero; una enseñanza que es imprescindible tener en cuenta en el desempeño de la labor evangelizadora de dar a conocer a Jesús y su mensaje liberador, de amor y de justicia. Y es que, al igual que el Hijo de Dios, “siendo rico, se hizo pobre” por nosotros (2 Cor 8,9), el misionero o misionera, ha de dejarlo todo –hogar, posesiones y demás ataduras materiales– para hacerse pobre, descender en medio de los necesitados, acercarse a cada uno de aquellos a los que va a servir, desnudarse interiormente, vaciarse para ser semejante a ellos. Porque lo que ha de transmitir el misionero con su testimonio de vida es la esencia del Evangelio, ese amor divino que es “gracia, generosidad, deseo de proximidad, y que no duda en darse y sacrificarse por las criaturas a las que ama”. Un amor que “nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias”.

Por este motivo, es fundamental que “las conciencias se conviertan a la justicia, a la igualdad, a la sobriedad y al compartir”. Para conseguirlo, los misioneros y misioneras se esfuerzan para tratar de “encontrar el modo de que cesen en el mundo las violaciones de la dignidad humana, las discriminaciones y los abusos, que, en tantos casos, son el origen de la miseria”; esa que

aquel que marcha ligero de equipajes, sin ataduras– que nos llevará a poder disfrutar de la hermosa experiencia de alegría que supone extender la buena noticia, “compartir el tesoro que se nos ha confiado, para consolar los corazones afligidos y dar esperanza a tantos hermanos y hermanas sumidos en el vacío”. Al igual que hizo Jesús, los misioneros y misioneras –y tam-

Al igual que Jesús, el misionero ha de dejarlo todo para hacerse pobre, descender en medio de los necesitados, acercarse a ellos... toca “a cuantos viven en una condición que no es digna de la persona humana: privados de sus derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural”. Es esta una miseria material que no tiene nada que ver con el despojo voluntario que hace Jesús. Su pobreza, que “nos libera y nos enriquece”, nos aleja de ídolos como el poder, el lujo y el dinero, que se “anteponen a la exigencia de una distribución justa de las riquezas”. Y, además, nos facilita y permite alcanzar esa verdadera libertad –la de

bién todos los cristianos– “están llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas”, a hacerse “cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas”. Esta es la conversión a la que nos llama una Cuaresma con tintes misioneros, que nos invita a ir en busca de los pobres y de los que no conocen la buena nueva del Reino de Dios, para ir hacia ellos, llenos de amor, como el pastor en busca de la oveja perdida. Así, “como pobres, pero que enriquecen a muchos; como necesitados, pero poseyéndolo todo” (2 Cor 6,10), podremos, unidos a Jesús, “abrir con valentía nuevos caminos de evangelización y promoción humana”.

EDITA: Obras Misionales Pontificias DIRECTOR NACIONAL DE OMP: Anastasio Gil DIRECTOR Alfonso Blas DISEÑO Antonio Aunés COLABORADORES Rosa Lanoix, Rafael Santos, Francisco José Pérez Valero, Dora Rivas, José Beltrán, AnTERCER MILENIO tonio José Molina, José Carlos Rodríguez, José Ignacio Rivarés, Israel Íñiguez, Modeste Munimi, José Ramón Carvallada, María Jesús Sahagún, Carmina Sofía Fernández, Juana Gómez, Joaquín Martínez, Juan Lázaro Sánchez, Vicente Marqués Ruiz ARCHIVO FOTOGRÁFICO Antonio Aunés, Rafael Santos FOTOGRAFÍAS Efe, Missio SUSCRIPCIONES Roberto Murga DEPÓSITO LEGAL M-48558-1999 ISSN 1695-1034 IMPRESIÓN Gráficas Dehon. PP. Reparadores. C/ La Morera, 23-25. Torrejón de Ardoz, Madrid. Tfno: 91 675 15 36


IGLESIA A FONDO 55 Campaña de Manos Unidas:

“Un mundo nuevo, proyecto común” Cuando apenas queda un año para que se revisen los Objetivos del Milenio, Manos Unidas se fija en el último de ellos en su lucha contra la pobreza en este 2014. El lema: "Un mundo nuevo, proyecto común". Un propósito transversal, en tanto que plantea afrontar esta tarea desde una perspectiva globalizada, en la que estén involucradas instituciones políticas, económicas, sociales y culturales. Entre otras cosas, porque busca fomentar una "asociación mundial del desarrollo" que trabaje como una gran familia. Esta iniciativa se torna en una herramienta indispensable para los desafíos vitales, educativos, sanitarios y medioambientales que formula la ONU en los demás objetivos.

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n la encíclica Pacem in terris, Juan XXIII definía la solidaridad con total claridad: “Es la determinación firme y perseverante de emplearse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos”. Una llamada a no mirar para otro lado, que constituye el punto de partida del octavo Objetivo de Desarrollo del Milenio marcado por la ONU, que propone “fomentar una alianza para el desarrollo”. En él se mira Manos Unidas para lanzar su 55.ª campaña contra el hambre, que marca su plan de acción para este 2014: “Un mundo nuevo, proyecto común”. Este desafío comunitario, que tiene como finalidad romper los muros de la desigualdad entre ricos y pobres, quizá podría parecer el más genérico de los ocho objetivos suscritos por 189 países y que serán revisados el año que viene. Sin embargo, se trata de un compromiso colectivo que va más allá de una donación de fondos que calme conciencias, para dar un vuelco a las relaciones entre los distintos actores que participan en el ámbi-

to político, cultural y religioso. Y es que exige, entre otros puntos, implantar un sistema comercial y financiero abierto y alejado de toda discriminación, lidiar con la deuda externa de los países más necesitados o afrontar con las empresas farmacéuticas el acceso a medicamentos a un precio accesible.

VENCER LA POBREZA,

un desafío global

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La campaña subraya la fraternidad universal como condición necesaria para un desarrollo en plenitud. Así, en el manifiesto que este año sirve de hoja de ruta para Manos Unidas, se exige a las empresas que “destierren las relaciones basadas en el logro del máximo beneficio”, para poner en el centro de sus intereses a la persona. A los países desarrollados se les insta a aumentar la ayuda oficial al desarrollo, aparcada completamente por la actual crisis, “aliviando la deuda externa y compartiendo con los países del Sur el acceso a los mercados”. No se olvida tampoco

pedir a estos países en desarrollo que apuesten por “la transparencia en la gestión de sus recursos”, y a la comunidad internacional, que se “establezcan reglas justas” en materia económica, desde un modelo de desarrollo sostenible. Pero ¿qué marcan los indicadores reales? Solo cinco países donantes han alcanzado la meta marcada por la ONU en lo que se refiere a ayuda oficial al Tercer Mundo. La brecha tecnológica –en especial, el acceso a internet– ha-

ce que haya un crecimiento a distintas velocidades. Por el contrario, la carga de deuda ha disminuido muy por debajo de niveles históricos en los países en desarrollo, que se han visto beneficiados por la reducción de tarifas, en especial en el ámbito agrícola. En definitiva, urge poner las bases de un mundo nuevo, no de quimeras, sino de experiencias reales de comunión. La propia Manos Unidas dio un salto en el NÚM. 143, MARZO DE 2014

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trabajo en red al formar parte desde 2011 de CIDSE, alianza de organizaciones católicas para el desarrollo integrada por 17 entidades de Europa y Norteamérica. Pero no es el único movimiento de la Iglesia que trabaja en la consecución de este objetivo. También hay una vinculación directa de Caritas Internationalis, así como de las Obras Misionales Pontificias o del Servicio Jesuita a Refugiados. No en vano el principio de solidaridad se presenta como un deber “de justicia social, de caridad universal”, dentro del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, que anima a pasar a la acción y promover “la cooperación entre las comunidades políticas individuales”. Lo recuerda también el papa Francisco en una de sus más recientes intervenciones al respecto: el prólogo al libro del cardenal Gerard Müller Pobre para los pobres. La misión de la Iglesia. “Cuando el poder económico es un instrumento que produce tesoros que se tienen solo para uno mismo, escondiéndolos a los demás, genera injusticia [...]. Esto sucede cuando el hombre, habiendo perdido la esperanza en un horizonte trascendente, ha perdido también el gusto de la gratuidad, el gusto de hacer el bien por la simple belleza de hacerlo”, explica el Santo Padre, quien subraya cómo “hay un lazo original entre beneficio y solidaridad, una circularidad fecunda entre ganancia y don”. Y exclama: “¡Cuánta necesidad tiene el mundo contemporáneo de redescubrir esta bella verdad!”.

Beneficio y solidaridad Precisamente la vinculación entre beneficio y solidaridad es uno de los campos de batalla de Óscar Bazoberry como coordinador general del Instituto para el Desarro16 misioneros

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llo Rural de Sudamérica, una de las entidades pioneras en el trabajo en red entre los países de la región, a la que Manos Unidas financia un proyecto de diagnóstico. En América del Sur hay 70 millones de habitantes que viven en el campo, lo que supone un 16% de la población; es este también el colectivo donde se concentra la pobreza. El mapa del mundo rural en el continente ha dado, sin embargo, un giro en las dos últimas décadas. Si antes el campo estaba en manos fundamentalmente de las comunidades campesinas indígenas y afrodescendientes, hoy las empresas agropecuarias se disputan el control de las tierras y hacen de los llamados criterios de eficiencia y sostenibilidad una excusa para obtener beneficios legales y económicos de los Estados. Frente a esta amenaza, los expertos coinciden en señalar que se están forjando alianzas entre los campesinos, que ha aumentado el protagonismo de la mujer y que la voz en defensa de una eco-

nomía verde se escucha con mayor fuerza, dejando ya de considerarse un mero planteamiento teórico. “El primer reto es involucrarnos nosotros mismos. Los espacios globales más allá del ámbito local nunca han tenido una participación real de la sociedad civil. Más bien han sido utilizados para legitimar un orden multilateral que no necesariamente ha demostrado que funcione”, sostiene Bazoberry. De ahí que se plantee como indispensable establecer redes para “compartir información entre nosotros y elaborar un discurso común, responsabilizando no solo a cada Gobierno de sus acciones, sino al conjunto de las acciones de todos los Gobiernos”. Según este planteamiento, el Sur se asemeja cada vez más al Norte a medida que se mejora en desarrollo; un hecho que, sin embargo, también está perpetuando algunas desigualdades, según Óscar Bazoberry, quien subraya su preocupación por “la sostenibilidad de ese crecimiento”. “Gran parte de


más débil porque es el que tiene una normativa más relajada o la mano de obra más barata”. El crecimiento y despertar económico de gran parte de los países de América lleva a preguntarse si el continente se ha hecho mayor de edad. “La humanidad es un adolescente alocado. No lo ha logrado ni tan siquiera Europa”, comenta con ironía Bazoberry, quien reconoce, sin embargo, que se han dado pasos “muy importantes, especialmente en esa relación de los países con el mundo”. “A veces –continúa– la actitud de nuestros presidentes con el mundo puede desprender algo de soberbia, pero

Óscar Bazoberry

Manos Unidas insta a los Gobiernos a aumentar la ayuda al desarrollo, congelada actualmente por la crisis. los capitales que están circulando en la región proceden de Colombia, Chile, Brasil... No todo viene desde Estados Unidos”, reflexiona a la hora de plantearse un nuevo código ético de relaciones entre países “que ponga como base unos mínimos que permitan un desarrollo equilibrado. Tenemos que terminar con el hecho de invertir en el país

lo cierto es que se están forjando unas nuevas relaciones, porque los países ya no están dispuestos a aceptar tal y como vienen las recetas de nadie”. En este sentido, Óscar Bazoberry no busca demonizar a los países desarrollados: “Al Sur también le resulta más cómodo y fácil hablar desde la pobreza, cayendo en el victimismo, porque

tomar las riendas conlleva unas responsabilidades que a veces no se está dispuesto a asumir”.

Alianza entre ONG e instituciones De la alianza real entre ONG e instituciones sabe en primera persona Covadonga Orejas, carmelita vedruna. Esta licenciada en Derecho y Teología es miembro de la Comisión de Justicia y Paz en Togo y Gabón, y, desde hace cinco años, coordina el trabajo de protección de menores en ambos países africanos a través de los centros Kekeli y Arc en Ciel. Precisamente Manos Unidas financia desde hace 20 años dichos centros, que fomentan la reinserción escolar y social de los niños de la calle y de las niñas que son víctimas del tráfico de esclavas. Gracias al trabajo en común con los Servicios Sociales y las Fuerzas de Seguridad –una colaboración más habitual en España, allí incipiente–, se ha conseguido no solo devolver parte de su infancia a estas menores, a las que se ha podido repatriar a sus países de origen, sino que a sus explotadores se les ha llevado ante la Justicia y se les ha obligado a pagar el viaje de vuelta, un sueldo equivalente al tiempo que han permanecido explotadas, y a proporcionarles ropa. Esta vinculación, este trabajo en común, viene de lejos. Cuando hace una década Covadonga Orejas llegó a África, su labor se centró en los campos de refugiados. La forma de proceder de Naciones Unidas en los campamentos, en un primer momento, pasa por una organización de la estructura general, que lleva luego a “subcontratar” de alguna manera a las ONG, para que sean ellas las que se responsabilicen del día a día. Manos Unidas tenía allí un proyecto con el Servicio Jesuita a NÚM. 143, MARZO DE 2014

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Aunque mejoran las condiciones de vida para parte de la población, también crecen las desigualdades. Refugiados. “Involucrar a la ONU –señala– era hacerles ver la realidad con los ojos del refugiado. Queríamos demostrarles que quienes acaban allí no son un número, sino personas que tenían un proyecto de vida, aunque su estancia en el campo de refugiados se planteara como un tiempo de espera para regresar a su país. No es suficiente con darles de comer y dejar pasar el resto del día como si nada, mirando al cielo. Con ellos se planteó un proyecto de formación profesional y apoyo social a través de un comité de mujeres, un comité de jóvenes; precisamente iniciativas que venían planteadas, en lo teórico, de las propias Naciones Unidas”. En esta línea, Covadonga Orejas también tira por tierra otro de los mitos que se asocia a los Estados menos desarrollados: la falta de una verdadera voluntad de los 18 misioneros

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Gobiernos para salir de la espiral de la pobreza. De hecho, han llegado a firmar un acuerdo contra el tráfico y la explotación infantil. “Mi experiencia en Togo me habla de un Estado que estaba interesado y que, sin embargo, no tenía medios para trabajar. Esto nos permitió iniciar una colaboración muy bonita y productiva, que se mantiene hasta hoy. Nuestro modo de actuar ha sido no adelantarnos y evitar ir de forma independiente, para caminar de la mano con el Gobierno. Esto, a pie de calle, se traduce en que en ocasiones éramos nosotros los que pagábamos el teléfono o el taxi a la policía para que realizara un servicio a la comunidad. Pero lo han hecho porque había interés por cumplir los objetivos”. Este apoyo mutuo se vio reforzado, además, al pertenecer a la federación de asociaciones de protección de menores del país.

Esta buena sintonía no significa que no se hayan encontrado trabas por el camino, pero lo cierto es que, al final, Covadonga hoy puede decir que, “cuando alguien quiere poner en marcha alguna iniciativa, es el propio Gobierno el que les manda a nuestra casa para que conozcan el modelo de cooperación que hemos establecido desde el reconocimiento y el diálogo”. Los pasos que se dieron en ese sentido fueron tales que, ahora que la religiosa está destinada en Gabón, “el Ejecutivo de Togo nos ha pedido hacer el seguimiento de niñas togolesas que viven en este país”. Justamente en esta nueva tierra su experiencia de relación con quienes tienen en su mano la toma de decisiones ha cambiado. “Nuestro rol es más exigente, porque hay más medios. Ya han ratificado todas las leyes que pueden ratificar, pero falta el cumplimiento. Se van dando pasos de apertura, pero muy lentamente”, explica, consciente de que “para el Gobierno actual es muy importante la imagen, por lo que nosotros hemos de aprovechar precisamente


Covadonga Orejas

Falta de apoyo oficial anos Unidas cuenta con el respaldo de la sociedad civil española. A pesar de la crisis que atraviesa nuestro país, tan solo se han reducido un 4% los ingresos de manos privadas –esto es, particulares y otros donantes– para sacar adelante sus proyectos. De hecho, la preocupación de la ONG de la Iglesia se centra en la falta de apoyo oficial, en cuanto que las Administraciones han reducido sus aportaciones casi un 40%, situándose en niveles de hace 20 años. Así las cosas, este año solo se destinará un 0,17% del PIB para ayuda al desarrollo. En conjunto, los ingresos de la entidad se han reducido un 8%. Soledad Suárez, presidenta de Manos Unidas, confía en que se dé un vuelco a esta tendencia con el nuevo Plan director de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo. "Espero que la sociedad no se anestesie, sino que se despierte y movilice para vaciar al mundo de sus injusticias", expresa Suárez, quien ve necesario recordar, precisamente en estos tiempos complicados, que "la solidaridad no es dar de lo que te sobra o cuando tienes mucho; es compartir lo que tienes". En total, en el año 2013 la ONG de la Iglesia recaudó 44,2 millones de euros, que le permiten sacar adelante 600 nuevos proyectos en África, Asia y América, que forman parte de los 1.400 que tiene en marcha.

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esta situación para implicarle más en las acciones”. A través de estas experiencias, Covadonga asegura que “mi fe ha ido creciendo. Primero es como si tuvieras ideas que se van llenando de realidad. Cuando uno es pequeño, comprende que el decir «Padre nuestro» implica tomar al otro como hermano, pero vivirlo en otro continente es realmente una gracia; la alegría de saber que tu casa está en todos los lugares, que todos son tu familia y que nuestra referencia es la cruz. Si Jesús pasó por ahí y no tiró la toalla, nosotros tampoco. Las fuerzas vienen de Él”. Dejando a un lado su trabajo de campo, ¿es posible ese mundo nuevo que plantea Manos Unidas? “La fuerza exterior que pueden aportar las Naciones Unidas –señala Covadonga– está muy bien, pero, por otro lado, falta el acompañamiento para materializarlo”. “Cuando un Estado comienza a despegar, siempre se priorizan las estructuras, como las carreteras, y se deja lo social detrás. Tenemos que mirar a donde los Gobiernos

no llegan y recordarles dónde está la necesidad”, reflexiona la religiosa, quien ve que se están dando avances, “lo que nos permite ponernos manos a la obra de una forma esperanzada, aunque las diferencias están creciendo. Es muy doloroso ver cómo en España el sida ya no mata y allí sigue matando. Ahí es donde hay que pelear para corregir. Si los avances y los derechos no son universales, no podemos estar tranquilos”. Solo así se puede dar un vuelco a unos indicadores poco halagüeños. El más reciente viene de la mano del informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas, que se ha dado a conocer hace unas semanas. Así, si bien las condiciones de vida de la mayor parte de la población mundial han mejorado durante los últimos 20 años, las desigualdades se han multiplicado. No se puede negar que alrededor de 1.000 millones de personas han dejado de vivir en la pobreza extrema, pero el 53% de la riqueza generada en el mundo ha ido a parar al 1% de la población. JOSÉ BELTRÁN

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PRIMER PLANO

TAILANDIA Se paró el reloj de la esperanza Llamar a un taxi en cualquiera de las superpobladas calles de Bangkok siempre ha sido una aventura para un extranjero, que ha de llegar a entenderse con el conductor en una lengua que tiene 28 vocales y 42 consonantes. El idioma thai es uno de los signos más claros de identidad e independencia de Tailandia, uno de los dos únicos países de toda Asia –junto a Japón– que nunca han vivido bajo un régimen colonial. Pero en estos días llamar a un taxi se hace difícil incluso para los nacionales, en un Bangkok colapsado desde hace semanas por los manifestantes que se oponen al Gobierno y a lo que llaman el "régimen de Thaksin", que, según afirman, ha regido el país durante los últimos 13 años.

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l colapso de tráfico va unido al colapso de la vida cotidiana que supone el sentimiento de miedo que compartía el taxista tras pedirle en tailandés, y después de “una charla de reconocimiento”, que me llevase a la Embajada de España en Bangkok, situada a unos escasos metros de las barricadas de los manifestantes. “No tiene temor a morir”, me dijo. Y es que, a pesar del toque de excepción decretado en la capital desde el pasado 21 de enero, la violencia y la muerte rondan libres estos días por las calles de Bangkok, en donde la ciudadanía sigue buscando caminos de democracia, justicia y libertad. Para la mayoría de los extranjeros, que guardan la imagen de Tailandia como el “país de la sonrisa”, se hace difícil entender los planteamientos de unos y otros. Los in-

La ciudadanía ha expresado en las calles que sigue buscando caminos de democracia, justicia y libertad. terrogantes sobre el presente y el futuro de esta nación y sus gentes van apareciendo poco a poco ante un horizonte marcado por la incertidumbre económica y política; escenario que puede llevar al país a la paralización y a “resituarlo” en posición más igualitaria con relación a los países de su entorno más cercano: Camboya, Vietnam, Laos o Myanmar.

Comprender la situación La globalización es un fenómeno que marca la vida de cada uno de nosotros y de cada uno de los países que forman la comunidad internacional. Por ello, para enten-

der la situación que se está dando en Tailandia, no podemos prescindir de esta coordenada. Nos encontramos a menos de dos años de ver consolidada la Sociedad de Naciones del Sudeste de Asia (ASEAN), que hará que los diez países que la forman se constituyan en el fermento de algo semejante a lo que es hoy la Unión Europea. La apertura de fronteras, la interdependencia en las políticas de gobierno, las relaciones económicas y culturales que ello conlleva y que ya se vislumbran son también parte de las causas que agitan hoy a Tailandia, convertida en cruce de caminos entre estos países; NÚM. 143, MARZO DE 2014

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Yingluck Shinawatra, primera ministra tailandesa.

El país se encuentra hoy sumido en un clima de absoluta incertidumbre económica y política. muchos de ellos, gobernados por partidos de los denominados “socialismos asiáticos”, amparados por China y que, con políticas populistas y en muchos casos Gobiernos dictatoriales, rigen los respectivos Estados. Thaksin Shinawatra, presidente del Gobierno tailandés de 2001 a 2006 y antiguo comandante de 26 misioneros

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policía, convertido en magnate empresarial de telecomunicaciones, supo ver la ocasión que esta nueva situación traería; y decidió alejarse de la dirección de sus empresas de forma directa, para construir un partido político: Thai Rak Thai (“El tailandés ama al tailandés”), contando con su fortuna y el apoyo mayoritario de la población cam-

pesina y pobre del norte y nordeste del país, que le llevó al poder bajo el eslogan “Pensar las cosas de nuevo, para hacer cosas nuevas”. Sus años de gobierno quedaron marcados en la vida de la población por políticas populistas (atención sanitaria vitalicia para todo aquel que tuviese una tarjeta sanitaria, al precio de menos de un euro; reparto de 25.000 euros anuales para ser gestionados por las autoridades de cada pueblo...); políticas que, a día de hoy, aún le hacen ser querido y recordado por muchos, a pesar de la dura y sangrienta represión que ejerció contra la población musulmana del sur y de la “guerra contra la droga”, que en tres meses se cobró más de 2.000 víctimas mortales. Todo ello, sin olvidar que se encuentra autoexiliado desde el año 2006 para escapar de la condena a prisión por corrupción, y para huir, al mismo tiempo, de los múltiples casos judiciales que por el mismo motivo se le han presentado ante la justicia y que todavía continúan pendientes de sentencia.


El líder opositor Suthep Thaugsuban se dirige a sus simpatizantes.

El Gobierno de Thaksin suscitó a partir del 2004 la respuesta de un movimiento social formado por las clases medias y el mundo de la Universidad, que, apoyado por el mundo empresarial –que veía cómo día a día la política del Gobierno estaba marcada por los intereses empresariales del jefe del Ejecutivo y su entorno–, dio lugar a que los militares se decidieran a dar el último golpe de Estado que ha conocido hasta ahora el país. Fruto de él fue un Gobierno provisional presidido por un miembro del Consejo Real, que, en un año y desde un Parlamento surgido sin participación de la población, elaboró una nueva Constitución (la 19.ª en los 74 años de proceso democrático en Tailandia); esta tuvo el honor de ser la primera sometida a aprobación por sufragio universal y posibilitó las elecciones democráticas que llevaron una vez más al frente del país al nuevo partido creado por Thaksin (residiendo en el extranjero). Desde aquel 2007 hasta hoy, se han sucedido Gobiernos y eleccio-

nes, en las que siempre ha salido ganador el partido dirigido por el ex presidente, el cual solo ha regresado a Tailandia en una ocasión para defenderse ante la justicia y, al volver a ser condenado, decidió de nuevo volver al exilio. Durante estos últimos años, diferentes miembros de la familia Shinawatra, o personalidades relacionadas con ella, han sido presidentes de Gobierno (su hermano político; su hermana menor lo es en la actualidad), y han ocupado carteras ministeriales un buen grupo de sus asesores personales. El único intervalo en el que han estado fuera del Ejecutivo se produjo en 2008, a raíz de la salida de un grupo de parlamentarios del partido guber-

Phue Thai (“Para los Thais”), y que llevaba como lema electoral “Thaksin piensa, nosotros lo hacemos”, alzó a la jefatura del Gobierno a la hermana menor de la familia Shinawatra, sin ninguna experiencia política y que, durante los 30 meses que ha logrado estar al frente del país, ha intentado quitarse el apelativo de “marioneta de su hermano mayor”. Pero el intento de sacar adelante una ley de amnistía que le diera la libertad a su hermano y que, además, le devolviera los millones retenidos por la justicia –ley que fue declarada inconstitucional por los tribunales– ha sido el detonante que ha suscitado las protestas que, desde hace tres meses, sacuden el

Miles de familias campesinas se han sublevado contra el Gobierno ante el impago de sus cosechas.

namental, a fin de respaldar al partido demócrata, en la oposición, que contaba con el apoyo de la jefatura del Ejército La campaña electoral de 2011, que concluyó con el triunfo del nuevo partido creado por Thaksin,

país, pidiendo el fin de la injerencia en la política de la familia Shinawatra y sus allegados. Es una petición que muchas de las gentes del país, precisamente las que viven en las zonas más empobrecidas y pobladas del NÚM. 143, MARZO DE 2014

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PRIMER PLANO

mismo (norte y nordeste de Tailandia), no entienden, ya que siguen teniendo puesta su esperanza en el hombre y la familia que les facilitó obtener algún beneficio a lo largo de todas estas décadas de democracia. Los antiguos miembros del Partido Comunista de Tailandia, los campesinos sin tierra, los jornaleros... han seguido confiando en las políticas populistas que en las últimas décadas se les han ofrecido: ordenadores y tablets para todos los niños desde primaria, jornales de 7 euros al día, pago al campesino de la tonelada de arroz a 340 euros... Y ello, a pesar de no llegar nunca a ver cumplidas estas promesas.

El gran fraude Quizás esta sea la razón por la que la situación que atraviesa Tailandia hoy en día se presente más incierta que nunca. El reloj de la esperanza parece que se ha parado, y son muchos los que empiezan a preguntarse si realmente lo que se les prometió no fue más que una soflama para conseguir su voto y, con ello, el poder que una nueva élite emergente necesita desarrollar para convertirse en “protagonista” del nuevo sistema

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Las protestas han desencadenado algunos enfrentamientos violentos que han causado víctimas mortales. económico y social que está brotando en esta región. De esta manera, las gentes que hoy se movilizan en las protestas

contra el Gobierno no son solo las clases medias y los universitarios, como anteriormente, sino también miembros de colectivos sociales que sienten sus sueños defraudados. Y es que, ciertamente, no es posible para ningún Estado cumplir las promesas que el partido en el Gobierno hizo a la población. La aparición de esta verdad ante los ojos del que siente que ha sido estafado ha producido una reacción que no es fácil prever adónde nos va a llevar, y menos en este mundo asiático donde se aprende a callar y a aguantar hasta un punto de saturación en el que la violencia puede surgir sin ningún límite ni control. Cuando escribo este artículo, la radio está dando la noticia del sui-


milias que están a la espera de recibir el dinero por el arroz cosechado y, de este modo, ver cumplida aquella promesa populista de 340 euros (unos 15.300 bahts) la tonelada de arroz (en los países vecinos se les paga a unos 10.000 bahts). Mientras tanto, en las pantallas de televisión se da la noticia de un número de cinco muertos y más de 60 heridos por los disturbios ocurridos en la mañana de hoy, 18 de febrero. En las calles de Bangkok, las fuentes no oficiales elevan el número de fallecidos a la decena, y todavía continúan las luchas en el centro de la ciudad.

cidio de un campesino que, habiendo entregado el arroz al Gobierno hace ya meses, aún no había recibido el pago del mismo y, ante la imposibilidad de hacer frente a las deudas y los gastos que había contraído de cara a la próxima plantación, ha decidido acabar con su vida. Es el noveno caso hecho público en las últimas semanas, y todos deseamos que sea el último. Sin embargo, la deuda del Gobierno con el campesinado se eleva hoy a 135.000 millones de bahts (unos 3.000 millones de euros), y son miles y miles las fa-

Este país, conocido mundialmente por ser destino turístico y productor de materiales para ordenadores, ha seguido considerando en su fuero interno al agricultor como la columna vertebral del mismo, algo que quizás el Gobierno actual ha olvidado. Con el maltrato al que se le ha sometido y el sentimiento de haber sido engañado, puede dejar a la nación en una situación de inmovilidad de la que sea muy difícil salir a corto o medio plazo. FERMÍN RIAÑO Misionero del IEME en Tailandia

La sonrisa que se apaga l Reino de Tailandia, la nación que por tantos años ha sido llamada "el país de la sonrisa", lleva desde hace ocho años siendo noticia por las constantes manifestaciones, en repetidas ocasiones teñidas de violencia, protagonizadas por la población. Esta parece encontrarse cada vez más dividida en dos movimientos sociales que encuentran pocas bases comunes para el diálogo y que utilizan la confrontación en las calles para intentar lograr sus objetivos. Redacto estas líneas al día siguiente de haberse producido en Bangkok nuevos incidentes, que han ocasionado cinco muertos (cuatro manifestantes y un miembro de la policía) y decenas de heridos, y que han llevado a los centros de reclusión de la policía a cientos de manifestantes y varios líderes de la oposición. El país despierta a un nuevo día. Pero la luz que baña sus arrozales y playas no parece que hoy sea capaz de vencer las sombras que cubren el horizonte de esta sociedad que se debate por construir un futuro en democracia y con mayor igualdad para todos. Los medios para esta transición parece que aún no se han encontrado y, mientras tanto, el reino de la sonrisa ve cómo el reloj de la esperanza se va quedando parado y los rostros de felicidad de las gentes se tiñen de amargura.

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INFORME

"Dios perdona siempre; nosotros perdonamos a veces; la naturaleza –la creación–, cuando es maltratada, no perdona nunca". Esta frase (y advertencia) forma parte del discurso que el papa Francisco dirigió el pasado 13 de enero al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede. El Pontífice calificó allí de obstáculo a la paz "la ávida explotación de los recursos medioambientales" que hace el hombre, e instó a los gobernantes a acometer "políticas respetuosas con nuestra tierra, que es la casa de cada uno de nosotros". Once días después de esas palabras, la Santa Sede confirmaba que Francisco está escribiendo una encíclica sobre la relación del hombre con la naturaleza.

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las de frío nunca vistas (Estados Unidos), huracanes y tifones devastadores (Mitch, en Centroamérica, en 1998; Haiyán, en Filipinas, en 2013), inundaciones y lluvias torrenciales (Reino Unido), sequías prolongadas… Desde hace unos años, los fenómenos meteorológicos extremos se han convertido en el pan nuestro de cada día. Siempre han estado allí, ciertamente, pero nunca con la intensidad y frecuencia con que nos azotan últimamente. Buena parte de los entendidos atribuyen tanto desastre al “cambio climático” que está generando

combustibles fósiles, tiene unas consecuencias, y estas son cada vez más graves: ríos sin vida, bosques esquilmados, mares contaminados, aires irrespirables, especies desaparecidas… y el citado cambio climático, que hace que la naturaleza se queje cada vez más. El pasado 8 de noviembre, el supertifón Haiyán –de fuerza cinco, la mayor en la escala– devastó la isla de Leyte, en el archipiélago de las Filipinas. Su paso dejó más de 5.000 muertos y 1.800 desaparecidos, según los recuentos más conservadores. Tres días después, todavía con

El actual modelo de desarrollo, basado en energías procedentes de combustibles fósiles, tiene unas consecuencias cada vez más graves sobre el planeta. la acción del hombre. La naturaleza nos avisa –dicen–, protesta a su manera, se defiende de la creciente agresión y destrucción a la que está siendo sometida. Otras voces, en cambio, probablemente más interesadas, aseguran que lo que ocurre es hasta cierto punto “normal”, que se trata de ciclos, y que el hombre no es tan decisivo como se quiere hacer creer. Gobiernos y Parlamentos prefieren creer a estos últimos, a juzgar por la tranquilidad y parsimonia con que afrontan los problemas medioambientales. Como si no pasase nada. Quienes denuncian lo que ocurre son tachados de tremendistas, de agoreros y poco menos que de profetas apocalípticos. Pero lo cierto es que el actual modelo de desarrollo, basado en las energías procedentes de los

un nudo en garganta por las imágenes que iban llegando de la zona, delegados de 192 países inauguraban en Varsovia la XIX Convención de la ONU sobre Cambio Climático. Los participantes, unos 9.000 en total, se habían dado cita en la capital polaca para avanzar en un acuerdo vinculante respecto a la reducción de gases de efecto invernadero. El 22 de noviembre, la Cumbre terminó como empezó, con las buenas palabras de siempre, pero sin grandes progresos. Para ser justos, la cita de Varsovia se había fijado un objetivo mucho más modesto. Pretendía tan solo poner las bases del nuevo acuerdo sobre emisiones nocivas para la atmósfera que debe ser firmado en París antes de 2015, para que entre en vigor en 2020. Dicho con otras NÚM. 143, MARZO DE 2014

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palabras: debía preparar el terreno al acuerdo que debe sustituir al célebre Protocolo de Kyoto, que, si bien expiró en 2012, ha sido prorrogado ocho años más. Dicho Protocolo, como es sabido, restringe –aunque de un modo muy limitado– las emisiones a la atmósfera de los gases de efecto invernadero, responsables de la destrucción de la capa de ozono y del calentamiento climático. Pero este acuerdo inter-

nacional solo afecta a los países industrializados. Y ni siquiera a todos. Estados Unidos, primer emisor de gases nocivos per cápita y segundo en cifras absolutas tras China, se negó a suscribirlo. Y Japón, Canadá y Rusia, que sí lo hicieron, lo han abandonado hasta que en 2020 se firme un nuevo “protocolo”, que se supone obligará ya también a los países emergentes, como China, Brasil e India.

El impacto de la actividad humana “La actividad humana tiene un impacto decisivo sobre lo que está ocurriendo. [...] No podemos culpar 32 misioneros

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a la naturaleza”, afirmó el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, en la cita de Varsovia. Sabía lo que decía. El pasado 30 de enero, el Grupo Internacional de Expertos sobre el Cambio Climático hizo público un informe –1.500 páginas y más de 600 diagramas– que confirma que el calentamiento del clima es indudable y que la mano del hombre tiene mucho que ver en él. “De mantenerse la tendencia actual, a lo largo de este siglo podrían devenir cambios a una velocidad superior a la ocurrida en los últimos 10.000 años”, advierte Greenpeace. “El cambio climático –añaden desde la organización ecologista– es una realidad que se está gestando a cada momento debido al patrón de consumo energético que privilegia los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas), en vez de recurrir a las ener-

gías renovables”. Se cree, en efecto, que las emisiones contaminantes responsables del cambio climático tienen su origen en el carbón (en un 43%), el petróleo (33%), el gas (18%), el cemento (5,5%) y la quema de gas (0,6%). Pese a ello, y según datos del Global Carbon Project, un grupo de expertos que recopilan datos de organismos de todo el mundo, las emisiones de dióxido de carbono batieron todos los registros el año pasado. Hasta 36.000 millones de toneladas de gases nocivos procedentes de los combustibles fósiles fueron a parar a la atmósfera. Un 2,1% más que en el año anterior, y un 61% más que en 1990, el año de referencia del Protocolo de Kyoto. ¿Qué nos dicen estas cifras? Pues que así difícilmente se logrará cumplir el objetivo de que la temperatura media del planeta no suba más de dos grados con respecto a la de la era preindustrial, que es la meta que se ha fijado la


comunidad internacional. Los expertos advierten de que, si no se actúa en serio, si se sigue como hasta ahora, esa temperatura media puede subir hasta cinco grados antes de fin de siglo, cuando desde 1750 hasta hoy –la Revolución Industrial– lo ha hecho tan solo entre 0,3 y 0,6 grados. Y ello, lógicamente, acarrearía fenómenos atmosféricos mucho más devastadores que los que estamos empezando ya a padecer.

rencias internacionales sobre desarrollo y desarrollo sostenible. Algo lógico, dada la estrechísima relación entre desarrollo, medio ambiente y cambio climático. La Santa Sede suele hacerse presente en todos esos foros, y ahí deja siempre claras dos ideas básicas: que la Tierra es nuestra casa común, y que entre todos tenemos que establecer unas reglas para preservarla. La preocupación de la Iglesia en este campo viene de lejos. Pablo VI, por ejemplo, se dirigió en 1972 a la Conferencia de Estocolmo sobre Medio Ambiente (la primera sobre desarrollo) en estos términos: “Nadie puede apropiarse, de forma absoluta y egoísta, del medio ambiente, que no es una res nullius –la propiedad de nadie–, sino la res omnium –un patrimonio de la Humanidad–, de suerte que los poseedores –privados o públicos– deben reglamen-

La preocupación de la Iglesia

Afectados por el tifón Haiyán, en Filipinas.

La Cumbre de Varsovia, como ya se ha dicho, fue la decimonovena de la ONU sobre cambio climático. La precedieron Doha (Qatar) 2012; Durban (Sudáfrica) 2011; Cancún (México) 2010; Copenhague (Dinamarca) 2009 o Poznan (Polonia) 2008, por citar solo las más recientes. Al mismo tiempo, Naciones Unidas viene celebrando también de manera regular confe-

tar su uso, entiéndase bien, en beneficio de todos; el hombre es, sin duda alguna, la primera y la más verdadera riqueza de la Tierra”. Y Juan Pablo II, en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1990 escribía: “Los Estados deben mostrarse cada vez más solidarios y complementarios entre sí en promover el desarrollo de un

ambiente natural y social pacífico y saludable. No se puede pedir, por ejemplo, a los países recientemente industrializados que apliquen a sus incipientes industrias ciertas normas ambientales restrictivas, si los Estados industrializados no se las aplican primero a sí mismos. Por su parte, los países en vías de industrialización no pueden moralmente repetir los errores cometidos por otros países en el pasado, continuando el deterioro del medio ambiente con productos contaminantes, deforestación excesiva o explotación ilimitada de los recursos que se agotan”. Benedicto XVI también se preocupó por el medio ambiente e instó a defender y respetar la naturaleza. Una preocupación que comparte también el actual Papa, Francisco, quien, como ya se ha dicho, trabaja en una encíclica sobre el tema, si bien, según el pa-

dre Lombardi, portavoz vaticano, el documento se halla aún en una fase muy temprana. “Dios nos ha unido tan estrechamente al mundo que nos rodea –ha escrito Francisco en la reciente exhortación apostólica Evangelii gaudium (“La alegría del Evangelio”)– que la desertificación del suelo es como una enfermedad para cada uno, NÚM. 143, MARZO DE 2014

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y podemos lamentar la extinción de una especie como si fuera una mutilación”.

Conflictividad social Lógicamente, la inquietud y el desasosiego por la destrucción del medio ambiente son mayores donde mayor es la riqueza que preservar. La diócesis mexicana de San Cristóbal de las Casas, en plena selva chiapaneca, acaba de celebrar un congreso diocesano sobre “pastoral de la madre tierra”. Y en él se ha exigido a gobernadores, legisla-

dores y empresarios “que se conviertan y sean portadores de vida, no de muerte”. “Pedimos –se dice en sus conclusiones– que no se dejen comprar, corromper y seducir por la ambición del dinero y del poder. Que no vendan nuestra patria y nuestro amado Chiapas a empresas trasnacionales que solo buscan su interés, y no les importa destruir los bienes naturales y matar la vida de nuestro pueblo y de las futuras generaciones. Tienen el grave deber de evitar que el poder del dinero destruya, contamine y explote sin conciencia el tesoro que Dios nos regaló en nuestra amada madre tierra”. Y se añade: “Se necesitan leyes que en verdad benefi34 misioneros

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cien al pueblo pobre y cuiden la naturaleza, y normas más severas para combatir la corrupción”. Estas exhortaciones sirven tanto para la selva de Chiapas, como para las de Perú, Ecuador o Brasil, en donde los conflictos sociales por la explotación de los recursos son constantes. O para las prácticas mineras en Guatemala o en Filipinas. E incluso para la agricultura “industrial”, cada vez más extendida en África, cuyos pesticidas agresivos dañan el medio ambiente. En Guatemala, por ejemplo, las prácticas mineras de las multinacionales –sobre todo, canadienses– han generado en los últimos años gran conflictividad social, hasta el

punto de que algunos departamentos del país han sido militarizados. Las comunidades indígenas se oponen a esas explotaciones, porque les destruyen el medio ambiente y no les generan riqueza. En el municipio de Villa de Mataquescuintla, en Jalapa, se celebró en noviembre de 2012 una consulta popular sobre una de esas minas. Las más de 10.000 personas que participaron en ella se opusieron a la explotación. Todos los votantes, menos un centenar. Uno de los descontentos con la decisión popular, sin embargo, acudió a los tribunales y denunció que la consulta era ilegal y que era el Gobierno el que debía legislar sobre el tema. Un año después, en diciembre de 2013, la Corte Constitucional de Justicia emitió un veredicto histórico: reconoció la validez de ese referéndum “ilegal” y respaldó “el derecho de los pueblos a ser consultados” en las decisiones que les afectan. En Perú, las protestas indígenas en la región de Puno obligaron también al Gobierno a cancelar en 2011 la concesión que, cua-


Deforestación de la Amazonía.

tro años antes, había otorgado a otra empresa minera extranjera que, ahora sí, parece estar dispuesta a completar el preceptivo informe de impacto medioambiental de sus actividades. La explotación de las riquezas de la selva en ese mismo país estuvo en el origen de la matanza de Bagua (2009), que costó la vida a decenas de personas durante la presidencia de Alan García. Y es que los pueblos indígenas de la Amazonía se oponen allí, y con toda razón, a la explotación descontrolada de las riquezas de su territorio –gas, petróleo, madera, agua, etc.– que hacen las grandes empresas nacionales y extranjeras concesiona-

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, interviene en la Cumbre del Cambio Climático.

das por el Gobierno. Motivos no les faltan: entre noviembre de 2006 y marzo de 2009, por ejemplo, hubo en la zona hasta 48 vertidos de petróleo que afectaron a los ríos Tigres y Corrientes. El compromiso de la Iglesia con quienes nunca son tenidos en cuenta y con la defensa del medio ambiente ha causado ya varios mártires. En Mindanao (Filipinas), por ejemplo, y como ya contó en su día Misioneros Tercer Milenio, fue asesinado en octubre de 2011 el misionero italiano Fausto Tentorio, que llevaba 34 de sus 59 años trabajando por los derechos de los lumands (los tribales), la población más atrasada, marginada y empobrecida de la isla. Casi con toda seguridad, le asesinaron efectivos paramilitares amparados o instigados por el Ejército. Su crimen sigue impune a día de hoy. Y en Brasil, la defensa de la Amazonía le costó también la vida, en 2005, a la misionera estadounidense Dorothy Stang, de las Hermanas de Notre Dame de Namur. Obispos como Pedro Casaldáliga, en Brasil, o Álvaro Ramazzini, en Guatemala han estado siempre en el punto de mira de los poderosos por su defensa de los derechos de las poblaciones indígenas y de sus recursos. En ocasiones, sin embargo, y gracias a Dios, esos desvelos y compromisos encuentran recompensa en forma de premio, como el Nacional de Derechos Humanos que le fue concedido en diciembre pasado en Perú a la religiosa española María del Carmen Gómez Calleja, de la Congregación de San José, por la labor que realiza en el vicariato de San Francisco, precisamente en Bagua, en la selva, al norte del país. Todos ellos son, en este sentido, espejo en el que mirarnos los cristianos. JOSÉ IGNACIO RIVARÉS

Otro mundo es posible

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tro mundo es posible", suelen repetir las campañas contra el hambre. No solo posible, sino necesario. Porque, a un año tan solo de que expire el plazo fijado en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, más de 850 millones de personas siguen padeciendo hambre. Y 783 millones no tienen acceso al agua potable. Ha pasado ya más de medio siglo desde que se descubriera el agujero de la capa de ozono sobre la Antártida. Medio siglo, por tanto, desde que se tiene la certeza de que la emisión indiscriminada de determinados gases tóxicos de origen industrial es demoledora para esa parte de la estratosfera que nos protege de las radiaciones ultravioletas del sol y que evita que el planeta se recaliente. El hombre ha tenido todo ese tiempo para apostar en serio por nuevas y limpias energías (eólica, solar, hidráulica, geotérmica, de biomasa) que sustituyan a los combustibles fósiles. Y sin embargo, en estos 57 años ha hecho más bien poco para cambiar el actual, insostenible y contaminante modelo de desarrollo. O nos ponemos de verdad las pilas y obligamos a nuestros Gobiernos a llegar a acuerdos vinculantes para frenar el deterioro de esa "casa común" que es nuestro planeta, o a las generaciones futuras les espera un futuro más que negro. Y en esta lucha –como se dijo en Varsovia– no hay vencedores y vencidos. Aquí todos vencemos o todos perdemos. NÚM. 143, MARZO DE 2014

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