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EDITADA POR LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS

Nツコ 141 ENERO Aテ前 2014

TERCER MILENIO


Nº 141. ENERO, 2014

TERCER MILENIO EDITA OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS C/ Fray Juan Gil, 5 28002 - Madrid Tfno: 91 590 27 80 Fax: 91 563 98 33 E-Mail: dir.nal@omp.es http://www.omp.es http://www.domund.org

coeditores AGUSTINOS RECOLETOS Paseo de La Habana, 167. 28036 Madrid. Tel. 91 345 34 60 COMPAÑÍA DE JESÚS Avda. de la Moncloa, 6. 28003 Madrid. Tel. 91 534 48 10 COMPAÑÍA MISIONERA DEL SAGRADO CORAZÓN Estocolmo, 9. 28022 Madrid. Tel. 91 313 56 40 FRANCISCANAS MISIONERAS DE MARÍA Cardenal Marcelo Spínola, 38. 28016 Madrid. Tel. 91 302 61 99 MISIONERAS DE NUESTRA SEÑORA DE ÁFRICA (HERMANAS BLANCAS) Asensio Cabanillas, 39. 28003 Madrid. Tel. 91 553 82 60 MISIONEROS CLARETIANOS Clara del Rey, 6. 28002 Madrid. Tels. 91 415 23 61 y 91 415 21 99 INSTITUTO ESPAÑOL DE MISIONES EXTRANJERAS Ferrer del Río, 17. 28028 Madrid. Tel. 91 355 23 42 MERCEDARIAS MISIONERAS DE BÉRRIZ Fereluz, 2. 1ª A 28039 Madrid. Tel. 91 571 63 03 MISIONERAS CRUZADAS DE LA IGLESIA Madre Nazaria, 7. 28044 Madrid. Tel. 91 525 32 04 MISIONERAS DE CRISTO JESÚS Peñuelas, 18. 5º A. 28005 Madrid. Tel. 91 517 41 78 MISIONERAS DOMINICAS DEL ROSARIO General Kirkpatrick, 44. 28027 Madrid. Tel. 91 367 36 71 MISIONEROS ESPIRITANOS Santa Engracia, 149. 1º B. 28003 Madrid. Tel. 91 554 21 57 Olivos, 12. 28003 Madrid. Tel. 91 553 36 16 MISIONEROS DE MARIANNHILL Arturo Soria, 249. 28033 Madrid. Tel. 91 359 07 40 MISIONEROS DEL VERBO DIVINO Corazón de María, 19. 5º B. 28002 Madrid. Tel. 91 415 43 55 MISIONEROS OBLATOS DE MARÍA INMACULADA Diego de León, 36. 28006 Madrid. Tel. 91 411 12 12 Pozuelo de Alarcón, Madrid. Tel. 91 352 34 16 PADRES BLANCOS Liebre, 25. 28043 Madrid. Tel. 91 574 04 00 SOCIEDAD DE MARÍA - MONFORTIANOS Garabay, 7. 2º. 28850 Torrejón de Ardoz (Madrid). Tel. 91 677 69 11 SOCIEDAD DE MISIONES AFRICANAS Asura, 34. 28043 Madrid. Tel. 91 300 00 41

en este número... IGLESIA A FONDO Uno de cada ocho habitantes del planeta carece de alimento alguno que llevarse a la boca. Todo "un escándalo" –en palabras del papa Francisco–, ante el cual el Primer Mundo permanece impasible.

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PRIMER PLANO El pasado 5 de diciembre fallecía en Sudáfrica, a los 95 años de edad, Nelson Mandela. Con su muerte se pierde uno de los grandes referentes mundiales.

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INFORME El año 2013 fue especialmente aciago en lo que atañe a la inmigración. Dos mil trescientas sesenta personas perdieron la vida en todo el mundo tratando de alcanzar el sueño de una vida mejor.

30 y además... 7 TRIBUNA

No nos dejemos robar...

10 EL OBSERVADOR TIERRA SANTA INDIA - CUBA

20 ASÍ VA EL MUNDO CHILE - COLOMBIA TAILANDIA R. D. DEL CONGO

36 ENTREVISTA

Adrián Jiménez,

misionero en Tanzania

40 ANIMACIÓN MISIONERA

43 CARISMAS Misioneros de la Esperanza

46 CULTURA Títeres, moviendo los hilos de la cultura y de la historia

51 EL CUARTO MUNDO 54 SEMBLANZA

Manuel de Unciti,

el espíritu libre de un corazón misionero

58 SEMBLANZA Amó hasta el final


EDITORIAL

UNA LECCIÓN DE PAZ

E

n su primera Jornada Mundial de la Paz, que ha tenido lugar el 1 de enero, el papa Francisco nos ha dejado una gran lección que aprender si queremos avanzar en “la construcción de una sociedad justa, de una paz estable y duradera”. Una enseñanza que queda aglutinada en el título del texto que ha preparado para la ocasión: La fraternidad, fundamento y camino para la paz, y que supone todo un aldabonazo para nuestras conciencias. En este Mensaje, el Santo Padre pone de manifiesto la predisposición y el deseo de las personas y de los pueblos de alcanzar “una vida llena de alegría y de esperanza”, que solo es posible desde una fraternidad que “nos invita a la comunión con los otros”, en los que ya no vemos “enemigos o contrincantes, sino hermanos a los que acoger y querer”. Un anhelo y necesidad de hermandad que, como señala el Papa, “se empieza a aprender en el seno de la familia”. Pero una cosa son nuestras aspiraciones, y otra, muy distinta, la realidad. Y Francisco es muy consciente de la distancia que hay entre estos dos universos. Es cierto que vivimos en un momento en el que el desarrollo tecnológico y de los medios de comunicación y transporte facili-

ta el conocimiento entre los pueblos. Es cierto también que todo ello contribuye a acercarlos, creando una mayor sensación de que las naciones forman una unidad y comparten un destino común en esta “aldea global” de la que hablaba McLuhan y en la que se ha convertido nuestro planeta. Sin embargo, la realidad

hechas de enfrentamientos armados”, pero también ante esas “otras guerras menos visibles, pero no menos crueles, que se combaten en el campo económico y financiero con medios igualmente destructivos de vidas, de familias, de empresas”. Es lo que el Santo Padre ha venido a denominar “globalización

Nuestra tendencia a habituarnos al sufrimiento del otro nos vuelve insensibles ante situaciones de desigualdad y pobreza. es que esta globalización, como advertía Benedicto XVI, “nos acerca a los demás, pero no nos hace hermanos”. Prueba de ello es, como denuncia el papa Francisco, nuestra tendencia a habituarnos, con cierta facilidad y poco a poco, “al sufrimiento del otro”. Esto hace que seamos insensibles y permanezcamos inmutables ante “las numerosas situaciones de desigualdad, de pobreza y de injusticia”; ante las continuas y graves lesiones de “los derechos humanos fundamentales, sobre todo el derecho a la vida y a la libertad religiosa”; ante “el trágico fenómeno de la trata de seres humanos, con cuya vida y desesperación especulan personas sin escrúpulos”; ante “las guerras

de la indiferencia”, que encuentra su caldo de cultivo en unas sociedades que alientan un individualismo egocéntrico y un consumismo materialista, “debilitan los lazos sociales” y dan lugar a una “mentalidad del ‘descarte’, que lleva al desprecio y al abandono de los más débiles”. Contra esta cultura del “descarte”, que nos lleva al enfrentamiento, el papa Francisco nos propone que hagamos realidad nuestro deseo de fraternidad, como una dimensión esencial del ser humano. Eso nos ayudará a vencer la pobreza, a extinguir la guerra, a acabar con la corrupción y el crimen organizado, a proteger y cultivar la naturaleza...; en definitiva, a fundamentar la paz y caminar hacia ella.

EDITA: Obras Misionales Pontificias DIRECTOR NACIONAL DE OMP: Anastasio Gil DIRECTOR Alfonso Blas DISEÑO Antonio Aunés COLABORADORES Rosa Lanoix, Rafael Santos, Francisco José Pérez Valero, Dora Rivas, José Beltrán, AnTERCER MILENIO tonio José Molina, José Carlos Rodríguez, José Ignacio Rivarés, Israel Íñiguez, Modeste Munimi, José Ramón Carvallada, María Jesús Sahagún, Carmina Sofía Fernández, Juana Gómez, Joaquín Martínez, Juan Lázaro Sánchez, Vicente Marqués Ruiz ARCHIVO FOTOGRÁFICO Antonio Aunés, Rafael Santos FOTOGRAFÍAS Efe, Missio SUSCRIPCIONES Roberto Murga DEPÓSITO LEGAL M-48558-1999 ISSN 1695-1034 IMPRESIÓN Gráficas Dehon. PP. Reparadores. C/ La Morera, 23-25. Torrejón de Ardoz, Madrid. Tfno: 91 675 15 36


IGLESIA A FONDO Caritas Internationalis lanza la campaña mundial contra la pobreza "Una sola familia humana, alimentos para todos"

EL HAMBRE EN EL MUNDO:

un escándalo silencioso No tener nada que llevarse a la boca. Un día tras otro. Es la realidad en la que se ven atrapados uno de cada ocho habitantes del planeta, aquellos que se encuentran sumidos en la llamada desnutrición crónica. "Un escándalo" –en palabras del papa Francisco– que parece pasar desapercibido, salvo cuando acecha una "emergencia humanitaria". Sin embargo, forma parte del primero de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que, a un año de ser revisados, se torna en un desafío por cumplir.

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os encontramos ante un escándalo mundial de casi 1.000 millones de personas. Mil millones de personas que todavía sufren hambre en nuestros días. No podemos mirar a otra parte, fingiendo que el problema no exista. Los alimentos que hay a disposición hoy en el mundo bastarían para quitar el hambre”. Sin rodeos, como acostumbra. En cuatro frases, el papa Francisco lanza su denuncia ante una de las mayores lacras que este mundo globalizado ha heredado, arrastra y no parece poner medios para atajar. Hay pan para todos, pero no llega a todos. La prueba es que en el mundo se está produciendo un 17% más de calorías diarias por persona que hace 30 años, aun habiendo aumentado la población un 70%.

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Una llamada de atención que no viene sola, sino como respaldo a la campaña promovida por Caritas Internationalis contra el hambre en el mundo. Bajo el lema “Una sola familia humana, alimentos para todos”, esta iniciativa aglutina a las 164 organizaciones que forman parte de Cáritas, distribuidas por más de 200 países, amén de otras entidades y asociaciones de la Iglesia, como es el caso de Manos Unidas y Obras Misionales Pontificias en España. “Cuando tocas de cerca el hambre y ves a los hijos de tus vecinos en El Congo que llevan tres días sin comer, a uno se le conmueven las entrañas; y es inevitable preguntarse cómo es posible que en Europa tiremos tanta comida y seamos incapaces de sensibilizarnos”, asegura Juan José Omella


Omella, obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño, que vivió durante un año en África. Monseñor Omella parafrasea el grito lanzado por Francisco, tras la tragedia de Lampedusa, para apuntar que “es una vergüenza que hermanos nuestros mueran de hambre cuando hay alimentos para el doble de la población. Surge también la contradicción y la hipocresía de la sociedad occidental, donde estamos permanentemente a dieta por motivos estéticos”, apunta el prelado. Si bien el pistoletazo de salida de la campaña fue una “ola” de oración simultánea en todo el planeta el pasado 10 de diciembre, esta iniciativa se ampliará durante dos años. Primero, con una semana de acción en las parroquias el próximo mes de octubre. Posteriormente, con la presencia en la Exposición Universal de Milán 2015, que girará en torno a la idea “Alimentar el planeta, energía para la vida”.

Las cosas claras Con los datos sobre la mesa, se calcula que hay 842 millones de personas –alrededor de una de cada ocho personas en el mundo– aquejadas de hambre crónica, es decir, que habitualmente no comen lo suficiente para llevar una vida activa. Esta cifra es inferior a los 868 millones registrados en el periodo 2010-2012. El número total de personas subalimentadas ha disminuido en un 17% desde 1990-1992. Así, los países con un índice de hambre muy alto –donde las personas desnutridas superan el 35% de la población– se concentran en su mayoría en África: Burundi, Eritrea, Etiopía, Mozambique, República del Congo, Tanzania y Zambia. Y en América, Haití. Sin embargo, aunque es la población rural de estos países la NÚM. 141, ENERO DE 2014

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más perjudicada, cerca del 20% de los hambrientos del planeta viven en barrios marginales de las grandes ciudades, un fenómeno que está aumentando rápidamente. “Apoyaremos demandas concretas del Sur, como el derecho a la propiedad de la tierra, la gestión de recursos naturales y el acceso al agua potable”, anuncia Natalia Peiró, directora del Área de Cooperación de Cáritas, que reclama una mayor movilización ciudadana para recortar “la brecha entre la riqueza y la pobreza”. Estas diferencias se hacen palpables en la llamada “inseguridad alimentaria”, que hace referencia a aquellas situaciones que impiden un acceso a una cantidad suficiente de comida inocua y nutritiva para un crecimiento y desarrollo normales. Una preocupación íntimamente relacionada con

Las cifras más recientes hablan de un total de 842 millones de personas que padecen hambre. factores como el cambio climático, el auge de los biocombustibles, el acaparamiento de tierras cada vez en menos manos o la volatilidad de los precios, más allá 16 misioneros

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de las situaciones de hambruna coyunturales provocadas por un conflicto armado o un desastre natural, que no hacen sino agravar aún más la situación.

Y es que acabar con el hambre también pasa por establecer lazos comerciales justos. Que la alimentación no sea un negocio sin reglas. De ahí, por ejemplo, el programa que Cáritas Española comparte con su homóloga camboyana, centrado en 44 aldeas de tres provincias del país, que, a través de medidas como la gestión comunitaria de los bancos de arroz, pretenden frenar en seco los abusos de prestamistas que imponen intereses excesivamente altos, aprovechándose de los periodos de escasez de estas regiones y perpetuando la pobreza en las 3.429 familias que participan de este proyecto. Estas prácticas a pequeña escala tienen su réplica, a un nivel general, en los fondos de inversión, pues reciben millones de beneficio solo al especular con el au-


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mento de los precios de la comida y la compraventa de terrenos. Únicamente en la primera década de este siglo, las compras o arrendamientos de tierras por inversores extranjeros en países en desarrollo representa una superficie equivalente a ocho veces el tamaño del Reino Unido, suficiente como para producir alimentos para 1.000 millones de personas. Sin embargo, no llegan a la boca de quien más lo necesita. Es el caso de Paraguay, donde se producen alimentos para más de 50 millones de personas y, sin embargo, cuenta con 1,3 millones de habitantes pasando hambre. En el otro extremo está la ejemplarizante actitud de DekaBank, que ha abandonado estas prácticas; un gesto que, lamentablemente, es todavía aislado. Esto

pone de manifiesto, una vez más, la limitación para el acceso a los alimentos, sea por no tener medios para cultivarlos o por carecer de los recursos para comprarlos. “En la década pasada, vivíamos convencidos de que el problema del hambre era una cuestión técnica de producción, que podría afrontarse desde la mejora del sistema de comercio y con un apoyo decidido de los economistas. Sin embargo, las cifras nos hablan de que, hoy por hoy, es un asunto también de índole política”, reflexiona el relator especial de las Naciones Unidas sobre el Derecho a la Alimentación, Olivier De Schutter, quien muestra su indignación por el hecho de que “cada año alrededor de un 30% de los alimentos que se producen –1,3 billones de toneladas– en el mundo se tiran a la basura”.

De ahí que Cáritas también busque que las Administraciones “se mojen”. Así, ya se han puesto manos a la obra para elaborar un anteproyecto marco de ley que promueva el derecho a la alimentación. Esta medida busca instar a los Gobiernos de las distintas naciones a que lo adopten como parte de su legislación, además de plantear ante la ONU que se convoque una sesión para reflexionar sobre este problema en la Asamblea General de 2015, precisamente en esa fecha límite para la que se plantearon los Objetivos de Desarrollo del Milenio. El primero de ellos: reducir a la mitad la proporción de personas que padecen hambre en la población total para ese mismo año 2015. Ningún indicador describe mejor el progreso de una sociedad que su capacidad de garantizar una alimentación suficiente para toda la población. Así, el fracaso contra la desnutrición tiene implicaciones en muchos otros ámbitos del bienestar de un país, desde la sostenibilidad de los sistemas públicos de salud, hasta los resultados de la inversión en educación. Tanto es así que se considera una de las inversiones primordiales en desarrollo en términos de coste-eficacia. De esta manera, cualquier problema en este terreno se convierte en un lastre para la economía del Estado, que puede ver reducida su riqueza nacional entre 2 y 3 puntos.

¿Se acabará con el hambre? Aunque resulte difícil de alcanzar este objetivo, a la luz de las estimaciones de la FAO no parece imposible, al menos en los países en desarrollo, donde se podría alcanzar en la fecha señalada, siempre y cuando se redoblen los esfuerzos para la mejora de las redes de NÚM. 141, ENERO DE 2014

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protección social y se aumente la inversión en la agricultura, tanto para hacer frente a las necesidades inmediatas, como para respaldar progresos a más largo plazo. De hecho, 62 países han conseguido superar el mínimo planteado. “Si el presidente o el primer ministro no toma el liderazgo..., no funciona”, mantiene el director de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), José Graziano da Silva, como una de las claves para superar este reto, considerando determinante mejorar el valor nutritivo de los alimentos como principal arma contra la desnutrición. Esta es la receta que ha llevado a Mau-

ritania a abandonar la tónica de los países de su entorno y reducir a la mitad la prevalencia de la desnutrición crónica infantil. Aunque uno de cada cuatro menores de cinco años sigue sufriendo desnutrición, esta cifra es la mitad de lo que se observa en el resto de África. Un esfuerzo durante los últimos cinco años, que ahora se ve recompensado, con 87.000 niños menos dentro de estas estadísticas. Todo, gracias a la iniciativa Reach, capitaneada por Unicef, a 18 misioneros

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través de la cual, el Gobierno mauritano y las agencias internacionales han combinado políticas activas de nutrición, seguridad alimentaria y protección social de forma creativa, desde la promoción de la lactancia materna, hasta la entrega de efectivo a las familias más vulnerables. Todo, para cuidar esos 1.000 primeros días de la vida de un niño, que se empiezan a contabilizar desde el momento del embarazo, y que resultan fundamentales para determi-

nar un futuro saludable, frente al actual modelo de producción, que no es viable ni sostenible. En esta línea, Marco Gordillo, coordinador del Departamento de Campañas de Manos Unidas, plantea que “no nos parece que sea un sueño acabar con el hambre en 2025. Es posible, real y creemos en ello. Pero, para conseguirlo, hay que afrontar con lucidez y valentía estos desafíos”. Gordillo insiste en que, “al final, el hambre es un problema de todos, porque en el fondo todos formamos parte de la gran familia humana”. Desde Intermón Oxfam se muestran más cautos, sobre todo a raíz de la crisis económica mundial de los últimos años, que ha dejado en dique seco la ayuda al desarrollo de algunos países occidentales. “El hambre no es contagiosa, pero en los lugares más pobres se transmite de generación en generación. Supone un círculo vicioso que obstaculiza el desarrollo de las personas que lo padecen, de todo un


La economía, a favor de las personas S

país o región. Se genera y perpetúa por un reparto injusto de los recursos, para favorecer a una élite que persigue incrementar beneficios, en lugar de cultivar alimentos”, reflexiona Lourdes Benavides, autora del informe 2013 de esta ONG, en el que subraya cómo las “inversiones privadas sostenibles y respetuosas con los derechos humanos pueden ser un catalizador para la innovación, la generación de crecimiento económico incluyente, la sostenibilidad ambiental y la reducción de la pobreza”. Cifras que abruman y medidas que parecen intangibles, pero que esconden a víctimas con nombres y apellidos. Esas que hacen que el Obispo de Roma haya implorado a todas las instituciones y agentes involucrados, incluida la Iglesia, que den “voz a todas las personas que sufren silenciosamente el hambre, para que esta voz se convierta en un rugido capaz de sacudir al mundo”. JOSÉ BELTRÁN

amoa fue el primer punto del planeta donde arrancó la ola de oración con la que el pasado 10 de diciembre Caritas Internationalis inició la campaña mundial contra la pobreza "Una sola familia humana, alimentos para todos". Un acto que se contagió por toda la Tierra, desde Oceanía hasta América, con la intención de, mediante la plegaria y el recogimiento, "abrir los corazones, mentes y almas" de todos los habitantes de los cinco continentes "a la posibilidad de acabar con el hambre en el mundo". Esta iniciativa, que ha contado con la colaboración de otras entidades, como Manos Unidas y Obras Misionales Pontificias, se extendió por cada una de las delegaciones nacionales que tiene la ONG católica. Así, si en Cáritas Benín se plantó un árbol para simbolizar el lanzamiento de la campaña, en su homóloga de Luxemburgo se llevó a cabo una distribución de alimentos entre los sin techo. En España,

un grupo de danza africana ejerció de voz de denuncia ante el drama silencioso del hambre en el continente, pero también de grito de esperanza para superar el desafío. "La economía debe estar siempre a favor de las personas, no al revés", explicó el obispo responsable de Cáritas Española, monseñor Alfonso Milián, quien criticó los métodos que se utilizan para producir, comercializar y distribuir los alimentos, porque "no tienen en cuenta las necesidades de los más pobres". De ahí su invitación a

para este año; desde una vigilia en abril para reflexionar sobre los más vulnerables y sus derechos, a la Escuela de Primavera, que contará con una sesión informativa sobre incidencia en la materia. Se quiere llegar así tanto a la sociedad civil en general, como a los protagonistas de la vida política y financiera, a escala local e internacional. Entre los retos que también se plantea Cáritas a través de la campaña "Una sola familia humana, alimentos para todos", está el de concienciar a los propios implicados,

Acto de lanzamiento de la campaña en Madrid. "no apartar la mirada ante los niños, los ancianos y hambrientos, los campesinos explotados", una propuesta que tendrá su eco en todas las actividades previstas por Cáritas

especialmente a ganaderos y agricultores, de la necesidad de ser actores activos con el fin de poder evitar los abusos y tomar decisiones que frenen la desnutrición.

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PRIMER PLANO El pasado 5 de diciembre fallecía Nelson Mandela, a los 95 años de edad. Con su muerte se pierde uno de los últimos referentes mundiales, un líder íntegro que demostró ser ejemplar y conciliador, tanto en su propio país, como más allá de las fronteras de Sudáfrica.

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NELSON MANDELA MUERE A LOS 95 AÑOS

ADIÓS A UN LÍDER EJEMPLAR Y CONCILIADOR

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i el mundo pudiera tener un padre, el hombre que todos elegiríamos sería Nelson Mandela”, dijo el músico Peter Gabriel hace años hablando del primer presidente negro de Sudáfrica. El redactor jefe de la revista Time, Richar Stengel –que editó su autobiografía El largo camino hacia la libertad–, fue más allá y afirmó de él: “Mandela es lo más cercano que tenemos hoy a un santo secular”. Nelson Rohlihlahla Mandela nació en Mvezo, una aldea xhosa de la región del Transkei, el 18 de julio de 1918. En su autobiografía, el líder sudafricano evoca una de las experiencias que más le marcaron como adolescente, al aprender del regente del trono del clan Thembu el arte de escuchar y emplear su autoridad para resolver disputas con un gran sentido de la ecuanimidad. Fue el primer estilo de liderazgo que le sirvió de modelo y del que extrajo numerosas lecciones. Mandela exhibió desde su juventud una gran talla intelectual. Gran aficionado a las obras de Shakespeare, se entregó con tesón a sus estudios en una época en la que el sistema racista en curso negaba a los negros el acceso a una educación de calidad, y, cuando se graduó en Derecho, se convirtió en el primer abogado negro sudafrica-

De defensor de la violencia, Mandela pasó a convertirse en un ejemplo de perdón y magnanimidad. no. Durante sus años jóvenes fue un firme defensor de emplear la violencia como medio para alcanzar la liberación de sus compatriotas oprimidos, y su partido –el Congreso Nacional Africano (ANC)– le encomendó la dirección de su brazo armado, el Unkhnotowe Sizwe (“Lanza de la Nación”). En 1962 fue detenido y llevado a juicio, acusado de sabotaje y de intentar provocar una revolución violenta en el país. Dos años más tarde fue condenado a cadena perpetua y confinamiento en la prisión de Robben Island. Unos meses antes, utilizó la

condición de defensor de sí mismo para realizar una larga declaración de cuatro horas, en la que pronunció una apasionada defensa de la igualdad racial, que concluyó con unas palabras históricas: “He acariciado el ideal de una sociedad democrática y libre en la que todas las personas convivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y que espero ver realizado. Pero, si es necesario, es un ideal por el estoy dispuesto a morir”. Mandela, conocido afectuosamente en su país con el título de NÚM. 141, ENERO DE 2014

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honor de “Madiba”, vivió lo suficiente para ver realizado su sueño. Para ello tuvo que pagar un altísimo precio: pasar 27 años en la cárcel, donde se le conocía por su número, el 46664. Pero no fueron, ni mucho menos, unos años perdidos. Su gran amigo, el arzobispo de Ciudad del Cabo, Desmond Tutu, ha asegurado en numerosas ocasiones que aquellos años de prisión se convirtieron en “un crisol”. El prelado anglicano afirmó en un artículo escrito poco después de su muerte: “En la cárcel se quemó y eliminó la escoria. La gente nunca pudo decirle: ‘Lo que usted dice sobre el perdón es pura palabrería. Usted no ha sufrido. ¿Qué sabrá usted?’. Esos 27 años le invistieron de autoridad para poder decirnos que intentásemos perdonar”.

gador de rugby recuerda esos versos cuando entra a la estrecha celda del prisionero 46664 durante una visita a Robben Island, y dice emocionado: “¿Cómo puede un hombre que ha sufrido tanto salir y perdonar como él lo hace?”. El ANC, bajo el liderazgo de Oliver Tambo durante los años setenta, explotó al máximo el valor propagandístico de Mandela como símbolo de la lucha contra el apartheid, por la que había sacrificado su libertad y arriesgado su vida. Pero su salida de la prisión en 1990 demostró que el viejo luchador se había convertido en mucho más

La fuerza de la reconciliación Este paso de ser un acérrimo defensor de la violencia a convertirse en un ejemplo de magnanimidad y reconciliación quedó patente en numerosos detalles de una gran hondura humana: invitó a su carcelero, Christo Brand, a su toma de posesión presidencial, y a comer a su casa al fiscal que había pedido para él la pena de muerte durante su proceso de Rivonia. La película de Clint Eastwood Invictus narra una confesión íntima realizada por Mandela, siendo ya presidente de Sudáfrica, al capitán del equipo de rugby François Pienaar: durante los momentos más duros de su encarcelamiento encontró inspiración en estos versos: “No importa cuán estrecha sea la puerta, / cuán cargada de castigos la sentencia, / yo soy el dueño de mi destino, / yo soy el capitán de mi alma”. Una escena del filme explica mucho sobre el espíritu de Mandela. El ju26 misioneros

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que un icono de resistencia: el Mandela que emergió de los muros de la prisión Victor Verster era un arquitecto social con un plan político muy claro en su mente, que empleó a fondo para negociar una transición pacífica hacia una nueva Sudáfrica libre de discriminación racial, donde todos tuvieran cabida. Líderes sudafricanos de ideas tan dispares como el comunista Joe Slovo o el arzobispo Desmond Tutu están de acuerdo en afirmar

que la historia de su país habría sido totalmente distinta sin él. Pero a Mandela nunca se le subieron las alabanzas a la cabeza, y en numerosas ocasiones afirmó que, dado que el apartheid fue derrotado mientras él estaba en la cárcel, el mérito había que adjudicárselo a otros. Se trataba de algo más que de bellas palabras de alguien que quiere dar una imagen pública de humildad: él era un firme creyente en la filosofía del


Tras su liberación, en 1990, Mandela se empleó a fondo para negociar una transición pacífica. “ubuntu”, la sabiduría africana que sostiene que todos dependemos los unos de los otros para avanzar y progresar en la vida. “Al ser un defensor del ‘ubuntu’, Madiba decía siempre que él solo nunca podía haber conseguido nada, y que tuvo la suerte de estar rodeado de personas íntegras que eran más capaces y más enérgicas que él”, afirmó Desmond Tutu en un artículo publicado en el Washington Post al día siguiente de su muerte. El último presidente del apartheid, Frederick de Klerk, tuvo la sensatez de reconocer que había que aprovechar el carácter conciliador de Madiba para poner en marcha una transición pacífica. Tras su liberación, el 11 de febrero de 1990, Mandela se volcó en liderar a su partido en unas negociaciones de paz que estuvieron constantemente amenazadas por los blancos más radicales y por la violencia entre los

seguidores del Congreso Nacional Africano y los del Movimiento Inkhata del jefe zulú Mangosuthu Buthelezi. La amenaza de este último de retirar su candidatura pocos días antes de las primeras elecciones democráticas, en abril de 1994, estuvo a punto de provocar una guerra civil. Pocos conocen que fue un amigo común de ambos, el profesor keniano Washington Okumu, quien empleó sus dotes diplomáticas de forma muy discreta para hacerles aceptar una solución de compromiso, en la que Buthelezi sería nombrado ministro del Interior en el nuevo Gobierno. Los esfuerzos de Mandela fueron reconocidos por la Academia de Oslo, que en 1993 le otorgó –junto al último presidente blanco, Frederick de Klerk– el Premio Nobel de la Paz, un galardón al que hay que añadir otros 250 reconocimientos internacionales que recibió durante cuatro décadas.

Sin el buen hacer del anciano líder no se habría llegado a las primeras elecciones multirraciales de abril de 1994. Fue presidente desde ese año hasta 1999, año en que se retiró voluntariamente del poder. Durante ese lustro dedicó una gran parte de sus esfuerzos a abanderar la causa de la reconciliación en su país, como demostró en 1996, cuando aprovechó la celebración de la Copa del Mundo de Rugby –un deporte asociado con el orgullo racista de los blancos afrikáneres– para unir al país alrededor de su selección, que ganó el campeonato. Más difícil lo tuvo para curar las heridas de muchas décadas de discriminación racial con el trabajo de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, que estuvo presidida por el ya citado arzobispo Desmond Tutu. Recuerdo, de un periodo de mes y medio que pasé en Sudáfrica en 1998 haciendo un curso sobre conflictos y paz, cómo mis compañeros admiraron la actitud ejemplar de gran imparcialidad de la que hizo gala cuando esta Comisión ofreció sus conclusiones. Mandela tuvo que salvar la publicación del informe final, que no era del agrado ni siquiera de su propio partido, ya que exponía también abusos cometidos por el ANC. Durante aquellos años, el sabio mandatario hizo también todo lo que pudo para mejorar el nivel de vida de la población negra, un difícil asunto, que aún hoy es una asignatura pendiente en Sudáfrica.

Modelo de liderazgo Una vez retirado como presidente, a partir de 2000, ejerció un gran papel como mediador en las negociaciones que pusieron fin a la guerra de Burundi, tres años después. Es este un aspecto de su vida del que se ha hablado NÚM. 141, ENERO DE 2014

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poco, pero en el que Mandela dio mucho juego. En una entrevista que hice una vez en Bujumbura al político Eugene Ninderera, uno de los que participaron en aquellas conversaciones de paz, recuerdo que me decía emocionado: “Firmamos muchas cosas que después no hemos sido capaces de llevar a la práctica, simplemente porque a un hombre de la talla de Mandela no se le puede decir que no”. Una de las obras que describen mejor su personalidad es El legado de Mandela, publicada el año pasado por Richard Stengel. El veterano periodista resume así los rasgos que han hecho de Mandela un modelo de liderazgo: para él la solución a los problemas es negociar, hay que liderar buscando el consenso de todos, hay que saber retirarse a tiempo... y hay que conocer al enemigo y aprender su deporte favorito. Aunque se apartó de la vida pública en 2004, apareció por sorpresa junto a su esposa Graça Ma28 misioneros

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Como presidente del país, se esforzó al máximo para hacer realidad la reconciliación en Sudáfrica. chel durante la ceremonia de clausura de los Mundiales de Fútbol en Sudáfrica, en 2010. Subido a la plataforma móvil, todo el mundo pudo presenciar sobrecogido cómo el hombre que ha destacado por su talla humana de gigante era un anciano con pocas fuerzas, cuya presencia, no obstante, seguía sirviendo de referente moral. Los sudafricanos tuvieron que hacerse a la idea de que el gran Madiba apenas se enteraba de lo que ocurría a su alrededor y de que se apagaba lentamente. Desde enero de 2013 estuvo ingresado tres veces, afectado por una afección pulmonar seria que databa de sus años de prisionero en la cantera de Robben Island, donde contrajo pulmonía en 1980. Tras su último paso por el hospital fue incapaz

de hablar. Su hija Makaziwe recuerda que, en los últimos meses antes de su muerte, le decía a menudo a su padre que le quería, y él, a veces, “abría los ojos por un segundo y los volvía a cerrar”. Sus hijos y su tercera esposa, Graça Machel, le acompañaron su última semana: “Estuvimos a su alrededor todo el tiempo e, incluso, en el último momento, estuvimos sentados con él todo el jueves”, afirmó su hija, quien explicó también: “Creo que sabía que, si no perdonaba, estaría para siempre encarcelado espiritualmente”. Al día siguiente de su fallecimiento, un enorme retrato de Mandela, de 30 metros de alto, fue desplegado a la entrada del Palacio del Elíseo, en París, para dar la bienvenida a los 40 mandatarios


PRIMER PLANO

El arzobispo emérito de Ciudad del Cabo, Desmond Tutu, y el ex presidente sudafricano Thabo Mbeki se funden en un abrazo antes del funeral de Mandela. .

africanos que acudieron a la cumbre sobre seguridad convocada por el presidente francés François Hollande los días 6 y 7 de diciembre. Otra foto gigante presidió las deliberaciones de los líderes en la gran sala de conferencias, donde todos los que intervinieron comenzaron sus discursos deshaciéndose en elogios hacia quien fue la figura política más reverenciada del mundo. Resultaba imposible no hacer comparaciones y destacar la enorme diferencia entre el estilo de Mandela como líder humilde, incorruptible y que se retiró a tiempo, y el de muchos de quienes alababan su figura, pero cuyo aferramiento al poder y corrupción sin límites no tenían nada que ver con las cualidades del hombre al que elogiaban. Esto mismo es evidente en la Sudáfrica de hoy, donde hay una enorme nostalgia de la altura humana de los líderes de su generación, entre los que destacan Walter Sisulu y Ahmed Kathrada. Poco an-

tes de su muerte, la prensa sudafricana informó abundantemente del escándalo desatado cuando el actual presidente del país, Jacob Zuma, empleó los recursos del Estado para hacer obras en su residencia particular, por valor de más de 100 millones de euros, con el añadido de que quiso impedir que los periódicos publicaran las fotos de su palacio, reformado con el dinero de los impuestos de los sudafricanos, una buena parte de los cuales siguen viviendo en la pobreza y el paro. En varias encuestas publicadas inmediatamente después de su muerte, los jóvenes a los que se preguntaba si creían que los sucesores de Mandela habían vivido a la altura de su liderazgo respondían –muchos de ellos, entre risas–: “No, claro que no”, o “Deberían esforzarse mucho más”. El impacto de Mandela seguramente seguirá empujando aún al renqueante ANC durante los próximos meses, quizás hasta las próximas elecciones generales, que están previstas para abril de 2014. “En Mandela, su sonrisa es su mensaje”, dijo una vez de él el líder sindical Cyril Ramaphosa. Siempre se tomó muy en serio sus apariciones en público. Sabía conectar con la gente más pobre, saltarse el protocolo para hablar con unos niños harapientos, gastar bromas, dar unos pasos de baile y siempre sonreír. Para los blancos, esto demostraba que no era el líder negro que habían temido que se tomaría su venganza. Para los negros, este carácter encantador y jovial transmitía el mensaje del triunfo sobre la opresión. Sorprende poco que todo el mundo le mirara como el padre que siempre quiso tener; por eso resulta difícil que su muerte no provoque un sentimiento de orfandad. JOSÉ CARLOS RODRÍGUEZ

Papa Francisco:

Que Mandela “inspire a las generaciones de sudafricanos”

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ambién el papa Francisco se sumó al coro de declaraciones en recuerdo de Mandela poco después de su muerte. En un telegrama enviado al presidente Jacob Zuma, destacó el compromiso del fallecido ex mandatario sudafricano en la promoción de la dignidad del conjunto de los ciudadanos del mundo. En su mensaje, el Papa subrayó cómo Mandela supo poner en pie una nueva nación sobre bases firmes y pacíficas. "Rindo homenaje al constante empeño demostrado por Nelson Mandela en promover la dignidad humana de todos los ciudadanos de las naciones y en forjar una nueva Sudáfrica, construida sobre los sólidos fundamentos de la no violencia, la reconciliación y la verdad", escribió Francisco en el telegrama que el Vaticano hizo llegar al Gobierno de Pretoria. El Pontífice expresó en el texto su tristeza al enterarse de la muerte del ex presidente sudafricano, y dio el pésame a su familia, al Gobierno y a todo el pueblo de Sudáfrica. Asimismo, mostró su esperanza de que el ejemplo de Mandela "inspire a las generaciones de sudafricanos a poner la justicia y el bien común por encima de sus aspiraciones políticas". NÚM. 141, ENERO DE 2014

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INFORME

Horroroso. Así fue el año 2013 para los inmigrantes. Dos mil trescientos sesenta de ellos murieron en todo el mundo persiguiendo el sueño de una vida mejor, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Siete cada día. Una barbaridad. Un escándalo que no debería dejar indiferente a nadie.


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o peor, con todo, es que esa cifra ni siquiera es la correcta. Se trata de un dato oficial, sí, pero que consigna únicamente las muertes de las que se tiene constancia. Los números reales, por desgracia, son mayores. “Nunca sabremos a ciencia cierta la cifra total, puesto que muchos migrantes fallecieron anónimamente en desiertos u océanos”, confirma William Swing, director general de esa agencia de la ONU. La Iglesia católica celebra el 19 de enero la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado. Su mensaje no puede ser más claro: en lugar de darles la espalda, hay que salir al encuentro de estos nuestros hermanos. “Se necesita un cambio de actitud hacia los inmigrantes y los refugiados, el paso de una actitud defensiva y recelosa, de desinterés o de marginación –que, al final, corresponde a una ‘cultura del rechazo’–, a una actitud que ponga como fundamento la ‘cultura del encuentro’, la única capaz de construir un mundo más justo y fraterno, un mundo mejor”. Esta es la petición que hace el papa Francis-

co en su Mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado de este año, cuyo texto completo, titulado “Emigrantes y refugiados: hacia un mundo mejor”, puede leerse en el apartado de “Mensajes” de la página web del Vaticano (www.vatican.va). Esta jornada eclesial, instituida por Benedicto XV en 1914, cumple ahora 100 años y, visto lo visto, resulta más necesaria que nunca. En los últimos meses, en efecto, no han cesado de aparecer noticias

tando a animales. Tras el escándalo, el centro fue cerrado. La segunda información hacía referencia a la protesta llevada a cabo por una decena de inmigrantes magrebíes de un centro de acogida de Roma, que se cosieron la boca para denunciar sus condiciones de internamiento. Ambas informaciones, en cualquier caso, fueron peccata minuta si se las compara con las tres grandes tragedias acaecidas unas semanas antes en Bahamas, la propia isla de Lampedusa y el desierto del

En 2013 un total de 2360 emigrantes encontraron la muerte en su intento por alcanzar el sueño de una vida mejor. sobre la realidad migratoria. Y todas son negativas. Todas, intranquilizadoras y preocupantes. La pasada Navidad, sin ir más lejos, se colaron en nuestros hogares, entre las comidas familiares y los regalos, dos informaciones especialmente hirientes. Las dos procedían de Italia. En la primera, un vídeo mostraba cómo se desinfectaba a los acogidos en el centro de internamiento de Lampedusa: a manguerazo limpio, como si en lugar de a personas se estuviera tra-

Sáhara. El 27 de noviembre, en el archipiélago caribeño, el naufragio de una embarcación –un velero de 12 metros de eslora, con cerca de centenar y medio de personas a bordo– se saldó con 30 inmigrantes muertos. Las víctimas procedían de Haití, el país más pobre de América, donde, cuatro años después del devastador terremoto de enero de 2010, 170.000 personas siguen durmiendo aún en tiendas de campaña. Otro naufragio, este a principios de octubre y frente a las costas de Lampedusa, había dejado antes otras 360 víctimas mortales –la mayoría, de nacionalidad eri-


I N F O R M E EMIGRANTES Y REFUGIADOS

trea– y un grito de rechazo e indignación generalizados en Europa. El papa Francisco, que poco antes había visitado esta isla italiana, a la que solo en el último año han llegado cerca de 10.000 personas, alzó su voz para clamar de nuevo contra la indiferencia y la falta de humanidad de nuestra sociedad. “¿Quién de nosotros ha llorado por esta gente?”, se preguntó el Pontífice. Y acto seguido añadió: “La globalización de la indiferencia nos ha quitado la capacidad de llorar”. La tercera gran tragedia migratoria de las últimas fechas costó la vida a otras 87 personas: 7 hombres, 32 mujeres y 48 niños. Todos ellos murieron de sed en el desierto del Sáhara. Habían partido de Agadez, en el norte de Níger, y viajaban –como ganado– en dos camiones. Trataban de llegar a Tamanrasset, en Argelia, desde cuyas costas pensaban alcanzar la próspera Europa. Uno de los vehículos se averió y sus ocupantes fueron en busca de agua. Se perdieron. De las 113 personas que emprendieron ese viaje de la muerte solo se salvaron 21. La mayoría de los fallecidos eran oriundos de Níger, uno de los países más pobres del planeta, pero podrían haber sido perfectamente de cualquier otro lugar del África, pues en Agadez se dan cita inmigrantes de todo el continente. Por los días en que tuvo lugar la tragedia, 5.000 de ellos esperaban allí, en campos provisionales, a que los traficantes de personas les ayudasen a cruzar el desierto para tratar de hacer realidad su sueño europeo.

México-Estados Unidos En diciembre pasado hubo también otra noticia relacionada con la inmigración, pero esta pasó sin pena ni gloria. Fue la reivindicación que hizo en México la llamada “Ca32 misioneros

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ravana de Madres Centroamericanas”. Se trata de un grupo de mujeres de Honduras, El Salvador, Nicaragua, Guatemala y demás países de la región, que, cada año desde 2006, efectúan una marcha por distintas ciudades de aquel país para tratar de averiguar el paradero de sus hijos y familiares desaparecidos, y concienciar al mismo tiempo a sus autoridades, y a la sociedad en general, de lo que ocurre con los migrantes. Este año la marcha la conformaban 44 madres, y una de ellas, Gabriela Vázquez, guatemalteca, dirigió al presidente mexicano Enrique Peña Nieto este angustioso llamamiento. “Escúchenos, por favor. Ayúdenos a encontrar a nuestros hijos. Ellos son extranjeros que solo van de paso, no son criminales”, imploró. Y es que cada año, decenas de miles de inmigrantes centroamericanos (140.000 según unas fuentes, hasta 300.000 según otras) cruzan irregularmente la frontera sur de México con destino a los Es-

tados Unidos. El periplo resulta para muchos de ellos un auténtico calvario, pues por el camino sufren violaciones, robos, extorsiones de las propias fuerzas de seguridad, y secuestros y asesinatos de los narcos. Hace unos años, por ejemplo, el mundo entero quedó estremecido con la llamada “matanza de San Fernando”, el asesinato por los Zetas (un sanguinario cártel de droga mexicano) de 72 de estos inmigrantes, que, tras ser secuestrados, se negaron a trabajar como sicarios para la banda. Solo se salvó una persona, que se hizo el muerto tras el fusilamiento y que fue la que contó lo sucedido. “En México –ha denunciado el obispo de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, monseñor Felipe Arizmendi– bandas criminales han encontrado un rico negocio en extorsionar a los migrantes, negocio que les deja más dinero que el de la droga, porque va a lo seguro: a unos les quitan el poco dinero que llevan consigo; y a otros les obligan


a llamar por teléfono a sus parientes en Estados Unidos para que depositen grandes cantidades de dólares como condición para que no les torturen, violen o maten”. México comparte frontera con las estadounidenses Texas, Nuevo México, Arizona y California. Solo en lo que a Arizona respecta, y según un reciente estudio del Instituto Binacional de Inmigración de la Universidad de ese estado, allí, en el desierto fronterizo, se han dejado la vida cerca de 2.240 inmigrantes en los últimos 22 años. El eje México-Estados Unidos está considerado por la mencionada OIM como el más importante del mundo.

Países policías México se está convirtiendo en un “país-policía” de Estados Unidos, como Marruecos lo es de la Unión Europea. De hecho, el país azteca ha aceptado instalar en su frontera sur la tecnología que permitirá identificar, a través del iris, huellas dactilares y fotografías, a

todo el que cruce la frontera, vaya o no a Estados Unidos. “Fichar a nuestros hermanos centroamericanos apenas ingresan por la frontera sur de México es un acto degradante y vergonzoso”, ha denunciado el P. Alejandro Solalinde, responsable de la Casa del Migrante, internacionalmente conocido por su acogida y defensa de los derechos de estas personas. “Por ahora solo se trata de identificarlos –añade–, pero más adelante se solicitará que se les detenga, y las prisiones se verán saturadas y sin infraestructura suficiente”.

bre pasado por la instalación de las peligrosas cuchillas (las eufemísticamente llamadas “concertinas”) en la valla de Melilla. La indignación social que ha generado esta medida ha sido mayúscula. “Pongan ustedes también minas antipersonas y tanques”, ironizó, alarmado, el arzobispo de Tánger, monseñor Santiago Agrelo. Y añadió: “Mientras el mar de Alborán, el estrecho de Gibraltar o las vallas de Ceuta y Melilla no ocupen en la conciencia de los españoles el mismo espacio que el Madrid Arena o la curva de Angrois [el lu-

Otro “país-policía” es Indonesia con respecto a Australia. Ambos suscribieron hace un tiempo un acuerdo por el cual Yakarta se comprometía a frenar la inmigración desde sus costas a la isla australiana de Christmas. Unos 15.000 inmigrantes fueron interceptados en los nueve primeros meses de 2013 en esa ruta, y repatriados o internados en centros de acogida. En 2012, el ACNUR (Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados) asistió en Indonesia a 7.218 personas dispuestas a convertirse en boatpeople para llegar a ese destino. El caso de Marruecos y España es de sobra conocido, máxime tras la polémica generada en diciem-

gar del descarrilamiento, el pasado verano, del AVE Madrid-Santiago de Compostela], nadie pondrá remedio a esta tragedia humana”. Además de esta diócesis norteafricana y de la de Málaga, instituciones como Cáritas Española, el Servicio Jesuita a Migrantes y Amnistía Internacional han pedido públicamente la retirada de esas supuestamente disuasorias cuchillas. El mensaje de todos estos organismos es similar. Nadie se opone a que los Gobiernos controlen la inmigración, pero se exige que lo hagan respetando los derechos de las personas migrantes y su dignidad. Y se insiste en que pretender solucionar la probleNÚM. 141, ENERO DE 2014

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I N F O R M E EMIGRANTES Y REFUGIADOS

mática migratoria solo a través del incremento del control en las fronteras es un error monumental.

Más cornadas da el hambre Y sin embargo, esta –la de gastar en vallas, cámaras con sensores, drones y demás sistemas de detección de la inmigración irregular– parece ser la única opción que contemplen hoy los países del Primer Mundo. La Unión Europea, por ejemplo, se va a gastar hasta 2020 más de 3.500 millones de eu-

ros para reforzar sus fronteras exteriores. Y el gasto que a los Estados Unidos le supone el control de su frontera con México tampoco es baladí. Solo en 2010, las detenciones que hicieron la Patrulla Fronteriza y la Agencia Federal de Control e Inmigración (en la frontera, la primera; en el interior del país, la segunda) costaron a los contribuyentes estadounidenses la friolera de 1.770 millones de dólares. La estancia y detención de cada migrante salía por esas fechas por 164 dólares diarios... y cada día se detuvo a 33.000 personas que estaban en el país en situación irregular. En los últimos 20 años, la Patrulla Fronteriza de esa nación ha pasado de 3.000 a 21.000 agentes, y se han construi34 misioneros

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do más de 1.200 kilómetros de muro a lo largo de la frontera. ¿Es esta la solución? ¿Evitarán los mares y las vallas, por muy altas que estas últimas se levanten y por más “concertinas” que se les pongan, que los desesperados de la miseria y del hambre arriesguen sus vidas por un futuro mejor? La Iglesia lo tiene claro. “No hay cuchillas que frenen el ansia de vivir, no hay cuchillas que puedan intimidar más que el hambre y la miseria; nada pueden perder quienes nada tienen”, puede leerse en un reciente comunicado de la diócesis de Tánger. Y la Comisión Episcopal de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española afirma en su última declaración: “En un mundo rico, que se defiende impidiendo la

entrada de los pobres, se necesitan, más que las ‘vallas’, la solidaridad, la acogida, la fraternidad y la comprensión (...). No estamos por una inmigración incontrolada. Pero las solas medidas de control no están dando resultados. Como decía un inmigrante rescatado de las aguas, ‘el hambre no conoce fronteras’. Sabemos que la solución al fenómeno migratorio es muy compleja. Permítasenos abogar por las medidas más generosas posibles y, sobre todo, por un compromiso de los países desarrollados en favor de los países pobres, con los que, en no pocos casos, ha habido vínculos históricos fuertes”. ¿Se están adoptando esas “medidas generosas”? ¿Están nuestros Gobiernos ayudando al desarrollo de los países empobrecidos de donde proceden los inmigrantes? Rotundamente, no. Y menos ahora, en época de crisis –¿quién pide ya que se destine el 0,7% del PIB a la ayuda al Tercer Mundo?– y en vísperas de elecciones europeas, que tendrán lugar en junio. Los partidos de corte xenófobo van en aumento en toda


Europa. En Gran Bretaña, sin ir más lejos, y ante el aumento en intención de voto del ultraderechista Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), el primer ministro David Cameron ya ha anunciado que limitará el acceso de inmigrantes europeos al sistema de bienestar británico. Amnistía Internacional lamentó, a mediados de diciembre, que la Europa de los Veintiocho se haya comprometido a acoger únicamente a 12.000 de los 2,5 millones de ciudadanos sirios que han abandonado su país huyendo de la guerra. A 10.000 de esos 12.000 refugiados los va a aceptar Alemania, lo que quiere decir que entre los 27 países restantes de la Unión Europea acogen únicamente a 2.340 personas. España, a 30. Y el Reino Unido o Italia, a ninguno. El informe de Amnistía, titulado Fortaleza Europa, denuncia también que la Comisión Europea ha destinado en los dos últimos años 228 millones de euros a reforzar los controles fronterizos, mientras que solo ha asignado 20 millones al Fondo Europeo para los Refu-

giados, destinado precisamente a la acogida de estas personas. “A los inmigrantes les abrimos las puertas cuando los necesitamos y se las cerramos cuando su presencia choca con nuestros intereses”, denuncia el comunicado de la Comisión de Migraciones de la CEE. Y el de la diócesis de Tánger añade: “A nadie se le oculta que el criterio principal, por no decir único, para regular la entrada de emigrantes en un país es el del beneficio económico que le pueden reportar”. “Nos quitan el trabajo” o “Solo vienen a mendigar y a robar” son algunos de los injustos tópicos y falsedades que se suelen oír por estos pagos. Como si los inmigrantes que llegan a España no trabajasen, no cotizasen a la Seguridad Social o no ayudasen a pagar nuestras pensiones; o como si no hubiese aquí también delincuentes “nacionales”... Un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), afirma que las remesas que los inmigrantes instalados en el Primer Mundo envían a África suman 60.000 millones de dólares, y que las ayudas que los Gobiernos extranjeros proporcionan a sus países de procedencia ascienden a 56.000 millones. Sin embargo, el flujo de capitales desde África al exterior alcanza la friolera de 186.000 millones. De ser esto así, la pregunta es obvia. ¿Quién roba a quién? ¿Sobre qué sudor y qué sangre se sustenta nuestra riqueza? El obispo emérito de Málaga, monseñor Ramón Buxarrais, de 84 años, que desde 1991 se dedica a atender a niños y ancianos en Melilla, lo tiene claro: “Detrás de la inmigración está el robo de la riqueza natural de los países pobres por parte de empresas extranjeras”. JOSÉ IGNACIO RIVARÉS

Cuando te pagan para que te vayas

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ntre extranjeros que retornaron a sus países de origen y españoles que salieron al exterior en busca de mejores oportunidades de vida, 259.227 personas abandonaron España solo en el primer semestre del año pasado. Que se sepa, ninguno de nuestros inmigrantes nacionales fue rechazado. No se actúa tan benévolamente desde la opulencia. En Italia, sin ir más lejos, la inmigración ilegal es delito. Y en el Reino Unido, carteles rodantes lucen mensajes que dicen "Vuelvan a sus países o les detendremos". Israel acaba

de aprobar el 13 de diciembre una ley por la cual a los más de 50.000 inmigrantes y solicitantes de asilo que viven allí en situación irregular (la mayoría, sudaneses y eritreos) se les da a elegir en la práctica entre dos opciones: permanecer detenidos durante un año, sin juicio, en los centros de acogida, cuando se les detenga por no tener papeles; o bien aceptar una "recompensa" de entre 1.500 y 3.000 dólares por ser repatriados "voluntariamente" ahora. NÚM. 141, ENERO DE 2014

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SEMBLANZA Sacerdote, periodista, maestro y amigo

Manuel de Unciti, el espíritu libre de un corazón misionero prensa– era un purasangre, con tinta por sus venas, a la altura de nombres como José Luis Martín Descalzo, José María Javierre, Joaquín Luis Ortega o Pedro Miguel Lamet, por citar algunos, ante todo era sacerdote; un hombre de vocación profunda y sólida. Cursó sus estudios eclesiásticos en los seminarios de Vitoria y San Sebastián, y estudios superiores en Roma y París, licenciándose en Misionología, sección de Historia.

Pasión misionera

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os Reyes Magos le debieron susurrar al oído que Dios ya lo reclamaba a su lado. Y a Manolo, en cuyo vocabulario no existía la palabra “no” –jamás se negó a impartir una conferencia, a escribir un artículo, a dar unos cursos, a lo que fuese por servir a la Iglesia–, cuando oyó que le solicitaban, le faltó tiempo para subir a los cielos. Se marchó el pasado 3 de enero, recién cumplidos, el primer día de 2014, sus 83 años de vida. Se fue como le gustaba marchar a él, ligero de equipaje, sin ataduras, 54 misioneros

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después de habernos dejado el gran artículo de su vida. No se iba a quedar a releerlo, él que siempre consideraba sus escritos como hijos a los que, una vez alumbrados, había que dejar que echaran andar, en libertad, sin recrearse en su relectura. ¡Y mira que lo hacía bien; como para no disfrutar de su brillante pluma! Manuel de Unciti y Ayerdi (San Sebastián, 1931), era sacerdote y periodista. Por este orden. Siempre lo recalcaba. Conviene resaltarlo porque, si como periodista –tal y como se ha destacado en toda la

Ya se encaminaba por entonces hacia la que iba a ser una de las grandes pasiones de su vida sacerdotal, las misiones, y, sobre todo, quienes las hacen posibles: los misioneros y las gentes necesitadas a las que estos van a servir. En este empeño iba a volcarse para dejarse la piel, la voz... ¡y hasta el corazón! No se podía esperar otra cosa de un vasco, orgulloso de serlo, entre otras razones, por su devoción a ese navarrico, al que tanto quería y admiraba, y que no era otro que el gran san Francisco Javier. De su ejemplo de vida emanaba bastante del espíritu libre, aventurero y combativo de Manolo; también, bastante de su fuerte sentido de universalidad. No veía con buenos ojos esa Igle-


sia de capillitas, en la que cada institución solo se cuidaba de lo suyo: de sus parroquias, de sus misioneros... Aunque no le vamos a echar toda la culpa a su venerado Javier de su especial, deslumbrante y provocador carácter, porque algo de genética debía de haber, cuando un día, ni corto ni perezoso, siendo todavía un niño, decidió prender fuego a las cortinas de su casa para ver lo que pasaba. ¡Genio y figura desde el principio hasta el final! Con estos antecedentes, le faltó tiempo para acudir a la llamada del gran impulsor de la animación misionera en España, D. Ángel Sagarmínaga. A sus pechos creció, para convertirse luego en fiel escudero de los directores nacionales de Obras Misionales Pontificias que le sucedieron, D. Joaquín Goiburu y monseñor Larrauri. Unos hombres que estuvieron en primera línea en la que ha sido una de las etapas más brillantes del desarrollo y auge misionero en España. Aquel fulgor ilusionante y esperanzador no podía decaer, y en ello puso todo su empeño, continuando con su labor en OMP, a favor de la causa misionera, con monseñor José

Capmany y José Luis Irízar, hasta completar una hoja de 35 años de excelentes servicios. Durante este periodo fue secretario nacional de la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol (1968-1997) y director de las revistas Illuminare y Pueblos del Tercer Mundo –actualmente, Misioneros Tercer Milenio–. También tuvo tiempo, durante los primeros años, para ser responsable de la información religiosa en el diario Ya (1969-80) y de la sección “Iglesia en España” del semanario Vida Nueva. Todo ello, salpicado de constantes colaboraciones en revistas como Sal Terrae, Cáritas, Misión Abierta, Ecclesia, Reinado Social –hoy día, Revista 21–..., y en periódicos como El Correo; además de haber participado durante algunos años en la tertulia “La Linterna de la Iglesia” de la cadena COPE. Serían miles los artículos, reportajes y crónicas publicados con su nombre. Pero habría quizás otros tantos más si recogiésemos los aparecidos bajo sus múltiples seudónimos. De hecho, al pícaro de Manolo le hacía gracia que, en ocasiones, los mismos detractores que le surgían cuando firmaba Manuel de Unciti, le llegasen a

alabar cuando la autoría del artículo se disfrazaba de sus otros múltiples yoes: Agustín Ayerdi, Imanol de la Hiedra, Evaristo San Miguel... Tanta producción solo era posible en un hombre con una enorme facilidad y talento para escribir, con una gran capacidad de trabajo y una inmensa ilusión, amor y convencimiento pleno de la labor que realizaba. Tanto es así que algunos veranos y parte de su jubilación los invirtió en escribir algunos de sus queridos libros. Ahí están África en el corazón; Sangre en Argelia; Amaron hasta el final; Tercer Mundo, injusticia y denuncia; Los comienzos de la gran aventura. 50 años de Misiones Diocesanas vascas; y Teología en vaqueros. Si se hiciese una tesis sobre todos sus escritos, se podría comprobar la hondura de un hombre que conocía muy bien la actualidad y realidad de la Iglesia española y universal y, muy especialmente, las peripecias de la Iglesia misionera en todo el Tercer Mundo. Como se recoge en la solapa de uno de sus libros, “se puede estar o no estar acorde con todos sus planteamientos, incitantes siempre, provocativos en más de una ocasión”. “Son –se añade– expresión de NÚM. 141, ENERO DE 2014

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SEMBLANZA

que recibió por exponerse tanto sacerdotal y periodísticamente, por cosechar faenas de arrojo y entrega; fueron heridas que, como los toreros, llevaba con honor y, lo que es mejor, sin ningún rencor.

Residencia Azorín

una pasión misionera, servida con una escritura moderna, ágil, clara, directa, como la de un buen profesional del periodismo y como maestro que fue –y sigue siendo– de futuros periodistas cristianos”. Y es que Manolo fue un hombre que sirvió y quiso profundamente a la Iglesia. Aún recuerdo las palabras del que fuera subdirector de Obras Misionales Pontificias, Luis Cuartero –también recientemente fallecido–, cuando, al ver cómo se emocionaba en la presentación de uno de sus libros sobre acontecimientos de admirable entrega misionera, este apuntaba: “Aún dirán que Manolo no ama a la Iglesia”. Eso sí, este afecto a una Iglesia fiel a los valores del Evangelio 56 misioneros

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no significaba que se callase cuando creía que algo estaba mal. “Donde todo son alabanzas, donde no hay sitio para la crítica –solía decir–, no hay tampoco espacio para la sinceridad, para la verdad”. Manolo era consciente de que a muchos les resultaba inoportuno y de que a veces sus palabras escocían. Cuando recibía alguna queja, la primera reacción era recibirla con buen talante. “Con lo mucho que escribo –señalaba–, alguna vez podré meter la pata. Pero, al final, es mucho más lo que hago de bien que de mal”. Si la cosa iba a mayores, ya pedía que la denuncia fuese por escrito, para poderse defender. Así las cosas, fueron muchas las cornadas

La segunda pasión de Manolo, como sacerdote y como periodista, fue la Residencia Azorín, cuna formativa de varias generaciones de periodistas cristianos. El bueno de Unciti consideraba al adjetivo el principal enemigo del sustantivo, pero en esta ocasión concedía más importancia a lo de “cristiano”, aun dándosela, y mucho, a lo de “periodista”. Fueron unos 300 los muchachos que pasaron por aquel hogar, por aquella su segunda casa, su segunda familia, que costaba diferenciar de la primera; una residencia que en sus orígenes no dejaba de ser un mero piso de estudiantes compartido, pero en cuya iniciativa Manolo supo ver un enorme potencial pastoral, hasta convertir aquella casa en su particular “parroquia”. Los chavales que allí acudían no siempre tenían una vocación periodística, y mucho menos cristiana, plenamente


consolidada. Pero a Manolo eso no le preocupaba mucho en principio. No le gustaba pescar en pecera. Prefería rodearse de gente inquieta, con muchas preguntas, antes que de personas con certezas y verdades absolutas, sabedor como era de que la verdad siempre se presenta con muchas aristas y matices. De hecho, a muchos puede sorprender que, cuando sobre un asunto de actualidad no tenía una opinión bien formada, le gustaba preguntarle a aquellos alevines de periodistas sobre el asunto, en largas comidas y cenas con tertulia incluida. Llegados a estas alturas, permítanme que, contraviniendo una de las enseñanzas del maestro Manolo, me inmiscuya en este artículo. No puedo evitarlo, porque la emoción me lleva a proclamar que yo fui uno de los muchos chavales universitarios que tuvo la suerte de conocerlo. De vivir en familia con él, en su querida Residencia Azorín. Fueron unos 15 años extraordinarios, de tertulias, viajes, aprendizajes...; y muchos y buenos amigos. Manolo fue para mí un segundo padre, un gran y sabio amigo... Le debo mucho como perso-

na, y todo, lo mucho y poco que pueda ser, como periodista. Con él aprendí la importancia absoluta de unos valores evangélicos que repetía hasta la saciedad en sus artículos: libertad, justicia, solidaridad y paz; también, que Dios no tiene bolsillos, porque es pura gratuidad; que si uno da de lo que le sobra, es justo, pero si ofrece de lo que necesita, es solidario; que Dios es aragonés, por su insistencia y cabezonería en no dejarnos, en estar a nuestro lado... También he tenido el honor de que me eligiese –como último deseo y concesión a una jubilación forzada– para sucederle como director de la que fue su revista, Pueblos del Tercer Mundo. Me costó mucho aceptar esta responsabilidad; pues solo él vio en mí cualidades que no creía tener para asumir semejante reto. Necesité, de hecho, de la opinión de otro de sus queridos discípulos para afrontarla: “Si Unciti ha pensado en ti –me dijo este compañero–, es que puedes”. ¡Pero qué difícil fue sucederte, a ti que eras tan grande! Parafraseando a Bertolt Brecht, hay hombres que luchan un día, y son buenos; pero los hay que luchan toda una vida: esos son

los imprescindibles. Mi querido Manolo era de estos últimos. Pero que nadie piense que nos ha dejado del todo. No duerman tranquilos sus detractores. Su espíritu vive. Su pluma, su brío y su carácter estarán siempre al servicio del Evangelio, siendo voz de los que no la tienen, en defensa de la justicia, la libertad, la paz y la fraternidad. Nos lo advertía siempre: “Os enterraré a todos”. Hoy una pléyade de varios cientos de periodistas se han quedado huérfanos y lloran su falta. Pero yo sé bien que Manolo estará muy orgulloso de ellos. Llevan su marca. Para algunos, escarlata; para otros –como diría cierto publicista mediático–, signo de un buen producto. Nosotros solo podemos decir que también estamos muy orgullosos de que haya sido nuestro padre, nuestro confidente, nuestro maestro y amigo, en las penas y en las alegrías, que con él han sido muchísimas. Sigue leyéndonos, pues, Manolo, y perdóname que haya escrito tan largo. Pero tú bien sabes cual era el principal defecto de los “Unciti boys”. La marca de la casa. ALFONSO BLAS NÚM. 141, ENERO DE 2014

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Misioneros Nº 141