Misioneros Nº 221

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EDITADA POR LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS

Nº 221 ENERO AÑO 2022

TERCER MILENIO


Nº 221. ENERO, 2022

TERCER MILENIO EDITA OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS C/ Fray Juan Gil, 5 28002 - Madrid Tfno: 91 590 27 80 Fax: 91 563 98 33 E-Mail: dir.nal@omp.es http://www.omp.es

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en este número... IGLESIA A FONDO El pasado mes de noviembre tuvo lugar la Primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, un momento inédito e histórico en la vida de la Iglesia, llamado a marcar el futuro.

16 PRIMER PLANO

Conocido tiempo atrás como la Suiza de Oriente Medio, hoy en día Líbano no es ni la sombra de lo que fue. El país vive su peor momento político y económico desde 1990.

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INFORME 2022 llega con un calendario sembrado de centenarios de carácter misionero, que nos brindan la oportunidad de revisar la obra de algunas grandes figuras de la Iglesia, a cuyos hombros camina OMP.

30 y además... 7 TRIBUNA

¡Que, donde haya oscuridad, ponga yo luz!

12 EL OBSERVADOR BAHRÉIN - GRECIA/CHIPRE INDIA - MÉXICO

22 ASÍ VA EL MUNDO IRÁN - ETIOPÍA AFGANISTÁN - MYANMAR

36 ENTREVISTA

Ramón Díaz-G Guardamino, misionero diocesano en Etiopía

41 ANIMACIÓN MISIONERA 45 AYUDAMOS A... Laos

48 CULTURA

Gervasio Sánchez, nuestros ojos en el campo de batalla

53 EL CUARTO MUNDO 54 EN EL OBJETIVO 56 MISIÓN VIVA Ángela Lopera, misionera en Angola


EDITORIAL

Clamor de paz, clamor misionero

“E

l clamor de los pobres y de la tierra sigue elevándose hoy, implorando justicia y paz”. Lo atestigua el papa Francisco en su tradicional Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz que se celebra cada 1 de enero. Y, desgraciadamente, confirmar los motivos que causan dicho clamor no le ha supuesto al Santo Padre un gran esfuerzo memorístico. La actualidad de la cotidiana realidad se empecina en recordarnos, al Papa y a nosotros, cómo “el ruido ensordecedor de las guerras y los conflictos se amplifica”, cómo “se agravan los efectos del cambio climático y de la degradación del medio ambiente”, cómo “empeora la tragedia del hambre y la sed” y cómo “sigue dominando un modelo económico que se basa más en el individualismo que en el compartir solidario”. Toda esta conflictiva situación afecta de lleno al mundo misionero, al corazón de la misión. Primero, porque nuestros misioneros y misioneras, con sus oídos abiertos y atentos a este clamor de necesidad, realizan su labor donde ocurren estos dramas. Se encuentran en países en guerra, como Etiopía o Siria; con los pueblos indígenas, denunciando los atentados medioambientales que sufren sus tierras por parte de la minería extractiva, como puede ocurrir en la Amazonia; con los

hambrientos y necesitados de todas las partes del mundo, desde África a Oceanía, pasando por Asia, sin olvidarse de América; con quienes sufren persecución por motivos políticos, religiosos o económicos, y en este grupo se

res, “sin hacer ruido, con humildad y perseverancia”, en esos “artesanos de la paz” que el papa Francisco reclama en su Mensaje que “sean cada vez más numerosos”. Y es que conviene que nos unamos a ellos en su propósito,

La paz, nos dice el papa Francisco, es tanto un don de lo alto como el fruto de un compromiso compartido. podría incluir a ese mar de personas en fuga que son los refugiados e inmigrantes... La lista de situaciones marcadas por el enfrentamiento y la violencia con la que se ven obligados a lidiar nuestros misioneros podría continuar. Pero ¿por qué ellos se encuentran en esos lugares tan necesitados de justicia y paz, de frontera? Pues debido a que estos son los más urgidos de recibir la Buena Nueva del Evangelio, los principios que con su vida nos mostró Jesús, con el fin de garantizar nuestra salvación y de proporcionarnos los cimientos y pilares sobre los que asentar y levantar el Reino de Dios en nuestro mundo, en sus deseos de una humanidad más libre, justa y fraterna. Así las cosas, esos hombres y mujeres admirables que son nuestros misioneros se convierten cada día, en medio de tantas labo-

ya que, como advierte el Santo Padre, el “artesonado” de la paz “nos involucra a todos”. Porque “la paz es tanto un don de lo alto como el fruto de un compromiso compartido”. Si no es, pues, como misioneros, porque no hemos sentido la llamada vocacional a la misión ad gentes, sí como católicos, deberíamos contribuir en la realización de los tres caminos que el Papa propone en su Mensaje para construir una paz duradera: el de ese diálogo entre las generaciones, “como base para la realización de proyectos compartidos”; el de la educación, “como factor de libertad, responsabilidad y desarrollo”; y el del trabajo, con el fin de alcanzar “una plena realización de la dignidad humana”. Avanzar juntos, con valentía y creatividad por estos tres caminos supone responder a un deseo de paz, a un clamor misionero.

EDITA Obras Misionales Pontificias DIRECTOR NACIONAL OMP José María Calderón DIRECTOR Alfonso Blas DISEÑO Antonio Aunés COLABORADORES Rafael Santos, Francisco José Pérez Valero, Dora Rivas, José Beltrán, José TERCER MILENIO Carlos Rodríguez, José Ignacio Rivarés, María Ángeles Castillo, Asier Solana, Israel Íñiguez, Leticia Lanoix, Alberto Bravo, Modeste Munimi, María Jesús Sahagún, Juan Lázaro Sánchez ARCHIVO FOTOGRÁFICO Antonio Aunés, Rafael Santos, Ana Fernández FOTOGRAFÍAS Efe, 123RF SUSCRIPCIONES Roberto Murga DEPÓSITO LEGAL M-48558-1999 ISSN 1695-1034 IMPRESIÓN Gráficas Dehon. PP. Reparadores. C/ La Morera, 23-25. Torrejón de Ardoz, Madrid. Tfno: 91 675 15 36


frasesy yflashes

Felipe García Prieto Hermano de La Salle, misionero en Sudán del Sur La paz no aparece con un toque de varita mágica, sino que se construye día a día. Dios envió a su Hijo para que, siendo uno como nosotros, nos mostrara el camino para hacer de este mundo una tierra donde todos podamos vivir como verdaderos hermanos.

Manuel Julián Gallego Misionero de África en Burkina Faso Estos son los niños y niñas de nuestra parroquia en Bobo-Dioulasso. Todos los días, ellos son nuestra Navidad: al verlos aprendiendo, jugando, peleándose o rezando, descubrimos el amor de Dios por cada uno de nosotros.

Manel Morancho Sacerdote salesiano en Cuba

Montserrat García Misionera comboniana en México, Ecuador y el SCAM Dios camina con los pobres. Eso lo he experimentado en todas las misiones en que he estado: que Dios no abandona a su pueblo, que Dios no abandona a los que confían en Él. Por eso, nosotras, como misioneras, intentamos siempre ser este signo del amor de Dios en medio de los pueblos pobres donde trabajamos.

El misionero ha de dejar todo lo que tiene para dar todo lo que es. Esta entrega sin límites es lo que da sentido auténtico a la vida, y puedes de verdad encontrar la felicidad y dar el mayor testimonio posible.

Encarnita Cámara Misionera comboniana en Uganda Entre las muchas cosas que he visto en los 37 años que llevo en África, lo que más me ha llamado la atención es el cambio que la fe produce. La fe cambia, y hay gente que se abre al Evangelio, y eso es algo que he visto y oído y que me llena de gozo.


TRIBUNA

¡Que, donde haya oscuridad, ponga yo luz! Por D. José María Calderón.

J

esús es la Luz del mundo (cf. Jn 8,12); no soy yo, sino Él quien lo dice. Jesús ha venido a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte (cf. Lc 1,79). De hecho, el nacimiento del Salvador se describe como la gloria del Señor que envolvió de claridad a los pastores (cf. Lc 2,9). El anciano Simeón, a los 40 días del nacimiento de Jesús, lo coge en brazos y exclama: “Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel” (Lc 2,30-32). “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados” (Mt 11,4-5). Ese es Jesús, el Mesías; el que, reclinado en el pesebre, ya llenaba de esperanza y alegría a quien le contemplaba; el que tenía palabras de vida eterna... Podríamos continuar haciendo una gran alabanza a la persona y obra del Señor sobre los pobres y los desanimados. Pero miremos a nuestro alrededor. ¿Qué vemos? Todavía el mundo vive en oscuridad. Todavía la luz del Evangelio no ha iluminado el corazón de los hombres. La gran mayoría de los niños que nacen en este mundo morirán sin haber tenido la opor-

Director Nacional de OMP

tunidad de conocer al Maestro. “Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído?; ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?; ¿cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie? y ¿cómo anunciarán si no los envían?” (Rom 10,14-15a). La Infancia Misionera es como una campanada a la conciencia de la Iglesia, para poner ante nuestros ojos esa realidad que

mundo!”. Jesús, chaval de doce años, se pierde por la ciudad santa. Sus padres, José y María, le encuentran junto a los doctores de la ley, hablando de Dios y de su promesa de salvación, y “todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba” (Lc 2,47). Jesús, aun siendo niño, es la Luz del mundo y ha venido a iluminar a todos los hombres con pala-

Jesús ha venido a iluminarnos con palabras de esperanza y nos ha hecho a nosotros, los cristianos, portadores de su luz. motivó el origen de esta Obra: millones de niños viven y mueren sin la esperanza de la salvación, sin la alegría de saberse amados por un Dios Padre que les cuida con ternura y que les quiere tal como son, con sus pobrezas, limitaciones y pecados... La Infancia Misionera es un precioso regalo que el Espíritu Santo hizo a la Iglesia, a través de Mons. de Forbin-Janson, para recordar que el Evangelio es para todos y que los cristianos, también los niños cristianos, podemos y debemos hacer algo porque la luz de la fe se vaya extendiendo por el mundo, “hasta los confines de la tierra”. Lo contrario es egoísmo o... ¿quizás falta de fe? El lema, este año, es “Con Jesús a Jerusalén. ¡Luz para el

bras de esperanza y de confianza, y nos ha hecho a nosotros, los cristianos, también a los niños cristianos, luz, portadores de su luz. Por eso, urgen misioneros que se enamoren del Señor y tomen la decisión de llevar a Cristo a los niños que no tienen la oportunidad de ser tocados por el dedo misericordioso del Padre; urge que, en esta Jornada de Infancia Misionera, todos, también los niños cristianos, sintamos la responsabilidad de poner lo que está de nuestra parte para que Jesús sea conocido y amado por todos esos chicos y chicas que, como escuchó santa Teresa de Calcuta, claman: “¡Tráenos a Jesús!”. Y por eso es tan importante nuestra oración, nuestro sacrificio, ¡nuestra limosna!, en esta Jornada. NÚM. 221, ENERO DE 2022

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IGLESIA A FONDO

Mons Miguel Cabrejos, presidente del CELAM

El pasado mes de noviembre tuvo lugar la Primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, un momento inédito e histórico en la vida de la Iglesia, que puede marcar el futuro. De hecho, en la rueda de prensa final, el presidente del CELAM, monseñor Miguel Cabrejos, no dudó en afirmar que estábamos ante algo que no tiene más vuelta atrás.

D

esde antes del Concilio Vaticano II, el Episcopado de la Iglesia de América Latina y el Caribe se ha reunido para debatir sobre el camino a seguir. Hasta ahora se han celebrado cinco Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano y Caribeño. La primera fue en 1955, en Río de Janeiro, momento que puede considerarse como la fundación del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). En este encuentro, ante la falta de sacerdotes en el continente, la reflexión giró en torno a los pasos a dar para fomentar las vocaciones sacerdotales y religiosas. 16 misioneros

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La segunda Conferencia General tendrá lugar trece años después, en 1968, en Medellín, donde se hará un análisis de la realidad del continente a la luz de las directrices del Vaticano II. Se buscaba una recepción creativa del Concilio y esbozar el rostro concreto que había de ser asumido por la Iglesia del continente, buscando igualmente un compromiso eclesial en los grandes cambios sociales que se estaban viviendo en aquel entonces. Pasarán once años hasta que se celebre la tercera Conferencia General del Consejo Episcopal Latinoamericano, esta vez en Puebla, que acogerá en enero de 1979 el en-

cuentro de los obispos del continente, teniendo como punto de partida la exhortación apostólica del papa Pablo VI Evangelii nuntiandi. El Documento final, dividido en cinco capítulos, analiza la realidad del continente desde una visión pastoral, hace una lectura de los designios de Dios ante esa realidad, aborda la evangelización desde las categorías de comunión y participación, impulsa una Iglesia misionera al servicio de la evangelización y propone acciones pastorales. Santo Domingo, en 1992, será la sede de la cuarta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribeño, que tendría


como tema “Nueva evangelización, promoción humana, cultura cristiana”. Tras las discusiones llevadas a cabo durante el encuentro, los obispos asumirán el compromiso de luchar por la promoción humana de los pueblos que habitan el ámbito latinoamericano y caribeño, teniendo como base la evangélica y renovada opción preferencial por los pobres, al servicio de la vida y de la familia. Se insistirá en la evangelización inculturada, encarnada en la cultura urbana, indígena y afroamericana, haciendo hincapié en la educación y la comunicación como elementos fundamentales.

La última Conferencia General del CELAM se celebró en 2007 en Aparecida y giró en torno al tema “Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos tengan en Él vida”. La prioridad fue reflexionar sobre la importancia decisiva de la misión en la Iglesia, instaurando la misión conti-

nental como camino que desarrollar por parte de la Iglesia de América Latina y el Caribe.

Una idea del papa Francisco

Si uno se fija en la periodicidad de estas Conferencias Generales del Episcopado de América LatiNÚM. 221, ENERO DE 2022

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IGLESIA A FONDO

na y el Caribe, puede darse cuenta de que sería el momento de una sexta cita. Así se lo planteó al papa Francisco la actual presidencia del CELAM. Sin embargo, para sorpresa de muchos, el Santo Padre dijo que, mejor que una nueva Conferencia General del Episcopado, sería una Asamblea Eclesial, donde participasen no solo los obispos, sino también sacerdotes y diáconos, la vida religiosa y el laicado, que llegaría a constituir el mayor grupo entre los asambleístas. Ya en la presentación de la Asamblea, el 24 de enero de 2021, el Papa dejó claro que se trataba de “una reunión del Pueblo de

Dios: laicas, laicos, consagradas, consagrados, sacerdotes y obispos”. Según el Santo Padre, conocedor del Documento de Aparecida, del que fue relator general, siendo arzobispo de Buenos Aires, “hoy todavía tenemos que aprender mucho de Aparecida”. En el momento de su lanzamiento, la Asamblea Eclesial era vista por Francisco como un punto de encuentro y un itinerario para todos los miembros de la Iglesia, con el propósito de buscar la vo18 misioneros

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luntad de Dios desde la oración, el intercambio del pensamiento y el debate. Por eso, puso como condición para la Asamblea que se llevase a cabo como Pueblo de Dios, para que no fuese una “élite”, sino un espacio donde todos fuesen reconocidos, una muestra de la Iglesia sin exclusión. Junto con esta petición, solicitó que la oración acompañase la preparación. Una de las características fundamentales de una Iglesia sinodal es la escucha. El Sínodo para la

Amazonía marcó un antes y un después en ese sentido, pues se demostró la importancia de esa escucha dentro de todo el proceso sinodal, hasta el punto de que muchos de los que participaron de ese proceso sintieron su voz recogida en el Documento final del Sínodo y en la exhortación postsinodal Querida Amazonia. Esta vez las dificultades eran mayores, pues no podemos olvidar que el proceso de escucha se llevó a cabo en el contexto de la pandemia del Covid-19, que ha afectado gravemente al continente americano. Para ello se ofreció la posibilidad de participar virtualmente de dicho proceso, tanto de forma individual como en grupo, a lo que se unieron los foros temáticos, donde fueron abordadas cuestiones presentes en la realidad social y eclesial de América Latina y el


manente de misión, que configure “una Iglesia fuera de sí”, que deja atrás la comodidad “para llevar la buena nueva de la salvación a todas las periferias territoriales y existenciales”.

Caribe. Fueron más de 70.000 los participantes en ese proceso de escucha en preparación de la Asamblea Eclesial –un número importante, dadas las circunstancias que el mundo está viviendo–, que fue iniciado a mediados del mes de abril y cerrado a finales de agosto.

El “Documento para el discernimiento”

Como fruto de una participación plena, de todo el Pueblo de Dios, podemos considerar el Documento para el discernimiento de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, elaborado a partir de todo lo que fue recogido en el proceso de escucha. El texto señala que estamos ante algo del Espíritu, “que nos sorprende y nos lleva por caminos nuevos de conversión y renovación personal, comunitaria e institucional”. Una inicia-

tiva inspirada en el Sínodo para la Amazonía, visto como “una expresión privilegiada de sinodalidad”, que tuvo como uno de sus frutos la creación de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), una novedad en la historia de la Iglesia, de la que forman parte todas las categorías del Pueblo de Dios, inclusive los representantes de los pueblos originarios. Como recogía el documento, con la Asamblea Eclesial se quería buscar “un renovado protagonismo de los bautizados”, depositarios del sensus fidelium, un Pueblo de Dios con espíritu sinodal, buscando que esa sinodalidad llegue a ser “una forma natural de ser Iglesia”, donde todos son parte activa y tenidos en cuenta. Un Pueblo de Dios en salida hacia las periferias existenciales, consecuencia de una Iglesia en estado per-

Con la Asamblea Eclesial se ha querido buscar a través de la escucha la voluntad de Dios, discernir los signos de los tiempos, y atender los gritos y esperanzas de los pobres, de nuestra hermana madre tierra y de todo el Pueblo de Dios, sin excluir a nadie, según el Documento para el discernimiento. Todo ello, ante una pandemia que ha tenido graves consecuencias en América Latina y el Caribe, aunque también ha generado cambios de actitud personales y comunitarios. Se ha querido avanzar en “una Iglesia abierta a la diversidad, que aprecie y fomente el encuentro y el diálogo respetuoso entre los diversos miembros del Pueblo de Dios”. Ante la gran variedad de carismas y ministerios, y la multiplicidad sociocultural en el continente, la Iglesia es llamada “a ser una Iglesia abierta a la diversidad, una Iglesia de todos y para todos”. Esto marcó los retos pastorales que serían debatidos durante la AsamNÚM. 221, ENERO DE 2022

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IGLESIA A FONDO

blea Eclesial, entre los cuales destacaron las fuertes críticas al clericalismo y todas las consecuencias que desencadena en la vida de la Iglesia. Uno de los momentos más importantes dentro de la Asamblea Eclesial fueron los grupos de discernimiento comunitario, donde se mezclaron los asambleístas. Tanto los que estaban en la sede de la Conferencia Episcopal Mexicana, como aquellos que participaban de forma remota, así como los diferentes estamentos del Pueblo de Dios, formaron parte de estos grupos, en los que se fue avanzando en los pasos a dar por la Iglesia de América Latina y el Caribe. Fueron grupos donde los participantes se sintieron escuchados, donde todo el mundo tenía voz, donde se pudieron compartir realidades presentes en las diferentes Iglesias particulares que forman parte del continente americano, pues también hubo representantes de Estados Unidos y Canadá. También hubo aportaciones de las diferentes vocaciones en la Iglesia. Hombres y mujeres que compar20 misioneros

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tieron aquello que está presente en sus vidas, pero también en las de las comunidades donde viven su fe. Algo que sin duda enriquece la vida de una Iglesia dispuesta a aprender unos de otros. Todo ello condujo a los desafíos pastorales elaborados al final de la Asamblea, que en los próximos meses se deben concretar en cada una de las regiones y Conferencias Episcopales que forman parte del CELAM. Entre ellos están el protagonismo de los jóvenes, el acompañamiento a las víctimas, la mayor participación de las mujeres, la promoción y defensa de la vida, impulsar la sinodalidad y erradicar el clericalismo, escuchar el clamor de los excluidos, la formación en los seminarios, la ecología integral, y el acompañamiento de los pueblos originarios y afrodescendientes.

Un camino que continúa

Recuperando lo vivido en Aparecida, la Asamblea Eclesial ha sido un paso más en “un camino de conversión decididamente misionera”, que tiene como presupuesto la ne-

cesidad “de mayor responsabilidad pastoral”, como recoge el Mensaje final de la Asamblea. Esta puede ser considerada como “una verdadera experiencia de sinodalidad, en la escucha mutua y en el discernimiento comunitario de lo que el Espíritu quiere decir a su Iglesia”. Ha sido un momento para reflexionar y denunciar los dolores presentes en la sociedad –que afectan a los vulnerables y tienen como telón de fondo la cultura del descarte– y en la propia Iglesia –lo que llevó a denunciar el clericalismo y el autoritarismo en las relaciones, que se convierte en un gran obstáculo para la sinodalidad–. Pero también, para reconocer las esperanzas, nacidas de “un espacio de encuentro y apertura para la transformación de estructuras eclesiales y sociales que permitan renovar el impulso misionero y la cercanía con los más pobres y excluidos”.


Una Asamblea presencial y virtual

L

a virtualidad, sabiendo de sus limitaciones, ha ganado un papel decisivo en los últimos años, un proceso acelerado por la pandemia. La Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe se llevó a cabo de modo presencial, con unos 80 participantes en

Entre aquellos que llegaron de otros continentes y realidades eclesiales se ha destacado la sinodalidad que anima la vida de la Iglesia en América Latina y el Caribe. Cabe citar al cardenal JeanClaude Hollerich, relator general del próximo Sínodo, que dijo encontrar en la Asamblea elementos que le ayudaban a ver más claro los pasos a seguir de cara al próximo Sínodo; una experiencia también relatada por el cardenal Mario Grech, secretario del Sínodo de los Obispos. La opinión es compartida por el cardenal Gracias, que no dudó en afirmar que la Iglesia de América Latina y el Caribe es líder en sinodalidad, algo que ya pudo comprobar en el Sínodo para la Amazonia del que formó parte como padre sinodal. Un calificativo que también destacó Austen Ivereigh, biógrafo del papa Francisco, que también participó de la Asamblea Eclesial.

Lo más importante de todo este acontecimiento es que se ha demostrado que es posible poner en práctica la sinodalidad, inclusive en ámbito continental. Por encima de las críticas, que muchas veces parecen responder a intereses personales, podemos decir que la sinodalidad no es algo teórico y sí un modo de ser Iglesia que tiene que ser vivido en todos los niveles; desde las pequeñas comunidades, hasta las decisiones que son tomadas en la Iglesia universal. Superar las resistencias será un desafío que la Iglesia habrá de afrontar dentro de un proceso que debe llevar a recuperar la esencia del cristianismo, una religión que tiene en la comunidad su auténtica expresión. Es momento de superar los miedos y apostar por el modo de ser Iglesia en el siglo XXI, una Iglesia sinodal. LUIS MIGUEL MODINO Misionero de la OCSHA

Ciudad de México, y virtual, llegando a unos 1.000 asambleístas en total. Fueron unos 200 obispos, 200 sacerdotes y diáconos, 200 representantes de la vida religiosa y 400 miembros del laicado. A pesar de las dificultades técnicas –algo normal, si tenemos en cuenta el alto número de intervinientes–, se consiguió tener la sensación de una única Asamblea, como han reconocido muchos de los participantes en los dos modos. Esto abre nuevas posibilidades para futuros encuentros eclesiales, inclusive para el Sínodo sobre la sinodalidad. NÚM. 221, ENERO DE 2022

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PRIMER PLANO

LÍBANO La sombra amarga de lo que fue Lo llamaban la Suiza de Oriente Medio. Líbano gozaba de una tasa de alfabetización envidiable y un crecimiento económico basado en su cultura milenaria del comercio, además de un prometedor sector turístico que empezaba a despegar. Su capital, Beirut, atraía a organismos internacionales presentes en Oriente Medio en busca de una sede central con buena logística, y también a miles de estudiantes que frecuentaban su prestigiosa Universidad Americana, fundada a finales del siglo XIX. Hoy el país no es ni sombra de lo que era, y vive su peor momento político y económico desde 1990. 26 misioneros

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T

odos los indicadores son muy preocupantes: según el Banco Mundial, la economía ha retrocedido un 25% durante el último año, la inflación supera el 100 por 100 y su moneda, la libra libanesa, se ha devaluado, pasando de un cambio de 1.500 con respecto al dólar, a 21.000. Esto se traduce en unas condiciones de vida que se han degradado durante los dos últimos años: el 80% de los libaneses viven hoy en la pobreza, la mitad de la población activa está en paro y los medicamentos se han convertido en un artículo de lujo. Un bote de leche en polvo para bebés cuesta la sexta parte del salario mínimo y para comprar un bidón de 20 litros de gasolina hay que desembolsar la mitad del sueldo mensual de un funcionario (50 dólares, con

suerte). Según datos del propio Gobierno, desde el comienzo de la crisis más reciente, en octubre de 2019, un millón de libaneses –el equivalente a la sexta parte de la población– se han marchado del país y, para más inri, la mayoría de los que emigran son los más preparados: médicos, enfermeros, ingenieros, profesores… ¿Cuándo empezaron las cosas a torcerse? Hacía ya dos años que la tensión social aumentaba, con numerosas protestas que pedían una reforma a fondo del Estado, pero, si miramos a fechas clave más recientes, todos señalan el 4 de agosto de 2020, cuando dos explosiones en un almacén del puerto de Beirut con 2.750 toneladas de nitrato de amonio dejaron 218 muertos, 5.000 heridos y un número aún desconocido de desapa-


recidos. Barrios enteros quedaron arrasados. Las detonaciones fueron tan fuertes que se oyeron en Chipre, a 248 kilómetros de distancia, y hubo suerte de que la mitad de la onda expansiva se fuera por el mar, lo que evitó que el desastre fuera aún mayor. A partir de entonces, las protestas callejeras se intensificaron: los libaneses pidieron responsabilidades por las explosiones y apuntaron a la corrupción como la causa principal, forzando al Gobierno a dimitir una semana después. El país estuvo 13 meses sin Ejecutivo, hasta que, en septiembre de 2021, Najib Mikati, antiguo jefe del Ejército y considerado como el hombre más rico del Líbano, fue nombrado primer ministro, un cargo que ya ejerció en dos ocasiones anteriores. No es la primera vez que Líbano ha conocido un periodo de vacío de poder. El actual presidente, Michel Aoun, fue elegido por el Parlamento en 2016, tras dos años en los que el país no tuvo un jefe del Estado en ejercicio. Pero la formación de un nuevo Gobierno no ha acabado con la crisis política y, varios meses después, todavía no existe un plan de reconstrucción. La investigación sobre las explosiones de 2020 está en punto muerto y esto ha despertado viejas rivalidades entre varias facciones, sobre todo después de que los ministros del tándem chií (Amal y Hezbolá) se negaran a comparecer ante el juez que lleva el caso de la explosión del puerto, Tarek al-Bitar. La situación se agravó el 14 de octubre, cuando el partido Hezbolá (que cuenta con una nutrida milicia) organizó una protesta contra alBitar. Durante la concentración, varios francotiradores empezaron a disparar contra los manifestantes, causando siete muertos. Cua-

tro días después, el líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, acusó al líder de Fuerzas Libanesas (un partido cristiano), Samir Geagea, de estar detrás del ataque, algo que el líder derechista negó.

Inestabilidad

Líbano es un pequeño país que siempre ha estado en el centro de las tensiones de Oriente Medio. En él convergen una historia de comunidades musulmanas y cristianas que no consiguen vivir juntas, y una posición geográfica poco envidiable, próxima a los conflictos de Israel y de Siria. Líbano fue protectorado francés tras el hundimiento del Imperio otomano,

cuando Francia y Reino Unido se repartieron el control de la zona, muy rica en recursos, sobre todo en petróleo. Tras su independencia, en 1943, el país quedó con un sistema político basado en el censo de la población realizado 20 años atrás: el presidente tiene que ser un cristiano maronita; el primer ministro, un musulmán sunita; y el presidente del Parlamento, un musulmán chií. El país no ha actualizado el padrón, pero todos saben que la realidad social del Líbano ha cambiado mucho, sobre todo porque los cristianos han disminuido en número ante el empuje demográfico de la comunidad chií. En

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el Líbano las autoridades han preferido no realizar nuevos censos, por miedo a que un cambio en el sistema de representación política pudiera abrir la caja de los truenos y provocar más conflictos. Desde entonces, este reparto confesional ha intentado meter con calzador a 18 comunidades reconocidas: 12 cristianas y cuatro musulmanas, a las que hay que añadir las minorías drusa y judía. Es un esquema que se aplica no solo en la cúpula del Estado, sino también en los nombramientos de todos los funcionarios. Muchos observadores políticos señalan que la mayor debilidad de este sistema es que nadie piensa en el interés nacional, sino solo en el beneficio de la propia comunidad. La consecuencia más nefasta es que hoy, como ayer, siguen mandando los señores de la guerra, o sus hijos o familiares. Pro28 misioneros

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blemas cotidianos, como la seguridad, el suministro de electricidad y agua o la recogida de basura, se pueden eternizar, porque nadie toma decisiones. Esto explica la tragedia de las explosiones de 2020 en el puerto: toneladas y toneladas de material con peligro de explosión se acumularon desde 2014 sin control y sin que nadie hiciera caso de los avisos de peligro. A esto se une el hecho de que Líbano se ha encontrado siempre en el ojo del huracán de los conflictos de Oriente Medio. La guerra civil, de 1975 a 1990, acabó sin que se resolvieran sus causas profundas. Durante las décadas sucesivas ha habido una frágil paz, pespunteada de numerosos incidentes violentos: dos atentados en 1983 contra una base de marines de Estados Unidos (241 muertos), otro contra una base de soldados

franceses (58 muertos) y numerosos asesinatos con motivaciones políticas, como el del primer ministro Rafic Hariri en 2005. El país tiene decenas de miles de refugiados palestinos y sus descendientes, repartidos en 12 campos, a los que se intentan ganar las milicias rivales de Fatah y de Hamás. Un choque entre ambas durante un funeral el pasado 12 de diciembre se saldó con tres muertos. También hay de vez en cuando ataques israelíes, a pesar de la presencia de una misión de mantenimiento de la paz de la ONU desde 1978. Irán, el principal enemigo de Israel en la región, sostiene a Hezbolá, que, desde hace décadas, lucha contra la presencia israelí en el sur del país y tiene más fuerza militar que el propio Ejército libanés. La influencia iraní ha envenenado los vínculos entre Líbano y


Arabia Saudita, hasta el punto de que el año pasado rompieron sus relaciones diplomáticas. Otras tres monarquías del Golfo, Emiratos, Bahréin y Kuwait, siguieron los pasos de Riad poco después. La proximidad de los conflictos de Siria y Yemen contribuye también a alimentar la inestabilidad en la política exterior del Líbano. Ante esta situación, muchos en el país sobreviven gracias a sus familiares en la diáspora. Se calcula que hay en el mundo cerca de diez millones de libaneses que trabajan fuera de su tierra, es decir, casi el doble de los residentes. Según estadísticas oficiosas, el 65% de los que viven dentro tiene al menos un miembro de su familia en el extranjero. Unos 300.000 trabajan en las monarquías del Golfo, y muchos otros se han instalado desde hace décadas en paí-

ses de África occidental y central, donde son dueños de restaurantes, supermercados, hoteles y sociedades inmobiliarias, además de controlar importantes sectores económicos, como minas o explotación de maderas. Ante la desastrosa situación por la que atraviesa su nación, la mayor parte de ellos no tienen planes de regresar y terminan adquiriendo para sus familias la nacionalidad del país donde se han instalado.

La Iglesia pide diálogo

Durante el año pasado, en busca de una salida a esta grave crisis, la Iglesia ha realizado grandes esfuerzos por hacer frente a la situación del Líbano. El 14 de junio, en la asamblea general de la Iglesia maronita, el patriarca de esta comunidad, el cardenal Béchara Boutros Raï, denunció los males que afectan al país y acusó a los políticos de negligencia. En la misma ocasión, el cardenal Raï pidió convocar una conferencia nacional bajo los auspicios de Naciones Unidas. En agosto, el obispo maronita de Beirut, monseñor Paul Abdel Sater, afirmó que la solución a los males del país era el diálogo entre las comunidades y que este esfuerzo debía venir de los propios libaneses, argumen-

tando que hasta la fecha todas las soluciones impuestas desde fuera han resultado ser un desastre. El papa Francisco convocó el 1 de julio una jornada de diálogo y reflexión en el Vaticano, en la que participaron los principales líderes cristianos del país (católicos, ortodoxos y protestantes). Pocos meses después, en noviembre, tuvo lugar la Asamblea de Patriarcas y Obispos Católicos del Líbano, en torno al tema de “la purificación de la memoria nacional”. Los obispos libaneses insistieron en que necesariamente “cada una de las partes está llamada a realizar un profundo examen de conciencia y una lectura crítica de su propia trayectoria política”. Si atendemos a que los evangelios dicen que Jesús predicó en Tiro y Sidón, la historia del cristianismo en el Líbano no puede ser más antigua. Según datos actualizados de Ayuda a la Iglesia Necesitada, los cristianos libaneses (ortodoxos, católicos y protestantes) constituyen hoy aproximadamente el 35% de la población, el porcentaje más alto de cristianos en un país árabe. La Iglesia católica representa las tres cuartas partes de los cristianos y aglutina a varias comunidades, en su mayoría de rito oriental: la maronita (fundada en el siglo V), la caldea, la grecomelquita, la armenia, la siriaca y la latina. Como el resto de los cristianos, los católicos tienen que hacer frente a numerosos desafíos: la presión del fundamentalismo de Hezbolá, la emigración de muchos de sus fieles y el secularismo creciente. Además, la crisis económica ha hecho que cada vez sea más difícil mantener muchas de las obras sociales de la Iglesia, sobre todo las escuelas católicas. JOSÉ CARLOS RODRÍGUEZ NÚM. 221, ENERO DE 2022

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INFORME

Este año 2022, que ya está entre nosotros, llega con un calendario sembrado de muy memorables centenarios eminentemente misioneros. El mayor en el tiempo, que no el único: el 400 aniversario de la creación de Propaganda Fide, dicasterio que en 1988, con el santo papa polaco Juan Pablo II, pasó a denominarse "Congregación para la Evangelización de los Pueblos".

A

ctualizó su nombre. Pero, 400 años después, los fines del dicasterio del que dependen las Obras Misionales Pontificias (OMP) siguen siendo esencialmente los mismos que tenía cuando nació: “Conseguir que sea cada vez más evidente y eficaz que toda la Iglesia, por su propia naturaleza, es misionera. Y

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que todo el Pueblo de Dios tome conciencia de su compromiso misionero, colaborando en él con la oración, con el testimonio de su vida y con el apoyo económico”. Así lo explica el cardenal filipino Luis Antonio Tagle, actual prefecto de la sobredicha Congregación. Esta suerte de “ministerio vaticano”, que tiene su sede en el ba-


rroco palacio de Propaganda Fide, fue fundado por el pontífice Gregorio XV el 6 de enero de 1622. Año, en el que, por cierto, además de Teresa de Ávila, también fueron elevados a la gloria de los altares el navarro santo Patrón de las Misiones, Francisco de Xavier; su amigo, compañero y fundador, Ignacio López de Loyola; e Isidro, el sencillo labrador que llegó a ser Patrono de Madrid. Y con ellos, el florentino y “apóstol de Roma”, Felipe Neri. El mencionado palacio, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, fue sede primera –verano de 1627– del Pontificio Colegio Urbano para la educación de los misioneros católicos, y sede de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide. Desde sus comienzos, la Compañía de Jesús estuvo al frente de ese colegio. En el siglo XVII llegó a contar con 450 estudiantes. En 1833 Vicente Pallotti, sacerdote fundador de los palotinos y precursor de la Acción Católica, fue su director espiritual. También allí se formó, tras dejar de ser anglicano para hacerse católico, el cardenal y santo John Henry Newman, canonizado por el papa Francisco el 13 de octubre de 2019. En sus aulas –ahora, en el Gianicolo– se siguen formando hoy seminaristas no europeos: al presente, son 165 los alumnos procedentes, sobre todo, de África y Asia (India, China, Vietnam...). Además, el dicasterio ayuda al Papa en la creación y organización de las diferentes circunscripciones eclesiásticas (diócesis, ordinariatos, vicariatos, prefecturas apostólicas...). Muchas Iglesias locales de todo el mundo han sido confiadas a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Actualmente, son más de un millar: 1.117. En África hay 517. En Asia, 483. En América, 71. Y en Oceanía, por último, 46.

El monumental edificio romano también, y sobre todo, encierra el alma y la principal razón de ser de la Iglesia católica: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado” (Mt 28,18-20). La última instrucción que dejó Jesús a sus discípulos, antes de su ascensión a los cielos, fue ese gran mandato misionero: que proclamaran sus enseñanzas a todas las naciones.

Una laica y un obispo

Las cuatro Obras Misionales, que están presentes en casi todas las Iglesias de los cinco continentes y tienen su sede central en el citado palacio de Roma, también cuentan con buenas razones para celebrar. La primera de todas ellas, la Obra de la Propagación de la Fe, cumple 200 años. Fue fundada el 3 de mayo de 1822 por Paulina Jaricot. Paulina María, la menor de siete hermanos, era un buen partido. Su padre, dueño de una fábrica de sedas, industrial afortunado. Esta muchacha lionesa, seglar, de familia bien acomodada, siendo quinceañera, tuvo, como cualquier otra Palacio de Propaganda Fide (Roma)

adolescente, su etapa de culto a la vanidad. Se sabía moza guapa y pasaba por ser una damisela coqueta. Pero eso acabó bien pronto. En llegando a los 17, una dura caída y el fallecimiento de su madre sobrevinieron casi a la vez. Entonces, experimentó a un tiempo el dolor físico y el espiritual. Para colmo de coincidencias, el primer domingo de Cuaresma la joven y presumida Paulina hubo de escuchar el sermón de un sacerdote que predicó sobre la vanidad y sus ilusiones. Se sintió tan identificada con la imagen que dibujó el cura en su homilía que, al momento, Paulina se dijo “¡basta!”.


Pío XI

Aquellas palabras fueron la cerilla que incendió su corazón y su vida en favor de la causa misionera. Paulina Jaricot dio la espalda a los vestidos “de marca”, a los zapatos y sombreros deslumbrantes... Optó por vestirse como vestían las jóvenes que trabajaban en la fábrica familiar. Adelantándose a su tiempo, ya apuntaba maneras. Iba a convertirse en pionera de la cooperación misionera organizada. Con las empleadas de la sedería, ahora dirigida por su hermana y su cuñado, decidió ayudar a las misiones con oraciones y una pequeña contribución semanal de un céntimo por semana de cada persona involucrada. La semilla creció y otros grupos se unieron para ayudar a todas las misiones. Esto condujo a la fundación, en 1822, de la Asociación para la Propagación de la Fe, dedicada a ayudar a los esfuerzos misioneros en todo el mundo. El 3 de mayo de 1922 (¡otro centenario!) el papa Pío XI concedió a la Obra de la Propagación de la Fe el título de “Pontificia”. Sus objetivos son bien netos y precisos: impulsar un movimiento universal de solidaridad y unidad con las Iglesias más jóvenes en los territorios de misión. Solidaridad que se materializa en la ofrenda aportada en las misas de la Jornada Mundial de las Misiones, penúltimo domingo de octubre; en España, el popular Domund. Fieles de todo el mundo contribuyen con sus donativos al Fondo Universal de Solidaridad de esta obra. Fondo que se convierte en ayudas a los proyectos más urgentes y necesarios que las Iglesias pobres de todo el mundo presentan cada año a Roma. Esta Obra aspira a mantener despierto el interés misionero todo el año, a través de la oración, la formación, el testimonio misionero y la ayuda económica. 32 misioneros

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También la Infancia Misionera –bautizada, al nacer, como la Santa Infancia– alcanza este 2022 los 100 años de la concesión del título de “Pontificia”, otorgado igualmente ese 3 de mayo de 1922. Fue, con muchos años de diferencia, la primera organización mundial dedicada a la infancia. Y todo, gracias al firme y colosal empeño del obispo francés Carlos de For-

bin-Janson (1785-1844), nacido en París, en medio de una familia de la aristocracia provenzal. Su padre, conde de Forbin-Janson; su madre, princesa de Galéan. Eso fue cuatro años antes de que estallara la Revolución francesa. Revolución que, como se sabe, puso patas arriba al Antiguo Régimen. Carlos de Forbin-Janson y su familia conocieron el exilio forzoso en Alemania. Terminada su etapa como “refugiado”, en 1799 pudo regresar a su país. Contaba, entonces, apenas 15 años. Cuando tenía 21, Napoleón Bonaparte le nombró auditor en el Consejo de Estado. A pesar de la excelente carrera que se le presentaba, el joven y afortunado Forbin-Janson optó por seguir muy otros derroteros. Dios tenía preparado para él un destino radicalmente distinto. Contra viento y marea, incluso contra el parecer familiar, el joven Carlos dejó a un lado riquezas y altos cargos. Dio la espalda a las muchas ambiciones y vanidades que tenía al alcance de la mano. Y, en pleno invierno de 1809, tiró por la calle de en medio: ingresó en el parisino seminario de San Sulpicio.


2022: AÑO DE CENTENARIOS EN OMP

INFORME

Era de carácter recio y austero. Se dice que, durante la noche, dejaba las ventanas abiertas a fin de dormir poco; solo lo justo para que su cuerpo se recuperara... Así, hasta 1818, en que, a los 33 años, es ordenado sacerdote en la ciudad de Chambery, cerca de Lyon. Al poco, llega a ser vicario general y responsable del seminario. Más tarde, su acreditada competencia, le lleva a ser obispo de Nancy. En ese camino, monseñor de Forbin-Janson tropezará con esa otra gran adelantada a su tiempo que fue su paisana Paulina Jaricot, la citada lionesa fundadora de la Obra para la Propagación de la Fe.

dote de las Misiones Extranjeras de París, en que se presentaba con todo detalle la triste situación de muchos niños chinos, abandonados por sus padres. La pobreza de las familias y el desprecio en los hogares rurales hacia las niñas –menos capacitadas para afrontar las duras tareas campesinas– propiciaban tales abandonos. Y parece que la costumbre todavía anida en el subconsciente colectivo de los chinos. De ahí, el abultado número de niñas chinas que son ofrecidas en adopción. El Aviso daba cuenta de cómo los misioneros recogían a niños abandonados y los entregaban a

de todas las misiones. Su objetivo: que los niños ayuden a los niños. Cada uno, que lo haga según sus posibilidades. Pero que todos participen en ese afán. Antes de los diez años de su fundación en París, la Santa Infancia llegó a España en 1852, a instancias del arzobispo de Toledo, Juan José Bonel, y bajo el patrocinio de Isabel II. La reina quiso que su primogénita, la Princesa de Asturias, fuera “primera asociada, fundadora y protectora de la Obra”. Carlos de Forbin-Janson murió a los 58 años. El 11 de julio de 1844 pudo decir: “¡Misión cumpli-

Pero antes tropieza con los dramáticos testimonios que, desde China, envían los sacerdotes de la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París, instituto al que había barajado unirse él mismo. Así, llegó a sus manos –y a su corazón– el Aviso a las almas caritativas de Europa, documento fechado en octubre de 1779 y escrito por Juan Martín Moyë, sacer-

las familias cristianas... Un mensaje que vino a ser germen y anticipo de la Obra Misional de la Santa Infancia, que nacería en 1843. La fe empujó a monseñor de ForbinJanson hasta el fondo de los valores del lema revolucionario: “Liberté, égalité, fraternité”. Y se lanzó a movilizar a todos los niños cristianos en favor de los niños pobres, primero de China y, poco después,

da!”. Su mérito se acrecienta al saber que otras organizaciones o iniciativas humanitarias en favor de la infancia tuvieron que esperar muchos años para nacer.

Cuidar las vocaciones, cuidar la formación

La Obra de San Pedro Apóstol recibió el apellido de “Pontificia” el mismo día que las de PropaNÚM. 221, ENERO DE 2022

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I N F O R M E 2022: AÑO DE CENTENARIOS EN OMP

gación de la Fe e Infancia Misionera: 3 de mayo de 1922. Nació de la mano de dos admirables mujeres seglares, madre e hija, también francesas: Estefanía Cottin y Juana Bigard. Ambas habían trenzado ya una estrecha relación con las Misiones Extranjeras de París. Por esa vía, conocieron a misioneros que trabajaban en el Extremo Oriente. Y sus hondas convicciones misioneras las empujaron a con34 misioneros

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vertirse no solo en sus confidentes y protectoras, sino en “madres” de candidatos al sacerdocio nativos que, por falta de medios, no podían ser recibidos en el seminario. Propaganda Fide volvió a abordar el problema del clero indígena. Se urgió a los misioneros a que pusieran el máximo esmero e interés en la formación de las vocaciones locales. Y se pidió a los vicarios apostólicos que pasaran la respon-

sabilidad de las misiones a sacerdotes surgidos en esos pueblos. En la actualidad hay 781 seminarios dependientes de la Obra de San Pedro Apóstol en los territorios de misión. De ese número, 222 son seminarios mayores, con un total de 23.138 seminaristas: el 68%, en África; el 28%, en Asia; el 3%, en América; y el 1%, en Oceanía. Otra parte son los 120 seminarios propedéuticos donde se forman 6.003 seminaristas (88%, en África; 12%, en Asia; 1%, en América). Y una tercera son los 439 seminarios menores que acogen a 50.239 seminaristas (75%, en África; 20%, en Asia; 3%, en América; y 2%, en Oceanía). La suma de seminaristas –mayores, propedéuticos y menores– asciende a 79.380. Para su formación, unos y otros cuentan con equipos docentes integrados por un total de 2.160 profesores. Por su parte, la PUM, Pontificia Unión Misional, es la cuarta y úl-


tima de las OMP. Fue puesta en marcha por el beato Paolo Manna, italiano nacido en Avellino, a 40 km de Nápoles, el 16 de enero de 1872. Se cumple, por tanto, este

mes el 150 aniversario del nacimiento de su fundador. El padre Paolo Manna se formó en el Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras de Milán. Ordenado sacerdote en 1894, zarpó para Birmania dispuesto a gastar sus días en la misión de Toungoo, junto a los ghekkú. Solo pudieron ser diez años. El clima extremo, la humedad y la tuberculosis le obligaron a regresar a Italia. Pero no consiguieron doblegar su indómito espíritu misionero. Desde la retaguardia, el padre Manna sintió muy clara la necesidad de que los sacerdotes se comprometieran más y mejor en la causa misionera. Con ese fin, en 1916 –con la ayuda de san Guido María Conforti, obispo de Parma y fundador de los misioneros javerianos– puso en pie la Unión Misional del Clero. Benedicto XV la aprobó el 31 de octubre de 1916, y Pío XII la elevó a Pontificia en 1956. Hoy, la Obra, llamada Pontificia Unión Misional, ha ensanchado el campo de sus destinatarios. Su abanico no se ciñe solo a los sacerdotes. También está abierto a las religiosas, los religiosos y los agentes de pastoral. La PUM es la única de las cuatro Obras Misionales Pontificias que no tiene una jornada específica ni realiza colecta alguna. Su fin, la formación teológica misionera de todo el Pueblo de Dios, según las diversas vocaciones de los bautizados, con la vista puesta en los territorios que dependen directamente de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Precisamente, la revista Illuminare, publicación decana de las Obras Misionales Pontificias en España, surgió como Boletín de la Unión Misional del Clero de España, según la cabecera con la que apareció en Burgos el 31 de enero de

1923. Así, en 2022 estamos en su “año cien”, contando 1923 como año I de su publicación. La revista pasó a tener su nombre actual en 1927. Su objetivo principal es facilitar a sacerdotes, religiosos y otros agentes de pastoral la preparación y celebración de las jornadas misioneras universales: la de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe (Domund), la de la Santa Infancia (Infancia Misionera) y la de San Pedro Apóstol (Vocaciones Nativas). Para ello –y sin perder su vinculación a la Pontificia Unión Misional–, Illuminare publica tres números al año, en los meses de enero, abril y octubre. Planteada como un servicio pastoral, la revista busca conjugar contenidos “de fondo”, que den solidez a la reflexión y a la formación, con materiales prácticos e informativos, que favorezcan la vivencia de la dimensión misionera en las comunidades cristianas. La Iglesia pondrá broche de oro a todas estas múltiples celebraciones el 22 de mayo en Lyon, Francia. Ese domingo, en su ciudad natal, será beatificada Paulina Jaricot, fundadora de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe, así como del Rosario Viviente. Presidirá la ceremonia el ya citado cardenal Luis Antonio Tagle, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Este puñado de gigantes de la fe, contra viento y marea, plantó cara a mil adversidades, a lo largo del siglo XIX –y parte del XX–, para sentar las bases que, en nuestros días, hacen posible el gran imperativo de la evangelización: “Id a los pueblos que nunca oyeron hablar de Mí. Y ¡proclamad la Buena Noticia a todas las naciones!”. XIMENA DE ANGULO NÚM. 221, ENERO DE 2022

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conectad@s

DESASTRE NATURAL Así se quedó La Ciudad de los Jóvenes (necesitados). Los fuertes vientos y la tormenta no tuvieron piedad y arrancaron su techo. Ocurría en Lubumbashi, en la República Democrática del Congo. A veces las redes son “sociales”, con todas las letras.

FRANCISCO JAVIER, VIRAL Solo hay que ver los tuits y retuits para darse cuenta de cómo la figura del santo navarro sigue cruzando fronteras y derribando barreras. Puro ardor misionero en el día grande del Patrón.

MISIONES SALESIANAS Instagram @misionessalesianas

OMP ESPAÑA – Twitter @OMP_ES

CRISIS HUMANITARIA

UN INDÍGENA MEXICANO Otro día; esta vez, el de san Juan Diego, cuyo nombre era Cuauhtlatoatzin. El momento perfecto para hacer una llamada, en formato tuit, a rezar por los misioneros y misioneras de Latinoamérica.

Esta radio mariana ha retuiteado el llamamiento de la Santa Sede a buscar el siempre necesario diálogo para alcanzar, por fin, la paz en Etiopía, actualmente sumida en una compleja guerra (¿y cuál no lo es?). RADIO MARÍA ESPAÑA Twitter @RadioMariaSpain

MISIONES DE CÁDIZ Y CEUTA Twitter @misionesdecadiz

#MIGRANTS DAY En un día como este, un post para decirnos que "miremos a los ojos a las personas descartadas que encontramos". Que su sufrimiento "nos cale dentro para reaccionar a nuestra indiferencia". Otro dardo en la diana. PAPA FRANCISCO – Instagram @franciscus


AY U D A M O S A . . .

LAOS Más de 16.000 euros para transformar vidas necesitadas

C

asi 200 naciones. Ese, el número de países que hay en el planeta Tierra. Para ser más precisos: 199, si incorporamos a la lista a Kosovo y Taiwán, que no tienen el reconocimiento de todos. De ese total, bastan los dedos para contar los países que siguen teniendo regímenes comunistas. Uno de ellos, el que nos ocupa: Laos. La República Democrática Popular de Laos, tan grande como Corea del Norte y la isla de Cuba juntas (ambas, también comunistas), es el país menos poblado de toda la península indochina. En total, casi 7 millones de personas habitan ese “país mediterráneo” (porque está en medio de la tierra, no

tiene salida al mar). Por el este, el río Mekong marca sus fronteras con Tailandia. Al oeste, los montes de la cordillera annamita fijan los límites entre Laos y Vietnam. Precisamente, esa natural vecindad iba a propiciar que cayera sobre Laos el castigo más increíble que imaginarse pueda. Fue durante los 20 años que duró la guerra de Vietnam. Por aquel entonces (1955-1975), los vietnamitas del norte, por ser más seguro, utilizaban el territorio laosiano como ruta para el transporte de armas y refugio de sus tropas. Por esa razón, los Estados Unidos, sin ningún escrúpulo ni miramiento, decidieron bombardear el territorio laosiano con una in-

tensidad y brutalidad inéditas hasta la fecha. El plan secreto, organizado por la CIA para evitar el rechazo de la opinión pública, convirtió a Laos en el país más bombardeado del mundo. Entre 1964 y 1973, los Estados Unidos descargaron sobre el país asiático más de dos millones de toneladas de bombas. Otras fuentes elevan aún más las cifras de la bélica barbarie. Dicen que llegaron a tirar hasta 2.800.000 toneladas de mortíferos explosivos. Según la ONG Legacies of War (Legados de la Guerra), ese funesto total equivale a lanzar 8 bombas por minuto, las 24 horas del día, durante 9 años. Así las cosas, y muy a su pesar, Laos ostenta el patético título de haber sido el país más bombardeado de la historia. Y lo más penoso de ese horror es que sus secuelas todavía no han terminado. El 30% de los explosivos arrojados no explotaron a su debido tiempo. Son de tipo racimo. Eso significa que el territorio laosiano sigue sembrado de bombas antipersona y fragmentos detonantes esparcidos por doquier. El número de piezas enterradas que hay sin estallar suma entre 75 y 80 millones. Solo el 1% han sido desactivadas. Cada año, medio centenar de personas resultan mutiladas o mueren a consecuencia de las inesperadas explosiones. El 40% de las víctiNÚM. 221, ENERO DE 2022

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AY U D A M O S A . . .

mas: niños. Las usan como juguetes. Tienen el tamaño de una manzana y nadie les ha advertido del escondido peligro, tan mortal, que duerme en sus entrañas. Para colmo de afrentas, otro dato vergonzante: EE. UU. se niega a revelar el procedimiento para desactivarlas, porque sigue siendo considerado un “secreto de defensa”.

Luces y sombras

Al presente, la realidad de la República Democrática Popular de Laos no es tan funesta –¡gracias a Dios!– como lo fue antaño. Ahora, acaba de ser inaugurado –el pasado 3 de diciembre– un tren de alta velocidad, para pasajeros y mercancías, que une la provincia china de Yunnan con Vientián, la capital del país. Así ha sido gracias a la ayuda de China. También un puente sobre el Mekong, bautizado como “Puente de la Amistad”, une Laos con Tailandia, a la altura de la mencionada capital laosiana. Fue tendido en 1994 y financiado por Australia para propiciar el comercio con toda Indochina. En los últimos años, a ese enlace internacional le han nacido otros tres hermanos. Señal de que eso de derribar fronteras y allanar los caminos es bueno para todos. Sin embargo, obligado es no olvidar que, al cabo de 45 años de comunismo, la antigua colonia francesa sigue siendo uno de los países más pobres de Asia. Ocupa el puesto 137.º (sobre un total de 189) en la lista mundial de países según su Índice de Desarrollo humano, indicador elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Su principal actividad económica, la agricultura. El arroz, su cultivo mayor. Asimismo, produce frutas: piña, cítricos... La ganadería es base importante de su ri46 misioneros

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queza: aparte de vacas, hay búfalos de agua, bueyes, caballos, elefantes... El turismo vuelve a ser otra de las bases del trípode que sostiene la economía laosiana.

Labor de esperanza

Además de tender puentes que unen, también es esperanzadora la callada labor que está llevando a cabo la pequeña Iglesia católica presente en Laos, que sigue siendo un país principalmente budis-

ta. En el corazón de la capital está el templo de Pha That Luang, estupa (túmulo funerario) muchas veces saqueada y reconstruida, que guarda, como reliquia, el esternón de Buda. La estupa, hoy, es símbolo de todo el país. La Iglesia católica cuenta con 51.000 bautizados que están repartidos en las 146 parroquias que tienen los 4 vicariatos apostólicos en que está dividido su te-

rritorio. Tres obispos, 26 sacerdotes diocesanos, 24 sacerdotes religiosos, 88 religiosas, 5 religiosos y 228 catequistas conforman su fuerza evangelizadora. Jean-Marie Vianney Prida Inthirath, vicario apostólico de Savannakhet, es uno de ellos. Su circunscripción abarca tres de las 17 provincias que hay en el país. Y viven allí más de 11.000 católicos. Él mismo, en la carta de


agradecimiento que ha dirigido a las Obras Misionales Pontificias en España, cuenta que la situación, en su vicariato, no es tan buena: “Las familias de muchos niños pobres están desestructuradas”. Además, “una parte de nuestros niños están desnutridos”. “Tememos que las drogas, el robo y la mala sociedad se apoderen de su futuro”. Para colmo, añade, “el aborto está aumentando. Y la pandemia del Covid-19 está causando grandes dificultades a las familias pobres y a sus hijos”.

Lluvia de ayudas

En esa situación, en el año 2021 la Iglesia de Laos ha recibido de la Infancia Misionera de España un total de 16.382,91 . El vicariato de Luang Prabang se valió de 6.001,70 para afrontar los gastos de alojamiento, comida, ropa, cuidados médicos, libros, transporte, informática... del centro que, en Phouoniok, acoge a 80 niños que reciben educación por parte de religiosas. Para otro tanto han servido los 10.381,21 destinados al vicariato de Savannakhet, donde las Hermanas Amantes de la Cruz trabajan y educan, en Thakhek, a 60 niñas procedentes de las zonas rurales más deprimi-

das. También han podido, durante el Covid-19, comprar arroz para los barrios donde hay familias y niños pobres. Y Jean-Marie Vianney Prida concluye: “Desde el vicariato apostólico de Savannakhet, todos nuestros sacerdotes y responsables de la misión queremos agradecerles de todo corazón su apoyo a nuestros niños. Cuantos trabajamos con ellos hemos tenido mucha alegría. También vemos

su alegría, su esperanza, la calidez de la vida en sus ojos”. Convencidos estamos de que, a pesar de todos los pesares, monseñor Prida Inthirath está feliz, porque ya no caen, como antaño, bombas sobre la tierra de Laos. Ahora llueven ayudas que, aunque modestas, son capaces de transformar la vida de muchos, a comenzar por los más débiles, lo más pequeños. TOMÁS TAMARREDO

Si estás interesado en realizar un donativo, puedes hacerlo en el número de cuenta ES25 0075 0204 9506 0006 0866. También, accediendo a la página web www.omp.es y pinchando en la opción "Haz un donativo".

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