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N.ยบ 400 ABRIL 2017 SERVICIO DE PASTORAL MISIONERA Aร‘O XCV


Servicio de Pastoral Misionera

SUMARIO 3 PRESENTACIÓN de la CAMPAÑA Lema, cartel, objetivos 4 PRESENTACIÓN de la CAMPAÑA Compromiso con las vocaciones Anastasio Gil, Maricarmen Álvarez y Sergio Requena 6 MENSAJE DEL PAPA 10 ENTREVISTA P. Fernando Domingues, Secretario General de la Obra de San Pedro Apóstol Paula Rivas 12 SERVICIO INFORMATIVO Vocaciones en la cercanía de Dios y de los hermanos 13 ORACIÓN VOCACIONAL “Empujados por el Espíritu: «Aquí estoy, envíame»” 17 SERVICIO INFORMATIVO Vocaciones nativas, apuesta de futuro 18 TESTIMONIOS La “liturgia del camino”

Este año, al invitarnos a orar por las vocaciones, el papa Francisco nos recuerda que Jesús, ungido por el Espíritu y enviado, camina con nosotros para llevar adelante la tarea de la misión. Pág. 6

El secretario general de la Obra de San Pedro Apóstol, Fernando Domingues, anima a colaborar con nuestro donativo y oración en el trabajo que el Espíritu Santo está haciendo en la Iglesia. Pág. 10

20 LITURGIA Guion litúrgico para la eucaristía 22 VIGILIA DE ORACIÓN “Empujados por el Espíritu: «Aquí estoy, envíame»” 26 PONTIFICIA UNIÓN MISIONAL Conforti: un apoyo providencial Rolando Ruiz Durán, sx

Contemplar de forma conjunta la situación de las Iglesias en España y en los territorios de misión permite obtener una visión global y esperanzada de la realidad vocacional. Págs. 12 y 17

27 COOPERACIÓN ECONÓMICA

EDITA: Obras Misionales Pontificias - DIRECTOR NACIONAL: Anastasio Gil García DIRECTOR: Rafael Santos Barba - DISEÑO: Antonio Aunés Hernández IMPRIME: Gráficas Dehon - Depósito Legal: M. 3790-1958 Dirección y Administración: Fray Juan Gil, 5; 28002 Madrid - Tel.: 91 590 27 80 dir.nal@omp.es - suscripciones@omp.es - http://www.omp.es - http://www.vocacionesnativas.es Ayuda a las VOCACIONES NATIVAS Banco Popular Español - IBAN ES25 0075 0204 9506 0006 0866 www.facebook.com/OMPEspana twitter.com/OMP_ES

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LEMA

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“EMPUJADOS POR EL ESPÍRITU...”. Así titula el papa Francisco su Mensaje para la 54 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Es el Espíritu el que mueve los corazones para ir a evangelizar. La dimensión misionera nace de la entraña de la fe. Es Dios mismo quien llama y envía. La vocación no es algo añadido: es fruto del amor de Dios que llama.

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“AQUÍ ESTOY, ENVÍAME”. La llamada a una vida de especial consagración o al sacerdocio implica una respuesta de docilidad y confianza. Es el compromiso para dejar a un lado la tranquilidad de una existencia más o menos acomodada, y salir al encuentro del otro para llevarle a Dios.

CARTEL

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JORNADAS. El IV Domingo de Pascua, domingo “del Buen Pastor”, se celebran dos Jornadas de carácter vocacional, con el fin de promover la oración y la colaboración para que Dios envíe nuevas vocaciones a su Iglesia y para que las vocaciones nacientes en los territorios de misión tengan los recursos necesarios para su formación y sostenimiento. FOTOGRAFÍAS: Una general (ángulo inferior derecho) visibiliza la alegría de quienes han decidido seguir al Maestro. Así nacen las vocaciones: en un ambiente de alegría, oración y comunión. Todos caminan juntos, compartiendo su fe. Tres específicas: vocación al sacerdocio, para estar cerca del hermano; vocación a la vida consagrada, con un grupo de jóvenes, ya algo mayores, que muestran su alegría después de haber respondido “Aquí estoy, envíame”; vocaciones nativas, en un lugar de misión, reflejando esa misma alegría tras descubrir que la vida recobra sentido si se entrega a los demás.

OBJETIVOS

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Orar al Dueño de la mies para que siga enviando muchos obreros a su Iglesia.

Fomentar entre los jóvenes algunas disposiciones personales y grupales para que puedan escuchar la llamada de Dios y responder sin dilaciones. Promover entre los fieles una eficaz colaboración con la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, que atiende las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada en los territorios de misión. Obtener fondos y ayudas económicas para el sostenimiento y la formación de estas vocaciones, a través de la financiación de “becas de estudio” y de “estipendios de misa” para formadores y profesores.

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Anastasio Gil (OMP) Maricarmen Álvarez (CONFER) Sergio Requena (CEE) l cuarto domingo de Pascua es el día dedicado a la Jornada Mundial de Oración por . Desde hace 54 años, en este domingo “del Buen Pastor” la Iglesia pide con confianza filial al Dueño de la mies que envíe nuevos obreros para anunciar el Evangelio y ser instrumentos de salvación, y le da gracias por las vocaciones que suscita entre los jóvenes. En España, a esta convocatoria se suma la Jornada misionera de Vocaciones Nativas, de la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, que añade a aquella petición el compromiso por las vocaciones en los países de misión. Para la preparación de esta gran Jornada vocacional, trabajan conjuntamente tres organismos eclesiales: la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades, encargada de ayudar a las diócesis en la pastoral vocacional; el Área de Pastoral Juvenil Vocacional de CONFER, que colabora con las instituciones religiosas en su empeño por suscitar y acompañar las vocaciones a la vida consagrada; y las Obras Misionales Pontificias, que se ocupan de cooperar con las Iglesias locales de los territorios de misión en el sostenimiento de sus vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa.

Elas Vocaciones

AL SERVICIO DE LA IGLESIA UNIVERSAL

Lo que da unidad y consistencia a la celebración conjunta de estas dos Jornadas es el carácter universal de cualquier vocación. Una llamada al servicio de la Iglesia no puede cir-

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cunscribirse a unos límites geográficos e institucionales: cualquier vocación es, por esencia, una invitación a servir a la Iglesia donde ella necesita ser servida. Y es que, en el origen de una vocación, está la acción del Espíritu Santo; no se trata de una iniciativa particular. “Empujados por el Espíritu...”, comienza titulando Francisco su Mensaje para esta ocasión. Es el Espíritu de Dios quien llama y envía personas al servicio del Evangelio en el mundo. Que esEste gran día ta llamada no es un añadido a la fe y a la vida del cristiano, sino que vocacional nos está en su misma entraña, lo ratifica el hecho de que en todas parayuda a poner de tes están aflorando llamadas de muchos jóvenes a la vida consamanifiesto el grada y al sacerdocio. carácter universal de Ahora bien: cada llamada vocacional que suscita el Espíritu solo puede ser identificada si hay una correspondencia en la disponibilicualquier vocación. dad de la persona para contestar: “Aquí estoy, envíame”. Respuesta generosa y de entrega, que también ha de resonar en las instituciones eclesiales que asumen la responsabilidad de enviar estas vocaciones a otros lugares distintos de sus propias demarcaciones. La disposición generosa de los llamados no puede quedar truncada ni empequeñecida por el planteamiento egoísta de atender únicamente los propios ámbitos. Es tiempo para la audacia y el coraje que abren las puertas y empujan a quienes han dicho “sí” a que “vayan, sin miedo, para servir”, como alentaba el Papa en la JMJ de Río.

PONERSE EN CAMINO

El Espíritu, a través de Francisco, está invitando a quienes han recibido la vocación y a dichas instituciones eclesiales a ponerse en camino y salir al encuentro de los otros que están en las periferias geográficas y existenciales. Su llamada ha sido para ser enviados a anunciar, más allá de las propias fronteras, que Jesús ha resucitado. Él camina a su lado y les da la fuerza y la alegría necesarias, dice con claridad el Santo Padre en su Mensaje. Cada vocación a la vida consagrada o al sacerdocio ha vivido la experiencia de un encuentro personal, que va calando en su corazón y que ha configurado su identidad. Es la vitalidad de la semilla que paulatinamente va desarrollándose en el interior de cada persona. Vemos todo esto con claridad en la vocación de los misioneros, que no se guardan para sí ni para su entorno la Palabra y la salvación que han recibido. Gracias a su labor y generosidad, muchos seminarios y noviciados de los territorios de misión están hoy llenos de jóvenes que, una vez barruntado el amor, han abierto su alma a la llamada. Ayudar a estas vocaciones es una de las finalidades de la Jornada de Vocaciones Nativas. El compromiso vocacional que anima esta doble Jornada es tarea común de toda la Iglesia: afecta a los pastores y responsables eclesiales; también, a las comunidades cristianas; pero, sobre todo, este compromiso vocacional está en cada cristiano. A cada uno de nosotros se nos pide oración, cercanía e incluso cooperación económica para ayudar en la formación de aquellos que son llamados al sacerdocio o a una especial consagración. El Pueblo de Dios ha de tener conciencia clara de que la Iglesia necesita de hombres y mujeres que entregan con radicalidad su vida al servicio de la misión. Y cuando una vocación aparece, la respuesta ha de ser de gratitud al Señor y compromiso para que aquella no se pierda por falta de recursos humanos, espirituales o materiales.

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Queridos hermanos y hermanas: En los años anteriores, hemos tenido la oportunidad de reflexionar sobre dos aspectos de la vocación cristiana: la invitación a “salir de sí mismo”, para escuchar la voz del Señor, y la importancia de la comunidad eclesial como lugar privilegiado en el que la llamada de Dios nace, se alimenta y se manifiesta. Ahora, con ocasión de la 54 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, quisiera centrarme en la dimensión misionera de la llamada cristiana. Quien se deja atraer por la voz de Dios y se pone en camino para seguir a Jesús, descubre enseguida, dentro de él, un deseo incontenible de llevar la Buena Noticia a los hermanos, a través de la evangelización y el servicio movido por la caridad. Todos los cristianos han sido constituidos misioneros del Evangelio. El discípulo, en efecto, no recibe el don del amor de Dios como un consuelo privado, y no está llamado a anunciarse a sí mismo, ni a velar los intereses de un negocio; simplemente ha sido tocado y trasformado por la alegría de sentirse amado por Dios y no puede guardar esta experiencia solo para sí: “La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera” (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 21). Por eso, el compromiso misionero no es algo que se añade a la vida cristiana, como si fuese un adorno, sino que, por el contrario, está en el corazón mismo de la fe: la relación con el Señor implica ser enviado al mundo como profeta de su palabra y testigo de su amor. Aunque experimentemos en nosotros muchas fragilidades y tal vez podamos sentirnos desanimados, debemos alzar la cabeza a Dios, sin dejarnos aplastar por la sen«El compromiso sación de incapacidad o ceder al pesimismo, que nos convierte en espectadores pamisionero está en el sivos de una vida cansada y rutinaria. No hay lugar para el temor: es Dios miscorazón mismo de la fe. mo el que viene a purificar nuestros “labios impuros”, haciéndonos idóneos paLa relación con el Señor ra la misión: “«Ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado». Entonces escuché la voz del Señor, que decía: «¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por noimplica ser enviado sotros?». Contesté: «Aquí estoy, mándame»” (Is 6,7-8). al mundo como Todo discípulo misionero siente en su corazón esta voz divina que lo invita a testigo de su amor». “pasar” en medio de la gente, como Jesús, “curando y haciendo el bien” a todos (cf. Hch 10,38). En efecto, como ya he recordado en otras ocasiones, todo cristiano, en virtud de su bautismo, es un “cristóforo”, es decir, “portador de Cristo” para los hermanos (cf. Catequesis, 30-1-2016). Esto vale especialmente para los que han sido llamados a una vida de especial consagración y también para los sacerdotes, que con generosidad han respondido “Aquí estoy, mándame”. Con renovado entusiasmo misionero, están llamados a

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«Esta es nuestra misión: ser ungidos por el Espíritu e ir hacia los hermanos para anunciar la Palabra, siendo para ellos un instrumento de salvación».

salir de los recintos sacros del templo, para dejar que la ternura de Dios se desborde en favor de los hombres (cf. Homilía durante la Santa Misa Crismal, 243-2016). La Iglesia tiene necesidad de sacerdotes así: confiados y serenos por haber descubierto el verdadero tesoro, ansiosos de ir a darlo a conocer con alegría a todos (cf. Mt 13,44). Ciertamente, son muchas las preguntas que se plantean cuando hablamos de la misión cristiana: ¿Qué significa ser misionero del Evangelio? ¿Quién nos da la fuerza y el valor para anunciar? ¿Cuál es la lógica evangélica que inspira la misión? A estos interrogantes podemos responder contemplando tres escenas evangélicas: el comienzo de la misión de Jesús en la sinagoga de Nazaret (cf. Lc 4,16-30), el camino que él hace, ya resucitado, junto a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35), y por último la parábola de la semilla (cf. Mc 4,26-27).

Jesús es ungido y enviado... Jesús es ungido por el Espíritu y enviado. Ser discípulo misionero significa participar activamente en la misión de Cristo, que Jesús mismo ha descrito en la sinagoga de Nazaret: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4,18). Esta es también nuestra misión: ser ungidos por el Espíritu e ir hacia los hermanos para anunciar la Palabra, siendo para ellos un instrumento de salvación.

... camina con nosotros... Jesús camina con nosotros. Ante los interrogantes que brotan del corazón del hombre y ante los retos que plantea la realidad, podemos sentir una sensación de extravío y percibir que nos faltan energías y esperanza. Existe el peligro de que veamos la misión cristiana como una mera utopía irrealizable o, en cualquier caso, como una realidad que supera nuestras fuerzas. Pero si contemplamos a Jesús resucitado, que camina junto a los discípulos de Emaús

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(cf. Lc 24,13-15), nuestra confianza puede reavivarse; en esta escena evangélica tenemos una auténtica y propia “liturgia del camino”, que precede a la de la Palabra y a la del Pan partido y nos comunica que, en cada uno de nuestros pasos, Jesús está a nuestro lado. Los dos discípulos, golpeados por el escándalo de la Cruz, están volviendo a su casa recorriendo la vía de la derrota: llevan en el corazón una esperanza rota y un sueño que no se ha realizado. En ellos la alegría del Evangelio ha dejado espacio a la tristeza. ¿Qué hace Jesús? No los juzga, camina con ellos y, en vez de levantar un muro, abre una nueva brecha. Lentamente comienza a trasformar su desánimo, hace que arda su corazón y les abre sus ojos, anunciándoles la Palabra y partiendo el Pan. Del mismo modo, el cristiano no lleva adelante él solo la tarea de la misión, sino que experimenta, también en las fatigas y en las incomprensiones, “que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera” (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 266).

... y hace germinar la semilla Jesús hace germinar la semilla. Por último, es importante aprender del Evangelio el estilo del anuncio. Muchas veces sucede que, también con la mejor intención, se acabe cediendo a un cierto afán de poder, al proselitismo o al fanatismo intolerante. Sin embargo, el Evangelio nos invita a rechazar la idolatría del éxito y del poder, la preocupación excesiva por las estructuras, y una cierta ansia que responde más a un espíritu de conquista que de servicio. La semilla del Reino, aunque pequeña, invisible y tal vez insignificante, crece silenciosamente gracias a la obra incesante de Dios: “El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo” (Mc 4,26-27). Esta es nuestra principal confianza: Dios supera nuestras expectativas y nos sorprende con su generosidad, haciendo germinar los frutos de nuestro trabajo más allá de lo que se puede esperar de la eficiencia humana. Con esta confianza evangélica, nos abrimos a la acción silenciosa del Espíritu, que es el fundamento de la misión. Nunca podrá haber pastoral vocacional, ni misión cristiana, sin la oración asidua y contemplativa. En este sentido, es necesario alimentar la vida cristiana con la escucha de la Palabra de Dios y, sobre todo, cuidar la relación personal con el Señor en la adoración eucarística, “lugar” privilegiado del encuentro con Dios. Animo con fuerza a vivir esta profunda amistad con el Señor, sobre todo para im«También hoy plorar de Dios nuevas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. El Pueblo podemos volver de Dios necesita ser guiado por pastores que gasten su vida al servicio del Evangea encontrar el ardor lio. Por eso, pido a las comunidades parroquiales, a las asociaciones y a los numedel anuncio y proponer, rosos grupos de oración presentes en la Iglesia que, frente a la tentación del desánimo, sigan pidiendo al Señor que mande obreros a su mies y nos dé sacerdotes enasobre todo a los morados del Evangelio, que sepan hacerse prójimos de los hermanos y ser, así, sigjóvenes, el seguimiento no vivo del amor misericordioso de Dios. de Cristo». Queridos hermanos y hermanas, también hoy podemos volver a encontrar el ardor del anuncio y proponer, sobre todo a los jóvenes, el seguimiento de Cristo. Ante la sensación generalizada de una fe cansada o reducida a meros “deberes que cumplir”, nuestros jóvenes tienen el deseo de descubrir el atractivo, siempre actual, de la figura de Jesús, de dejarse interrogar y provocar por sus palabras y por sus gestos y, finalmente, de soñar, gracias a él, con una vida plenamente humana, dichosa de gastarse amando. María Santísima, Madre de nuestro Salvador, tuvo la audacia de abrazar este sueño de Dios, poniendo su juventud y su entusiasmo en sus manos. Que su intercesión nos obtenga su misma apertura de corazón, la disponibilidad para decir nuestro “aquí estoy” a la llamada del Señor y la alegría de ponernos en camino, como ella (cf. Lc 1,39), para anunciarlo al mundo entero.

Francisco. Vaticano, 27 de noviembre de 2016, Primer Domingo de Adviento

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Fernando Domingues, Secretario General de la Obra de San Pedro Apóstol “Hay que formar a las vocaciones, y ” P.

formarlas bien

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n tercio de los seminaristas del mundo dependen de las aportaciones a la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol. Su secretario general, el misionero comboniano portugués Fernando Domingues, se encarga de coordinar las ayudas a las vocaciones locales y de fomentar la solidaridad universal entre todas las comunidades cristianas. Como secretario general de la Obra de San Pedro Apóstol, usted tiene una visión amplia y panorámica de la vocación en el mundo. ¿Cómo describiría la situación? Yo no soy ni optimista ni pesimista: soy realista. Yo veo que en la Iglesia la situación de las vocaciones es muy buena, porque en la mayor parte de las comunidades cristianas en el mundo hay abundancia de ellas. La dificultad que existe, sobre todo, es la de seleccionar bien a las personas, para evitar aceptar jóvenes que tienen otras moti10

vaciones, de carácter social o económico. Así que, en la mayor parte de la Iglesia, tenemos una abundancia y calidad de vocaciones que nos llena el corazón de alegría. Es cierto que en algunos lugares sí existe una falta de vocaciones, ante la que los pastores tendrán que preguntarse por qué y buscar dónde está la raíz del problema. No se puede simplemente pensar: “Dios hará un milagro y mandará vocaciones”. El Señor manda vocaciones donde hay comunidades cristianas vivas. Esta es la realidad. ¿Cuáles son las dificultades a las que tiene que enfrentarse un joven con vocación auténtica en los territorios de misión? En muchos países, la mayor dificultad es el hecho económico. Aunque es cierto que la Obra de San Pedro Apóstol ayuda a los seminarios y noviciados, es imprescindible que las familias de los candidatos contribuyan también a la formación de los jóvenes. Es muy bonito ver que, en muchos casos, es la comunidad eclesial la que ayuda a su seminarista o a su chica que está en el noviciado a que siga adelante. Ya desde el inicio del camino, el joven siente que su vocación es fruto de su fe personal, de su familia, pero también de la comunidad eclesial que le apoya en todo el camino. En ese escenario de trabas económicas, ¿por qué es importante la oración? Es muy importante. Estoy convencido de que lo que lleva adelante las vocaciones es la oración de muchísima gente. Más allá de lo económico, la dificultad más grande es la de configurar el corazón, la vida, con la persona de Jesucristo, y esto es muy exigente. Es el trabajo del Espíritu Santo, y necesita el apoyo de la oración de las comunidades cristianas. Así que no basta dar un donativo en la Jornada de Vocaciones Nativas: es necesario continuar sosteniendo las vocaciones con nuestra oración. Ahí todos somos responsables y todos podemos colaborar. No hay nadie, ningún cristiano, que


«El Señor manda vocaciones donde hay comunidades cristianas vivas». pueda decir que no le es posible hadial de Oración por las Vocaciones. ¿Por qué cer nada por las vocaciones nativas. rezar por todas las vocaciones del mundo y no solo por “las de aquí”? Muchas veces las vocaciones nativas nos Es importante respetar el trabajo que el Essuenan como algo lejano. ¿Qué tienen que píritu Santo está haciendo en la Iglesia. Hay ver con nosotros? zonas en ella donde actualmente casi no hay Las vocaciones nativas son parte de mi favocaciones. Sin embargo, vemos otras zonas milia, porque la Iglesia es una familia univerdonde el Espíritu las está dando en abundansal. Somos todos miembros del mismo cuerpo: cia, y este es un trabajo que no podemos dessi soy una mano, y mi pie tiene dificultad, espreciar. Hay que formar a las vocaciones, y to me afecta. Y si hay miembros de mi famiformarlas bien, allí donde eslia que, en India, en Papúa Nuetán. Si actualmente las vocava Guinea, etc., necesitan mi «Lo que lleva ciones están en India o en Áfriayuda, es mi responsabilidad. ca, eso quiere decir que es el Porque aquí, en España, yo soy adelante Espíritu Santo el que está danmiembro de esa familia, y si do este don, y como tal hay puedo hacer algo, lo debo hacer. las vocaciones que acogerlo y apoyarlo. Por Entonces, la Jornada de Voeso, hay que responder positicaciones Nativas no solo es una llamada a ayudar a las es la oración de vamente y con alegría a lo que el Espíritu está haciendo hoy. vocaciones, sino también a muchísima Este año el lema de la Jornaabrir los ojos a la universalida es “Movidos por el Espíritu: dad de la Iglesia... gente». Por supuesto. Y no solo eso: «Aquí estoy, envíame»”. ¿Qué le es una posibilidad de hacer alsugiere? El Espíritu Santo, que empuja a tantos jógo grande y bonito. Yo, que no salgo de mi venes a responder con generosidad y a decir pueblo, tengo una posibilidad muy concreta “Aquí estoy, envíame”, es el mismo que nos de ayudar a una comunidad cristiana en el mueve a nosotros a rezar y colaborar por las centro de África o en una isla del Pacífico, vocaciones. Esta Jornada es tu oportunidad para formar a sus futuros pastores y sacerpara contribuir al trabajo que el Espíritu Sandotes y religiosas. No es una obligación, es to está haciendo en la Iglesia. una posibilidad bonita que se me ofrece. Vamos a celebrar la Jornada de Vocaciones Paula Rivas Nativas conjuntamente con la Jornada Mun11


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a vocación es una llamada a ordenar la vida según el plan de Dios. Él sigue llamando, porque ama todas las épocas y situaciones. Sin perder de vista que “no está en el número tu fuerza” (Jdt 9,11), en torno a esta Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones volvemos la vista a los datos. Poco antes del 19 de marzo, Día del Seminario, se han hecho públicas las estadísticas de los seminarios de España. En 2016 han sido ordenados 138 sacerdotes en nuestras setenta diócesis y, en el presente año académico 2016/17, se forman en nuestro país 1.247 seminaristas mayores. En este curso han ingresado en los seminarios mayores españoles 275 nuevos seminaristas (el pasado fueron 270). De los centros de formación, 12 son seminarios diocesanos misioneros Redemptoris Mater. Las diócesis en las que más sacerdotes se ordenaron durante 2016 fueron Toledo (16), Madrid (9), Valencia (7), Terrassa (7) Córdoba (6), Barcelona (5) y

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Getafe (5). Respecto a la cifra de seminaristas, las diócesis con mayor número son las de Madrid (196), Valencia (65), Sevilla (61), Toledo (57) y Cartagena (40). Además, en España hay 47 seminarios menores, en los que se forman 1.075 jóvenes. En cuanto a los datos de la CONFER, de enero de 2017, el número de religiosos y religiosas es de 41.974 (con un descenso progresivo de unas 1.000 personas en los últimos años); de estos, solo 10.052 son varones. Entre ellos hay 665 junioras y 236 juniores, con una escasez relativa de vocaciones femeninas a la vida consagrada hoy, en proporción con los números de referencia.

Las estadísticas sugieren que no debemos de dejar de “pedir al Dueño de la mies que mande obreros a su mies”. Que nuestra oración siga expresando nuestra confianza en Dios y su gracia, para que Él nos afine el oído a todos: a padres y madres, para que eduquen a sus hijos en una cultura vocacional amplia y profunda; a los sacerdotes, para que promuevan en los jóvenes la valentía para comprometerse y querer ser parte de la Iglesia apasionadamente; a los consagrados y consagradas, para que sigan creciendo en fidelidad alegre y misionera; y a todos esos jóvenes, para que respondan con generosidad a la llamada del Señor.


EDUCACIÓN PRIMARIA Presentación. Es este un material para ayudar a los niños y niñas a preparar la Jornada del domingo 7 de mayo, dedicada a orar y colaborar con las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada que Dios suscita en los jóvenes, tanto de nuestro entorno, como de los territorios de misión. Se basa en la carpeta preparada para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que ha sido editada conjuntamente por la Conferencia Episcopal Española (CEE), CONFER y OMP.

LUNES: Empujados por el Espíritu: “Aquí estoy, envíame” "Escuché la voz del Señor, que decía: «¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?». Contesté: «Aquí estoy, envíame»" (Is 6,8). El profeta Isaías sintió, como podemos sentir nosotros, que Dios necesitaba hombres y mujeres que quisieran unirse a Él. Y él mismo se ofreció: "Aquí estoy". ¿Cuándo ha sido la última vez que te has dado cuenta de que alguien necesitaba algo sin que te lo pidiera? Los misioneros y misioneras que han sido enviados por la Iglesia a la misión oyeron la voz de Dios y respondieron con un "aquí estoy", porque se dejaron empujar por el Espíritu de Jesús. Ellos son testigos para que jóvenes de aquellos países escuchen la misma llamada y respondan. Nosotros les ayudamos.

MARTES: ¡Somos cristóforos!, ¿y tú? "Ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí" (Gál 2,20). Pablo experimentó que, de vivir tan cerca de Jesús –hablar con Él, caminar con Él, pensar con Él, amar como Él...–, llegó un momento en que Jesús vivía en él. Le había convertido como en "otro Jesús" para la gente con la que estaba. Los cristianos empezaron a usar una palabra para esto: estaban convencidos de que eran "cristóforos", es decir, "el que lleva en sí a Cristo". También miles de misioneros y misioneras han sido portadores de Cristo, con su palabra, su testimonio y su servicio.

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Este es el "segundo nombre" de todo cristiano: ¡"Cristóforo"! ¿Y si cada uno de nosotros fuéramos portadores de Jesús?

MIÉRCOLES: La búsqueda del tesoro "El reinado de Dios se parece a un tesoro escondido en un campo: lo descubre un hombre, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, vende todas sus posesiones para comprar aquel campo" (Mt 13,44). Ser amigo de Dios implica espíritu aventurero para buscar el tesoro, elegir lo que quieres y apostar por ello, haciendo lo necesario para lograrlo, y siempre con alegría. ¿Alguna vez has querido tanto algo que has renunciado a otras cosas por ello? Todos somos misioneros, de distintas maneras. Algunos han encontrado en Jesús y su Reino algo tan chulo que lo dejan todo para ir a donde les empuje el Espíritu. Otros deciden consagrarse de por vida como sacerdotes, religiosos y religiosas. Vamos a pedir por ellos y por todos los niños y niñas como nosotros que un día elegirán el tesoro y entregarán la vida para siempre.

JUEVES: Conéctate al Espíritu... "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista..." (Lc 4,18). Un día, Jesús, en la sinagoga de su pueblo, leyó estas palabras y se las aplicó a sí mismo. ¿En qué notamos que Jesús es Dios, que el Espíritu está empujándole? ¿En que manda más que el resto, tiene más riquezas o viste mejor? ¡No! En que habla de su Padre Dios a los pobres y dedica su vida a los demás, como hacen los misioneros, que han conectado su corazón con el Espíritu de Jesús. Las personas "cristóforas" se han conectado con el Espíritu y, por eso, viven como Jesús: ayudando a quienes lo necesitan. ¿Te animas tú también a conectarte?

VIERNES: ... Y Dios te hará crecer "El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo" (Mc 4,26-27). ¿Habéis plantado alguna semilla? ¿Os parece fácil cuidar las plantas y que no se mueran? Los seres vivos necesitamos que nos cuiden y cuidarnos para vivir. Jesús dice que, cuando Dios actúa, lo hace así: cuida la semilla sembrada en nosotros, la riega con su Espíritu, le envía el sol..., y esa semilla va creciendo, sin que sepamos cómo. Así sucede con la semilla de la vocación que Dios está despertando en tantos jóvenes en las misiones, para convertirles también a ellos en misioneros. Pero necesitan ayuda... ¿Quieres colaborar con Dios?

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EDUCACIÓN SECUNDARIA Se trata de descubrir a los alumnos de ESO y Bachillerato que Dios llama a jóvenes como ellos a seguirle de cerca. Lo hace cuando invita a algunos a marchar lejos de su casa para anunciar el Evangelio, y lo sigue haciendo, suscitando vocaciones en países evangelizados por los misioneros y misioneras. Esta oración de la mañana se inspira también en la carpeta para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones editada por la CEE, CONFER y OMP. Presentación.

LUNES: Empujados por el Espíritu... "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor" (Lc 4,18-19). El Espíritu, en Jesús, lo empuja a estar cerca del pobre, del necesitado, a anunciar a los hombres que todos somos hermanos. El mismo Espíritu empuja a los misioneros a salir de su tierra para ir a anunciar el Evangelio a los más pobres del mundo y ayudarles a recobrar su dignidad. Oración. Señor Jesús, danos la fuerza de tu Espíritu, que nos saque de las comodidades y rutinas y nos haga sensibles a las necesidades de los demás; empújanos para que no aplacemos nuestro compromiso. Sigue enviando personas dispuestas a entregar su vida por tu Evangelio en la vida consagrada y sacerdotal. Amén.

MARTES: ... Seréis mis testigos "Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra" (Hch 1,8). La promesa de Jesús a sus discípulos se traduce en fuerza para anunciar, rompiendo los límites personales y geográficos. El testimonio de tantos misioneros y misioneras suscita en jóvenes de los territorios de misión el impulso de seguir las huellas de Jesús. Dios les regala el don de la vocación. Oración. Señor Jesús, queremos que cuentes con nosotros para anunciar tu Reino; que tu Espíritu nos libere de los miedos y debilidades. Sigue enviando personas dispuestas a entregar su vida por tu Evangelio en la vida consagrada y sacerdotal. Amén.

MIÉRCOLES:

Aquí estoy...

"Hay diversos dones, pero un mismo Espíritu. Hay diversas maneras de servir, pero un mismo Señor. Hay diversas funciones, pero es un mismo Dios el que hace todas las cosas en todos" (1 Cor 12,4-6).

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En nuestro mundo, cerca de ti, hay muchas personas que se dejan guiar por el Espíritu y son constructoras de un mundo mejor, porque ponen al servicio de los demás lo mejor de ellas. Entre estas personas, destaca la entrega generosa de los misioneros. No son héroes, son como nosotros, pero han sido capaces de responder: "Aquí estoy, envíame". Señor Jesús, envía tu Espíritu, que agrande mi corazón para que yo sea generoso y sepa dar lo mejor de mí a quienes lo necesiten. Sigue enviando personas dispuestas a entregar su vida por tu Evangelio en la vida consagrada y sacerdotal. Amén. Oración.

JUEVES:

... Sin miedo...

"Y cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que decir se os comunicará en ese momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre que hablará en vosotros" (Mt 10,19-20). El mundo lo mueve gente sencilla y pequeña que tiene un corazón inmenso, lucha por la justicia y defiende a los débiles. Dios sigue suscitando vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada en los países de misión. La misión se sirve de la sencillez y generosidad de estas personas para ser testigos del amor de Dios en otros lugares de la Tierra. Oración. Señor Jesús, gracias porque te haces presente en los sencillos y limpios de corazón; envíanos tu Espíritu para que sepamos descubrirte en lo pequeño de cada día. Sigue enviando personas dispuestas a entregar su vida por tu Evangelio en la vida consagrada y sacerdotal. Amén.

VIERNES:

... Envíame

"Al llegar la noche de aquel mismo día, primero de la semana..., Jesús entró y, poniéndose en medio de los discípulos, los saludó diciendo: «¡Paz a vosotros!... Como el Padre me envió a mí, también yo os envío a vosotros"» (Jn 20,19.21). Jesús nos entrega su vida, su Espíritu, nos da su paz y nos invita a ser constructores de paz y perdón. Pregúntate cómo puedes reconocerte como enviado por Dios y cuál puede ser tu respuesta. Señor Jesús, Tú conoces como nadie mi corazón; que nunca deje yo de hacer el bien y ser portador de tu paz. Envía tu Espíritu para que yo sea un testigo veraz. Sigue enviando personas dispuestas a entregar su vida por tu Evangelio en la vida consagrada y sacerdotal. Amén. Oración.

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C

El crecimiento de las vocaciones nativas es espectacular. Si nos fijamos en los datos de sacerdotes nativos en los territorios de misión, podemos decir que, desde 1989, casi han duplicado su número, pasando de 46.932 a 88.138. Esta evolución contrasta llamativamente con las cifras del resto de la Iglesia universal en el mismo periodo de tiempo, que han descendido levemente, de 354.547 a 327.654 sacerdotes.

Las vocaciones surgidas en la geografía misionera tienen serias dificultades para responder a la llamada, muchas de ellas, de tipo material. Por eso, la Iglesia universal se encarga de cuidar a estos pequeños a través de la Obra de San Pedro Apóstol. En 2016, gracias a la solidaridad de toda la Iglesia, esta Obra Pontificia distribuyó 20.413.323,50 , que apoyaron a las siguientes vocaciones (y también, a formadores que las acompañan):

A

Desde España, como miembros de una familia universal que es la Iglesia, estamos llamados a acoger y apoyar este trabajo del Espíritu Santo, como nos dice el secretario general de la Obra de San Pedro Apóstol, Fer-

nando Domingues. Por eso, en esta Jornada de Vocaciones Nativas la Iglesia nos invita a alzar los ojos a la universalidad de la Iglesia, y a rezar y ayudar económicamente a estas vocaciones, apuesta de futuro.

ada vez son más los jóvenes en los territorios de misión que están respondiendo con generosidad a la llamada del Señor. El Espíritu Santo está dando abundancia de vocaciones en aquellas zonas que, herederas del trabajo de los misioneros, empiezan a producir sus propios frutos. La existencia de las vocaciones locales muestra que el Evangelio anunciado por los misioneros ha echado raíces y asegura el futuro de las Iglesias jóvenes.

sí pues, no podemos decir que la Iglesia tiene falta de vocaciones. Aunque, en la actualidad, en las Iglesias de antigua implantación hay escasez de ellas, en los territorios de misión no cesan de aumentar.

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Una religiosa misionera de Ourense en Argentina y un seminarista del seminario mayor San Agustín de Jos, en Nigeria –centro al que España, a través de la Obra de San Pedro Apóstol, ha ayudado con 140.931,71e en 2016–, nos hablan de su vocación. Sus palabras nos descubren cómo, según dice el Papa en su Mensaje, "Jesús camina con nosotros" en la tarea de la misión.

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E

l Señor me llevó por caminos que yo no conocía. A los dieciocho años, fui a trabajar a Suiza. Pero Él tenía pensada otra cosa para mí; me lo fue revelando en el camino. Fue en 1962. Mi fábrica tenía una residencia para jóvenes empleadas, a cargo de las hermanas misioneras de la Consolata. A partir de un retiro que providencialmente pude realizar en 1964, empecé a pensar en la vocación misionera. Me gustaba ese carisma de la Consolata; me entusiasmó la exposición de una hermana que venía de Kenia. Pasé dos años luchando; mi temor era hablar a mis padres de irme a Italia (entonces no podía ser en España). Pero el Señor me precede siempre: “Me has seducido, Yahvé, y me dejé seducir” (Jer 20,7). Una vez que escribía a un tío mío salesiano, una hermana que conocía mi situación me pidió ponerle un

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saludo. No supe lo que escribió, pero la respuesta de él fue: “Si tú tienes vocación y te gusta el carisma de esas hermanas, me parece muy bien que seas una de ellas”. Esto me ayudó a dar el paso. Ingresé en el instituto de las hermanas misioneras de la Consolata en 1966. Tras mi profesión religiosa, me destinan a Argentina, adonde llegué el 24 de diciembre de 1970. Vine con Jesús; estoy convencida que nunca me dejó sola. Su presencia ha sido continua a lo largo de mi vida; soy yo la que muchas veces me ausento. Así surgió mi vocación; la he ido descubriendo a través de situaciones concretas. Cuando pienso en ella, me encuentro frente a un amor desbordante; no se puede explicar. Un amor que ha entrado en mi vida y que me ha dado la fuerza de seguir al Amado, que era el que me llamaba para cumplir una misión que Él me confiaba.


Sí, estoy segura de que nunca caminé sola. Él está siempre a mi lado y lo encuentro también en las personas a las que arrinconan en las “villas miseria”, como ese pobre que me recitó de memoria la parábola de los talentos en poesía gauchesca. Los misioneros queremos hacer conocer al Señor, pero son los pobres quienes nos hacen descubrir el amor de este Dios, que parece ausen-

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E

l pensamiento de convertirme en sacerdote se remonta a mi primera infancia. La motivación era algo inmadura, pero, con todo, poderosa. Tras el seminario menor y estimulado por ese celo inicial, di mi primer paso para este bienaventurado viaje al sacerdocio solicitando la admisión en la archidiócesis de Abuya. Entonces mi concepto de ser sacerdote era un tanto egoísta: una vida de soledad para Dios solo, autoexcluyéndose del mundo social y exterior. El viaje comenzó cuando retomé el seminario propedéutico San Carlos Lwanga (Adeke, Makurdi) para mi año espiritual. Esta es una zona predominantemente de tribu tiv; era como estar en un mundo diferente, ya que yo soy de la tribu igbo, y tuve que adaptarme. También me encontré con desafíos como las duras condiciones climáticas, la mala red de carreteras, el suministro de agua potable y los apagones. Aunque la experiencia fue dura, abrió mi mente a una nueva realidad en relación con el sacerdocio. Después fui felizmente enviado a continuar mi formación en el seminario mayor de

te y, sin embargo, está siempre presente, acompañando, consolando. Agradezco ese potencial de amor que me ha regalado el Señor, dándome la vocación religiosa como misionera de la Consolata. Y agradezco, también, las distintas vocaciones, incluyendo a los laicos, que con sus carismas enriquecen a la Iglesia. MARÍA DOLORES OTERO FERNÁNDEZ, MC, Argentina

San Agustín (Katako, Jos). Cuando llegué aquí, me di cuenta de que verdaderamente es un hogar lejos del hogar; una comunidad donde coexisten la armonía y la solidaridad entre los estudiantes, el equipo de formadores y la comunidad exterior, sin dejar de lado el respeto y la disciplina. Aquí no solo soy instruido, sino formado y moldeado para ser, primero, un mejor cristiano, y luego, un buen sacerdote. Al final del curso 2014/15, se me asignó un trabajo apostólico de dos meses en una parroquia, que tuvo su parte floreciente y también, en medio de ella, reveses y retos que afrontar. A través de mi experiencia, con todas estas ramificaciones, he llegado a comprender que mi percepción inicial del sacerdocio era errónea, y gradualmente se está depurando. Yo vivo solamente para Cristo y también llevo a otros a Cristo. El sacerdocio es una llamada, un servicio a los fieles, con independencia de la localidad o de las tribus. No estoy limitado a ninguna ubicación geográfica y permanezco abierto a todos. INEGBU FRANKLINE OBINNA, Nigeria

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Monición de entrada Hermanos: en este cuarto domingo de Pascua, domingo “del Buen Pastor”, se nos recuerda una vez más que Jesús conoce el nombre y la historia de cada uno de nosotros. Él es la puerta que estamos llamados a atravesar, la voz inconfundible que se nos invita a seguir. Esa imagen nos inspira y nos ayuda a vivir la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada de Vocaciones Nativas, que celebramos nuevamente de manera conjunta, bajo el lema “Empujados por el Espíritu: «Aquí estoy, envíame»”. El papa Francisco, en su Mensaje de este año, nos recuerda la dimensión misionera de la vocación cristiana. Oremos por las vocaciones, sobre todo por las de especial consagración, al sacerdocio y a la vida religiosa, y también por las vocaciones nativas de los países de misión. Comenzamos la celebración de la eucaristía; se abre para nosotros la puerta de acceso al corazón del Buen Pastor.

Sugerencias para la homilía A través del bautismo nos integramos en la Iglesia, el rebaño de Cristo (1.ª lectura), y volvemos al pastor y guardián de nuestras vidas (2.ª lectura). Por eso, podemos siempre cantar llenos de confianza en Cristo: “El Señor es mi pastor, nada me falta”. Él da su gracia en los sacramentos, principalmente en la eucaristía, cuya mesa abundante nos prepara cada domingo (salmo). El Señor se presenta en el Evangelio como la puerta, ya que Jesús quiere que distingamos entre el dueño de las ovejas y el ladrón. El dueño entra por la puerta, conoce a sus ovejas y las precede en el camino hacia los pastos frescos y abundantes. Las ovejas conocen la voz de su dueño y le siguen. Esa es la relación que Jesús quiere establecer con nosotros, sus discípulos. La imagen es clara, pero los fariseos no la entienden. Por eso Jesús tiene que concretar, afirmando que Él es la puerta, es decir, el que da legitimidad a los que pueden actuar como pastores en su nombre.

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Jesús es la puerta que estamos llamados a atravesar, la voz inconfundible que se nos invita a seguir.

El pastor viene para que sus ovejas puedan vivir la vida que Él les proporciona, esto es, para que tengamos vida abundante. Es la vida que Jesús, por medio de su resurrección, ha logrado para nosotros. Así pues, su mensaje nos invita a poner nuestra confianza en Él, ya que nos conoce, nos llama por nuestro nombre, nos precede y nos lleva a participar del alimento que nos llena de vida. Nosotros debemos familiarizarnos con su voz, para poder distinguirla entre tantas otras voces. Celebramos la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada de Vocaciones Nativas, bajo el lema “Empujados por el Espíritu: «Aquí estoy, envíame»”. El papa Francisco, en su Mensaje para esta Jornada, nos recuerda que “el compromiso misionero no es algo que se añade a la vida cristiana, como si fuese un adorno, sino que, por el contrario, está en el corazón mismo de la fe: la relación con el Señor implica ser enviado al mundo como profeta de su palabra y testigo de su amor”. Nuestro primer compromiso debe ser rezar por las vocaciones. La principal actividad de la pastoral vocacional de la Iglesia es la oración, que reconoce que las vocaciones son un don de Dios y como tal se lo pide. La Iglesia ruega al Dueño de la mies que envíe obreros a los sembrados.

Oración de los fieles Por el papa Francisco, por nuestro obispo, por todos los obispos. Para que tomen a Cristo como modelo, y guíen con valentía al pueblo de Dios al Reino de justicia y de amor. Oremos. Por los sacerdotes y religiosos, para que vivan con entrega generosa su vocación y cada día progresen más en su servicio como pastores y consagrados. Oremos. Por nuestros jóvenes, para que tengan el coraje de ser y sentirse totalmente libres para el trabajo que el Señor les encomiende en la Iglesia. Oremos. Por las Iglesias más jóvenes y necesitadas, para que, con nuestra oración y nuestra ayuda económica, el Señor suscite nuevas vocaciones y estas puedan perseverar en el servicio a sus comunidades. Oremos. Para que aumenten entre nosotros las vocaciones sacerdotales y religiosas que necesitamos. Oremos.

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Ambientación previa Se pone el cartel de la Jornada en un lugar visible junto al altar. A los pies de este se extienden, en forma de un camino que desde el altar se ensancha, telas de los cinco colores que simbolizan los cinco continentes (verde-África, rojo-América, blanco-Europa, azul-Oceanía y amarillo-Asia). Se colocan también faroles, tres por lado, y, en medio de las telas, unas sandalias; junto a estas últimas se pondrá luego un velón encendido, representando, con los seis faroles, los siete dones del Espíritu Santo.

Acogida A la entrada se entregan unas sandalias –hechas en cartulina u otro material apropiado– con el lema de la vigilia (el mismo de la Jornada), así como bolígrafos para poner el nombre en el reverso.

ENTRADA Con el canto de entrada, la asamblea recibe al sacerdote con los acólitos, que traen los cirios o velones que se colocarán a los pies del altar, en los faroles y junto a las sandalias; otro acólito llevará el leccionario y lo pondrá en el mismo altar.

MONICIÓN INICIAL Los que hoy estamos aquí hemos sido llamados a celebrar este encuentro de oración y reflexión por las vocaciones sacerdotales y a la vida religiosa, en sus múltiples dimensiones, movidos por el Espíritu. Venimos a orar, a rogar “al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies”. Toda vocación es la respuesta a una llamada interior que se descubre en el seno de la Iglesia y es animada por la acción del Espíritu Santo, que nos permite advertir que en este camino no estamos solos. Jesús, al igual que hizo con los discípulos de Emaús, camina a nuestro lado, nos infunde confianza y va abriendo la ruta a seguir, en una maravillosa aventura de entrega generosa a los hermanos. Convergen dos motivos en esta vigilia: la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada de Vocaciones Nativas. Por eso, nuestra mirada se dirigirá especialmente hacia una respuesta que implica misión, salida, valentía, desafíos, sueños y estar dispuestos a dejarse traspasar y transformar por el amor.

ORACIÓN Padre bondadoso, Tú que enviaste a tu Hijo Jesucristo para que, siendo Él mismo camino, verdad y vida, nos enseñara tu rostro compasivo y amoroso, compartiendo con nosotros su propia misión, haciéndonos partícipes de ella, enviándonos a ser anunciadores de la Palabra liberadora del Evangelio, constructores del Reino, sembradores de esperanza, testigos de su resurrección: concédenos, por medio de los dones transformadores del Espíritu Santo, el impulso necesario para animarnos a salir de toda comodidad y pasividad, y con generosidad gastar nuestras vidas al servicio de nuestros hermanos, tras las huellas de Jesús.

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Uniendo nuestra voluntad a la de María Santísima, queremos llegar a pronunciar nuestro propio “Aquí estoy, envíame” como respuesta a tu llamada; que, alegres como Ella, nos pongamos en camino. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

1. El inicio del camino

LECTURA DEL PROFETA ISAÍAS (6,7b-8) REFLEXIÓN Para Isaías este pasaje marca el inicio de una vida nueva. Tocado profundamente por la santidad de Dios, pasa por la vivencia del perdón, que le infunde confianza y le mueve a responder a la voz de Dios, que busca a quién enviar; reconoce en su propuesta la vocación y exclama: “Aquí estoy, envíame”. – ¿En qué lugar del camino estás? – ¿Hacia dónde se dirigen tus sueños en este camino de gracia?

2. Soñando juntos el camino

DEL SALUDO DEL PAPA FRANCISCO A LOS JÓVENES EN LA HABANA, CUBA (20-9-2015) Toda vocación es la respuesta a una llamada interior que se descubre en el seno de la Iglesia y es animada por el Espíritu Santo.

“Un escritor latinoamericano decía que las personas tenemos dos ojos, uno de carne y otro de vidrio. Con el ojo de carne vemos lo que miramos. Con el ojo de vidrio vemos lo que soñamos. Está lindo, ¿eh? En la objetividad de la vida tiene que entrar la capacidad de soñar. Y un joven que no es capaz de soñar, está clausurado en sí mismo, está cerrado en sí mismo. Cada uno a veces sueña cosas que nunca van a suceder, pero suéñalas, deséalas, busca horizontes, ábrete, ábrete a cosas grandes. [...] No te arrugues, ábrete. Ábrete y sueña. Sueña que el mundo contigo puede ser distinto. Sueña que, si tú pones lo mejor de ti, vas a ayudar a que ese mundo sea distinto. No os olvidéis, soñad. Por ahí se os va la mano, y soñáis demasiado, y la vida os corta el camino. No importa, soñad. Y contad vuestros sueños. Contad, hablad de las cosas grandes que deseáis, porque, cuanto más grande es la capacidad de soñar, y la vida te deja a mitad de camino, más camino has recorrido. Así que, primero, soñar”. (El mensaje en vídeo se encuentra en https://youtu.be/xcndXpDCWk4).

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Avanzamos en la ruta de Jesús resucitado; sendas de vida, en las que se quiebran los temores y mueren los miedos.

REFLEXIÓN Hemos iniciado el camino. Ahora nos encontramos con otras personas que también comparten la misma llamada y entran en nuestro camino, enriqueciéndolo y fortaleciéndolo con sus propios sueños y vivencias. La invitación es a compartir en grupos estos sueños, sin miedos, con ilusión, contagiando la alegría y los deseos de encender en otros corazones la llama que arde en el propio.

3. Impulsados por la confianza

LECTURA DEL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (24,13-32) REFLEXIÓN En esta aventura de amor y fe, el que camina, busca, se pregunta, cuestiona, se interpela y avanza, tiene la certeza y confianza de no estar solo: Jesús le ha garantizado con su promesa que estará siempre con él. Nosotros avanzamos en la ruta de Jesús resucitado; sendas de vida, en las que se quiebran los temores y mueren los miedos, para ver germinar la esperanza y la confianza de que, igual que hizo con los discípulos de Emaús, Jesús camina a nuestro lado. Al narrar y compartir las experiencias, se hace presente Jesús resucitado; la comunidad es imprescindible para provocar la vivencia. (Se deja un momento para la meditación personal, que es acompañado con algún estribillo apropiado que permita la reflexión; por ejemplo, “Enciende la llama de tu amor”, de Taizé. Se invita a algunos jóvenes a pasar al frente y dar testimonio de su camino vocacional, y lo que ha significado en su vida y entorno soñar un camino e ir hacia delante. Al terminar cada testimonio, el coro puede entonar brevemente el mismo canto escogido para la reflexión, en forma de acción de gracias por la vivencia compartida y adhiriendo a esa persona a nuestro compromiso en la oración).

ORACIÓN Señor Jesús, Tú que saliste al encuentro de unos caminantes decepcionados y tristes, anima nuestros corazones con la fuerza de tu Espíritu; haz que te recordemos más, que compartamos tu Palabra, repasemos tu vida y ahondemos en tu proyecto; que no tengamos miedo de recorrer ese camino que conduce al corazón, que nos abre los ojos para poder verte, seguirte y hacer de nuestro camino un lugar de encuentro y diálogo donde muchos otros también sueñen con una vida plenamente humana, renovada, alegre; y que así seamos para nuestros hermanos, con la ayuda de tu gracia, instrumentos de salvación. Amén.

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4. Germina la semilla en el diálogo amoroso con Jesús Eucaristía

MOTIVACIÓN “El Reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en tierra. Él duerme de noche y se levanta por la mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo” (Mc 4,26-27). Vamos a situarnos en el lugar de la semilla. A los ojos de muchos, seremos quizás pequeños, invisibles, insignificantes... Sin embargo, llevamos dentro un tesoro inconmensurable, una vocación que nos mueve a caminar, a ser discípulos, testigos del Amor de Dios, y nos hace abrir el corazón a grandes ideales. La invitación es a cuidar la relación personal con el Señor, ya que es el alimento que tenemos en el camino.

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO Y TIEMPO DE ADORACIÓN Se entona un canto apropiado para la exposición de Jesús Eucaristía, mientras entra procesionalmente el sacerdote con la custodia e inciensa el Santísimo. La exposición transcurre como de costumbre. Para acompañar este tiempo de adoración, se entonarán varios cantos breves, a modo de antífonas. Durante los silencios, pueden acercarse a los pies del altar los que así lo deseen, arrodillarse un momento en oración callada y dejar, junto a las sandalias que están en medio del camino hecho con las telas, la sandalia que les entregaron al llegar, una vez escrito su nombre en la parte de atrás. Tras el tiempo que el sacerdote estime prudente, al finalizar se da la bendición con el Santísimo.

5. Conclusión y despedida Hemos vivido este tiempo de oración para escrutar nuestros corazones y animar los pasos de aquellos que están de camino.

Hemos vivido y compartido este tiempo de oración y reflexión para escrutar nuestros corazones y animar los pasos de aquellos que están de camino, y pedir que Dios les conceda una profunda adhesión a la Iglesia, dejándose acompañar por la comunidad eclesial y sostener por la acción del Espíritu Santo. Ellos serán mañana los misioneros que el mundo está necesitando; que susciten en otros jóvenes el deseo de acercarse a este camino, para descubrir el atractivo siempre actual de la figura de Jesús y que, al igual que el profeta Isaías, deseen consagrar sus vidas y pronunciar la respuesta asumiendo el compromiso: “Aquí estoy, envíame”. Os invito a recoger una sandalia de las que están a los pies del altar y orar por la persona que escribió en ella su nombre. V. Sed misericordiosos como vuestro Padre celestial es misericordioso. Podéis ir en paz. R. Demos gracias a Dios.

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L

a misión es la conclusión lógica y gozosa del encuentro con Cristo. Por ello san Guido María Conforti funda los Misioneros Javerianos y trabaja para que la animación misionera en Italia –y, más tarde, en el mundo– sea una realidad. Veamos su papel en los orígenes de la Pontificia Unión Misional. El beato Paolo Manna percibe la necesidad de implicar a los sacerdotes diocesanos en la animación de los fieles para sostener la Obra de la Propagación de la Fe. La idea central de la iniciativa que había de impulsar, primero llamada Unión Misional del Clero, reside en la organización de presbíteros comprometidos en la animación y la cooperación misionera del pueblo cristiano y en el fomento de las vocaciones misioneras. El P. Manna se percata de que, para interesar a los obispos y a la Santa Sede en este empeño, la persona más indicada era Guido María Conforti, obispo de Parma. Así, el

25 de febrero de 1916, se encuentra con él, y este, una vez informado, se adhiere sin dificultad y con entusiasmo al proyecto. El 28 de abril Mons. Conforti, en Roma, referirá a Benedicto XV el proyecto de la Unión, que antes había presentado al cardenal Domenico Serafini, prefecto de Propaganda Fide. El javeriano P. Bonardi, primer biógrafo de san Guido, relata que el Pontífice, al oír hablar sobre una “obra misionera”, manifestó que no quería más obras: deseaba operativas las que ya había. Conforti le respondió que no se trataba de una nueva obra, sino de una destinada a potenciar las existentes, con lo que el Papa tomó el documento presentado por el prelado. Benedicto XV la aprobará el 31 de octubre de ese año 1916. Otro biógrafo de Conforti, el javeriano P. Teodori, dice también que Propaganda Fide presentó la Unión Misional del Clero como obra del

obispo de Parma. Aclarada la confusión, este pedirá disculpas, a las que Manna responderá: “Providencial y feliz equívoco”. En 1917, Mons. Conforti escribía una carta al clero de su diócesis para motivar en relación con la Unión y desarrollar la conciencia del deber de todos en interesarse por la dilatación de la fe en el mundo. Italia –apuntaba Conforti– debería estar a la vanguardia en personal y contribución a las misiones, pero su generosidad misionera aún era escasa. San Guido dedicará gran empeño a la Unión Misional, y será nombrado su primer presidente, de 1918 a 1927. La Obra continuará después su historia. En 1956 es elevada a la categoría de “Pontificia” por Pío XII, quien, en 1949, había integrado en ella a la vida consagrada. Y en 1980 los Estatutos de las OMP abren a la que hoy conocemos como Pontificia Unión Misional (PUM) a los laicos agentes de pastoral.

Rolando Ruiz Durán, sx

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VOCACIONES NATIVAS

por continentes

DISTRIBUCIÓN DE LAS AYUDAS DE ESPAÑA

De entre las solicitudes de ayuda aprobadas por la Asamblea General de las OMP celebrada en Roma del 30 de mayo al 4 de junio de 2016, la Secretaría General de la

Obra de San Pedro Apóstol asignó a España la siguiente distribución de las cantidades que había puesto a disposición del Santo Padre para cuidar de las vocaciones nativas:

ASIA INDIA ............................ 216.646,89 INDONESIA ............... 90.736,45 TOTAL ............ 307.383,34 E

ÁFRICA

AMÉRICA

BENÍN .................... 22.348,07

MADAGASCAR ....113.377,79

COLOMBIA ................ 74.137,52

BURUNDI ............ 46.987,01

NIGERIA ............. 356.322,15

ECUADOR .................... 9.697,37

CAMERÚN ......... 54.028,17

R. D. CONGO .......365.302,45

GHANA ................. 69.569,55

UGANDA ............ 273.635,59

PARAGUAY ................. 9.827,36

LIBERIA................... 7.611,27

TOTAL .......... 1.309.182,05 E

TOTAL ............ 119.712,26 E

NICARAGUA ............. 18.909,22 PANAMÁ ....................... 7.140,79

TOTAL GENERAL........................... 1.736.277,65 E Dichas cantidades, procedentes de la cooperación económica de los fieles durante el ejercicio de 2015, han permitido cosechar estos frutos: 57 proyectos sostenidos (35 en África, 13 en Asia y 9 en América) 52 seminarios apoyados 4.234 seminaristas atendidos 16 países beneficiados


Illuminare Nº 400  
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