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No se sabe concretamente en donde podríamos clasificar a Cortázar, si en las novelas o la poesía, si en la literatura o el Jazz, si en Argentina o en Francia o si en la escritura o la docencia. Y es que se desempeñaba con tanta perfección en cada uno de estos campos que podríamos decir que él, como argentino, era un gran francés y viceversa. Nació un 26 de agosto de 1914 en Bruselas, Bélgica y nació allí porque sus padres, por supuesto argentinos, desarrollaban labores diplomáticas en este país europeo. Pero su estancia fue bastante breve ya que a causa de la Primera guerra mundial tuvieron que salir de Bél-

gica, moverse hasta Alemania (gracias a la ascendencia de su madre) y de allí poder volver a Argentina. Esto podría resumir lo que fue la vida de este escritor ya que como es bien sabido por muchos, él era un nómada del mundo. Vivió en España, Italia y Suiza y pasó largos periodos en Nicaragua y Costa Rica, pero nada se compara con sus épocas en Argentina y Francia ya que allí explotaron sus grandes dotes artísticos. Cuando acabó sus estudios en la escuela, entró a la universidad para ser profesor de letras y así poderle ayudar a su mamá con los gastos de la casa.

Aunque su obligaciones no lo apartaban del ocio, con estoy hablo de las muchas veces que visitaba los cuadriláteros de boxeo como un espectador. Pasatiempo que defendía con muchos argumentos, dejando de lado las bestialidades que allí se cometían y que se encuentra plasmado en ‘La fascinación de las palabras’. Argentina fue el hogar Julio Denis, el seudónimo con que empezó su carrera y dio vida obras teatrales y poemas. También acogió a aquel niño enfermizo que pasaba de una dolencia a otra y de no haber sido por esto, no sería quien conocemos hoy ya que gracias a todas las enfermedades que padeció, sus únic-


“En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas.” Julio Cortázar

os amigos estaban en casa y eran sus libros. También estudió Filosofía, se notaba que era un fanático del pensamiento, cosa que lo convierte en una de las más grandes mentes del siglo XX. Es por eso que fue vivir a Francia, el país que lo hacía soñar, por eso y porque no estaba de acuerdo con las políticas del gobierno de Perón. Pero antes de vivir en Francia publica ‘Bestiario’, recopilación de cuentos donde se encuentran Carta a una señorita en París, Casa Tomada y Las puertas del cielo. Fue un hombre que, a pesar de su tosco aspecto, tenía una gran habilidad para

las palabras dulces, eso se podía demostrar por medio de sus escritos y las mujeres que conquistó con ellas. Aurora Bernárdez, Ugne Carvelis y Carol Dunlop (su última esposa) fueron sus musas. París fue la que vio el auge de la obra de Cortázar con Rayuela, su novela cumbre, aquella de la que decía que “De alguna manera es la experiencia de toda una vida y la tentativa de llevarla a la escritura”. Amante del Jazz durante su período en ‘la ciudad luz’, frecuentaba los bares donde se podían oír las composiciones de Louis Armostrong, Kenny Clarke y Thelonius Monk e inspirarse para seguir escribiendo. Y así como

París lo vio surgir, lo vio morir. Todavía no sabemos que se lo llevó, si fue una grave leucemia o la llegada del sida a causa de una mala transfusión de sangre. Sus restos se encuentran en el cementerio de Montparnasse, junto a los de su esposa Carol y sobre su lapida se yergue la escultura de un ‘cronopio’, personaje creado por el, representado por globos verdes que se elevan, como haciendo referencia de que su escritura se eleva por nuestras mentes cada vez que leemos sus poemas.



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