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República Bolivariana de Venezuela Ministerio del Poder Popular Para La Educación Universidad Bolivariana de Venezuela Aldea San Antonio

Bachiller: Omar Adrián Romero Mavárez Santa Ana de Coro, febrero de 2011.

El debate ético y político sobre la cuestión social


La sociedad es un entramado de vínculos que permite a las personas organizarse para vivir juntas, convivir o llevar una vida en común, y realizar, a través de este entramado o tejido, una serie de aspectos significativos de la vida para todos aquellos que los comparten. Las personas no pueden vivir aisladas, es necesario que convivan con otras para convertirse en personas. No obstante, decir que las personas son en esencia sociales, no significa que debamos anularnos en función de un colectivo; tampoco el hecho de convivir es suficiente para que todos tengamos iguales oportunidades y opciones para vivir bien. La sociedad es una construcción humana asociada a distintas maneras de plantear la civilidad y cumple con la condición de convertir en metas públicas la satisfacción de necesidades sociales en el más amplio espectro de libertades democráticas. Dichos vínculos no son espontáneos como los que se heredan de la familia o de la etnia, tampoco son los que se derivan o establecen por la pertenencia a un país, estado, municipio o localidad donde vivimos. Son vínculos que se construyen a partir de una acción deliberada, tienen ciertas características, están orientados hacia ciertos objetivos y producen o tienen unos determinados resultados a lo largo de nuestras vidas. Es decir, estos vínculos hacen posible un tipo de existencia, de inserción, de posición, de trato y de participación, tanto en el ámbito individual como colectivo, inmersos en la sociedad en la que nos encontramos. Al conjunto de estos aspectos (existencia, inserción, posición, trato y participación) los llamaremos necesidades sociales. En éstas, no solamente se incluye la necesidad de vivir o de vivir más tiempo, sino el vivir de una determinada manera, lo cual puede expresarse en una “buena vida”. Pero también incluye la necesidad de ocupar un lugar en la sociedad que permita alcanzar la clase de vida que se quiere. Un lugar que permita a sus habitantes ser “sujetos” o personas dueñas de esa buena vida y, al mismo tiempo, ser “actores”. Se ha llamado a tales necesidades sociales tanto a vivir bien como a tener control sobre nuestras vidas, porque la realización de estas necesidades en forma satisfactoria es producto del entramado de vínculos construidos en una sociedad. Así pues, la satisfacción de estas necesidades dependerá de cuál sea el tipo de vínculo que predomine en la vida social, de las identidades envueltas en ellos, de las prácticas con base en las cuales estos vínculos e identidades se concretan en mecanismos para satisfacer las necesidades sociales y de los principios que regulan estos mecanismos y permiten tener acceso al disfrute del bien que producen. En la realidad, la convivencia social no es justa, no es igualitaria ni establece automáticamente por el hecho de existir,


solidaridades entre todos. Por eso, crear un futuro distinto a esta realidad ha sido el propósito constante de causas y proyectos políticos desde el surgimiento de las sociedades modernas, entendiendo por éstas aquellas en que las personas ya no se encuentran subordinadas a un poder que emerge de una fuerza superior moral o divina contra la cual no se puede luchar, sino que poseen facultades para crear y conducir sus propios modos de convivencia, de identidades, de principios que regulen esta convivencia (igualdad, justicia, libertad, solidaridad) y de formas de producir y reproducir condiciones materiales y no materiales de existencia. Si las sociedades no tuvieran capacidad para conducirse y organizarse de acuerdo con sus propios valores, fines y medios políticos, tendríamos que resignarnos a estar a merced de un destino natural inevitable o a la terrible condición de que vivan los más aptos o más fuertes, desde el punto de vista cultural, social y económico. Es necesario valorizar el sentido de la política como la capacidad de crear opciones para promover nuevos proyectos colectivos viables, en el marco de crisis que viven los países de América Latina. Esto significa recuperar el papel constructivo de la política como ordenadora de las decisiones de la sociedad (PNUD, 2004). Ahora bien, para que un proyecto político de sociedad tenga validez es necesario que sus planteamientos sean justificables de manera pública, es decir, que la sociedad entera o la mayoría de sus miembros se hayan convencido de sus bondades y de que éstas llegarán a materializarse en la vida concreta de las personas. La validez pública se logra si los miembros de una sociedad pueden participar en el proyecto en iguales condiciones, en forma libre y por argumentos, vale decir, si las personas logran convertirse en actores del proyecto y el contenido de éste es producto de una decisión ampliamente democrática (Dussel, 2003). Pero además, el reconocimiento de un proyecto debe conducir a la creación de las capacidades para llevarlo a la práctica. Sin embargo, cada proyecto político de sociedad representa una determinada relación de fuerzas sociales. En otras palabras, responde a una estructura de poder en la sociedad y a las identidades e intereses de los actores que dominan en ella. No está bajo el control de todos ni necesariamente de la mayoría, debido a que en la realidad social existen desigualdades de poder, de recursos y de oportunidades, y operan distintas formas de dominación de unos sobre otros. Cada proyecto político adopta un enfoque de sociedad que influye en el contenido de las políticas públicas. A continuación veremos cuatro enfoques que han ido teniendo cierta relevancia a lo largo de la historia de las sociedades modernas. Estos enfoques irán acompañando todo el


desarrollo de esta unidad de estudio y veremos más adelante cómo ellos dieron origen a distintos modelos de política social. Estos enfoques son: • El conservador-laborista, con el que se inició en Europa una política social de bienestar dirigida fundamentalmente a la consolidación socioeconómica de una clase trabajadora mayoritaria; • El keynesiano, que sentó las bases para asegurar un bienestar más universal e igualitario, centrado en la promoción del crecimiento económico; • el neoliberalismo, que renació para concentrarse únicamente en el ataque o en la lucha contra la pobreza, tal como fue en los orígenes del capitalismo; • Y el democratizador, el cual propone un proceso de acentuación de las solidaridades sociales y de la democracia, sobre la base de los derechos sociales, la equidad y la construcción de una ciudadanía activa.

El enfoque conservador-laborista: una sociedad estratificada En este pensamiento, la sociedad está integrada por la familia, la iglesia, el gremio y la comunidad local que mantienen relaciones de jerarquía y reciprocidad entre sus propios miembros. La razón del vínculo es mantener la estructura social que corresponde a las tradiciones o reglas del grupo y ascender en ella a través del mérito y del esfuerzo. El mecanismo de satisfacción de necesidades es el trabajo y la familia, que representan los dos valores centrales de la sociedad. Los sujetos asumen las identidades de la ubicación social del oficio que realizan y el resto de las personas son dependientes de quienes trabajan, del apoyo de la familia o de la comunidad. Aquellos que se encuentran fuera de estas redes de solidaridad están en una situación irregular, de vulnerabilidad o de riesgo que es asistida por el Estado. La buena vida está asociada con los bienes y servicios que se producen o que se obtienen a través del trabajo, y cada persona tiene el lugar que corresponde a su posición económica y social y a los privilegios que les ofrece ocupar dicha posición. El proyecto construye una sociedad estratificada, cuyo primer escalón es la educación y la entrada al mercado de trabajo; el segundo depende de las oportunidades que ofrece la estructura laboral y la seguridad social, así como de la carga de necesidades familiares; y el tercero, supone el ascenso y preservación de un mayor nivel de vida, a través de la productividad, las propiedades y los ingresos acumulados durante la trayectoria de vida.


El enfoque keynesiano: una sociedad de masas En este pensamiento, la sociedad está integrada por actores colectivos fuertes que realizan acuerdos sobre el crecimiento económico y el reparto de la riqueza, sin afectar las libertades individuales y procurando reducir los niveles de explotación económica entre clases sociales. Estos actores son el Estado, las empresas y los trabajadores. La satisfacción de necesidades no depende del nivel de participación o de las fluctuaciones del mercado, sino de un mecanismo de responsabilidades socialmente compartido que se organiza bajo la figura de un régimen de tributación y del gasto público. En la medida que éste es mayor, hay mayores probabilidades de que el mismo influya en la desmercantilización de la vida y en el fortalecimiento de los derechos ciudadanos. La razón del vínculo es integrar a todos los miembros de la sociedad en torno a un conjunto de permanencias: entre el capital y el trabajo para asegurar estabilidad económica y entre las libertades individuales y el acceso a un sistema de bienestar, universal y seguro, que provea de renta, bienes y servicios, para garantizar estabilidad social. Los sujetos asumen la identidad de ciudadanos, en condición de productores y/o consumidores, independientemente de sus capacidades de ingreso, de si tienen o no un empleo y de su posición económica y social. La buena vida está relacionada con un mayor bienestar. Cada persona tiene un lugar en la sociedad por su condición de ciudadano, que le otorga derechos políticos, económicos y sociales para tener acceso al sistema de bienestar. El proyecto construye una sociedad de masas, donde los valores centrales son la producción a gran escala y en serie de bienes y servicios, y el consumo.

El enfoque neoliberal: una sociedad dual En este pensamiento, la sociedad está integrada por individuos o, por personas, familias, empresas y gobiernos que se comportan como individuos, los cuales mantienen relaciones reguladas por los principios del mercado (competencia, interés egoísta, información plena). El único interés de cada individuo en la sociedad es poseer medios económicos y obtener el máximo provecho o utilidad a los factores que intervienen (materia prima, capital y trabajo) con el menor costo y esfuerzo posible. La razón del vínculo es mercantil, y en consecuencia, toda necesidad adopta el valor monetario del


bien o servicio que la satisface. Los bienes y servicios por tanto son entendidos como mercancías, y los sujetos asumen la identidad de productores o de compradores de La cuestión social en las políticas públicas mercancías para satisfacer sus necesidades, las cuales son un asunto de estricto interés privado. El mecanismo para satisfacer estas necesidades es la “magia” del mercado, donde se establecen relaciones de intercambio con los demás en función de la “eficiencia egoísta” o de la competencia, es decir, se busca el máximo de beneficio de lo que tenemos (vender al precio más alto) y el mínimo de costo de lo que se quiere tener (comprar al precio más bajo), en un contexto donde todos deben comportarse de la misma manera. La buena vida está asociada con tener propiedades o poseer dinero y cada persona tiene el lugar que le corresponde según sean los medios que posee y su capacidad de compra. Una sociedad construida desde este enfoque tiende a convertirse en una sociedad dual o escindida, caracterizada por una alta concentración de ganancias y consumo en unos pocos y de acceso precario a recursos y a niveles de vida en la gran mayoría, que podríamos llamar una “igualdad en la pobreza”. En la dualización se hacen más amplias las brechas entre una minoría enriquecida y una mayoría empobrecida, y se crean polos de inclusión/exclusión cada vez más alejados y extraños uno del otro. La dualización es sinónimo de polarización social. No significa solamente la acentuación de las desigualdades sino también el desplazamiento de éstas hacia extremos (Estay R., 2002), que por un lado conforman amplias distancias distributivas en las que unos tienen más poder o control que otros sobre derechos, oportunidades, bienestar y calidad de vida; y, por otro lado, divisiones o fracturas sociales en las que unos ejercen un poder jerárquico sobre otros que los va separando de las redes humanas y los obliga a ubicarse permanentemente en categorías sociales de pobreza, exclusión e inferiorización social.


DEBATE OMAR ADRIAN