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PRÓLOGO

Hace unos años, el reglamento rebajó a potestativo el uso del silbato para conceder los goles. Los árbitros de la tele consideraron que era una buena medida y empezaron a dejar de soplar en el momento más importante del fútbol. Argumentan sus defensores que esta forma moderna de conceder el tanto evita la confusión si al mismo tiempo hay una posible infracción de los atacantes. Nada ha cambiado cuando el que marca es el de casa, porque el pitido ya nunca se escuchaba. Cuando lo hace el de fuera, el hincha se ahorra el estridente sonido ejecutor que confirma una mala noticia. En su lugar, el estadio se queda en un silencio de funeral. No sabría decir que es más dramático. Mientras las Reglas mantengan la fórmula de “el silbato no es necesario”, lo seguiré utilizando bajo la premisa liberal de que está permitido todo aquello que no está prohibido. Si algún día lo prohíben, me pasaré a la anarquía. No solo por costumbre o por romanticismo, sino como forma de reivindicar nuestra importancia en ese instante supremo. Con ese silbido, el árbitro

¡Qué bueno era Escartín!

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Arbi, ¿qué pitas?

indica que el gol puede subir al marcador, por resolución expresa y no por silencio administrativo. Mi sueño era estar sobre el césped un día que Messi se llevase a seis defensas antes de mandar el balón a las redes. Disfrutarlo, llevarme el silbato a la boca, hacerlo sonar, señalar el medio del campo y decirle: “el gol es a medias, tú lo marcaste, pero soy yo el que te lo concedo”. Quizá ese deseo de ser protagonista en los goles me ha hecho cometer hasta tres veces el mismo incomprensible error, que es pitar antes de que el balón hubiese entrado en la portería. Bueno, realmente en dos de ellas nunca llegó a entrar y lo tuve que resolver con un problemático balón a tierra, cuando aún se disputaban como un duelo a muerte. La irregular reanudación de uno de ellos la conté en el prólogo de la segunda edición y hoy, con la vergüenza ya perdida, confieso como lo solucioné el día que el balón acabó en las redes. El portero había salido del área, el delantero ejecutó una precisa vaselina y cuando pité para obtener mi dosis de gloria, la pelota se ahogó en el barro a tres metros de la línea. El drama fue que a su rescate acudía un compañero para empujarla a puerta vacía. Alargué mi silbido uno, dos, tres, quién sabe si cinco segundos, para dar un gol tan justo como ilegal. A duras penas, los jugadores lo entendieron, pero el sonrojo lo llevé encima todo el partido.

Enlace P.1 Algo de historia (prólogo de la primera edición)

Enlace P.2 Mis otras historias con el bote (prólogo segunda edición)

Aquel día reescribí el reglamento a mi conveniencia de una forma exagerada y aún hoy no sé que haría si me volviese a suceder algo así. Había aplicado el espíritu de las reglas más allá de las reglas y había profanado las preguntas de los exámenes sobre los charcos, esas jugadas imposibles que solo existen en la cabeza de los árbitros y una vez cada mil partidos en el mundo real. El barro frustró un gol aquel día, pero 16


Prólogo

en otra ocasión frenó un saque de meta después de que el balón recorriese solo cuatro metros. El guardameta, que había realizado el saque, se apresuró a despejarlo ante la llegada de un delantero. Ese día estuve más fino y mandé repetirlo, porque no había salido del área. Recibí casi más protestas que cuando di aquel tanto en dos tiempos. La temporada pasada, la solución hubiese sido tiro libre indirecto, porque se suprimió esa condición para que el balón estuviese en juego. Este año, al portero le hubiese costado la expulsión por evitar ocasión clara de gol, porque ya se puede sancionar con tarjeta el hecho de tocar la pelota dos veces seguidas en un saque. Esta acción, en solo dos años, ha pasado de ser una simple repetición de la ejecución a suponer una expulsión. Es difícil que un portero tenga interiorizado qué le conviene hacer en esta situación, si intentar evitar el gol de forma legal o hacerlo con el consiguiente castigo. Sin embargo, sigue habiendo jugadas en las que el desconocimiento de las normas le cuesta puntos a los equipos. Aún se ve a defensas que se quedan parados porque no saben que un tiro libre por fuera de juego se puede sacar en campo ajeno o delanteros que van a buscar el balón a las redes después de marcar un gol. Me sigue resultando inexplicable que en partidos 17


Arbi, ¿qué pitas?

profesionales con VAR siga habiendo invasiones de área en los penaltis, cuando estos infractores serán siempre sancionados si evitan o posibilitan un gol en el rechace. La International Board (IFAB), el organismo que elabora las Reglas de Juego, ha continuado innovando y matizando su texto, lo que me obliga a cumplir el compromiso de actualizar el Arbi, ¿qué pitas?, que llega a su cuarta edición. Quién iba a adivinar hace un año que entre las novedades estaría permitir cinco cambios en partidos oficiales como consecuencia de un virus que nos paró a todos durante meses. También hay cambios importantes en la ejecución de los penaltis y aclaraciones en otros aspectos importantes del juego. Como siempre, he aprovechado la revisión para encontrar nuevas jugadas e historias para intentar hacer más agradable la lectura. Espero conseguirlo. Les dejo con una importante advertencia: si alguna vez me ven arbitrar, jamás piensen que el del silbato y el autor de este libro son la misma persona.

Enlace P.3 Prólogo de la tercera edición

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Vídeo P.4 Las novedades de las Reglas 20-21


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