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Redes sociales, invasoras de hogares Por Olga Esmoris y Noelia Mercado, con colaboración de Florencia Capdevila y Patricia Alarcón

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a señorita Laura de 2° grado de una escuela primaria ubicada en la Provincia de Santa Fe, junto con el profesor de computación le dieron una charla previa a toda la clase sobre el uso de internet y las redes sociales. Para ello, debían realizar una actividad que consistía en ubicar en una columna lo que no se debe hacer cuando se navega en internet. Los alumnos con ayuda de la señorita proponían ideas como por ejemplo: No dar tu mail a desconocidos; No dar datos de los padres; Si te molestan en una red social, recurrir a sus padres, contándole lo que le sucede; Si me ofrecen para regalarme algo, no aceptar y no creer en lo que me dicen; Si una persona mayor me agrega a mi Facebook, no aceptarlo, o preguntar previamente a mis padres. Así, sucesivamente iban surgiendo muchas ideas. Mientras trabajaban había un alumno que intentaba distraer al curso y llamar la atención, Martín (11), contaba que ya tenía Facebook, twitter, mail, que el agrega gente y nunca le había pasado nada. Esto hacía desatender el grupo, Laura le respondió que no estaba mal ser usuario de una red social, pero cuando uno es chico tiene que tener cuidado porque no todas las personas son buenas y siempre debemos de contarle todo a nuestros padres. El niño, prácticamente estaba solo casi todo el día, ya que sus padres trabajaban, nadie tomaba precauciones ante el uso que le daba al internet. La empleada doméstica iba 3 días a la semana pero se encargaba de sus quehaceres, no del cuidado del niño. Cuando Martín llegó a su casa, enfadado por lo que había dicho la maestra y sin creer en los consejos seguros acerca del manejo de internet, comienza agregar personas desconocidas. De las cuales algunas aceptaron y otras no. Un hombre de aproximadamente 35 años, el cual menciono ser profesor, comenzó a hablarle. Su nuevo amigo le preguntaba cuáles eran sus gustos, le contó que era papá de 2 niños de casi la misma edad y que le daba tristeza que ellos no quisieran compartir con él sus actividades. Entonces Martín le contó que él quería ser músico, que amaba tocar la guitarra y que quería tener una banda de rock cuando fuese grande. Entonces, Fabián le contó que él era profesor de música, con lo cual Martín quedó maravillado. Le ofreció clases particulares y toda la información que el necesitara para ser un gran músico, sin tener en cuenta la charla que habían tenido en clase sobre la información que debía manejarse con extraños y por internet, el niño siguió manteniendo contacto con este hombre, después de todo él solo quería ser un gran músico. Las conversaciones eran cada vez más seguidas, a cualquier hora del día, no importaba si Martin estaba en el colegio, él se conectaba desde su Facebook para hablar con su maestro ficticio.

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Un día en su casa charlando con Fabián, como hacía llamarse, sintió que sus papás ya estaban en casa, y que si veían que estaba con su computadora muchas horas lo regañarían como ya lo habían hecho en otras ocasiones, pero Fabián le hacía comentarios intimidantes que llegaban a hacer que Martin mintiera y se siguiera manteniendo en contacto. Esto empezó a incomodar cada vez más a Martín. Fabián le pedía que le envíe fotografías, que le diera detalles de los horarios de sus papás, entre otros datos. Inmediatamente frente al miedo, Martín, recordó esa charla que habían mantenido en su aula y decidió contarle a su maestra, con la cual tenía más confianza que con sus papás, lo que le estaba ocurriendo. Laura dejó tranquilo a Martín, e inmediatamente convocó a sus padres a una reunión. Después de una larga charla, ellos no podían creer como había sucedido todo esto y se echaban la culpa de pasar tanto tiempo fuera de casa. Entendieron que la culpa de lo que estaba sucediendo no era de Martín y comenzaron a prestarle más atención para que se sienta aliviado y protegido. Además, la mamá bloqueo las cuentas que su hijo tenía en las redes sociales, e imprimió los e-mails que ese hombre había enviado a su hijo para realizar la denuncia correspondiente. Después de ese gran mal entendido, Martín comprendió que pasar más tiempo con sus amigos y con sus papás, no tenía nada de malo. Incluso podía divertirse aún mucho más de lo que había imaginado.

Orientación sobre grooming http://www.eldia.com.ar/edis/20130804/Abuso-infantil-internet-abre-camino-polemico-proyecto-leyinformaciongeneral2.htm

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Redes sociales, invasoras de hogares  

Cuento colaborativo.

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