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TRANSAMAZONICA 2014 Una traves铆a por el pulm贸n del mundo.

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Sergio Gramendola. “Sergio”

Gustavo Gramendola. “Gustavo”

Roberto Dey. “Titanio”

Lucas Dey. “Lucas”


José Luis García Curbelo. “JL”

Ramón Pereyra. “Tito”

Roberto Córdoba. “Tío Robert”

Ernesto Szini. “Ernie”

Mauro Bibel. “Mauro”

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Esta travesía no fue simplemente una travesía mas. Fue “La Travesía”. Fue algo que planeamos durante mucho tiempo. La fuimos preparando con entusiasmo, la estudiamos con detenimiento y la degustamos día a día durante su planificación. Horas y horas de charlas en Malibet con los que estábamos cerca, vía telefónica con aquellos que viven por allá lejos y no podían acercarse físicamente, pero que no por ello cejaron en su empeño por participar y aportar como todos, su granito de arena para hacer de esta una experiencia única e inolvidable. La preparación de los vehículos fue exhaustiva y meticulosa, acorde a las circunstancias que avizoramos íbamos a transitar. Tuvimos que optimizar al máximo el espacio, de modo de poder llevar, en forma eficiente, todos los bártulos que habíamos inventariado: repuestos, herramientas, elementos de acampe, grupo electrógeno, heladeras etc. Absolutamente ningún detalle fue dejado sin contemplar. Nos preparamos como para ir hasta el confín de los mundos. Y así fue como finalmente, un 19 de Septiembre de 2014, nos largamos a la aventura. Ella nos brindó, con creces, más que sobrada recompensa como fruto de nuestros esfuerzos. Nos deleitó con momentos, paisajes y riqueza cultural de los lugares que conocimos, nos exigió de sobremanera tanto en lo físico como en la convivencia. Nos obligó a recurrir al ingenio, la coordinación del grupo, el esfuerzo en conjunto y horas y más horas de debate ante distintas alternativas y estrategias que se iban presentando. En fin, no los entretengo más. Pónganse cómodos, relájense y disfruten del paseo. Espero que lo disfruten tanto como lo hice yo.

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SI, largas horas de planificación. Tardes enteras inmersos en mapas, horas de Google Earth, miles de consultas a personas que habían realizado experiencias similares para juntar toda la info. Y cuando les dije que el tramo entre Manaus y Santarem era en balsa, me miraron un poco raro ( al principio . Después se fueron acostumbrando a la idea).

Tito, que aportó con su vasto conocimiento y comentarios sobre las características más destacadas de las culturas que íbamos a visitar. Gustavo, que según él, lo llevamos engañado con promesas de actividades culinarias que no se cumplieron y se quejó amargamente del menú “pancho y coca cola”… Algún que otro integrante del grupo alegó que fue él el que nos engañó con sus promesas de alta cocina. Pero en fin… Hay pequeños debates que quedarán en las entrañas de la convivencia del grupo.

Muchas idas y venidas, pero finalmente, el grupo, los objetivos, los planes, quedaron sellados.Y ahí partimos a la aventura. Permítanme presentarles rápidamente a los integrantes.

Sergio, que podríamos decir que fue el ideólogo a la hora de definir rutas y principales lugares a recorrer. Siempre atento a las necesidades del grupo.

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Mauro, que se nos unió a mitad de camino. Le pedimos que se venga a darnos una mano con Tito que de tanto manejar en cualquier momento nos cocinaba a todos a fuego lento.


Lord Robert. Como siempre, impecable a la hora de proveer los elementos indispensables para hacer que cada momento sea totalmente confortable. Desde los implementos de cocina, hasta el inseparable grupo electrógeno y todo el andamiaje de iluminación que hizo la diferencia en las noches en cada acampe.

Lucas, que no dejó de sorprender con los delicatessen que salían a cada rato de la heladera que comandaba. Nos convirtió a todos en adictos de la conocida bebida de la lata roja.

El Dr. José Luis. Tenía todo preparado, estudiado al más mínimo detalle. Y a dos días de salir lo llamaron por teléfono y le dijeron “tenés lugar para uno más?”. No lo dudó ni por un momento. Dijo que sí. Un corazón de oro el tipo. A la merde con todo el análisis de espacio y ubicación de bártulos. El pibe tiró todos los bártulos al baúl, y dijo “Si, venite. Hay lugar de sobra”. Yo no estaba muy convencido, pero bueno, qué se yo, “es el que va a sacar las fotos” me dijeron… Y como yo quería figurar, acepté. Pero eso sí. Que vaya atrás. A mí que no me rompan los quinotos… y además, que se haga cargo de la mochila…

Ernie. Buen pibe. Apenas se sentó ahí atrás empezó a romper las bolas para que le pase alcohol en gel, galletitas, servilletas... Se tomó todas las cervezas de las heladeras y casi nos vuela todos los fusibles de la chata con su bendito converter. Pero bueno, por lo menos pude cargar la batería de mi celu y durmió todo el viaje así que no jodió tanto…

Y heme yo aquí. El más pintón. Suerte que fui. No sé que hubiera sido de estos muchachos sin mis consejos, mi experiencia y mi capacidad de planificación. También les fui contando algunos chistes para que no se aburran en los tramos largos.

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No les voy a contar los dimes y diretes del viaje desde Bs. As. hasta la frontera porque ya se conocen de memoria cada ruta, cada paisaje, cada hotel y cada arbolito para acampar. Así que vamos directo a la previa del primer momento que se convertiría en un hito en nuestro historial de travesías. Por primera vez abandonamos nuestra querida Argentina por un paso fronterizo formalmente constituido.

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DIA 3 – Domingo 21/09/14 – Gral Guemes (Salta) – Hotel Palacio de Sal en Uyuni (Bolivia). Acá en Humauaca, preparando las máquinas para entrar todos paquetes y prolijos.


Un alto en el camino. Posamos unos minutos para los sorprendidos transeúntes que no paraban de preguntarnos a dónde íbamos y sacaban fotos a destajo de las chatas.

Aquí ya estamos por cruzar a Bolivia. Nos sorprendió la manera en la que estaba organizada la historia en este lugar. Lo que se ve en la foto es el camino principal que va desde Jujuy a Villazón. A la derecha (no se ve en la foto), estaban los edificios gubernamentales en los que se hace el trámite para ingresar con los vehículos, control de aduana, migraciones etc. Pasamos por todos y cada uno de ellos. Mientras tanto, en un camino que había por detrás de dichos edificios, cientos de personas cargadas hasta la manija con bolsos iban y venían como pancho por su casa. No entendimos bien como era el sistema, pero bueno, supusimos que estaría todo controlado satelitalmente, así que seguimos nuestro camino.

Mientras tanto, sin que se dieran cuenta, Sergio y Gustavo se apropiaban de todas las existencias disponibles de bichos para la parrilla. Tito se frotaba las manos pensando en los asados que se iba a comer de la mano del gourmet Gustavo… Salimos todos corriendo cuando apareció una doña que me quiso cobrar 10 mangos por cada foto que le sacaba a la balanza…

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Apenas dejamos atrás el área de ingreso a nuestro vecino país del altiplano, se nos presentó este emplazamiento urbano (Villazón). Todos coincidimos en que las características arquitectónicas de la zona traían rápidamente a la memoria ciertos conocidos parajes de Buenos Aires.

Como pueden observar, aquí también se dispone de los accesorios semaforiles para el conteo de segundos previos al cambio de color.

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Luego de algunos kilómetros, llegamos al área de control vehicular de Bolivia, en el que por suerte, con mucha diligencia, presentamos los papeles de nuestros vehículos y seguimos adelante, no sin antes dejar el correspondiente diezmo para la causa.

La ruta de Villazón hacia Uyuni. Por el momento asfaltada y en buenas condiciones. Más adelante el asfalto desaparecía sin contemplaciones, y comenzaría el rock and roll. Varias horas, kilómetros y kilómetros a los saltos nos acercaban a Uyuni hasta que la noche nos abrazó con su manto acogedor. Aquí Tito, emulando a nuestro querido representante en la embajada Argentina ante el Gran Ducado de Luxemburgo, tiro la consabida frase “Me Quiero Ir… “.

No les puedo decir lo cansados que estábamos de este tramo, y la cosa recién empezaba!!! Llegamos al Hotel Palacio de Sal en plena noche. Obviamente ya todo el mundo en el hotel había cenado y se fueron a dormir, asi que nuestra comida de la noche peligraba seriamente. Nada de eso. Cuando vieron que Tito y Gustavo se pusieron violentos e irascibles ante la perspectiva, rápidamente apareció el personal y una mesa con mantel. Diligente y profesional, se nos acercó un empleado del hotel y con una gran y amable sonrisa en el semblante, nos brindó una deliciosa sopa de zapallo y salsa de quinoa, Si. Al día siguiente todos recordaríamos esa amable sonrisa y juramos algún día volver a saludar a ese muchacho…

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El desayuno, como pueden observar, muy tranquilo, acorde a las exigencias del camino que estábamos por encarar en el día. Lucas con laptop en mano, revisaba concienzudamente los parámetros vitales de la expedición. Controlaba el stock de coca cola y calculaba el tiempo que nos llevaría llegar hasta la próxima posta, que, le asegurábamos a Gustavo a cada rato, iba a ser un hermoso campamento. No más hoteles de lujo.

El hotel, todo de sal obviamente.

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Habiendo recuperado fuerzas y perfectamente listos para emprender el nuevo tramo, aprovechamos la vista para hacer un momento Kodak antes de lanzarnos a recorrer el famoso Salar de Uyuni. Otro momento Kodak, junto a este hito del Dakar emplazado en medio del salar.

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La extensión del Salar es realmente impresionante.

En el medio del Salar, una “isla” de tierra y piedra. Aca Ernie, rápido para los mandados, fue a reservar una mesa (de sal, obviamente), y nos esperaba, firme bajo el sol.

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Detrás llegó la infantería con el general Lucas que rápidamente puso manos a la obra en la tarea de viabilizar alimento y bebida para la tropa, que a nada más de dos horas de partir del hotel, ya estaba hambrienta nuevamente… Obsérvese detenidamente el frasco de descomunales aceitunas que trajo.

Vista desde las alturas de la isla.

Un toque de humor de nuestros vecinos del altiplano.

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Ya saciados el hambre y la sed del grupo, volvimos a montar nuestros briosos corceles para continuar el plan trazado meticulosamente esa maĂąana. Destino, Oruro.

Mientras todos boludeaban surfeando el ocĂŠano de sal, yo permanecĂ­a atento y vigilante. No vaya a ser que una mala maniobra arruine tempranamente la travesĂ­a.

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Ya despidiéndonos del Salar de Uyuni y su querido Palacio de Sal, comenzamos a concentrarnos en el próximo tramo. Ya estaba la tropa ajustando gps, verificando mapas y chequeando los galones de combustible disponibles. Armamos la fila india con destino a Oruro. Solo nos faltaba Tito que estaba haciendo vaya a saber uno que entre los matorrales por ahí al fondo. A los pocos metros, un raudo movimiento de Robert hacia los matorrales de la derecha comenzó a despertar sospechas entre los integrantes del grupo. A los pocos minutos, estábamos todos visitando los matorrales sin prisa pero sin pausa, mascullando entre dientes alegorías y alabanzas a la sopa de zapallo y salsa de quinoa. Más tarde vendría un exhaustivo análisis cruzando platos ingeridos versus matorrales visitados. El único que no cuadró con la regla descubierta fue Lucas, pero supusimos que sus andanzas por Tanzania le brindaban niveles de inmunidad importantes al lado de nosotros, simples mortales. En el camino hacia nuevas tierras, nos encontramos con una pequeña estación de servicio en la que se decidió parar para abastecer de combustible a las máquinas. La pobre señora que intentó cobrar unos bolivianitos a los muchachos del grupo que se dirigían raudos al privado quedó ahí tirada a un costado. El primero que logró copar el área, Sergio, al salir tenía una cara que lo decía todo. La señora dejo de insistir con los bolivianitos y se retiró a distancia prudente, cosa de mitigar eventuales riesgos. Pero esto no era nada. El Salar de Uyuni tenía más sorpresas aún!!! Resulta que el combustible para extranjeros tenia precio diferencial (mas caro, obvio), política que, coincidimos todos, no era precisamente muy apropiada para fomentar el turismo en la zona. Por lo tanto, apelando a la diplomacia y el poder de convencimiento naturales en los cabrones, llegamos a un acuerdo de mutuo beneficio con los administradores del lugar. El famoso y salomónico “partimos al medio? “. En fin. Las anécdotas de los momentos vividas en la maniobra están a disposición del interesado por cuenta y orden de los integrantes del viaje. Sólo voy a decir que la pobre señora de la estación nos miraba con ojos estupefactos, seguramente pensando “de dónde vendrán estos locos”. Y así, con la panza vacía, y los tanques de combustible bien llenitos, partimos hacia Oruro, tierra de opulentos empresarios de la minería y el petróleo.

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Día 5 – Martes 23/09/2014 - Oruro – Copacabana (Hotel Del Lago). En Oruro, la cuestión de alojamiento se venía complicando. Tuvimos que trabajar duro para convencer a Gustavo que no se podía acampar en la plaza de la ciudad, y la verdad, muchos lugares para encender el fuego a la noche por acá cerca no teníamos, así que nos metimos en el Flores Plaza Hotel de Oruro. Realmente no vimos otra alternativa. Lindo el hotel, vengan que se los muestro…

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Aquí vemos un debate sincronizado. Y no fue para la cámara eh … Jose Luis dice “vamos para allá”. El gourmet Gustavo obviamente dice “no, vamos para allá” .. Sergio pensando porque catzo no harán un poquito más grande el teclado de los ipad, y lord Robert conectado a los satélites de la NASA para verificar condiciones climáticas y geográficas del próximo tramo. Tito fiscaliza que no le metamos más de 600 km al tramo.

Aca la sala de fotografía y bitácoras del viaje. El grupo desayunando. El observador poco entrenado podría pensar que estamos muy relajados tomando café y charlando de bueyes perdidos y salsas de quinoa. Pero no. El grupo, está trabajando febrilmente.

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Aca quería acampar el gourmet. Plena plaza de Oruro. El banco ya se lo habían ganado de mano, como pueden ver… Lo tomó bastante bien, pero cada tanto insistía. Me tuve que poner firme. No! Se imaginan colgando los faroles de 200 w de lord Robert por ahí ?


La city de Oruro. Pintoresca, cuidada, agradable … Un poco apretada. Quedó chica con el tiempo…

Para que no extrañemos Buenos Aires, los muchachos nos tenían preparado un piquete con elementos locales. La escena nos sorprendió por lo tranqui. El piquete consistía en dos señoras que sostenían esa bandera que ven ahí. Otro par se sentó delante, no vimos bien si se pusieron a dormir o a tejer algo. Los que llegaban a la esquina giraban y se iban a otro lado. Yo creo que les hace falta practicar un poco. Deberían venir a Bs. As. a hacer un cursito sobre estos menesteres.

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Ya camino a Copacabana (lago Titicaca), escenas de los pueblos a la vera de la ruta.

A este se ve que le pidieron prestado los medidores un par de veces…

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No estamos seguros sobre si por ahí pasa el tren regularmente, o ahí quedaron esas vías como mudos testigos de mejores épocas.

Muchos lugares tenían pinta de estar recién acondicionados. Acá un cantero central que en un futuro no muy lejano lucirá un vergel de plantas multicolor.


El futuro COTO. Hay que decir que hay visión para cubrir toda la superficie del país con supermercados.

No tengo audio para esta toma del relato, pero les recreo la escena. Acá el piloto JL, a mi izquierda, viene cantando por centésima vez “que es lo que tiene la chaia…” Y yo ya estoy re podrido. Pero yo tranquilo, no le digo nada a ver si en la próxima estación de servicio le dice a Ernie que se venga adelante y me saca la pole position … Así que me quedé en el molde, y me vino a la mente “que perfume tenía esa doña en la estación de servicio!”

Y finalmente, ya bien en las afueras, nuevamente ruta… En el camino a Copacabana pasaríamos cerca de La Paz.

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Acá, llegando a las afueras de La Paz. La verdad es que “la paz” la teníamos en la ruta antes de llegar acá. Como toda ciudad con alta densidad poblacional, esto era un caos. Encima nos venía persiguiendo una lluviecita persistente .

Bueno, acá el esquema de movilidad es así: no vimos “colectivos” como los que acostumbramos a ver allá en Buenos Aires. Aquí hay combis, millones!!! Van como un enjambre de moscas por todos lados, con una sincronización para no chocar, asombrosa. Más te acercás a la derecha, más caos. En eternos ciclos, van de izquierda a derecha, paran, suben gente, y se vuelven a lanzar a la izquierda. En cualquier parte de la cuadra. Un milagro que no nos lleváramos puesta alguna de recuerdo. En determinados lugares los niveles de embotellamiento eran importantes. Por esta zona se nos pone uno a la par y viendo que obviamente no éramos locales, nos empieza a dar indicaciones de por donde movernos y poder salir del embrollo. Lo dejé hablar como media hora, y le espeté un “I don´t speak spanish sir” … No sé si me entendió o qué, pero hizo un gesto medio raro con la mano y no nos habló más. Mientras tanto, todos seguían subidos a la bocina de una manera impresionante !!! Cómo no se cansan de los bocinazos!!! Qué aguante!!!

El caballero aprovechó que con lluvia nadie salía a comprar nada para hacer un poco de siesta. Más adelante, una buena señora apareció en la vereda con un tacho lavando prendas íntimas de la familia. Y... Hay que aprovechar el agua…

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De estos lugares había un montón, hasta que descubrimos que eran negocios de venta de chapa acanalada.

Sergio divertido. Menos mal que no tenemos audio en este sector del relato. Las protestas y palabrotas venían en todos los colores.

Imagínense lo que está diciendo Tito…

Un bondi más grande. Vimos muy pocos de estos. Tuneados a la boliviana.

Versiones mini del COTO.

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Después de unas cuantas horas y kilómetros más, acá estamos, arribando a la zona del lago Titicaca. Realmente un lugar paradisíaco.

Nuestra primera experiencia en balsa, de las muchas más que iríamos a utilizar. Acá cruzando el lago Titicaca por el Estrecho de Tiquina ( Ruta 2 ).

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Me dijeron que del otro lado había un Howard Johnson, pero no lo veo por ningún lado. Me parece que estos turros me caminaron de nuevo con este tema.

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Seguimos por la ruta 2, rodeando el lago Titicaca que nos ofrecía una puesta de sol espectacular.


El pueblo de Copacabana. Acá se respira ambiente turístico. Se notaba más litros de pintura volcados en las casas. La costa realmente linda. La vista no tiene mucho que envidiar a los típicos pueblitos del mediterraneo, a no ser por la temperatura. De noche los grados bajaban rápido!!!

Aquí una oficina de peaje para el ingreso a Copacabana. Los muchachos de la oficina nos recibieron con las brazos abiertos. Bienvenidos a Copacabana!!! Acto seguido, para no demorar nuestro camino, emitieron el correspondiente ticket de pase que incluía un importe para la visita a la Basílica de la Virgen de la Candelaria. Gentilmente le comentamos a los señores que nuestra intención era seguir viaje, y no teníamos tiempo para visitar la Basílica, por lo que solo queríamos pagar el ticket del peaje.

Con un afectuoso pero concluyente “Amigo. Aquí todos pagan”, abonamos sin chistar lo que nos indicaban y ahí sí, felices y contentos, nos dirigimos a la zona costera en busca de algún lugar apropiado para echar campamento.

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El ya conocido y querido mini super regional.

Gustavo ya estaba oteando los alrededores para ver donde ponía la parrilla y la cacerola para cocinar un excelente guiso de carne, cuando apareció Lucas comentando que había logrado alojamiento para todos, chatas inclusive, en el Hotel Del Lago a precio de ganga.

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Una oferta que costo realmente mucho rechazar, pero finalmente el grupo entró en razones y decidimos utilizar las instalaciones del hotel. Por suerte, la verdad, porque yo ya me había hecho a la idea de un Howard Johnson, y la idea de terminar en una carpa a la orilla del lago con el tornillo que venía, mucho no me apasionaba.

Así que en lugar de armar toda la mega infraestructura de acampe, nos dedicamos a disfrutar de la puesta de sol.


Más tarde fuimos a cenar a lo del Jamaiquino, un alegre muchacho que tenía para ofrecer lo que quisieras. Pero lo que quisieras. A ver si me entienden… Lo que quisieras. Algunas consideraciones sobre el estado de salubridad del entorno hicieron que sin mucha alharaca nos retiráramos sigilosamente hacia el restaurant de la esquina siguiente, el restó del hotel “Las Brisas”. En el restó no había nadie y me parece que se ya se estaban yendo a sus casas, pero cuando vieron venir a un paquete de tipos con cara de famélicos recularon y se volvieron a poner los delantales para atendernos. Se veía que acá era importante llenar el tiempo, porque la velocidad en la atención no era precisamente le fuerte.

Día 6 – Miercoles 24/09/2014 – Copacabana – Puno El día amaneció nublado y con algo de lluvia. Así que después de un frugal desayuno y ordenar un poco el desorden natural de las chatas, cargamos todos y partimos raudos hacia la ruta. Aquí unas vistas del hotel Del Lago. El encargado, don Feliciano, corriendo por todos lados para hacer que el hotel funcione. Parecía droopy. Aparecía con el desayuno. Corría con las toallas. Abría los portones. Ponía la música…

El hotel, ok. En realidad no estaba operativo a full, así que nos tuvimos que bancar algunas perlitas, pero bueno, a caballo casi – regalado.

Por calefacción había una especie de estufas portátiles con un cajón que contenía una garrafa. Aquí el sector fotografía y bitácoras …

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Seguimos nuestro viaje, hacia la frontera con Peru. El tramite realmente rápido y sencillo, sin mayores complicaciones. Aquí llegando a la ciudad de Puno, Perú, cerca del mediodía.

Más de estos simpáticos vehículos monoespacio.

Bueh, como no quisimos ir a la Basílica de la Virgen, la Virgen y su procesión nos vino a ver a nosotros.

La ciudad coqueta, bastante linda. También se respiraban los años de la época del virreinato.

Los desniveles de nuestra querida ruta 6 en open door un poroto al lado de este descalce!

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Y acá me tienen, después de mucho romper por un Howard Johnson, finalmente encontré algo mejor. Pese al pataleo de Gustavo y los berrinches del resto, me metí en este hotel. Anoten. Hotel Sonesta Posada del Inca. Sí señor. Por fin mis ruegos fueron escuchados. Y como llegamos en el horario del almuerzo, pues, sin pensarlo dos veces, nos sentamos y nos agasajamos con un merecido plato de comida caliente. Creo que mi cara de felicidad lo dice todo… Que rico estaba todo acá!

Gustravo, muy a gusto con su plato …

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Como pueden observar, todos muy concentrados en sus platos.


De aquí, partimos a una excursión a la isla de los Uros, con Francisco, quién ofició de guía durante la visita. La cena transcurrió nuevamente en el acogedor salón comedor del Sonesta. Debo decir que la cocina del hotel es excelente. Tito y Ernie se pidieron un risotto con langostinos, Lucas se despacho con una entrada de paltas y después pollo al horno con papas, JL un risotto con vegetales, Sergio y Roberto le dieron al cordero asado, y mua, unos fettuccinis caseros que estaban para alabar a los dioses.

El hotel realmente bonito. Limpio y el servicio excelente.

La parte de atrás del hotel daba directamente al lago. Un modesto templete de madera para tomar algo disfrutando el fresco de la tarde, un muelle, y al fondo, el barco “Yavari” (1862), que después iríamos a visitar. Al fondo, la ciudad de Puno. Suerte que los muchachos encontraron este hotel aca. Quedarse ahí en frente decididamente hubiera sido un error de estrategia .

Aca el sector más visitado por los cabrones.

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Día 7 – Jueves 25/09/14 – Puno – Yucay Las chatas en su merecido descanso. Se venían portando de diez. Ahí un infiltrado que nos arruinó la foto. Los muchachos lo querían retirar con el malacate, pero los convencí de que se comporten civilizadamente.

Prohibidísimo tocar los bronces!!! Lucas osó amagar con señalar con el dedo algo que le llamó la atención en esta pieza y casi nos acuchillan.

Visita al barco. A modo de resumen, este barco y otro más gemelo, fueron contratados por el gobierno del Perú a Inglaterra. Los barcos fueron construidos y transportados desmantelados en cajas hasta el lago ( más de 2700 piezas ). Las piezas arribaron a la costa del Perú en el Pacífico en 1862, y transportadas primero en tren y luego en mula, para recién en 1870 lograr botar al Yavari y su hermano en las aguas del Lago. Actualmente, el Yavarí es un barco museo.

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Después de un reñido debate con respecto a la dirección a seguir, tuve que imponer orden, y hacer valer mi voto definitorio. En la recepción nos dijeron que había un hotel de la misma cadena en Yucay, cerca de Cuzco (o Cusco, como le dicen ahora), y por haberle caído bien a las niñas que atendían, nos daban un descuento importante si íbamos al otro hotel. Así que tome al toro por las astas, y pese a los berrinches de varios de los integrantes, hacia ahí nos dirigimos. Que tanto! Entre Tito y Gustavo se estaba gestando una linda amistad, que se iría afianzando en el resto del viaje.

Aquí llegando a la city de Juliaca. Nos habían advertido que esta ciudad era un pequeño caos concentrado, y no le habían errado nomás los muchachos! Hay algunos pendientes importantes con el tema del tránsito acá!

Así que dejamos atrás a la pequeña Puno con sus hermosas vistas al lago y al canto de “que es lo que tiene la chaia… “ nuevamente sobre el asfalto en dirección a Yucay.

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La tensión se notaba. Iba en aumento. Acá le preguntamos a Gustavo qué iba a cocinar a la noche y literalmente nos sacó carpiendo. Que lo trajeron engañado, que esto parecía más un tour de hotelería, que sí, que no, que va, que viene… En fin. La verdad es que todavía no nos creía que hoy íbamos a acampar en serio. Estaba convencido que lo íbamos a llevar al Sonesta de Amazonas…

El resto, por las dudas callados la boca. No queríamos caldear más el ambiente. Lucas se resignó. No había caso. Habíamos llegado a punto muerto y posiciones inamovibles con respecto a la cocina. Habrá que esperar el desarrollo de los acontecimientos para ver como sigue esta película.

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Día 11 – Lunes 29/09/14 – Porto Velho – Campamento Mosquito Bueno muchachos, acá vamos de nuevo con el tole tole, así que pónganse el cinto y síganme con cuidado. Nada de hacerse los loquitos acá. Yo los voy guiando por la radio…

Por momentos el polvo hacía imposible ver la ruta. Debíamos dejar espacio entre las chatas. Pero nadie se quería alejar mucho de la nuestra porque no se querían perder mis chistes …

Miren los tronquitos esos!!! Ahí vino medio Amazonas sobre ese camión! Partimos del simpático hotel Central, e hicimos una petit parada en el supermercado. Por favor anotar en la guía para las próximas travesías: No dejar solo a Lucas en el supermercado. Entro, miro la góndola de delicatesen, y chau. No lo vimos mas… Ya cerca de las 3 de la tarde hora local, a las puertas de meternos de lleno en el tramo hacia Manaus. Como bien se puede ver en el cartelito -que quedo así, ambientado para una de Indiana Jones- tenemos 640 y tantos kilómetros de acá a Manaus. A esta altura, todavía es un misterio cuántos días nos va a llevar y en qué estado está. Lo concreto, es que por lo menos en esta parte, el asfalto se fue, vino el polvo, y por lo que pudimos constatar rápidamente, de la otra mano vienen unos camiones con troncos, que mejor, correte.

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