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ChristianKent

Lieutenant


ChristianKent

Lieutenant

l a c a ll e p a s s y 0 6 1 e d i c i o n e s


Lieutenant

Lieutenant © Christian Kent © La Calle Passy 061 Ediciones http://lacallepassy061ediciones.blogspot.com Edición virtual, 2011


PAUMANOK

El viaje a Paumanok parte de la sala de espera del dentista, aparentemente habíamos prefigurado un destino mi madre y yo.  Primero un paisaje guardado en la cartera, entre maquillajes, chicles y otros objetos que nos protegen de estar solos.  Luego estamos solos y tras la puerta el torno busca el centro de la muela, donde pasamos mi madre y yo tomados de la mano.  Nos vamos cruzando ríos y bosques desde donde llegan las primeras voces de la fiesta. Los camaradas beben cerveza y bailan abrazados frente a un enorme y vibrante fuego. 

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Todavía muy joven para entender de estas cosas.

foto del Lieutenant, siempre igual, para entender por qué estoy riendo.

Madre (interrumpe): “¿Te acordás cuando tu abuelo Donald te decía Lieutenant y te ponías firme con la mano en la frente?”. El soldado americano (sin dientes adelante): “Sí, me acuerdo”.  “Mi teniente, mi querido, aquí tienes este continente desde Canadá hasta Magallanes. No puedo decirte quien eres, camina y busca en todas partes”. Siempre voy a ser el camarada que regresa de la mano con su madre, a la cama donde espera el poeta, cubierto en su barba de leche. Es una equivocación. Yo no vuelvo a donde duerme el poeta, vuelvo a la 8

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CAAZAPA

Es así, siempre. Estamos los dos codo a codo tirando piedras en el agua. “¿Cuantas veces pueden saltar  antes de hundirse?” Bajo la cabeza, en verdad no sé, no tengo la mínima idea de nada.  Y nos callamos mientras tocan fondo en un acuoso silencio.

Lieutenant tuvo un asiento en el terere jere de los camaradas. Conoció la amistad de los hombres, pasó la guampa  cuando no fue su turno de beber, supo estarse callado,  supo reír y llorar en caso que estuviera solo.  Fueron años después de que Donald emprendiera viaje  en el íntimo espacio de un barco techado de tierra.  Se fue tu abuelo. Se fue. Pero ¿dónde? En ese entonces la viuda Perla lo llevó a Caazapá, un extraño villorio en las cercanías de Paumanok, y Lieutenant colocó  su silla entre los camaradas. 

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Aprendió sobre la amistad cosas que nunca comprendió: ¿Por qué las mujeres nunca se sientan a la mesa? ¿Por qué el buen Abraham quiso que disparara el horizonte? ¿Qué hago con el silencio que queda entre nosotros?

Lieautenant llevó a la boca un pequeño fuego. En seguida el pequeño fuego se alimentó de sí mismo  hasta convertirse en un incendio incontenible. 

Y la tarde cayó como una pava de agua caliente sobre la arena.

Y la noche cayó como un frasco de luciérnagas destapado por una pequeña niña huérfana. 

Los camaradas uno a uno se alejaron a sus casas. Excepto uno. Un alto y fornido joven hijo del buen Abraham,  quien tomo mis hombros en su largo brazo y me condujo hasta un arbusto de frutitas rojas y redondas. 

Corrí sin sentido hasta no tuve dónde.

Perla, la viuda de Caazapá, hizo leche tibia con azúcar. “Ya pasó mi querido teniente, ya no que hay que temer, duerme”.

“Este tenés que comer para ser hombre”. 12

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CONCEPCIÓN

La batalla contra los pájaros se libró un día que nadie recuerda en la plaza de la municipalidad.  Bajo el sol dejamos cociendo los bodoques al cuidado de una leona morena que lavaba el mundo con jabón de coco. 

Se estira la hondita de Emiliano hasta tocar su pecho y el bodoque se dispara silvando.  Hay bajas de sanfranciscos y pitogues.  Lieutenant no estuvo de acuerdo con la autopsia,  innecesario desmembramiento de un vuelo hermoso y salvaje.

Lieutenant era el menos diestro con la hondita, a diferencia de Emiliano, cínico, obeso, capaz de acabar con un águila en vuelo.  Este día vuelve sin campanas, sin fechas  ni libros que recuerden la caída de los pájaros. 

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Por el contrario, el espacio de la cocina comparte sus límites con una planicie que se extiende hasta el íntimo lugar donde dos batatas flotan en el agua muerta de una olla. Entonces no fuera clarividencia el sonido del agua fría bullendo bajo las aguas de un sueño que ya ni bien despierto es imposible acordarse, que ya ni bien despierto el tiempo el espacio bullen enfriándose para nunca otra vez.

Viajamos ahora. Enredado el cepillo en las cerdas de un cabello endemoniadamente atraído por los abismos que de pie se sientan a correr el día. Pero no estaban allí y no había motivos para estar despiertos. Lloviendo habían olvidado la lluvia encima de la palangana donde bañábase la nena, donde sin contar las veces que naufragando dejaran el teléfono sonando bajo el mareo simulacro de no estamos en casa.

“Lieutenant, mi teniente, porque no bajas las escaleras y bebes directo del cartón un sorbo de leche fresca, te hará mejor, ya no pienses en lo que no puedes”. 16

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EL VINILO DE NEGRETE

El soldado en blanco y negro, La humedad dorada de los años, Bordes encrespados, El uniforme perfecto, La inscripción al dorso en cursiva, Concepción 1930.

La aguja caía y del roce salía una música de hombres de voces de aguardiente que se alargan y tiemblan. Hombres que cantan que son hombres. Era apenas un nene sentado al borde de la cama, la aguja rascando el disco en busca de trágicas circustancias en los desiertos de México. Tío roberto, con el bigote pertinente para el caso, acompañaba las voces de Jorge Negrete: En una mañana de oro alguien nublaba el paisaje eran un cuervo y un loro arrancándose el plumaje.

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La lógica de la canción sugería que el loro, animal imitador por antonomasia, al ver al cuervo desplumarse haría lo mismo y juntos nublarían el paisaje. Lieutenant estaría detrás de las plumas, en el paisaje, al borde de una cama, siguiendo la lluvia mansa y ronca del vinilo.

Nde resa kuarahy´ãme Ajepa iporaite ñande avañe'e Yolí, (La voz del poeta Teodoro Al final de la tarde.) Nde resa kuarahy´ãme, nde resa kuarahy´ãme aguahë apyty´umi...

Tío roberto, con el bigote pertinente para el caso, acompañaría las voces rodeado de inmensurables océanos de espacio: eran un cuervo y un loro arrancándose el plumaje.

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AKAI STEREO RECEIVER

Arriba del Akai que tu padre se compro cuando se casó con tu madre, el retrato de una niña te mira con ternura. La radio parece haber pasado décadas, el sonido opaco, muerto, sale a duras penas de la madera ultrajada por la vejez. Según las canciones que suenan en la radio adivinas que es domingo, antiguas canciones que en otro tiempo escuchabas camino a una parrilla en el asiento de atrás de la camioneta familiar. Serrat, Emmanuel, Juan Gabriel, Roberto Carlos, todo indica que es un domingo tranquilo. Te encuentras leyendo un libro de poemas de un autor que desconoces, que probablemente haya sido un amigo tuyo o bien alguien que conociste a través de otro amigo. En el poema que lees, una mujer aterrada escucha pasos en el techo de zinc de su departamento, 22

el poeta toma un micro a su encuentro, se encierran los dos en la pieza, se acuestan castamente y llegado el día una visita al oftalmólogo cambia la dirección del porvenir irremediablemente. En una hoja suelta, tu propia caligrafía intervenida por la dubitación de la edad, escribe: “Tenemos la flor como prueba de este viaje”. La tele está prendida en la habitación contigua, una novela brasilera derrama su luz intermitente sobre el cuerpo que adivinas, el cuerpo de Rose Mary, a quien amas desde no sabes cuándo, a quien nunca has visto mas allá de todos los días. Te asalta un extraño pensamiento, la idea de que eres tú quien camina sobre el zinc, tratando de entrar a tu propia casa.  

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PLUMAS

Esta es una historia que transcurre en el marco de una celebración pagana. La tribu en cuestión adora una especie de dioses fugaces que se desplazan por el cosmos a velocidades similares a la luz, el movimiento es una condición de la existencia de estos dioses, o, diciendo en otras palabras, el detenimiento significaría su inmediata extinción. Como toda celebración, esta involucra un fuego que apunta al cielo y actores que bailan e interpretan leyendas sagradas en torno a él. El actor en cuestión se pinta durante horas y se adorna el cuerpo con plumas de pájaros divinos, una vez listo atraviesa corriendo la escena y desparece en cuestión de segundos. La historia transcurre en el marco de la habitación. Lieutenant se despierta y se encuentra cubierto de plumas. Al principio atribuye 24

el extraño fenómeno a una almohada descocida, pero al querer sacudirse se da cuenta que las plumas están enterradas en su piel y llora. Tres notas breves y profundas escalan el silencio de la noche.

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Estamos así siempre. Sentados frente a frente haciendo planes: comprar un terreno, mudarnos a Buenos Aires, volver a la universidad.   Entonces te callas y empiezas a jugar con tu pelo, piensas que podríamos quedarnos así toda la vida, siendo sin estar o ser o estando simplemente.   Dejemos la próxima página en blanco.

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18 WHISKYES

“Just womb more an I'm tomb dear, I swear”,  bromea Lieutenant con dos cigarrillos en la boca imitando una tijera con las puntas encendidas.  “ Just womb more for Saint Thomases sake”. Desde su fondo los vasos sueltan el hilo de las burbujas que ascienden y explotan como si alguien en medio de todo dijera, “esta es la guerra”, y nunca volviéramos a casa. Hasta que oscurece y  salimos a la calle, un lugar al fin, aunque sea el último en la Tierra. “Es un nuevo record” - grita Lieutenant al cielo – “18 whiskies”. El brillo de sus ojos es un engaño de grandes tesoros que resplandecen al final del túnel, del largo túnel que termina en la casa. La oscuridad es un camino y la luz un lugar: 29


un camino que besa sus codos, un lugar imposible que sigue siendo a pesar de todo un lugar. “One more and we're gone dear, we're going home now for Saint Thomases good old liver.”

ITURBE y PRIMERA

Recibir al extraño, dejarlo habitar en nuestra casa. Nos pasamos educadamente el pan, el azúcar, el café, mientras el otro labra entre nosotros una casa de su propia saliva y de esa misma sustancia también sus momias, sus moscas y larvas envueltas en la materia de hogar. Dejar estar y estar al mismo tiempo. Marta Ponce, la madre migratoria de Lieutenant, se sienta entre nosotros para compartir el mate. Ella proviene como la araña de habitancias erráticas, de una madre ciega que vive en el resplandor oscuro del último trueno, de una tierra que en su puñado aún conserva el paso silencioso, providente, de los osos hormigueros.

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Marta y Rose Mary coinciden en algo: nos falta una escoba larga para limpiar los techos.

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INDICE

paumanok 7 [es así, siempre] 10 caazapa 11 concepción 14 [por el contrario, el espacio de la cocina] 16 [el soldado en blanco y negro] 18 el vinilo de negrete 19 [nde resa kuarahy´ãme] 21 akai sterero reciever 22 plumas 24 [estamos así, siempre] 26 18 whiskies 29 iturbe y primera 31


lieutenant

de

christian kent fue pensado y diagramado en los talleres de la calle passy 061 ediciones, almagro, buenos aires, argentina,

durante

el mes de junio de

2011


l a c a ll e p a s s y 0 6 1 e d i c i o n e s

Lieutenant. Christian Kent.  

Libro de poemas editado por La Calle Passy 061 Ediciones en 2011.