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José Luis Corral Lafuente

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quebrado de repente y el coloso cayó hacia delante vomitando sangre y dando con su rostro en el polvo. Un estallido de alegría brotó de las gargantas de los legionarios romanos, que blandieron sus armas en señal de victoria ante los ojos desconsolados de los de Intercatia, que quedaron en silencio abatidos por la derrota de su mejor guerrero. Escipión se acercó al gigante y arrancó la espada de su costado, empapado en sangre. Algunos legionarios le pidieron a gritos que le cortara la cabeza, pero el romano se limitó a mirar al caído y a saludar su cadáver llevándose la espada al pecho. Después, dio media vuelta y regresó hacia los suyos. Cuando Escipión llegó ante sus filas, los legionarios se abalanzaron sobre el legado; todos querían tocarlo, verlo de cerca, saludar al héroe que les había devuelto la moral perdida. Algunos comentaban que con un jefe así al frente del ejército la victoria sobre los numantinos era cuestión de semanas. * * * Aquella misma tarde se celebró una gran fiesta en el campamento romano. Los legionarios estaban tan contentos que hubo una cierta relajación en la guardia. A medianoche, cuando la mayoría estaba durmiendo en sus tiendas, se oyeron unos terribles gritos en el exterior. Marco salió corriendo con la espada en la mano creyendo que se trataba de un ataque de los de Intercatia, pero miró hacia la ciudad y en las sombras de la noche cerrada vio que todo estaba tranquilo. Los gritos y aullidos procedían de más allá del recinto exterior del campamento. Un decurión corría de tienda en tienda avisando a los legionarios de que aquellos aullidos procedían de indígenas de las aldeas vecinas a Intercatia que se habían acercado aprovechando la oscuridad para desanimar y atemorizar a los romanos. Pero algunos auxiliares indígenas comentaban en voz alta que se trataba de los espíritus de los antepasados, que habían regresado del más allá para vengar a sus muertos. Algunos romanos, al oír lo que decían los auxiliares iberos, dudaron de la versión del centurión y sintieron temor. Aquellas incursiones nocturnas se repitieron durante varios días. Los romanos sólo oían los aullidos que llegaban del exterior del campamento, pero nunca vieron a ningún hombre, por lo que la idea de que se trataba de espíritus que reclamaban venganza se fue extendiendo entre los legionarios. Hubo quien dijo que algunas de las tiendas se habían levantado sobre un cementerio vacceo, y que eran los espíritus de los muertos los que aullaban por ello. Día a día, y a pesar del recuerdo del triunfo de Escipión, la energía de los romanos se debilitaba. Los habitantes de Intercatia mantenían firme la defensa de sus fuertes murallas, que parecían inexpugnables ante cualquier intento de asalto. Además, el cónsul Lúculo había decidido con tanta premura la incursión contra los vacceos que apenas disponía de máquinas de asedio, absolutamente imprescindibles para batir aquella fortaleza; a esas carencias tácticas se unía además la escasez de víveres. Lúculo había supuesto que la incursión sería breve, que derrotaría con suma facilidad a los vacceos, que lograría una rápida victoria y que regresaría a Ocilis en poco menos de un mes cargado de tesoros y de triunfo. Pero nada de eso había ocurrido. La victoria sobre Cauca estaba marcada por la indignidad, y salvo Lúculo, ningún otro romano se sentía orgulloso de ella; hacía ya varias semanas que se mantenían bloqueados ante Intercatia y apenas habían logrado botín. Sólo la victoria de 1scipión sobre el gigante vacceo compensaba los esfuerzos sostenidos hasta entonces. El centurión encargado de la intendencia se acercó una mañana a Escipión, después de que el legado regresara de inspeccionar los pues: os de guardia que vigilaban el cerco de Intercatia. —Legado —lo saludó con el brazo—, ¿puedes atenderme unos instantes? Escipión asintió con la cabeza mientras se secaba las manos con un gaño. —¿Qué deseas? —Informarte del estado de nuestras provisiones. Se nos han acabado la sal, el vino, el vinagre y el aceite; sólo nos queda un poco de harina de cebada. Afortunadamente, los venados, los jabalíes y las liebres son abundantes en los bosques de los alrededores y nuestras partidas de cazadores suelen

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