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José Luis Corral Lafuente

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Belos y titos, asustados ante la ira de muchos senadores, pidieron al Senado que castigase a los arévacos, pues dijeron que si en alguna ocasión habían obrado contra Roma era porque temían las represalias que los arévacos pudieran tomar contra ellos a causa de su actitud conciliadora. Los senadores sonrieron. Habían logrado lo que el hábil Claudio Marcelo había previsto en su plan: enfrentar a los celtíberos entre sí y ganar tiempo para la guerra. El portavoz del Senado anunció a belos y titos que la decisión final les sería comunicada por el propio Nobilior, que había regresado a Roma tras ejercer todo su año como cónsul en Hispania. De inmediato y como ya estaba previsto y pactado, el Senado aprobó que la siguiente leva de tropas se produciría por sorteo, pues los ciudadanos seguían molestos y acusaban a los cónsules por haber sido injustos y sectarios en años anteriores en la recluta de soldados para el ejército de Hispania.

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