Page 40

José Luis Corral Lafuente

Numancia

39

pasado en otras ocasiones, jamás cumplen lo que pactan si no les interesa en cada momento; su palabra vale tanto como un puñado de paja —intervino Leucón. —Si yo fuera joven, tal vez apostara por seguir peleando, pero mi experiencia me dice que frente a Roma no tenemos otra salida que una paz honrosa —propuso un anciano—. Sólo tendríamos una oportunidad de vencer para siempre a las legiones, pero para ello deberíamos estar unidos todos los celtíberos y todos los habitantes de Iberia, y no es así. Los arévacos tenemos serias disensiones entre nosotros mismos, los helos están muy divididos, pues los de Contrebia Belaisca y los de Nertóbriga son aliados de Roma, en tanto los de Segeda les han declarado la guerra y continúan entre nosotros, y los lusones y los titos están del lado romano. »El nuevo cónsul ha logrado dividirnos más que nunca, y por eso mismo ya ha vencido su primera batalla —finalizó el anciano entre el silencio de la asamblea. —Yo propongo —intervino un mercader de Segeda— solicitar de Roma la vuelta a la situación de los tiempos de Graco; han sido muchos años de paz y de tranquilidad, durante los cuales ha florecido el comercio y la agricultura en nuestra tierra. La paz nos ha traído la prosperidad, apostemos por ella. —¡Ni hablar! —gritó un joven numantino—. Han sido precisamente las imposiciones aceptadas en tiempos de Graco las que nos han arrastrado a la situación bélica en la que nos encontramos. Enfrentémonos a los romanos en una guerra sin concesiones. Que sepan que los arévacos y las demás tribus hermanas jamás nos rendiremos, hagamos que esta tierra que ellos llaman Celtiberia sea una tumba para sus legionarios. Todos hemos oído decir que en Roma nos tienen un miedo insuperable y que los jóvenes romanos se aterran sólo con pensar que tienen que venir a combatir a las montañas de Iberia. Pues bien, hagamos que ese terror aumente hasta que no lo puedan soportar, que tiemblen de pánico al escuchar nuestros nombres. Durante un buen rato se siguieron oyendo las opiniones encontradas de los que pretendían la paz aun a costa de perder libertad, y de los que deseaban la guerra para recuperar la libertad en parte perdida. Al fin, ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo por consenso, Leucón propuso: —Que sea la asamblea la que decida. Los arévacos, los titos y los helos decidieron acatar una pena moderada, siempre que los romanos aceptaran volver a la situación del tratado firmado en los tiempos de Graco. * * * Ambón fue el encargado de comunicar la decisión de las asambleas de los celtíberos al cónsul Claudio Marcelo, quien aguardaba en Ocilis la respuesta. —Habéis sido sensatos —le dijo Claudio a Ambón tras escucharlo—. Creo que el Senado de Roma aceptará vuestra propuesta, pero a cambio de plata, de mucha plata. —Los romanos os habéis llevado ya demasiada plata de Celtiberia, vuestro Senado debe saber... —dijo Ambón. —Habéis causado mucho daño y habéis costado mucho dinero al erario de la República —le interrumpió el cónsul—. Si tanto empeño tenéis en conocer la opinión del Senado, nombrad una delegación que os represente, y dentro de una semana viajaréis hasta Roma; vosotros mismos tendréis la oportunidad de oír de boca de los senadores qué es lo que piensa Roma de todo esto. Claudio Marcelo llamó a Marco Tulio y le dio orden de que escoltara a la embajada de celtíberos hasta Roma. —Bueno, Aracos, vas a conocer Roma —le dijo Marco a su ayudante. —¿Estás de broma? le preguntó. —En absoluto. El cónsul nos envía para que escoltemos a una delegación de celtíberos hasta el Senado. Claudio Marcelo ha aceptado la propuesta de arévacos, titos y belos de tornar a la situación que acordaron con Graco hace más de veinte años, pero siempre que así lo ratifique el Senado. —El cónsul es un experto negociador, pero todavía no me explico cómo ha podido convencer a los numantinos para que cedan en su enconada resistencia. Hasta ahora siempre habían vencido en todas las batallas, y en cambio parece que hubieran sido los perdedores de esta maldita guerra —

Numancia  
Numancia  
Advertisement