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José Luis Corral Lafuente

Numancia

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campamento están dispuestas para ser usadas. Los auxiliares itálicos portarán cinco jabalinas ligeras, una espada corta, el escudo pequeño redondo y un puñal. En cuanto a las tropas hispanas, llevarán su espada curva, dos jabalinas y tres venablos, y el que tenga escudo que lo lleve también. Cada hombre será provisto de tres raciones de comida, abundante queso, una cantimplora de agua y una libra de pan. »Marcharemos directos hacia Numancia; si todo sale como he previsto, estaremos ante sus muros antes de que se ponga el sol. Nuestros espías nos han dicho que hace dos días celebraron un sacrificio a sus dioses y que todos los hombres en edad de portar un arma han sido convocados a la lucha. Entre los numantinos, los segedenses y algunos aliados de las ciudades cercanas son casi ocho mil guerreros, de modo que tened mucho cuidado, pues no somos tan superiores en número. * * * Esa misma noche, mientras los romanos y sus aliados dormían en el campamento, Caro había ordenado que seis mil de los ocho mil hombres de los que disponía salieran de Numancia al encuentro del ejército consular. En cuanto se puso el sol, y para evitar que los espías destacados por Nobilior cerca de Numancia presenciaran el movimiento de tropas, los guerreros dejaron sus casas y con todo sigilo fueron formando en el llano que se extendía ante la puerta norte de la ciudad. Cinco mil celtíberos a pie y mil jinetes avanzaron rumbo sur por el camino hacia Ocilis. Caro había localizado una profunda, estrecha y larga hondonada por la que necesariamente debía pasar un ejército que se dirigiera desde el sur hacia Numancia; ese lugar era el elegido para esperar emboscados a los romanos. Caro estaba convencido de que los legionarios, con su pesado equipo de combate, tendrían muchas dificultades para moverse en un espacio tan angosto y que desde las alturas que rodeaban la hondonada serían presa fácil para los ágiles guerreros celtibéricos. Alcanzaron la hondonada antes del amanecer. Caro fue distribuyendo a sus tropas por las alturas, revisando que estuvieran perfectamente camufladas entre las encinas, que en esa zona eran especialmente frondosas y densas. Dispuso a un pequeño grupo a la entrada de la hondonada, como si se tratara de un destacamento de guardia en la zona. Pretendía hacer creer a los romanos que ese puñado de guerreros era una patrulla de vigilancia. Con ello imaginó que, al verlos allí acampados, Nobilior ordenaría darles caza y penetraría en la hondonada para perseguirlos. Sería en ese momento cuando desde las alturas caerían los emboscados sobre los romanos. Entre tanto, la caballería esperaría oculta en un bosque cercano, apenas a una milla de distancia, para cargar con sus largas lanzas y con sus espadas de doble filo en cuanto los romanos estuvieran totalmente cercados. Mediaba la tarde cuando apareció tras una colina el primer destacamento romano. Los celtíberos que hacían de cebo humano a la entrada de la hondonada habían encendido una fogata y habían desplegado varias tiendas de fieltro y de cuero. En cuanto vieron a los romanos hicieron ademán de levantar el campamento, pero subieron a sus caballos y se introdujeron a toda prisa en el interior de la hondonada. El centurión que mandaba la vanguardia romana, a la vista de la desordenada huida de los celtíberos, ordenó a sus hombres que se detuvieran; oteó el horizonte, pero todo le pareció en calma. De un ágil brinco subió a lomos de su caballo y lo acicateó para que corriera en dirección a Nobilior. —Ave, cónsul —saludó el centurión—. Ahí delante hemos sorprendido a unos pocos bárbaros; parecían ser una compañía de vigilancia. En cuanto nos han visto aparecer han huido hacia el norte a través de una vaguada. —Ojo, Nobilior, pudiera ser una trampa. Los hispanos sólo saben combatir utilizando la argucia —le avisó un tribuno de la primera legión. —¿Dices que han huido? —preguntó Nobilior. —En cuanto nos han visto aparecer.¿No has observado nada más? —insistió el cónsul. —Nada, todo parece en calma. —Tribuno, coge un escuadrón de caballería e inspecciona el terreno. Tal vez sea una trampa. El tribuno partió al galope al frente de un grupo de jinetes. Regresó poco después.

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