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José Luis Corral Lafuente

Numancia

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Aracos abrazó a Aregodas y le ayudó con sus cosas. Cuando se quedaron de nuevo solos, Briganda le dijo a su esposo: —Aregodas es un hombre extraordinario; te venera como a un dios. Haría cualquier cosa por ti. —Ya ha hecho más de cuanto pudiera pedirle; os ha traído a los dos conmigo, y eso jamás se lo podré pagar. La noche cayó sobre Numancia como un negro velo de seda, y sólo ella fue testigo del amor entre los dos esposos.

Numancia  
Numancia  
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