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nยบ zero noviembre 99

Tarzรกn

pura ficciรณn


.Sumario

News Portada: Tarzán cine: Tarzán@Disney Moda: Berto Martínez cine: Sleepy Hollow cine: The Fight Club cine: Una historia Verdadera cine: Steve Macqueen cine: Jennifer on line Críticas de cine Moda: ¡Happy birthday, Barbieturika! Humor Videojuegos & libros Música: Laurent Garnier Música: DJ Krust Música: Los Sencillos Moda: Biel Capllonch Música: Mamma mia, Madonna! Música: Prof. Angel Dust Música: Les Nègresses Vertes Moda: Cés Devilallonga & Nacho Juarez Música: Los años eléctricos críticas de discos

Dirección: José Manuel Bejarano_ Jefe de Redacción: Isidre Estévez_ Editor gráfico y maquetación: Óscar ferrer_ Redacción: Jordi Muro_ Sílvia Micolau_ Colaboradores: Albert Duat_ Boko_ Carles Riu_ Christian Barranco_ Cristian Campos_ Cristina Ros_ Desirée de Fez_ El Negociador_ Federico Navarro_ Ferran Llauradó_ Gonzalo del Castillo_ Guido Reyna_ Guillem Clua_ Half Nelson_ Íñigo M. Möller_ Laura Sales_ Luis Escudero_ Marc Piñol_ Noemí Zapata_ Óscar del Pozo_ Ramón Vendrell_ Rubén Mayoral_ Rubén Romero_ Salvador Santó_ Sebastià Roig_ Xavi Ayén_

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Fotografía: Ángela Bonadiés_ Anna Ripoll_ Biel Capllonch_ Daniel Riera_ Darius Dombek_ Francesc Vilallonga_ José Manuel Bejarano_ Julio Garcia_ Nacho Juárez_ Natalia_ Tristan Macherel_ Ilustración: Bernat Lliteras, Berto Martínez, Jordi Ferrera, Juanjo Sáez.

Redacción: c/Trafalgar, 37 1º 2ª 08010 Barcelona, e-mail: magazineoff@gmail.com http://offmag.blogspot.com.es/ http://www.facebook.com/OFFmagazine www.issuu.com/ OFFmag https://twitter.com/offmagacine http://pinterest.com/offmagazine/ http://oscarferrer.tumblr.com/ https://vimeo.com/user9175933 http://www.youtube.com/user/OFFmagazineVIDEOS?feature=mhee

OFF mag es una publicación de ioristan Limited

.Intro Un año después Hace ahora un año estábamos con los nervios del directo, tocaba salir a la calle y dejar atrás el periodo de pruebas, los presupuestos, el miedo al fracaso, los sobresaltos ante los continuos imprevistos... todo aquello que contradice la opinión, esperemos que no extendida, de que sacar una revista gratuita es algo muy sencillo hoy en día. Para nada. No es en absoluto fácil hacer que un montón de gente se ilusione y crea en algo que primero no existe y luego, cuando existe, cuesta tanto de hacer. Y después están los anunciantes, esas personas (o empresas) a las que hay que convencer de la validez de una nueva publicación. Otra. No, no es fácil salir y menos aún permanecer y hacerte grande, crecer en páginas es sinónimo de credibilidad y éxito. Por eso resulta casi un sueño poder decir que un año después de aquel número con Dana International en portada, estamos aquí mas vivos e ilusionados que nunca, a pesar de todo lo volveríamos a hacer, lo estamos haciendo. En realidad nos gusta hacerlo, por eso seguimos.


.news

.De vidrios nobles y restaurantes ideales Gustavo León es uno de los pocos creadores locales que dominan el difícil arte de trabajar el vidrio en joyería. León alterna habitualmente técnicas como el sandcasting, el esmalte o el moldeado de pasta de vidrio. Aprendió la técnica en la República Checa, y sus joyas se venden en Zurich, Estocolmo y Copenhague. Unas joyas que convierten las barras de vidrio de Murano en joyas orgánicas ensartadas en estructuras de alambre, plata o cuerda de cáñamo. Entre las piezas que presenta en la galería Hipòtesis figuran propuestas tan originales como los collares abiertos trenzados con hilo de plata y cuerda de cáñamo, o las pulseras de vidrio transparente engarzadas en alambre. Y en Madrid, Sergi Bravo, antes de exponer en Milán su exitosa V.I.D.A. muestra las respuestas visuales a una pregunta formulada, previamente, a un grupo de conocidos: ¿qué debe tener un restaurante para ser tu restaurante ideal? El visitante podrá deleitarse contemplando bodegones llenos de ironía y divertida mala uva. Y con toda la carga surrealista que comporta hacerlo en un restaurante. Boris Rimbau Gustavo León. Del 22 de noviembre al 31 de diciembre. Galería Hipòtesi. Rambla de Catalunya, 105, Barcelona. Sergi Bravo. Hasta mediados de diciembre en el restaurante El Armario, San Bartolomé 7, Madrid.

.Gijón se mueve Del 19 al 26 de este mes de noviembre tendrá lugar la 37 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón, un certamen que muestra una especial sensibilidad hacia el cine independiente y los productos audiovisuales alejados del mainstream. Este año participan en el concurso las últimas películas de cineastas tan personales como Leos Carax (“Pola X”), Zhang Yuan (“Diecisiete años”) o Nicolas Winding Refh (“Bleeder”), uno de los pocos cineastas daneses no adscritos al Dogma y firmante de la soberbia “Pusher”, que pasó por España sin pena ni gloria. En la sección informativa se proyectarán ciclos de Tom DiCillo, el autor de “Vivir rodando”, y de Aki Kaurismäki, que asisitirá al festival y que presentará su nueva película, “Juha”. También resulta recomendable el pase especial de la serie británica del Channel 4 “Queer as a Folk” (en la foto), que provocó una agria polémica en el Reino Unido debido a su explícito contenido homosexual. La serie narra las idas y venidas, los devaneos y los asaltos amorosos de cuatro personajes en la comunidad gay de Manchester. La polémica ha venido acompañada por el éxito de audiencia, y ya se están preparando nuevos capítulos para el próximo año. La serie dispone de una web propia: www.queerasfolk.org.uk Boris Rimbau

.Jim Beam se pasa al techno Jim Beam, en un saludable afán por adaptarse a los nuevos tiempos, se dedica hace tiempo a dar apoyo a la música electrónica de calidad, y el año pasado organizó un espectacular DJ Tour por diversas ciudades inglesas. El fin de semana del 18, 19 y 20 de noviembre tendrán lugar en Barcelona las Jim Beam Club Sessions, una ruta de música techno y house que se celebrará en Moog, Octopussy o Discothèque. Ahora se han decidido a aplicar la misma política promocional entre nosotros, y el cartel, que incluirá nueve artistas, combina algunos de los DJs locales más buscados (Ángel Molina, J.L. Magoya, DJ Loe, J. Grau) con estrellas de relumbrón internacional (DJ Hell, The Nairobi Trio, Ralph Lawson, Funky Green Dogs). El viernes y el sábado, los sets serán retransmitidos en directo por Flash FM. Paralelamente, el sello So Dens está preparando un CD que recogerá los mejores temas de los DJs que participan en la ruta de Jim Beam Club Sessions, que se podrá adquirir en tiendas de música y moda y se sorteará entre los asistentes a las Jim Beam Club Sessions. Boris Rimbau

.La contracultura ha muerto Y la edición española de la revista Rolling Stone supone su acta de defunción. Una versión, por cierto, que no deja de ser reflejo de su actual madre norteamericana: una revista adocenada y conservadora, que ha crecido con el público que la vio nacer y que hace tiempo que dejó de comprarse discos, un público que está más interesado en conocer detalles de la próxima gira de David Bowie que del álbum de Andrea Parker. Nada que objetar, por eso: todas las revistas, ésta incluida, no son más que productos comerciales dirigidos a un espectro de público y de anunciantes determinado. Lo que no está tan claro es qué función puede tener una revista cuya oferta, al menos en su primer número, no se diferencia mucho de la que ofrecen los suplementos dominicales: una entrevista en profundidad con Alejandro Sanz, un dossier de músicos de rock y pop españoles en el que no figuran Los Planetas, Astrud, Madelman o Manta Ray pero sí Marta Sánchez, Enrique Iglesias, Carlos Goñi o Hevia, y una sección de críticas de discos con Joaquín Sabina, Sting y Jamiroquai, Red Hot Chili Peppers y Chemical Brothers ¡ahora! Viva la rabiosa actualidad. En fin, lo mejor, la entrevista-retrato de Brad Pitt, el único artículo que mantiene el espíritu del nuevo periodismo del viejo Rolling Stone. Óscar del Pozo


.Sabor a Lola Pues no es una folclórica ahora que las fabrican arrepentidas y en serie. Tampoco es la reaparición del tabaco que fumaban los progres en los setenta. Nada de eso. Lola es una cerveza elaborada en Bélgica de manera natural, envuelta en una botella que no deja indiferente a nadie y que ha desembarcado en territorio nacional creando una espectación inusitada; el logo floral de Lola es de aquellos que se quedan grabados en tu retina y, de paso, resume la filosofía que pretenden transmitir los importadores de esta nueva bebida: hay que tener una actitud positiva ante la vida, observar el entorno con la mente libre de prejuicios y procurar diversión, no importa el color, el sexo, la edad (mejor espera a cumplir al menos dieciseis), la tendencia sexual, si te gustan Astrud o Dover (allá tú en cualquier caso), Lola ayuda con sus 6´5 grados a que no sea difícil seguir ese consejo antes mencionado, no es como aquellas cervezas anodinas que amargan el paladar. Tal vez el aroma o quizás el ligero toque afrutado hace que las esencias de Lola entren bien; con un par de ellas la cosa cambia, la vida se ve del color de Lola, no sé si rosa; pero desde luego, para nada, gris. En fin, amigos, Lola está aquí, con nosotros, y todo apunta a que tiene intención de quedarse. Más información en www.arealola.com y en 93 323 60 29. José Manuel Bejarano

.Barry White, garganta profunda La Voz está de vuelta y mantiene intacta su testosterónica intensidad vocal, después de 26 años empujando al soul hacia los límites de la sicalipsis. Como siempre, el tema es el amor. White se desliza en largos diálogos de confesiones eróticas y promesas de amor diseñadas para halagar sobretodo los oídos femeninos. La verdad es que a cualquiera le apetece que le susurren al oído dulces mentiras, y en esa debilidad tan común reside buena parte del éxito de Barry White. Como siempre en su caso, nos encontramos ante un disco lento y suave. En él se recuperan hits clásicos como “Staying Power”, “I Get Off On You” y “Get Up”, pero lo más interesante son las versiones de “Low Rider”, de WAR, y “Thank You”, el tema de Sly & The Family Stone producido por Sean “Puffy” Combs. Un tema que, sin el tenso tratamiento de psicodelia funk de la versión original, acaba sonando a versión lounge de orquestilla de hotel. A sus 54 tacos, White reivindica su virilidad marcándose un doblete un poco chusco: canta “The Longer We Make Love” con Chaka Khan (la pobre parecía tener jaqueca en el momento de la grabación) y Lisa Stansfield (excitada y muy dispuesta) en dos versiones distintas sigue siendo un machote de tomo y lomo. Pero con la Viagra al alcance de todos, el mensaje se antoja un tanto gratuito. B. R.

.Rediseñando la Naturaleza Las películas futuristas que vestían a la generación del 2000 con materiales rígidos y plateados al estilo de los astronautas no podían estar más equivocadas. Las propuestas de los diseñadores para la temporada otoñoinvierno que acaba de empezar están mucho más próximas al pasado más remoto que al futuro más cercano. Algo tan antiguo como la Naturaleza se ha convertido en la clave de todas las colecciones. El medio ambiente ya no sólo está presente en la conciencia de las personas, sino también en sus armarios. La huella del reino vegetal se manifiesta a través de colecciones como la de Victorio & Lucchino y Antonio Pernas. Los primeros decoran sus piezas con motivos florales. El segundo juega con tejidos que recuerdan los troncos y ramas de los árboles. El aspecto silvestre se acentúa con el uso del marrón y del verde, colores que también utilizan Moschino y Lacroix para crear el efecto hoja. El mundo mineral también se pone al servicio de la moda. Las piedras preciosas inundan tanto las prendas como los accesorios, elementos imprescindibles esta temporada. Son interesantes, en este sentido, las propuestas de Felipe Varela. Cristina Ros

.Marlon Brando ya la usaba Cuenta la historia que en 1913 una pareja de hermanos, Irving y Jack Schott, decidieron abrir una pequeña y humilde tienda en el Lower East Side de Manhattan en New York, allí vendían sus prendas manufacturadas en piel siguiendo una consigna clara: la calidad ante todo y nada de reproducir viejos patrones, crear el mejor producto costase lo que costase. El éxito rotundo les llegó quince años después, en 1928, cuando vió la luz pública la famosa cazadora “Perfecto”, la misma que años después Marlon Brando (¿recuerdas “El salvaje”?) y James Dean usarian para sorprender a un público masculino y femenino rendidos ante tanta piel deslumbrante. Años mas tarde, los hermanos Schott volvieron a dar en la diana, de su intensa relación con el ejercito estadounidense durante la segunda guerra mundial, sacaron de provecho una serie de diseños que aún hoy tienen plena vigencia: las cazadoras para pilotos, las flyers de nylon, las bombers de cuello forrado. Aquello que fue útil para los chicos que salvaron al mundo del terror rojo-nazi-amarillo, luego serviría para llenar el fondo de armario de los Village People. Cosas de la vida. A todos nos gusta sentir que aquello que nos cubre del frio o atrae la mirada del otro es bien auténtico. José Manuel Bejarano


.Portada

Edgar Rice Burroughs: el escritor. Johnny Weissmuller: el actor. Tarzán: el mito. El mito del enfant sauvage o incluso del self-made man, ese hombre hecho a sí mismo, es repescado ahora en una nueva entrega navideña de la Disney


Tarzรกn


La selva es lounge En un principio, Tarzán vive en compañía de los monos y del resto de fauna selvática. Vaya, una recreación algo kitsch de un mito clásico: Rómulo y Remo, los hermanos fundadores de Roma que fueron criados por una loba. Tarzán no funda ninguna ciudad, pero se convierte en el guardián de la selva y en el segurata del lugar más sagrado de la jungla: el sacrosanto Cementerio de los Elefantes. ¿Cómo transcurre la vida de Tarzán en la selva? Pues, más bien de tranquis. El monarca de la jungla desconoce tanto las incomodidades de la vida moderna como sus placeres: el sexo, la cocina, los amigos, los programas de Bertín Osborne, etc. Entonces, nos preguntamos: ¿cómo una vida tan apacible pudo interesar a los gerifaltes de la Metro Goldwyn Mayer? La respuesta es fácil: les atrajeron las aventuras en que se veía envuelto Tarzán cuando luchaba por mantener a su reino lejos de las manazas del hombre blanco.

El creador Edgar Rice Burroughs (1875-1950) era un escritor de novelas pulp, es decir, de historias destinadas al entretenimiento y llamadas así por la mala calidad del papel en el que se imprimían. Burroughs creó a su único personaje famoso basándose en el libro del explorador Stanley “África misteriosa”, pese a que es casi evidente que “El libro de la selva”, de Rudyard Kipling, fuera más que una influencia. De la pluma de Burroughs surgieron un total de 26 narraciones protagonizadas por el Rey de la Selva.

Weissmuller y Cia. Las novelas de Burroughs llamaron la atención de Hollywood, que ya habían probado suerte con Tarzán en los años del cine mudo y que sabían que la historia era garantía de taquillas millonarias. Necesitaban a un actor que estuviera cuadrado y punto; Tarzán siempre ha sido un personaje con poco diálogo, y con saber berrear a lo butanero y dar saltos de liana a liana ya se cubre el expediente. La Metro encontró al hombre: Peter John Weissmuller -un campeón olímpico de natación alemán apodado el “Hidroavión Humano” y primer atleta capaz de nadar 100 metros en menos de un minutodebuta en el cine en 1932 con “Tarzán de los monos”, una película que arrasó en las salas yanquis en plena Depresión, cuando mucha gente necesitaba ahogar sus penas en celuloide. El film, dirigido por un sobresaliente W.S. Van Dyke, es una auténtica lección de cine de aventuras. Su inmediata continuación, “Tarzán y su compañera” (1934), supo mantener la calidad de la anterior. Pero ya en la primera entrega entra en escena Jane Parker, o sea, la actriz irlandesa Maureen O���Sullivan. Y surge el amor. Lo típico: la niña rica que se pierde en la selva, comparable a la Teresa de Juan Marsé, se enamora del salvaje cachas de vírgenes sentimientos y entrepierna. De esta forma, Tarzán, sin comerlo ni beberlo, se encuentra con una cabaña ordenada por el espíritu femenino de la que será su compañera. Comienza así una vida en la selva con ciertos toques occidentales en forma de poleas y de un mobiliario rústico que toma como modelo una casa normal y corriente. Nace así la clase media en la jungla. Por supuesto, la relación entre ambos es

casta y pura como mandan los cánones del Hollywood de la época. En la selva te lo puedes montar bien sin recurrir al lógico recurso del sexo: «Yo, Tarzán; tú, Jane» y aquí paz y después gloria. Pronto, la pareja sola comenzó a agobiar y fue necesario alguien en el papel de hijo. Y entonces, apareció casi como por golpe de magia otro huerfanito descarriado en la jungla: Boy, adoptado inmediatamente por Tarzán y Jane. El papel de príncipe de los monos recayó en Johnny Sheffield, un chaval de extraordinario parecido con el vástago de Ana Obregón, aunque un poco más espabiladito, ya que la jungla carece de las comodidades que ofrece una vida junto al Conde Lequio.

Cómic: el Tarzán de Hogarth Si en el cine Tarzán es Weissmuller, en el cómic ese honor corresponde a Burne Hogarth, un dibujante que se encargó de elevar el arte de las viñetas a las misma altura que los vuelos de liana de su personaje, es decir, a la cumbre. La pena es que Hogarth dejaría de dibujarlo en 1950, aunque lo retomara fugazmente veinte años después para realizar dos libros. Su antecesor, Hal Foster, también destacó por el noble trazo que dio a los personajes, pero en 1937, abandonó el encargo de la United Features para crear su propia serie: “El Príncipe Valiente”. Había llegado la hora de Hogarth.

Blanco = malo El éxito de las dos primeras entregas provocó el inicio de una saga que además de enriquecer el solitario universo de Tarzán, en un principio limitado a kafkianos diálogos con la sempiterna mona Cheetah, trajo también alguna película relevante, caso de “La fuga de Tarzán” (1936) o “Tarzán en Nueva York” (1942), donde la pareja se da un garbeo por la ciudad de los rascacielos. Aquí está claro que Tarzán no encaja en un mundo de ascensores, botones y mucha gilipollez y esnobismo por metro cuadrado. La familia vuelve a casa, pero la cinta significó el abandono de Maureen O’Sullivan. Sin embargo, el guión de las películas se fue haciendo cada vez más repetitivo. A saber: Tarzán y familia están tranquilamente en la selva, sin coches, sin agobios, en plan lounge y, de repente, su paz se ve perturbada por una expedición de cuatro pijos que llegan a la selva, generalmente, en busca del marfil del sagrado Cementerio de los Elefantes. Al principio, Tarzán siempre desconfía («Blanco malo, hijoputa») y Jane logra calmarle a base de carantoñas y mano izquierda. Entonces, los visitantes se acojonan ante los músculos de Tarzán-Weissmuller al que contemplan como un freak exótico. Como es de imaginar al final nuestro héroe tiene razón y los turistas albergan oscuros intereses. La aventura acaba con el merecido escarmiento de los intrusos y con el esperado momento en que Tarzán llama a los animales de la jungla con aquel inconfundible berrido para arremeter contra el malvado cerdo colonialista.

Caída en barrena Weissmuller dejaría vacío su trono ganándose para siempre el título de Rey de la Selva, ya que sus sustitutos fueron los reyes del cutrerío. Al ex-campeón olímpico de natación le sucedería el chulopiscinas Lex Barker, cuya única aportación al cine fue un fugaz papel en

la “Dolce vita” y tener la fortuna de casarse con Lana Turner. Barker -que también desposó a una jovencísma Tita Cervera- se enfundó el taparrabos de tigre en cinco ocasiones, a cual más lamentable. Quizás sólo se salve de la quema, y eso siendo muy piadosos, “Tarzán y la fuente mágica” (1949). A su vez, Maureen O’Sullivan había dejado el papel de Jane en manos de Brenda Joyce, una actriz de Serie B que compartiría cabaña con Weissmuller en sus tres últimas y decadentes apariciones y en la primera de Barker. Después llegaron Gordon Scott, vigilante de un hotel de Las Vegas, Jock Mahoney, ex-jugador de fútbol americano, Mike Henry y un tal Rol Ely, que rodó dos episodios de Tarzán para la televisión en México. En la imaginativa Italia de los 60 y 70 proliferaron subproductos como “Tarzán, el fabuloso hombre de la jungla”, film interpretado por un actor desconocido que se escondía bajo el seudónimo de Johnny Kissmuller.

La gran familia Después de dieciséis años y doce películas haciendo de Tarzán, Weissmuller interpretó en una serie televisiva a Jungle Jim, un personaje de tiras cómicas y de radionovela, como Tarzán pero con pantalones y con Tampa en lugar de Cheetah. Al pasarse toda la vida interpretando variaciones del mismo personaje, en 1979 el pobre Weissmuller acaba siendo pasto de la locura -es sabido que en la residencia para actores jubilados donde pasó sus últimos años solía lanzar el alarido que le hizo famoso- y muere en 1984 devorado por su propio personaje. Su hijo en la ficción siguió sus pasos: Boy acabó siendo Bomba, el Chico de la Jungla de la Serie B. Una vez crecidito, los productores le dieron puerta y pusieron fin a su pequeña carrera cinematográfica. A Maureen O’Sullivan y a Cheetah las cosas les fueron mejor. O’Sullivan supo compaginar el papel de Jane con apariciones en películas del calibre de “Un día en las carreras”, “Anna Karenina” o “Más fuerte que el orgullo”. Después de casarse con el director de cine John Farrow, se retiró para criar a su numerosa prole. Por su parte, Cheetah sobrevivió al tiempo con mayor dignidad y fortuna que su amo, dedicando su existencia a unas continuas vacaciones. La mascota de la familia hizo caso del consejo de saber retirarse cuando se está en lo más alto.

Federico Navarro


.Tarzán@disney

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Crónica de una alianza anunciada

texto. Guido Reyna

“...todo héroe que ha salido a flote desde el inconsciente, ha de regresar a las aguas madres para asumir su sombra (ánima), fecundándose con ella y volviendo regenerado (iniciado).” Andrés Ortiz Osés “ C. G. Jung: Arquetipos y Sentido”

Visto que desde su eterno y omnisciente paraíso refrigerado Mr. Disney promete enviarnos por enésima vez al Excmo. Señor de los Monos y considerando que en anteriores apariciones el susodicho ocupó la piel de un bombero de New York, de un ilustre y desconocido volatinero y de un nadador olímpico que acabaría sus días “colgado” de una colección de lianas wash and wear; cabe preguntarse si, acaso, el nuevo engendro habrá sido concebido durante los amoríos clandestinos de Pocahontas. Asimismo, pueden realizarse las apuestas del caso a propósito de sí tendrá los ojos de Bambi, la voz de Donald Duck o el sexappeal de Mickey Mouse. Sea como fuere, es un hecho que quienes esperan que nuestro héroe luzca una silueta digna de las de Tom de Finlandia o que aparezca enfundado en un sugestivo taparrabos Calvin Klein, se verán, seguramente, defraudados. Desde luego, tanto éstos como aquéllos que añoran un Tarzán rodeado de la lujuriosa y barroca jungla kitsch de Pierre et Gilles, olvidan que el viejo y querido tío Walt ha sido desde siempre un apasionado defensor de la naturaleza en su expresión más salvaje (qué mejor prueba que la fundación de Orlando y alrededores). Por otra parte, es de suponer que, a pesar de haberse criado en la selva entre nuestros ancestros primates, y de haber vivido a la intemperie, el muchacho lucirá un espectacular bronceado caribe, una excelente dicción y un don de gentes que lo harán merecedor de un respeto y de una honorabilidad que más un jefe de estado envidiaría. Lo cierto es que habrá, sin lugar a dudas, una tierna y edulcorada escena romántica ambientada por el nunca bien ponderado Phil Collins. En todo caso, no faltarán aquellos que con el consabido pretexto de acompañar a sobrinos, ahijados y/o hermanos menores, se precipitarán a la sala de proyección más próxima a su domicilio con el fin de abandonarse a tan secretas como originales fantasías eróticas junto al rey de la selva. Es entonces cuando probablemente, se escuchará el clamor popular pidiendo a gritos: «Fais-moi mal, Johnny(Weissmüller), envoie-moi au ciel, Johnny. Moi, j’aime l’amour qui fait: OoooOoooh!».* *Boris Vian : «Fais-moi mal, Johnny»


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Sleepy Hollow

Un sofisticado cuento de hadas


.cine

Tim Burton adapta una famosa historia norteamericana de terror en un filme en el que no faltan los seres incomprendidos, las atmósferas expresionistas y la mezcla de fantasía, humor y horror de sus anteriores películas.

En 1799, los habitantes de Sleepy Hollow, una pequeña comunidad granjera del Estado de Nueva York, viven aterrorizados ante la presencia de un jinete sin cabeza que cabalga por el pueblo cometiendo crímenes. Ichabod Crane, un excéntrico policía, es enviado a la localidad para resolver el misterio. Éste es el punto de partida de “Sleepy Hollow”. Tim Burton se inspira en el clásico de la literatura norteamericana “La leyenda de Sleepy Hollow”, escrito por Washington Irving, para narrar una de las historias de terror más famosas de la cultura popular americana. Aunque Burton y Andrew Kevin Walker (el guionista de “Seven”) han respetado el espíritu del mundo descrito por Irving, le han añadido la mezcla de fantasía, horror y humor presente en toda la filmografía del director. Con “Sleepy Hollow”, y como ya hizo en “Eduardo Manostijeras”, Tim Burton vuelve a dar forma a un hermoso, inquietante y simbólico cuento de hadas.

Seres incomprendidos Los personajes de Tim Burton suelen ser seres inadaptados, desplazados e incomprendidos; Ichabod (Johnny Depp) no es una excepción. Al igual que Eduardo Manostijeras, Ed Wood o Jack Skellington, protagonista de “Pesadilla antes de Navidad”, el personaje principal de “Sleepy Hollow” se mueve al margen de la sociedad. Es alguien que vive en su propia cabeza y que piensa más que siente, lo que le lleva a parecer excéntrico. Son seres que sufren y, para mostrar este sufrimiento, Burton recurre a actores muy expresivos, casi recién salidos de una película muda. Así, en esta ocasión, además de repetir con Johnny Depp, que ya desmostró en “Eduardo Manostijeras” su facilidad para expresarse sin palabras, Burton apuesta por el rostro de Christina Ricci (“Tormenta de hielo”, “200 cigarettes”). Ésta da vida a Katrina Van Tassel, la hija del hombre más rico del pueblo, que conquistará el corazón de Ichabod. De entre el amplio reparto de “Sleepy Hollow” (Miranda Richardson, Michael Gambon, Casper Van Dien y Jeffrey Jones, entre otros) destaca la insólita intervención de Christopher Walken, ¡como el jinete sin cabeza!, y el cameo de Christopher Lee, otro pequeño homenaje de Tim Burton a los clásicos del cine de terror.

Fantasías góticas En varias ocasiones, Tim Burton ha reconocido que, de niño, buscó refugio en la oscuridad de las salas de cine para hacer frente al entorno en el que le tocó vivir: Burbank, una urbanización californiana de colores pastel de la que, al parecer, se sentía ajeno. Esto le permitió consumir infinidad de títulos, muchos de ellos ahora clásicos del cine fantástico y de terror, que han influido claramente, tanto a un nivel estético como de contenido, en su filmografía (así, si ya en su corto de animación “Frankenweenie” revisaba la versión de James Whale del mito de Frankenstein, y en “Mars Attacks!” rendía homenaje a los clásicos de la ciencia ficción de serie B). En “Sleepy Hollow”, Burton, Rick Heinrichs (director de producción) y Emmanuel Lubezki (director de fotografía) vuelven a emular el estilo del cine de terror de los 50 y los 60. A través de un espectacular diseño de producción, el director, una vez más, recrea la estética asustadiza, tenebrosa y gótica propia de algunos títulos de Roman Polanski o la Hammer.

La consolidación de un imaginario La leyenda de “Sleepy Hollow”, tenebrosa, rara y enormemente imaginativa, permite a Burton volver a manifestar su ingenioso y excéntrico sentido estético, siempre a favor de la carga emotiva del filme. Como ya hizo en “Batman” con su visión de Gotham City, Tim Burton hace nacer de la nada toda una ciudad, un particular universo que se cierra en sí mismo. Con este objetivo, los diseñadores del filme convirtieron una propiedad privada londinense en la ciudad norteamericana de Sleepy Hollow (con edificios, una iglesia, un puente, una taberna, etcétera) y crearon en los estudios Leavesden una serie de enormes decorados (destaca la recreación de un bosque y del interior de un molino de viento). Burton, Heinrichs (“Fargo”, “El gran Lebowski”) y Lubezki han dado a “Sleepy Hollow” un aire gótico y expresionista (la preferencia de Burton por este estilo ya estaba presente en su primer cortometraje de animación. Rodado en un crudo blanco y negro, “Vincent” recordaba el expresionismo alemán de los años 20). Para dar idea de cuento de hadas, Emmanuel Lubezki ha creado, a través de los juegos de luz y de color, una atmósfera inquietante y casi pictórica; el director de fotografía ha optado por el contraste entre la sensación de blanco y negro que transmiten los escenarios de la historia y el acento de color que aporta el vestuario de Colleen Atwood. A veces, los actores de las películas de Burton aumentan su fuerza expresiva a través de un disfraz; por este motivo, como ya ocurría en títulos como “Bitelchús” y “Eduardo Manostijeras”, la indumentaria tiene vital importancia en “Sleepy Hollow”. De nuevo, Burton viste a algunos de sus personajes a rayas blancas y negras. Ésta no es, sin embargo, la única constante visual de la filmografía

texto. Desirée de Fez

del director que aparece en este delicioso cuento de hadas. La maqueta de una ciudad y la aparición de un cementerio son otros ejemplos. Una vez más, el imaginativo, delicioso y particular mundo de un auténtico creador, de ésos de los que ya no quedan.


.Eightball texto. Marc Piñol

Fue al verla interpretar a Caperucita Roja en un cortometraje rodado, paradójicamente, en blanco y negro: a los dos segundos de su aparición en pantalla advertí que la tremenda preadolescente que se había zampado a Winona Ryder y Anjelica Huston –en “Sirenas” y las dos partes de “La Família Addams”, respectivamente– había comido suficiente cine como para que toda la niñez que se había diluído en el contorno de sus caderas supurara un sex appeal extremadamente enfermizo que nos remite, incluso físicamente, a esa bola ocho que debe eliminarse al final de una partida de snooker y que es la que más se resiste; en definitiva, la rara del grupo. Quizá fuera porque hasta la fecha no la hemos visto en un papel que no desprendiera ni un sólo ápice de morbo implícito. Y si aún no han visto “Amigas para siempre”, alquílenla o esperen a que Tele 5 vuelva a emitirla un día de éstos: tamaña obra maestra del cine de sobremesa merece ser revisada en familia y con un bol de crujientes palomitas ardiendo en nuestras manos. Esto sí que es morbo. Así pues, su papel en “Sleepy Hollow” debe verse como una espina clavada en el más hondo punto G de Tim Burton. Aquel puntito que disfrutó como un chino al ver una de las escenas sexuales con máscara más políticamente incorrectas de los últimos cinco años (sólo ha habido dos, “La Tormenta de Hielo” y “Eyes Wide Shut”, así que ustedes dirán) y que se dilató emocionado, al igual que el cerdito de Terenci cuando hojea el Diez Minutos, al valorar sus excelentes interpretaciones en “Miedo y Asco en Las Vegas” o “Pecker”. La película valdrá la pena y la Ricci estará, en el buen sentido, de espanto, así que nada más que decir al respecto. Y si (perdonen la intromisión gacetillera al más puro estilo Tentaciones) la musa del cine independiente americano –olvídense de Chloe Sevigny; tal mema merece ser escarificada tan o más violentamente que los chiquillos de “Saló o los 120 días de Sodoma”– es, tal y como dicen, la musa del cine independiente americano, no podía faltarle un papel principal en la que puede ser la película más desasosegante de los últimos años: la adaptación al cine de “Ghost World”, el cómic que hizo que más de uno viera “Happiness” (de hecho, el creador de “Ghost World”, Daniel Crowes, realizó la ilustración de portada del film de Todd Solondz) con una agradable sensación de dejà vu. En pocas palabras: «ta un poco gorda, pero ta buena».


Christina Ricci nació el 12 de febrero de 1980 en Santa Monica, California (Estados Unidos). Filmografía seleccionada • Sleepy Hollow (1999) Dir.: Tim Burton. • Lo opuesto al sexo (1998) Dir.: Don Roos. • Miedo y asco en Las Vegas (1988) Dir.: Terry Gillian. • Pecker (1998) Dir.: John Waters. • Tormenta de hielo (1997) Dir.: Ang Lee. • Casper (1995) Dir.: Brad Silberling. • Amigas para siempre (1995) Dir.: Lesli Linka Glatter. • La familia Addams (1991) Dir.: Barry Sonnenfeld. • Sirenas (1990) Dir.: Richard Benjamin.


La primera regla del club de lucha es no hablar del club de lucha El club de lucha es el germen de un plan encaminado a la destrucción de un mundo que está al borde del abismo; de una sociedad en la que los grupos de apoyo a tuberculosos, a enfermos de cáncer o, en definitiva, a las víctimas de cualquier enfermedad son el último reducto de calor humano. En su cuarto filme, David Fincher (“Alien 3”, “Seven”, “The Game”) recrea sin tapujos una realidad en la que, para salvarse, ya no es suficiente con renunciar al dinero, a la propiedad y al conocimiento; ya no bastan las críticas al Estado o a cualquier tipo de jerarquía social; para bajarle el volumen al mundo real y llegar a ser libre sólo hay una alternativa: acabar con las ataduras, perderlo todo, tocar fondo. «La primera regla del club de lucha es no hablar del club de lucha»: para que esto ocurra, hay que mantener en secreto su existencia. La segunda regla del club de lucha es no hablar del club de lucha Y el objetivo del club de lucha es tocar fondo como alternativa a la esclavitud del sistema. Brad Pitt, histriónico y muy sexy, es Tyler Durden, su ideólogo; Edward Norton, camaleónico y no menos atractivo, su primer adepto. En The Fight Club, las noches del fin de semana, hombres con vidas aparentemente normales, con trabajo y familia, se reúnen en sótanos y párkings de todo el país (la localización de la historia queda muy abierta) para pelear entre ellos hasta perder sus fuerzas; al día siguiente vuelven a la oficina llenos de moratones, pero sin miedo, sintiéndose omnipotentes y creyendo que, de algún modo, son libres. Si dos integrantes del club de lucha coinciden en un restaurante, quizá crucen miradas de complicidad, pero nunca hablarán del tema: «La segunda regla del club de lucha es que no se habla del club de lucha». Y, en “The Fight Club” no sólo las interpretaciones sirven para mostrar la doble vida de los personajes; el excelente diseño de los decorados y la fotografía del filme, realizada por Jeff Cronenweth (hijo de Jordan Cronenweht, el director de fotografía de “Blade Runner”), también contribuyen en este sentido. Así, mientras que las situaciones diurnas tienen lugar en escenarios herméticos, fríos y artificiosamente iluminados (el apartamento y el despacho del personaje interpretado por Norton son un ejemplo), la demencia noctámbula se localiza en lugares sucios y oscuros (destaca la ambientación de la casa de Tyler). La tercera regla del club de lucha es que, cuando alguien dice basta o resulta herido, aunque esté fingiendo, se da por terminada la pelea. Aun así, cuando ves al chico, no puedes felicitarlo por el gran combate que libró. Tyler Durden (Pitt) es el fundador del club de lucha; un ser oscuro y anárquico cuyos planes violentos capturarán la mente de varios hombres; la primera, la de un joven (Norton) burgués, de vida monótona y víctima del insomnio. La relación de dependencia entre ambos sólo se volverá insoportable cuando éste último no necesite de Tyler para ser violento, cuando pueda huir por sí mismo de las ataduras; entonces dirá basta y, como dice la tercera regla del club de lucha, «todo se dará por terminado». En la definición de los personajes principales, Fincher conjuga muchas de las tendencias del fin del milenio (la estética híbrida del personaje de Pitt es un ejemplo); algo que también se observa en algunos escenarios (es el caso de los muebles del apartamento del protagonista que, como incluso se hace referencia explícita en el filme, son de Ikea), en la misma banda sonora del filme (cuya partitura, a cargo de los Dust Brothers, sólo incluye temas de música electrónica) y en las referencias cinéfilas a otros títulos (“Crash” y “Forrest Gump”, por ejemplo). El personaje de Tyler adquiere una dimensión de líder, algo aparentemente incompatible con el espíritu del club de lucha (anárquico o, mejor dicho, nihilista) y que puede prestarse a confusión. Fincher, sin embargo, al final del filme, soluciona el problema cuando (y no desvelo nada), indaga en los mecanismos de una mente enferma. Cuarta y quinta regla del club: sólo dos tíos por combate. Un combate cada vez, se lucha sin camisa ni zapatos. Según los miembros del club, para hacerse un hueco en la sociedad no es suficiente con un ataque directo al sistema; para sentir que existes y que todavía eres alguien tienes que descargar la tensión que implica vivir en una sociedad controladora. Y, para liberar tensiones, el mecanismo ideal es la autodestrucción, el autosacrificio. Ante este panorama, las acciones de los miembros del club contra la sociedad son simples actos vandálicos comparados con la violencia que ejercen sobre sí mismos. Como ya hizo Stanley Kubrick en “La naranja mecánica”, David Fincher, al mostrar los sabotajes del club contra la sociedad, utiliza la violencia como medio para criticar el sistema político, económico y social. No obstante, no es éste el tipo de violencia que más interesa al director; de hecho, opta por el humor (cruel pero inteligente) para abordarla (quemar tu propio piso se vuelve un acto contra la propiedad; venderle a los ricos jabón hecho con grasa robada de una clínica de liposucción, un ataque frontal a la jerarquía social; y volar todas las centrales de tarjetas de crédito, la destrucción definitiva del sistema). La violencia que plantea Fincher (que adapta con fidelidad la novela de Chuck Palahniuk), la que practican los miembros del club de lucha, no tiene razón de ser, tampoco va dirigida a nadie. Es sólo una válvula de escape a la tensión, una forma de descargar la rabia. Una violencia nihilista que nace del caos y deriva todavía en más caos. «La quinta regla del club de lucha es que se lucha sin camisa y sin zapatos»; así el dolor es mayor. La sofisticada recreación de la violencia, para lo que Fincher juega con una variadísima planificación y con un montaje arriesgado e impecable, es una de las principales bazas del filme. No obstante, su brillantez formal no se reduce a estas escenas; ya desde los títulos de crédito, “The Fight Club” es un auténtico espectáculo. Sin caer en el videoclip (algo que, teniendo en cuenta la ambigua relación fondo-forma, el onirismo de algunas imágenes y la utilización del flashback, habría sido fácil) realiza un filme de impecable factura visual. Destaca el trabajo de postproducción digital de algunas secuencias. La sexta regla del club de lucha es que el combate dura lo que haga falta. Si bien la violencia de la primera parte de The Fight Club puede llegar a resultar atractiva (de hecho, la brillantez y la elegancia visual del filme harían bella la mayor aberración), llega un punto en el que ésta es tan explícita que duele; es tal su dureza gráfica, que se vuelve insoportable, desagradable (el espectador no importa; «la sexta regla del club de lucha es que el combate dura lo que haga falta»). Este giro demuestra que Fincher está a años luz de hacer apología de la violencia. Aun así, la naturaleza ambigua del filme valida cualquier interpretación. Lo que también contribuye a provocar distintas lecturas de la película es la interpelación directa de los personajes al público (nunca realizada de manera gratuita o pretenciosa): el espectador de “The Fight Club” se vuelve parte activa. Séptima regla del club de lucha: si ésta es tu primera noche en el club de lucha, tienes que luchar. El club de lucha no admite mujeres; no obstante, el personaje más fuerte de la película (en la novela aún lo es más) es Marla Singer (brillante, Helena Bonham Carter) alguien que, capaz de convivir con la demencia, controla los encuentros de Tyler y su insomne compañero. No forma parte del club, pero, desde la primera noche, es el personaje que más lucha; algo que recuerda la séptima regla del club.


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.“The Fight Club” La estética del caos texto. Desirée de Fez

Brad Pitt se ha jugado el resto en la cuarta película de David Fincher, el director de “Seven”. Una película que ha levantado un aluvión de crueles críticas por su controvertida reivindicación de la violencia como forma de sublimar la desazón de sus protagonistas.


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.“Una historia verdadera” David Lynch, al margen de la perversión texto. Desirée de Fez


El universo onírico y misterioso que, en mayor o menor medida, recrean los anteriores trabajos de David Lynch no se encuentra en “Una historia verdadera”. Para narrar la particular odisea de Alvin Straight, un anciano de 73 años que, con el objetivo de hacer las paces con su hermano, gravemente enfermo, recorrió más de ochocientos kilómetros montado en una segadora, el director ha abandonado el hermetismo de sus particulares mundos. En esta ocasión y aunque su cine siempre ha sido más de sensaciones que de historias, Lynch firma una película para ser explicada y no experimentada. “Una historia verdadera” no es una película densa en cuanto a la acción; tampoco funciona, como otros de los títulos del director, a innumerables niveles de interpretación (incluso en “El hombre elefante”, uno de sus filmes más lineales, es imposible racionalizar el significado preciso de algunas secuencias). En esta ocasión, Lynch se olvida de las cosas contradictorias, locas, enfermizas y retorcidas que pueblan su filmografía (de hecho, se considera que “Corazón salvaje”, filme en el que llevó al límite sus obsesiones, provocó que el cine independiente derivara hacia una vertiente más brutal y visceral); deja a un lado el asombroso imaginario de sus anteriores filmes y aborda con asombroso realismo, de manera recta, simple y directa, un hecho verídico. Una historia verdadera es una película sencilla en torno al corazón humano y al amor fraternal.

La relevancia del entorno Aunque ha retratado todo tipo de ambientes (los desolados paisajes industriales de “Cabeza borradora” y “El hombre elefante” y el desértico planeta Arrakis de “Dune” son algunos ejemplos), Lynch, que en esta ocasión se aproxima a la vida de los granjeros, vuelve a interesarse por un entorno rural. De este modo, si en “Twin Peaks” analizó el día a día de una pequeña población para trazar una de las visiones más crueles y sombrías realizadas de un vecindario, en “Una historia verdadera” ahonda en la inocencia de los lugareños de cada uno de los pueblos por los que Alvin Straight pasó. Lynch vuelve a sugerir así la importancia del lugar. No obstante, aun distanciándose de la vida en la ciudad, el director continúa manifestando una extraña fascinación por la industrialización. Así, como ya hizo en “Cabeza borradora” (la fantasía de su protagonista, Henry, giraba en torno a un radiador), al referirse a la segadora en la que Alvin realizó su viaje, Lynch hace incapié en los aspectos técnicos y rinde así, de una manera sutil, un pequeño homenaje al mundo de la máquina.

Toda una vida esculpida en el rostro Los personajes de “Una historia verdadera” llevan historias grabadas en sus caras y, aunque sus filmes nunca han sido estudios antropológicos o psicológicos, Lynch consigue que el protagonista de (el octogenario actor Richard Farnsworth, que ha participado en más de trescientos wensterns a lo largo de su carrera, da vida a Alvin Straight) se desnude ante la cámara a través de la relación que establece con quienes se cruzan en su camino (un sacerdote, una joven embarazada y unos camaradas de la Segunda Guerra Mundial, entre otros). Para contribuir a este objetivo, Lynch abandona la tendencia a expresarse en un lenguaje codificado y dirige un filme en el que la comunicación interpersonal es realmente importante. Aunque no es la primera vez que trabaja sobre un texto ajeno (de hecho, su autoría se reduce a la de los guiones de “Cabeza borradora”, “Terciopelo azul” y “Corazón salvaje”) y, aunque esta opción también le ha jugado malas pasadas (el fracaso de “Dune”, por ejemplo), con “Una historia verdadera” Lynch vuelve a demostrar que son muchos los directores que realizan sus mejores obras a partir de textos ajenos (John Roach y Mary Sweeney firman el guión).

Bella, simplemente Una historia verdadera es una película visualmente hermosa. Lynch deja a un lado su preferencia por el blanco y negro y por la sobresaturación de los colores (lo que le ha permitido crear atmósferas oníricas e irreales) y opta por un tratamiento realista del color. El oscarizado Freddie Francis, que realiza su tercera colaboración con Lynch (“El hombre elefante” y “Dune”), fotografía un filme que, aun no exento del toque pictórico de la obra del director, respeta el cromatismo de cada uno de los escenarios del filme. El rodaje, durante seis semanas, se realizó siguiendo la ruta tomada por Alvin Straight, lo que les permitió captar las variaciones cromáticas del paisaje ante los cambios de estación. Esto vuelve a demostrar que a Lynch no le basta con encontrar acontecimientos; para crear su obra, también busca imágenes y texturas. Aunque la mayor parte de las situaciones ocurren durante el día, Lynch continúa otorgando vital importancia a las escenas nocturnas; la lucha que sus personajes libran en la oscuridad (Henry, en “Cabeza borradora”, es un ejemplo) vuelve a estar presente. Lynch es capaz de concentrar en el plano de un cielo estrellado la batalla interior entre la protagonista (una brillante Sissy Spacek, como Rose, la hija del anciano) y su pasado. Con elegancia, David Lynch factura una película próxima a la poesía y en la que la planificación y los movimientos de cámara, impecables, hacen mucho a su favor. Por poner un ejemplo, la cámara de Lynch mira al cielo y desde el cielo. No menos bella es la partitura musical de la película. El talento melódico y melancólico del compositor Angelo Badalamenti (“Terciopelo azul”, “Corazón salvaje” y “Twin Peaks”) hace que, una vez más, las imágenes reinventen la música y ambas terminen por ser inseparables.

La huella del autor No obstante, y aun exenta del grado de perversión y de abstracción del resto de sus títulos, “Una historia verdadera” también reúne varias de las constantes de la filmografía del autor. De este modo, bajo la tranquila vida de los protagonistas, también subyace una realidad oscura: la absurda enemistad entre ambos hermanos o el pasado de Rose son un ejemplo. Lynch, además, vuelve a interesarse por la repercusión que sobre una familia tiene la aparición de un elemento desestabilizador. El humor también juega un papel importante en “Una historia verdadera”, pero, en esta ocasión, Lynch abandona la cruda comicidad de sus anteriores filmes y se decanta por un sentido del humor sencillo, espontáneo e inocente (el diálogo entre Alvin y algunos de los personajes que se cruzan en su camino, entre estos un par de mecánicos gemelos y peleones y una mujer con tendencia a chocarse con renos en la carretera, son un ejemplo). Las constantes de su obra también se manifiestan a un nivel puramente visual. Así, por ejemplo, “Una historia verdadera” comienza con un clásico plano Lynch: alguien descansa estirado en una tumbona en el jardín. El escenario (el jardín, la valla, el perro), la música y la elegancia del movimiento de cámara recuerdan tanto a “Terciopelo azul”, como al precioso plano que anuncia la segunda parte de “Carretera perdida” (con Balthazar Getty como Pete Dayton). Especialista en abordar una sociedad al borde de la autoinmolación, con su última película Lynch abre una puerta a la esperanza y firma un auténtico alegato en defensa de la vida.

En un ejercicio de minimalismo impropio de él, David Lynch abandona los laberintos estéticos de su filmografía anterior para facturar una historia poética y lineal. “Una historia verdadera” nos descubre el lado más candoroso del director más retorcido.


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Demasiado violento para formar parte del Olimpo hollywoodiense, demasiado rudo para ser considerado “oficialmente” sexy por el público de los años 60 y 70 y demasiado cínico para un oficio (el de star) que le pedía dedicación exclusiva. Steve McQueen era un auténtico “noncaring macho”, como en cierta ocasión lo describió Norman Jewison. ¿Hace falta algo más para ser aceptado como un mito en estos 90 tan necesitados de verdaderos machos, aunque sean virtuales?

«Era un hombre a contrapelo» (Gene Feldman) Claro que el mito no lo sería tanto si se supiera que antes de convertirse en Steve McQueen, Steve Terrence McQueen (1930-1980) quiso ser Paul Newman. Lo quiso ser desde que Robert Wise le viera llegar al casting de “Marcado por el odio” (finalmente protagonizada por Newman) vestido con chaqueta corta, gorra ladeada y actitud engreída, y decidiera darle el papel de un joven delincuente que se pelea a navajazos con otros dos macarras. Ahora (vueltas que da la vida) Paul Newman es un abuelete entrañable pero soso que vende sopas y judías enlatadas mientras que Steve McQueen conduce un coche por las calles de San Francisco mientras viola alguna que otra ordenanza de tráfico. Y nosotros, extasiados frente a la televisión. Así que si el rubio de Missouri supiera que su nombre figura, 20 años después de su muerte, en los anales del hipsterdom (con su eterna sonrisa cool, la del detective Frank Bullit, digitalizada a traición para vender cromados tubos de escape), se reiría durante un buen rato. O se avergonzaría. Y es que si McQueen nunca se esforzó en trasladar su personaje de la pantalla a la vida real fue porque no le hacia falta: él era, realmente, un inestable y voluble producto de reformatorio juvenil. «Era un chico de la calle, solitario, imprevisible e inseguro» (Norman Jewison) Su biografía parece diseñada según el manual del perfecto marginado social: su padre, piloto acróbata, abandonó a su madre a los seis meses de su nacimiento. Madre e hijo se trasladaron entonces a una granja en Missouri con el duro-pero-justo tío de éste (McQueen siempre dijo que nunca volvió a ser tan feliz como en aquella época de su vida: nostalgia de la infancia perdida). A los 12 años ella se casa de nuevo y no tarda en estallar el conflicto entre Steve y su padrastro. A los 14 se convierte en matón juvenil, ingresa en Boys Republic, centro reeducador del cual escapaba cuando quería y al que volvía cuando lo atrapaban. A los 17 años se enrola en los marines, trabaja en un carguero y en un pozo petrolífero y a los 20 se traslada a Nueva York, donde se matricula en el Actor’s Studio de Lee Strasberg. «Había una especie de violencia en él, y esa era una de las cosas que lo hacía tan atractivo» (Karl Malden) Steve McQueen es un arquetipo: mal actor, pero con carisma. Aficionado a los coches y a las motos, voluble y rebelde, pasará a la historia como el “duroblando” de comportamiento infantiloide que buscaba incesantemente el reconocimiento de los demás. «Desde mi punto de vista», dijo en agosto de 1968, «no estoy muy seguro de que actuar sea algo que deba hacer un hombre adulto». Pero lo hacía. Mero utilitarismo, entonces. Lo que un hombre adulto debía hacer era competir en carreras de motos, estrellarse cuantas más veces mejor, o bien en carreras de coches y pegársela contra las balas de paja de la cuneta a la más mínima ocasión (los caminos del marketing automovilístico son verdaderamente inescrutables, en efecto). ¿Una foto? La de McQueen embutido en un mono de cuero blanco saliendo cojo de un coche en llamas y sonriendo a la cámara. A McQueen lo doblaban en las escenas peligrosas de sus películas, pero sólo porque prefería estamparse él solito y sin ayuda en la vida real. «Cuando lo ves haciendo rebotar la pelota en la pared de la celda al final de “La gran evasión”, sabes que se va a volver a escapar» (Neille Adams) Ahora el mito Steve McQueen parece estar más vigente que nunca. Y como nada de lo que ha sucedido en algún momento del pasado se convierte en real hasta que es representado dentro del espectáculo publicitario que son los 90, hemos tenido que esperar a que Ford nos redescubriera al macho de potente moto entre las piernas. Sólo que lo han metido dentro de un coche de paseo en vez de en un Formula 1. Pero a mí eso me da igual. Además, no debía ser tan mal actor cuando soy incapaz de recordar el modelo del coche anunciado.


.Steve McQueen Non-caring macho texto. Cristian Campos


.Jennifer on line por Óscar del Pozo

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“The Blair Witch Project” no da miedo pero tiene gracia, “eXistenZ” no es tan mala como parece y “La vendedora de rosas” y “Hoy empieza todo” parecen tan excepcionales como efectivamente son. Por lo demás, “Mumford” podría ser mejor y “Go (Viviendo sin límites)” no podría ser peor.

Lástima. Los que pensaban que ver “The Blair Witch Project” les iba a costar un shock nervioso están de los nervios, pero por otros motivos. Y aún así, la cosa tiene gracia. Tiene gracia que sus directores dejaran a los tres protagonistas perdidos en el bosque, con cámaras de súper 8 y de 16 mm, y les putearan en plan juego de rol. Tiene gracia que ellos aguantaran y lo grabaran todo. Y tiene gracia ver a la marimandona Heather Donahue (actriz y personaje se confunden) sacando de quicio a sus compañeros. Tiene gracia, y acabo, que estemos frente a un falso documental que en realidad es verdadero aunque lo que explique es falso. “La vendedora de rosas”, empiezo, es una película de ficción que en realidad es verdadera aunque lo que explique es falso. La adaptación de “La cerillera”, de Andersen, es sólo una excusa para que el gran cineasta colombiano Víctor Gaviria reclute a unos cuantos niños de la calle de Medellín y retrate su existencia heavy-metal, viviendo en la miseria, esquivando tiroteos y colocándose con pegamento. Y también, y ahí está lo más escalofriante, tomándoselo todo con absoluta normalidad, porque ésa es la única realidad que conocen. Una película durísima que agota las reservas emocionales de los espectadores del primer mundo. En las antípodas de tan extrema y excepcional propuesta se sitúa la muy agradable “Mumford”, el retorno de Lawrence Kasdan a lo que mejor se le da, la comedia coral. Una película elegante, inteligente, con personajes entrañables, muy bien interpretada, con una primera hora estupenda, pero con un giro final hacia el optimismo más forzado que la sonrisa de Tita Cervera, y que además contradice el tono agridulce del relato y la que se supone que es su idea central, que descubre a mitad del metraje el falso psicólogo protagonista: «La mayoría de los problemas no tienen arreglo, así que lo único que puedes hacer es escucharlos». Menos reflexivo y más volcado a la acción directa, el Tavernier de “Hoy empieza todo” es, desde cualquier punto de vista, un Tavernier combativo. Y no sólo porque su película ponga de manifiesto las deficiencias de la política educativa y social del gobierno francés, sino porque, coherentemente con su postura crítica contra la uniformidad de buena parte del cine actual, se lanza a la piscina sin saber si está llena o vacía. “Hoy empieza todo” es cine nacido en el rodaje y el montaje, que considera el guión sólo como un punto de partida, y con una construcción dramática casi anárquica, que surge de la improvisación y el trabajo en grupo. Otro gran cineasta, aunque en menor forma, es Cronenberg. “eXistenZ”, para muchos, ha supuesto su ingreso definitivo en el selecto club de los G. G. (Grandes Gagá). Y aunque es cierto que a un nivel argumental, puramente superficial, la película es algo pobre, conceptualmente parece más ambiciosa. Está claro que Cronenberg no quiere entretener, sólo profetizar. Y esta vez parece advertirnos que a corto plazo la realidad virtual podría sustituir a las drogas, a Internet o a la televisión como vía de escape de la dura y fea realidad, y que la existencia se movería entonces en varios niveles de realidad que acabarían confundiéndose. Mucho más, desde luego, de lo que dice Doug Liman en “Go (Viviendo sin límites)”, que es n-a-d-a. Considerado por la crítica norteamericana como el sucesor de Tarantino (dicho así, tan alegremente), Liman es en realidad un descaradísimo imitador del maestro. La supuesta gracia de su película es que entrecruza a una serie de personajes durante una noche loca y narra los mismos acontecimientos desde diferentes puntos de vista. ¿Original, no? Para colmo, la historia tiene todos los tics del subgénero «somos jóvenes, vivimos al límite (en este caso, sin límites), y si dejamos algún fiambre en el camino, mala suerte». En fin...


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Mifune

Midnight Brasil

Dir.: Soren Kragh-Jacobsen

Dir.: Walter Salles y Daniela Thomas

Mis amigos notan que algo me pasa por dentro. En los últimos días, de repente me pongo como tenso, como que me estoy yendo, y con los ojos en blanco empiezo a lanzar improperios en perfecto danés de Copenhague; lengua, por cierto, que desconozco. ¿Qué es ello?, se interrogan ellos. Finalmente, confieso: «Es que no me ha acabado de gustar “Mifune”». «Bueno, nos da igual, no nos interesa en absoluto», dicen para consolarme. «A todo el mundo le ha gustado, y a mí me parece como muy mainstream, muy Richard Gere y Julia Roberts, a pesar de los toques de comedia negra y del Dogma y todo eso», explico. «Es que eres de lo peor», alegan ellos en defensa de la película. «Me odio a mí mismo», concluyo, sombrío. Óscar del Pozo

Walter Salles (“Estación Central de Brasil”) y Daniela Thomas realizan en “Midnight” un retrato franco y sincero de la situación social de Río de Janeiro. Con un estilo cercano al del documental y sin filtrar el dolor a través de sensacionalismos baratos, los directores se aproximan a una sociedad escindida entre los que habitan los barrios de chabolas (favelas), con sus armas y reyertas, y los que viven en la metrópolis, caótica y alienada. No obstante, aun ambientado en Brasil, el film aborda una situación fácilmente identificable en muchos otros contextos: el desgarro social que provoca la intransigencia. “Midnight” fue rodada en localizaciones reales, con figurantes no profesionales y con un guión abierto que permitía la improvisación de los actores. Todos estos aspectos contribuyen a dar credibilidad (más si cabe) a un filme sincero y lejos de pretensiones. Desirée de Fez Martín

The Lost Of Sexual Innocence

Election

Dir.: Mike Figgis

Dir.: Alexander Peyne

Mike Figgis, el director de “Leaving Las Vegas”, ha podido, finalmente, realizar su película más personal, un proyecto que llevaba arrastrando y reescribiendo desde 1982. Es una pena que no lo hiciera en su momento, cuando la obviedad de todas las propuestas del guión hubiera sido recibida con alguna que otra palmadita magnánima. En cambio, ahora, con una técnica perfecta y un esteticismo exagerado, la película naufraga en el mar de la pedantería y el sopor. Como realizador, Figgis demuestra ser un esteta consumado, que mezcla con preciosismo las imágenes rodadas en 35 mm. con las de 16 mm., todo ello rociado con una ceremoniosa música clásica y algunas composiciones que él mismo creó para la película. La seriedad de la forma no se corresponde con el contenido, que aunque en según que momentos funciona sobre el papel, acaba fracasando en conjunto. Ni lo que explica merece tanta pomposidad, ni los pequeños cuentos tienen suficiente fuerza para imponerse a la impecable realización. Marga Durà

Dos semanas ha aguantado en la cartelera barcelonesa esta joya. Claro que nadie, tampoco aquí myself, se esperaba que una, en apariencia, comedia adolescente del montón encerrara tal cantidad de bilis y mala leche. Producida por la MTV, protagonizada por una actriz más o menos de moda (Witherspoon, absolutamente perfecta en su absolutamente odioso personaje), “Election” tiene tela. El arribismo, el poder, el liderazgo, el adulterio, la marginación del diferente, la crisis de los cuarenta... Una sociedad competitiva, hipócrita y donde todos se la agarran con papel de smoking, proyectada y satirizada en el microcosmos de un instituto. Sin desperdicio. Cuando salga en vídeo, de cabeza a verla. O.d.P.

Wonderland

La Fortuna de Vivir

Dir.: Michael Winterbottom

Dir.: Jean Becker

¿Y si nombramos a Winterbottom el director más sobrevalorado de, pongamos, el mes? ¿Y si afirmamos que lo menos interesante de “Wonderland” es su trabajo? ¿Y si le discutimos el manierismo de su puesta en escena, aunque él jure y perjure que va de naturalista y que lo que más le preocupaba cuando rodaba en las calles de Londres era que la gente no descubriera su cámara? ¿Y si recordamos que Mike Leigh hace lo mismo, pero mejor? ¿Y si, aún así, reconocemos que “Wonderland” tiene buenos momentos, y un plantel de actores de primera categoría que compensan una cierta sensación a dejà vu? ¿Y si, no contentos con eso, nombramos a Gina McKee la revelación británica de la temporada? ¿Y si...? O.d.P.

Cuatro personajes que viven cerca de un lago después de la Gran Guerra componen este cuento sencillo y directo, alejado de las pomposas denuncias sociales o las filigranas técnicas a las que tan acostumbrados nos tiene el cine galo. Una sencillez que se agradece y permite que la historia transcurra sin estridencias y con un ritmo vivaz sin necesidad de trampas. Es el ritmo que impone la mirada melancólica sin excesos de su director, Jean Becker. Una ternura que no cae en la lágrima fácil y que combina con un humor de sonrisa triste más que de carcajada. La honestidad de la cinta acaba convirtiéndola en una fábula encantadora, sin moralinas ni lecciones, que se acerca al espectador sin grandes mensajes pese a su lejanía en el tiempo y en el espacio. Becker recupera un cine honesto y sencillo que escasea en la cartelera. M. D.

.Peliculines y peliculones

Por Bernat Lliteras

Color: Jordi Ferrera


.ยกHappy birthday, Barbieturika! texto. Guido Reyna


.moda

Barbie tiene 40 años, y para celebrarlo Mattel ha pedido a diseñadores de moda y artistas gráficos que creen una colección de obras que serán subastadas públicamente el próximo 13 de diciembre. Los beneficios se destinarán a la lucha contra el cáncer de mama. La subasta de las 54 muñecas vestidas por creadores de moda y las 38 obras gráficas sobre Barbie se celebrará en el hotel Wellington (Velázquez, 8 Madrid) a las 20 h. Las obras estarán expuestas del 30 de noviembre al 11 de diciembre en Fernando Durán Joyas (Serrano, 8 Madrid).

“Simpatizo con Jesús en cuanto a la vergüenza que él tendría, y quizás debería tener, ante una imposición social de dos milenios de antigüedad acerca del cumpleaños de uno en numerosas zonas del globo”. Helen Fielding “El diario de Bridget Jones”

Como no podía ser de otro modo, y en ocasión de su 40 aniversario, Miss Barbie Millicent Roberts nos ha asestado otro de los glamourosos y emotivos golpes de gracia –y de marketing– a los que nos tiene acostumbrados. No contenta con usufructuar impunemente el elegante talento de Dior, las postmodernas neuronas de Umberto Eco o la díscola ironía de Andy Warhol, esta vez ha decidido subastarse a sí misma en una gala benéfica contra el cáncer de mama –cuyos efectos, todo sea dicho, la tienen absolutamente sin cuidado. Tal vez intenta responder así a los “inadaptados de siempre” que han querido poner entre sus siempre sonrientes y sugestivos labios las palabras de Marilyn: «...me han acusado de tener un gusto horrible para vestir, de pavonearme demasiado y de haber hecho un uso vulgar de mi figura en muchos actos sociales...» ¡Viles calumnias!. Sin embargo, no sería de extrañar que se encuentre planeando participar en alguna próxima y subversiva campaña de Benetton contra los abrigos de piel de dálmata o en pos del descubrimiento de una nueva vacuna contra el acné juvenil que tantos estragos ha causado entre sus incondicionales y escuchimizadas súbditas. Pero lo que es más que obvio, es que seguirá bregando para que ningun niño del mundo ni del universo crezca sin su estimulante y enriquecedora presencia- esto incluye a los ejemplares “raritos”, quienes tienen a Billy y sus secuaces en el punto de mira. Por esto y mucho más, vaya pues nuestro sentido y humilde homenaje a la Primera Dama del Paraíso Plástico que supimos conseguir.


Diccionario navideño inmisericorde un compendio vil del díscolo Gonzalo Del Castillo El diccionario que aquí se adjunta se publica a punta de pistola y nabo, pues su autor, como sabrán los que siguen esta revista y no la usan para los suelos recién fregados, está para encerrarlo y sería expulsado del Club de la Lucha por subversivo. Nos desentendemos, pues, de su contenido, y le rogamos que no vuelva a encañonarnos con du Magnum y su polla, que las carga el diablo. Abeto. Un crimen ecológico como otro cualquiera. Se supone que de él cuelgan guirnaldas, bolas y regalos, aunque en el de mi casa sólo penden las moscas. Aguinaldo. El merluzo del cartero pretende que le des dinero encima de que siempre llama a tu piso para que le abras el portal sin traerte correspondencia. Aceite hirviendo es lo que se merece. Belén. Lo ideal es trastocarlo despues de que tu familia se haya tirado horas recreándolo. Poner soldados nazis atacando a los pastores, cocodrilos devorando a la Virgen María, el niño Jesús ahogándose en el pozo, la estrella sodomizando con las puntas a los Reyes Magos y a sus pajes, San José ahorcado en una palmera, etcétera. En Cataluña las tropelías aumentan, ya que existe la figurita del caganer, ese cagón que estampa un cerote en su propio pedestal. El simpático muñequito tan propio del carácter nativo (recordemos que el F.C. Barcelona la caga a menudo) es ubicable sobre cualquier otro personaje del belén, dependiendo de nuestro nivel blasfemo y de las eventuales hostias no consagradas que queramos recibir. En resumen, personalizar y profanar el belén es un placer de dioses, máxime en casas ajenas. Champán. Bebida que debería estar prohibida en estas fiestas tan entrañables (me refiero a que son como para echar las entrañas). Las féminas se ponen muy pesadas con una sola copita; las madres cuentan chistes malísimos que perdonamos de buen grado porque seguimos creyendo, ilusos de nosotros, que somos sus hijos; las tías insisten en besar a sus sobrinos, con el asco que dan sus rostros ajados e hipermaquillados; y las chicas en general te propinan una gloriosa tabarra, que sólo aguanta el que quiera ventilárselas en algún descuido. En fin, el champán da dolor de cabeza y encima es un invento francés. A la merde. Doce uvas. Inmensa fuente de diversión, merced a los errores, atragantamientos y salpicaduras que se producen durante su ingesta. Probad con doce ajos, es mucho mejor. Frank Capra. Director cuyas majaderas películas se emiten una y otra vez, sin falta, en Navidad. Detesto especialmente “¡Qué bello es vivir!”, título de por sí estomagante, en el que James Stewart, doblado con voz de viejo, pretende suicidarse, pero un inoportuno ángel le redime y todos le ayudan. Su puta madre. Nochevieja. Fecha que, al igual que la víspera de San Juan, es idónea para no salir de casa. Todo triplica su precio, la falsa alegría reina por doquier y el número de bastardos por metro cuadrado se dispara. Los mismo que os felicitan las fiestas son los que se pasan el año robándoos mecheros, paraguas y bolígrafos, los mismos que violarían y matarían, si pudieran, impunemente. Sé lo que se esconde el alma humana. Sé lo que escondo. Ligado al concepto de Nochevieja está el de Año Nuevo, día ideal para emborracharse y atormentar la unánime resaca de los demás. Papá Noel. Tanto se droga este sodomizador de renos que cree volar en trineos y deslizarse por chimeneas, con la tripa que gasta el tío, para hacer felices a los niños (cómo no sea enculándoles, viejo farsante...). Pavo. Estúpido bicho que hace todo el año «glu glu» hasta que lo degüellan. Está más seco que la madre que lo parió. Se come asado en Navidad y, en los días sucesivos, en forma de coquetas, puré, sopa, tarta y lo que haga falta. Postales. Los capullos que no escriben en todo el año ni una puñetera línea saturan el servicio de Correos para desesperación de los que, habitualmente, nos relacionamos epistolarmente con nuestras amistades. Y encima, para lo que ponen... ¡cabrones! Reyes Magos. Aparte de las conjeturas sobre qué coño es la mirra y si Baltasar es el que carga con todos los paquetes, los Reyes Magos son, en la revelación de su verdadera identidad, el asesinato de la ilusión de un niño. ¡Qué bonito! De lo más navideño. Turrón. Adoquín carísimo. Los hay de crema, así como muy mierdosos, y de frutas que, a cachos, están bien. Yo los utilizo todos como arma arrojadiza. Villancico. Un espanto coral muy del gusto de las hermanas de nuestras madres, cuyo único aliciente radica en acompañarlo tocando la zambomba, para lo que previamente escupiremos profusamente en las palmas de nuestras manos. Acto seguido colocaremos el instrumento en nuestra entrepierna y le imprimiremos un ritmo tan acelerado y cambiaremos tanto de mano, que no cabrá duda de nuestras ocultas pasiones y de cómo pensamos pasar estas tristes, patéticas e hipócritas fiestas navideñas.

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.OUTing

Pelotas por Guillem Clua

Para una mayoría nada desdeñable de la población masculina española el gol es la sensación más cercana al orgasmo que pueden concebir. Se trata de un clímax colectivo, orgiástico y catalizador de pasiones que, en su defecto, inhibe -quién sabe si indefinidamente- el deber de cumplir con la señora en la cama. En exceso, provoca un subidón tal que agota las existencias de adrenalina, al menos durante una semana, lo que evita su uso para otros menesteres centrados más en provocar sudor que en contemplarlo. Algo raro ocurre, pues, cuando 22 hombretones en pantalón corto dotados de cimbreantes muslos peludos reciben la oleada de libido que derrochan cientos de miles de aficionados, esa gentecilla que habla con supuesta erudición sobre acometidas, penetraciones por la banda, vaselinas de calidad, de si ése la deja clavada, si el otro de la mete por sorpresa o le entra por detrás... Los futbolófilos utilizan un lenguaje erótico para describir acciones realizadas entre hombres y ni se dan cuenta. Y no sólo ellos. La prensa deportiva, que, sea dicho de paso, padece una sospechosa afición a colarse en las revisiones médicas de los nuevos fichajes, tiene muchos puntos en común con las revistas pornográficas, ya que invita de igual modo al onanismo compulsivo y regulan cual Real Academia hacia dónde deben dirigirse las filias y las fobias de sus lectores. Los programas de televisión hacen lo propio con el aliciente de permitir ver culos en movimiento una y otra vez. Como ejemplo, ‘Aquest any, cent!’ no sólo se ha dedicado a recordar los partidos más excitantes de la sacrosanta institución que da nombre a la ciudad de Barcelona, sino que además los ha amenizado con debates que tienen el mismo aire que un imaginario cinefórum emitido después de una película X con las estrellas porno protagonistas alardeando de sus gestas. No sé si percatan las autoridades ‘pepertinentes’ de que el interés general que atribuyen al fútbol tiene tintes homófilos, que lo que realmente desean todos los hinchas es que una troupe de hombres musculosos que tienden a manosearse les lleve al orgasmo entre vítores y hurras, lo que puede ir en contra del tan ansiado aumento de la natalidad. No se dan cuenta de que poner una pelota en manos de un chiquillo es condenarlo a que en el futuro se fije más en lo que hace un hombre de cintura para abajo que en lo que tiene una mujer de cintura para arriba y que, en definitiva, se gasten más dinero del que invertirían en una prostituta para contemplar los cuerpos de unos muchachotes en pleno ejercicio de virilidad a los que no pueden ni tocar.

por Juanjo Sáez “El Pirómano”


.videojuegos

.Esto no es un juego Ni en nuestras casas estaremos a salvo de la oleada lúdica que se avecina

texto. Salvador Santó

Era un chico de 16 años con una vida normal hasta que hace un mes, después de haber dejado el colegio por que no le gustaba, fue encontrado de madrugada y desorientado en mitad de las calles de Turín, su ciudad. «Me llamo Ken- les dijo a los carabineros que le localizaron- y estoy en una batalla. He de salvar de la muerte a muchas mujeres». Ingresado en un centro psiquiátrico, se pasaba las horas hablando de personajes con nombres totalmente desconocidos para los especialistas, que le escuchaban perplejos: Ryu, Charlie, Guy, Chun-Li... Nombres en cambio muy familiares para los millones de niños de todo el mundo que alguna vez han disfrutado con el conocido juego de luchas “Street Fighter” sin llegar, eso sí, a los cinco días seguidos que pasó nuestro joven italiano enganchado a su consola, lo que le provocó un cambio de personalidad sin antecedentes médicos. Finalmente, la terapia surtió efecto y el chico ha vuelto a la dura realidad, pero son ahora los psicólogos del otro lado del Atlántico los que andan revueltos ante una amenaza mucho más terrible: la invasión de los Pokémon, acróstico de Pocket Monsters (monstruos de bolsillo). Basta con pasarse por la página oficial de Nintendo para comprender por que unos muñequitos de aspecto inocente y nombres tan amables como Pikachu (el más popular), Machoke, Vulpix o Tentacool, se han convertido en la obsesión de la mayoría de niños del Japón, EE UU y muy pronto Europa. Se trata de los personajes de un juego original para la mini consola portátil Game Boy que, con el descarado lema publicitario «Los tengo que conseguir todos», no dejan de crecer en numero y en formatos: nuevos juegos, serie de dibujos para la televisión, colección de cartas para coleccionar e intercambiar, muñecos y, lo último, una película de cine, “Pokémon: The First Movie”, que ha establecido un nuevo récord de recaudación. ¿Estamos los mayores a salvo de esta nueva fiebre por el juego? Nada de eso. Basta con analizar las campañas publicitarias de Sony para su PlayStation y ahora de Sega con su DreamCast para comprobar que los adultos son también un apetecible mercado potencial. La confirmación de esta tendencia llegara durante el próximo año 2000, cuando aparecerá lo que ya se prevé que marque un antes y un después en el ocio de los humanos. Se trata de la PlayStation 2 o Emotion Engine, como pomposamente prefieren llamarle sus padres japoneses. La nueva consola promete dejar a los modelos actuales al nivel de simples calculadoras. En sus características técnicas todo es a lo bestia y con muchos ceros (también el precio, que puede rondar las 100.000 Ptas.), pero la principal novedad será que el soporte dejará de ser el CD y pasará a aprovechar toda la potencia del recién llegado DVD permitiendo ver y escuchar películas en Dolby Digital y DTS. Cual caballo de Troya tecnológico, con este juguete la multinacional Sony conseguirá meternos por donde menos duele el nuevo soporte de cine doméstico y forzarnos, sin tediosos periodos de transición tal como hicimos hace unos años con nuestra discoteca en vinilo, a renovar nuestra colección de videos en patético VHS y a pagar mucho más por las nuevas películas, ahora en formato digital. La PS2 podremos adquirirla por Internet a partir del 4 de Marzo del próximo año y llegará al mercado japonés en verano, y en otoño al resto del mundo. ¿Se te ocurre alguna forma mejor de empezar el milenio?

. ...Pero el crimen siempre paga (a veces) LA FELICIDAD NO DA EL DINERO, GERMÁN SIERRA.DEBATE «...Es tan trivial decir que no has leído el libro de moda si de verdad no lo has leído...» alecciona el esteta Anthony Blanche a Charles Ryder en “Retorno a Brideshead”. Pues bien: “La felicidad no da el dinero” es el libro de moda que (no) deberías leer. Y es una lástima que (no) lo vayas a leer, porque si lo hicieras, y superado el pasmo que produce el ver un munchiano sosias de Jarvis Cocker en la portada, te encontrarías con una trama increíble pero descacharrante protagonizada por Álex y Gus, dos patéticos proto-pijos (aunque ellos no lo sepan) que ponen todas sus neuronas en funcionamiento con el noble objetivo de tomarle el pelo a sus vecinos y forrarse un poco, de paso y ya puestos, durante el proceso. Álex (escritor loser) y Gus (TV autonómica y contrabando) hablan entre ellos tal que así: «¡Siempre esperando encontrar en las mujeres esa inverosímil lucidez trágica que te parece haber perdido!» (¿¿¿cómorr???), por lo que queda claro que normales, normales, no son. Lástima que Sierra escriba “esnob” y no “snob”, que siempre queda como más snob. Pero eso lo sabría si me hubiera leído este (charmant) libro, cosa que no he hecho. Cristian Campos

.El ruedo poético LA GENERACIÓN DEL 99, JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN. NOBEL Si de esta antología de los poetas ibéricos más actuales quitamos unas fotos que parecen extraídas del “Misterios sin resolver” de Julián Lago, una introducción que repasa de forma minuciosa y subjetiva compendios anteriores, y una portada políticamente sospechosa, nos encontramos con un poco de todo. En las introducciones, escritas por los mismos autores, se nota cierta humildad a la hora de reconocer influencias o bien un excesivo autobombo, caso de García Casado por García Casado. Escalofriante. Dentro de lo bueno encontramos a poetas solventes como Benjamín Prado o Carmen Jodrá, que, verso a verso, demuestran que están donde están porque valen y punto. En el lado menos bueno, tenemos a desconocidos como Aurora Luque o Juan Manuel Villalba, que deberían saber que Kavafis sólo hubo uno y que más vale no tentar a la suerte por aquello de que «malaventurados serán mis imitadores porque de ellos serán mis defectos». Y en tierra de nadie, una serie de autores que apuntan buenas maneras y que, con el tiempo, pueden engrosar el grupo de aquellos que llevan la musa dentro o de los que en lugar de ser poetas, van de poetas. Federico Navarro

www.dreamcast.com www.playstation.com www.solojuegos.com www.pokemon.com, la página oficinal de los Pokémon de Nintendo se ha convertido en la web para menores de 12 años más visitada en EE UU

.Muerde Hannibal HANNIBAL, THOMAS HARRIS. GRIJALBO-MONDADORI (CASTELLANO) Y EDICIONS 62 (CATALÁN) Ha vuelto. El psicópata más inquietante de la década, Hannibal Lecter, irrumpe de nuevo. Superdotado intelectualmente, con una sensibilidad refinada y una capacidad de seducción hipnótica, su retorcida personalidad es el eje en torno al cual gira la continuación de “El

.libros

silencio de los corderos”. Pero con eso no se llenan 558 páginas, amigos, así que el escritor Thomas Harris ha decidido, ni corto ni perezoso, perpetrar una obra maestra (entiéndase «obra maestra dentro del género del best seller de intriga y terror»), en la que los impactos son constantes y no decrece la tensión. Los amantes de lo truculento gozarán, además, con las escenas violentas, capaces de provocar náuseas al más pintado (la mismísima Jodie Foster se ha negado a interpretar a su personaje, que coquetea con el canibalismo). Le recomendamos a Harris, eso sí, que se frene y no escriba otra continuación, pues, tras superar con nota la reválida, aquí parece haber tocado techo y no nos gustaría que empezara a repetirse. Y una bronca ideológica final, Thomas, tío: ¿por qué otra vez esa crítica a las leyes anti-abusos policiales como un obstáculo a la justicia? Nos sobra ese desagradable toquecillo Stallone. Xavi Ayén


.Laurent

Garnier

Somos muy amigos, aunque él no lo sabe texto. Boko

fotografía. J. M. Bejarano

Ya lo sabes todo acerca de Laurent Garnier. Le habrán dedicado cincuenta mil reportajes en cualquier tipo de revista o programa por cutre que sea. Lo hemos podido ver hasta la saciedad. Y parecía, hasta hace poco, que en materia de dj’s sólo existían tres nombres: Jeff Mills, la pareja John Aquaviva-Richie Hawtin y él. Así que sobran las presentaciones. Sólo le faltaría ser un sex symbol.

Lo que son las cosas. En un principio no estaba lo que se dice muy entusiasmado con el hecho de entrevistar a Laurent Garnier. Claro, es la vedette indiscutible del techno mundial, su nombre creo que le puede sonar incluso a mi madre, gran fan de Nana Mouskouri, y dada su prodigalidad por estas tierras lo raro es encontrar a alguien que no lo haya visto nunca en directo. Por otra parte, su música no da pie a que nos rasguemos las vestiduras pero, siendo sinceros, Garnier ha sido siempre sinónimo de calidad y si no opones muchas reticencias es muy fácil disfrutar con sus sesiones de dj. Sin embargo, una cosa es el personaje y otra muy distinta la persona. A Garnier hay que comprenderlo como amigo y no como estrella. Es entonces cuando ves en él a alguien cercano que te invita a conversar. Es un dj, no un dios como decía aquél. Sólo necesita un poco de comprensión. Después de esta entrevista creo que no volveré a hablar mal de Laurent (es más, no me molestará si el año que viene vuelve a actuar en el Sónar). Respect. ¿Crees que es tu álbum más accesible? «No sé si lo es. Mucha gente dice eso porque lo encuentran más melódico. Es cierto que es menos minimalista pero creo que debe ser porque esta vez he trabajado con músicos en directo (saxo, flauta). Aunque yo creo que es mi álbum más fuerte y comprometido. De todas formas me parece estupendo que la gente lo encuentre accesible precisamente cuando más profundizo». A pesar de eso también es un poco siniestro; «sí, es muy oscuro». Incluso transpira cierto humor negro, «¡¡¿humor negro?!!». Lo digo a propósito de “The Sound of the Big Babou”. «Ah, sí. Bueno, lo de encontrar nombres para las canciones es algo difícil. Creo que “Crispy Bacon” (uno de sus singles) es un poco tonto. Algunos nombres ilustran perfectamente la canción. A veces tengo el título antes de hacer los temas, otras sale mientras los estoy componiendo. Pero con algunos no tengo más remedio que dejar que la situación haga surgir un nombre apropiado (“The Man With the Red Face” viene a cuento de que mientras la grabábamos al saxofonista se le ponía la cara roja como un tomate y el tío seguía soplando). Lo de Big Babou es tan sólo una broma». A lo largo de la conversación hace referencias continuamente al componente visual de su música; todas las canciones le sugieren una imagen que las ilustra a la perfección. Le pregunto qué es lo que pretendía con aquel espectáculo grandilocuente a lo Jean Michel Jarre que montó para los directos de su anterior trabajo, “30”. «Es un poco aburrido ver como las actuaciones del 90% de los grupos de techno consisten en uno o dos tíos manipulando sus maquinitas y ya está. Eso es más apropiado para una cabina de dj y no para un escenario. Si estás en un escenario inmenso y te pones en una esquina a tocar tus aparatos te sientes un tanto estúpido. Así que decidí con la gente de F Comm hacer alguna cosa diferente. Muchos grupos utilizan visuales para atraer la mirada del público, pero yo quería algo más humano, y un interés añadido que ver ahí arriba además de los músicos». Dice estar bastante convencido de que prefiere ser dj a músico y lo que valora en su trabajo, antes que la perfección técnica, es su capacidad para comunicar emociones. Laurent se preocupa mucho por nosotros en sus sets, por eso cuando la cosa no acaba de funcionar se lo toma como algo personal: «Es horrible para mí. Es lo que me pasó la última vez que estuve en Florida 135. No hubo conexión, no hubo nada. Lo ideal para un dj es tener a la gente en las manos y poder llevarla muy alto. No lo había dicho nunca antes, pero creo sinceramente en esa energía que pasa de tus manos a los platos y que llega a través de los altavoces a la gente. Si haces una sesión de mal humor el público percibe tus malas vibraciones y todo acaba yendo a peor. Entonces es mejor calmarte durante dos minutos, sentarte y empezar de nuevo. De hecho me preguntaban hace poco cuál era mi mayor defecto y creo que es ese mal temperamento. Muchas veces vuelvo a casa cabreado por una sesión en la que no ha habido oportunidad para la comunicación». ¿No te parece que eres demasiado famoso para que la gente vaya a verte sin ideas preconcebidas? «Sí, es lo jodido del éxito. Parece increíble pero hay gente que no comprende que puedas pinchar otra cosa que no sea techno. Es un problema del que hace poco hablábamos con Jeff Mills. En una sesión de cinco horas puso entre medio el “You Make Me Feel” de Sylvester, una canción enorme, el origen de todo, y la gente no lo entendió. Me pasó también en el Sónar. En el programa decía claramente que después de la actuación de Tikiman yo iba a hacer una sesión de drum’n’bass y dub-reggae, y resulta que me encuentro con treinta tíos allí delante mirándome y preguntándome que qué coño estaba haciendo. A veces es desesperante. En cambio hace poco en La Terrrazza, todo fue de maravilla. A mí me gusta bajar hacia el house en mis sesiones y allí la gente estaba predispuesta a escucharme. Y si me pedían que subiera un poco de bpm’s pues los subía y todos tan contentos». Escuchándole te llega a entusiasmar. Te mira a los ojos, hace un montón de bromas, se interesa por lo que le dices... Pero mi hora de entrevista se acababa justo cuando empezamos a hablar del grupo de hip hop francés NTM y del contenido político de las canciones. Ahora que ya nos conocemos profundizaremos en nuestra relación la próxima vez.


.música


.Krust CriptofonĂ­as descifradas texto. Boris Rimbau

foto. Darius Dombek


.música

Kirk Thompson es Krust, uno de los cerebros indiscutibles de la escena de Bristol y príncipe innegable de la galaxia breakbeat. Tras doce años de fértil trayectoria, acaba de lanzar su primer larga duración en solitario, el soberbio “Coded Language”, trece piezas que rompen esquemas mezclando voces cantadas, recitadas y bases rítmicas construidas sobre una misteriosa concepción jazzística.

A los 19 añitos, Krust experimentó por vez primera el sabor agridulce del éxito. Formaba parte de un grupo llamado Fresh 4 que consiguió un hit con una versión de “Wishing on a Star”, de Rose Royce. Y ahí tenemos a un jovenzuelo engreído fumándose una onza de hierba al día y pateándose en un periquete todo el dinero fácil que ganaba. Luego, claro, se acabó el chollo y vino el bajón: depresión, desempleo y salida del túnel por la vía de lo único que sabía hacer: música. Se metió en la escena rave de Bristol y pronto descubrió clubs en los que se encontró con gente que compartía su afición por la mezcla de reggae, funk y breakbeats. Krust inició sus experimentos sonoros en los albores de la era jungle, cuando se unió con Roni Size en los primeros tiempos del sello V Recordings. Desde entonces, se ha dedicado a escribir el código secreto de la música negra de los 90 a través de temas ya clásicos como “Jazz Note”, “Maintain” o “Soul In Motion”. Aunque Reprazent siempre se ha negado a ser considerado un grupo en el sentido tradicional, parece innegable que Roni y Krust no se explican el uno sin el otro. Krust trabaja en el estudio y en el directo de Reprazent, donde ha dejado su personal marca con arreglos de cuerdas y densas atmósferas sonoras. Ahí están para confirmarlo temas de la enjundia de “Gang Related” (Krust) o “Mask” (Size) editados en su día en Full Cycle, el sello que fundó con Size en 1993 y que seguirá siendo en el futuro su particular laboratorio de experimentación, a pesar de haber llegado a un acuerdo de distribución con Talkin’ Loud. Antes de dar ese paso, Roni y Krust se reunieron y estuvieron escuchando discos de Dorado, Mo’ Wax y Talkin’ Loud. Luego mantuvieron entrevistas con sus responsables (Ollie Buckwell, James Lavelle y Gilles Peterson, respectivamente), y finalmente se permitieron el lujo de elegir. Estas son sus razones: «El catálogo de Talkin’ Loud es más variado, tiene una actitud mas abierta: caben desde Incognito hasta UFO, Four Hero o Terry Callier. Es un sello más preocupado por la música que por los estilos, y es una actitud que yo comparto». Ahora, tras una década de fértil carrera como DJ y productor, Krust se ha decidido a dar el salto y parir en solitario un LP, “Coded Language”, que presentó en Barcelona en el último Festival BAM y que sin duda se va a convertir en un trabajo de referencia entre los connaisseurs más exigentes. «Había llegado el momento en el que tenía que hacer un álbum, porque ese es el lenguaje que entiende la industria». Una declaración sincera y pragmática que no implica ninguna traición al underground sino una simple constatación de la realidad: «Está bien trabajar con las majors: te llevan a América y a Japón, pero al mismo tiempo, tienes que recordar de donde vienes». A pesar de que no es un artista accesible a primera escucha, jamás ha cultivado el experimentalismo gratuito o el elitismo snob: Krust ha sabido introducir en su música la sensibilidad que a menudo brilla por su ausencia en el drum’n’bass más ortodoxo, y el tiempo ha ido arrastrando el estilo de Krust hacia un territorio de paisajes marcianos en los que late un sutil pálpito de jazz que marca todo su trabajo. Más de dos años le ha costado a Krust poner a punto “Coded language”, aunque la mayor parte de ese tiempo lo pasó dando pasos en falso. «Para aprender a nadar tienes que tirarte al agua, y eso es lo que hice con este disco. Al principio me pasé meses mezclando sonidos, grabando pistas y jugando con los elementos. Y no conseguía lo que buscaba. Sin embargo, llegó el día en que todo empezó a encajar como por arte de magia». En “Coded Language” tiene protagonismo la voz femenina de Morgan, y también destaca la presencia de Saul Williams, poeta protagonista de la película “Slam” (Marc Levin, 98) y que ha trabajado con Fugees, De La Soul, Erikah Badu o KRS1. Un primer trabajo que es un metódico resumen de sensaciones abstractas, un título escogido porque «la emoción es un lenguaje, y como artista la codificas y la decodificas». Krust se niega a analizar su música o a definirla con palabras, prefiere preguntar a su interlocutor cómo le hace sentir. Y el disco, que es duro y suave a la vez, oscuro a ratos y luminosamente cegador en otros momentos, es capaz de generar un aluvión de respuestas válidas.


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Después de desengaños con la industria, cambio de discográfica y errores de estrategia, Los Sencillos vuelven con un nuevo disco que debería devolverles al primer plano del panorama pop nacional.

Con “Colección de favoritas” (Dro), Miqui Puig ha demostrado dos cosas. La primera, es que es inasequible al desaliento. La segunda, que sigue siendo capaz de crear canciones pop llenas de melodías pegadizas, sensibilidad generacional y referencias sabiamente administradas. Nadie duda de su integridad artística ni de su capacidad compositiva, pero la sombra de la duda se cierne implacable sobre un grupo cuya trayectoria empezó con fuerza y se ha visto ensombrecida por un cúmulo de desafortunadas circunstancias. ¿Qué ha fallado en Los Sencillos para que no hayan podido repetir el éxito ya lejano de “Bonito es”, una canción de su segundo elepé, “Encasadenadie” (1992)? «Los dos últimos discos que sacamos con Ariola -”Seres positivos” (1993) y “Los Sencillos” (1995) - no recibieron apoyo promocional porque para el nuevo equipo de marketing éramos una herencia de la anterior directiva, y no les convenía que funcionásemos. Luego, con Dro, editamos “Bultacos y Montesas” (1997). Teníamos la necesidad de investigar y encontrarnos con nosotros mismos, y tal vez no era el momento para eso», explica Miqui. La escasa repercusión de un disco en el que Miqui Puig intentaba tender puentes entre su bagaje pop y sonidos house, drum’n’bass o trip hop supuso un duro golpe para la moral del grupo. En vez de desesperarse con una mala racha que ya duraba demasiado, decidió ponerse a trabajar de nuevo. Reconstruyó el grupo por completo, compuso casi medio centenar de canciones y decidió echar el resto. El resultado es “Colección de favoritas”, el álbum más melancólico de Los Sencillos hasta la fecha, lleno de canciones con gancho indiscutible como “Nada nuevo”, preñadas de sentimiento como “Mi casa” o involuntarios retratos generacionales como “Banda sonora”, “Acid House” o “Colección de favoritas”, que da título al disco, donde las cuerdas también tenen un importante papel: «Eso viene de la fascinación por Elvis, el sonido Filadelfia, el soul. Hemos escuchado mucho northern soul últimamente», justifica Miqui. Los Sencillos, en fin, han optado por regresar al terreno en el que mejor se mueven: el del pop melódico. Abundan en su nuevo disco las referencias a los grupos españoles de la movida, incluso hay guiños a la canción melódica española. La mención a Astrud se hace inevitable. «Manolo de Astrud y yo tenemos muchos referentes comunes. Hay canciones suyas con las que me siento muy identificado», admite Miqui, que defiende sin complejos su eclecticismo musical: «Sigo escuchando vinilos de Creation, los Small Faces o Georgie Fame, y llevo una cinta en el coche donde suena Manzanita, Serrat y Elvis Presley. Ahora resulta que hay chavales de 18 años que reivindican la movida madrileña, cuando hace poco se pretendía borrar de un plumazo aquella época». Una época que no ha tenido correlato en los 90, a pesar de que Los Sencillos podrían haber cumplido dignamente con la tarea de líderar el relevo generacional. No ha podido ser, pero aún están a tiempo de conseguir que su propuesta, fresca y elaborada a la vez, se abra paso en el adocenado panorama del pop comercial hispano.

.Los Sencillos Quien la sigue la consigue texto. Isidre Estévez


Ella: abrigo de plumas de marabú de Pep Boluña para Eleven (por encargo),fragancia Coco de Coco Chanel Él: americana D&G para Zona Íntima y camisa de Gabriel Torres, fragancia Allure de Chanel.


.moda


Ella: traje con cuello de conejo, botas de ante y bolso de Thierry Mugler, cinturón de metal de Gucci. Fragancia Angel de Thierry Mugler. Él lleva una estola de piel años 50. Fragancia Rochas Man de Rochas


Imágenes: Biel Capllonch, Render: J. Romeo Estilismo: Isa Isla y Juan Carlos Gros. Coordinación: Ricardo Ramos. Maquillaje y peluquería: Salónica para Servimatge. Modelos: Maite (Group), Marco Eberhard (Traffic). Puntos de Venta: Gabriel Torres: Luís Antúnez 8 (Bcn). Zona Íntima: Muntaner 61 (Bcn). Noténom: Pau Claris 159 (Bcn). Loft Avignon: Avinyó 22, Boters 15 y Portaferrissa 25 (Bcn). Halleluiah: Gran Vía, 551 (Bcn). M69: Muntaner, 69 (Bcn). Thierry Mugler: Tel. 93 200 81 91 Paco Rabanne: Tel. 91 448 05 19 Susanne Hergenhahn: Tel. 93 213 62 29 Gucci: Tel. 91 431 17 17 Levi’s: Tel. 93 227 69 00 Agradecimientos a perfumería Sephora

Ella: abrigo capa y vestido de manga 3/4 de Paco Rabanne, zapatos T.40. Fragancia Ultraviolet de Paco Rabanne. Él: camisa negra en lino crudo Incident by Ricardo Ramos para halleluiah, chaleco de punto de mohare Jean Colonna para Zona Íntima, corbata años 70, pantalón en tweed Anglomania de Vivienne Westwood para Loft Avignon, cinturón de piel Paul Smith y zapatos Hudson para Loft Avignon. Fragancia Pi de Givenchy.


Fotografía: Luis Sanchís

La mera pronunciación de su nombre ya causa división de opiniones. Para muchos Madonna es una mujerzuela provocativa carente de escrúpulos y talento. Otros, en cambio, siempre nos hemos sentido fascinados por su creatividad, su imagen, su descacharrante sentido del humor - no siempre bien entendido - y esa capacidad de reinventarse a sí misma que al final todos/as acaban copiando, ¿verdad, Cher? ¿Qué habría ocurrido si Madonna no se hubiera quedado huérfana? ¿Y si no hubiera crecido en el seno de una familia ultraconservadora y católica? No es éste el momento para psiconalizar a “una chica del Medio Oeste”, como a ella le gusta definirse, pero merece la pena intentar “deconstruir” a uno de los grandes iconos pop de nuestro siglo aprovechando la aparición de “Madonna 93-99. The Video Collection”. Este recopilatorio recoge los últimos vídeoclips de la estrella, aunque se echa de menos el tema disco “Deeper & Deeper” y la excelente colaboración con Massive Attack que es “I Want You”. Dueña de un físico discreto y sin aptitudes artísticas excepcionales, Madonna ha sabido y querido demostrar que uno puede llegar a ser lo que quiera, aunque para ello, como diría aquella profesora de “Fama”, tenga que pagarlo con sangre, sudor y lágrimas. Pero ¿cómo ha logrado llegar a la cima y mantenerse? ¿ Se puede ser un mito siendo de Detroit, madre soltera, ex-actriz porno light y ex novia de tipos como Tony Ward, Sean Penn, Dennis Rodman o Warren Beatty? En el año 1985, cuando la redactora de estas líneas todavía llevaba coletas y chándal de Hello Kitty, se declaró en el mundo la madonnamanía. Desde entonces ha pasado mucho tiempo, pero a diferencia de nuestras contemporáneas chicas picantes o Spears de turno, Madonna optó por una audiencia abierta y nunca se conformó con sólo cantar. La diva italoamericana siempre se ha interesado por todos los aspectos que rodean al negocio discográfico y promocional y se ha rodeado de buenos letristas (Patrick Leonard, Steve Bray), productores (Neil Rodgers, Nellee Hooper, William Orbit), fotógrafos y directores de vídeos (Herb Ritts, Steven Meisel, David LaChapelle, Mondino, David Fincher)... Madonna ha cultivado su imagen especialmente. Sin ser una belleza, ha conseguido ser divinizada por la cámara gracias a sus espectaculares fotos, vídeos y cabareteras giras. En los últimos vídeos hemos visto la Madonna azucarada de “Bad Girl” o “Rain”; la soul de la preciosa “Secret”; la gótica y mística de “Frozen”, “The Power Of Goodbye” y “Nothing Really Matters”; la que juguetea con las nuevas tendencias de la música de baile en “Bedtime Stories” y “Ray Of Light” y la cachondilla, en todos los sentidos, que flirtea con el inefable Austin Powers. Pero hay otra cosa, aparte de la imagen, asociada con Madonna: el escándalo. Esta astuta ciudadana americana sabe de sobras que el cóctel sexo y religión produce sarpullidos en la bienpensante sociedad estadounidense. Así que la pobre ha sido continuamente vilipendiada por feministas de la vieja escuela y fanáticos religiosos de toda calaña que, ironías de la vida, se han puesto de acuerdo en algo unánimemente. Sin embargo, a pesar de ser contradictoria y notoriamente hortera en numerosas ocasiones, Madonna siempre estará ahí sorprendiéndonos y haciendo más amenas nuestras monótonas existencias. Y eso tiene su mérito. Incapaz de dejar indiferente, lleva sus 41 años de maravilla y tiene dedicadas, cómo no, una gran cantidad de páginas web en Internet, de las cuales recomiendo www.ciudadfutura.com/madonna por ser amena y muy bien documentada, y que incluye las ya míticas entrevistas de Madonna con David Letterman y Norman Mailer, que no tienen desperdicio. Y en forma de revista monográfica, el Madonna Magazine, que el megafan Chris Márquez edita en Valencia. Puedes conseguirla mediante suscripción, solicitándola al apartado de correos 1100, 46080 Valencia.

.Un icono nada virginal. por Ramón Vendrell

Según las reglas que rigen la industria del pop, Madonna, que inició su carrera discográfica en 1983 (“Madonna”) con 25 años, debería estar a) olvidada, o b) pertenecer a la categoría de los carcamales que venden por inercia pero no suscitan el más mínimo interés. Las reglas están para romperlas. El delirante diálogo sobre el significado de la canción “Like a virgin” con que se iniciaba “Reservoir Dogs”, el debut de Quentin Tarantino, fue la señal inequívoca de que Madonna había dejado de ser una estrella del entretenimiento para convertirse en un icono de su -nuestro- tiempo. ¿Cómo? Ahí van diez claves. AMBICIÓN Y POCOS ESCRÚPULOS. Dos cualidades que le permitieron posar desnuda en 1979 para el fotógrafo Martin Hugo Schreiber. PSICOLOGÍA. El sexo es el motor del mundo y Madonna, consciente de ello, transpiraba vicio. POSFEMINISMO. Nada hay menos sexy que el feminismo. Nada hay más turbador que una mujer exhibicionista y dominante. Madonna aplicó el segundo enunciado en su particular interpretación del posfeminismo. El bitch power excita a los chicos y libera a las chicas. QUEJAS. Cuando se la acusaba de provocadora por su explotación de los dos puntos anteriores, Madonna respondía que su único delito era ser mujer. MITOS. Son eternos y por tanto susceptibles de ser reciclados. Marilyn Monroe, Brigitte Bardot y Marlene Dietrich son algunos de los que ha invocado Madonna. ESCÁNDALO. Es un arma de doble filo, pero Madonna la ha empleado con maestría. El sexo -de nuevo- y la religión nunca fallan. ESTRELLATO TOTAL. Madonna ha usado el pop como un trampolín al cine, donde ha alternado los vehículos promocionales -”Buscando a Susan desesperadamente”, “¿Quién es esa chica?”, “En la cama con Madonna”- con los intentos de adquirir respetabilidad -”Sombras y niebla”, “Dangerous Game”, “Evita”. RELACIONES PÚBLICAS. Es tan importante tener amigos como enemigos. Un novio como Sean Penn da envidia; colaboradores como Björk o Massive Attack, distinción, lo mismo que ser la propietaria del sello independiente Maverick o contar a Gaultier y Tarantino entre sus amigos. Con los consabidos sectores conservadores, siempre a la greña. AUTONOMÍA. Total y en sintonía con el fin del milenio. Un padre de alquiler para Lourdes Maria. MARÍA MAGDALENA. La última reconversión de la Ambición Rubia en mamá radiante actualiza el caso de la pecadora redimida.


.música

.Mamma mia, Madonna! texto. Noemí Zapata


.Prof. Angel Dust Latido latino texto. Half Nelson

foto. Tristan Macherel


La labor de este mexicano afincado en Barcelona debería ser bien conocida por todos. Solo o junto a su hermano Lippo (como The Dope Brothers); desde su residencia en el Dot, en numerosos festivales o como DJ invitado por todo el país ha popularizado entre nosotros los sonidos más negros. Hip-hop, jungle y breakbeat son sus argumentos, ¿no te vas a dejar convencer?

..música

So Dens acaba de publicar el segundo volumen de su serie de Dj-mixes “Mixto” después de “About Discipline And Education” a manos de Óscar Mulero. Ahora es Professor Angel Dust quien selecciona y mezcla “Beatz & Bytes” dedicado al breakbeat en sus diversas vertientes: del groove latino del sello Tummy Touch a las majaradas electro de DMX Krew. ¿Es éste un ejemplo de las sesiones que sueles llevar a cabo? En un disco así no hay la misma libertad que en una sesión; hay que pedir permisos y no puedes poner todo lo que quieres. ¿Cómo has agrupado los temas a lo largo de la mezcla? Dentro de mi estilo esquizofrénico freestyle la manera de dar coherencia a un disco como este es a través de los BPMs, pero también ligando los temas por su contenido. Empieza latino y poco a poco va poniéndose más duro hasta que llega al electro. Aunque se pueda bailar, creo que es más apropiado para escuchar en casa o en el coche. El público no iniciado no encontrará hits ultraconocidos, este es un disco para descubrir nuevos sellos. Hay algo de Finger Lickin’, que es un sello muy interesante que ya llevo tiempo pinchando, pero mi intención no es educar a la gente. Simplemente, escogí temas de sellos que trabajan con un producto fresco, que llega a los clubs en cuanto se produce El disco recoge dos temas de tu propia cosecha. ¿Tu faceta como DJ te ayuda a la hora de componer? A veces se me ocurren ideas mientras pincho, pero eso también me pasa cuando voy andando por la calle. Me gusta pinchar música antigua para ver qué es lo que puedo samplear o manipular. Has sacado dos maxis en Cosmos (“Cruisin’ Throught The Ph Force” y el excelente “First Commandment (Thou Shall Funk)”. Lo próximo será el LP, ¿no? Sí, saldrá en enero o febrero, pero no será en Cosmos, sino en una compañía mayor. No tengo vocación underground, hago música para todo el mundo y los sellos de aquí son muy pequeños, no tienen infraestructura para vídeos, remezclas, para llegar a todos sitios. Tal vez por eso el disco tendrá colaboraciones estelares... Sí, pero todo ha sido muy natural. Oliver (Mucho Muchacho, de 7 Notas 7 Colores) es amigo mío desde hace tiempo, sus primeras maquetas las grabó en mi casa. Participan Elements porque su DJ va en mi formación de directo y el contacto con La Mala viene porque muchos artistas de rap me están llamando para que les haga bases. A Freddie Fresh (que remezcla el artefacto) sí le fui a buscar. ¿En qué has cambiado desde tu etapa en On, tu primer proyecto musical en Barcelona? En On tenía que compartir mi ideología musical con otros. Mi interés siempre ha sido la música de baile, la música negra, el hip-hop; nunca el rock y el pop. Estábamos en una multinacional, éramos un producto y nos tenían cogidos por los huevos. Afortunadamente, no funcionó como esperaban, pero me sirvió de experiencia para hacer lo que yo quiero, la música que me gusta escuchar.


.música

.Les Négresses Vertes Contrabando de sonidos texto. Rubén Romero

Les Négresses Vertes sobrevivieron al boom francés del mestizaje en los 80. Superaron la muerte de su cantante y lo sucesivos abandonos de miembros. Ahora han decidido reciclar su música de la mano de un productor estrella como Howie B

Négresses Vertes, Les: 1. El equivalente francés del español perro verde. Aplíquese a las personas de color y a todos aquellos no nacidos en la Francia continental. 2. Nombre de uno de las bandas más internacionales del país galo. Trabendo: 1. Término de origen argelino que significa trapicheo, estraperlo, tráfico ilegal, chamarileo...2. Título del último trabajo de Les Négresses Vertes producido y remezclado por Howie B en el que se mezclan folclore y electrónica. “Trabendo” es vuestro primer álbum en tres años, tras los rumores de que estabais agotados creativamente. Mucha gente ha querido ver en esta crisis la consecuencia de la muerte de vuestro cantante Helno por sobredosis... ¿Crisis creativa? Bueno, teníamos que solucionar otros problemas al margen de los musicales... problemas personales, que tenían consecuencias sobre nuestra música. Nos ha costado entender que las estrellas de Négresses son las canciones. Las canciones son más fuertes que quien las canta. Nuestros últimos trabajos habían sido dos homenajes a Helno, discos continuistas en los que su personaje se había convertido en un fantasma. Los cinco Negrésses que quedan son cinco personalidades que han conseguido hacer este disco olvidando el pasado. Estamos muy orgullosos de “Trabendo”, y de la evolución que nuestra música ha tenido en los últimos años. A buen seguro que mucha gente habrá acusado a vuestros coqueteos con la electrónica de oportunistas, teniendo en cuenta el éxito que el sonido Versalles de Air, Motorbass o Alex Gopher tiene en la actualidad... En 1989, grabamos el remix de “Zabi la Mouche” con William Orbit, y después vino el disco de remezclas de Massive Attack, Norman Cooke... Hace diez años que Négresses mezclan lo acústico con la música de clubs. Llegar hasta “Trabendo” ha sido un proceso duro y lento, pero si no hubiéramos hecho todo lo anterior no habríamos tenido la anchura de miras para hacer un disco con Howie B.

¿Qué os diferencia de la nueva electrónica francesa? Nuestra música tiene más que ver con la cultura mediterránea y con el cosmopolitismo. Los franceses siempre hemos tenido una visión esnob, burguesa de la música. Nosotros somos más abiertos, más cosmopolitas que la música de Versalles. Nos gustan Daft Punk o Cassius, pero no podemos hacer eso. En nuestro disco buscamos casar la música mediterránea acústica, folclórica, con la electrónica, el blues, y el rock, que son de origen anglosajón. No hemos elegido hacer las cosas así, ha sucedido de una manera natural. Más que a la moda, nuestra música responde a un cierto espíritu visionario. ¿Cómo surgió la colaboración con Howie B? Fue por motivos sexuales (risas)... Cuando contactas con Howie B lo haces porque conoces su trayectoria y sabes que con él van a pasar cosas, porque tienes necesidad de que pasen. Es algo que siempre hemos soñado: sueñas con hacer música toda tu vida, sueñas con estar siempre en los escenarios, y sueñas que cuando entras en el estudio te encuentras con un tipo que te va a hacer tocar como nunca antes lo habías hecho. Y eso es lo que ha sucedido. ¿No tenéis miedo de que el disco suene más a Howie B que a Les Négresses Vertes? Cuando uno graba un disco no hay que tener miedo. Es como montar en bici: si tienes miedo te caes. Me acuerdo de la cara de Howie la primera vez que nos vio... Pensaba «¿qué va a salir de todo esto?». Howie B nunca había trabajado para gente como nosotros, siempre rodeado de grupos techno o grandes estrellas como U2, Björk o los Rolling. Era un desafío para todos. Si hablábamos de vinos o de quesos era desde un punto de vista musical. Al final hemos sacado la conclusión de un buen disco es lo más parecido a un buen queso.


NOTÉNOM PRESENTA

NOTÉNOM HOMBRE Y MUJER PAU CLARIS 159 BCN TEL./FAX 93 487 60 84 notenom@teleline.es


.moda

OWN


Foto de apertura: collar Energie @WC, camiseta Ovlas y vaqueros G-Star (Guía Global)

Foto superior izquierda: shorts Energie (B Free). Foto inferior izquierda: pantalón en micro-

pona de Helmut Lang (M69), cinturón G-Star (Guía Global), camiseta Hilma (B Free) y

botas Ghost (Ovlas). Foto derecha: cazadora de micropana de Helmut Lang (M69), cami-

seta Co by Mc (B Free), pantalón vaquero G-Star (Guía Global), sombrero y botas vaque-

ras (Second Hand by Mies & Felj), pulsera Uno de 50 (M69). Fotografía: Natzeska Studio

(Cés Devilallonga y Nacho Juárez). Estilismo: Juan Carlos Gros e Isa Isla. Peluquería: Pep

OWN

para Polo Peló. Reiner, de Zutz Models, lleva el perfume Own de Frederic Homs en toda

la sesión. Agradecimientos a Frank y Tito por permitir que este reportaje se hiciese en

Medusa Café. Puntos de venta: G-Star, 972 269 282. M69, Muntaner 69, Bcn. Guía Global,

Urgell 32 y Portaferrisa 25. @WC, Riera Baixa 4-6, Bcn. B Free, Pza. Villa de Madrid 5,

Bcn. Ovlas, Portaferrisa 25, Bcn, Augusto Figueroa 1, Madrid, San Francisco 22, Sitges.

S.H. by Mies & Felj, Riera Baixa 5, Bcn. Angel Gimeno, Bailen 159, Bcn. Frederic Homs

93 805 35 01


Los años eléctricos STRICTLY RHYTHM: MAKE IT FUNKY Con esta línea extraída del tema “Freedom”, de Black Magic, se podría definir perfectamente el sonido del sello norteamericano Strictly Rhythm, introductor del denominado wild pitch sound, cuyo primer exponente fue el “Generate Power” (91) de Photon Inc., en realidad un proyecto paralelo del acid house master DJ Pierre e influencia directa en gran parte de las producciones de nuestros días, como, por ejemplo, en el “Big Love” de Pete Heller, todo un bombazo llenapistas del verano pasado. Pero este no es el único personaje importante dentro de la música dance actual que ha editado con Strictly Rhythm. Así, Roger Sánchez escogió el nombre de Underground Soultion para crear el primer himno (“Luv Dancin”) de la underground music, género después redefinido y redimensionado por el bostoniano Armand van Helden con sus primeras aventuras discográficas, a veces bajo seudónimo. Además, Armand, junto al portorriqueño DJ Sneak, sería uno de los impulsores del denominado hardhouse –con unas contundentes bases rítmicas cercanas a las percusiones tribales– y posteriormente del speed garage. El productor George Morel nos hizo vibrar al ritmo del clásico deep “Let’s Groove” y otro remezclador de lujo, Todd Terry, se escondió tras las siglas CLS para engendrar auténticas joyas del house como “Can You Feel It”. Pero, sin duda alguna, uno de los puntales del sello ha sido el dúo Masters At Work, compuesto por “Little” Louie Vega y Kenny “Dope” González, que han trabajado tanto conjuntamente (Harddrive, Sole Fusion) como en solitario. Louie Vega, por ejemplo, es responsable del toque de gracia final del “Love And Happiness” de River Ocean –con la voz de su mujer, India, y Tito Puente a las percusiones– o del álbum de la garage diva Barbara Tucker (“Beautiful People”). Además se ha encargado de las mezclas incluidas en el doble álbum conmemorativo “Ten Years Of Strictly Rhythm”. Kenny Dope, por su parte, acaba de lanzar un disco en solitario con Strictly Rhythm, y había sido la cabeza pensante de The Untouchables. Finalmente, debemos mencionar a David Morales, uno de los djs más reputados dentro de la escena garage-house de Nueva York, que dio alas a nuestros pies con el trallazo latin house “Conga” bajo el alias de The Boss. Además, muchas de las grabaciones de Strictly Rhythm han gozado de una gran popularidad y han ocupado las posiciones de honor de las listas dance de medio mundo. Son casos tales como “Higher State Of Conciousness”, del nuevo gurú de las sonoridades acid Josh Wink; “Free”, de la última reina del garage Ultra Naté; “I Like To Move It”, de Reel to Real, una excelente muestra de ragga-house producida por Erick Morillo, o los recientes éxitos “What You Need”, firmado por el más reciente fichaje de la compañía, Duane Harden –que también presta su voz a Armand Van Helden, concretamente en el éxito veraniego “You Don’t Know Me”–, acompañada de Lenny Fontana (“Powerhouse”), y “King Of My Castle”, de Wamdue (Chris Brann). En pocas palabras, se podría afirmar que Strictly Rhythm, una discográfica creada por Mark Finkelstein y que contó en un primer momento con Gladys Pizarro como principal cazatalentos, respaldada luego por George Morel y DJ Pierre, resulta indispensable para entender la evolución que el house y la música de color en general han experimentado en los últimos diez años.

WARP: MÁS ALLÁ DE LOS CONFINES DE LA MENTE Otro sello imprescindible para comprender la transformación que ha sufrido la música electrónica durante la presente década es el británico Warp, con cuna en Sheffield y creado por Steve Beckett y Rob Mitchell, ex propietarios de la tienda de discos FON Records. En un primer momento, Warp daría pie al denominado bleep sound, una explosiva mezcla de acid-house, techno y electro. Y, de hecho, muchos de los artistas que han forjado su peculiar sonoridad provienen del primogénito techno Detroit y el house más lisérgico, tal como muestra el recopilatorio recién editado “Influences” (Warp / Satélite K). Para hacerse una idea de cómo sonaban las primeras referencias de Warp recomendamos un par de compilaciones de lujo: “Pioneers Of The Hypnotic Groove” (91) y “Classics 89-92” (99). Este última incluye, entre otros, a Sweet Exorcist –un proyecto del ex miembro de Cabaret Voltaire Richard H. Kirk y DJ Parrot, también componente de Forgemasters–, LFO ­­­­–dúo de Leeds formado por Mark Bell y Gez Varley­­­­–, Nightmares On Wax, Tricky Disco, Coco Steel and Lovebomb, Forgemasters y DJ Mink. Con el primer volumen de “Artificial Intelligence” (92), Warp inició una transformación radical, abriéndose a las sonoridades más pausadas e introspectivas, a las estructuras rítmicas más complejas y elaboradas, planteadas para escuchar en un chill out o tranquilamente en casa, originando, sin quererlo, el avant techno, popularmente conocido como techno inteligente e incorporando a su catálogo grandes nombres de la electrónica más arriesgada, tales como Aphex Twin -Richard H. James (responsable a la vez de los proyectos warpianos AFX, Dice Man y Polygon Window y de la discográfica de culto Rephlex), I.A.O. (posteriormente The Black Dog), F.U.S.E. (el canadiense Richie Hawtin), Seefeel, Kenny Larkin, Speedy J, Andy Weatherhall (productor del aclamado “Screamadelica” de Primal Scream), presente en Warp primero con el trío The Sabres Of Paradise y más tarde con el combo Two Lone Swordsmen y el dúo Auterchre, paradigma incuestionable de la búsqueda constante de nuevas vías de expresión, que a estas alturas ya han creado escuela. Hace cuatro años Warp comenzó a combinar el fichaje de grupos ubicables dentro de la vanguardia electrónica: Plaid –con Ed Handley y Andy Turner de The Black Dog–, Plone y Boards Of Canada, con el de músicos y formaciones que usaban instrumentación acústica o electrónica: el finlandés Jimi Tenor, Red Snapper, Squarepusher, Broadcast e, incluso, de forma puntual, Stereolab, con un amplio abanico de influencias que van desde el jazz al pop, pasando por el easy listening, el funk, el trip-hop y el soul, y que constituyen una prueba indiscutible del irrefrenable interés de Warp por reinventarse a sí misma, a pesar de las innumerables críticas que han recibido por parte de un sector de público, defensor del rupturismo formal. Para conmemorar su décimo año de existencia, Warp ha puesto en circulación tres recopilaciones; las ya mencionadas “Influences” y “Classics 89-93”, y “Remixes”, donde se dan cita tanto remezcladores ajenos al sello (Labradford, Spiritualized, Underdog, Jim O’Rourke, Mogwai, John McEntire, Surgeon o Pram), como las mentes privilegiadas de esta factoría musical paradigma de la creatividad durante los últimos diez años.


.música

Los sellos británicos Warp y Talkin’ Loud y el norteamericano Strictly Rhythm constituyen tres de los puntales fundamentales de la escena dance actual. No coinciden ni en filosofía ni en planteamientos artísticos, pero sin ellos sería imposible descifrar la constante evolución que ha experimentado la música electrónica en el último decenio.

texto. Carles Riu

TALKIN’ LOUD O EL ALMA NEGRA DE LA MÚSICA DANCE Si Strictly Rhythm resulta indispensable para comprender la evolución del house en los últimos diez años, lo mismo se ha de decir de Talkin’ Loud por lo que respecta a la música dance con influencias del jazz y el soul. Gilles Peterson dejó en su momento la discográfica Acid Jazz para formar Talkin’ Loud porque, según afirma: «quería una etiqueta que representara con una mayor amplitud lo que estaba pasando dentro de la cultura de clubes, una cultura que está creciendo y desarrollándose constantemente, inventando nuevos códigos sonoros». Además reconoce su pasión por el soul y el jazz, presentes en todo el catálogo de Talkin’, que actualmente apuesta fuertemente por el drum’n’bass de la mano del ganador del Mercury Prize Roni Size, 4 Hero o Krust, si bien en un primer momento lo hizo por el acid jazz, de la mano de los japoneses U.F.O. –el único trío salvable que aún practica este estilo–, el plomizo Incognito, Galliano o Young Disciples. Pero no sólo de drum’n’bass o acid jazz se alimenta Talkin’ Loud, sino que ha puesto de nuevo en circulación a la veterana figura del soul Terry Callier, con dos discos publicados hasta la fecha con este sello. Además ha lanzado el primer disco del proyecto, dentro de las coordenadas estilísticas del latin house, “Nuyorican Soul” –que esperemos tenga continuación– auspiciado por los antes mencionados Masters At Work, y que cuenta con las inestimables colaboraciones de Eddie Palmieri, Roy Ayers y Tito Puente, entre otros, y donde Vega y González exploran las señas de identidad de los portorriqueños residentes en Nueva York. Otro de los trabajos destacados del sello ha sido el primer larga duración de Innerzone Orchestra, en realidad, el irregular y poco convincente homenaje del detroniano Carl Craig al músico de jazz Sun Ra. No obstante, Peterson defiende a Craig a capa y espada como exponente de la free music y el avantgarde techno, llegando a calificarlo como «el verdadero y abierto sonido negro, el sonido del ghetto». Y, por supuesto, no podíamos acabar este apartado sin mencionar a Nicolette, con su future jazz, que ha decido abandonar Talkin’ Loud «por no querer vender su alma al diablo» (la multinacional Universal, a la cual pertenece Talkin’ Loud). Peterson combina su faceta de dj, a través de las ondas de Kiss FM, con la de A&R. Y atentos a las novedades editoriales de Talkin’ Loud para el 2000, que darán mucho de qué hablar.

SHUT UP AND DANCE WITH ME Si ya en la mítica discoteca neoyorquina Studio 54 se daban cita muchos homosexuales que bailaban a los alegres y desenfadados ritmos de la música disco –un género despreciado por gran parte de la crítica especializada hasta nuestros días–, este colectivo fue el primero en montarse en el carro del house, sobre todo en sus variantes deep y garage, que recuperaban todo el glamour de las voces de color y las orquestaciones típicas del salsoul, estilo considerado por muchos como el auténtico precedente del house de Nueva York y New Jersey (garage) y Chicago (deep). Cuando el interés por la música disco decayó a finales de los 70, desde el mítico Heaven londinense nos bombardearon con la hi-energy, que recuperaba grandes voces del soul, sustituyendo el bajo de la música funky por contundentes bases rítmicas electrónicas. Los títulos de las canciones no podían ser más explícitos, sexualmente hablando: “So Many Men, So Little Time” (“Muchos hombres y muy poco tiempo”) de Miquel Brown, “It’s Raining Men” (“Llueven hombres”) de The Weather Girls, “Caught In The Act” (“Pillado in fraganti”) de Earlene Bentley, “I Love Men” (“Me encantan los hombres”) o “Where’s My Man”? (“¿Dónde está mi hombre?”) de la ya veterana y curtida artista Eartha Kitt, con aspecto de “devora hombres” indomable. Paralelamente, en Gran Bretaña convivían el synthie-pop (aquí mal llamado techno-pop) y la estética New Romantic o Classic Nouveau. Vince Clarke, gay declarado, se convirtió de la noche a la mañana en una de las figuras imprescindibles del techno-pop, que tras su paso por Depeche Mode, formó los imprescindibles Yazoo -Yaz dentro del mercado americano- junto a Alison Moyet, los efímeros The Assembley y finalmente el dúo Erasure, con el también homo Andy Bell, que no tan sólo han firmado un ep de homenaje a Abba (“Abba-esque”), sino que también realizan una divertida versión del “Gimmie Gimmie Gimmie (a man after midnight)” del cuarteto sueco durante muchas de sus actuaciones en directo. También Marc Almond, líder de Soft Cell, recuperando toda la esencia del mejor soul y funky en títulos tan elocuentes como “Sex Dwarf” o “Non Stop Erotic Cabaret”, y que es quizás uno de los pocos músicos de su generación que ha mantenido la cabeza bien alta en solitario. Otros indiscutibles reyes del pop electrónico son los Pet Shop Boys, producidos en un primer momento por Bobby O(rlando), que era a la vez responsable del sonido de Divine, un travestido de 130 kilos que fue protagonista de algunas de las primeras y excéntricas aventuras cinematográficas del ya idolatrado John Waters. El dúo formado por los iluminados Neil Tennant y Chris Lowe rinden tributo a los Village People a través de su último single, “New York City Boy” –producido por David Morales, otro icono de la cultura gay–, si bien ya realizaban una versión de “Go West” de este delirante quinteto producido por el desaparecido Jacques Morali en su disco “Very”. Otra relevante figura del género fue el norteamericano Patrick Cowley, que escogió al travestí Sylvester, todo un mito de la música disco, para cantar en sus éxitos bailables: “Do You Wanna Funk” y “Menergy”. A la vez Patrick produjo el álbum “I Need You” de Sylvester, que incluía el irresistible “Do You Wanna Funk” ­­–recientemente adaptado al formato house por el líder de Ten City, Byron Stingily– y un álbum de Paul Parker, prototipo de macho cachas, con bigote y pelo en el pecho (¡como tiene que ser!). En cuanto a los Nuevos Románticos, recuperaban la elegancia por lo que respecta al vestir, en contraste a la desaliñada estética punk de segunda mitad de los 70. Los chalecos, las ropas holgadas y estrambóticas, extravagantes permanentes, etc. formaban parte de su indumentaria e incorporaron al rock y al pop elementos cercanos al funky y a la música disco. Sus formaciones más destacadas dentro del ámbito gay fueron Culture Club, con Boy George al frente, que, aunque no ha sabido mantener la solvencia creativa en solitario o con Jesus Loves You, ha destacado últimamente como dj del club londinense Ministry Of Sound, editando innumerables discos de mezclas a través de su sello discográfico; Jimmy Sommerville, tanto al frente de Bronski Beat –su video de “Smalltown Boy” mostraba a un chico de provincias rechazado en su comunidad por su condición de homosexual– y The Communards, como por su cuenta; Wham, con George Michael, al cual le ha costado muchísimo divulgar su inclinación sexual, y que tan sólo lo ha hecho cuando la prensa sensacionalista le ha obligado a ello; y Frankie Goes To Hollywood, con Holly Johnson como cantante, que escandalizaron a medio mundo con el vídeo y la letra de la canción “Relax (Don’t Do It / When You Wanna Come)”. Si hacemos un salto en el tiempo, la discoteca neoyorquina Paradise Garage y el club de Chicago Warehouse, donde se mezclaban blancos, negros, homos y heteros, fueron las cunas del house y sus diversas variantes. Ahí acudían personajes como Jamie Principle, tan ambiguo y sensual como Prince, y Danny Tenaglia, uno de los djs mejor pagados del momento, admirador del mítico Larry Levan y músico de excepción. En su momento, la drag–dj Jon Pleased Wimmin constituyó uno de los máximos pilares del handbag, estilo resultante de la explosiva combinación de garage, eurobeat, trance, hi–nrg y disco. Otro travestí, Ru Paul, al igual que Club 69, se erigió en un destacado estandarte de la undergroundmusic. Y subgéneros de la música disco como el kinky disco (mezcla de house, garage y disco) y el tesko (mezcla de disco y techno) han surgido en clubes donde la mayoría de la concurrencia era homosexual.


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.música

• Gorky’s Zygotic Mynci Spanish Dance Troupe

VVAA

Mantra/Everlasting-Caroline

En vano han tratado estos galeses durante seis discos que su talento melódico se viera reconocido por la xenófoba crítica inglesa, obcecada en definirlos como gnomos criados a base de alucinógenos. Y todo porque en su casa no sólo tienen discos de los Kinks, sino también de The Incredible String Band, Syd Barrett y los Flying Burrito Brothers. Espabilen, Gorky’s Zygotic Mynci escriben canciones sobre chicas ermitañas, pecas celestiales y crímenes pasionales en las noches de invierno, pero son de este mundo. Y sobre todo, cuentan pequeñas historias que encogen el corazón. Como la tiernísima melodía envuelta en violín zíngaro de “Spanish Dance Troupe”, la historia del niño que vuelve al colegio después de una temporada de vino y rock’n’roll y descubre que el uniforme se le ha quedado pequeño; la contagiosa “Poodle Rockin” o la resignada “Over and Out”. Su versatilidad desbordante ha despistado a más de uno, del country de “Faraway Eyes” al pop de “Freckles”, una melodía que retoma y trasciende a los Beatles de “Sexy Sadie” y “Cry Baby Cry”. Si la exageración y la rotundidad no fueran contra mis principios, diría que “Spanish Dance Troupe” es uno de los discos del año. Bueno, tal vez ya lo he dicho. Laura Sales

Tatuaje

BMG

La idea no estaba mal, incluso Antonio Carmona empieza prometiendo con un “Ojos verdes” tierno e inspirado. Porque acercar la copla, género musical recuperado del desván franquista, a la radio fórmula, podía tener su gracia. Pero no; pronto aparecen los nubarrones en este proyecto que trasmite demasiados tufos a fallida ocurrencia comercial. Temas como “La bien pagá” o “La Parrala”, pura poesía popular, no se merecían que el insoportable Sabina o el soso de Víctor Manuel les hincaran el diente. La raíz del fiasco artístico que acaba siendo “Tatuaje” no es otra que ésta: la falta de garra o calidad intrínseca del personal elegido. Y no se trata de un error de casting, no, es que el panorama del pop estándar nacional engendra fenómenos recientes como Malú, que muy en su línea habitual no canta, grita “A tu vera”, destrozándola y quedándose tan pancha, la tía; Antonio Vega no entona, da “¡Ay, pena, penita!” en su aburrida versión del clásico de Quintero, León y Quiroga, y si a todo esto se le añade una producción más rancia que la de muchos discos de la Pantoja se entenderá nuestro veredicto, y no somos más implacables porque Enrique Búnbury, Andrés Calamaro y Javier Álvarez mantienen el tipo y aportan al conjunto un discreto toque de oportunismo inteligente. Reivindicar la copla hoy, aunque se haga desde una óptica hortera, vende. Fíjate tú lo bien que va España. José Manuel Bejarano

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Tori Amos To Venus And Back

Luke Slater Wireless

Mute/So Dens

Si su primer trabajo, “Freek Funk” (1997) supuso una refrescante sorpresa en el panorama electrónico británico gracias a su valiente saqueo de estilemas propios del techno americano, con “Wireless” Luke Slater se confirma como un talento muy a tener en cuenta. Este disco desprende andanadas salvajes de funk desquiciado, en un ataque mucho más sucio y atrevido de lo que nos tienen acostumbrados los creadores sintéticos británicos, que cuando practican el exceso lo hacen con un ramalazo hooligan muy distinto a la agresividad pura de Slater. Una salvaje combinación de ritmos electro con golpes de techno hiriente y atmósferas expresivas virtuosamente construidas. Cortes como “All Exhale” y “Body Freefall, Electronic Inform” caen como bombas en tus orejas y consiguen seducir con una fuerza casi coactiva. “You Butterfly” o “I Thought I Knew You” se arrastran por el láser con un aire de siniestra urgencia sonora. El poder de este disco tremendamente convincente no puede pasar desapercibido a ninguna oreja avisada. Boris Rimbau

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Los que apreciamos los excesos sabemos que cuando en una película porno se visten máscaras de animales huele a mainstream y a cutrez, pero no por eso disminuye el efecto narcótico y vicioso. Y lo mismo pasaba con Tori Amos, pues parecía que su poder para conjurar a dioses y demonios de la naturaleza en una orgía de dimensiones mitológicas era inagotable. La casa de campo que ilustraba la portada de “Boys for Pele” parecía el lugar más enfermo imaginable: Tori dando de mamar a los cerditos, los encajes de Carly Simon esparcidos por el suelo y Kate Bush convirtiendo sus velos desgarrados en reptantes culebras. El único precedente que conozco podría ser Shelagh McDonald, una oscurísima émula británica de Joni Mitchell, con ojos bizcos y pasión por lo sinfónico. Tamaña aberración se convierte en algo adictivo. Con pasión masoquista gritas: “¡Más pianos, más violines, más sinfonismo de cartón piedra!”. En un momento de estos, cuando no sabes ya si tu habitación es una ópera o un zoológico, cuesta mucho aceptar que Tori Amos quiera convertirse en Ally McBeal. Coquetear con el trip-hop, envidiar a Shirley Manson es absurdo cuando tu música, de tan desfasada, es atemporal. Teóricamente Tori Amos ha ido a Venus para escribir un disco sobre la pasión. Yo creo que ni ha salido del porche. ¿Hay vuelta atrás cuando empiezas a tomar el té con Alanis Morissette?. Ferran Llauradó

Tina Turner Twenty Four Seven

Pink Martini Sympathique

Heinz/Auvidis

Liderada por Thomas Lauderdale, un pianista clásico educado en Harvard que viste trajes clásicos y botas Doc Martens, esta banda practica un easy listening de alta escuela que explora fuentes muy diversas: versionean desde el bolero de Ravel hasta un tema de la diva cinematográfica japonesa de los 60 Akihiro Miwa’s (“Song Of The Black Lizard”). Irresistible su sutil perversión del aire naïf de “Qué será será” o la soltura con que afrontan temas latinos como “Andalucía” (Lecuona) o “Donde estás, Yolanda” (Jiménez) . Pink Martini surgió en 1994, reúne a más de diez músicos en su formación (imprescindible el concurso de su vocalista femenina, China Forbes) y pronto se convirtió en un grupo de culto en su ciudad (Portland, Oregon). Han tenido como vocalistas invitados a personajes como Gus Van Sant o el cantante de los Dandy Warhols, Courtney Taylor. Hace dos años se autoeditaron este álbum, que aunque nos ha llegado tarde conserva una frescura poco frecuente en el género. Las canciones de Pink Martini escapan a la mediocridad que menudea en el universo easy listening gracias a una exquisita atención a los arreglos, y a una admirable habilidad para combinar elementos cubanos, franceses y hasta de música clásica. Por muchas razones, “Sympathique” no es un simple disco de música atmosférica, sino un tratado de buenas maneras musicales que resulta irresistiblemente seductor. Isidre Estévez

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A punto de cumplir los 60, Tina demuestra que las soberanas tundas que le propinaba Ike Turner, lejos de envejecerla prematuramente, la convirtieron en una mujer irreductible y sin edad. Han pasado casi cuatro años desde que editó su último disco, “Wildest Dreams”, pero Tina se resiste a jubilarse. “Twenty Four Seven” supone un inteligente giro en su carrera, y para volver al ruedo la abuela de las piernas de satén se ha rodeado de un equipo de colaboradores expertos en conjugar calidad y comercialidad. El primer single, “When The Heartache Is Over,” ha sido coescrito por John Reid, de los Nightcrawlers, y producido por Metro, el equipo londinsense responsable del superventas “Believe.” Se incluye una canción inédita de los Bee Gees, “I Will Be There”, tres temas producidos por Absolute, productores de Geri Halliwell, y material aportado por colaboradores habituales de Turner. Tina se merece una reprimenda por invitar a Bryan Adams a cantar con ella en “Without You”, pero nos la vamos a ahorrar porque a una mujer así no hay quien le tosa. Daniel Suz.

Songs From The Last Century

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Virgin

George Michael, recuperado de su accidentado outing y de sus problemas judiciales con Epic, ha querido despedirse del siglo que nos abandona con una deliciosa colección de versiones de temas clásicos interpretadas en un estilo inequívocamente crooner en el que se nota la sabia mano del productor, Phil Ramone. Así, temas que hicieron famosos Bing Crosby ("Brother Can Your Spare A Dime", Doris Day ("Secret Love"), Frank Sinatra ("Where Or When"), Ella Fitzgerald ("I Remember You") o Nina Simone ("My Baby Just Cares For Me") se alternan con versiones de The Police o U2, a las que se ha aplicado el mismo tratamiento intimista que a los temas más antiguos. Curiosamente, el resultado no chirría en absoluto. Este disco es un sabroso y sentimental caramelo que nos puede entretener con mucha dignidad mientras esperamos la salida de su cuarto álbum en solitario de canciones inéditas, que verá la luz el próximo año. Boris Rimbau

Virgin

En realidad, “Stigmata” son dos discos en uno. La primera parte del CD la forman un amasijo de grupos, escogidos para conseguir atraer a un público cuanto más masivo mejor, y a su dinero, cuanto más mejor. Aunque en este caso superen el control de calidad, al escoger a Björk, Massive Attack y David Bowie, lo consiguen por los pelos, ya que los temas pertenecen a sus respectivos últimos álbumes (por muy calentito que esté aún el “Hours” del Duque Blanco), o sea que no esperéis ningún tema inédito. La nota más alta la sacan los Afro Celt Sound System con Sinéad O’Connor compartiendo micrófono en “Release”. Los temas restantes son los que realmente se ajustan a la definición de banda sonora. En estas composiciones sorprenden un Billy Corgan más cercano a John Cage que al machaca calabazas que todos conocemos, y un Mike Garson (pianista habitual de Bowie) capaz de destilar sofisticadas cortinas sonoras que encajan perfectamente con los paisajes visuales del filme, aunque la corta duración de las piezas impide que levanten el vuelo en su estructura melódica. Con todo, el estigma de esta más que correcta BSO es su preludio. Albert Duat

Emi

George Michael

VVAA Stigmata

Atlantic/Dro

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Robyn Hitchcock

Arab Strap Elephant Shoe

Jewels for Sophia

Go Beat!/Universal

Si en “Philophobia” las canciones deambulaban, a modo de cortas historias independientes, por camas ajenas en busca de amores pasajeros, mostrando las entrañas de muchos deseos y perversiones que normalmente acabamos reprimiendo, “Elephant Shoe” se descubre como una pequeña novela con un hilo argumental: Laura Lidell. Aidan Moffat se sumerge de pleno y sin pudor en la disección del mundo de la pareja, un mundo que todos acabamos por esconder -él no- en lo más hondo de nuestra intimidad, creyéndelo único, cuando, al fin y al cabo, se asemeja irremediablemente tanto al del vecino. Así pues, las canciones transcurren en apenas un solo escenario, el apartamento de Moffat. Hay escenas de cariño malsano, “Cherubs”. De sexo rutinario elevado por momentos a condición de redentor, “Leave the Day Free”. Amaneceres que no adivinan nada nuevo, “Hello Daylight”, “Tanned”. Peleas por celos, “The Drinking Eye” y peleas sin salida, sin más, “Pyjamas”. Un ambiente relativamente pesimista, bien reflejado en el acompañamiento musical, una suerte de post-rock para cantautor, más cohibido y monótono que en “Philophobia”, destinado a ser escuchado nocturnamente, en momentos de soledad. Peligrosamente sincero. Luis Escudero

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Robyn Hitchcock no para. Hace unos meses publicaba “Music From The Jonathan Demme Picture”, la banda sonora de un documental sobre su música, y ahora acaba de poner en circulación su nuevo trabajo discográfico: “Jewels For Sophia”. Aunque en esta ocasión no se trata de un directo, el compositor y cantante ha querido que sus canciones se impregnen al máximo de improvisación, desgarro, naturalidad y espontaneidad. Una larga lista de conceptos difíciles de encontrar en la mayoría de propuestas musicales de este final de milenio y que Hitchcock se muestra obcecado en defender a lo largo de toda su carrera. Como ya hizo en 1981 con el disco “Black Snake Diamonds”, el exlíder de Soft Boys ha improvisado en “Jewels For Sophia” la mayor parte de sus nuevas canciones junto a una nómina nada despreciable de músicos -Peter Buck (R.E.M.) y Scott McCaughey (Young Fresh Fellows), entre otros- que oían las canciones por primera vez justo en el momento de comenzarlas a grabar. El resultado de esta experiencia es un disco que cruza con frecuencia la frontera del folk para acceder al rock más vigoroso. El punto medio imaginario entre los R.E.M. más eléctricos y el Tim Buckley menos llorón. Una nueva muestra de creatividad de un brillante compositor que, al igual que su coetáneo Vic Chesnutt, parece predestinado a ser escuchado por privilegiadas minorías. Rubén Mayoral

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Stereolab

David Bowie Hours

Cobra and Phases Group Play Voltage in the Milky Night

Virgin Records

Que una parte de la crítica, la más papanatas, aquella que se lo cargó cuando perdió el norte en los ochenta o esta otra, más joven, que solamente acierta a ver en él al referente de sus equivalencias actuales se traguen la hoja de promo y digan que “Hours” es un nuevo “Hunky Dory” da pena. Y la da porque es reducir los méritos de este trabajo a una simple reflexión sobre el tiempo musical vivido a lo largo de una carrera magistral. Hay ecos del disco que contenía “Changes”, es verdad, pero también se sugiere el tempo denso de “Station to Station” en “Something In The Air”, están las guitarras eléctricas de la época en Berlín (by the wall) en “What’s really happening” o la elegancia, decadencia y rabia de su obra cumbre, “Scary Monsters” en “New Angels Of Promise”. Hasta se permite el lujo de recuperar el sonido Tin Machine, un intento frustrado por escapar de sí mismo, en el tema “The Pretty Things Are Going To Hell”. Bowie cierra los ojos y mira atrás, lo ha hecho muchas veces en su carrera, y esta vez nos entrega una colección de temas cargados de recuerdos que no saben a nostalgia, grabando además todas las voces, devolviéndonos el arsenal de timbres vocales que únicamente él es capaz de interpretar. Bowie está despierto, ese el mensaje. José Manuel Bejarano

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Pocas bandas han sabido crearse un universo sonoro tan personal como Stereolab. Desde que estos londinenses iniciaron su carrera hace ocho años, su mezcla de sonido pop con parches de Moog, experimentos low-fi, pronunciación francesa y teoría marxista ha provocado la imitación de docenas de grupos. El problema de los imitadores ha sido y es que Stereolab siempre han ido un paso por delante. En 1996, con “Emperor Tomato Ketchup”, pusieron en solfa sus elementos clave: pop francés, órganos burbujeantes, sensibilidad pop, secciones de cuerda y zumbidos de rock alemán. “Dots and Loops” (1997) sonaba, en comparación, como un divertido experimento sin la ambición del anterior. Ahora, con Cobra and Phases Group Play Voltage in the Milky Night, han entregado un trabajo intrigante y lleno de resonancias jazzísticas, gracias sobre todo a Dominic Murcott (vibráfono y marimbas) y Rob Mazurek (corneta). Este es un disco denso y largo, lleno de paisajes hipnóticos, que no seducirá fácilmente al neófito pero que supone una apuesta de futuro para una de las bandas más personales y originales del momento. Isidre Estévez

B.S.O.

Virgin Records

No nos dejemos engañar por las apariencias. ¿Colaboración de Metalheadz Majik en uno de los temas centrales (“Blame”)? ¿Revisión del “The Future of the Future”, de Deep Dish, que guió los pies de tantos de nosotros en las pistas de baile de 1998? Son rastros falsos para un trabajo que se presta más a ser escuchado la tarde del domingo que la noche del sábado. Así, “Temperamental” se descubre eminentemente otoñal, como confirma la cadencia hip hop al ralentí en “Downhill Racer”. Porque los sonidos claramente afectados del soulful house y drum’n’bass que afloran de las cajitas electrónicas de Ben Watt son subsidiarias a la voz de Tracey Thorn, la auténtica protagonista de los temas. Así se relega al olvido “Compression”, el único instrumental del disco, y se demuestra que “Walking Wounded” permanecerá inevitablemente como referencia para un disco que no supone ningún salto cualitativo importante aunque no está exento de virtudes. Íñigo M. Möller

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Elefant

Amigos, el último verano del siglo se ha ido y nadie sabe como ha sido. Se acabaron la playa, las terrazas, las fiestas de barrio, los festivales... Ya sumidos en el brumoso otoño, sólo nos queda recordar la pasada canícula gracias al sello Elefant. Aunque como dice el tópico “no están todos los que son ni son todos los que están”, el recopilatorio incluye tanto las vacas sagradas del indie estatal -Beef, los ya desaperecidos Le Mans- como la nueva hornada representada por Vacaciones (con la fantástica canción “Imperfecta”), Niza, Me Enveneno De Azules o Les Très Bien Ensemble. En fin, la “banda sonora original” de la peli “Verano del 99” está bastante bien y recomendamos la petardilla “Ride the tiger” de Anti, la delicia pop punk de Juniper Moon, las misteriosas “Cartas de amor “ de La Monja Enana, la ironía y sana mala leche de “Mi vida va bien” de Patrullero Mancuso y el oscuro tecnopop de Gasca. Así que como cantan La Pequeña Suiza: “el nuevo siglo está llegando, deberías celebrarlo”. Noemí Zapata

Yazoo

VVAA Manta Ray Vs. Cosmos

Dro

Verano del ‘99

Everything but the girl Temperamental

Warner

Only You. The Best of

Cosmos/K Industrial Cultural

En lo que a priori parecía un año sabático para Manta Ray, los proyectos paralelos, Nacho Vegas con Diariu, Javi con Sitcom o su participación en el Festival de Cine de Gijón, recogida en el CD “Score”, les han confirmado como la banda más interesante del panorama nacional. Por si esto fuera poco, surgen estas remezclas, donde buena parte de los artistas de Cosmos se divierten manipulando las canciones de “Pequeñas puertas que se abren, pequeñas puertas que se cierran”, que se convierte en un brillante laboratorio de experimentación que debe satisfacer a todos aquellos que, fans o no de los asturianos, buscan nuevas fronteras en cada disco. ¿A destacar? La versión de “Suspicion” (Prof. Angel Dust & The PH Force) y, sobre todo, el perfecto ensamblaje de la voz de José Luis García en “O.F. King” (Vanguard), en la que debería ser la canción del año. Half Nelson

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Mute/Caroline

Vista la sequía creativa que atraviesa actualmente el duo británico Erasure, siempre resulta reconfortante escarbar en el esplendoroso legado musical de Vince Clarke junto a Alison Moyet, o sea, Yazoo, que disfrutó de una corta existencia. Tan sólo hicieron falta un par de imaginativos discos para que llegara a ser un grupo referencial del denominado tecno-pop de principios de los ochenta. Ahora renacen en forma de un grandes éxitos, con alguna que otra golosa propina, a saber: la remezcla para pistas de baile de “Situation” a cargo de Françoise Kevolkian, y tres nuevas versiones. Y si bien podríamos considerar las adaptaciones, en clave house, de “Don´t go” de Todd Terry y “Situation” de Club 69 como acertadas y estimulantes para nuestras neuronas, no así la de “Only you” -el primer single del grupo y unas de las mejores baladas de la década precedente-, que además de pecar de un excesivo mimetismo respecto de la versión original, cuenta con una sección de viento descontextualizada. Aún así, es encomiable la labor arqueológica del sello Mute por sacar del ostracismo las afortunadas andanzas musicales post-Depeche Mode de Vince Clarke. Carles Riu


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