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Enero 2011 / N.ยบ 449

LA TRANSMISIร“N DE LA FE HOY

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SUMARIO IMÁGENES DE LA FE Enero 2011 N.º 449

AUTOR Francisco Echevarría Serrano

Dirección editorial: Juan Rubio Redacción: Marina de Miguel Maquetación: Amparo Hernández Secretaria de redacción: Esperanza Vela Publicidad: Javier González Tel.: 91 422 64 02 Suscripciones: Ana Blasco Tel.: 91 422 62 40

Sacerdote de la diócesis de Huelva. Ordenado en 1972. Licenciado en Sagrada Escritura en 1980. Es director del Secretariado Diocesano de Catequesis de Huelva, profesor del Seminario y párroco moderador de Punta Umbría. Es cofundador y director del Centro Naim, dedicado a la rehabilitación de drogodependientes.

CONTEXTO ACTUAL

PÓRTICO

QUEHACER E IDENTIDAD

Además de analizar la realidad, existen unas pautas útiles para plantearse la catequesis, como reconocer la adultez del laico, acompañar la palabra con signos de liberación o buscar el equilibrio integrando la dimensión personal y comunitaria de la fe.

Evangelización, la vocación de la Iglesia

FRAGMENTACIÓN DE LA REALIDAD

Anunciar el Evangelio, compromiso de todos

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Juan Rubio,

Época de cambios amplios y profundos: un reto a la fe

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director de Imágenes de la fe

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Dimensiones de la vida cristiana

Edita: PPC, S.A Director general: Aurelio Matos C/Impresores 2 Urb. Prado del Espino 28660 Boadilla del Monte (Madrid) Tel.: 91 422 62 55 Fax: 91 422 61 18 www.ppc-editorial.com imagenesdelafe@ppc-editorial.com Depósito legal: M-15368-1968 Imprime: Grefol. S. A. Precio número: 5,65 € Suscripción anual (10 números): España: 48,50 € Otros países: 51 €

FOTOGRAFÍA: Javier Calbet, María Pía Hidalgo, Sergio Cuesta, Juan Baraja, José Manuel Navia/ Archivo SM; Olimpia Torres; Montse Fontich; Almudena Esteban; C. Rusa; Rolando Calle; Jari Kivelä; Thomas Northcut; Stefano Tiraboschi / Dreamstime. com; GLOWIMAGES / QUICK IMAGE STOCK, S. L; STOCKBYTE / GETTY IMAGES; PHOVOIR; JUPITER IMAGES; ORONOZ; BANANASTOCK; ABLESTOCK.COM; PHOTOLINK; INGIMAGE; Museo del Prado; Junta de Cofradías de Valladolid.

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Aunque el compromiso de la Iglesia es eterno e inmutable, tanto el mundo como el momento histórico han ido evolucionando. Conocer los fenómenos sociales más relevantes y su incidencia en la vida religiosa ayudará en el desempeño de la tarea. Si falta la conciencia de que nuestra misión como creyentes es la transmisión de la fe, corremos el riesgo de malgastar energías y medios en cosas que, aunque útiles, interesantes e, incluso, necesarias, no son fundamentales. Éste es el primer paso.

MIRANDO HACIA DELANTE Proclamación del Reino de Dios. ¿Cómo transmitir la fe en este tiempo?

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Personal, eclesial, salvífica, práctico-cultural. En estas facetas se desarrolla la vida de todo creyente y, por tanto, deben ser tenidas en cuenta al asumir el reto de reavivar la fe en el Evangelio y así participar en la construcción del Reino de Dios.

PARA SABER MÁS

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IMÁGENES DE LA FE / ENERO 2011

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PÓRTICO


Anunciar el Evangelio: compromiso de todos [JUAN RUBIO. Director de Imágenes de la fe]

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o es novedad afirmar que uno de los retos con los que hoy se enfrenta la Iglesia es la transmisión de la fe a las nuevas generaciones. La preocupación de la Iglesia por la evangelización, desde que Pablo VI nos diera la Evangelii nuntiandi (1975) hasta la institución del Pontificio Consejo para Promoción de la Nueva Evangelización (2010), pasando por la Catechesi Tradendae (1979), ha sido una constante en los Pastores, porque hablamos de lo que constituye su misión y su razón de ser. El autor aborda el problema como una aportación, desde la pastoral, a la búsqueda en la que toda la Iglesia está comprometida. Francisco Echevarría comienza analizando las implicaciones actuales de la afirmación de Pablo VI, en Evangelii nuntiandi 14 sobre la evangelización como quehacer e identidad de la Iglesia. Se trata de una relectura de la misma destacando la actualidad del pensamiento pontificio, con subrayados importantes que nos interpelan profundamente, como que la misión hoy día implica la conciencia de lo esencial —necesitamos reformular el kerigma para el hombre de nuestro tiempo; que creer en Jesús empieza por creer a Jesús—, lo que nos exige repensar no solo la presentación del contenido, sino también el proceso evangelizador, puesto que éste es parte de la acción. O que evangelizar no ha de ser un deber sino una necesidad, la cual nos obliga a plantearnos a qué responde el esfuerzo evangelizador hoy. Termina con una afirmación realmente inquietante: si la Iglesia no evangeliza, no sólo pierde su sentido en la historia y entre los hombres, sino que además pierde su identidad y su razón de ser. Es decir: deja de ser la Iglesia para ser otra cosa. Pasa luego a presentar algunas de las realidades actuales que condicionan la tarea evangelizadora, como la inmigración, que ha traído consigo el pluralismo religioso y, por ello, la necesidad de definir nuestra propia identidad —dar razón de nuestra fe—, lo cual, a su vez, sólo es posible desde lo esencial; las nuevas tecnologías, con los nuevos lenguajes que reclaman una puesta al

día para que el mensaje no sólo llegue al hombre de nuestro tiempo, sino que además sea comprendido; y las espiritualidades laicas, sobre todo la corriente cultural llamada Nueva Era, con el resurgimiento de la gnosis que considera innecesario un Dios personal y, por tanto, las religiones. El anuncio del Evangelio se ha de adaptar al nuevo contexto en el que tiene lugar.

Al estilo de Jesús

En la tercera parte, se presentan siete claves o pautas de acción: la evangelización ha de ser llevada a cabo acompañando la palabra con signos de liberación al estilo de Jesús, que era “poderoso en obras y palabras” (Lc 24,19); ha de buscar el fundamento, apuntar a lo esencial, pues en tiempos de crisis no se pueden desperdiciar las energías y los medios en lo secundario; ha de hacer posible el encuentro con Cristo, alfa y omega de todo en la Iglesia; ha de buscar el equilibrio integrando la dimensión personal y comunitaria de la fe, huyendo tanto del individualismo que anula a la comunidad como del comunitarismo que anula las peculiaridades de cada uno; ha de insertar en el mundo, dado que el discípulo de Jesús está llamado a ser sal de la tierra y luz del mundo (Mt 5, 13-14); ha de reconocer la adultez del laico y su responsabilidad en esta tarea, pues la evangelización no es una obra clerical sino eclesial, y ha de recuperar el carácter de crecimiento e iniciación integral. Finalmente, en la cuarta parte, se responde a la pregunta: ¿A qué hemos de iniciar? En cada una de las dimensiones de la existencia cristiana se apuntan claves que centran la acción evangelizadora: el amor es el fundamento en la dimensión personal y el regulador de las relaciones en la dimensión comunitaria —Dios es amor (1Jn 4,8) y Jesús, la manifestación de Dios (Jn 12,45)—, la existencia recreada —la vida nueva conducida por el Espíritu (Gál 5,13-26)— en la dimensión salvífica y una auténtica ortopraxis en la dimensión práctico-cultural. IMÁGENES DE LA FE / ENERO 2011

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QUEHACER E IDENTIDAD

Evangelización, la vocación de la Iglesia “¡Ay de mí, si no evangelizara!” Las palabras de san Pablo en su Primera Carta a los Corintios ponen de manifiesto la necesidad de actualizar el compromiso de la Iglesia con su razón de ser: la transmisión de la fe. [FRANCISCO ECHEVARRÍA Director del Secretariado Diocesano de Catequesis de Huelva]

C

uando miramos el momento en que vivimos y el mundo como tarea, nos surgen muchas preguntas a las que no resulta fácil responder porque estamos ante un verdadero reto a nuestra imaginación y creatividad, a nuestra capacidad de riesgo y, en definitiva, a nuestra fe. Responder a todas ellas de manera completa y satisfactoria sería una tarea muy compleja que sobrepasa los límites y el objetivo de un artículo. Lo único que pretendo es hacer una reflexión serena —en la medida de lo posible— y anclada en la realidad sobre algunos puntos que, a mi parecer, deben ser tenidos en cuenta al abordar la tarea de la transmisión de la fe en nuestro mundo. Divido esta reflexión en cuatro partes: Primero analizo las implicaciones actuales de la afirmación de Pablo VI, en la Evangelii nuntiandi, sobre la evangelización como quehacer e identidad de la Iglesia. Se trata de una relectura del n.º 14 de la misma destacando la actualidad del pensamiento pontificio. En la segunda parte abordo algunas de las realidades actuales que condicionan la tarea evangelizadora.

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En la tercera, enuncio siete claves o pautas de acción. Finalmente, trato de responder a la pregunta: ¿A qué hemos de iniciar? Comencemos por la Evangelización, que es la vocación propia de la Iglesia (EN 14) y su fundamento. Hace mucho tiempo que Pablo VI afirmó algo que, por sabido, parece haber perdido fuerza y vigencia, como suele ocurrir con lo muy repetido: “La Iglesia tiene viva conciencia de que las palabras del Salvador —“Es preciso que anuncie también el Reino de Dios en otras ciudades” (Lc 4,43)— se aplican con toda verdad a ella misma; y, por su parte, añade de buen grado, siguiendo a Pablo: “porque, si evangelizo, no es para mí motivo de gloria, sino que se me impone como necesidad. ¡Ay de mí, si no evangelizara!” (1Cor 9,16). El primer mensaje implícito en ese texto es que necesitamos avivar la conciencia de la misión. Todo arranca de ahí. Si falta la conciencia de que nuestra misión es evangelizar, corremos el riesgo de malgastar energías y medios en cosas que pueden ser útiles, convenientes e incluso necesarias, pero que no son


esenciales. Necesitamos, en este de unir el anuncio de la identidad sentido, seguir el criterio de Jesús de Jesús al cumplimiento de su micuando recrimina a los escribas y sión, los hemos separado, dando a fariseos ocuparse de lo secundario la identidad un lugar central —el y olvidar lo fundamental: “Eso es lo anuncio de Jesús como hijo de Dios, que hay que observar —se refiere a la mesías y salvador— y relegando a justicia, la misericordia y la lealtad—, un segundo plano la misión —el sin descuidar lo otro —el diezmo anuncio del Reino de Dios—. de la menta, el anís y el comino—” (Mt 23,23). Creer a Jesús En tiempos de crisis como el que para creer en Jesús vivimos, no podemos malgastar Tal vez hoy, dadas las circunstancias, energías en cosas secundarias ni necesitemos recuperar el proceso podemos hacer un problema de genuino de la acción evangelizadora cuestiones periféricas. El Kerig- tal como se recoge en el Nuevo Tesma cristiano es la predicación de tamento: primero fue el anuncio del lo esencial con el objetivo de llevar Reino a los sencillos, a los humildes, a la fe. Sólo cuando la persona ha a los excluidos, acompañado con respondido, se puede llevar a cabo un signos de liberación del sufrimiento, proceso de profundización que inclu- y luego la propuesta sobre la identiya otros aspectos. dad de aquel que lo La conciencia de la anunció y lo encarmisión hoy día im- En segundo lugar, las nó en su vida. Creer plica la conciencia palabras de Pablo VI en Jesús empieza de lo esencial. por creer a Jesús. nos recuerdan que el En segundo lugar, Por consiguiente, la las palabras del Reino de Dios es el fe en él sólo llega si Papa nos recuerse despierta la fe dan que el Reino contenido del anuncio en su palabra, en de Dios es el consu anuncio. evangelizador. tenido del anunSi esto es así, necio evangelizador. cesitamos repensar Cuando los evangelios sinópticos los contenidos de nuestro anuncio y, quieren resumir en dos palabras el por consiguiente, reflexionar profuncontenido de la predicación y de la damente sobre el Reino de Dios como vida de Jesús, utilizan la fórmula: El contenido central de la Buena Noticia Reino de Dios. Así resume Mateo el que los sencillos, los humildes y los ministerio del Señor: “Jesús recorría pecadores supieron acoger, mientras toda la Galilea enseñando en las que la rechazaron los ilustrados, los sinagogas, proclamando la buena notables y los justos. noticia del Reino y curando entre el La evangelización es una necesipueblo toda clase de enfermedades dad interior. En el texto citado por y dolencias” (Mt 4,23; cf. 9,35, Mc el Papa, san Pablo utiliza el voca1,15; Lc 4,43; 8,1). blo ananke (necesidad) en lugar de Es cierto que, ya en la primera ge- opheile (deber). De este modo indica neración cristiana, el evangelizador de dónde procede el empuje evan—Jesús— pasó a ser el contenido de gelizador del apóstol de los gentiles: la evangelización, de tal forma que no de un precepto exterior, impuesto la cristología ocupó el centro de la como un deber, sino de un impulso acción evangelizadora. El problema interior que se vive como una netal vez sea que, en lugar de sumar, cesidad. No es el sentido del deber hemos restado, es decir: en lugar la fuente primera del entusiasmo

LOS PRIMEROS DISCÍPULOS Paseando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos: Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, que estaban echando la red en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: —Veníos detrás de mí y os haré pescadores de hombres. Ellos dejaron al instante las redes y lo siguieron. Más adelante vio a otros dos hermanos: Santiago, el de Zebedeo, y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo, reparando las redes. Los llamó también, y ellos, dejando al punto la barca y a su padre, lo siguieron. (Mateo 4,18-22) Nuevo Testamento, edición popular. La Casa de la Biblia Detalle de la pintura San Pedro y san Andrés pescando, Washington (Estados Unidos)

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QUEHACER E IDENTIDAD

Los evangelistas Lo dejaron todo por seguir a Jesús. Los cuatro evangelistas Jordaens, y representaciones de la iglesia de Gréixer 8

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en la evangelización, sino la necesidad interior de dar lo que se ha recibido. Con esa expresión, Pablo indica “la certeza de que el encargo incondicional recibido de Dios es lo que llena plenamente sus propios pensamientos y su acción” (A. STROBEL en Balz-Schneider, Diccionario exegético del Nuevo Testamento I. Salamanca , Sígueme, 1996). Si hacemos de la evangelización una mera cuestión de deber, el no cumplirlo nos hace irresponsables y pecadores. Con lo cual, no asumir la misión se reduce a un problema moral —que se resuelve con el arrepentimiento y la absolución— y una exigencia ética de los mejores o más selectos. Si, por el contrario, responde a una necesidad interior, entonces lo que está en juego es el sentido de nuestra existencia, de nuestra presencia en el mundo y nuestra salvación. Ésa es la acusación de Cristo a la Iglesia de Éfeso en Ap 2,1-7. Se le alaba por sus obras, su celo apostólico, su fatiga y su paciencia, su rectitud doctrinal... (v. 2-3), pero se le echa en cara que ha descendido de ese nivel óptimo de amor a Cristo que tenía al principio (v. 4). Y es tan importante mantener el amor primero que, si no se enmienda, tendrá que ser apartada de la comunión litúrgica (vendré a quitar el candelabro de su sitio: cf. v. 5). Éfeso es una Iglesia que, a pesar de su vigorosa dedicación (obras y fatigas) y de su fortaleza en el sufrimiento, no ha conservado el espíritu que da valor y sentido a todo. Es una Iglesia más orgullosa de sus propias realizaciones que agradecida a Dios por el don. Necesita, por tanto, cambiar, no tanto de conducta, cuanto de corazón. Si no lo hace, terminará abandonada a sí misma. Cuando la Iglesia pierde el Espíritu, se diluye como Iglesia, porque es el Espíritu el que le da consistencia y la conserva viva.

La importancia. Continúa el Papa el texto con unas palabras tomadas de la declaración de final del Sínodo de 1974: “Queremos confirmar, una vez más, que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia”. A estas palabras añade: “Una tarea y misión que los cambios amplios y profundos de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda”.

Misión esencial de la Iglesia

Veamos el contenido de estas afirmaciones. La tarea de la evangelización es la misión esencial de la Iglesia. Lo primero que se dice es que la evangelización es la tarea propia de la Iglesia, su quehacer, es decir: lo que tiene que hacer por encima de todo y antes que nada. Esto supone esfuerzo, trabajo, dedicación, superación de obstáculos, perseverancia... y, dado que es una tarea de toda la Iglesia —no asunto privado de individuos o grupos—, exige unidad. Como veíamos antes, en un momento en el que la acción pastoral se ha complicado con tantas actividades como llevamos a cabo, corremos el peligro de olvidar la tarea fundamental, al estar muy ocupados en hacer frente a tareas secundarias. Necesitamos llevar a cabo un discernimiento desde el Evangelio y revisar el uso que hacemos de nuestras energías y recursos humanos y materiales. También se dice en el texto citado que la evangelización es la misión esencial de la Iglesia. La misión significa el para qué, el objetivo, la meta. No es el punto de partida —que sería el porqué—, sino el punto de llegada. La matización es importante porque pone de relieve que lo que da sentido a la tarea se sitúa en el futuro más que en el pasado. El Reino

LA AUTÉNTICA RIQUEZA En cierta ocasión se acercó uno a Jesús y le preguntó: —Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para obtener la vida eterna? Jesús le contestó: —¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es bueno. Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Él le preguntó: —¿Cuáles? Jesús contestó: —No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre, ama a tu prójimo como a ti mismo. El joven le dijo: —Todo eso ya lo he cumplido. ¿Qué me falta aún? Jesús le dijo: —Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes y dáselo a los pobres; así tendrás un tesoro en los cielos. Luego ven y sígueme. Al oír esto, el joven se fue muy triste porque poseía muchos bienes. (Mateo 19,16 22) Nuevo Testamento, edición popular. La Casa de la Biblia

Detalle de la Biblia de san Luis, siglo xiii. Catedral Primada de Toledo

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QUEHACER E IDENTIDAD

Jesús entre los doctores, Veronés. Museo del Prado

Jesús y la samaritana, Veronés. San Lorenzo de El Escorial

está permanentemente construyéndose. Nunca está completo del todo. Este dinamismo explica que Jesús recurriera a las parábolas del crecimiento para explicar la naturaleza del Reino de Dios. Así, por ejemplo, la parábola de la mostaza explica la expansión del Reino (Mc 4,31-32). Lo importante no es la pequeñez de la semilla, sino la expansión de la misma cuando despliega toda su virtualidad. La misión de la Iglesia no es consolidar lo ya logrado. Eso vale para un edificio. Cuando se trata de un organismo vivo, como es un árbol, sólo se puede consolidar lo que crece. Si cesa el crecimiento, viene la muerte, el agostamiento. Esto significa que, en la obra de la 10

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Expulsión de los mercaderes del templo, Bassano. Museo del Prado

evangelización, no es tan importante lo que ya está hecho como lo que está por hacer. La tarea y la misión son urgentes debido a los cambios amplios y profundos de la sociedad actual. Esta referencia a la realidad muestra que, si bien es cierto que el entusiasmo de la misión se debe al Espíritu, no es menos cierto que la urgencia de la tarea se debe a la necesidad de los hombres.

El Papa habla de cambios amplios y profundos. Quiere decir que la sociedad de su tiempo era una sociedad que estaba experimentando cambios en extensión y en intensidad. Hoy, después de 28 años, ya metidos en el siglo, esta afirmación de Pablo VI se ha quedado corta porque habría que añadir que, además de amplios y profundos, son vertiginosos y simultáneos por la planetización de los sistemas de comunicación, la globalización de la economía, la unidad europea y el fenómeno de las migraciones. Si la evangelización era entonces un reto, ¿qué no será hoy? En este punto tenemos que reconocer que la sociedad ha cambiado sin que nosotros hayamos sabido


estar a la altura de las circunstan- Siempre transportando en el cuercias. Es verdad que no podemos po la muerte de Jesús para que se someternos a la tiranía de las modas, manifieste en nuestro cuerpo la vida pero tampoco podemos vivir bajo la de Jesús... Pero, como poseemos el tiranía de las formas, absolutizando mismo espíritu de fe del que está modos y maneras que, precisamente escrito “creí y por eso hablé”, tamporque son propios de un tiempo, bién nosotros creemos y por eso son impropios de otro. hablamos” (2Cor 4,7-13). La evangelización constituye la Las cosas pueden no ser fáciles, dicha, la vocación y la identidad de pero no tienen por qué ser tristes. la Iglesia. Tres son los vocablos que La evangelización es también la el Papa recoge en esta frase. vocación de la Iglesia. La evangelización es la dicha de La Iglesia ha sido llamada para la Iglesia. evangelizar. Es el para qué lo que Es inevitable pensar en las bien- da sentido a la renuncia tanto inaventuranzas (Mt 5,1-12). En ese dividual como colectiva que toda pasaje del sermón de la montaña, vocación implica. Jesús muestra unos caminos para Cuando Jesús llama, los pescala felicidad en abierto contraste con dores dejan la barca y las redes y lo que proponen la mentalidad de su se van con él para ser pescadores tiempo y del nuestro y la lógica de de hombres (Mt 4,18-22). Cuanlo humano. El Papa, do llama a Mateo, siguiendo la lógica éste deja el banco del Evangelio, dice Si la evangelización de los impuestos que evangelizar es nos ilusiona, nos es- (Mt 9,9). Cuando la fuente de la alellama al joven rico timula, nos enardece, y le pide que renungría de la Iglesia. Es un buen critea todo, lo que nos alegra…, entonces cie rio para saber si tehace es mostrarle nemos o no un buen es que nos mueve el la necesidad de la espíritu. Si nos ilulibertad completa Espíritu de Jesús. siona, nos estimula, para dedicarse al nos enardece, nos Reino (Mt 19,16-22). alegra..., entonces es que nos mueve En ningún caso Jesús se presenta el Espíritu de Jesús. Si, por el con- como uno de los filósofos estoicos trario, la tarea evangelizadora es de aquel tiempo, para los cuales la para nosotros una carga difícil de renuncia era una forma de superar soportar, que llevamos sin alegría, el deseo (una de las cuatro pasiones angustiados, entre lamentaciones y fundamentales, junto con el placer, quejas, con pesimismo..., entonces la tristeza y el miedo) y cuya preoes que hemos perdido el Espíritu. cupación fundamental era la virtud Pablo, una vez más, nos ilumina (areté) y la excelencia personal. con su experiencia. Hablando de su Un discípulo de Cristo no busca ministerio dice: “Llevamos ese tesoro la renuncia por la renuncia —lo que en vasijas de barro, para que se vea repercutiría en su propia gloria y le que su fuerza superior procede de haría aparecer ante los demás como Dios y no de nosotros. Por todas un ser excepcional y de una gran partes nos aprietan, pero no nos virtud—. Las parábolas del tesoro ahogan; estamos apurados, pero no y la perla (Mt 13,44-46) aclaran el desesperados; somos perseguidos, sentido de la renuncia que conlleva pero no (estamos) desamparados, responder a la llamada: todo lo que derribados, pero no aniquilados. no es eso carece de valor.

Finalmente, el Papa, añade que la evangelización es el elemento que define la identidad más profunda de la Iglesia. Si la Iglesia no evangeliza, no sólo pierde su sentido en la historia y entre los hombres —con el riesgo de convertirse en una de esas instituciones que se resisten a morir cuando quedan superadas por el tiempo—, sino que además pierde su identidad, su ser. Es decir: deja de ser la Iglesia para ser otra cosa. A veces, para acallar nuestros miedos, recurrimos a la promesa del Señor —“Yo estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo” (Mt 28,20b)—. Pero se nos olvida que esa promesa la hace después de encargar la misión —“Id a hacer discípulos entre todos los pueblos, bautizadlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñadles a cumplir todo cuanto os he mandado” (Mt 28,19-20a)—. El Señor ha prometido su asistencia a la Iglesia para que ésta cumpla su misión; pero, si deja de llevarla a cabo, pierde su identidad —deja de ser la Iglesia de Jesús— y la promesa queda inutilizada. El contenido de la tarea. Termina el Papa el número que estamos comentando definiendo evangelizar. “Ella (la Iglesia) existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la Santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa.” Según sus palabras, son cuatro los servicios —los ministerios— que la Iglesia presta cuando evangeliza: El servicio de la palabra —predicar y enseñar—. El servicio de la salvación —ser canal de gracia—. El servicio de la reconciliación—reconciliar a los pecadores con Dios—. Y el servicio eucarístico —perpetuar el sacrificio de Cristo—. IMÁGENES DE LA FE / ENERO 2011

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CONTEXTO ACTUAL

Época de cambios amplios y profundos: un reto a la fe El pluralismo religioso, las nuevas tecnologías o las espiritualidades laicas son algunos de los fenómenos característicos de esta época que inciden en la tarea evangelizadora de la Iglesia.

P

ablo VI, en el texto citado en el primer capítulo, hablaba de cambios amplios y profundos. No es ahora el momento de abundar en esto, pero, evidentemente, los cambios a que se refería el Papa no son los que estamos observando hoy. No obstante, sí se puede decir que estamos ante el mismo reto, porque es un reto que la historia plantea de modo permanente a la fe. Son varios los fenómenos sociales que inciden directamente en la vida religiosa y que condicionan la tarea evangelizadora de la Iglesia. La inmigración: el pluralismo religioso. El primero de ellos es la inmigración. El proceso que ha llevado a la unidad de Europa en muchas áreas de la vida social ha facilitado un desarrollo económico que la ha convertido en El Dorado para los pueblos del Sur, sobre todo

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IMÁGENES DE LA FE / ENERO 2011

de África y Latinoamérica. Todos conocemos el problema de la inmigración ilegal con la pérdida de vidas humanas que está suponiendo y el desarraigo de muchas de esas personas que, con frecuencia, tienen que recurrir a la delincuencia para poder sobrevivir en una sociedad opulenta. No entramos a hacer una valoración del hecho, sino que nos limitamos a constatarlo. Una de las consecuencias de esta circunstancia es el pluralismo cultural y religioso que está apareciendo en nuestra sociedad, hasta ahora monocolor. La no integración cultural de muchos de los colectivos que vienen puede generar —como de hecho ya ha ocurrido— guetos y xenofobia. La lógica nos dice que el visitante es el que ha de integrarse en la sociedad a la que viene porque la cultura es


parte de lo que busca. Pero hemos mayoría, de religión islámica; estos de comprender el choque que para problemas se ven agravados por la muchos de ellos supone, y la dificul- militancia de las corrientes fundatad de un cambio de mentalidad que mentalistas del islam, fuertemente hace lento el proceso de integración. politizadas y apoyadas por países Evidentemente, hay que valorar el poderosos en recursos naturales. hecho de la inmigración, ya que el Las relaciones con el islam y las encuentro de culturas siempre ha consecuencias que este hecho tendrá sido un factor de desarrollo. Pero a largo plazo requerirían un análisis éste es un problema social más muy amplio y profundo, que no es que religioso, y es la sociedad la el momento de hacer. Una buena que ha de planteárselo. A nosotros aproximación al tema la encontramos nos afecta en tanto en cuanto somos en el documento publicado por la miembros de esta Comisión Episcopal sociedad. Relaciones InterLas relaciones con de Sí nos afecta confesionales Catódirectamente el el islam y las con- licos y musulmanes pluralismo reliencuentro (Masecuencias que este al gioso. Éste plantea drid, Edice, 2000), problemas princi- hecho tendrá a largo que es una adaptapalmente con los ción para España de inmigrantes africa- plazo, requerirían un documento de la nos, que son, en su un análisis profundo. Conferencia Episco-

pal Francesa. En dicho documento se estudian 20 temas, todos ellos de un modo muy sintético y con el mismo esquema: constatación de la realidad, interrogantes suscitados, convicciones extraídas del Evangelio y orientaciones o pistas de trabajo.

Incidencias en la vida de la Iglesia

La situación geográfica de nuestro país, sobre todo de la zona sur, hacen de él un lugar de recepción de inmigrantes, y el colectivo de musulmanes es notable entre nosotros. Habida cuenta de que la ignorancia genera en unos casos miedo —y, por tanto, rechazo— y en otros, indefensión en las personas, creo que deberíamos estudiar más detenidamente la incidencia que la presencia del islam va a tener en los miembros de nuestra Iglesia en el futuro próximo. IMÁGENES DE LA FE / ENERO 2011

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CONTEXTO ACTUAL

Iglesia de futuro La cada vez mayor presencia de inmigrantes en el país lleva aparejado un pluralismo religioso que afectará a la vida de la Iglesia y marcará su futuro

De todas formas, hay que asumir que la aparición de lo diferente nos exige insistir en los elementos de identidad que siempre han de arrancar de lo esencial. Esto significa que la evangelización ha de ir cada día más a los elementos nucleares de la fe para que nuestros creyentes no caigan en el relativismo religioso y moral o en el sincretismo. Las nuevas tecnologías. Otro fenómeno que está incidiendo poderosamente en la vida privada y colectiva es la eclosión de las nuevas tecnologías. Es imposible entrar a fondo en las consecuencias que la cultura digital está teniendo en la mentalidad, en la vida y en la configuración del nuevo hombre que está surgiendo. A título de ejemplo: la ciencia distingue hoy día entre las funciones del hemisferio derecho del cerebro —más intuitivo y emocional— y las del izquierdo —más lógico y racional—. 14

IMÁGENES DE LA FE / ENERO 2011

La cultura del discurso y del texto Analizando el fenómeno de la culescrito sobreutiliza el izquierdo sobre tura digital y su incidencia en la fe, el derecho; mientras que la cultura Fabio Pasqualetti, de la Universidad digital potencia más el derecho por Pontificia Salesiana de Roma, en las el uso de la imagen. Eso significa Jornadas de Asociación Española de la aparición de un Catequetas (AECA) hombre en el que de 2001, habla de la emoción y los Lo que a nosotros nos los desplazamientos sentimientos van parece evidente y con- que se están obsera estar más prevando en el orden sentes, y menos, el vincente deja indife- religioso como conmundo de las ideas de esto. rente a un adolescente secuencia y del pensamiento. Dice él que estamos Nuestra catequesis ocupado en chatear pasando de una reestá montada sobre ligión institucional a con desconocidos. el discurso dirigido una espiritualidad a la razón. El propersonal, de una blema es que, en el orden existencial, pertenencia a la Iglesia por tradición las nuevas generaciones tienen muy a una pertenencia significativa para presente el lenguaje del corazón. Lo la persona, de la aceptación de una que a nosotros nos parece evidente verdad objetiva a la adhesión a una y, por tanto, convincente, deja indife- verdad subjetiva... rente a un adolescente ocupado en Al final de su ponencia señala alchatear con un desconocido. gunos retos que hoy se plantean


a la catequesis desde esta nueva realidad. Él indica cinco: Una transformación del lenguaje consistente en el uso preferente del verbo sobre el sustantivo, pues la cultura digital es una cultura de acción, de participación, de interacción. Una mayor valoración de los procesos por encima de las estructuras. Involucrar, por ejemplo, a las personas en la elaboración de un proyecto pastoral es condición previa para recabar su colaboración. El paso de los lugares de encuentro al encuentro de las personas. La cultura digital es una cultura de encuentro. La nuevas tecnologías han desterritorializado la actividad. Una persona puede hacer la compra desde su casa sin desplazarse al comercio, y acceder a una inmensa biblioteca sin salir de su domicilio. No es necesario el encuentro en un lugar para que se dé el encuentro entre las personas. La facilidad para acceder a la información hace que sea más importante disponer de la misma que la autoridad de la que emana. La autoridad moral cede protagonismo a la difusión de la información. Finalmente, se está observando cómo se evoluciona de una cultura que da mucha importancia a la instrucción a una cultura en la que lo importante es el diálogo y la comunicación. No es el momento de profundizar en esto. Sólo baste decir que está apareciendo un nuevo lenguaje —en sentido amplio, es decir, una nueva forma de entender, expresar y relacionarse con la realidad—, y que la evangelización no lo puede ignorar so pena de hacerse ininteligible. Las espiritualidades laicas. Otro fenómeno que está incidiendo directamente en la vida religiosa de cada vez más gente es el desarrollo de las nuevas espiritualidades de signo laico. Es un hecho que va en aumento el número de personas que busca

en la psicoterapia de grupo, en las escuelas de inspiración oriental y en la psicología transpersonal llenar el vacío espiritual que sufren, debido tal vez al modo de vida occidental centrado en la posesión de bienes materiales, en la búsqueda del éxito y en la propuesta hedonista como único modo posible de felicidad. Y no hay que pensar que estas corrientes se nutren de gente ignorante y fácilmente manipulable. Muchos de ellos son personas de práctica religiosa asidua, incluso militantes o que han militado en grupos religiosos, de un cierto nivel cultural y de clase media-alta. No olvidemos que la asistencia a los cursos y retiros de esta naturaleza es cara. Un estudio muy completo de estas nuevas espiritualidades lo podemos encontrar en J. L. SÁNCHEZ NOGALES, La nostalgia de lo eterno (Madrid, CCS, 1997).

“Nueva Era”: fenómeno tentacular

Resulta muy difícil definir la nueva espiritualidad propuesta por lo que se ha venido en llamar Nueva Era. Sánchez Nogales dice que es “un fenómeno tentacular de difícil definición, difuso, multiforme, de perfiles indefinidos y de contenido magmático, caracterizado por la fluidez” (o. c. pág. 324). Y Raúl Berzosa lo considera el mayor reto que tiene el cristianismo en la hora presente: “Me atrevería a definirla como verdadera bomba de relojería en lo más profundo del cristianismo. Porque no se trata de una religión más, ni de un nuevo movimiento o una nueva secta. Es toda una completa “gnosis”, una visión integral de la realidad capaz de dar sentido a todo y a todos los aspectos de la vida. Y lo que es más grave: no se enfrenta con el cristianismo, sino que se mete dentro de él para —utilizando incluso su mismo lenguaje, espiritualidad y liturgia— dar un sentido completamente diferente a

LA VERDADERA FE NUNCA ES EXCLUYENTE “La Iglesia católica, y en la medida que sea posible otras Iglesias, ha de afrontar esta realidad con espíritu abierto, dialogante, capaz de generar entendimiento y disipar miedos y recelos. Todos hemos de ser hermanos y además mostrarnos como tales acogiendo a todos sin excluir a nadie por motivos religiosos. La verdadera fe nunca es excluyente. Nuestra sociedad española es plural y, en consecuencia, ha de ofrecer cauces de integración y de tolerancia; pero también espera de los emigrantes musulmanes capacidad para abrirse a esta sociedad que les recibe, como también respeto social y religioso hacia quienes no comparten sus creencias. Solamente así se logrará la convivencia en paz y armonía. Por su parte, la Iglesia católica requiere una preparación en los fieles católicos, de tal forma que se reconozcan mutuamente los derechos humanos y particularmente el derecho al trabajo, a una vida digna y a la libertad religiosa”. Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales. Católicos y musulmanes al encuentro IMÁGENES DE LA FE / ENERO 2011

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CONTEXTO ACTUAL

¿QUÉ ES EL CRISTIANISMO? “El cristianismo no es fundamentalmente una doctrina que debe ser creída, un libro sagrado que ha de ser fielmente interpretado o una liturgia a celebrar con regularidad, sino una experiencia de fe que ha de ser vivida, ofrecida y comunicada a otros como Buena Noticia. Por eso, evangelizar no significa, en primer lugar, transmitir una doctrina, exigir una ética o promover una práctica religiosa, sino evocar y comunicar la experiencia original del encuentro con el hijo de Dios vivo, encarnado en Jesús para nuestra salvación”. Así se expresaba José A. Pagola en la ponencia Experiencia de Dios y Evangelización (Congreso Internacional Teresiano-Sanjuanista de Ávila, 1966). Su tesis es que la ausencia de comunión viva con Cristo da lugar a una pastoral sin interioridad, favorece la mediocridad espiritual y acentúa el riesgo de pervertir la acción pastoral convirtiendo a los pastores en profesionales de la vida religiosa.

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todo” (R. BERZOSA, Evangelizar en una moral—, pero hemos desconfiado nueva cultura. Respuestas a los retos bastante de lo segundo —la expede hoy. Madrid, San Pablo, 1998, 77). riencia religiosa o, si se prefiere, Los elementos que configuran es- la mística—, descalificándolo, un tas nuevas corrientes son múltiples, poco a la ligera, como sensiblería y ya que todas ellas son sincretistas. sentimentalismo. Hemos confundido Pero hay algunos específicos que sensiblería y sentimentalismo con tienen que hacernos recapacitar sentimiento, y hemos descalificado a la hora de llevar a cabo nuestra lo uno con lo otro. tarea de evangelizadores. El problema es que los principios Los nuevos movimientos espiritua- —las creencias y, por tanto, los conles funcionan desde una antropolo- tenidos de la fe— sólo configuran la gía diferente de la que podríamos conducta si son interiorizados, es considerar tradicional. Ésta define al decir, vivenciados. Al olvidar este hombre a partir de categorías aris- eslabón, sin pretenderlo hemos fatotélicas— como un ser compuesto cilitado lo que tanto deploramos: el de alma y cuerpo— y cartesianas divorcio entre la fe —las creencias— —como ser racional—. y la vida —la moral—. Los estudios Hoy se prefiere hablar del hombre sociológicos confirman esto. como un ser único Estas nuevas esy distinguir en él lo piritualidades laicorporal, lo mental El problema es que los cas potencian casi y lo emocional, todo el principios –las creen- exclusivamente ello unificado por aspecto de la exel espíritu. Es el cias y los contenidos periencia, de la viconcepto que está vencia. No exigen la de la fe– sólo configu- incorporación a una detrás de las psicologías humanistas ran la conducta si son Iglesia —no son ney transpersonales. cesarias las mediainteriorizados. A partir de esto, se ciones para unirse distingue en el ser a la divinidad—, ni humano: imponen un sistema La dimensión intelectual: el mundo de pensamiento —pues la mente ha de las ideas, del pensamiento, de los de estar abierta a cualquier verdad principios, que configuran la propia que se le manifieste—; en cuanto a la visión de la realidad. moral y al compromiso, es un asunto La dimensión emocional: el mundo individual, perteneciente a la esfede las vivencias, de los sentimientos y ra privada; y la transformación del de las experiencias, que son el modo mundo, sencillamente no interesa. como afecta al individuo esa realidad. Si nosotros hemos olvidado el seLa dimensión comportamental: el gundo eslabón, las espiritualidades mundo de la conducta, de la ética y laicas ignoran el primero y el tercero. de la moral, que es la manera de Karl Rahner ya dijo hace años que situarse el individuo en la realidad. el cristiano del siglo XXI o es un mísPensar, sentir y hacer son los tres tico o no es nadie. Yo entiendo que verbos claves. pretendía afirmar la necesidad de Evidentemente, el concepto de recuperar la vivencia religiosa, que hombre condiciona el modo de en- no es recrear la religión del sentitender la educación religiosa. Noso- miento, sino integrar el sentimiento tros hemos centrado la atención en en la religión. lo primero —en la ortodoxia doctriEl año 1996, en el Congreso Innal— y en lo último —la ortodoxia ternacional Teresiano-Sanjuanista


de Ávila, José A. Pagola, en una magnífica ponencia titulada Experiencia de Dios y Evangelización, tras analizar la situación de una sociedad necesitada de la experiencia de Dios, hacía esta reflexión: “Lo mismo que en los tiempos de Jesús, no faltan tampoco hoy escribas, doctores y jerarcas; pero ¿hay pastores capaces de acercar al hombre de hoy a la experiencia salvadora del Dios vivo en Cristo? Ciertamente nuestro trabajo pastoral ofrece doctrina religiosa, dicta orientaciones morales, organiza celebraciones litúrgicas, pero ¿comunica esa experiencia nueva y buena de Dios salvador, que tanto necesita el hombre de hoy?”.

El evangelizador, un guía espiritual

La evangelización no puede reducirse hoy a una explicación del catecismo. El evangelizador tiene que ser hoy un guía espiritual en el sentido de que ha de iniciar a los que son evangelizados en la experiencia de Dios. Necesitamos integrar esta nueva sensibilidad en nuestra acción evangelizadora. Pero no sólo se alzan voces desde el campo religioso reclamando una vuelta a la espiritualidad y a la experiencia religiosa. También tenemos ejemplos elocuentes en el mundo laico. Basten, por ejemplo, estos dos testimonios. “Una auténtica educación espiritual no debería quedarse en el terreno teórico, antes bien las enseñanzas espirituales ofrecen un contexto adecuado para la práctica... (Debería incluir) una introducción a la meditación y otras prácticas semejantes de manera que el individuo se encontrara dotado de las herramientas básicas necesarias para su propio progreso espiritual en la vida cotidiana”. Quien habla así no es un teólogo ni un profesor de espiritualidad, sino el psiquiatra chileno Claudio Naranjo en su obra

La agonía del patriarcado. (Barcelona, ed. Kairós, 1993, pág.103). “El reconocimiento, el examen de conciencia, la meditación, la plegaria, la contemplación y, en resumen, todos los elementos esenciales de transformación interior, no constituyen tan sólo la preparación indispensable para la acción externa, sino que son sus continuos y necesarios inspiradores y animadores, su perenne alimento.” Esta cita es de Roberto Assagioli, otro psiquiatra, el creador del sistema terapéutico Psicosíntesis (Ser transpersonal. Madrid, Gaia, 1996, pág. 274). Tal vez haya llegado el momento de que, además de los psiquiatras, los evangelizadores hablemos de estas cosas y leamos a Teresa, a Juan de la Cruz y a tantos otros que configuran la corriente mística de la Iglesia. Recientemente, los Consejos Pontificios para la Cultura y para el Diálogo Interreligioso han hecho pública una atinada reflexión sobre la Nueva Era —Jesucristo, portador del agua de la vida—, en cuyo prefacio invitan a tener en cuenta la sed espiritual de muchas personas en nuestro tiempo, que la espiritualidad de la Nueva Era trata de colmar. De este modo, el documento reconoce “que

Un hombre más emocional La cultura digital ha provocado cambios en la mentalidad: priman los sentimientos a las ideas

el atractivo que ejerce la religiosidad de la Nueva Era sobre algunos cristianos puede deberse en parte a una falta de atención seria por parte de las propias comunidades cristianas respecto a temas que, en realidad, son elementos integrantes de la síntesis católica. Tales son, por ejemplo, la importancia de la dimensión espiritual del hombre integrada en el conjunto de su existencia, la búsqueda del sentido de la vida, la vinculación entre los seres humanos y el resto de la creación, el deseo de una transformación personal y social, y el rechazo de una visión racionalista y materialista de la humanidad”. IMÁGENES DE LA FE / ENERO 2011

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Proclamación del Reino de Dios. ¿Cómo transmitir la fe en este tiempo? Si asistimos a un momento de increencia, es que algo no se está haciendo bien. Junto al análisis de la realidad es preciso establecer unas pautas de acción a la hora de plantearse la evangelización.

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A

la hora de mirar hacia la tarea y de hacer propuestas concretas, creo conveniente partir de dos supuestos. El primero es que la misión de evangelizar la encomienda Jesús a la Iglesia como tarea fundamental y prioritaria. Es, por consiguiente, su responsabilidad. Si hoy asistimos a un aumento de la increencia, es que algo no estamos haciendo bien. Que el mundo se haya puesto de espaldas a Dios puede ser verdad, pero recurrir a esto para explicar lo que está pasando es una justificación de nuestra torpeza e inoperancia. El mundo puede cerrarse a la luz, pero la luz no puede dejar de iluminar al mundo. Finalmente, el análisis de la realidad es necesario para saber con qué nos enfrentamos, pero es insuficiente. Por eso, tal vez un poco osadamente, me atrevo a

apuntar algunas pautas de acción que considero necesarias a la hora de plantearnos cómo ha de ser la transmisión de la fe hoy. La evangelización debe llevarse a cabo acompañando la palabra con signos de liberación. Esta pauta de acción ha de estar siempre presente porque tiene su origen en el mismo Cristo, “poderoso en obras y en palabras ante Dios y ante todo el pueblo” (Lc 24,19). Pablo VI, en la EN, destacó este, doble aspecto del anuncio evangélico: “Cristo llevó a cabo esta proclamación del Reino de Dios mediante la predicación infatigable de una palabra, de la que se dirá que no admite parangón con ninguna otra (Mc 1,27)... Sus palabras desvelan el secreto de Dios, su designio y su promesa y, por eso, cambian el

corazón del hombre y su destino. Pero Él realiza también esta proclamación de la salvación por medio de innumerables signos que provocan estupor en las muchedumbres y que, al mismo tiempo, las arrastran hacia Él para verlo, escucharlo y dejarse transformar por Él” (EN 11-12). La fuerza de la Palabra. La palabra de Cristo tenía para el pueblo una fuerza extraordinaria y especial (Lc 4,36; Mt 8,16) que no dejaba indiferente a quien la escuchaba (Mc 10,22.24; Mt 15,12). Eso sólo fue posible porque era una palabra cargada de contenido (verdadera) e iluminadora de la existencia (vital). Él era el Verbo hecho carne (Jn 1,14) y su palabra era palabra de Dios en forma humana. Si queremos que nuestra palabra encarne el anuncio del Evangelio, IMÁGENES DE LA FE / ENERO 2011

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Palabra que conmueva el corazón de todos Hay que pensar qué tenemos que anunciar y cómo para llegar a los hombres y mujeres contemporáneos

ha de ser, como la de Cristo, veraz y vital. Es imposible que la palabra conmueva el corazón de los hombres y mujeres de nuestro tiempo si está desencarnada —desconectada de la existencia—, es pura especulación sobre misterios difíciles de resolver —desconectada de los interrogantes que preocupan al hombre de hoy— y vacía —desconectada del mensaje evangélico—. Necesitamos pensar qué tenemos que anunciar y cómo hemos de anunciarlo. Y no debemos olvidar que, a pesar de tanto verbalismo y tantos discursos vacíos, conserva pleno valor la ley enunciada por Pablo: “La fe viene de la audición, y la audición, por la palabra de Cristo” (Rm 10,14,17). Ya Pablo VI constató que el hombre moderno, hastiado de discursos, se muestra con frecuencia cansado de escuchar y, lo que es peor, inmunizado contra las palabras. Pero esto no debe disminuir el valor permanente de la palabra ni hacer perder la confianza en ella (cf. EN 42). Aunque utilicemos otros lenguajes —como es el de la imagen—, no podemos perder la palabra. Sólo tenemos que revitalizarla. La fuerza del signo. En el ministerio evangelizador de Jesús, el signo es el 20

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complemento natural de la palabra. Esto lo tenían tan claro los primeros testigos que los sinópticos, a la hora de hacer un resumen de la actividad de Jesús, se limitan a integrar estos dos aspectos: “Jesús recorría toda la Galilea enseñando en las sinagogas, proclamando la buena noticia del Reino y curando entre el pueblo toda clase de enfermedades y dolencias” (Mt 4,23; cf. 9,35).

La llegada del Reino de Dios

Decíamos al principio que, en el momento actual, tenemos que remitirnos a Jesús, como primer evangelizador. Pues bien, como bien dice José María Castillo, en los sinópticos, “el Reino de Dios llega a los seres humanos, ante todo, como liberación del sufrimiento, de la indignidad y de la muerte... esto es precisamente lo que se pone de manifiesto en las curaciones de los enfermos, en las expulsiones de demonios y en el mensaje de las bienaventuranzas.

En este sentido, se puede decir que los evangelios establecen una relación fundamental entre el Reino y la vida” (El Reino de Dios, Bilbao, DDB, 1999, pág. 65). El reto que hoy se nos plantea, en la tarea de la transmisión de la fe, es comprometernos con signos que hagan creíble la palabra que anunciamos, signos que siempre han de ser expresión de la misericordia. Haciendo referencia a las palabras de Isaías con las que Cristo se presentó ante sus conciudadanos (Lc 4,18-19), Juan Pablo II, en la Dives in misericordia 3, dice: “Mediante tales hechos y palabras, Cristo hace presente al Padre entre los hombres. Es altamente significativo que estos hombres sean, en primer lugar, los pobres —carentes de medios de subsistencia—, los privados de libertad, los ciegos que no ven la belleza de la creación, los que viven en aflicción de corazón o sufren a causa de la injusticia social y, finalmente, los pecadores. Con relación a éstos especialmente, Cristo se convierte sobre todo en signo legible de Dios que es amor, se hace signo del Padre. En tal signo visible, al igual que los hombres de aquel entonces, también los hombres de nuestro tiempo pueden


ver al Padre”. Sólo si practicamos la zador, que haga que el misterio de misericordia, seremos signo de la Cristo sea verdadera buena notimisericordia de Cristo y, a través de cia para los hombres y mujeres de él, los hombres llegarán a conocer nuestro tiempo. Preguntémonos qué la misericordia de Dios. significa anunciar el Reino de Dios y Es necesario buscar el fundamen- anunciémoslo a los hombres y muto, apuntar a lo esencial. Ante la cri- jeres de hoy con el lenguaje de hoy. sis que estamos viviendo, corremos Añade el Papa: “Como núcleo y el riesgo de perdernos en ensayos centro de su Buena Noticia, Jesús y aventuras de dudoso resultado o anunció la salvación, ese gran don adoptar posturas involucionistas, de Dios que es liberación de todo lo tratando recuperar las formas de que oprime al hombre, pero que es evangelización de nuestro pasado sobre todo, liberación del pecado y reciente. del maligno, dentro de la alegría del En estos momentos, creo que ni conocimiento de Dios y de ser conosiquiera es suficiente mirar a la cido por Él, de verlo, de entregarse primera generación cristiana para a Él” (EN 9). ver cómo lo hicieron los apóstoles El contenido, por tanto, del anuncio y Pablo, porque ellos se limitaron a es la salvación, es decir, la liberación afrontar, en su mundo, en su tiempo de todo lo que oprime al hombre. La y con sus medios, el pregunta que tenereto al que nosotros mos que hacernos nos enfrentamos en La pregunta que te- como pastores es otro mundo, en otro nemos que hacernos si nuestro anuncio tiempo y con otros es realmente un como pastores es si medios. Debemos anuncio liberador recuperar su espí- nuestro anuncio es o, por el contrario, ritu —el celo aposvamos a tener que tólico—, pero sería realmente un anuncio escuchar dirigida un error restaurar liberador. a nosotros la acusus métodos. sación de Jesús Debemos ir más contra los fariseos: allá: al mismo Jesucristo. Fue lo “Lían fardos pesados y se los cargan que hizo Pablo VI en la Evangelii a la gente en la espalda, mientras nuntiandi. El primer capítulo de la que ellos se niegan a moverlos con exhortación apostólica arranca del el dedo” (Mt 23,5). testimonio y de la misión de Cristo, No se trata de ignorar la dimenprimer evangelizador. Se pregunta el sión moral de la fe, ni tampoco la Papa: “¿Qué significado ha tenido la transformación de la existencia que palabra evangelizar para Cristo?”. Y necesariamente ha de seguirse, pues responde: “Cristo, en cuanto evange- el mismo Jesús, en su contacto con lizador, anuncia ante todo un reino: los pecadores, pide el cambio cuando el reino de Dios; tan importante que, dice “vete y no peques más” (Jn 8,11). en relación a él, todo se convierte en Pero se nos olvida que, en otras “lo demás”, que es dado por añadi- muchas ocasiones, falta la invitación dura (Mt 6,33). Por tanto, solamente al cambio. Así, cuando perdona a la el Reino es absoluto y todo el resto pecadora se limita a decirle “Tu fe es relativo” (EN 8). te ha salvado. Vete en paz”(Lc 7,50); Tenemos muy claro el discurso el cambio de Zaqueo no responde teológico y el moral —para eso está a una llamada a la conversión, sino el Catecismo de la Iglesia católica—. que es consecuencia de la autoinPero nos falta el discurso evangeli- vitación que Jesús se hace y con la

VIVIR CON JESUCRISTO PARA VIVIR EN ÉL “El encuentro con Jesucristo por la fe no es sólo un conocimiento intelectual ni la mera asimilación de una doctrina o un sistema de valores. Lo que impacta y transforma a la persona es vivir con él, que dará paso a vivir como él, para vivir en él. Somos conscientes de que para llegar a la madurez cristiana de las personas y de los grupos es necesario que la vida se centre y se sustente en Jesucristo, tal como Él mismo nos lo dejó dicho: «Sin Mi no podéis hacer nada» (Jn 15,5); y que se cultive la intimidad personal con Él, como lo han hecho siempre los santos (cf. Gal 2,2). La oración es el cimiento para una formación cristiana más completa y para la respuesta generosa incluso a la vocación sacerdotal o a la vida consagrada, si Dios llama por ese camino. «Nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser auténticas escuelas de oración» (NMI 33). »Hace falta que la educación en la oración se convierta de alguna manera en un punto determinante de toda programación pastoral» (NMI 34). Nos han precedido grandes testigos en nuestra tradición mística española y en ellos seguiremos encontrando manantiales hondos de espiritualidad.” Plan Pastoral de CEE para el 2002-2005, n 16 IMÁGENES DE LA FE / ENERO 2011

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cual expresa que acoge a quien es rechazado como un pecador público (Lc 19,1-10). Es, por tanto, más un problema de método que de contenidos. El anuncio de la buena noticia no es un previo para la presentación de las exigencias morales y religiosas, sino que éstas son una consecuencia del anuncio. El anuncio del reino, como decía Pablo VI, es el absoluto. El resto es “lo demás”, que llega como añadidura. El anuncio del Evangelio ha de posibilitar el encuentro con Cristo. Anunciar el Reino es anunciar lo

la inteligencia. Pero no es suficiente. Porque evangelizar no es enseñar teología —aunque la transmisión de la fe implica una teología—, sino posibilitar el encuentro con Cristo. Juan Pablo II dice en la Catechesi Tradendae: “El fin definitivo de la catequesis es poner a uno no sólo en contacto, sino en comunión, en intimidad con Jesucristo: sólo Él puede conducirnos al amor del Padre en el Espíritu y hacernos partícipes de la vida de la Santísima Trinidad” (CT 5). No es necesario ir tan atrás. Tenemos declaraciones más recientes, como en el Plan Pastoral de la Con-

que Jesús anunció —su mensaje: la buena noticia, su doctrina—; pero sobre todo es anunciarle a él —es decir: su identidad y su misión—. No es tanto difundir la doctrina del Maestro cuanto presentar al Maestro de la doctrina. El anuncio del mensaje pide evidentemente compartir unas ideas; es “la adhesión a las verdades que en su misericordia el Señor ha revelado” (EN 23). Es la dimensión noética de la fe que se dirige a uno de los elementos o facultades del ser humano:

ferencia Episcopal Española (CEE) para el período comprendido entre los años 2002-2005.

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Jesús: camino y vida

En definitiva, se trata de leer íntegramente las palabras de Jesús cuando dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6). No sólo es camino —como metáfora de la conducta moral—, no sólo verdad —que ilumina la inteligencia—, sino además, y sobre todo, vida que es

la meta porque Él ha venido para eso (Jn 10,10). Hay que buscar el equilibrio integrando la dimensión personal y comunitaria de la fe. Uno de los rasgos del narcisismo y de las espiritualidades laicas es el individualismo y el subjetivismo que ello implica. La fe cristiana, sin embargo, es esencialmente comunitaria, hasta el punto de que, desde muy pronto —desde la redacción de los evangelios— se llama al conjunto de los creyentes Iglesia (cf. Mt 16,18). Dice Pablo VI que el anuncio no adquiere toda su dimensión hasta que hace nacer en quien lo escucha una adhesión de corazón. Y añade: “Tal adhesión, que no puede quedarse en algo abstracto y desencarnado, se revela concretamente por medio de una entrada visible en una comunidad de fieles... que es en sí misma signo de transformación, signo de novedad de vida: la Iglesia, sacramento visible de salvación” (EN 23). No podemos, por consiguiente, ni olvidar ni, mucho menos, renunciar a la dimensión comunitaria de la fe. Pero tenemos que equilibrar la balanza integrando —es decir, dando mayor relieve del que tiene— la dimensión personal de la fe. Para eso tenemos que entender qué necesidad está satisfaciendo —aunque sea de modo imperfecto y hasta erróneo— el individualismo y el subjetivismo de nuestra época. Personalmente creo que es una reacción lógica ante el exceso de colectivismo y de masificación que estamos viviendo y que cada día es más intenso debido al fenómeno de la globalización en todos los campos de la vida. Si no lo hacemos, por confundir individualismo con personalización, no estaremos respondiendo a uno de los elementos que configura la personalidad del hombre de este siglo XXI, que es el destinatario de la Buena Noticia en este tiempo.


UNA INICIACIÓN INTEGRAL En la transmisión de la fe, hay que recuperar el carácter de crecimiento e iniciación integral. Los Obispos lo recogen en el Plan Pastoral: “Hay que recomenzar la misión por el principio y por lo más elemental y afrontar una evangelización, con especial atención a la iniciación cristiana... que retome el kerigma primitivo”. La iniciación ha de ser integral, es decir, ha de tener en cuenta todas las dimensiones de la persona como individuo y como ser social. Dimensión individual de la iniciación. Implica tres acciones: Ofrecer —no imponer— un mensaje convincente, cosa que sólo es posible si viene avalado por la experiencia del evangelizador. “La propuesta cristiana es propuesta del Evangelio, de una buena noticia experimentada y vivida como tal por quien la hace, que está además seguro de que lo será también para aquel a quien se la dirige” (J. Martín Velasco, La transmisión de la fe en la sociedad contemporánea. Santander, Sal Terrae, 2002. pág. 109). Poner a la persona en vías de vivir la experiencia de Dios, de llegar al encuentro con Cristo. Es el momento en el que la noticia que salva pasa a ser buena noticia que me salva. Así lo dice 1Juan:“Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y han palpado nuestras manos —la Palabra de la Vida—... os lo anunciamos también a vosotros para que compartáis nuestra vida, como nosotros la compartimos con el Padre y con su Hijo Jesucristo” (1Jn 1,1-3). Todo proyecto de transmisión de la fe ha de tener su centro en “la posibilitación de una experiencia y debe comenzar por ser una acción mistagógica, un proceso que acompañe al sujeto, que conduzca a ese descubrimiento expreso, a esa acogida personal, en qué consiste la fe, del Misterio que lo habita, lo sostiene en el ser y lo atrae hacia sí” (J. Martín Velasco. O.c. pág. 86). Posibilitar el cambio de vida de acuerdo con los valores del Evangelio. Este tercer paso es consecuencia natural de los dos anteriores. En el proceso del crecimiento, el cambio es de dentro afuera. Por eso la transformación de las costumbres no es algo que se impone —ésa era la acusación de Jesús a los fariseos (Mt 23,4)—, sino algo que brota cuando ha cambiado el corazón. Ése es el significado de la expresión “por sus frutos los reconoceréis” (Mt 7,20), que después retoma Pablo para hablar de la vida nueva (Gál 5,16-26).

Dimensión comunitaria de la iniciación Hace años, la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis aquilató una expresión iluminadora: “En la Iglesia... encuentra la catequesis su origen, su lugar propio y su meta” (La Catequesis de la Comunidad, 253). La iniciación, por tanto, tiene lugar en la Iglesia, es llevada a cabo por la Iglesia y tiene como objetivo la plena integración en la Iglesia, una Iglesia que, según la Lumen Gentium, es una comunidad de fe, esperanza y caridad (LG 8) o, si preferís, una comunión de vida, de caridad y de verdad (LG 9). Entender la transmisión de la fe en clave de iniciación integral (CT 21), significa que ha de iniciar a todas las dimensiones de la Iglesia e incorporar a una comunidad que vive, celebra y testimonia la fe (DGC 68). En ese documento aparece un párrafo de gran actualidad, dada la crisis de las instituciones y la importancia que, como alternativa, cobran los grupos menores en los que las relaciones humanas son más vivas: “La gran Iglesia de Cristo, que participa del don de la comunión, se concreta y hace visible en las distintas Iglesias locales. Éstas, a su vez, se hacen presentes en comunidades cristianas más pequeñas y cercanas, en las que son posibles las relaciones interpersonales, y que son vivas, responsables y misioneras. En el lenguaje teológico pastoral de la Iglesia, se puede afirmar que la comunión de vida y amor que brota de Jesucristo se da en un doble movimiento que, conducido por el Espíritu, va de la Iglesia universal —es decir: de la comunión de Iglesias locales extendidas por todo el universo— a cada Iglesia local y a sus comunidades, y viceversa, de las comunidades a la Iglesia local y de aquí a la universal. Por eso el cristiano, sintiéndose miembro de una comunidad creyente, se comprenderá a sí mismo unido a la Iglesia local y, en ella, a la comunión de Iglesias” (CC 256). La pertenencia a una comunidad concreta no puede desvincularse del sentido de pertenencia a la Iglesia local presidida por el obispo, que ejerce el ministerio de la unidad (CD 11), y del sentido de pertenencia a la Iglesia universal, presidida por el Papa, vínculo de unidad, de caridad y de paz (LG 22). El riesgo, dada la crisis de las instituciones, es que la vivencia comunitaria solape la conciencia de comunión y la comunidad concreta, el grupo o el movimiento se constituya en un absoluto, quedando sin relevancia existencial la Iglesia local y la Iglesia universal. Es el riesgo de la sectarización de la Iglesia. IMÁGENES DE LA FE / ENERO 2011

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Esto significa al menos dos cosas que hay que cambiar: la personalización de la fe y la atención al individuo —no solamente a los colectivos—.

LA TRANSMISIÓN DE PERSONA A PERSONA Una vez más hay que recordar que no estamos ante unas orientaciones nuevas. El siguiente texto es iluminador: “Además de la proclamación que podríamos llamar colectiva del Evangelio, conserva toda su validez e importancia esa otra transmisión de persona a persona... En el fondo ¿hay otra forma de comunicar el Evangelio que no sea de transmitir a otro la propia experiencia de fe? La urgencia de comunicar la Buena Noticia a las masas de hombres no debería hacer olvidar esa forma de anuncio mediante la cual se llega a la conciencia personal del hombre y se deja en ella el influjo de una palabra verdaderamente extraordinaria que recibe de otro hombre” (EN 46). Así se expresaba Pablo VI hace más de 25 años. 24

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humano —lo que 1Jn 5,18 entiende como el paso del temor al amor—; este cambio del corazón se manifiesta necesariamente en un cambio de vida, de conducta —lo que Pablo llama el Renovar fruto del Espíritu (Gál 5,22-26)—. a la misma humanidad Se trata, por tanto, de un proceso Para hablar de la personalización que tiene tres momentos: el anuncio, de la fe, de nuevo tenemos que re- la integración y el cambio de vida. currir a Pablo VI porque su reflexión Nosotros tenemos muy claro lo prisobre la evangelización fue de tal mero y lo último, pero no sabemos profundidad que difícilmente podrá cómo hacer lo segundo. Sabemos ser superada. “Evangelizar significa cuáles son las verdades que hemos para la Iglesia llevar la Buena Nueva de enseñar y la moral que hemos de a todos los hombres de la humanidad exigir. Pero ¿cómo pasar de lo uno y, con su influjo, transformar desde a lo otro sin la experiencia interior? dentro, renovar a la misma humani- ¿Cómo ir de la cabeza al estómago dad: «He aquí que hago nuevas todas sin pasar por el corazón? las cosas» (Ap 21,5). Pero la verdad Decíamos antes que las espiries que no hay humanidad nueva si tualidades laicas (Nueva Era) están no hay, en primer lugar, hombres llenando ese vacío. Afirma Mihály nuevos, con la novedad del bautismo Szentmártoni, jesuita, profesor de (cf. Rm 6,4) y de la vida según el Psicología y Espiritualidad en la Evangelio (Ef 4,23-24; Col 3,9-10). La Universidad Gregoriana de Roma: finalidad de la evangelización es, por “En vez de ver en la Nueva Era una consiguiente, este indicación de precambio interior y, sencia satánica o si hubiera que re- La personalización un omen de un catasumirlo en una pa- de la fe, por tanto, es clismo apocalíptico, labra, lo mejor sería es necesario saberdecir que la Iglesia un proceso con tres la leer como uno de evangeliza cuando, momentos: el anun- los «signos de los por la sola fuerza tiempos» que invicio, la integración divina del Mensata a los cristianos a je que proclama, y el cambio de vida. repensar unos contrata de convertir tenidos esenciales al mismo tiempo de su espiritualidad la conciencia personal y colectiva y de su testimonio a la luz del Evande los hombres, la actividad en la gelio. La Iglesia se ha preparado que ellos están comprometidos, su seriamente para confrontarse con vida y su ambiente concretos” (EN el hombre secularizado, con el ateo 18). La fe es personalizada cuando inmerso sólo en las realidades matransforma el ser de la persona en teriales. En los años noventa, ella se todos sus aspectos y dimensiones. encontraba delante de una persona Es un proceso que empieza cuando inquieta en busca de una dimensión la mente es iluminada por la verdad; espiritual más profunda, que no esto, a su vez, genera una transfor- es entusiasta de los frutos de la mación del corazón —que consiste ciencia y de la tecnología. La espien la asimilación de los valores que ritualidad cristiana debe saber leer la verdad ilumina—y hace que el in- estas necesidades. Traducido en un dividuo despierte a los sentimientos lenguaje más tradicional, se trata de más profundos y genuinos del ser la búsqueda de la experiencia espi-


ritual (como signo del conocimiento inmediato de Dios), del perdón (como signo del amor incondicionado) y de la redención (como signo de la inmortalidad). Es un desafío a la espiritualidad cristiana, dado que estas tres realidades parecen sufrir la crisis más profunda: la oración metal, la confesión y la pertenencia a la Iglesia como cuerpo místico de Cristo, interpretada y vivida como garantía de la redención, sancionada a través del bautismo. La crisis actual requiere el redescubrimiento de algunas prioridades del cristianismo” (Psicología de la experiencia de Dios. Bilbao, Mensajero, 2002, pág. 148).

La necesidad del acompañamiento

La personalización de la fe implica la atención al individuo. Es un hecho —tal vez debido a la escasez de pastores y al pluriempleo pastoral— que hemos ido abandonando la atención individualizada, a las personas concretas. Nos relacionamos más con los grupos que con los individuos. Más aún, la dedicación a los grupos nos impide dedicarnos a los individuos. Cuando miramos a Jesús, prototipo de evangelizador, observamos que él sabía compaginar perfectamente ambas cosas: hablaba a la multitud y atendía a los individuos. Más aún, los pasajes más intensos son siempre aquellos en los que se narran sus encuentros con personas concretas como, por ejemplo, Nicodemo (Jn 3,1-21) o la samaritana (Jn 4,1-45). Jn 10,14 recoge un principio pastoral que deberíamos tener permanentemente presente. Jesús, después de decir que llama a cada oveja por su nombre (v. 23), afirma: “Yo soy el buen pastor: conozco a mis ovejas y ellas me conocen... y doy la vida por ellas”. Esto significa, por tanto, que la Iglesia tiene larga experiencia en el tema del acompañamiento espiritual, pero no creo equivocarme si digo que, en estas últimas décadas,

Atención al individuo

ha quedado relegado a un discreto segundo plano. En la carta pastoral publicada en la Cuaresma de 2001 con el título Transmitir hoy la fe, los obispos del norte de España abordan el tema cuando plantean que “es preciso crear o impulsar en las comunidades cristianas espacios de acogida para ayudar y acompañar en su itinerario de búsqueda a quienes se interesan por la fe” (56). Reconocen que es cada vez mayor el número de personas que, desde experiencias e inquietudes personales, están en actitud de búsqueda, algunos después de un pasado inicialmente creyente y un posterior alejamiento de la vida y de la comunidad cristiana. Y plantean la necesidad de acoger sus planteamientos y preguntas, sus dudas y reservas, con una actitud de respeto y comprensión. “No existen programas preestablecidos —dicen los obispos—, sino que los temas y el ritmo vienen marcados en cada caso por el itinerario personal”. Y anteriormente: “Se trata de una labor de atención individual y directa o, a lo sumo, de encuentros en pequeños grupos, pues requiere un acompañamiento personalizado”. Parafraseando el dicho de la medicina, podemos decir que no existen procesos o itinerarios, sino personas en proceso. En la actual coyuntura,

No existen programas preestablecidos, los temas y el ritmo vienen marcados por el itinerario de cada uno

urge recuperar la práctica del acompañamiento, sobre todo en la primera etapa del despertar religioso. Y, en esto, hay que hacer una advertencia: no se trata de retomar el modelo de dirección espiritual que muchos hemos conocido, porque la reflexión llevada a cabo en las últimas décadas sobre este tema es muy profunda y la experiencia muy amplia. El jesuita Carlos Rafael Cabarrús, fundador y director del Instituto Centroamericano de Espiritualidad de Guatemala, es uno de los grandes especialistas en el acompañamiento personal. Para él, el trípode en el que se apoya el acompañamiento IMÁGENES DE LA FE / ENERO 2011

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MIRANDO HACIA DELANTE

es: el crecimiento personal —que que fueran sacados del mundo, sino busca la superación de las heridas que fueran guardados del Maligno y el desarrollo de las propias capa- (Jn 17,15). No ser del mundo no cidades—, la espiritualidad —la de significa, por tanto, vivir fuera de él Jesús que es el Reino de Dios— y —de hecho será en el mundo donde el compromiso histórico —que se han de desempeñar su misión (Jn manifiesta en la solidaridad—. (Cf. 17,18)—; significa más bien no deCuaderno de Bitácora para acompañar jarse contaminar por la perversión. caminantes (Bilbao, DDB, 2000). La existencia cristiana ha de deY Lola Arrieta, religiosa, teóloga sarrollarse en el mundo y para ello y psicóloga, entiende el acompaña- ha de inspirarse en el Misterio de miento como “una la Encarnación —lo relación de ayuda que significa asumir Dios sale al encuentro total y espiritual lo humano como en la que se propi- del mundo en la per- vehículo de la precia que la persona sencia salvadora de crezca y madure sona de los creyentes, Dios en la historia en consistencia, Flp 2,5-11)— y y sale al encuentro de (cf. responsabilidad y en el misterio de libertad para des- los creyentes en los la misericordia y cubrir en su vida la compasión — desheredados. el querer de Dios y porque Dios sigue concretarlo en un tomando forma hucompromiso orientado a la entrega mana en los pobres, en los marginade la vida y la construcción del Reino” dos, en los excluidos, en definitiva: (Acoger la vida, acompañando la vida. en los que sufren (Mt 25,31-46)—. Vitoria, Frontera, 1999, pág. 39). Dios sale al encuentro del mundo en La evangelización ha de insertar la persona de los creyentes, y sale en el mundo. Jesús, cuando oró por al encuentro de los creyentes en los sus discípulos, pidió para ellos, no desheredados del mundo. Evangelizar hoy significa también Cueva de las manos insertar en el mundo y en las realida(Argentina). Evangelizar es des temporales. En los momentos de insertar en el mundo y en las realidades temporales

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dificultad, la tentación es replegarse hacia dentro y formar creyentes cuya misión se reduce a la realidad intraeclesial olvidando el mandato del Señor (Mt 28,19). En esto, hemos de recordar la advertencia del Papa en la NMI 52: “La vertiente ético-social se propone como una dimensión imprescindible del testimonio cristiano. Se debe rechazar la tentación de una espiritualidad oculta e individualista que poco tienen que ver con las exigencias de la caridad ni con la lógica de la Encarnación ni, en definitiva, con la misma tensión escatológica del cristianismo”.

Respeto, diálogo y colaboración

Evangelizar hoy significa preparar a los creyentes para vivir en un mundo étnica, cultural y religiosamente plural (cf. CEE, Plan pastoral 20022005, 59). Esto implica preparar para el respeto, el diálogo y la colaboración. Sólo así evitaremos el brote de la intolerancia, el fanatismo y la marginación; actitudes que, en realidad, sólo son manifestaciones de la propia inseguridad, que el individuo trata de ocultar destruyendo al que piensa, siente o vive de otra forma. Es fundamental reconocer la adultez del laico. Hace 15 años que fue publicada la exhortación apostólica sobre los laicos cristianos (30-12-88), verdadero tratado de teología del laicado. Evidentemente, la presencia de los laicos en la Iglesia es mayor que en el pasado. Pero, en el contexto de la transmisión de la fe, la pregunta que hemos de hacernos se refiere a la calidad de esa presencia. Para ello creo necesario tener presente algunas consideraciones sobre nuestra propia misión como pastores. Dejar que los laicos ocupen el lugar que les corresponde en la Iglesia. Una de las fuentes de inspiración de la teología del ministerio sacerdotal es, evidentemente, Jn 10,1-18, donde


Jesús se presenta como verdadero pastor frente a los mercenarios. Ese texto se refiere a la dedicación del pastor que llega incluso a dar la vida por las ovejas, las del redil y las que están fuera de él. Sin embargo, la imagen del pastor y el rebaño es susceptible de ser utilizada para justificar la jerarquía de autoridad y hasta de poder. Cuando se hace eso, se rompe la comunión porque se establece una especie de clasismo en el seno de la Iglesia donde unos son agentes de la enseñanza —porque poseen el saber teológico—, de las decisiones —porque poseen el poder jurídico– y de la santidad —pues son administración de la gracia—, mientras que otros son sujetos pasivos de la enseñanza —discípulos—, de las decisiones —súbditos— y de la gracia —fieles—. Resulta difícil compaginar esto con la enseñanza de Jesús sobre la autoridad en el seno de la Iglesia que él entiende como servicio (Jn 13,13-20; Mt 20,25-28). Reconocer la adultez del laico implica repensar el modo de ejercer el ministerio sacerdotal e impulsar a los laicos a que ocupen el lugar que les corresponde en el conjunto del pueblo de Dios. Dice el Papa: “La misión salvífica de la Iglesia en el mundo es llevada a cabo no sólo por los ministros en virtud del sacramento del orden, sino también por todos los fieles laicos. En efecto, éstos, en virtud de su condición bautismal y de su específica vocación, participan en el oficio sacerdotal, profético y real de Jesucristo, cada uno en su propia condición. Los pastores, por tanto, han de reconocer y promover los ministerios, oficios y funciones de los fieles laicos, que tienen su fundamento sacramental en el bautismo y en la confirmación y, para muchos, en el matrimonio” (CL 23). Sólo el reconocimiento efectivo del papel que les corresponde hará que los laicos tengan conciencia no

sólo de pertenecer a la Iglesia, sino escuela, sociedad, cultura pública—, de ser la Iglesia (Cfr Pío XII, 20-Feb- las nuevas generaciones ya no tie1946; CL 9). nen noticia ni reconocen signos del Formar a los laicos para que ocu- Dios viviente y verdadero o de la pen el lugar que les corresponde encarnación, muerte y resurrección en la sociedad. de Jesucristo por nosotros” (Plan En el capítulo dedicado a la forma- pastoral 2002-2005, 28). Es un recoción de los laicos, el Papa establece nocimiento explícito de la ineficacia algunas directrices dignas de ser de las instituciones tradicionales en tenidas en cuenta. la transmisión de la fe que, junto con Dice el Papa que “el hombres es la crisis de las instituciones propia interpelado en su libertad por la del narcisismo imperante, nos exige llamada de Dios a crecer, a madu- educar para despertar en los creyenrar, a dar fruto. No puede dejar de tes una nueva seguridad. responder; no puede dejar de asumir La autoridad doctrinal como gasu personal resrante de la verdad, ponsabilidad” (CL la experiencia coEl hombre es inter57). Añade que el munitaria como exobjetivo es “el des- pelado en su liber- periencia objetiva y cubrimiento cada los principios moravez más claro de tad por la llamada de les como guía de la la propia vocación Dios crecer, a madurar, conducta han pery la disponibilidad dido relevancia hoy siempre mayor para a dar fruto. No puede para muchos crevivirla en el cumpli- dejar de responder. yentes. Ser adultos miento de la propia significa tener ideas misión” (58). Y terpropias, contar con mina señalando diversos aspectos de experiencia personal y guiarse por la formación integral de los laicos, las propias convicciones. Transmientre los que incluye la formación tir la fe hoy significa proponer una espiritual, la formación doctrinal —y sana y sólida doctrina, inducir la en concreto en la doctrina social de experiencia de Dios y educar para la la Iglesia— y el crecimiento en los autonomía moral que no es anomía valores humanos (60). ni subjetivismo, sino personalizaCreo que reconocer la adultez del ción —es decir, integración— de los laico significa preparar a los creyen- valores evangélicos como guías de tes para que vivan como adultos en un la existencia. mundo adulto cuyas características Si no hacemos lo posible para no dejan de sorprendernos cada día. educar adultos así, tendremos perEsto significa un cambio del centro sonas intransigentes y fanáticas de la seguridad personal que pasa en lo doctrinal —ambas cosas son de estar en las instituciones a estar signo de inseguridad y debilidad en el interior del individuo. Y la razón doctrinal—, en vez de hombres y es bien simple. Como reconocen los mujeres abiertos y dialogantes; obispos en el plan pastoral vigente, personas superficiales y sin profun“uno de los hechos más graves acon- didad interior, en vez de hombres tecidos en Europa durante el último y mujeres seguros de sí mismos, medio siglo ha sido la interrupción solidarios y comprometidos. Y, de la transmisión de la fe cristiana finalmente, personas gregarias, en amplios sectores de la sociedad. volubles y manipulables, en vez de Perdidos, olvidados o desgastados hombres y mujeres autónomos y los cauces tradicionales —familia, responsables. IMÁGENES DE LA FE / ENERO 2011

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FRAGMENTACIÓN DE LA REALIDAD

Dimensiones de la vida cristiana Estamos pasando de un modo comprometido de vivir la fe, a un repliegue en la vivencia intimista de lo sagrado. Hay que redescubrir la dimensión contemplativa sin que la fe deje de inspirar nuestras acciones.

U

no de los rasgos del tiempo presente es la fragmentación de la realidad. La metáfora que mejor define esta situación es la rotura de un espejo. Cuando esto ocurre, el espejo no desaparece, sino que se multiplica. Cambia el tamaño y la forma, pero no la realidad. Cada trozo es un espejo. La consecuencia de esto es el desgaste de las instituciones políticas, económicas, culturales y religiosas. La proliferación de las sectas es el signo más relevante del fenómeno de la fragmentación del mundo religioso. Por otra parte, asistimos a un fenómeno cada día más extendido que está influyendo incluso en ciertos grupos religiosos y eclesiales. Se le denomina con el título de Nueva Era. Su fuerza está en que se presenta como un movimiento cultural de carácter sincretista —aparece como abierto— que toma elementos del gnosticismo de los primeros siglos, de la psicología transpersonal, del pensamiento oriental y de las antiguas religiones, sobre todo egipcia. Este fenómeno está influyendo poderosamente en la sociedad y calando en los espíritus más insatisfechos. Entre ellos se encuentran no

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pocos creyentes que, tras haber vivido experiencias de gran compromiso e implicación en la vida, empiezan ahora, posiblemente debido a la edad y a la situación de desconcierto que vivimos, a buscar una vivencia más íntima y personal de la religión.

Repliegue en la vivencia intimista

Podría decirse que estamos pasando de un modo comprometido de vivir la fe —que nos llevaba a implicarnos profundamente en la transformación de la realidad—, a un repliegue en la vivencia intimista de lo sagrado. Se trata de valorar o redescubrir la dimensión orante, contemplativa de la vida cristiana, cosa buena siempre que no suponga el abandono o el solapamiento del compromiso. Éste es el contexto en el que queremos hablar de las diversas dimensiones de la existencia cristiana como ámbitos de iniciación. La dimensión personal: el amor como fundamento. El ser humano antes que nada es sujeto, individuo. Esto significa que cada uno de nosotros es un ser único y que nuestras vivencias también lo son. La dimensión personal es la


primera dimensión de una existencia sino como una criatura nueva: como plenamente humana y de la vida hijo de Dios. Sólo el que nace del cristiana. ¿Qué implica la dimensión agua y del Espíritu puede entrar en personal de una existencia verdade- el reino (Jn 3,5). El bautismo nos ramente cristiana? dio una nueva identidad y un nuevo Ante todo, una armonía profunda aliento que nos liberó del temor y entre conocimiento y experiencia de nos situó en el amor, de manera que fe, entre el mundo de las creencias podamos invocar a Dios como Padre: y el mundo de las vivencias. “No recibisteis un espíritu de esSer cristiano no consiste simple- clavos para recaer en el temor, sino mente en conocer o comprender de hijos que nos hace exclamar ¡Pael misterio de Cristo, sino en vivir dre!... Ese Espíritu y nuestro espíritu el encuentro personal con él. Esto dicen que somos verdaderamente significa que Jesús es reconocido hijos de Dios” (Rm 8,15-16). y experimentado como amigo fiel, Dios es amor. Jesucristo es la modelo de la humanidad realizada, plena manifestación de Dios-amor. maestro de vida fraterna, Mesías Y el cristiano no es sino su seguidor. y Salvador de la propia existencia El amor es la clave de la existencia personal. Jesucristo se convierte así personal del cristiano. El riesgo no en el centro de la historia personal es egoísmo, sino el temor. Ya que el de cada uno de sus egoísmo no es sino discípulos. una manifestación El encuentro con Antes que nada, del temor. Los dos Jesucristo configu- el encuentro con Jesu- sentimientos más ra toda la existenprofundos del ser cristo configura toda cia personal bajo humano son el mieel valor supremo la existencia personal do y el amor. Una del amor. vida construida soLa existencia terre- bajo el valor supremo bre el amor es una na de Jesucristo es vida de crecimiento. del amor. la plena y definitiConstruida sobre el va manifestación temor, es una vida —revelación— del amor de Dios a de ensimismamiento. El pecado no la humanidad: “Tanto amó Dios al es sino la manera equivocada de mundo que dio a su Hijo Único para liberarse del temor. que todo el que crea en él tenga vida La dimensión eclesial: el amor eterna... Dios no envió a su Hijo al como sistema de relaciones. El ser mundo para juzgarlo, sino para que humano es además un ser social, es se salve gracias a él” (Jn 3,16-17). decir, un ser con y para los demás. Cuando vivió en el mundo, Jesús Se es cristiano sólo en el seno de la llamó a los discípulos a seguirle, Iglesia. Ésta constituye la segunda imitarle y vivir en comunión. Si la dimensión de la vida cristiana. El existencia de Cristo tenía como eje encuentro con Jesús en el bautismo el amor, el amor ha de ser nece- acontece en el ámbito de la comunisariamente el fundamento de la dad eclesial. Vivir con Jesús es, pues, existencia personal del cristiano. vivir con la Iglesia y en la Iglesia. El punto de partida es el bautismo. Unirse a Cristo es incorporarse al El rito del bautismo constituye una grupo de sus discípulos. experiencia mística. Al sumergirse en Las dos vías privilegiadas para la las aguas bautismales, fecundadas realización de esta dimensión son: por el Espíritu, revive su verdadero La liturgia es el momento en el que nacimiento, no como ser humano, se expresa la unidad de todo el pueblo

LAS TENDENCIAS DEL ESPÍRITU “Los que viven según sus apetitos, a ellos subordinan su sentir; mas los que viven según el Espíritu, sienten lo que es propio del Espíritu. Ahora bien, sentir según los propios apetitos lleva a la muerte; sentir conforme al Espíritu conduce a la vida y a la paz. Y es que nuestros desordenados apetitos están enfrentados a Dios, puesto que ni se someten a su ley ni pueden someterse. Así pues, los que viven entregados a sus apetitos no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no vivís entregados a tales apetitos, sino que vivís según el Espíritu de Cristo, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros” (Rm 8,5-9). “En cuanto a las consecuencias de esos desordenados apetitos, son bien conocidas: fornicación, impureza, desenfreno, idolatría, hechicería, enemistades, discordias, rivalidad, ira, egoísmo, disensiones, cismas, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes. Los que hacen tales cosas –os lo repito ahora, como os lo dije antes— no heredarán el reino de Dios. En cambio, los frutos del Espíritu son: amor, alegría, paz, tolerancia, amabilidad, bondad, fe, mansedumbre, y dominio de sí mismo. No hay ley frente a esto” (Gál 5,19-23). Nuevo Testamento. edición popular. La Casa de la Biblia

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FRAGMENTACIÓN DE LA REALIDAD

Fragmentación Se está pasando de la vivencia externa de la fe a una dimensión más contemplativa. Es necesario buscar el equilibrio entre las dos

de Dios. En ese contexto tiene lugar la oración, que para el cristiano es siempre una experiencia comunitaria. El cristiano —aunque ore a solas— nunca ora solo. La suya es siempre oración de la Iglesia y nunca puede no serlo. Siempre ora como hijo de Dios y, por tanto, como miembro de Cristo. Hay que destacar el hecho de que hablamos de la oración, no al abordar la dimensión personal, sino la comunitaria de la existencia cristiana. Por eso la oración lleva a la comunión y la comunión a la oración. Para descubrir hoy el sentido de la oración hay que mirar a Jesús orante. Los principales rasgos de su oración son que rompe el esquema oficial establecido: para él orar era una experiencia continua pues oraba en cualquier momento y en cualquier lugar; que estaba ligada a la obediencia: implicaba el cumplimiento de la voluntad del Padre: 30

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“Se humilló a sí mismo obedeciendo hasta la muerte” (Flp 2,8); y que implicaba estar con sus hermanos —no alejamiento— con la bondad, misericordia y condescendencia del Padre. Ha practicado y predicado un evangelio ético o social y además ha vivido una intensa vida espiritual. Más aún, su dinamismo apostólico arranca de la intimidad con el Padre. Es necesario revalorar este aspecto en existencia cristiana. Se trata de reinterpretar y comprender la oración como interioridad, como horizonte de vida unificada, como verdadera realización de la propia humanidad. Estamos ante la dimensión vertical de la experiencia religiosa. Se trata de la comunión con Dios íntima y personal, viva y constante, humilde y gozosa... Sin ella, la otra dimensión —la horizontal— se debilita con el tiempo a causa de las dificultades, las frustraciones y los fracasos.

Sobre esto hay mucho que decir, aunque está todo dicho. Está todo dicho porque los textos evangélicos sobre la oración y la comunión son de sobra conocidos. Hay mucho que decir porque no acabamos de enterarnos. Necesitamos leer y meditar la oración de Jesús en la cena (Jn 17) y su catequesis sobre la oración en la doble versión de Mateo y Lucas.

Unidad de la Iglesia

La comunión eclesial es el rasgo de la comunidad frente a Dios y el mundo. La unidad de la Iglesia es la manifestación histórica de la unidad de Dios: “Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti” (Jn 17,21). Es el signo ante el mundo que engendra la fe: “Para que el mundo crea que tú me has enviado... y que los has amado a ellos como me has amado a mí” (Jn 17, 21-23).


El amor es el fundamento de la vida La dimensión salvífica: una existenpersonal y el amor —que se mani- cia recreada. Esta vivencia cristofiesta en la unidad— el fundamento céntrica —personal y comunitaria— de la vida comunitaria, de la vida es esencialmente experiencia de eclesial. Estamos ante la dimensión salvación integral. Esto implica una horizontal de la existencia cristiana. transformación substancial de la Hay una necesidad en las personas existencia en todas sus dimensiones: —la necesidad de pertenencia— que a nivel físico, por la victoria sobre el difícilmente puede ser satisfecha dolor y la muerte; a nivel mental por por la Gran Iglesia —ya se trate de la posesión del equilibrio y la paz; a la Iglesia Universal, la Iglesia Lo- nivel espiritual porque alcanzamos la cal o la Parroquia—. Esto hace que plenitud de lo humano y la felicidad las personas busquen ámbitos más por la plena realización del bien. reducidos —comunidades de base, movimientos, hermandades, grupos, El bautismo etcétera.—, en los que satisfacer y la penitencia esa necesidad. El riesgo que esto La experiencia que mejor recoge esta conlleva es perder de vista el hori- transformación de todas las dimenzonte, olvidar la dimensión eclesial e siones del ser es la conversión, que se identificar ésta con expresa por medio el ámbito comunitadel bautismo y de la Hay una necesidad en rio. Los síntomas de penitencia. “¿Qué que se está cayendo las personas –la ne- debemos hacer?”. en este error son la Pedro contestó: hipersensibilidad a cesidad de pertenen- “Convertíos; que la crítica del grupo cia– que difícilmente cada uno se haga al que uno pertebautizar en el nomnece y, a la vez, la puede ser satisfecha bre de Jesucristo insensibilidad a la por la Gran Iglesia. para remisión de crítica dirigida convuestros pecados; tra la Iglesia; el ver y recibiréis el Escon normalidad el culto a la perso- píritu Santo” (Hch 237-38). nalidad de los dirigentes o líderes La conversión es el cambio de la carismáticos; la pérdida del sentido mente y del corazón: cambiar la crítico hacia dentro del grupo a la vez visión del mundo y la orientación del que se fomenta crítica de los demás corazón (el sistema de valores) que grupos para marcar diferencias; y conlleva necesariamente a un cambio el menosprecio de otros modos de en el modo de vivir. El bautismo y la vida cristiana, de otras opciones o penitencia —segundo bautismo— es maneras de vivir el Evangelio. el modo de expresar y celebrar este El error consiste en confundir co- cambio; su efecto es que son remomunión eclesial con afectos grupales. vidos los obstáculos que impiden la La comunión implica un sentido vida nueva —el pecado—. Removidos profundo de fe, un sincero aprecio los obstáculos, se recibe el don del de los valores ajenos, una fuerte Espíritu que es el que completa el conciencia de fraternidad con los proceso de la conversión haciendo de lejos, un impulso irresistible de posible la vida nueva. solidaridad con los hermanos neceNecesitamos redescubrir el valor sitados sean los que sean... Cuando de la Reconciliación como un proceso falta esta vivencia, suele ocurrir que gradual de sanación que encuentra el abandono del grupo conlleva el su más alta y eficaz celebración en abandono de la Iglesia. el perdón sacramental (dimensión

terapéutica del sacramento). Resume el significado de la maduración ética del cristiano que pasa de un estado de enfermedad espiritual al de curación y salud espiritual. Asociados al misterio de Cristo, los cristianos son conscientes de ser en Él una humanidad nueva: libres y liberadores; dinámicamente abiertos para superar el pecado y vivir el anuncio del Reino como una propuesta de paz, fraternidad, defensa de la vida y respeto a la naturaleza y al cosmos. En Jesús proyectan y realizan la renovación continua de la propia historia personal y comunitaria. La salvación alcanzada por Cristo para todos ha de ser actualizada en cada uno: en su ser concreto y en su concreto existir. Creer en Cristo salvador es vivir con plena conciencia de que la propia existencia es una existencia llena de sentido y salvada. Pero el pecado pone trabas en el camino. Necesitamos un continuo dinamismo de conversión para que se realice en nosotros la humanidad nueva lograda por Cristo. Hablamos tanto de la salvación escatológica que olvidamos la salvación histórica. Cristo nos salvará plenamente mañana, porque ha empezado a salvarnos ya hoy. Necesitamos redescubrir el sentido del sacramento de la penitencia y que los confesores se planteen su condición de guías espirituales del pueblo de Dios. Hemos pasado de extremo a extremo: de confesarnos de todo hemos pasado a no confesarnos de nada (Cf. Lc 15). La dimensión práctico-cultural: la auténtica ortopraxis. Es necesario hacer las siguientes precisiones. La vida religiosa se concreta en un modo de vivir en el tiempo y en el lugar al que uno pertenece. No se es cristiano en abstracto, sino en concreto. Al sentirse salvado por Cristo en todas las dimensiones de su vida, el cristiano siente la necesidad de actuar, expresar y IMÁGENES DE LA FE / ENERO 2011

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FRAGMENTACIÓN DE LA REALIDAD

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO Y LA REFLEXIÓN ¿Existe alguna realidad en nuestra Diócesis o parroquia (situación, circunstancia específica, característica social o cultural, etc.), que condiciona la transmisión de la fe hoy entre nosotros y que no ha aparecido en esta reflexión? ¿Qué propuesta habría que hacer a modo de compromiso de mínimos para relanzar la transmisión de la fe? ¿Hay algún sector en el que la transmisión de la fe es más urgente? ¿Qué acciones deberíamos llevar a cabo para que la transmisión de la fe en nuestro caso sea una tarea eficaz?

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IMÁGENES DE LA FE / ENERO 2011

celebrar esa experiencia. Es decir, Filósofos y teólogos consideran la la fe necesita expresarse, como la esperanza como la clave de lectura luz, irradiarse. La fe en Cristo llega a del significado de la vida de la huser tiempo y espacio, historia y arte, manidad: no es la desesperación o lenguaje y actitud, con lo cual surge el miedo, sino la esperanza lo que una nueva cultura que empuja a las hace progresar la historia. Para los otras culturas —religiosas y huma- cristianos el principio esperanza es la nas— hacia la civilización del amor. persona de Jesucristo y su mensaje. Esto es así porque la vida religiosa Él da sentido a la esperanza humana tiene un carácter dinámico que se en dos situaciones límite: la muerte expresa en la inculturación práctica y la historia. Ante la muerte ofrece de la fe propuesta por la teología, una existencia de felicidad en Dios; la doctrina social de la Iglesia, los ante la historia ofrece una visión de proyectos políticos, sociales, econó- los sucesos como trama de vida que micos de inspiración cristiana. Los lleva a la salvación. No debemos valores de esta existencia centrada temer, ya que hemos sido redimidos en Cristo emanan del espíritu de las por Cristo y la gracia de la redención bienaventuranzas. Son la verdad, la es el valor más grande que impregna libertad, la dignidad, la igualdad en- la historia de la humanidad. tre las personas, la Maltratados y hefraternidad univerridos, los pueblos sal, el respeto a la Filósofos y teólogos hoy tienen necesivida, la defensa de consideran la espe- dad del mensaje de la naturaleza, la paz esperanza y de aleuniversal, el reparto ranza como clave gría del Evangelio. de bienes, la defen- de lectura del sig- Existe alguien que sa de los débiles. tiene en su mano En este tiempo nificado de la vida el destino de este de crisis y descon- de la humanidad. mundo que pasa. cierto, la aportación Ese alguien es más importante y Amor (1Jn 4,8). Los necesaria del cristianismo al mundo cristianos no sólo han de realizar es el despertar de la esperanza. gestos de esperanza, sino también La crisis de la esperanza es uno de valorar los signos de esperanza prelos aspectos más lúgubres e inquie- sentes en el mundo hoy. tantes de la cultura contemporánea. Junto al valor de la esperanza, El motivo de la desesperanza actual los cristianos hemos de aportar es la angustia y el miedo por la su- al mundo el compromiso a favor pervivencia que tienen su origen en la de la vida (cultura de la vida). Vivir guerra, la división entre los pueblos, en la esperanza es acoger, defenla potencia de las armas, etcétera. der, proteger y ofrecer la vida. El Los signos de falta de esperanza Evangelio de la vida no es una mera son de dos tipos.De tipo cultural: la reflexión sobre la vida humana, ni crisis del nosotros y la pérdida de la sólo un mandamiento, ni menos aún solidaridad, el pluralismo extremado, la promesa de un futuro mejor. Es el consumismo exasperado, el miedo una realidad concreta y personal al futuro, el miedo a acoger la vida, porque consiste en el anuncio de la la cultura del placer, el esoteris- persona misma de Jesús. Jesucristo mo, la crisis del lenguaje. Y de tipo es buena nueva de vida para toda la estructural: el envejecimiento de la humanidad. En medio de la ciudad población, la pobreza, el paro y la terrena, amenazada por la cultura desocupación, la crisis de la familia. de la muerte, se levanta el árbol de


Transformación La conversión (expresada preferentemente por el bautismo y la penitencia) es el cambio de la mente y el corazón

la vida: Jesucristo salvador. Este mensaje no es sólo para los creyentes, sino para todos. La celebración de la vida se inició en el árbol del paraíso (Gn 3,24), fluye del lignum vitae (la cruz) que se encuentra en el centro de la historia y encuentra su plenitud en el árbol de la vida de la Jerusalén celeste (Ap 22,2). El cristiano siente la urgencia de una cultura de la vida en todas y cada una de sus formas y de una actitud de compasión hacia los necesitados. Esta nueva cultura puede hacer comprender que la vida no es una posesión egoísta, sino un don; no es un juego arbitrario, sino un proyecto de amor; no es un accidente sin sentido, sino una vocación; no es un problema, sino misterio. La civilización cristiana, alma del mundo. Los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo. En los primeros siglos se los llamaba tercer género. Indicaba la postura (cultural y salvífica) que era superación de las tradiciones judías y novedad radical respecto al paganismo. Inmersos en la cultura de su tiempo, vivían y creaban su propia originalidad re-

ligiosa y cultural: la civilización del amor, de la esperanza, de la vida y de la fraternidad universal. Cada generación cristiana ha dado una contribución preciosa al progreso de la humanidad y a su salvación.

Conceptos claves de la dimensión cultural

Podríamos decir que los tres conceptos claves de la dimensión cultural de la fe son la esperanza, la vida y el amor. Al hacer esta reflexión nuestra atención se dirige hacia la implicación en el hoy cultural, en el ahora de nuestro mundo. Frente a la tentación de refugiarnos en nuestro interior —personal o eclesial—, se nos empuja a salir fuera, animosos y sin complejos, porque el mundo necesita el mensaje salvífico, esperanzador y vitalista de Jesús. Hemos de preguntarnos si la fe en Jesucristo nos llena de esperanza, de valoración de la vida y de amor, a pesar del momento cultural en que vivimos, marcado en gran parte por los rasgos de la muerte. La evangelización es la razón de ser de la Iglesia y, por tanto, nuestra

razón de ser. Y llevarla a cabo hoy encuentra no pocas dificultades. Ante esto, podemos adoptar dos posturas: la del miedo, que nos lleva a lamentarnos, a replegarnos en nosotros mismos y a eludir nuestra responsabilidad muy ocupados en la búsqueda de los culpables de todo esto; y la del reto, que implica reconocer las posibilidades que toda situación humana encierra, reavivar la fe en el Evangelio y en el hombre, necesitado de la Buena Noticia, y comprometerse —con entusiasmo— en la construcción del Reino de Dios —conscientes de la fuerza del Espíritu que nos anima—. Acabamos con las palabras del Papa en el Gran Jubileo de 2000:“Tenemos que mirar hacia delante, debemos «remar mar adentro», confiando en la palabra de Cristo: ¡Duc in altum! [...]. Jesús mismo nos lo advierte: «Quien pone su mano en el arado y vuelve su vista atrás, no sirve para el Reino de Dios» (Lc 9,62). En la causa del Reino no hay tiempo para mirar para atrás y, menos, para dejarse llevar por la pereza. Es mucho lo que nos espera” (NMI 15). IMÁGENES DE LA FE / ENERO 2011

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PARA SABER MÁS

LIBROS

DOCUMENTOS

Asociación Española de Catequetas (AECA) Comentario al Directorio General para la Catequesis PPC 2005 Hacia un nuevo paradigma de la iniciación cristiana hoy PPC 2008 Berzosa, Raúl Transmitir la fe en un nuevo siglo. Retos y propuestas DDB 2006 Derroitte, Henri (dir.) Por una nueva catequesis. Jalones para un nuevo proyecto catequético Sal Terrae 2004 15 Nuevos caminos para la catequesis hoy Sal Terrae 2008

Duch, Lluich La crisis de la transmisión de la fe PPC 2009 Equipo Europeo de Catequesis La conversión misionera de la catequesis PPC 2009 Fourez, Gerard Una Buena Noticia Liberadora Sal Terrae 1984 Gevaert, Joseph El primer anuncio Sal Terrae 2001 González-Carvajal, Luis Los Signos de los Tiempos Sal Terrae 1987 Mardones, José María Postmodernidad y Cristianismo Sal Terrae 1988

Martín Velasco, Juan Increencia y Evangelización Sal Terrae 1988

Concilio Vaticano II, Decreto Ad Gentes sobre la acción misionera de la Iglesia

La transmisión de la fe en la sociedad contemporánea Sal Terrae 2002

Pablo VI, Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi (1975) Juan Pablo II, Exhortación apostólica Catechesi Tradendae (1979)

Martínez, Donaciano y otros Proponer la fe hoy. De lo heredado a los propuesto Sal Terrae 2005

Conferencia Episcopal Española La Iniciación Cristiana Edice 1999

Morlans, Xavier El primer anuncio. El eslabón perdido PPC 2009 Rocchetta, Carlo Cómo evangelizar hoy a los cristianos EGA 1994 Secretariados de Catequesis del Sur El primer anuncio en la catequesis Obispado de Huelva 1998

ÚLTIMOS TÍTULOS PUBLICADOS: 2010: Febrero: Creer en el 2010. Marzo: En busca del joven Abril: El camino de Santiago. Un itinerario de fe y cultura. Mayo: Pastores según mi corazón. Junio: Las comunicaciones sociales. Una pastoral integral de la cultura. Septiembre: Cine, un instrumento pastoral Octubre: “Missio inter gentes”. Una nueva visión de la vida consagrada. Noviembre: La teología al servicio de la sociedad civil. Diciembre: Los padres de la Iglesia. Raíces del cristianismo. Imágenes de la fe

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