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Borrador, primeras ideas.

Las fronteras urbanas y la colonización de los cuerpos Lina Maritza Camacho Lucio.

La reflexión de Aida Hernández Castillo sobre the bonder Identities despierta el interés de acercarnos a las fronteras construidas en espacios urbanos, son estos las calles, parques, centros comerciales; lugares comunes al servicio de la socialización. Las fronteras que interesan aquí se definen desde abordajes geográficos, sin embargo el énfasis está en comprender cómo desde este lugar(es) se configuran significados y discursos a través de los cuales los individuos construyen, resignifican y reinventan sus identidades. Para empezar, las identidades de frontera proponen un marco analítico y metodológico bajo las siguientes definiciones: la frontera como espacio geográfico, el trazado que distingue una cosa de la otra, una identidad de otra. Allí, se ubican sujetos que al tiempo son descritos; constituye subalternidades, sujetos que sin su presencia el grupo hegemónico no podría autodefinirse. Lo siguiente, que se constituye como el aporte de esta autora, es la ubicación de subalternos y grupos hegemónicos sobre la línea divisoria; para Hernández esto permite la construcción de nuevas identidades y re-significa los atributos culturales predefinidos sobre los cuerpos que habitan uno u otro lugar. Se asegura entonces que el esencialismo cultural imposibilita hacer del cuerpo algo irreductible, no permite que el cuerpo fluya, se relacione, se construya y se redefina en diversidad de culturas. Ya sobre la frontera, la autora introduce el concepto “the border identities” para referirse a identidades que no se incorpora en definiciones existentes que las ubican en lugares determinados por la tradición; ubicarse en la frontera permite cuestionar cualquier criterio de autenticidad y purismo cultural; las identidades de frontera no solo confrontan las tradiciones culturales, sino la manera misma en que se define la tradición. De esta forma, la frontera se convierte en un espacio de encuentro y no en espacio para determinar las diferencias. Es importante resaltar que Aída Hernández desarrolla su texto a partir del conocimiento situado, desde su vivencia en la frontera Norte entre México y Estados Unidos; desde este lugar se permite explicar la frontera como un espacio vivencial, que


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interviene en la re-significación, reivindicación y construcción de identidades. Es este espacio en el que se debate el “quién soy”, “quiénes somos”, “quienes son”, y el “qué seremos”. De esta manera los elementos conceptuales de Hernández serán trasladados a examinar lugares en el espacio urbano de Santiago de Cali donde se ubican las identidades de género trans. Desde esta propuesta se pretende trasgredir las limitaciones del género y reinventar identidades. Claramente no se puede negar el paso de umbrales que estas identidades realizan en el espacio público y las acciones que toman los Otros para contener el cruce, casi propio de las leyes antimigración aplicadas en la frontera norte entre Estados Unidos y México, este es otro tema. Centrémonos, normalmente el espacio público urbano es restringido a la presencia de las identidades LGTB. Estas identidades son ubicadas en delimitados espacios geográficos la discoteca, los baños sauna, videos o los espacios de encuentro cerrados en los que se acepta su ingreso y permanencia. Especialmente privados de la mirada de quienes no se ubican dentro de estas orientaciones sexuales e identidades de género. No obstante llama la atención la trasgresión que hacen las personas Trans a delimitaciones entre lo masculino y lo femenino en el espacio público urbano. Las personas que se autodefinen con identidades de género trans son históricamente subalternizadas y ubicadas en espacios geográficos de la ciudad. Con gran insistencia aparecen la peluquería y las zonas para el trabajo sexual. Estos lugares han influenciado la construcción de sus identidades y la manera en que los Otros generan atributos y son vistas. Las zonas para el trabajo sexual y la peluquería, espacios geográficos, ha generado un tipo de sujeto trans desde afuera y desde dentro, marca las fronteras entre lo normal y lo anormal, entre lo heterosexual y el transito hacia lo femenino. Con todo lo anterior, se aplicará la propuesta de Hernández a partir del reportaje: “Pollitas en fuga: crónica de los niños travestis en Cali 1”, del diario el Tiempo, periódico de circulación nacional. Allí se presenta, por un lado, el testimonio de Evelin de 15 años y 1

Redacción el Tiempo. “Pollitas en fuga: crónica de los niños travestis de Cali”. Disponible en la dirección electrónica: http://www.eltiempo.com/colombia/cali/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR8906960.html, visitado en: 02/03/2012.


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Marcia de 13, ambas travestis como las nombra el periodista; de otro lado el discurso de instituciones del Estado: el Instituto de Bienestar Familiar, la Defensoría del Pueblo Regional Valle del Cauca, la Policía Nacional, el discurso medico desde la psiquiatría infantil; finalmente Santamaría fundación Trans. En esta crónica se entremezclan los dos espacios geográficos. La peluquería: “ (…)Frente al espejo desportillado en que se refleja un afiche desteñido de Marylin Monroe, en una peluquería de estrato uno en el sur de Cali, saca un tubito de pestañina de una cartera plateada de material sintético marca Guess, que evidentemente no es Guess” Y la zona de ejercicio del trabajo sexual: (…) “Marcela se pierde por las brumas de una calle oscura debajo del puente del comercio, el en norte de Cali, uno de los 14 sitios identificados donde en las noches, travestis de todas las edades se agrupan en racimos de tres o cuatro a la espera de algún cliente” (…) la calle del pecado, en inmediaciones de la Beneficencia del valle, un sector céntrico de la ciudad. En la noche la “calle del pecado” es un nido purulento donde hierven prostitutas, travestis, jibaros y ladrones. Esta es la ubicación geográfica de las “niñas travestis”, prófugas de la familia, el colegio, para ser ubicadas en un espacio que no solo es geográfico sino que incide en la definición de sus identidades, que a la vez emite discursos sobre qué es ser travesti, qué significa construirse en las inmediaciones entre tradicionalmente definido como masculino y lo femenino. La constante búsqueda de definiciones, que crean enfermedades que justifican el disciplinamiento de los cuerpos. Veamos ahora como se define el cuerpo de los niños travestis en Cali. En primer lugar se insiste en nombrarles en masculino, cuando su expresión de género es femenina y sus nombres son elemento constitutivo de su identidad:


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(…) Évelin Andrea es alta, espingada, y tiene la piel del color del chocolate. Su verdadero nombre es Marlon, tiene 15 años. (…) “dice en tono de preocupación, con una voz que se le escapa robusta pese a que insiste en adelgazarla” (…) Marcia tampoco se llama así; prefiere ocultar su verdadero nombre”. De otro lado, las instituciones del Estado dan explicaciones al hecho de hacer el tránsito hacia lo femenino: (…) El (ex) defensor del pueblo del valle, Andrés Santamaría, reconoce que los niños travestis son una dolorosa realidad en Cali, de la que por pudor y vergüenza social no se habla (…) son niños pobres de familias disfuncionales, que terminaron en la calle travestidos, prostituidos y explotados porque en sus casa no supieron aceptarlos ni orientarlos al descubrirlos con tendencias homosexuales” Vemos pues la definición exógena de las personas que se ubican en lo trans, está influenciada por discursos de patologización, de familias disfuncionales y se tiende a generalizar la experiencia del trabajo sexual como un aspecto que conforma obligatoriamente la construcción de las identidades trans. Podríamos considerar que lo trans se ubica en las fronteras de lo tradicionalmente definido como masculino y femenino, sin embargo existen fuertes discursos que esencializan sus cuerpos, que los colonizan a través de ideas predominantes sobre el transito, en este caso hacia lo femenino, estos discursos los reducen y los convierten en cuerpos a disciplinar. Con esto se propone el inicio del análisis de cómo los espacios geográficos inciden en la construcción de las identidades y delimita las diferencias; cómo se representan masculinidad o feminidad tradicional en estos espacios; como los discursos hegemónicos sobre los cuerpos trans terminan homogenizando otras experiencias de reinvención de estas identidades. Finalmente, se pretende un recorrido sobre estos discursos que permitan ubicarnos en la frontera como espacio trasgresor que posibilita a los sujetos liberarse de cuadriculas esencialistas, para reinventar y reivindicar sus identidades.

Las fronteras urbanas y la colonización de los cuerpos.  

Las fronteras que interesan aquí se definen desde abordajes geográficos, sin embargo el énfasis está en comprender cómo desde este lugar(es)...

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