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Sylvia Plath 1932-1963


Gemma Lahoz


EL DENOMINADOR COMÚN Sólo te resta esperar, tumbada y un poco fría, a que ella venga a darte, dentro de no mucho, la razón. Porque no queda rencor que verter sobre tu rival cuando sabes que el denominador común del suicidio es tu marido.

Ignacio Moreno (Microalgo)


ALFA MUERTA Metes la cabeza en un horno que has limpiado antes. Cierras los ojos y tu mundo muere, pero la dama Lázaro siempre resucita. Una vez cada década. Alfa escritora. Alfa madre. Alfa ama de casa. Alfa estudiante. Alfa esposa ya no existe. Pero el horno siempre está limpio y los niños desayunan cada mañana, en sus camas. ¿Matar al padre? Ese maldito dios abeja, miembro de una raza Alfa, ese coloso que te arrastra a su tumba, ese hombre a quien odias y amas. No, matar al padre no. Otto te matará a ti. El ario capicúa rodeará a su hija Alfa con sus tentáculos de abeja, la irá introduciendo en un laberinto sin salida, víctima de un círculo vicioso aun antes de saberlo, aun antes de salir. Cierras los ojos; no quieres, no puedes dormir. Temes aquello que no puedes controlar, ser Beta durmiente. Temes también no despertar. Jamás Alfa muerta sin desearlo, sin provocarlo. Alfa siempre suicida, el horno impecable. A Ted nadie le lleva ya el desayuno a la cama ni su horno está tan limpio como el tuyo. Su mujer no se preocupa de dejar reluciente un lugar donde cabe perfectamente su cabeza. A partir de ahora, los hornos están hechos para suicidarse. Exclusivos para gente Alfa. Ted ya no será jamás Alfa, en nada. Llevará como una sombra el peso y las acusaciones de tu trágico destino. Cierras los ojos y parte de tu mundo muere; no quieres, no puedes dormir. A lomos de Ariel o de Sam, galopando, caballos de nombre incierto y pasajero con tus ojos de almendra, con tu media melena, con tu aniñado flequillo. Tú galopando sobre tu propio fantasma. Sylvia arrastrando a Sylvia a su infierno, a su mundo de pesadillas diurnas. Las vacas dan leche con sabor a Chaucer, a cuentos de ________


Canterbury. Zumban abejas invisibles por el campo, las puedes oír. Bloomsday. Tu madre, escultora de tu mente perfeccionista, tu madre, creadora de Alfas, única invitada. Cartas y diarios. Dama Lázaro, una vez cada década. Morir es un arte. Un hombre que se escapa por las noches de su tumba, que arrastra consigo a su última víctima. Otto, el dios abeja. La historia te persigue, aria y judía. Tú, que aspirabas a ser Alfa. El horno es grande, hecho a la medida de tu cabeza. Ojalá no soñaras. Otto aparece por las noches y a ratos, o para siempre, se te lleva. Pánico al sueño, a no poder escapar de las garras de tu padre. Pánico a escribir, a que las palabras arrebaten todo lo Alfa que posees. Ama de casa. Madre. Mujer. Estudiante. Antes esposa. Qué hermoso, el horno. Ted estará durmiendo. Tú ya has escrito tus mejores versos, tu campana de cristal. Una vez cada tres décadas. Dama Lázaro. Nada es eterno. Demasiadas Alfas para poderlas mantener. Has dejado la casa impecable. Y el horno. No se engrasará tu juvenil melena. Frieda y Nicholas disfrutarán de un copioso desayuno, también el principio de su día será Alfa (acabará en Omega). Ted y sus animales, tú y un universo entero hecho a tu medida, esculpido con aquellos sueños a los que jamás te has enfrentado. No puedes dejarte llevar. Podrías hacerte daño. O, lo que es peor, salir ilesa. Enciendes el gas, qué orgullo ver la cocina así. Seguro que lo comentan los vecinos. Ellos no oirán las abejas que zumban en tus oídos, ellos no verán el perro alemán que te arrastra a su tumba. Verán una mujer Alfa, una madre Alfa, una escritora Alfa. Alguien que algún día fue amante y esposa Alfa, alguien que será para siempre leyenda y suicida Alfa. Una a una, vas matando las abejas.

Rebeca Martín Gil


David Durรกn


SYLVIA, No recojas a los gatitos abandonados. No recojas todas las baratijas que encuentres por la calles de Europa y abarrotes los cajones. No conviertas a los recuerdos en tesoros. No amontones el polvo para tener una cima a la que llegar. Lo guardabas todo: las cartas a casa, el desamor, el miedo, los pañuelos bordados con iniciales ajenas, las listas de sinónimos del diccionario, lo que creías buscar y encontraste. Cómo alejarse pronto viviendo cerca de un nido de abejas. Cómo nombrar el zumbido, la miel, el picotazo, la piel enrojecida. Cómo extender otra vez las manos para que vuelvan a visitarnos. ¿Qué harás con todo eso si me marcho? ¿Cómo vas a hacer que se queden? ¿Evitarás que envejezcan? ¿Lo haré?

Emily Roberts


Leticia G贸mez Aguado


Ainize Salaberri


Manuel Pujante


Cuánto tiempo pasas jugando a planear un turno nuevo dejando torcer un nuevo espacio mirando a la certidumbre como a un horno abierto No hay arquitrabe que sostenga el mundo ¡Ya está bien! Game over Te toca levantar lo que has tirado Aquello que hiciste un día parte de algo o parte de la parte de algo No sigas haciendo pan con mis migajas Ya está bien de cotizar años de aves migratorias No inventes coordenadas para quedarte a mi lado Soy fiel a estar sola

Adriana Schlittler Kausch


Paloma P.


LA HERENCIA No exagero cuando digo que un paralítico podría vencerme sin apenas despeinarse en una competición de baile. Pero en mi caso, lo que los psicólogos llaman dislexia vital es en realidad amor maternal mal diagnosticado. Cuando intento chasquear los dedos en público la gente se me echa encima para inmovilizarme y evitar que me muerda la lengua. Lo que esos ignorantes confunden con un ataque epiléptico no es otra cosa que la cálida herencia de una madre sobreprotectora. Pero hay más, mucho más. Silbo como un fregadero atascado. Dibujo como un niño manco. Canto como un hipopótamo en celo. Esculpo como una bola de demolición. Escribo como un italiano. Estas y otras mil ineptitudes son a la vez regalos de mi bondadosa madre y los frutos del severo entrenamiento en Alaska al que me sometió desde la cuna. Algún iluso podría llegar a pensar que instruir a un hijo en el arte del desastre es algo cruel, pero nada más lejos de la realidad. Si el talento y el ingenio calcinan más que el sol, qué tipo de madre no querría alejarlos de su hijo. Es cierto que tras una vida aprendiendo a no aprender, a achatar el más mínimo despunte, a centrarse en lo plano y común y superficial, uno necesita tres cuartos de hora y la ayuda de un sistema de poleas hasta para abrocharse la bragueta, pero ése es el precio a pagar para mantener a raya al diablo y el ardor de estómago.

Xavi Lázaro


Noire


Esa familia que nunca me vio, cegados por mi presencia irónica, limitada por el coño abierto, que sólo se tapaba por los gritos menores, los perros que ladraban a media tarde, para desayunar. Pérdida, no, hallada por mí misma, soy S de soga al cuello, nombre del que permanezco alejada, muerta tras mi propia automutilación, un día más, un día eterno, llorar sangre por mis oídos, esos que no pueden escuchar que no soy mujer, una diadema tirada en el sofá, vellos púbicos en el parquet, flores, ésas, las cuáles, metí en el jarrón, el agua las ha ahogado, cómo tú concepto de familia ahogo mis tobillos hinchados por la química, vuelvo a llorar sangre, ésta vez por un conducto por el cuál salieron los animales que cuido en el tejado. La casa se quema, me arden los pechos, pinchan los alfileres clavados en mis neuronas, ya no existe el dolor, soy una bombona de butano con labios pintados en la cocina.

Marygarlic


Lola MarĂ­n


SYLVIA PLATH «Donde quiera que estuviera sentada, estaría sentada bajo la misma campana de cristal, agitándome en mi propio aire viciado». Sylvia Plath ha muerto y deposito ante su altar los restos de mi piel, la doblegación del miedo, el tú, el yo, el nunca jamás volveremos a cubrir la distancia ante el olvido aunque subsista algo de sí en todo este vendaval. Sylvia. Sylvia. Sylvia. Has devorado el aire y el lamento lentísimo que ascendía por tu laringe, acaramelados el furor y el miedo han inundado de negro la profundidad de tus pulmones, tu corazón, tus entrañas, el día, qué espejismo has escrito el último verso sobre la línea de tu asfixia quizás te has marchado para no decir adiós quizás en caminar por el borde del abismo, en la inquietud, en vacilar, titubear, despedazar hay más poesía de la que imaginamos. Morir era esto: nutrirse del recuerdo, elegir las coordenadas, dejar una carta de despido sin metáforas.

Rosa Berbel


Gemma Lahoz.


ÚLTIMA MORTE DE LÁZARO, ÚLTIMO POEMA DE SYLVIA Volveu a sucederme. Cando xa non estou vendo nada, unha vez máis córrese a pedra: volvo ao meu principio, tal que unha terrible imaxe que me persigue, coma un ollo que estivese no que mira asisto ao meu milagre en todas partes. Non debería a auga volver ao surtidor, sobrevivir o son ao corpo que o pronunciou. Mais en min están os regresos, esta ocupación polo cíclico. Cantas lúas, unha e outra vez porcelana xa rota baixo o fanal. Sempre león incandescente volvendo con esta peste na boca a mel silvestre; saboreando o metal do cepo deixo que sexa atrapado todo canto teño. Mentres, na póla o figo ínchase, planeta dunha ingravidez gorentosa. Tanta carne! O meu ollo non fai cambiar o seu peso aínda que a luz redefina as formas. Con alento de gas e en sedas envolto, divino e desatado, sopra o último vento. Caerá o froito e a terra será ventre. Que saia, que me erga —dirán—, e camiñe. Tarde: para entón todo estará curado. Con mestría, con furia agora executo un catálogo de descoidos. Deixarei de escribila e sucederá a morte. Deixarei de nacer e será perfecto.


ÚLTIMA MUERTE DE LÁZARO, ÚLTIMO POEMA DE SYLVIA Ha vuelto a sucederme. Cuando ya no estoy viendo nada, una vez más se corre la piedra: vuelvo a mi principio, tal que una terrible imagen que me persigue, como un ojo que estuviese en lo que mira asisto a mi milagro en todas partes. No debería el agua volver al surtidor, sobrevivir el sonido al cuerpo que lo ha pronunciado. Pero en mí están los regresos, esta ocupación por lo cíclico. Cuántas lunas, una y otra vez porcelana ya rota bajo el fanal. Siempre león incandescente volviendo con esta peste en la boca a miel silvestre; paladeando el metal del cepo dejo que sea atrapado todo cuanto tengo. Mientras, en la rama el higo se hincha, planeta de una ingravidez apetitosa. ¡Tanta carne! Mi ojo no hace cambiar su peso aunque la luz redefina las formas. Con aliento de gas y en sedas envuelto, divino y desatado, sopla el último viento. Caerá el fruto y la tierra será vientre. Que salga, que me levante —dirán—, y camine. Tarde: para entonces todo estará curado. Con maestría, con furia ahora ejecuto un catálogo de descuidos. Dejaré de escribirla y sucederá la muerte. Dejaré de nacer y será perfecto. Jesús Castro


THE NIGHT DANCES

Garlic and sapphires in the mud T. S. Elliot

I’m laying restlessly over the drenched grass. The world’s breath mists the night sky & frames its shy perfection. A star explodes like a huge balloon & drifts around the universe forever. The world’s spit licks the surface of the moon to keep it spinning. Bugs hum in harmonic mayhem. The universe imposes order inside its own matrix without mercy. I must be a part of this melody: my hands try to reach the sun & the deepest ocean at the same time. This thirst…— I could easily kill it if I scratched some ice from the sun’s surface: between my teeth bone and cold become sapphires. Sanctified by the world’s spit, my corpse lays over the drenched grass. — Flesh & mud indistinguishable.

Miguel Rual


David Durรกn


METÁFORA Te adivino y tú sin saberme a mí, a todas, un poco: en las manzanas, en este ser hogar, en este ser medio, del Hombre, para el Hombre. Te adivino en el horno donde crecemos cada mañana y en aquel donde, también, acabarán mis huesos.

Paola F. Zurbarán


Mar铆a Sim贸


EL CLUB DE SUICIDAS DE TED —Assia, tú y yo somos hermanas. —¿A qué te refieres, Sylvia? ¿Hermanas por haber amado al mismo hombre? —No, eso es secundario. Muchas mujeres aman al mismo hombre, algunas en secreto. Lo nuestro es más fuerte, más profundo, pues somos hermanas en la muerte. Pertenecemos al club de suicidas de Ted. —Qué honor, creo. —Lo es. Hermanas de sangre, tinta y lágrimas. Un vínculo que nos une en la muerte cuando todo nos dividía en la vida. —Qué facilidad tienes para encontrarle el lado poético a todo, incluso aquí. Yo no dejo de pensar en la injusticia que cometimos contra nuestros seres queridos. Mi hija, que no la encuentro aquí. Tus hijos, que ya nunca pudieron prepararse una pizza o un pavo en navidad sin pensar en ti.

Gabriel Noguera


The pain You wake to is not yours. Sylvia Plath Amanecer a la ausencia. La masa universal ha tirado de los párpados y sin embargo el hueco. Sobre el parqué las plantas se revelan carnívoras. Caminar hacia el café con aire de orificio y los pies aún calientes. Tal vez quiera el cigarrillo ser abrazo robusto esta mañana, ser músculo moreno, pupila incisiva, negra cabellera. Remover la leche con los ojos fijos en el desagüe: ya se llevarán esta falta que calcina, este constructo, esta contingencia. María Schmetterling


CUANDO Cuando desde el fondo del estanque, las fijas estrellas gobiernan una vida. Sylvia Plath Cuando tan sólo soy una flor que se deshace frente a la ausencia del rocío.

Crista Smith


P. Strange


EL EFECTO SYLVIA PLATH Escribo y por eso gritas. No escribo por eso lloro. Rompo mi papel, rompo su trato. Y lloro porque grito y grita porque escribe y me rompo .

Álvaro Domínguez


Morir es un arte, como todo lo demรกs. Yo lo hago excepcionalmente bien. Sylvia Plath


COLABORADORES Rosa Berbel Jesús Castro Álvaro Domínguez David Durán Paola F. Zurbarán Leticia Gómez Aguado Gemma Lahoz Xavi Lázaro Lola Marín Rebeca Martín Gil Marygarlic Ignacio Moreno Noire Gabriel Noguera Paloma P. Manuel Pujante Emily Roberts Miguel Rual Ainize Salaberri María Schmetterling Adriana Schlittler Kausch María Simó Crista Smith P. Strange DIRECCIÓN Sonia Marpez Gabriel Noguera DISEÑO Y PORTADA Sonia Marpez Obituario N.11 - Sylvia Plath Publicado el 11 de febrero de 2014 obituariomag.blogspot.com


Obituario #11  

Obituario - N.11 - Sylvia Plath.

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