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Emily Dickinson 1830-1886


nunca me sentí en mi casa aquí y en el cielo radiante no me sentiré en mi casa, lo sé, no me gusta el paraíso. Emily Dickinson AVE MORIR

I ver matar morir. me miro y ya estoy muerta. no me miro por no morirme. pero ya estoy muerta. ave que no vuela muere. mátala tú, me dicen, me rezan: no la dejes vivir, muere. II nosotros no nos quejamos porque nos adelantamos a la herida nosotros nos hundimos —nos sumergimos— metemos la cabeza bajo la tierra y esperamos la asfixia morimos de miedo pero nos quema estar a salvo por encima de las llamas, el frío volver es desandar desanidar ceder el vuelo. nos hemos abrazado para mantenernos tibios nos hemos abrazado para no ceder al hielo anido. anido en un refugio a la intemperie un refugio frágil que se ablanda amor, y llueve ahora mira cómo cae ahora mira cómo vas a sostenerme


ahora que estás como un hermano que vuelve y lo encuentra todo bien dispuesto el mismo orden en los muebles del salón aquí nadie toca las cosas ya porque todos somos ajenos a esta casa en herencia abrir las puertas, ventilar hacer que respire [aspirar] significa dejarla a viva para otros pero cómo escapar de un lugar al que no pertenezco si no he llegado a estar mírame: quién soy cuándo he llegado cómo por qué me viniste a acoger en tu isla o por qué viniste a encallar en mí yo, tierra para el náufrago y sed para el amante mira cómo muero hundida por mi propio canto mira cómo me mato por palabra obra y omisión mira cómo muero cuando te salvo mira cómo tiembla tu mano cuando me amarras

Adriana Bañares


DISECCIÓN TEMPORAL DE EMILY ―¿Está usted demasiado ocupado para decirme si mi Verso está vivo?‖ F-1 F-7 F-173 F-228

en este mundo terrenal, nadie puede realizar su anhelo. ¡Para florecer por ti eludiré la tumba Si no fuera por los vientos, sería provinciana; Mi ojo está más lleno que mi jarrón;

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El Amor es como la Vida, sólo que más largo. Sentí un Funeral, en mi Cerebro; Los Meses tienen un final; los Años, un nudo, la Diferencia me hizo osada.

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No podía soportar vivir en voz alta; Me apremié a demandarme a mí misma Mirar atrás es lo mejor que nos queda, El Dolor es el Miembro más Joven.

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El regreso es un camino diferente La Esperanza no construye su Casa con cimientos; Mi vida acabó dos veces antes de su final; Una oreja puede romper un corazón humano

* Numeración según el profesor R.W. Franklin

Ana Calpena Santana


trabajo en mi prisión y soy huésped de mí misma Emily Dickinson El hombre es siempre el constructor de una cárcel. Y no se conoce a un hombre hasta saber qué cárcel ha construido. Roberto Juarroz me asomé al mundo y vi en cada flor el pezón púrpura de la muerte me escondí del mundo y el mundo se ofreció en su cuerpo y llegó tarde busca la luz qué atravesar y a veces nos contempla atravieso de noche los jardines de mi padre con las manos hundidas en mi vestido y es en ese vacío claro y tranquilo donde recuerdo que nunca vi el mar y nadie al que amara se dispuso a llevarme ya ha empezado la mente a quebrarse como una galería de espejos soy la que palpa en la oscuridad unos ojos rencorosos que me confunden la que escribe para volver a describir todas las cosas la que vuelve a describir todas las cosas para salvarse

Isabel Tejada


Meanwhile, at many cradles Her busy foot she plied Humming the quaintest lullaby That ever rocked a child. Emily Dickinson NANA DEL NIÑO MUERTO No te asustes por la ausencia de olor por la falta de luz por el exceso de frío Mi niño se va a dormir y el angelito del sueño lo va a bendecir.

No te asustes si ya no pinchan las agujas si no tienes hambre si se te amoratan las uñitas Mi niño se va a dormir y el angelito del sueño lo va a bendecir. No te asustes si ya no pasan las hojas del calendario si un día no me reconoces si vives en las descoloridas fotos Mi niño se va a dormir y el angelito de sueño lo va a bendecir. No te asustes niño mío, siempre chico mi niño. Duérmete en un ea, ea, ea. Mi niño ya se durmió, el angelito del sueño ya se lo llevó.

Carmen Ramos


Elena L贸pez


EL ARRESTO Hay microorganismos que nacen, viven y mueren en mundos estériles de no más de tres milímetros de diámetro. Lo que intento decir con esto no es que todo es una cuestión de perspectiva, sino que siempre hay alguien más jodido (y que está más estrecho) que tú. Ha sido precisamente esa máxima la que me ha mantenido serena durante todos estos años de cautiverio forzado. Sí. Quizás llevo media vida encerrada en un dormitorio por voluntad de un italiano enajenado que sólo me alimenta con naranjas pochas, pero sigo lúcida gracias a mi mantra. Ponerme a gritar y maldecir sería lo fácil, lo sensato, pero en lugar de eso sonrío y escribo sobre intangibles. Bien podría intentar recuperar mi libertad y arremeter contra la puerta a cabezazos hasta perder la conciencia y/o la cabellera, pero en lugar de eso hago calceta e imagino que en alguna otra parte hay una persona recluida desde la infancia en una letrina y a la que obligan a mantener una dieta estricta de remolacha. Y lo cierto es que eso, enarbolar la ruina de un forastero imaginario, me consuela y apacigua hasta el punto de quedarme dormida. Quizás no sea algo digno de publicitar, pero lograr transmutar las desgracias ajenas en placidez propia es un talento que nadie debería menospreciar.

Xavi Lázaro


Hacer una pradera es fácil

Emily Dickinson VIVÍA EN LO ETERNO

Quién será el propietario de la duda de cuántas gotas se mantiene la arcilla mis hoyuelos ¿pertenecerían al cielo o al pantano? y las colinas ¿serían las mejores compañeras? Desde la jaula, la dueña de los nombres empuja sus versos a un bienestar redondo la misma que conoce el saber del sol y no sabe el final del día pregunta, quién será el dueño de la duda. Ella, de sostener la palabra a la plenitud tornear con plumas la cama de sus poemas mirar el mudo interior de las ramas lavar la primavera y liar el tiempo en madejas de lo que ocurra. Ella, con su mirada, rastrea el ataque de los centauros y logra el entendimiento con los niños. Emily se lanza a la eternidad como una piedra abre las aletas del tiempo cuando cada barrote de su estuche salta al océano y resulta que hacer una pradera es fácil peinar los renglones si estos duelen es fácil y dar tributo cada tarde a sus amigos que duermen es fácil. Se puede calcular el desnivel de la mañana al ocaso y segar el agua para ganar la partida saber qué es lo que no se puede esperar que a solas, no es estar sola.

Elena Urbaneja


THE WHITE DRESS Mientras observo a mi delgado amigo ocultarse una vez más entre la hierba, me pregunto si las bestias arrastran también esta esperanza cansada. ¿Adónde se marchó el calor de los días? ¿Adónde el frío de las noches de marzo? Bajo el blanco vestido la vieja espina aún me lastima el corazón. Sigo siendo la huésped de mí misma, aunque la puerta de la [prisión ahora esté abierta. A lo lejos, oigo el canto improvisado de un pájaro infantil que se desvanece a cada instante. Dudo entre mirar por la ventana o caer sobre la mesa. ! Quizás sea hora de decir adiós.

Antonio Ullén


Lola MarĂ­n


No acaricies mรกs su tumba.

Violeta Niebla


JosĂŠ Morillo


LA ESCRITORA MUDA

Ella recluida en un costado de la estancia. Sólo se intuía su presencia, tan sólo su voz semidesnuda y su cuerpo en el limbo. Al otro lado del cuarto, un amplio ventanal y más allá los árboles — un ciervo, a lo lejos, un viento lleno de rumores, una rama oscilante disolviéndose en la nada—. Sabía que su presencia nos desbordaba, que esperábamos el momento en que sus gestos y sus formas salieran de la oscuridad, desde nuestra posición de trinchera ignorante. Teníamos prisa por saber quién era, de qué encarnada mente salían todos esos folios pulcramente desgastados. Si era niña o mujer, si estaba sola, si esperaba a alguien cuando decidía levantar la vista de lo escrito. Se aposentó en el borde de la cama, alisó su falda y esperó. El anonimato era para nosotros un mecanismo cuyo engranaje nunca comprendimos. El tiempo pasaba a ciegas y nadie se daba cuenta y sin embargo, a cada instante nos preguntábamos quién esperaría tras la puerta, a quién confesaría el exceso de adjetivos, qué era la poesía sino un susurro buscando oídos, sino un cielo amplio. Emily se incorporó y cerró la puerta. Emily sonrió. Emily sabía que un solo verso —uno de amor, quizás, de esos que ocultaba en su regazo— podría habernos callado eternamente, podría habernos hecho saber que existió el nombre y los labios que lo pronunciaron: eso habría sido suficiente. No lo fue. Emily volvió a sentarse, su falda lisa como el filo mordaz de la navaja. No dijo nada, ni siquiera tembló en una vorágine de infinita desidia, persiguió sus pasos limpios, las esquinas del folio. Regresó a lo escrito, reemprendió la marcha. Y acaso, ¿hubiéramos sabido entender el despliegue de su lengua? ¿No era su invisibilidad una prueba más de que había sido, inmensa, silenciosa, eterna, respetada? No volvimos a decir nada, la infinitud tumbada bajo los álamos ahora tenía su nombre, aunque de su propia boca hubiera emanado solo un hálito. El costado del cuarto vacío. Nosotros sedientos. Emily Dickinson, pensamos, la escritora muda. Rosa Berbel


P. Strange


EN EL VIVERO Cava una zanja para enterrar los corazones de los demás–– Planta un árbol para colgar mi corazón bien arriba–– A los pies postra mi cuerpo hasta que otro lo necesite.

Emily Roberts


Sonia Marpez


LOS AQUELARRES DE EMILY Decían algunas malas lenguas en Amherst, Massachusetts, que Emily Dickinson era una bruja. Al fin y al cabo, alegaban, Salem no estaba tan lejos y eso explicaría su extraño comportamiento, su carácter esquivo, el hecho de que no buscara marido. Seguro que recibía al diablo por las noches, decían las señoras mayores. Y si vestía de blanco era para aparentar una pureza que no era real. Algunas personas se santiguaban cuando pasaban frente a su casa por la noche y veían una luz encendida en el dormitorio de Emily. Ya está apuntando hechizos en su grimorio, pensaban.

Gabriel Noguera


ÂŤLa Muerte da significado a Cosas en las que el Ojo apenas se detuvoÂť. Emily Dickinson


COLABORADORES Adriana Bañares Rosa Berbel Ana Calpena Santana Xavi Lázaro Elena López Lola Marín Sonia Marpez José Morillo Violeta Niebla Gabriel Noguera Paloma P. Carmen Ramos Emily Roberts P. Strange Isabel Tejada Antonio Ullén Elena Urbaneja

DIRECCIÓN Sonia Marpez Gabriel Noguera

DISEÑO Y PORTADA Sonia Marpez

Obituario N.14 – Emily Dickinson Publicado el 15 de mayo de 2014 obituariomag.blogspot.com



OBITUARIO #14