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Soraya y su café. Él y ella. Nunca estarían bien juntos. Ella era una de esas mujeres acompañantes por hobby (no le pagaban). Sospechaba que una relación entre ellos sería tibia, una mera formalidad. Soraya vivía así, la soledad no le preocupaba pues nunca había sufrido por eso. Tomaba su bebida con suma tranquilidad. Soraya sabía que en cualquier momento terminarían en otro lado. La (muy guapa) chica que atendía el café, había cambiado la música y empezó a sonar «Like a Friend» de Pulp. Esa canción siempre le había fascinado a Mariel y ahora llegaba, como epifanía, la idea de si realmente quería sacar un hábito con otro. Era aterrador convertirse en una persona adulta sin alguien que lo quisiera y con pocas posibilidades para experimentar una sexualidad que no tuviera que ver con las manos, contratar a alguien o acosar alumnas. No. Él no quería caer en desgracia. —¿Y si vamos por cervezas? Quizá el cambio de ambiente le vendría bien. Pulp gusta, sí, pero era mejor escuchar música en la intimidad del cuarto. También era mejor llevar sus problemas al mismo cuarto, para despejarse, calmarse. Era mucha la angustia y la desesperación. Sudaba, no tenía ni idea de por qué. De pronto sintió ese calor repentino, el deseo de encerrarse en un cuarto y masturbarse. Debían ir por alcohol. Si no, no tendría caso haber visto a Soraya. Ella aceptó. Siempre lo hace. Mientras alguien le pague todo lo que consume y la haga sentir una mujer deseada, de mundo, aceptaría lo que sea. Ni siquiera dudó cuando hablaron por teléfono y concretaron la cita. Cualquier otra persona habría preguntado por el motivo que movía a dos antiguos compañeros a verse, pero ella no. Fue su primera opción para distraerse. Sabía todo eso de Soraya porque muchos de sus 30

Esferas—Issue Two  

Esferas is an undergraduate student and alumni initiative from New York University’s Department of Spanish and Portuguese. We are a peer-re...