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relación seria en su vida. No era una persona condenada al fracaso o a la soledad (o ambos), pero eso no evita la sensación. Había terminado la licenciatura en Arquitectura y tenía planes de meter sus papeles para la maestría. Veía a sus compañeros y amigos de manera habitual, formaba parte de un colectivo de diseño. Por donde se viera, tenía una vida plena, un poco marcada por la inquietud sexual. Después de que Mariel se alejó, seguía creyendo que era una broma. Las parejas no terminan después de tener sexo. Y si lo hicieran, no se quedarían a dormir abrazados hasta el amanecer. —Además, después de decirme que no estábamos bien, se puso a fumar. Dejó su cajetilla. Es una desconsiderada, sabe que no fumo y que ver el cenicero en el buró aún me duele. No. No he limpiado desde entonces... Comenzó a masturbarse obsesivamente. Día. Tarde. Noche. Antes de cada comida (creía que le ayudaba a tener mejor digestión) y después de rezar. Nunca lo había hecho con menos interés. Tenía años que había dejado de ser un placer, era mecánico, sólo una necesidad, como ir al baño, viajar en transporte público o comer algo que no gusta. Lo hacía por inercia y era lamentable. No era sano, le dolía el cuerpo después de hacerlo y se sentía más desgastado de lo normal. Citó a Soraya en un café. Habían sido compañeros en la preparatoria. La citó con el propósito de relajar su ímpetu sexual, nada más. Por alguna razón que aún no lograba comprender, sentir de vez en cuando un cariño como el que Soraya o Mariel podían darle era suficiente para bajar la masturbación a lo necesario o, como en algún momento le dijo su psicólogo, lo normal.

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Esferas—Issue Two  

Esferas is an undergraduate student and alumni initiative from New York University’s Department of Spanish and Portuguese. We are a peer-re...