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piensan que me están enseñando la ciudad y yo sólo veo postales. Luego vamos al único sitio que importa que suele ser su casa o, si prefieren ir despacio, no darte entrada todavía en su vida, un motel. Pues si me preguntan qué forma tiene este país más allá de Nueva York te diré que es un café con fotos del Ché Guevara y sarapes mexicanos en lugar de manteles, un parque en medio de un barrio tranquilo a orillas de un lago a la sombra de una antena de televisión inmensa y más allá hay un motel con habitaciones impregnadas de nicotina y olor a humo de cigarros y una piscina que está a un par de metros de una carretera (en la que si alguien se decidiera a bañarse lo haría bajo el polvo que levantan los carros cuando pasan junto a ella), unos cuantos aeropuertos y sobre todo patios de casas en medio del invierno y calles limpias o sucias pero casi siempre apacibles y parqueos porosos que son una imitación en pequeño del desierto que los rodea y de vez en cuando alguna que otra iglesia. Algo así como pensar en un elefante e imaginar un trozo de trompa pegado a una cola que camina sobre una sola pata. Para conocer el cuerpo tendría que recorrer el país de costa a costa, detenerme a cada rato, comer algo en los restaurancitos de carretera pero no creo que lo haga nunca. La única verdad en todo esto es que no me interesan los elefantes. […] Por Nueva York pasa todo el mundo aunque sea una vez en la vida, basta esperar y que tengan tu número de teléfono. O si no lo averiguan. Tanto desespero para luego venir con ese aire arisco que dice “no me vas a impresionar”. O “no te pienses que soy un pobre guajiro que no conoce mundo”. Y entonces te dicen que la única diferencia entre La Habana y Nueva York es la Coca Cola. Eso si vienen de La Habana. Los cubanos 272

Esferas—Issue Two  

Esferas is an undergraduate student and alumni initiative from New York University’s Department of Spanish and Portuguese. We are a peer-re...

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