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en los labios. Abrazó al resucitado como se abraza en las letras de los boleros. Bebió de un sorbo lo que beben los que se aman y volvió a su tumba. El cuarto verdugo fue un vaquero del Viejo Oeste. No tuvo que decir que sus balas no eran de salva. No tuvo que decir que ni el pato ni el de cuatro dedos sabían de estos temas. No tuvo que decir que los resucitados dan besos por no hablar de la muerte. No tuvo que decir que la muerte es sospechosamente similar a no estar vivo. No tuvo más nada que no decir. Tomo de la mano al resucitado, caminaron.

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Esferas—Issue Two  
Esferas—Issue Two  

Esferas is an undergraduate student and alumni initiative from New York University’s Department of Spanish and Portuguese. We are a peer-re...

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