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Sin embargo no llegaremos hoy hasta allí; nuestro destino es uno de aquellos galpones prácticamente estropeados, que a media cuadra del canal alberga un sencillo ateneo dedicado al canal. Como si no fuera suficiente con la melancólica y desindustrializada apariencia de Union Street, al Proteus Gowanus se ingresa por un callejón paralelo que parece detenido en el tiempo, con la desventaja de que el tiempo siguió corriendo. Me digo que así es la verdadera belleza que pueden ofrecer las ciudades: no la ruina parapeteada, reconstruida o disimulada, sino la ruina ruinosa, el embate del tiempo y del uso o abandono humanos, cuando se establece entre ambos una especie de concordato, gracias al cual la convivencia entre ruina y naturaleza se dirime en reyertas de baja intensidad. Mis dos acompañantes se han adelantado un trecho, por lo tanto apenas abro la puerta los veo ensimismados frente a un gran frasco, de un vidrio bastante grueso, lleno de líquido oscuro hasta la mitad. Como si hubiera allí un secreto que no quisieran compartir, al verme se desentienden del frasco y se hacen los distraídos. Raquel mira hacia un costado y Félix desliza una palabra de circunstancia. Rato después, al acercarme, veo el pequeño cartel que anuncia la presencia de un “espécimen del Gowanus” en el interior del frasco. Las vitrinas del Proteus Gowanus y sus muestras temporarias están pobladas de cosas por el estilo, todas esdrújulas, entre científicas, artísticas, históricas, performáticas y varios etc.; y esa entera dedicación alude a una omnívora devoción por todo lo relacionado con el canal y su historia. Hay por ejemplo un puntilloso cuaderno con recortes de periódicos donde se recogen los suicidios cometidos en el Gowanus desde el siglo xix; hay videos de navegación superficial y submarina por sus

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Esferas—Issue Two  

Esferas is an undergraduate student and alumni initiative from New York University’s Department of Spanish and Portuguese. We are a peer-re...

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