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Es aquí donde comprendemos la teoría de Levinas del otro que es infinito. Para el año 1836, Larra ya gozaba de gran popularidad social, y de cierta forma era aceptado por los españoles. Pero en su deseo por alcanzar ser el otro, perdió la esencia del yo y vertiginosamente se encontró en el lado equivocado. Después de su fallido intento en la política, Larra se vio “on the side of those who favored reform and social estability over more radical, populist revolutionary models of social transformation. By an unpredictable turn of events Larra, one of the paradigmatic voices of liberalism in Madrid, suddenly found himself cast in the role of a moderate crony” (Larocci 2006, p. 194). Ahora, Larra ha perdido credibilidad ante su público y se encuentra ante una encrucijada (Schurlknight 2009, p. 152). No puede criticar el gobierno de Mendizábal porque entonces estaría faltando a sus principios liberales, pero tampoco puede apoyar al gobierno con el que trabaja en El español porque entonces estaría abandonando su casusa (Schurlknight 2009, p. 152). Esta situación, junto con su crisis amorosa, lo lleva a contemplar el suicidio como la solución a sus males, justo como lo hace Fígaro al mirar la “caja amarilla donde se leía mañana”. Es preciso volver a mencionar el epígrafe que ha dado inicio a este ensayo. La otredad es un concepto que trata de definir algo que es diferente de uno mismo. Para Octavio Paz, es un

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Esferas—Issue Two  

Esferas is an undergraduate student and alumni initiative from New York University’s Department of Spanish and Portuguese. We are a peer-re...

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