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volverse “todo verdad”, es decir, se convierte en ese otro ideal que tanto Fígaro/Larra anhelaba. No obstante, Fígaro jamás podrá ser el otro. Ha perdido su identidad, y le es imposible identificarse con nadie. Es solo mediante

la

presencia

del

otro

(el

criado)

que

logra

reconocerse una vez más. Vemos en varias partes del artículo esta ausencia de identidad con el resto de la sociedad. En la víspera de Nochebuena, Fígaro está solo y aunque decide dar un paseo por las calles de Madrid no encuentra nada que lo llene de alegría, quizás porque cuando sale, lo que busca es una desgracia que afirme su superstición:“no puede haber para [él] un día 24 bueno”. Así, cuando va de regreso a su casa y reflexiona sobre el hecho de que nada malo le ha pasado, recuerda a su criado que le espera con la verdad. La primera palabra que pronuncia el criado es “lástima”. El yo indudablemente se alimenta del otro, de la percepción que tengan los demás de él mismo. Con esta respuesta el yo se empieza a formar una nueva idea de quién es en realidad. El criado le tiene lástima porque ve que su amo no tiene la felicidad aun teniendo la posición que tiene en la sociedad, mientras que él, en su tiempo libre, disfruta de los placeres de la vida sin preocupaciones. Afirma el criado que él no busca nada en particular, por lo tanto no le espera el desengaño.

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Esferas—Issue Two  

Esferas is an undergraduate student and alumni initiative from New York University’s Department of Spanish and Portuguese. We are a peer-re...