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el deseo por el otro, un deseo que trasciende la lógica de la conciencia y que se cree que puede ser alcanzado si uno logra convertirse en el otro. Pero como bien lo explica Levinas, el otro es infinito. Levinas presenta al otro como algo que es incalculable, en sus palabras, “the idea of infinity is exceptional in that its ideatum surpases its idea”, es decir, inalcanzable porque está inmerso en un deseo que es infinito, que solo puede ser comprendido mediante la interacción con el exterior (Levinas 1967). Es preciso preguntarse entonces, ¿Cómo podría lograr España convertirse en ese otro tan anhelado por Larra, si siendo España la España misma ya era el otro? España con los años probaría ser una sociedad difícil para efectuar o sufrir cambios. Según la definición del diccionario de la Real Academia Española, la otredad se entiende como “la condición de ser otro”. Yo agregaría que es la capacidad de ser distinto al que uno es, y de poseer la habilidad de cambiar. Para Larra, esta es la otredad que él buscaba en España; esa capacidad de cambiar con los tiempos y de ser distinto a lo que se era antes. Pero España probaba su capacidad de resistencia al cambio con el paso del tiempo. Mariano José de Larra vivió en una época de grandes conflictos sociales. Le tocó ver cómo se dividía el país entre liberales y conservadores. Él mismo era parte de esta división. España ya venía de una larga trayectoria de batallas fracasadas, comenzando en 1805

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Esferas—Issue Two  

Esferas is an undergraduate student and alumni initiative from New York University’s Department of Spanish and Portuguese. We are a peer-re...