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rebelde de la niña simboliza el no seguir las convenciones genéricas franquistas del marco real. Ofelia prefiere ensuciar su vestido y dejar que los insectos caminen por su espalda antes de obedecer las órdenes de su madre sumergida en el régimen patriarcal casi por inercia. La segunda prueba es mucho más compleja que la primera, ya que el marco fantástico se fusiona más aún con el real. La mesa del monstruo es casi una réplica de la mesa de Vidal durante la cena que tuvo con los invitados. En cuanto al fauno, éste se convierte en una figura más dictatorial y le dice a Ofelia que la enfermedad de su madre “no es excusa para la negligencia” y le ordena que continúe con la prueba. Las líneas rectas también rodean la guarida del monstruo: la mesa, la chimenea e incluso la forma del monstruo, con sus brazos alargados y sus piernas rectas. Esto hace del marco fantástico una alternativa circundante al mundo real. En esta prueba, Ofelia desobedece las reglas del fauno y come las uvas, que son circulares no por coincidencia. Asimismo, el símbolo más importante la daga que Ofelia consigue del cajón. Esta daga adquiere un símbolo de rebeldía porque Ofelia lo consigue con libertad y juicio propio. Ofelia tiene la opción de escoger siendo dueña de sus actos y con el derecho a equivocarse, como lo señala Deborah Levine: “[In Pan’s Labyrinth] the dagger accrues power as a symbol of liberty, strength, and justice” (123).

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Esferas—Issue Two  

Esferas is an undergraduate student and alumni initiative from New York University’s Department of Spanish and Portuguese. We are a peer-re...