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El mundo fantástico ofrece un mecanismo muy útil que le permite a Ofelia ocupar un cierto protagonismo vedado en una sociedad patriarcal como la del franquismo. Desde un principio, del Toro yuxtapone el mundo fantástico como una otredad que sólo Ofelia puede entender. Su madre, incapaz de imaginar un mundo antipaternalista, le aconseja a su hija que no pierda su tiempo y que ya está “muy mayor para llenar[se] la cabeza con tantas zarandajas”. Este contraste entre madre e hija le otorga al mundo fantástico una función alterna a la del franquismo, un mundo literalmente subterráneo que le provee a Ofelia la posibilidad de analizar su situación y no ser sumisa ante Vidal como su madre. La rebeldía de la niña también se destaca cuando le dice a Mercedes que no es la hija del capitán Vidal enfrente del laberinto, un símbolo fantástico que desempeña una función importante más adelante en la película. A diferencia del marco fantástico, el marco real no ofrece alternativa alguna. Su ambiente está regido por reglas y por la jerarquía tiránica. El capitán Vidal lo mide todo con su reloj, un símbolo de opresión recurrente en esta película (que dicho sea de paso no es tan diferente al de Cronos). Su vida está estrechamente vinculada a este artefacto que controla todo. La razón por la cual Mercedes viene al recinto con Ofelia es porque se acaba de casar con el capitán y está embarazada de su hijo. Naturalmente, Vidal tiene un aferramiento obsesivo

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Esferas—Issue Two  

Esferas is an undergraduate student and alumni initiative from New York University’s Department of Spanish and Portuguese. We are a peer-re...

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