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perdedores de la guerra con que el director culmina y que se aleja de lo que realmente ocurrió. Anne Hardcastle, por ejemplo, asegura que el final de El laberinto es problemático en términos históricos: “The distortions of history that we see in the film also correspond to an erasure of the ideological fractures in Spanish society during the Civil War” (127). Asimismo, Ellen Brinks señala que el final de la película es un final idealista que refleja lo que podría haber ocurrido en vez de lo que pasó durante la dictadura: “ [Del Toro’s films] can be said to alter what was in favor of what might have been, converting the subjection to cruelty into solidarity, disunity into royalty, [etc.]” (307). No obstante, lo que estas críticas no han considerado a fondo es que Ofelia cambia los hechos históricos con su imaginación fantástica porque quiere introducir la posibilidad del cambio en la historiografía, en vez de mantener la continuidad y el legado franquista que Vidal impone. En El laberinto, Ofelia usa su imaginación no necesariamente como un refugio, sino como una herramienta para vislumbrar una versión de la realidad que vaya en contra del sistema opresivo del capitán Vidal y de la historia española reajustada por Franco y así poder convertirse en la princesa Moana. Para analizar cómo Ofelia utiliza lo fantástico como un arma para desafiar la historiografía impuesta por Vidal, es necesario indagar primero en cómo el marco fantástico se representa en

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Esferas—Issue Two  

Esferas is an undergraduate student and alumni initiative from New York University’s Department of Spanish and Portuguese. We are a peer-re...