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Una dulce gata ronronea por la ciudad Angélika se dio cuenta con esa primera guitarra regalada por su familia en navidad, de que la autogestión artística si es posible, de que es capaz de hacerlo todo, ser autosuficiente, y de que la gente lo va a apreciar más. Por: Daniela Goez

Una madre que materializó lo dulce desde 1998 con la repostería ‘Mikaela’, un papá amante de la música, un abuelo que plasma sus sentimientos en poesía, una abuela con ídolos musicales de onda francesa y que además, tocaba el acordeón, primas que se convierten en fans y hacen carteles de apoyo para cada concierto, un primo director de cine y una hermana menor que inspira canciones como: “Alicia en el país de las risas”. Este es el atisbo del circulo de inspiración inmediata para Angélika

, una artista que tiene matices de hija, hermana, tía, empresaria, artista, novia y ¿por qué no? futura esposa. Todo en su vida es tan fluido que sorprende, son conexiones que van en pro de un trabajo y una constancia admirable. Sonidos de instrumentos reales, tocados de verdad, tocados con amor e inspiración que dan como resultado un caramelo folk que dan ganas de endulzarlo todo. Las llaves dejadas en la puerta de donde cuelga una torre Eiffel, son una señal de que estaba dispuesta a abrirnos su

lugar de inspiración, de creación y de color: su apartamento. Ella siempre sonriente nos invita a ponernos cómodas y nos muestra el sofá rojo de su sala. Angélika lleva camisa blanca estampada, falda azul con moño enfrente y botas de taches, una mezcla de dulzura y color que no olvida el pasado de la niña rebelde que soñaba con ser artista de rock. Medellín fue el escenario donde interpretó en su habitación con ilusión y zapatos de charol canciones de Xiomy, donde admiró a


Mariah carey y se contagió de los Beatles gracias a que sus padres sólo concebían manejar si escuchaban de fondo a JhonLennon cantando ya sea Let it be ,Hey jude o su favorita : Yesterday, esta última le trae grandes recuerdos pues entre papeles encontró una carta de esa época que retrata este momento: “mami cuando yo canto Yesterday yo veo que a ti te gusta” , escribía Angélika a sus 7 años. Una adolescente que estaba en clases de canto, de guitarra, hacia parte de un coro, tenía actitud rebelde y además admiraba y se vestía como AvrilLavigne fue lo que María Isabel Estrada y Gustavo Molina tuvieron que presenciar durante el 2004. Fue durante este año donde Angélika emprendió la búsqueda de un sonido, de una inspiración, de una esencia que la hiciera sentirse cómoda con su música. Grabó su primer demo titulado “Cenizas escondidas” con un contraste de guitarras tan intenso que sobrepasaba a su dulce voz.

Para Angélika sus clases de técnica vocal, “eran como una terapia pues eso es lo que me apasiona” por esto, sus padres estaban aterrorizados ante la posibilidad de que su hija se fuera por el camino de guitarras, b a r e s ,

conciertos, multitudes y renombre. Así que apenas

Angélika obtuvo su diploma como bachiller, ingresó a la universidad Eafit a estudiar Ingeniería de Sistemas. ¿Cómo un espíritu tan libre puede inclinarse por algo tan cuadrado?, tras esa cuestión, decidió continuar estudiando pero esta vez Negocios Internacionales. “El cambio no es tan drástico como parece”, comenta Angélika, sonriendo mientras termina de organizar la mesa y los nachos con guacamole, crema de queso, pollo y queso que preparó con su hermana Alicia, pero la del país de las risas, mientras yo las observaba desde el mueble rojo. Y tal parece que tiene razón pues la carrera le exigía el dominio de dos idiomas: inglés y francés y esto le ayudó enormemente a la hora de componer y de hacerse conocer ante productores y ante el público. Fue por su propuesta y por el conocimiento del idioma del amor que Angélika logró ser parte de un concierto con el director y la banda de Miguel Bosé, el cual se transmitió en el 2009 por antena 3, “fue toda una experiencia tanto en composición como en


interpretación, fue como la graduación del máster en canto profesional, además que lo hice a la semana de graduarme”. Pero este suceso no habría ocurrido si no hubiera decidido entregarle el diploma de graduación a sus padres en el cual se leía: “Angélica Molina, pregrado de Negocios Internacionales” seguido de un, “me dedicaré a la música”. Tampoco habría sido posible si no hubiera iniciado su búsqueda en España, donde realizó un máster en canto profesional en la Academia del Arte y mucho menos donde sus padres no le hubieran regalado para navidad su tan anhelada primera guitarra, “para mí el regalo de esa guitarra fue sentir su apoyo. A ellos les daba miedo, era como un tabú de que si me iba por la música me echaba a perder”. Así fue como en medio de acordes y notas llegó su inspiración, llegó de la soledad y de la lejanía de su familia, del hecho de tener tantasemociones encontradas y es que estos momentos de choque son en los que la composición brota por la piel. Su abuela ha sido su ultima fuente de inspiración, “el hecho de que mi abuelita se cayera significó un retroceso pues ya no es la

misma de antes, luego de ese derrame cerebral , dejó de ser la persona más lúcida, se le fueron las palabras, empezó a desvariar, intentaba hablarme y no era capaz”, relata Angélika con gran emoción , parece que ríe pero en verdad es una risa nerviosa, una risa de nostalgia, mientras tanto , el acordeón que tocaba su abuela continua intacto en su apartamento conformando una parte indispensable de sus composiciones y claro esta, de sus recuerdos. María Helena Uribe, es el nombre del amor de Leonel Estrada, su abuelo. A ella, quien ha perdido parte de su lucidez, él escribe poemas, le arma un libro titulado: “Te ame, te amo y te amaré”. Es ortodontista de carrera, pero

“… cuando las lámparas alumbran sólo para nosotros dos, es la mejor hora del día cuando tu y yo nos quedamos solos…”

pintor y poeta de corazón. Esta historia tiene canción propia y poema también, ‘Cuando las lámparas’ es su nombre, y con la melodía del acordeón que alguna vez tocó María Helena se pintan de amor esas frases que contiene: “… cuando las lámparas alumbran sólo para nosotros dos, es la mejor hora del día cuando tu y yo nos quedamos solos…”. Son esas canciones que salen de su núcleo de inspiración más cercano las que ella más cuida de oídos intrépidos, para Angélika componer pensando en sus historias y las de sus seres queridos, “es una terapia de descargar cosas, sentimientos, rabias y felicidades”. No son canciones de conciertos, algunas no son muy buenas según su criterio, pero algo si es claro: son las más sinceras. Mientras interpreta uno de sus tesoros ante nosotras , mientras le canta a su hermanita Alicia , la más risueña entre los hermanos Isabel, David, Manuel, Teresa y por supuesto , Angélika , se nota el amor infinito hacia la música , hacia esa primera guitarra que aun toca pero que ahora es más especial gracias al autógrafo de Bebe que lee cada vez que lo hace : “ con todo el amor del mundo para ti princesa , la bebe .


Besos”. Ser telonera de Bebe ha sido una de sus mayores experiencias , en Marzo en el Festival de teatro , firmar la guitarra y cantar junto a ella fueron sus propósitos ,aunque sólo se cumplió el primero ella continua sonriendo cada vez que la menciona, Bebe es una de sus precursoras en cuanto a estilo y composiciones , de allí sale su gusto por transmitir sentimientos con cosas visuales , es una manera de referirse a un sentimiento por medio de figuras como una taza de café , como una patadita a la tierra , como una gata. Se nota el amor hacia Ricky, su novio desde el colegio, se podría decir que desde siempre pues 12 años son como media vida para ella. Los cuadros tras de mí son ilustraciones con líneas delgadas que figuran rostros tal vez tristes pero con colores animosos que conforman la combinación perfecta. Ricky, “me ha apoyado desde siempre, es como proyecto en conjunto. Él me ha ayudado con todo lo que respecta a la imagen de mi proyecto musical, como la ilustración y el diseño del Ep”, dice Angélika. “Persistir insistir y nunca jamás desistir”, es la frase que define la visión del mundo de

“Para mí el regalo de esa guitarra fue sentir su apoyo. A ellos les daba miedo, era como un tabú de que si me iba por la música me echaba a perder”. esta artista, de esta mujer que hace un mes no compone una canción por que se encuentra en su zona de confort. Que se dio cuenta con esa primera guitarra regalada por su familia en navidad, de que la autogestión artística si es posible, de que es capaz de hacerlo todo, ser autosuficiente, y de que la gente lo va a apreciar más. De su apartamento no puedo evitar contener imágenes de adornos de navidad en la puerta de entrada, luces en forma de corazón, muñequitos y figuritas de

dibujos animados, también hay un Alf, una pandereta en el suelo, guitarras, computadores, el acordeón de la abuela, y dulzura, dulzura en todo. Antes de salir uno de los chicos de su reciente banda, le escribe que no puede ensayar esta semana, que ha sido una semana pesada pero que la próxima tendrá mucho tiempo disponible, que espera que lo entiendan y ella así lo hace, nos dice : “No hay problema, eso pasa cuando eres independiente”. En el auto suena Russian red con “I hate you but i love you”, una inspiración para esta artista que ama el sonido natural de los instrumentos y la melancolía de las canciones que hacen que te enamores así no tengas esperanza en ello. Al final del recorrido, cuando llego a la universidad de nuevo, he decidido que me convertiré en una “fan militante” de Angélika, una fan que defiende los pensamientos de esta artista, que consigue su música (en este caso ella me regaló el Cd), una fan que divulga su existencia, que conoce su historia y que se emociona ante su hermosa y dulce voz, también ante su personalidad cálida de artista, de todera, de pasión, de amor.


Una dulce gata ronronea por la ciudad