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viernes 14 de agosto de 2009


Coro - Punto Fijo Viernes 14 de agosto de 2009

2 Alifrank Laguna Gómez* La literatura latinoamericana tiene en Gabriel García Márquez uno de sus más excepcionales representantes. Su prolífica obra, fruto de una disciplina férrea de trabajo, ha sido y es leída con pasión alrededor del mundo en

Presidente: Ing. Oswaldo García Vicepresidente: Ing. Aída Gómez Directora de Información: Isvelys Bracho Directora de Mercadeo: Maribel Olivares Directora de Información Adjunta: Zuly Jiménez

Coordinadores (e) : Anthony Alvarado Raquel Chirinos Concepto Gráfico: Juan Bravo Diseño y diagramación: Anny Bermúdez Colaboran en este número: Rigoberto López Alifrank Laguna Isaac López Edgar Lugo Y. Lenín Revilla Anne Colina DIRECCIONES Coro: Calle Falcón, diagonal a CANTV Telefax: 0158 - 268 - 2530821 Punto Fijo: Calle Comercio, C.C. Richani Telefax: 0158 - 269 - 2469268

Tanto los artículos como las columnas de opinión y análisis publicados en este diario son de la absoluta responsabilidad de sus autores. Las personas interesadas en escribir pueden consignar sus propuestas ante la Dirección de Información del periódico, en extensión no mayor de 3.000 caracteres en programa Word, a la dirección: redaccion_nuevodia@yahoo.es

García Márquez en la cultura y la literatura latinoamericana

decenas de lenguas. En 1967, la vida de García Márquez y la literatura latinoamericana cambiaron para siempre con la publicación de su quinto libro, Cien años de soledad. Una nueva forma de hacer literatura había nacido, tal como lo demostró el denominado boom de la literatura latinoamericana. Junto a Cien años… muchos coinciden en señalar a El otoño del patriarca (1975) y El amor en los tiempos del cólera (1985) como sus tres novelas fundamentales. En la primera de ellas, a través de la historia de la familia Buendía y de Macondo, el pueblo que ellos fundan, el autor consolida su estilo personal al narrar una realidad alucinada librándose de las amarras de la verosimilitud. Lo insólito, lo maravilloso es presentado como natural porque para García Márquez así ha sido y es la historia misma de América Latina desde la conquista. Ese hallazgo, esa nueva discursividad narrativa será denominado para la posteridad como Realismo mágico. En El otoño del patriarca, la novela más experimental del escritor colombiano, el realismo mágico es llevado a su máxima expresión. Mediante el recurso de la ironía, esta novela plantea una indagación del tema del “poder” omnímodo que caracterizó las dictaduras latinoamericanas y que es ejemplificado en los desafueros que acomete el “Patriarca”

sin el menor atisbo de remordimiento. La novela polifónica se revela en El otoño del patriarca desde un narrador múltiple, casi multitudinario, que alcanza la alegoría de todo un pueblo que cuenta cómo las alucinaciones del “Patriarca” se tornan en su propia realidad. Según la opinión del autor, su novela más terrenal, más humana es El amor en los tiempos del cólera. Partiendo de las desavenencias que sortearon sus padres para concretar su relación amorosa, García Márquez cuenta los amores de los septuagenarios Florentino Ariza y Fermina Daza quienes luego de sesenta años retoman, con la incredulidad de la segunda, su amor adolescente. Sin mayores artilugios formales,

esta novela edifica una fascinante historia de amor de la tercera edad mediante la cual el autor describe el tránsito del siglo XIX al siglo XX en el Caribe colombiano. Como sujeto histórico García Márquez siempre ha mantenido una coherencia plena en sus ideas progresistas. Latinoamericanista profeso, ha hecho esfuerzos para apoyar la cultura latinoamericana desde diversos ámbitos como el cine (Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano-Escuela de cine de San Antonio de los Baños, Cuba) y el periodismo (Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano). Cuando en 1982 recibió el Premio Nobel de Literatura, su discurso de aceptación del galardón fue un canto y un tributo a la historia y a la cultura latinoamericana. Dijo: “Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de las Letras. Una realidad que no es la del papel (…) y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual este colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte”. A sus ochenta y un años, Gabriel García Márquez ha sido un ejemplo de empecinada terquedad en la búsqueda y develamiento del alma latinoamericana a través de la creación literaria. *Profesor de la UBV-Sede Falcón


Cien años de soledad Gabriel García Márquez Fragmento (1)

M

uchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquíades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades. “Las cosas tienen vida propia -pregonaba el gitano con áspero acento-, todo es cuestión de despertarles el ánima.” José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación iba siempre más lejos que el ingenio de la naturaleza, y aun más allá del milagro y la magia, pensó que era posible servirse de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra. Melquíades, que era un hombre honrado, le previno: “Para eso no sirve.” Pero José Arcadio Buendía no creía en aquel tiempo en la honradez de los gitanos, así que cambió su mulo y una partida de chivos por los dos lingotes imantados. Úrsula Iguarán, su mujer, que contaba con aquellos ani-

males para ensanchar el desmedrado patrimonio doméstico, no consiguió disuadirlo. “Muy pronto ha de sobrarnos oro para empedrar la casa”, replicó su marido. Durante varios meses se empeñó en demostrar el acierto de sus conjeturas. Exploró palmo a palmo la región, inclusive el fondo del río, arrastrando los dos lingotes de hierro y recitando en voz alta el conjuro de Melquíades. Lo único que logró desenterrar fue una arma-

dura del siglo xv con todas sus partes soldadas por un cascote de óxido, cuyo interior tenía la resonancia hueca de un enorme calabazo lleno de piedras. Cuando José Arcadio Buendía y los cuatro hombres de su expedición lograron desarticular la armadura, encontraron dentro un esqueleto calcificado que llevaba colgado en el cuello un relicario de cobre con un rizo de mujer. En marzo volvieron los gitanos. Esta vez llevaban un catalejo y una lupa del tamaño de un tambor, que exhibieron como el último descubrimiento de los judíos de Amsterdam. Sentaron una gitana en un extremo de la aldea e instalaron el catalejo a la entrada de la carpa. Mediante el pago de cinco reales, la gente se asomaba al catalejo y veía a la gitana al alcance de su mano. “La ciencia ha eliminado las distancias”, pregonaba Melquíades. “Dentro de poco, el hombre podrá ver lo que ocurre en cualquier lugar de la tierra, sin moverse de su casa.” Un mediodía ardiente hicieron una asombrosa demostración con la lupa gigantesca: pusieron un montón de hierba seca en mitad de la calle y le prendieron fuego

mediante la concentración de los rayos solares. José Arcadio Buendía, que aún no acababa de consolarse por el fracaso de sus imanes, concibió la idea de utilizar aquel invento como un arma de guerra. Melquíades, otra vez, trató de disuadirlo. Pero terminó por aceptar los dos lingotes imantados y tres piezas de dinero colonial a cambio de la lupa. Úrsula lloró de consternación. Aquel dinero formaba parte de un cofre de monedas de oro que su padre había acumulado en toda una vida de privaciones, y que ella había enterrado debajo de la cama en espera de una buena ocasión para invertirlas. José Arcadio Buendia no trató s i quiera de consolarla, entregado por entero a sus experimentos tácticos con la abnegación de un científico y aun a riesgo de su propia vida. Tratando de demostrar los efectos de la lupa en la tropa enemiga, se expuso él mismo a la concentración de los rayos solares y sufrió quemaduras que se convirtieron en úlceras y tardaron mucho tiempo en sanar. Ante las protestas de su mujer, alarmada por tan peligrosa inventiva, estuvo a punto de incendiar la casa. Pasaba largas horas en su cuarto, haciendo cálculos sobre las posibilidades estratégicas de su arma novedosa, hasta que logró componer un manual de una asombrosa claridad didáctica y un poder de convicción irresistible. Lo envió a las autoridades acompañado de numerosos testimonios sobre sus experiencias y de varios pliegos de dibujos explicativos, al cuidado de un mensajero que atravesó la sierra, se extravió en pantanos desmesurados, remontó ríos tormentosos y estuvo a punto de perecer bajo el azote de las fieras, la desesperación y la peste, antes de conseguir una ruta de enlace con las mulas del correo. A pesar de que el viaje a la capital era en aquel tiempo poco menos que imposible, José Arcadio Buendía prometía intentarlo tan pronto como se lo ordenara el gobierno, con el fin de hacer demostraciones prácticas de su invento ante los poderes militares, y adiestrarlos perso-

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3 nalmente en las complicadas artes de la guerra solar. Durante varios años esperó la respuesta. Por último, cansado de esperar, se lamentó ante Melquíades del fracaso de su iniciativa, y el gitano dio entonces una prueba convincente de honradez: le devolvió los doblones a cambio de la lupa, y le dejó además unos mapas portugueses y varios instrumentos de navegación. De su puño y letra escribió una apretada síntesis de los estudios del monje Hermann, que dejó a su disposición para que pudiera servirse del astrolabio, la brújula y el sextante. José Arcadio Buendía pasó los largos meses de lluvia encerrado en un cuartito que construyó en el fondo de la casa para que nadie perturbara sus experimentos. Habiendo abandonado por completo las obligaciones domésticas, permaneció noches enteras en el patio vigilando el curso de los astros, y estuvo a punto de contraer una insolación por tratar de establecer un método exacto para encontrar el mediodía. Cuando se hizo experto en el uso y manejo de sus instrumentos, tuvo una noción del espacio que le permitió navegar por mares incógnitos, visitar territorios deshabitados y trabar relación con seres espléndidos, sin necesidad de abandonar su gabinete. Fue esa la época en que adquirió el hábito de hablar a solas, paseándose por la casa sin hacer caso de nadie, mientras Úrsula y los niños se partían el espinazo en la huerta cuidando el plátano y la malanga, la yuca y el ñame, la auyama y la berenjena. De pronto, sin ningún anuncio, su actividad febril se interrumpió y fue sustituida por una especie de fascinación. Estuvo varios días como hechizado, repitiéndose a sí mismo en voz baja un sartal de asombrosas conjeturas, sin dar crédito a su propio entendimiento. Por fin, un martes de diciembre, a la hora del almuerzo, soltó de un golpe toda la carga de su tormento. Los niños habían de recordar por el resto de su vida la augusta solemnidad con que su padre se sentó a la cabecera de la mesa, temblando de fiebre, devastado por la prolongada vigilia y por el encono de su imaginación, y les reveló su descubrimiento: -La tierra es redonda como una naranja.


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4 Isaac López El escritor mexicano Carlos Fuentes escribió de su amigo, el célebre autor de La hojarasca, El Coronel no tiene quien le escriba, La mala hora, Los funerales de la Mamá Grande, El otoño del patriarca, El General en su laberinto, y de un montón de creaciones que recogen y reinventan el universo latinoamericano, que: “delante de García Márquez está la posibilidad de recuperar la extraordinaria continuidad cultural de Indo-AfroIberoamérica y de comunicarle por fin el vigor de la cultura a nuestras frágiles instituciones políticas y a nuestras inciertas y esporádicas economías.” “…la América Latina de Cien años de soledad es un hermoso mito fundador, América como… un mito fundador devastado por la épica de la historia, la injusticia y la corrupción, la simulación política, las dictaduras engendrando desórdenes y los desórdenes engendrando dictaduras”. Señala Fuentes que los personajes del Gabo, como los de el Quijote, nos dicen que no vivimos en el mejor de los mundos posibles. Después de esas palabras, qué otra cosa podría uno agregar que no fuera necedad, glosa repetida, balbuceo soberbio y arrogante, desde las páginas de un periódico de provincia que esca-

Cuentos de Macondo

samente tendrá eco, menos mal, más allá de las fronteras parroquianas. A propósito de la celebración en 1997 de los ochenta años de Gabriel García Márquez, el periódico El Tiempo, de Bogotá, publicó una encuesta para que sus lectores se evaluaran y determinaran por sí mismos cuánto sabían sobre el escritor colombiano. Después de marcar las opciones sabidas, la evaluación señalaba que era yo un gabólogo experto. Vamos a agarrarnos de esa para justificar nuestra escritura aquí y decir con la revista Cambio 16 que el homenaje a la obra de García Márquez es también el reconocimiento a un contador de historias que con aciertos y errores, y hasta con ingenuidad, ha sabido estar al lado de su pueblo, “como quiso estarlo, más allá de los dolores y las quimeras, el coronel Aureliano Buendía”. En su discurso en Estocolmo asumió su fe en los poderes de la ficción, en que se premiaba a la escritura de un continente donde realidad y fábula tienen límites imprecisos, apostando a que “las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan una segunda oportunidad sobre la tierra.” En un encuentro de intelectuales en La Habana en 1985 expresó: “Por fortuna, la reserva determinante de la América Latina y el Caribe es una energía capaz de mover el mundo: es la peligro-

sa memoria de nuestros pueblos. Es un inmenso patrimonio cultural anterior a toda materia prima… Es una cultura de resistencia que se expresa en los escondrijos del lenguaje, en las vírgenes mulatas –nuestras patronas artesanales-, verdaderos milagros del pueblo en contra del poder clerical del colonizador. Es una cultura de la solidaridad… es una cultura de la protesta… es una cultura de la imaginación… es una cultura de la vida cotidiana… es una cultura de la fiesta… y demuestra de hecho que no hay concepto que tarde o temprano no sea rebasado por la vida”. ¿No está nuestra memoria expresada en los cantos de Antonio Padilla o Fausto Goitía? ¿En los cuentos de Vicente Barreno? ¿En el trabajo de Juan Ramón Prieto, Juan Galicia o Claret Garcés? ¿En los bastones de Otoniel Salas o en el dulce de leche de las Osorio? Los elementos de la obra garciamarquiana son referentes que en Paraguaná esperan el poder creador de la ficción. La obra de Gabriel García Márquez ha sido abordada y exaltada desde la óptica de diversos especialistas y destacados intelectuales en el mundo, su propuesta es tan universal que un grupo teatral andaba por todas las veredas de la península falconiana a inicios de la década de los noventa llevando la fascinación de sus historias, y alguien ha llegado a escribir que García Márquez es de Tacuato.

Testimonios

Carla Melo, periodista Comencé a leer a Gabriel García Márquez en la adolescencia como una tarea escolar: primero fue Relato de un náufrago y después fue Cien años de soledad. De allí en adelante comencé a padecer de la “gabomanía” y he leído gran parte de su obra. Admiro la increíble manera en que describe los hechos y los adereza con esa mezcla de ficción, jocosidad y superstición, logrando que los lectores quedemos enganchados en las historias. En las crónicas y relatos destaca su precisión periodística, pero en las novelas, particularmente Cien años de soledad, es fascinante la cantidad de elementos y detalles literarios, por eso ya la he leído cuatro veces, por ahora, y la considero el Quijote de Latinoamérica.

Frank Blanco, escritor Para este talentoso joven escritor, licenciado en educación, Gabriel García Márquez expresa en sus obras la realidad desde un punto de vista mítico, sintetiza lo sobrenatural, el amor y la naturaleza. Resume también lo político, lo social y lo religioso. “La que más me ha gustado es Cien años de soledad, no sólo por ser la obra cumbre de este famoso escritor colombiano, sino porque en esa obra se expresa la cotidianidad. La obra de García Márquez es de gran relevancia porque tiene un carácter universal. Además, Cien años de soledad simboliza lo que es América, su subdesarrollo y toda su problemática”.

Simón Petit, poeta Pocas son las personas que han seguido la recomendación del Gabo en relación a Cien años de soledad: leerla cuando se tengan 40 años. Claro, quien lo haya hecho antes quizá no capte lo que el metalenguaje y entrelíneas dispare el autor. Por eso, al tener esa edad y hacer la relectura entiendo mejor la obra. Todo es parte del ejercicio de un periodista cuyos artículos compilados en sus Textos costeños, fuera preámbulo para escribir Cien años…, y ahí está su secreto, en la crónica periodística. Hechos noticiosos que en alguna oportunidad sucedieron, obviamente ampliados en la ficción y profundamente trabajados en la palabra, sus obras posteriores lo delatan.

Las imágenes visuales de García Márquez no han permitido página en blanco A la imaginación desenfrenada de Gabriel García Márquez sólo le basta reparar en una imagen visual que le llame poderosamente la atención para, automáticamente, darle más ocupación al talento, a esa misma aptitud literaria que saltó con él de la cuna en medio de una reguera de muertos propios y afines. Cuenta el propio García Márquez, en conversaciones con su amigo de toda la vida, el también periodista y escritor Plinio Apuleyo Mendoza, que así ocurrió con Cien años de soledad, luego de visualizar un viejo que llevaba a un niño a conocer el hielo exhibido con curiosidad de circo; o lo sucedido con El coronel no tiene quien le escriba, que partió de la imagen de un hombre esperando una lancha en el mercado de Barranquilla. Caso similar se le dio luego de observar a una mujer y a una niña vestidas de negro y con un paraguas negro, caminando bajo el sol ardiente de un pueblo desierto. De esta última visión surgió el que considera su mejor cuento, La siesta del martes. Un viejo llevando a su nieto a un entierro bastó como punto de inspiración para darle vida a La Hojarasca. Son todas estas percepciones la fuente inagotable de su fuerza creadora que no se detiene a demarcar entre lo real e imaginario, sólo amortiguada a veces ante una página en blanco, no obstante reconociendo la gran ayuda conseguida al leer un consejo de Hemingway. Confiesa que, después de la claustrofobia, lo que más le angustiaba era una página en blanco, hasta caer en cuenta de que sólo se debe interrumpir el trabajo cuando uno sabe cómo continuar al día siguiente. Otra de las actitudes muy propias en él está circunscrita a los lapsos prolongados entre la visión inicial inspiradora y la determinación de sentarse a escribir la obra, como Cien años de soledad que debió esperar 18 años; 17 El Otoño del Patriarca y su récord personal, los 30 años que tardó en aparecer Crónica de una muerte anunciada. Este es, pues, a grandes zancadas, el periodista que tuvimos en dicha tener aquí entre finales de 1957 y principios de 1959, reporteando para la revista Momento, de Caracas, época en que luego reconocería fuera “joven, feliz e indocumentado”. Edgar Lugo Yamarte


Letraviva Viernes 14-08-2009