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Año 2 Nº 146 Coro-Punto Fijo

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sí entre el humor fresco y los boleros metidos en el alma, ha trascurrido la dulce y bohemia vida de Celis Rovero. Imaginerías quiso brindar con él a través de un cuestionario lleno de palabras sueltas y al final todo se resolvió en una larga conversación, que tiene a su vez motivos del presente y sobre todo, como el nombre de su grupo musical, mucha evocación.

Hombre de cielo intenso

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Las Ánimas de Guasare

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Espejos en ultramar

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os Caladeros Conejito, Los Huecos, Mapojoa, Punta Culata, La Marea y Kapuhana, eran fondeaderos naturales, ensenadas coralinas con frondosos manglares, por donde cada año, en los meses de brisa paraguanera se desplazaban los cardúmenes de peces migratorios, principal sustento de las comunidades costaneras. Rompía el alba del 14 de febrero de 1942, desde el promontorio de Punta Suriquiva, el vigía Domingo Mingan Caguao, avista un manchón de peces acercándose. De inmediato avisa con su silbato al grupo de pescadores enrranchados en la playa al mando de José Manuel Martínez, dueño de las lanchas Lindberg y San José con un tren de 320 brazadas de chinchorros. Mingan, sorprendido por la magnitud del manchón no cesa de pitar, señal inequívoca de lo grande del cardumen. Alertados, los pescadores Encarnación Chon Caguao, Emiliano Sánchez, Máximo Macho Caguao, Pedro Sánchez, Gil Gonzá-

Presidente: Ing. Oswaldo García Vicepresidente: Ing. Aída Gómez Directora de Información: Isvelys Bracho Directora de Mercadeo: Maribel Olivares Directora de Información Adjunta: Zuly Jiménez

Coordinador: Guillermo de León Calles Concepto Gráfico: Juan Bravo Diseño y diagramación: Zoraida Zárraga Colaboran en este número: Otilio Rojas Anyero Campos Rigoberto López Antonio Túa Maite Ramos Raquel Chirinos Anthony Alvarado Orlando Yores DIRECCIONES Coro: Calle Falcón, diagonal a CANTV Telefax: 0158 - 268 - 2530821 Punto Fijo: Calle Comercio, C.C. Richani Telefax: 0158 - 269 - 2469268 Tanto los artículos como las columnas de opinión y análisis publicados en este diario son de la absoluta responsabilidad de sus autores. Las personas interesadas en escribir pueden consignar sus propuestas ante la Dirección de Información del periódico, en extensión no mayor de 3.000 caracteres en programa Word, a la dirección: redaccion_nuevodia@yahoo.es

La gran “lisá” del capitán Orlando Díaz lez, Bernardo Bruto Rivas, Faustino Tino Dávila, José Rivas, Víctor Cachimbo Marín, Luis Carne Frita Caguao, Pepe Tomasito González, Eugenio Díaz y el ranchero Próspero Barreno. Rápidamente, aseguran un extremo del chinchorro a popa del San José y a fuerza de remo es llevado mar afuera. Ramón Cacuro Díaz con destreza amarra la otra punta al botalón enclavado en la orilla. La arribazón embate feroz, que Benigno Emiro Kid Martínez emprende veloz carrera hacia Las Piedras en busca de más gente para halar el calón a tierra. Hombres, mujeres y niños entusiasmados acuden a la faena. Varias embarcaciones que pescaban en distintos caladeros ponen proa a Suriquiva. Arriba, la canoa de Pedro Pipe Naveda, con José Ángel 21 Díaz, Juan Rufino y Miguel Díaz. Llega la lancha de Quintín Caguao con Abraham Pérez, Santos Amaya, Serapio Amaya y Juan Caguao con su hijo Juan Yamarte. El cayuco Ana Bertina de Teofilo Díaz con Pedro Eliseo Díaz, Marcos González, Pedro Celestino Díaz, Santiago Bolívar Sánchez, Eliodoro Léidenz y Custodio Rojas. Raudo echó redes el bote capitaneado por Tulio Tulipán Guariato con los pescadores José del Carmen Chicame Díaz y Lauro Blanco Díaz, en proa a todo pulmón, Domingo Marcano gritaba “¡Viva Venezuela!”. La potente lancha San Francisco, de Elohim Cambero, con Pancho Cambero, Chicho Lanoy y Perucho Lanoy también lanzó sus redes. Dos millas remaron Antonio Martínez con sus hijos Juan Bariaca, Hilario Yayo, Marcelino Pajarito, Raimundo Mundito, Eleuterio Natieco y Abdón Donche en la canoa Dos Marías. Eduardo Tata Amaya, Renato Irausquín, Ramón Mercedes Teo Martínez, Francisco Morales, Jesús Caquetío Sánchez, Lino Díaz, José Cheito Chirinos y Salvador Chirino, conocedores de las artes náuticas, afilaban los cuchillos disponibles, prestos a escamar la captura. Al mediodía, la noticia recorrió la costa desde la

Viejo dia

Macolla a Punta Cardón. A Las Piedras llegó gente de Jayana, Amuay, Carirubana, Los Taques, quienes en sus mapires traían taparas con agua dulce y sal de las salinas de Guaranao y Punta Salinas. Millares de pájaros nublaron la playa. En la noche, a la luz de algunas lámparas se continuó arrumando, y agotada la sal se tendió a lo largo de la costa el abundante pescado. En la mañana siguiente, arreos de burros y sus amos, vinieron desde San José de Cocodite, Jadacaquiva, Santa Ana, El Cayude, Sarinao y La Trinidad, cargaron lisas, regresando a sus lugares de origen con el preciado cargamento. Segundo Chundo Martínez y Alejandro Marín, de Carirubana, embarcaron en su canoa varias maras repletas, navegando frente al muelle de la Mene Grande zozobraron, siendo rescatados por los tripulantes de la lancha Virgen del Valle de Luis Papa Caguao. Don Pedro Yagua de El Papagayo, Carlos Fernando Nano Ocando de La Vela, Cristiam Medina de Punta Cardón, Justiniano Nano Hernández de Coro, Crisóstomo Velazco y Felipe Lanoy de Las Piedras pagaron lisas a dos cobres. Chico Gon-

Heberto León Escalona

La ternura, muchas veces indescriptible a partir de la palabra, cobra toda su inmensidad en esta gráfica donde Doña María Antonia Otero es arrullada, por medio de un peine en su cabellera abuela, por Rita Tiquí Rodríguez de Jurado, su nuera y contertulia a través del recuerdo.

zález y Rogelio Díaz de Los Taques, compraron a 8 bolívares el quintal. Estas lisas saladas surtieron los mercados del Chupulún en Coro, a la Sierra coriana y a Puerto Cabello. Por varios días, a lo largo de la bahía se solearon rumas de lisas, donde cualquier visitante cogía cuantas pudiera llevarse. Después fue necesario encender fogatas para quemar las lisas que se descomponían. Aquel 14 de febrero de 1942 marcó hito en la laboriosa población de Las Piedras, recordándose este suceso como La Gran Lisá, donde se capturaron alrededor de 45.000 lisas. Los que nacimos y nos criamos en los pueblos costaneros nos sentimos dueños del inmenso mar. Nadamos como peces con el corazón abierto y franco, entre las embestidas del oleaje indomable. Mar, horizonte lejano y cerca, con tonalidades que embrujan. Playas de querencias, donde los hombres y mujeres olorosos a salinas, con la tez curtida por el abrasante sol, componen la noble estirpe del pescador pedrero. Justiniano Segundo Hernández Moreno abril de 2009


Hombre de cielo intenso A la memoria de mi abuelo Alberto Morán, constructor de piraguas

Madera de nombre y travesía Las piraguas que tus manos arrancaron a las ceibas aún navegan en mí. Ah, si las vieras levantando proas hacia tormentas de agosto. Pequeños camarotes repletos con lumbre y palabras que dictaron el rumbo. Timones siempre enderezados a rutas de cosas sagradas. Los nombres sencillos con que les bautizaste son ahora ramajes de silencio que crecieron al rozar sus estelas la aurora boreal del lago. Ah, si estuvieras aquí, con tus relatos de canela y soledumbre aprendería a descifrar de las centellas cada pliego cuando el sol cambia el ruedo de las algas y predispone el oleaje a la tristeza.

¡Ah, es que veo con tus ojos aquellos gruesos árboles! y siento ansias tuyas de aserrar, medir, edificar, una barca que nos lleve a surcar trópicos ríos, ensenadas allá en lo más meridional del alma. Quisiera que la brea de tu junio al fuego untara mis páginas ausentes y allí junto a Garcitas (norte donde Orión retumba) despertar a la perennidad de aquellas horas donde un cincel todavía escribe los nombres de lo eterno. Decir bajo los párpados Abuela tus antiguos hablares se pronuncian con frecuencia entre mis ojos Entonces adormezco en la asechanza de tus frases la mañana intempestiva que hermosamente va cubriendo

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los olores de la playa revueltos adentro del reloj. Es en esos días cuando quien me observa piensa que estoy triste y es sólo que recuerdo el hojerío de tus fábulas herrumbradas al fondo de los meses inabarcables cuando la mirada se apropia de las cosa sin edad como un catafalco.

José Vilchez Morán Nacido en Maracaibo en 1965 es Licenciado en Letras por la Universidad del Zulia y autor de varios textos, reconocidos en concursos, como lo del Vicerrectorado Académico y del centenario de Colegios de Abogados. Entre otras actividades se cuentan las de la docencia universitaria y la investigación literaria.


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Las Ánimas de Guasare

La religiosidad con que se ha venido abordando el culto a las Ánimas de Guasare, tiene características desbordantes, a tal punto que en diversas oportunidades la afluencia es tan numerosa que anula la fluidez con que en otros tiempos, los creyentes se podían colocar frente a sus primitivos túmulos o progresivamente en el interior de una debilitada capilla, desde el punto de vista de su construcción. En la actualidad el estacionamiento de vehículos alrededor de lo que se erige como una edificación más consistente, denota la cantidad de fieles que acuden hasta este símbolo de la espiritualidad, con el propósito de cumplir con las promesas y de rogar por el bienestar de la salud o de otros aspectos propios o de sus

El Otro Prólogo

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ay deudas literarias que se pueden ir cancelando por cuotas. No basta el simple recordatorio del nombre del creador asomado, de vez en cuando, en tertulias pasajeras. Y con Vladimiro Rivas tenemos una alta morosidad de dejadez, que no vamos a dejar pasar ahora sin efectuarle este humilde abono, a través de la ventana que nos abre Letra Viva. Para ubicarnos en el personaje, Vladimiro Rivas había nacido en la hermana Colombia en 1935, de donde nos llegó cargado de sueños y promesas por cumplir. Vivió muchos años en Punto Fijo, ejerciendo como maestro de escuela y libretista de radio. En compañía de otros jóvenes intelectuales de la época fundó en 1956 la revista Península. A Vladimiro se le debe, en buena medida, la imagen poética que etiquetó a Punto Fijo cuando dijo que en esta ciudad había nacido el viento. Y el pueblo le

familiares. Las Ánimas de Guasare, de acuerdo con relatos testimoniales dados por muchos de quienes vivieron de la segunda década del pasado siglo en adelante, responde a la crisis general que se planteó en Paraguaná, como consecuencia del verano pertinaz y de la repulsión hacia los productos del mar, que vivieron los pobladores de lo que se conoce como el oriente de la península. Tomasa Colina, por ejemplo, una de las sobrevivientes de aquellas penurias, contaba que hubo que acudir al consumo de carnes y objetos absolutamente prohibidos para poder sostenerse entre oraciones consecutivas y sed de salvación. Ella comenta que cuando algunos pobladores lo pudieron hacer resolvieron emigrar hacia la Sierra coriana y otros lugares; muchos fueron cayendo en los caminos,

víctimas del hambre -lo que se conoce como la hambruna del año 12- y que su decisión de preferir la muerte antes que ceder a las tentaciones de otro orden, fue lo que les dio condición de santidad a lo que después se convirtió en ánimas ofrendadoras de

milagros. Las Ánimas de Guasare, tal como lo reflejan las creencias, tienen que ser satisfechas en cuanto a las promesas que se les hagan, porque de lo contrario habrán de sobrevenir incontables tragedias.

Vladimiro Rivas, el inventor del viento

Las huellas crecen así

compró el tropo literario. Al tiempo viajó a Caracas y en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) se licenció en periodismo. En la capital participó en la leída columna Torre de Control del diario El Nacional; reportero de prensa y funcionario del entonces Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes, y colaborador de la mayoría de la publicaciones literarias. Dos poemarios, Rebato

de la Tierra (1960), Canto a la Ciudad de Todos (1967) y un estudio sobre las fuentes de información del periodismo venezolano (1967), a la sazón su tesis de grado, le abrieron paso al narrador que se inicia con Las huellas crecen así, su primera novela salida de los talleres de Editorial Arte, Caracas, en la Colección Ancho Mundo, editorial Tiempo Nuevo S.A., 1972. Como lo diría nuestro recordado Juan Toro Martínez, “La huellas crecen así, es una novela que se lee de un solo tirón, porque si de algo sabía Vladimiro Rivas era colocar al lector a medio comenzar el camino”. Sus 260 páginas arrancan así: “Todavía Carirubana no había estrenado su nombre en el primer mapa, ni había nacido Punto Fijo en la planicie reseca. Era entonces un poblado amodorrado con algunas viviendas de tabla y escasos ranchos de bahareque diseminados en una

rada con vestigios de vieja ciénaga”. Vamos a estar claros y a ser sinceros, ¿qué lector suelta el libro después de despachar estos primeros párrafos? La novela describe los avatares de una península preboom petrolero, en donde se desenvuelve una familia típica de la Paraguaná de esos tiempos. Se trata de la familia Colina, en cuyo último vástago, Nelio, se resumen sus tensiones espirituales que son -por extensión- la de todo el país. Es el mismo Nelio que está intentando formarse y descifrar su propio yo-destino en la Caracas de los años ‘60, cuando está en su apogeo la lucha guerrillera. En medio de una permanente confusión entre lo propiamente religioso y las supersticiones, Nelio Colina encamina sus pasos buscando al legendario comandante Nicasio Colina, su tío; empeño que se hace obsesivo toda vez que le asalta una

pregunta recurrente, ¿Por qué (su tío, el comandante) tuvo que recurrir al camino más difícil para arribar a la muerte o a la gloria? Una tía, Yaya (Eulalia Colina), hermana mayor del guerrillero estaba gastando la historia de tanto contarla. A esta novela le siguen otras dos: Cuando maduren los mangos (1973) y Delante de los fusiles o delante de los rosales (Papeles de Onésimo Zeta), 1976. Sus obras, de profunda raíz poética, han sido leídas también en su Colombia natal, Argentina y Perú. Con frecuencia se definía como un escritor marginal, pero su prosa era reclamada indistintamente en los diarios más prestigiosos de Caracas y revistas literarias venezolanas. Vladimiro Rivas se nos fue en los últimos días de 1983, en Caracas. “Dimas Vil Rovira” fue el seudónimo utilizado en la revista Península. Hacia él enviamos igualmente nuestra cuota de agradecimiento. Edgar Lugo Yamarte edgar_yamarte@hotmail.com


Memoria de las cotufas El discreto encanto de la burguesía Son las 5:20 de la mañana, Osmán Carrasquero sentado en el chinchorro ya con la braga puesta está por salir a la refinería, se inclina conteniendo la respiración para poder amarrarse los cordones; tiene enfrente al televisor que le costó una quincena y desde allí puede ver la imagen de un país lejano de casas con techos agudos como los que una vez vio en el Big Low Center de Valencia y sin darse cuenta es atrapado por la narración. “Mirar al cielo cada 1 de mayo no ha vuelto a ser lo mismo en Tallin, desde aquella navidad de 1991, cuando la radio murmuraba como gotas de agua sobre la dimisión de Gorbachov y por las calles empezó a sentirse en la cara y en las ideas la ventolera de un barranco que no detendría la estrepitosa desarticulación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, tramada ésta y como dirían desde los altavoces de la fábrica “…por par de pillos polacos conocidos como W & W.” (Walesa y Wojtya). En casa de los Vilob al amanecer de esa navidad de 1991, quedó en el suelo de la incertidumbre, junto al papel regalo del único obsequio que pudieron comprar a sus tres hijos, ya precoces en la colectivización de la diversión; un estero de preguntas cuyas respuestas se olvidaron o nunca llegaron. Pavel y Anaira Vilob, cada mañana con las miradas ahogadas en la taza de té tardaron en adecuarse a lo venidero… tan impreciso y abstracto como ellos lo habían sido, sin percatarse. El imponente e inevitable paso del Orinoco acarició este firme territorio abrazado de soplos inquebrantables; la mar encontró una hermana asediada de bellezas naturales y tranquilas; seres que aprovecharon la bondad telúrica levantando el relieve con manos y pies amasando el cobijo para morada y alimento. La quietud observada; savias plantas, y ya con este maravilloso encuentro empezó la huella a forjar senda con marcas de resistencia. El tiempo observo; traje de libertad de pensamientos en los hijos de esta tierra, hembras y hombres, heroicas acciones antes de darte un nombre, el Coro comienza con unidades de virtudes aprendidas de extrañas y

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5 La fábrica en la que trabajaban y que alimentaba a la ciudad en rasera simetría al ideal reinvindicador, validado por estadísticas ajustadas como un zapato en el pie de la hermana fea de la cenicienta y administrada por la “exactitud inequívoca” de los jerarcas del partido; dejó de ser el espacio donde, sólo temporalmente y gracias a la doctrina memorizada, sus vidas (no por la suerte, ya que ese accidente no era soviético, sino sólo por el esfuerzo que sí lo era) devendrían de ser anónimas piezas que sin caos conformaban el espíritu colectivo, a ser líderes de un proceso de cambio alimentado por un indómito pensamiento estructurado, destinado siempre a hacerse propuesta infinita en tiempo y en espacio; algo así como la expectante aspiración de aquel caballo de las caricaturas que en su inquebrantable fe persigue a la zanahoria. Los altavoces, que hasta hace poco declamaban poesía de Pushkin y calificaban el fin de la URSS como crimen de lesa intelectuali-

alegres experiencias, canto de pájaros. Flauta de madera. Dulces lágrimas escurridas dentro de jarros o carebes refrescan el calor, ñema criolla que salio del fogón, el alegre rumiante del apretón de la ubre libera su blanca esencia, dulce convertido, movimientos circulares, disfrutan paladares, líneas ancestrales de matices amarillos que crecen en espiga. Agradecen su aparición, te dejo hijos si me das calor de fogón. Otras formas aparecen de rituales movimientos, granos machacados, pilón querendón; disei y leñas, tradición de familias, polvo ancestral.

dad, perpetrado con escalamiento de posiciones, a traición de los camaradas, en sobre seguro y con nocturnidad y que representó para el pensamiento de izquierda en occidente el mayor desperdicio de tinta, papel, cigarrillo y whisky; ya para el 1 de mayo de 1992 se habían silenciado y en Tallin no sólo no encontraron que bandera patria agitar al cielo; sino, que la tarde se les pasó a los Vilob expectantes desde la ventana del cuarto piso esperando el rugir catalítico de los desfiles aéreos que ya no fueron. Han pasado 18 años y en Tallin se sigue percibiendo esa sensación de atmósfera desabrida por el Día del Trabajador, es mejor, dicen, emborracharse celebrando la llegada de la primavera, además dicen los especialistas que privilegian la individualidad en la actitud, que marchar portando colores primarios está fuera de temporada política. Un 1 de mayo ya sin héroes y peor aún sin villanos.” Osman, quien nunca conocerá a los Vilob, toma su gorra y sale a calle a esperar el autobús.

Olor particular. Llegaron bailes de cadera, voces que se unieron, intensos ojos. Tonalidades. Miradas de resistencias y dominios de un cuerpo; hipocresía de palabras. Seguir viviendo al pie de montaña; o salir con chinchorro, tranquilidad de vida. Afán, arriero; siempre voy lejos desde donde estoy, algunos recuerdos como todo, la serenidad del silencio en el camino de piedras susurra los oídos, a veces atormenta, pero el olor de los árboles transmite su frescura camino al encuentro con seres en el ojo de agua; humedad del rostro; algunas frutas encantadas,

Sinopsis: Don Rafael Costa, embajador de Miranda, y el matrimonio Thévenot están invitados a cenar en casa del matrimonio Sénechal, pero hay una confusión y los cinco deben ir a un restaurante. Al llegar se dan cuenta de que no podrán cenar porque el dueño del lugar ha muerto. A partir de este momento, las reuniones entre este selecto grupo de burgueses se verán interrumpidas por una serie de eventos extraordinarios, algunos reales y otros producto de la imaginación de los personajes.... Un grupo de burgueses desean celebrar una cena de matrimonios, típica de su clase, pero siempre hay algo que se lo impide.

Ficha Técnica Director: Luis Buñuel Año de producción: 1972 Género: comedia satírica Oscar a la mejor película extranjera en lengua no inglesa 1972 Salomón Lugo C. lamemoriadelascotufas@ gmail.com

comerlas; al llegar a casa el cuido de niñas y niños, la nana. Sin embargo, no vive en la misma casa grande que los niños, pero los niños la quieren, se ganaron el cariño de la nana y la brisa que ella siempre habla sin decir nada, en otro lado de la comarca levanto las olas mientras unos se hundieron. Sabiduría aborigen. Pasea en canoa saludando el viento. La resistencia a la violencia traída de otro sitio forcejeaban, invasores del cuerpo, cuello y cabeza, pensaron como entrar, puerto flechado respondió; encuentro inevitable, pañuelos de seda calmaron unas lanzas, puerta de la falsedad, mercaderes astutos, consorcio de Jesucristo. Honorable aborigen, llega-

ron los templos, el líquido espeso aguardaba su ebullición, gallina vieja; mentes perversas, líderes con firmeza llevando luz, quietud. Llegaron tormentas, aguas que corren por pasillos, intercambio de olores nocturnos; en la calle se mojan los pies o esperan que se calme la corriente que sube y baja. Olas de mosquitos, sigue la felicidad, sigue celebrando, algunos filosofan, recuerdos de amores, amistades de tragos, sinceridad volátil, viajes en silencio. No decir nada. Ambiente de vigilancia, de seguimiento, ternura extraña de vivencias, mujeres que se revelan y otras que regresan. El coro continuo; sexo efímero. Sigue la libertad. Coro. Enzio Provenzano


De tiempos lejanos Coro - Punto Fijo Viernes 8 de mayo de 2009

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ace en Santurce, Puerto Rico, el 4 de enero de 1923 y da sus primeros pasos en la música de manos de su hermano mayor Jhony Rodríguez, cuando apenas tiene 13 años. A esa edad graba su primer disco y luego marcha a los EEUU, específicamente a la ciudad de Nueva York, meta de todos aquellos que perseguían la fortuna en el medio artístico. En esa ciudad se une al Cuarteto Mayarí, con quien laboró un tiempo

y después con el Trío Marcano. Una vez que ha trabajado con estos grupos, se une a la orquesta de Eric Madriguera, de la cual pasa a las de Xavier Cugat, José Curbelo, y por último se une a la de Noro Morales, con la que estuvo cantando ocho años. Organizó un grupo musical al que denominó Los Diablos del Mambo, de vida efímera pues tuvo que ingresar al ejército norteamericano, suspendiendo su vida artística. A su regreso a la vida civil, organiza un grupo musical con el que aprovecha el auge del Mambo y luego del Cha Cha Chá. Decide dedicarse al bolero e impone en el mismo un estilo

particular. Tito Rodríguez dirigía la orquesta, cantaba, escribía la letra y arreglaba la música, es decir, lo hacía todo. Sus mejores interpretaciones fueron, entre otras, Inolvidable Mayte de Julio Gutiérrez, con este bolero obtuvo un Disco de Oro; Llanto de Luna, No vale la pena, Nuestras vidas, Vieja Luna, Tu no comprendes, Por eso no debes, Piénsalo bien. Se le llamó “El cantante del amor” por su particular forma de interpretar. Contrajo matrimonio con Taketu Kaminatzu, a quien llamaron La Tobi cariñosamente, con ella tuvo

Crónica de poeta De la terraza, los rones y la poesía Para Mathías Daniel, ángel de mi desvelo No hay nada más placentero y mágico que cuando se descubre un nuevo lugar para soñar, planear (en sus dos acepciones), disfrutar, organizar o simplemente conversar; ese es el caso de los días en que por azares y búsquedas llegamos a presentarnos (posiblemente llevados por Jaime, rumbero y cuentista inédito), a la Terraza de Raduno, sitio nocturno ubicado en la calle Hernández, esquina con paseo Talavera, donde libábamos licores, cerveza, poesía; acompañados de cultores, pintores, poetas, jóvenes universitarios. Todos concurríamos a cielo abierto en este esplendoroso lugar, en el que observábamos las cúpulas de los templos, los autos en los callejones compitiendo contra la noche, las luces de los postes acercándose al rostro de las mujeres creando en ellas un halo de

lujuria y deseo únicos, degustando de fast food, pizzas, refrescos, elevando el humo más allá de la atmósfera, despertando a Artemisa y sus cabellos de plata, intentando ganarle al destino. Muchas veces el lugar era una necesidad, no podíamos reunirnos si antes no habían abierto sus puertas, el grupo Musaraña nació de estas abluciones fermentadas; con Gregorio Meléndez corregimos textos de Un Lago en los Ojos y Archipiélago, junto a César Seco leímos a Vallejo, conocimos a Pound, nos enteramos de Emilio Chirinos, hablamos de Ibrahim López; con todos los que coincidíamos en la parte menos alta de la ciudad escuchamos Coldplay, Guns N’ Roses, Caramelos de Cianuro, Depeche Mode, Radiohead, Metallica, Roxette, Queen, Smashing Pumkins, Mano Chau, Sentimien-

to Muerto, Seguridad Nacional, Led Zepellin, Chemical Brothers, Moby, entre otros grupos y vocalistas; también se departía con talento en vivo, donde agrupaciones como El Globo Oscuro, o intérpretes como Yatu, presentaban sus mejores performances. La Terraza de Raduno era el refugio permanente de los desposeídos, callejeros sin patria, de los chicos universitarios, de los artistas, de los poetas, de los grupos que creían en alguna subversión, era el lugar donde se encontraba el amor y el deseo en un mismo cuerpo, de los grandes beodos de licores fuertes como metal hirviente. Desde aquí alzamos nuestras copas y brindamos por la noche de la terraza, por los amigos, por la poesía.

Anthony Alvarado

dos hijos. En el mes de septiembre de 1971 le diagnosticaron Leucemia Crónica, y al presentir su final organiza una presentación en el Madison Square Garden, en el que recibió uno de los mayores homenajes que le hayan tributado a artista alguno. En el concierto cantó 16 canciones, y al terminar se sintió mareado por lo que fue trasladado al Nueva York Medical Center, donde murió pocos días después el 28 de febrero de 1973. Como curiosidad del destino, en la misma habitación donde en 1926 había fallecido Rodolfo Valentino, el famoso actor de cine mudo. Juan B. Medina

TORRE DE BABEL El próximo jueves 14 la Udefa y nuestro encarte cultural Letra Viva realizarán otra jornada en la Cátedra Libre de Poesía Luis Alfonso Bueno en el Museo de Antiguedades de Punto Fijo. La actividad se cumplirá a las 8:00 de la noche y se aspira que todos los amantes de la literatura, creadores o no, asistan, con la finalidad de leer textos o establecer una tertulia. El próximo 21 del corriente mes, en acto especial programado para celebrar el III aniversario de nuestra Letra Viva, será entregado el premio correspondiente al concurso Nuevas Voces de la Poesía, para lo cual se han designado para integrar el jurado a Hermes Coronado, Ramón Miranda y Anthony Alvarado. En la actualidad ellos están evaluando los trabajos recibidos y, en el momento oportuno, luego de calificarlos a través de los seudónimos, darán el veredicto definitivo. En tal sentido, la persona ganadora será participada inmediatamente a los efectos de su presencia en el acto ya citado, cuya dirección también se publicará en los próximos días.


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Espejos en ultramar Estar frente al océano Atlántico, sentir el oleaje todo el día, ver montañas que superan los 2600 metros llenas de piedras volcánicas y donde se encuentra el cielo más despejado del mundo en el Observatorio Astrofísico El Roque de los Muchachos. Construcciones antiguas, una temperatura de 15 a 17 grados, ha sido parte de la experiencia vivida al traer al grupo Espejos a La Palma, Islas Canarias, en España. Partimos de Maiquetía a las 5:00 de la tarde del 23 de abril y llegamos a Madrid el 24 a las 7:15 am. El impresionante aeropuerto de Barajas nos recibió. Allí pasamos por inmigración, no tuvimos problema alguno, caminamos alrededor de una hora para llegar al área de acceso a vuelos nacionales, pues a las 11:00 partiríamos a La Palma, lugar donde tendríamos las presentaciones de La Secreta Obscenidad de Cada Día, con actuaciones de Willian Nieto y Luis Rodolfo Martínez, dirección Vicente Hernández y el apoyo técnico de este servidor aunado al trabajo de Relaciones Públicas con los teatreros de la isla y próximamente en Madrid.

Volamos de Madrid a La Palma tres horas, pero en nuestro reloj transcurrirían dos porque en Canarias es una hora menos que en Madrid. No hubo descanso al llegar, inmediatamente nos acicalamos y debíamos estar a las 5:00 en el Centro Cultural de Fuencaliente, un ayuntamiento en el cual nos esperaban con expectativa. Llegamos al lugar, hicimos el recorrido técnico y los actores ensayaron lo que era menester cuadrar por espacio, probaron la escenografía y orgullosos esperamos el momento de estrenar. A las 9:00 de la tarde, aún claro el día, se inició la obra con un público que estuvo atento y participativo desde su llegada cuando los recibimos con postales de artistas plásticos de Bariquía como obsequio de Venezuela. Se desarrolló de manera óptima la obra y hubo aplausos a granel. Las personas admiraban el trabajo de los actores y la sorpresa del final de esta pieza. Además la concejal de cultura alabó el gesto de que se tomara un texto tan valioso como este de Marco Antonio de la Parra, donde dos per-

7 sonajes tan importantes como Freud y Marx tienen el espacio para discutir y conciliar sus teorías. En el público había canarios que han vivido en Venezuela y venezolanos que han emigrado a La Palma, era bonito ver a coterráneos compartiendo con nosotros y elogiando la calidad de nuestro trabajo en el marco de las actividades del Excelentísimo Cabildo Insular de La Palma. Luego el compartir respectivo en el cual nos esperaban bocadillos, arepas, cachapas y vinos en un restaurante de un venezolano hijo de canarios. Al día siguiente, nos presentamos

en un pueblo llamado Barlovento, nombre que nos llamó la atención por su homólogo venezolano, pero distinto, pues el frío nos obligó a usar chaquetas en el lugar. Nos esperan Breña Baja y Los Llanos de Aridane. Lugares donde seguro estaremos echando el resto por dar a conocer el teatro falconiano y dejando el nombre de Venezuela en alto. En la próxima Butaca conocerán de nuestra experiencia en Madrid donde nos espera la Compañía Nacional de Teatro y unas salas alternativas donde veremos teatro español y compartiremos nuestra experiencia con estos compañeros de las tablas. Charles Moisés Rodríguez charlesmoises@hotmail.com

LLano adentro A la memoria afectuosa de mis dos inolvidables maestros, José Esteban RuizGuevara y José León Tapia Haciendo referencia a Ezequiel Zamora, líder indiscutible de la Guerra Federal, comandante y estratega de la célebre Batalla de Santa Inés, donde sus campos se convirtieron en escenario de esta acción que marcó un hito en la historia militar de Venezuela, América y el mundo. Aprovecharé entregar a ustedes algunos de los capítulos que conforman una serie de relatos ocurridos entre nieblas y sabanas en la famosa guerra larga y que espero publicarles pronto, con el nombre Entre nieblas y sabanas, relatos de la federación; como legajo de la tradición oral recogida entre muchos ancianos de este país, quienes siempre tienen cosas que contar

y como decía José León Tapia, “si yo u otro no la recoge, está destinada a perderse”. ¡Mordieron el peine, carajo! El sol afilaba sus rayos radiantes en el amanecer del nuevo día, Zamora seguía caminando desde el paso del río hasta la puerta, cuando venía la gente de Ramos y cogieron el paso del Faustero y agarraron a la derecha para salir al camino real. -Mordieron el peine, ¡carajo!- exclamó con voz de triunfo el general Zamora. La gente de Ramos venía derechito hacia las trincheras que eran zanjones o enormes cunetas con estacas de macanas grandes, cubiertas por encima de monte o del mastranto sabanero; allí caen pereciendo casi toda la caballería quedando estacadas. -Fue toda una masacre- comentaban pesarosos los viejos del

pueblo. En el trapiche, ubicado en la hacienda San José, propiedad del general oligarca Juan Manuel Cevallos, estaba el coronel José Desiderio Trias. Los caneyes de esta hacienda sirvieron de hospitales a la cantidad de heridos que iba dejando esa férrea y campal batalla, que por muy poco tiempo fue esperanza de redención para el pueblo desposeído. Tan hábil fue Zamora que cuando la gente del gobierno cogió camino para el Cucharo y pasaron Caño e’ Monte, este le decía a su gente:

-Déjenlos pasar, déjenlos pasar. Dejen que la canoa agarre su propio nado. Hasta que entraron a la hacienda donde estaba esperándolos el coronel José Desiderio Trías. El desastre mayor fue en la hacienda, en el paso el Faustero y en la encrucijada del camino. En la Palma, Zararito y Caño e’ Monte, eran únicamente avanzaditas cortas, escaramuzas donde estratégicamente les dejó entrar en calor, repitiéndole a su gente: -Déjenlos entrar, déjenlos que avancen que mordieron el peine, ¡Carajo! Por pendejos y desprevenidos. De la hacienda San José a la pica que llaman Marianera, hecha por la tropa de Ramos; la gente se dividió en dos bandos, unos hacia la pica Marianera y los otros a la costa del Faustero, saliéndoles de frente a las trincheras. El general Zamora

eufórico le decía a su gente: -Los godos cayeron en la trampa ¡Mordieron el peine, carajo! Más sabe el diablo por viejo que por diablo. Tonto no le gana a vivo, sino echando charapo. Ahora sí, la patria va’ se pa’ todos. Se jodieron los ricos. ¡Oligarcas temblad!, ¡Viva la Libertad! Mordieron el peine por pendejos. La gente del gobierno se dirigió muy feo, el fantasma de la derrota fue tal que los condujo hasta El Real, llegaron a Juana María, de ahí volvieron a chocar al Real buscando la pica El Zamuro, pica hecha por la gente de Zamora. Pasaron el río para salir a Maporal y Matas Azules, la gente del gobierno trató de coger el rumbo que llevaba Zamora, pero no tomaron la costa del río. La suerte acompañaba a Zamora, porque si la gente de Ramos hubiera andado la costa del río

por el camino que llaman el Barrillero, se le hubiese presentado un percance serio a los federales porque ahí no habían avanzadas ningunas, estaba el puro pueblo que rezaba por el triunfo de su ejército federal. Pero le hicieron caso al ciego que vengándose la muerte de su perrito les dijo: -No se vayan por San Lorenzo, váyanse por El Guamito. El gobierno acaba de sellar su derrota y los godos de Barinas cogieron camino a Mérida. Los campos de Santa Inés después de la larga pelea quedaron en silencio, con miles de muertos que tapizaban la sabana, las enormes montañas con sus mijaos y cedros, en la sombra de la noche vieron la veloz huida de los oligarcas. Santa Inés: batalla de redención, victoria de los federales. Alberto Pérez Larrarte Cronista Oficial de la Ciudad de Barinas


Imaginerías

Coro - Punto Fijo Viernes 8 de mayo de 2009

Sueños del bohemio

8 E

l equipaje con que desciende de la camioneta que lo trae desde Cumarebo es estrictamente musical. Los acompañantes de Celis Rovero van bajando aceleradamente violines, clarinetes, bajos y una veintena de instrumentos, que corresponden a una banda que como Evocación define la sucesión de distintos tiempos y recoge en su repertorio temas que hacen vibrar los corazones o desajustan las piernas cuando caen sobre las pistas de baile. Al final, cuando un camarógrafo de una televisora cumarebense intenta registrar los rostros alegres de la agrupación, podemos pedirle el debido permiso para que el recientemente designado Patrimonio Cultural Viviente del municipio Zamora, casi con el micrófono en la mano atienda nuestra entrevista. Felicitaciones, Celis, porque hayas merecido el reconocimiento patrimonial y por todo cuanto le has dedicado de tu vida a la cultura, ¿algo nuevo? Muchas gracias. Lo nuevo es un par de chistes que les traigo por ahí. En serio, además de tu trayectoria musical, hemos sabido de tu nuevo libro. Si, pero también en serio y en broma, porque mi libro Sueños de un bohemio trata de lo que constituye la vida misma, la seriedad y el

humor. Lo conocimos hace mucho tiempo delante siempre de Evocación, cantando un conjunto de composiciones tropicales, que logran meterse en el alma y en el cuerpo, y de vez en cuando, por no decir constantemente, dándole vueltas, con toda la rigidez del mundo, a un chiste de algún barbero de su Cumarebo, que no es Juan González Pérez, por cierto, o de cualquier relativa insignificancia, que él la va engrandeciendo hasta convertirla en carcajada unánime por parte de la fiesta encendida. Celis, dinos la verdad, ¿todo lo que cuentas en el Sueño de un bohemio te ha ocurrido en la vida? Tú sabes bien que las cosas no son así, pero si necesito explicártelas te las explico, hay realidades un poquito engordadas por mí y hay composiciones, como es evidente, que tratan de amores verdaderos o de idilios de quienes nos han rodeado. ¿Qué significa un aplauso para Celis Rovero?, ¿es igual o superior al hecho de haberlo designado patrimonio viviente? Ambas situaciones se confunden, porque un aplauso y un merecimiento no es más que un aplauso, sin que aparentemente no se escuche el sonar de las manos.

La gente está moviéndose alrededor de las mesas en el establecimiento donde Celis Rovero con su agrupación le regalará momentos felices. Un ruido incómodo, conocido como feed back, hace que las miradas se centren aún más frente a ellos, como buscando que el defecto sea superado. De pronto se siente la voz experimentada de Celis Rovero, el comienzo es el de siempre, porque se trata de evocar, de colocar en el presente aquellas horas en que

una vez el muchacho cumarebero empujó con cuidado la puerta principal de su casa para encontrarse con el mundo. La fiesta ya comenzó y la palabra suelta comina a los consumidores de alegría. El libro como que acaba de perder su título original, porque estamos frente a la realidad de un bohemio. Guillermo de León Calles

Letra Viva Viernes 08-05-2009  

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