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º Aniversario

Coro-Punto Fijo, viernes 4 de junio de 2010

Año 4 Nº 195

Flor Smith


º Aniversario

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La poesía salió de alta Y pensando que lo dice a los cirujanos en el quirófano, el enfermo:

Coro - Punto Fijo Viernes 4 de junio de 2010

“Callen señores, respeten la espantosa soledad de este momento”.

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l 10 de diciembre de 1999 el jurado designado por la dirección de Cultura de la Unefm para valorar los trabajos en su Concurso de Poesía, emitió su veredicto, en el que otorgaba el premio único a la participante Krusen, firmante del trabajo ganador. Krusen no era más que Flor Smith González, quien también había participado con anterioridad en el concurso de cuentos de la misma institución y había merecido puntuales reconocimientos por la atmósfera narrativa de su Cuentos de lluvias, cuyos nudos de acción se daban más en el lector mismo, antes que en la secuencia discursiva del relato. Batas blancas, el poemario premiado en el citado certamen, fue publicado por la misma universidad en el año 2001 e ilustrado por el merideño Emiro Lobo, de grata recordación en Coro por su obra plástica y por su falconización de muchos años. El libro contiene 10 poemas en verso y

Ahora es la doctora ante su responsabilidad frente al paciente: “Dios, no permitas que haga daño”. En el momento de la muerte de algún enfermo:

formas cortas, pero largos en libertad estética y simbolizaciones de vitales resonancias. Los ambientes de clínicas y hospitales, de consultorios y quirófanos, de laboratorios y salas de parto. Los enfermeros, los camilleros, los enfermos y los médicos, los vivos y los muertos, se confunden en un universo que pareciera desconocido a Dios, ante la angustia de la sensible fisiatra, ahora trastocada en humanísima poeta. A ratos habla el enfermo, o más bien imagina y narra:

“Pero la vida sonríe. La vida abre los ojos, la vida irrumpe de nuevo, en una sala de parto.

“Las batas blancas se acercan a mi cama …Hablan a mí alrededor, discuten cuál será mi suerte”.

En las guardias del servicio de Emergencia, donde todo es sangre, fractura, heridas e infartos:

Otras veces en la desesperación: “Quiero morir en mi cama rodeado de mis libros” Más tarde es la poeta quien dice:

Presidente: Ing. Oswaldo García Vicepresidente: Ing. Aída Gómez Directora de Información: Isvelys Bracho Direct. Innovación y Desarrollo: Maribel Olivares Directora de Información Adjunta: Zuly Jiménez

Coordinadores (e) : Anthony Alvarado Raquel Chirinos Diseño y diagramación: Abner Romero Colaboran en este número: Maylen Sosa Hermes Coronado María Quintero Zoiret González José V. Rojas Rigoberto López DIRECCIONES Coro: Calle Falcón, diagonal a CANTV Telefax: 0158 - 268 - 2530821 Punto Fijo: Calle Argentina, entre calle Comercio y Arismendi. Edif. Nohelia Telefax: (0269) 2469268 (Atención al público/Administración) (0269) 2466955 (Información/Publicidad)

Tanto los artículos como las columnas de opinión y análisis publicados en este diario son de la absoluta responsabilidad de sus autores. Las personas interesadas en escribir pueden consignar sus propuestas ante la Dirección de Información del periódico, en extensión no mayor de 3.000 caracteres en programa Word, a la dirección: redaccion_nuevodia@yahoo.es

Y en la cirugía: “El bisturí se desliza dejando un hilo de sangre”. Y reflexionando sobre lo cotidiano: “En las noches de hospital todo sonido espanta”

“Un rostro ensangrentado en la camilla descansa”. Otra vez el enfermo y su desconsuelo: “Telarañas encuentro en el cielo ¡Qué lejos estoy de la mirada de Dios”…

“Acompañar es la palabra, dejar partir, estar allí” Nada de buscar en Batas blancas metáforas de romanticismo ni giros vanguardistas, o audacias lingüísticas de ruda contemporaneidad. Hallaremos si, sutiles metonimias: de la enfermedad para la salud, del dolor para el disfrute, de la tristeza para la alegría, de la angustia para la calma, de la salvación para la vida. Pudiéramos decir que la doctora Flor Smith González experimenta diaria y científicamente con la fisiatría y la rehabilitación, mientras que su poesía sale de alta, con vida y salud plena, después de un tratamiento con dosis de fe en Dios, de conciencia en la participación médica y de claro entendimiento de la transitoriedad de la vida terrena, todo en un lenguaje diáfano, esterilizado líricamente para la creación. Hermes Coronado

El padecimiento humano como tema central en Batas blancas de Flor Smith

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lor Smith nace el 23 de febrero de 1959 de padres paraguaneros, y aunque ejerce como profesión la medicina, sus libros son la evidencia de una necesidad de expresar sentimientos y pensamientos a través de la escritura. A los quince años de edad, cuando cursa 3er año de educación básica, escribe sus primeros poemas por exigencia de la materia de castellano, dirigida por el profesor Carmelo Duarte, según Smith: “El profesor sólo nos daba a leer y analizar poemas y a partir de ellos debíamos escribir”. Posteriormente, durante los estudios de bachillerato en el colegio Juan XXIII, en el horario del recreo, ella era la encargada de la biblioteca del colegio, gracias a la cual fue creando un hábito lector, sintiendo especial preferencia por las novelas. En el año 2002 rea-

lizó el taller de creación con el poeta Juan Calzadilla y comenzó a escribir cuentos breves. Asistió de manera regular a la tertulia literaria del poeta Hugo Fernández Oviol y recibió en 1998 una mención en el concurso de cuentos de la Unefm y en 1999 el primer lugar en el de poesía con Batas blancas. Tiene inédito el libro La obligación de ser feliz. En relación al poemario Batas blancas, en entrevista sostenida con el poeta Darío Medina, éste opina que ante todo se puede decir que es poesía, porque una cosa es que uno se valga de un lenguaje retórico o de simples imágenes, simples metáforas que de alguna forma pasan de moda, y otra cosa es hallar un contenido humano, que siempre va a estar vigente porque se basa en situaciones límite. Una situación límite es aquella que nos lleva hasta lo

último, donde lo que nos espera es lo que no quisiéramos asumir, como es el caso de la muerte. Ella trabaja con esas situaciones, con personas que las viven en un hospital, y “cuando leí sus textos realmente me impresionaron”. Porque si bien es cierto que no hay una experiencia de trabajo poético consumado, ni una experiencia muy larga de trabajo con el lenguaje, hay mucho talento desde el punto de vista verbal, así como una experiencia profunda de la vida, pues ella como médico asume de alguna manera lo que vive el enfermo, y ha logrado captar esas vivencias, ella como poeta no se anda por las ramas, no va creando metáforas por crear, está reflejando una realidad terrible, límite, y lo hace bien. *Texto extraído de la tesis de María Quintero y Zoiret González


Poemas inéditos La obligación de ser feliz robó a mis tristezas sus misterios dejó sin palabras mis poemas arrojó al cesto del psiquiatra lo mejor y lo peor de mis recuerdos. Me dejó vacía. Exhausta. Estar en la palabra que hablo ser en la palabra que callo ¿hará más fácil el camino a la palabra que escribo? Desdibujarme quiero en la palabra. Escucho palabras inútiles aplausos sin sentido y anhelo el encanto de las pocas palabras necesarias la voz suave el gesto amable. La obligación me ata a un auditorio pero mientras ellos hablan yo escribo. Libre. Entre las sombras y los silencios de la mujer que fui voy al encuentro de la que no seré para decirle adiós. Es tiempo de dejarle partir. Es tiempo de decir: Soy.

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Coro - Punto Fijo Viernes 4 de junio de 2010


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Coro - Punto Fijo Viernes 4 de junio de 2010

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La poesía de Flor Smith: una ofrenda de sincera y limpia belleza

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o primero que me gustaría destacar al hablar de la poesía de Flor Smith es su resistencia a asumirse como poeta. La consideramos una poeta prestada a la medicina, aunque seguramente ella afirme lo contrario. Su palabra se expresa, tal vez por esa inconsciencia del oficio de la palabra, sin atavíos, humilde, desnuda, se funda en las experiencias, pero silencio y verbo se alternarán en esta obra como opuestos complementarios, según la necesidad vital: “De pronto el silencio es la salida /una opción cuando la palabra /se torna vacío /un camino hacia el fondo de uno mismo /cuando cuerpo y alma han sido vencidos. /De pronto la palabra es la salida /una opción cuando el silencio /se torna abismo /un camino para huir de uno mismo /cuando cuerpo y alma han sido vencidos. /De pronto el silencio /De pronto la palabra”. El ejercicio de la escritura para sí misma ha forjado, no obstante, un oficio del que la poeta no se ha hecho completamente consciente, pero que le confiere una enunciación propia, natural, pero sobre todo verdadera. Sabemos al leer su poesía que estamos ante una persona, que su sentir atraviesa el muro del lenguaje y se vuelve mano transparente que acaricia o golpea al lector. Si su primer libro, Batas blancas, habla desde la profesión médica, y muestra por entre los intersticios de los pacientes las salas de hospital, los enfermos y los médicos, una conciencia profundamente humana del dolor,

del sufrimiento de los otros; el libro inédito La obligación de ser feliz viene a hurgar en una interioridad resguardada por el silencio, donde nos abismamos ante una hondura y una sabiduría ejercitadas en ese misma atmósfera del silencio: “Escucho palabras inútiles /aplausos sin sentido /y anhelo el encanto /de las pocas palabras necesarias”, ante la vacuidad de la habitual incomunicación entre los hombres, ante tanta palabrería vacía, vana, puro ruido y disonancia, el texto sugiere el deseo de las palabras auténticas, las que serían como el pan, un verdadero alimento para el espíritu. Esta poesía ata con la fuer-

za de la verdad los pensamientos, muestra una posición clara ante la existencia, es un pozo de agua fresca entre tanta palabra inflada de vanidad y de ambición: “Si un hombre cruza la calle /si grita consignas en medio de la noche /si calla cuando todos hablan /si habla cuando nadie escucha /¿no está acaso repitiendo la historia /de cada hombre que cruza la calle /que grita consignas / que habla /que calla /que escucha? /Si un hombre cruza la calle /la cruzo con él.” Resulta extraordinario el manejo de un tema tan manido como el de la solidaridad, pero en la palabra del Flor Smith emerge fundada en ese gesto, tan antiguo como

el mismo mal, que es el sentirse, el saberse parte de los otros, la conciencia de que cualquier soledad o incomunicación que viva un ser humano nos involucra a todos, y que el gesto más revolucionario y transformador consiste en estar al lado, acompañar, apoyar, sostener. Su poesía es un viaje hacia lo nuclear, lo esencial del ser humano, sabemos cuando recorremos sus líneas que no hay indiferencia posible ante estos versos, porque su palabra es el fruto macerado de un pensamiento de hondura y como tal lo recibimos, como una ofrenda de sincera y limpia belleza. Maylen Sosa


Letra Viva Viernes 04-06-2010